Disclaimers: Los personajes pertenecen a la fabulosa S. Meyer, la historia es completamente mía.

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¡Mayday!

"No te preocupes por una cosa, concéntrate en que las pequeñas cosas salgan bien.

—Bob Marley."

Capítulo 6: Volviendo al mundo real.


— ¿Cómo me veo? —pregunté mirándome fijamente en el espejo que había en el salón del primer piso, mientras que Edward estaba tomando nuestros celulares y las llaves para salir. Miré su reflejo en el espejo y sonreí, tratando de ocultar el suspiro y la baba que caía de mi boca. Se veía tan guapo con esos jeans desgastados y esa camiseta negra ajustada, remarcando sus firmes y deliciosos pectorales, al igual que su abdomen. Juro que amo su abdomen, es mi segunda parte favorita de su cuerpo. Supongo que la primera ya estaba clara…

—Deliciosa —musitó acercándose por detrás. Solté una risita tonta y ajusté mi camisa blanca, ocultando mi nerviosismo. Hoy saldríamos con Harold y Kendra, iríamos al centro comercial y veríamos qué mierdas hacíamos. Edward estaba empecinado en meterse a un probador conmigo, dijo que era su fantasía desde que era un pequeño adolescente. Idiota pervertido.

—No empieces —Él sólo sonrió y me abrazó por detrás, aferrando sus firmes brazos en mi cintura y besando mi mejilla con suavidad, mirándome fija e intensamente a través del espejo. Sentí como mi corazón se aceleraba al ver la intensidad de sus orbes esmeraldas, escrutándome con descaro por el vidrio reflector. Incluso pude sentir como mi cara se teñía de rosa, cosa que ya se me estaba haciendo una maldita costumbre junto a él, y mordí mi labio inferior apenada.

— ¿Qué no empiezo, bebé? —susurró antes de comenzar a besar mi cuello. Cerré los ojos ante la calidez de sus labios, pero rápidamente me alejé porque sabía que si seguíamos así no saldríamos nunca de esta casa.

Edward me miró divertido, mostrándome sus hoyuelos, los cuales él sabía perfectamente me derretían, y yo rodé los ojos mientras le quitaba las llaves de la casa y de mi Jeep.

—Vámonos o no saldremos nunca, además vamos un poco atrasados —Ignoré, cosa que me costó en demasía, su rico puchero y me dirigí hacia la puerta principal. Activé la alarma y abrí la puerta, indicándole que saliera. Él bufó, sosteniendo nuestros celulares, mi cartera y su billetera en sus manos.

—Se supone que yo soy el hombre en esta relación, yo tendría que abrirte la puerta —refunfuñó pasando por mi lado y dejándome estática cuando dijo "esta relación". Si bien, habíamos hablado de nuestros sentimientos, sin confesarle que lo amaba, sí, y estuvimos tratando de buscar una solución con respecto a mis padres y su escuadrón en la marina, nunca habíamos entablado que estábamos en una relación o de novios. No sabía qué éramos, no es que me importara mucho la etiqueta, pero era rico saber que él es mi novio y que es sólo mío.

—Estamos en el siglo XXI, cariño, ya no existe el machismo. Fácilmente puedo pedirte matrimonio un día de estos —Sí, mierda, dije matrimonio. Eché llave a la puerta y escuché la risotada de Edward, esperándome junto a la puerta de copiloto de mi hermoso bebé. Sus ojos brillaron y yo sonreí.

— ¿Al final seré yo el que tendrá a nuestros hijos, amor? —Ambos reímos fuertemente ante la idea y me abrió la puerta del copiloto. Antes de subir besé suavemente sus labios, embriagándome con su sabor y su suavidad. Era tan fácil hablar sobre esos temas con él, se sentía tan natural y correcto.

—Tendríamos a un Junior en este caso* —Edward soltó una risotada y rodó los ojos. Él no comprendía mi obsesión con Arnold Schwarzenegger, ni siquiera por Leo di Caprio; sin embargo, yo sí podía entender su estúpida obsesión con Megan Fox o con Charlize. Imbécil.

—Lo amaré de todas maneras —mierda. ¿Cómo quería que una no llorara si decía cosas como esas? Sentí mis ojos aguarse y me acomodé rápidamente en el asiento de copiloto, esperando a que él tomara lugar en el lado del conductor.

