Disclaimers: Los personajes pertenecen a la fabulosa S. Meyer, la historia es completamente mía.
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¡Mayday!
"Todo el mundo se equivoca, por eso le pusieron borrador a los lápices.
—Anónimo."
Capítulo 7: Acciones desagradables.
Había sido el peor momento de mi vida, nunca me había sentido tan avergonzada en mis cortos 22 años. La cara de Kendra y Harry dejaba mucho qué desear, pero al final, por confesión de ella para mi consuelo, me había enterado de que ella y Harold habían hecho lo mismo a 3 probadores de distancia.
Edward había tenido su estúpida sonrisa de satisfacción toda la tarde, incluso Harry parecía tenerla, mientras que con Kendra estuvimos avergonzadas con cada comentario. Cuando Edward y Harold fueron a pagar nuestras prendas las chicas nos miraron divertidas, por lo que supuse que ellas sabían qué algo había sucedido.
—Jodida suerte —susurré mientras que nos terminábamos de tomar el café que habíamos pedido. Harry y Edward rieron abiertamente, mientras que Kendra se sonrojaba furiosamente—. Mañana te llamaré, Ken —ella me miró feliz y asintió, mientras que nuestros chicos se enfrascaban en una animada charla sobre sus momentos en Hawái.
—Te pasaré a buscar a tu casa, tipo 9 de la mañana. ¿Sí? —asentí ante su susurro y cambiamos rápidamente de tema para que los chicos no sospecharan.
—Tenemos que volver a juntarnos, ha sido divertido —Sí, Harry había soltado su lengua y ya no paraba de hablar, cosa que a nadie le molestaba. Edward apretó mi mano, la cual se encontraba entre la suya, y ambos asentimos.
—Sería grandioso. ¿Podríamos ir a la playa? —Pregunté mientras todos nos encaminábamos al estacionamiento en busca de nuestros carros. Kendra sonrió débilmente cuando Harold apoyó su mano derecha en su vientre, acariciándolo suavemente. Ambas sonreímos en complicidad y estuve a punto de chillar.
¿Cómo sería tener un bebé de Edward? ¡Guau! Alto ahí.
—Bien, nos pondremos de acuerdo estos días, chicos —Kendra se acercó y me abrazó fuertemente, besando mi mejilla y guiñándome el ojo. Sonreí ante eso y le susurré:
—Te llamaré mañana —Ella asintió y abrazó fuertemente a Edward, diciéndole algo al oído que no alcancé a escuchar. Me acerqué a Harry y lo abracé con cariño, realmente ya los adoraba.
—Cuídala, cuídense —Le indiqué y él asintió besando mi frente.
—Nos vemos, amigo —Dijo Harold abrazando masculinamente a mi marino y ambos se sonrieron con complicidad.
—Cuídense, chicos —Masculló Edward antes de abrazarme por la cintura y guiarnos hacia mi Jeep—. ¿Iremos a Walt-Mar, bebé? —Bebé. Bebé. Bebé. Creo que me estoy adelantando a los hechos, tal vez en un par de años más. ¿Sí? — ¿Bella?
—Esto, sí. No hay casi nada para comer en la casa, así que pasa al que está más cerca de la casa —Él asintió antes de encender la camioneta y tomó mi mano para entrelazar nuestros dedos. Suspiré contenta y me relajé en el asiento del copiloto.
Edward tarareaba suavemente la canción que estaba sonando en el radio y yo miraba distraída las fuertes y deslumbrantes luces del centro de Phoenix. Ya estaba oscureciéndose y todo el contraste del cielo me parecía increíble, hace bastante que no me detenía a mirar mi entorno, estaba tan metida en mi propio mundo que había olvidado mi círculo social. Hace dos días que no veía o hablaba con mis amigos, no habíamos terminado de organizar nuestro viaje y no sabía cómo sentirme con respecto a que Edward se iría en 2 semanas más. Reneé y Charlie llegaban el próximo jueves y sentía que el tiempo pasaba con mayor rapidez de la que yo deseaba. Todo se movía con tanta velocidad, al igual que mis sentimientos. Podía asegurar que mi corazón se desgarraría con la ida de Edward, me estaba enganchando demasiado y me estaba haciendo muy dependiente.