Sorbí enfermizamente mi nariz antes que subiera y suspiré, tratando de calmar mis emociones y mis hormonas; porque, mierda, sí, una también se calentaba al escucharlo decir ciertas cosas y mucho más si eran referente a tener una familia. Maldición, tengo 22 años recién, estoy en 4 de medicina y soy una ninfómana, pero nunca había pensado en casarme ni en tener hijos, no al menos hasta un par de años más. Quería viajar, conocer el mundo, enamorarme e incluso sufrir, quería parrandear cada vez que quisiera, tener mi propio departamento y todo. Pero llega este chico, mi chico, mi marino, mi teniente y me vuelca todos los planes.

No obstante, le daría el sí si llegara a pedírmelo en estos instantes. Mierda, que lo haría.

—Tienes que indicarme —musitó encendiendo mi jeep y yo asentí. Alargué mi brazo y encendí el estéreo, odiaba ir en un vehículo sin música, se sentía deprimente. Suspiré y me coloqué el cinturón, al igual que Edward, quien me miraba expectante.

—Toma la N. Black Canyon Hwy, luego doblas a la derecha para tomar la W. Dunlape Ave. y luego a N 29th Ave y llegarás justo al estacionamiento —Él asintió. Este era un nuevo centro comercial, por lo tanto no lo conocía como a los que habíamos ido antes. Cuando éramos adolescentes siempre íbamos hacia los centros comerciales, ya sea para ver una película, para salir con nuestros amigos, los cuales a veces juntábamos, sus amigos con los míos, y también cuando Reneé decidía comprarnos ropa. Lo último era lo peor.

En el camino hablamos cosas bastante estúpidas, recordando viejos tiempos, salidas, viajes, excursiones en familia o peleas. En el instituto casi nunca peleábamos, pero cuando llegábamos a la casa era una cosa distinta. Yo aborrecía a la mitad de sus amigos, típicos atletas e idiotas arrogantes, pero nunca se lo decía a Edward. Sin embargo, él se enojaba bastante cuando uno de ellos comenzaba a coquetear conmigo, invitándome a tomar o a una fiesta, pero siempre estaba Edward o Riley, en ese tiempo mi novio, para espantarlos. Ahora que lo pienso, Edward odiaba a Riley, todavía lo hace.

—Ahí hay espacio —señalé y Edward asintió, estacionando el auto con facilidad. Sonreí cuando lo vi apagar el jeep y él me miró divertido, inclinándose para besar castamente mis labios. Sentí que mi celular sonaba, por lo que rápidamente Edward lo sacó de sus bolsillos y me lo tendió—. ¿Kendra? —fue lo primero que dije y mi amiga rio al otro lado de la línea telefónica. Desabroché mi cinturón con rapidez y abrí la puerta del copiloto, mientras que Edward tomaba sus lentes del portavasos y se bajaba con agilidad. Apoyé mis tacones, tratando de no caerme y pesqué mi cartera y la coloqué en mi hombro.

—Cariño, ¿Dónde están? ¿Vinieron, verdad? —escuché la risita de Harold al otro lado y yo rodé los ojos divertida. Edward se colocó a mi lado y enarcó las cejas, cerrando la puerta y activando la alarma. Entrelazó nuestros dedos y yo sonreí, apretando su mano con cariño.

—Acabamos de llegar, estamos yendo hacia la entrada. Estamos por los cines —expliqué viendo los grandes letreros de los cines del Metrocenter.

—Estamos justo en la entrada principal, sólo a unos metros de los cines.

—De acuerdo, nos vemos en unos minutos —ella se despidió y colgamos. Suspiré y miré a mi chico, quien se inclinó para rozar sus labios con los míos. Me fijé que varias chicas lo veían descaradamente y yo sonreí con arrogancia. Sí, lo hice, porque él estaba conmigo y era mío.

—Mira, bebé —jadeó y yo miré hacia donde me estaba indicando. Solté una risita al ver el gran letrero de letras rojas que decía: US Marine Corps Recruiting. Miré a Edward divertida y él sonrió, guiándonos hacia allá.

— ¿Por qué vamos hacia allá, cariño? —inquirí confundida. Él volvió a sonreír y nos adentró hacia el local, en donde tenían todas las ventanas repletas de imágenes de veteranos. Estaban las tres corporaciones, las de los Marines, Navy y los Air Force. Sonreí nerviosa cuando Edward nos acercó hasta donde estaban los oficiales sentados, los cuales se levantaron y saludaron a mi chico con un saludo formal al llevar su mano derecha a la frente, cosa que Edward respondió sonriendo.

—Buenas tardes, soy el Capitán Denali —se presentó el oficial. Era alto, de pelo castaño oscuro y unos serios y cálidos orbes azules. Me miró fijamente y me dedicó una cálida sonrisa. Él parecía tener la edad de mi padre—. Buenas tardes, señorita —estreché rápidamente su mano y volví a entrelazar los dedos con los de Edward.

—Buenas tardes, soy el Teniente Cullen —Dios, juro que me derretí al escucharlo hablar tan seriamente. Estaba segura que él lo había notado, ya que sus labios se curvaron un poco hacia arriba. Se quitó los lentes y los colocó sobre su cabellera, para así mirar con más facilidad al Capitán.

—Díganme Eleazar. ¿En qué los podemos ayudar? —musitó apoyándose en la esquina de la enorme mesa que tenían. Los demás chicos nos saludaron con un cabeceo y continuaron hablando con los jóvenes que estaban ahí, supuse que estaban pidiendo el reclutamiento.

Me sentí nerviosa, al igual que el día en que Edward nos comunicó que no estudiaría medicina como yo, sino que prefería irse a la Escuela Naval y sacar un título de ingeniero y subir de rangos. Sentí que mi corazón se destrozaba al saber que podía irse a la guerra, que no estaría en el país y que no lo vería más. Nunca me agradaría mucho este lugar.

—Cariño, iré a buscar a Kendra —susurré acariciando su brazo. Edward me miró y asintió, inclinándose para besar castamente mis labios y sonreír abiertamente, mostrándome sus hoyuelos. Me despedí con una sonrisa de Eleazar y salí en dirección a la entrada azul, que era donde se encontraban los chicos.

— ¡Bella! —sonreí cuando vi a Kendra agitar sus brazos y apuré el paso, teniendo cuidado con mis tacones. Vi como Harold sonreía abiertamente, sus ojos brillando de la emoción. Abracé fuertemente a mi amiga y ambas reímos ante eso—. ¿Cómo estás? —preguntó llevándome hacia su esposo.

—Bien, respirando aire limpio —ella movió sugestivamente sus cejas y yo me sonrojé, logrando que Harold se riera mientras me abrazaba cariñosamente.

— ¿Y Edward? —preguntó Kendra mirando hacia todos lados. Solté una carcajada y ella me abrazó por la cintura, mediamos casi igual, sobre todo cuando ambas estábamos usando tacones altos.

— ¿No vendría? —musitó Harold mirándome confundido. Asentí con la cabeza y me apoyé en Kendra.

—Sí, vino, es sólo que nos encontramos con un local de reclutamiento para las armadas y él entró ahí. Está hablando con Eleazar Denali, no sé sobre qué. Debe estar por llegar. —les expliqué y ambos asintieron. Los ojos de Harold brillaron al saber que había un local de reclutamiento por aquí.

—No, Harry. —advirtió Kendra y yo solté una risita.

—Amor —reclamó con un puchero el chico y Kendra rio conmigo.

— ¡Bebé! —escuché que me llamaba mi chico y yo me giré para verlo caminar con rapidez hacia donde nosotros estábamos.

— ¿Bebé? —masculló con diversión Harry y junto con Kendra rieron divertidos. Me sonrojé, no pude evitarlo, y la golpeé suavemente en la costilla.

—No se burlen, es tierno —lo defendí y ellos volvieron a reír.

—Chicos —Dijo Edward al llegar junto a nosotros. Tenía unos folletos en sus manos y yo enarqué mi ceja, confundida, y él me los pasó para que los guardara en la cartera. Edward sonrió y me besó rápidamente en los labios antes de saludar con un beso en la mejilla a Kendra, para luego darle la mano a Harold, como si fueran amigos de toda la vida. Hombres.

— ¿Vamos? —pregunté y todos asintieron. Kendra me soltó y se acercó a su esposo, pasando un brazo por su cintura y apoyando su cabeza en el hombro de él. Sentí como Edward entrelazaba nuestros dedos y yo sonreí completamente feliz. Los soltó y pasó su brazo derecho por mi cintura, mientras que yo pasaba mi brazo izquierdo por la suya y lo abrazaba, mientras entrelazaba mi mano derecha encima de la suya, la cual estaba apoyaba en mi estómago.