¿Cómo lo haría sí una mañana no lo encontraba abrazado a mi cintura, sosteniéndome contra su firme y formado pecho desnudo? ¿Qué haría sí él encontraba a una chica más interesante allá? Hawái tiene chicas hermosas, incluso las reclutas son preciosas. Nunca había tenido problemas con mi autoestima, siempre me he considerado bonita y mis amigas han ayudado a que tuviera confianza en mí misma y en mis encantos. Pero eso no significaba que fuera suficiente para Edward. No sabía qué sentía él, yo lo amaba: ¿Pero él a mí sí?
— ¿Bebé, estás bien? —Moví suavemente mi cabeza para quitar todos esos malos pensamientos de mí y asentí. Él sonrió débilmente y yo besé su mejilla antes de que apagara el auto.
—Te quiero —Susurré y sus ojos brillaron antes de besar castamente mis labios.
—Yo más —Rodé los ojos y bajé de mi auto sonriendo, mientras que él se apresuraba para colocar la alarma y entrelazar nuestros dedos—. ¿Tienes una lista o algo así? —Preguntó confundido y yo negué con la cabeza.
—Sé lo que necesitamos. Charlie me dejó una tarjeta con el dinero para las compras, así que no será necesario —Noté que iba a reclamar pero negué rápidamente con la cabeza—. No, Edward.
—Pero… —Intentó, pero yo volví a negar antes de que las puertas automáticas se abrieran.
—No seas porfiado, Edward, mi papá lo pagará —Él suspiró y tomó el carrito del supermercado. Sonreí suavemente y saludé al guardia antes de entrar por los pasillos.
Suspiré mientras me colocaba a su lado y miraba atentamente cada estante.
— ¿Arroz o fideos? —le pregunté cuando llegamos al pasillo de los víveres. Noté que Edward se encogía de hombros y sonreía.
—Ambos, sí —asentí y saqué dos paquetes de cada uno. Los coloqué ordenadamente en el carrito y continué mirando hasta que encontré la salsa de tomate, tomé dos y la coloqué junto a los otros paquetes—. ¿Nada más?
—En este pasillo, no —Él asintió y comenzó a tararear la canción que sonaba en el local, haciéndome reír cada vez que alzaba la voz o se equivocaba de letra—. Apréndetela primero, después cántala —Reí fuertemente cuando soltó el carro y agarró mis costados para hacerme cosquillas. La gente nos miró divertida y yo me sonrojé—. Tonto —murmuré golpeando su hombro mientras trataba de tranquilizar mi respiración. Sus ojos brillaron y sonrió antes de inclinarse para besar castamente mis labios.
—Tu tonto —Podría jurar que mis ojos también brillaban, por lo que sólo volví a juntar nuestros labios.
—Mío. —Juré.
Edward me tomó de la cintura y me colocó delante de él, dejándome en medio del carro y su cuerpo. Era algo difícil caminar así, pero se sentía cómodo e increíble. Avanzamos hasta el pasillo de las verduras y él se detuvo frente a las frutas.
— ¿Manzanas? —Pregunté mientras tomaba una bolsa y me acercaba hasta donde estaban las frutas. Él asintió y yo eché 6 manzanas rojas en la bolsa, para luego echar naranjas en otra. Negué con la cabeza cuando vi su intención de ir a pesarlas, por lo que rápidamente me acerqué al chico que atendía para que pesara las frutas.
—Buenas tardes, señorita —Saludó y sonrió coquetamente. Sonreí con cortesía y desvié mis ojos hacia la pesa, evitando todo contacto con el chico. Miré de reojo como Edward asesinaba con la mirada al chiquillo, por lo que suspiré ante sus celos—. ¿Estás bien?
—Sí —Él asintió y me pasó ambas bolsas con la etiqueta. Sonreí antes de alejarme rápidamente de él y de ese lugar. Tal vez debería hacer las comprar yo sola, no había manera en que él viniera a hacerlas, me costaba bastante resistir a la idea de saltar encima de cada mujer o anciana que colocaba sus ojos en mi chico—. Sólo faltan un par de cosas, como pan y yogurt.
—Bien, vamos —le echó una rápida mirada al chico del mesón y me tomó de la cintura para salir de ahí. No sé cómo puede maniobrar el carro con un brazo y con el otro en mi cintura, pero lo hacía muy bien.