—Luego te diré, estaba viendo sí había algún contacto sobre lo que hablamos ayer —lo miré sorprendida y él sonrió. Sentí como mi estómago se revolvía y la culpa me embargó por completo.

—Amor, ya te dije…

—Bebé, no me pidas otra cosa —me interrumpió y besó suavemente mi frente, dando por terminado el tema. No me sentía bien al saber que dejaría todo botado, incluso su escuadrón. No quería que lo hiciera, echaría todo a la borda por venirse acá. No permitiría eso.

—Lo hablaremos después —sentencié y él suspiró asintiendo, mientras que Kendra nos indicaba dónde podíamos comer.

•••

—Amiga, tengo que decirte algo —susurró Kendra mientras que yo me probaba el short que Edward había elegido para mí. Abrí mis ojos sorprendida y asentí, mientras que ella terminaba de colocarse el vestido. No me sentía incómoda con ella acá, se sentía de la misma manera que cuando me vestía con mis mejores amigas.

— ¿Qué pasó, Ken? —cuchicheé y me subí el short, abrochándolo y luego sentándome en el pequeño sillón que había en el probador. Kendra mordió nerviosamente su labio inferior y sus ojos se llenaron de lágrimas. La miré atónita y me imaginé lo peor—. ¿Qué pasó, Kendra? ¿Es Harry? —pregunté tensa y ella negó rápidamente, sorbiendo su nariz y limpiando sus lágrimas.

—Estoy retrasada por 5 días —confesó y yo entendí de inmediato. Sonreí abiertamente y ella me correspondió—. Debió haberme llegado hace 6, soy muy regular en estas cosas y nunca me había pasado.

— ¡Sí! —Chillé despacito y la abracé con delicadeza—. ¿Harold sabe? —ella negó con la cabeza y acarició su vientre plano.

—Todavía no, recién llevan acá 9 días y ya estoy embarazada. Quiero ir al doctor y confirmarlo, no quiero hacerle ilusiones. Nos ha costado tanto tener un hijo —sollozó y yo la senté junto a mí en el silloncito. La abracé por hombros, sin importarme estar sólo con brasier en mi torso, y ella se apoyó en mí.

—Tranquila, todo saldrá bien. ¿Quieres qué te acompañe al doctor? —ella asintió y me miró con una sonrisa.

—Ya pedí una cita, tengo que ir pasado mañana, el miércoles —yo sonreí y acaricié su estómago con delicadeza.

—Que emoción —suspiré feliz y ella sonrió.

— ¿Bebé? —Preguntó Edward y ambas reímos. Kendra y Harold se habían reído cuando escucharon como mi chico me decía, pero se quedaron atrás cuando Harry le dijo "chanchita" enfrente de todos. Mierda, éramos unos románticos sin remedio.

— ¡Ya salemos, cariño! —respondí y ambas nos levantamos para mostrarle a nuestros chicos la ropa que habían elegido para nosotras.

—Y pensar que ese día ambas llorábamos por ellos —suspiró mi amiga acariciando su vientre mientras yo me colocaba la blusa que Harry había escogido para mí. Los chicos habían decidido elegirnos la ropa en esta tienda y nosotras tuvimos que aceptarlos, total nos vestíamos para ellos.

—Todo ha cambiado, Ken, no sé qué haremos. Ellos se irán en 2 semanas y media, dejándonos acá —suspiré y Kendra asintió. Para ella sería más difícil sí de verdad estaba embarazada, dudaba que Harry se fuera si ese fuera el caso—. Edward quiere pedir traslado y quedarse acá, juntos —Kendra jadeó y sus ojos se llenaron de lágrimas. Parece que las hormonas ya estaban causando estragos en su sistema nervioso.

—Harry mencionó algo parecido, no sé si sea algo bueno. No estamos seguros si perderán sus años de servicio y sus escuadrones. Es una mierda —Asentí y nos abrazamos fugazmente antes de abrir la puerta del probador. Nuestros hombres estaban sentados en el sillón que mantenían en la tienda, hablando concentradamente y gesticulando con exageración—. ¿Qué tal, marinos? —preguntó mi amiga y los chicos se callaron de inmediato, para luego levantarse y sonreírnos al mismo tiempo. Bien, eso fue escalofriante.

— ¿Y? —dimos una vuelta y reímos, mientras que Edward se acercaba y me abrazaba por la cintura, besándome de lleno en los labios, casi con desesperación.

—Debería elegirte la ropa más seguido —susurró y volvió a besar mis labios, logrando que me ruborizara levemente.

— ¡Vamos a otra tienda! —chilló Kendra emocionada y todos reímos. Los chicos pagaron por nuestra ropa, machistas, y salimos en dirección a otra tienda. Kendra se colgó de mi brazo izquierdo, ya que mi mano derecha estaba entrelazada a la de mi chico, y nos apresuró para entrar a Victoria's Secret. Dios—. Tenemos mucho por elegir —susurró ella y me encaminó hacia los babydoll. Casi gruñí cuando las dependientas se acercaron a los chicos, pero ellos rápidamente se alejaron para sentarse en el sillón que había frente a un espejo, a unos metros de los probadores. Había 2 mujeres, de un par de años mayor que Edward, en la entrada al pasillo de los probadores, ordenando y charlando animadamente.

—Me gusta este —le indiqué a Kendra el conjunto negro de encaje, era bastante bonito y provocativo. Miré de reojo a Edward, quien estaba mirando fijamente los conjuntos que estaban a un lado de él. Sonreí divertida, nunca cambiaría.

—También me gusta. Mira este —respondió y me mostró el que había elegido, el cual era un babydoll con estampados florales, negro y que se unía bajo sus pechos, dejando al descubierto su estómago. Las bragas eran inexistentes, negras y con un par de flores estampadas, de tiritas y bastante provocativas.

— ¡Dios, Harry sufrirá un ataque! —mi amiga se sonrojó y se mordió el labio inferior indecisa—. ¡Llévalo! Vamos, quiero probarme este par —alenté levantando mi mano y enseñándole el babydoll celeste y el conjunto de encaje.

—De acuerdo —susurró y ambas nos dirigimos hacia los probadores. Las chicas nos sonrieron con complicidad y nos indicaron cuales estaban libres. Kendra encontró uno por la mitad y yo al final, ambas nos sonreímos y nos adentramos al reducido espacio. Suspiré antes de comenzar a desabrochar mi camisa blanca. Sonreí ante mi reflejo, mis ojos brillaban como nunca y mi piel estaba algo sonrosada. Me quité los tacones y los arrojé hacia un lado, mientras me quitaba el short y las bragas. Me coloqué las nuevas bragas negras, mirándome por todos los ángulos posibles y verificar si me convenía comprarla. Me quité el brasier y lo cambié por el de encaje negro, dejando el blanco junto a la camisa. Acomodé mis pechos y posé hacia el espejo, imaginándome qué pensaría Edward de él.

— ¿Bebé? —observé mi sorprendido reflejo y me giré abrir la puerta del probador, encontrándome con los brillantes orbes esmeraldas de mi marino. Enarqué sorprendida mis cejas, pero sus ojos viajaron rápidamente a mi cuerpo semi desnudo.

—Edward —lo llamé y él me volvió a mirar, pero sus ojos se habían oscurecido. Solté una risita y sonreí descaradamente, apoyándome en el marco, esperando a que hablara.

—Esto… —carraspeó y me mostró mi celular, el cual estaba en su mano derecha—. Era tu mamá, dijo que te iba a volver a llamar en unos minutos más. Bebé —jadeó y volvió a recorrer descaradamente mi cuerpo, logrando que la temperatura aumentara considerablemente. Asomé mi cabeza por la puerta y noté que no había nadie, ni siquiera las chicas que estaban cuchicheando hace unos minutos, y lo tomé de la camiseta para introducirlo en el probador. Sin darle tiempo de reaccionar ataqué desesperadamente sus labios, acorralándolo contra la puerta y echándole pestillo para que nadie nos pillara.

Mierda, era tremendamente excitante el saber que había gente alrededor y que en cualquier momento nos podían pillar.

—Mierda —siseó y lanzó mi celular hacia el silloncito, tomándome por el trasero y acercándome a su erección, mientras que yo buscaba ansiosa la exquisita fricción que me podía proporcionar. Llevé mis manos hacia el dobladillo de su camiseta e introduje mis manos en ella, acariciando ansiosa su abdomen—. Bella —susurró besando repetidamente mis labios. Mordí su labio inferior y él gruñó, alzándome para que yo pudiera enganchar mis piernas en su cadera. Rocé su erección y ambos gemimos bajito, teníamos que ser silenciosos.

—Edward —lloriqueé cuando empezó a besar mi cuello. Sentí su sonrisa contra la mi cuello y me desesperé—. Hazlo —ordené y llevé mis manos a sus vaqueros, tratando de desabrochar su botón.