—No puedes estar celoso, Edward —lo molesté y él bufó mientras se acercaba a donde estaban los yogurts y sacaba unos de crema de frutilla que le gustaban. Me crucé de brazos y enarqué una ceja ante su actitud.
—No lo estaba —Gruñó y yo mordí mi labio inferior para no reírme. Me giré para buscar el yogurt que me gustaba a mí y tomé el pack de 4, para luego colocarlo con lentitud en el carro.
—Vamos, falta el pan y la leche —Me adelanté un poco y llegué hasta el pasillo de los panes. Tomé una bolsa y eché unos pocos, sólo éramos dos.
— ¿Bella? —Me giré un poco y vi a Riley con su hermano James, un jodido Dios, que me sonreía divertido.
—Hola, chicos —Los abracé a ambos con un brazo, ya que el otro lo tenía ocupado, y ambos sonrieron.
— ¿Estás de dueña de casa, Swan? ¿Quién lo diría? —Rodé los ojos y golpeé fuerte el brazo izquierdo de James. Él fingió una mueca de dolor y todos nos soltamos a reír.
—Podría decir lo mismo de ti, Jamie —Con Riley reímos fuertemente al escuchar su gruñido. Sus padres siempre le decían así, incluso desde que teníamos 13 años.
— ¿Estás sola? —Preguntó Riley confundido, mientras ambos mirábamos como James sacaba pan.
—Está conmigo —sonreí cuando sentí el fuerte brazo de Edward pasarse por mi cintura. James lo miró sorprendido y luego sonrió brillantemente. ¿Qué mierda?
— ¡Cullen! —Ambos rieron y se abrazaron fuertemente, sonriendo abiertamente, Edward incluso mostraba sus hoyuelos, los cuales son sólo míos.
— ¿Qué ha sido de ti, Biers? —Con Riley nos miramos confundidos y luego rodamos los ojos. Edward y James Biers habían sido compañeros en el instituto. Yo rara vez me juntaba con los amigos de Edward, casi nunca, al igual que él con los míos. Lo que sí sabía, y Riley también, es que Edward lo odiaba, todo por ser mi ex novio y ahora mi mejor amigo. ¿Quién entiende a los chicos? Aunque sí el caso se diera de otra forma, que su ex fuera su mejor amiga, yo estaría hecha una perra furiosa.
—Estoy en 6to de Leyes, me queda un año y la tesis para salir. ¿Estás todavía en la Armada? —Fui a pesar el pan junto con Riley mientras ellos se colocaban al día.
— ¿Todavía me odia, no? —preguntó él mientras la señora colocaba la etiqueta en mi bolsa. Riley le dio la suya y me miró un poco decaído.
—Puede ser, es un idiota cuando de ti se trata —murmuré encogiéndome de hombros. No es como si yo hiciera escenas por las ex de él, nunca le había dicho las cosas que él decía de Riley o de Alec, incluso de Peter.
—Lo comprendo, eso no quiere decir que me aleje de ti, Bells —Rodé los ojos y lo abracé por la cintura mientras nos acercábamos a donde estaban los chicos. Edward reía abiertamente, al igual que James, llamando la atención de todas las chicas que estaban ahí, pero su risa se detuvo y frunció las cejas al verme llegar abrazada a Riley. Enarqué mis cejas ante su actitud y él sonrió forzadamente, mirando por un segundo a mi mejor amigo. Idiota.
—Tenemos que juntarnos todos, los chicos aún están acá, ya sabes, vacaciones y todas esas mierdas —Comentó James y besó babosamente mi mejilla mientras yo lo volvía a golpear con una sonrisa en mis labios.
—Eso sería genial, me voy en dos semanas, aún hay tiempo —Hice una mueca antes el hecho de que tenía que irse. No lo superaría.
—Bien, nos vemos, chicos. Bella, te llamaré más rato —abracé fuertemente a Riley, mientras Edward se despedía de su amigo.
—Cuídate —Dijo apretando la mano de Riley y tomando mi mano entre las suyas antes de girar hacia nuestro carrito.
—Compórtate —lo regañé y él suspiró revolviendo su cabello.