— ¿Y sí nos pillan? —jadeó quitando mis manos y desabrochando él el botón, para bajarse los vaqueros con rapidez hasta sus tobillos. Me dejó en el suelo y me quité rápidamente las bragas, para luego volver a lanzarme encima de él.

—Seremos silenciosos —murmuré besando su mandíbula mientras bajaba su bóxer con ansiedad. Él terminó de bajárselos y yo rápidamente me alineé en su erección, logrando que siseáramos y nos miráramos fijamente. Estábamos realmente locos, habíamos tenido sexo prácticamente todo el fin de semana y aún seguía sin saciarme—. Edward —susurré y él me alzó para introducir de una sola estocada su miembro en mi interior. Besé sus labios para ahogar nuestros gemidos, por lo que ambos jadeábamos desesperador por aire. Llevé mis manos a su cuello y traté de encontrar sus embestidas, sudando y jadeando lujuriosa.

—Estamos locos —siseó y aumentó la velocidad, mientras que yo soltaba una risita y mordía sus labios. Edward nos giró y mi vista se fue directamente al reflejo del espejo. Nuestros cuerpo se movían vertiginosamente y nuestras caras estaban sonrosadas. Ambos sonreímos y volvimos a besarnos, era extremadamente excitante ver el reflejo, se sentía increíble.

—Casi —advertí y Edward comenzó a besar mi cuello, mientras que yo echaba mi cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y respirando con dificultad. Sentí como mis piernas se adormecían y como mis dedos se agarrotaban, a la vez que la sensación en mi vientre se intensificaba y mis oídos se tapaban.

—Bella —gruñó y mordió mi hombro, ahogando su gemido al hacernos explotar en un intenso orgasmo. Mordí con fuerza mi labio inferior, tratando de ocultar el chillido que amenazaba con salir. Jadeé en busca de aire y me apoyé completamente en Edward, buscando apoyo en su cuerpo. Él se sentó en el silloncito, dejándome a horcadas sobre él y con su miembro en mi interior. Besó mi frente con cariño y luego apoyó la suya en ella, mirándome intensamente a los ojos—. Estamos enfermos, bebé —ambos reímos suavecito y nos besamos suavemente. Esperamos unos minutos para recuperar el aliento y para que nuestras mejillas volvieran a estar pálidas.

De repente mi celular comenzó a sonar y me asusté, causando que Edward riera y me tendiera el iPhone. Mierda, era Reneé.

— ¿Mamá? —susurré y comencé a acariciar el cabello de mi chico, mientras que él se apoyaba en la pared.

— ¡Bella, dónde estabas! —Reí suavemente ante su tono—. Edward me dijo que estabas en el probador. ¿Qué han hecho estos días?

Mierda.

—Esto… hemos estado con los chicos, ya sabes, en la piscina. Hoy nos juntamos con Kendra y Harry, estamos en el centro comercial —Edward sonrió con diversión y yo golpeé su hombro. Me levanté lentamente de su cuerpo y casi suelto un gemido. Edward se levantó y se subió rápidamente su ropa interior, al igual que sus vaqueros. Se volvió a sentar y yo me senté en sus piernas, mientras que él me colocaba la ropa interior.

—De acuerdo. Charlie les manda saludos, al igual que Sue y Billy. Los llamaré más tarde, cuídense y los queremos —se despidió.

—Nosotros también, mamá. Saludos a todos —colgué y suspiré mientras me levantaba un poco para que Edward terminara de vestirme. Me quité el brasier nuevo y lo coloqué en el silloncito, mientras que Edward me pasaba el blanco, abrochándolo rápidamente por detrás—. Amor, tenemos que ir a Wal-Mart a comprar comida —recordé y Edward asintió.

—Vamos cuando terminemos aquí —asentí y besé su mejilla.

— ¿Chicos?


(*) Junior es el hijo que Arnold tiene en la película, llamada con el mismo nombre.

¡Hola, nenas!

Muchas gracias por los saludos, de verdad los agradezco. Realmente son lo mejor del mundo, cada una de ustedes con sus hermosos reviews. No saben cómo me lleno de felicidad cuando mi bandeja de entrada está lleno de ellos, además de sus favoritos y alertas. ¡Son lo mejor!

Las quiero mucho y se avecinan los problemas, decisiones y... uf, el amor, por supuesto.