—No puedo evitarlo, bebé —Rodé los ojos mientras tomaba dos litros de leche blanca y la dejaba en el carro.
—Sí, se puede. Otra cosa muy distinta es que tú no lo intentes —me paré frente al carro y lo miré fijamente. Edward me devolvió la mirada, prácticamente rogándome que dejara el tema.
—Estoy celoso cada vez que estás cerca de él. ¿No lo comprendes? —Susurró y yo rodé los ojos molesta. Él dejó el carro y se acercó a mí, abrazándome cuidadosamente por la cintura.
—Fue mi novio hace 5 años, Edward, ahora sólo es uno de mis mejores amigos —Mascullé acariciando sus brazos.
—Lo sé —suspiró y cerró los ojos. Realmente le costaba el tema. Acaricié su mandíbula con mis dedos y suspiré.
—Es el hermano de uno de tus amigos, simplemente míralo de esa manera. ¿De acuerdo? —él asintió y besó suavemente mis labios.
—Vamos —suspiró contra mi boca y yo asentí.
—Sí, ya tengo hambre —Él rio suavemente y me volvió a colocar entre el carro y su cuerpo.
Pasamos distraídamente los pasillos, eché un par de cosas más y nos dirigimos hacia las filas. Miré con el ceño fruncido cuán llena estaban, por lo que casi chillé de la felicidad cuando vi una que tenía sólo 6 personas.
—Esa —indiqué y nos dirigimos hacia ella, colocándonos al final y esperando.
— ¿No olvidamos nada, bebé? —negué con la cabeza y entrelacé mis manos con las suyas, las cuales estaban sobre mi vientre. Observé como la fila avanzaba y cada vez nos quedaban menos personas para nuestro turno.
—Si falta algo podemos volver —comenté y me recargué libremente sobre su pecho. Sentí como besaba mi cabello y sonreí cuando apoyó su cabeza en mi hombro. Podía ver su hermoso perfil por el rabillo de mi ojo.
— ¿Qué haremos mañana? —sonreí ante su pregunta y comencé a acariciar sus manos. No tenía idea de qué haríamos, no habíamos planeado nada en estos días.
—Con los chicos queríamos ir a la playa esta semana, podríamos invitar a Harry y Kendra, pero mañana no sé si sea lo indicado.
— ¿Por qué? —suspiré cuando sus labios se apoyaron en mi oído, comenzando a dejar castos besitos.
—Kendra quiere ir al doctor, dice que está embarazada y yo la acompañaré, pero será el miércoles —Sentí como asentía y casi grité al ver menos gente frente a mí.
—Tenemos el día de mañana sólo para nosotros —Susurró y yo sonreí—. Deberíamos ir al cine… —musitó como si nada y yo giré un poco mi cabeza para mirarle avergonzada. Aún no podía superar el que todos los empleados del cine nos hayan escuchado la primera vez… Dios, nunca lo superaría.
—Ni se te…
— ¿Edward Cullen? —me interrumpió una suave voz. Ambos nos giramos, siendo que él me estaba abrazando por detrás, y nos encontramos de lleno con los brillantes ojos azules de una chica.
Mierda.
Sin embargo, lo que más me dolió fue que Edward se separó rápidamente de mí, dejándome a su lado y alejándose unos pasos. Lo miré confundida y dolida, realmente dolida.
— ¿Irina?
¡Santa mierda!
Bien, ahora los problemas, prometo que serán pocos, casi nada, y que se solucionará en un santiamén. Les tengo una pequeña-gran sorpresa para el siguiente capítulo, mi amorosa Monita sabe de qué se trata, así que ustedes tendrán que esperar por unos días más. Lo tengo listo, al igual que el capítulo 9 y unos cuantos más.
No saben cuán agradecida estoy por su cariño, sus palabras y toda la buena onda que me brindan. Siento que voy a llorar cada vez que llega una notificación a mi bandeja de entrada o como mis PM aumentan, también como llegan las alertas y favoritos, sobretodo los reviews. Cada uno de ellos es maravilloso, trato de contestarlos todos y de mantenerlas felices conmigo. ¿Ha funcionado? jeje.
¡Saludos a todas y las adoro muchísimo!
PD: No odiemos a Irina jiji
