Disclaimers: Los personajes pertenecen a la fabulosa S. Meyer, la historia es completamente mía.

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¡Mayday!

"No es lo mismo vestir el uniforme militar, que serlo.

Manuel Belgrano."

Outtake 1: La vida militar.


— ¡Firmes! —Ordené seriamente, todos los chicos y chicas se formaron con rapidez. Junto a mí estaba el Sub-Teniente Nahuel López, mi compañero y uno de mis mejores amigos aquí en Hawái—. Buenos días, escuadrón verde. —saludé parándome frente a ellos, con la espalda recta y mis brazos entrelazados atrás. Nahuel se colocó a mi lado, junto con el tablero que Peter nos había pasado esta mañana.

— ¡Buenos días, Teniente Cullen! —Sonreí satisfecho al escucharlos saludar al unísono, amaba como se oía mi cargo y apellido. Me hacía sentir importante y respetado, pero siempre evitaba que mis chicos y chicas me temieran, no me gustaba imponerme, a menos que fuera necesario.

Mi escuadrón este año había sido el Verde, ya que Peter, Alec y Nathan, quienes eran los capitanes de los marinos, habían dividido a todos los reclutas de este año en 5 grupos de 30 chicos. Cada grupo era dividido por color, hicimos las elecciones al azar y mi grupo destinado fue el verde.

—Quiero darles oficialmente la bienvenida a la Marina de los Estados Unidos de América. —me giré lentamente y paseé frente a todos los chicos. Los había colocado en una fila horizontal, de menor a mayor altura. Sólo había 5 mujeres, de no más de 19 años—. Esto no es un juego, no es diversión ni placer, tampoco para lucirse ni para joder a los demás. —Advertí mirando fijamente a un chico de un par de centímetros menos que yo, sus orbes celestes me miraron con nerviosismo, pero se mantuvo firme. Bien—. Acá no están en un campamento de verano, no vienen a ponerse en forma para modelar su bikini traído de Brasil. —La chica rubia me miró asustada y su mentón tembló por unos segundos. La miré fijamente, imponiendo todo el poder de mi mirada, hasta que ella corrió la mirada—. No están aquí para conseguir buenos músculos y un abdomen envidiable, para eso se va a un gimnasio. —Me detuve frente a un chico musculoso, de ojos azules y pelo rubio. Me miró fijamente, casi rayando la arrogancia y estuve seguro que quería sonreírme y enarcarme las cejas. Bien—. 30 lagartijas. —le ordené y él me hizo caso de inmediato. Nahuel soltó una risita que sólo yo escuché y me mordí la lengua para no reír. Éramos una mierda con los novatos—. No están acá por el fantástico uniforme que poseemos, tampoco por la exquisita comida que nos cocinan cada día ni por el salón de juegos que tenemos los superiores. —se oyeron varios jadeos y yo los miré severamente, logrando que todos volvieran a estar rígidos. Emprendí la vuelta, mirándolos fijamente de nuevo—. Si están acá es para servir a su país, para sentirse orgullosos de pertenecer a la Fuerza Naval, de poseer las insignias y los cargos que obtendrán. Además, no estamos jugando, tenemos que defender a nuestro país y a nuestros aliados; tenemos que defender a nuestras familias, nuestros padres y hermanos, a nuestras novias o esposas, a nuestros amigos o nuestros vecinos. Ellos dependen de nosotros. —Fue inevitable que la imagen de Bella se colara en mi mente. Dios, cuanto la extrañaba. Faltaban unos meses para verla y se me hacía una eternidad— ¡¿Los defenderemos?! —grité y me paré en medio, mirándolos fijamente.

— ¡Sí, Teniente Cullen! —Gritaron al unísono.

— ¡Más fuerte!

— ¡Sí, Teniente Cullen! —Repitieron con firmeza y fuerza. Sonreí satisfecho y me giré hacia Nahuel, quien miraba fijamente a nuestro escuadrón.

—Todos tuyos. —Él asintió y se adelantó un paso.

— ¡Buenos días, escuadrón Verde! —saludó con firmeza y yo sonreí.

— ¡Buenos días, Sub-Teniente López! —respondieron nuestros chicos con fuerza. Bien.

—Los horarios son los siguientes —Comenzó—: Inspección a las 0700 horas, la cama debe estar hecha y debe estar vestido con su traje deportivo. Desayuno a las 0730, sólo tendrán 30 minutos para desayunar. —Los chicos asintieron y yo miré a nuestro alrededor para ver a los demás haciendo lo mismo que nosotros—. Ejercicio a las 0800 horas, serán 3 hora todos los días, excepto los sábados y domingo. Clases a las 1.100 hasta las 1.300 horas, para luego almuerzo y prácticas en la tarde. Tendremos clases de natación, además de resistencia y tecnología. —Mi amigo suspiró y los miró fijamente, intimidándolos con sus orbes cafés—. ¡Está claro!

— ¡Sí, Sub-Teniente López! —Gritaron los reclutas y mi amigo sonrió.

—Bien, ahora rompan filas y vayan a su habitación. Mañana comenzaremos todo. —Les ordenó y el escuadrón se despidió de nosotros, para luego todos salir corriendo hacia las habitaciones. En cuanto se alejaron, junto a Nahuel rompimos a reír fuertemente—. Jodidos chicos, me siento como el villano de la película. —se carcajeó y yo jadeé en busca de aire. Arreglé mi boina y mis lentes, para luego tomar de los hombros a mi amigo.

—Los haremos mierda, tal como Aro Vulturi lo hizo con nosotros hace 5 años. —Nahuel asintió y sonrió.

—Tenemos que salir este viernes, realmente necesitamos unas cervezas. —Asentí de acuerdo. Desde hace un par de semanas que no salíamos con los chicos. Teníamos que salir pasado mañana, antes de que tuviéramos que subirnos al barco de reclutamiento y pasar 6 meses en el mar, enseñándole a nuestros reclutas, para luego volver a tierra firme y continuar con el reclutamiento. Dentro de 8 meses vería a mi chica, estaría cerca de Bella de nuevo y no cabrían dudas de que haría todo lo posible por tenerla junto a mí. Necesitaba decirle que la amaba y que era mía, que me casaría con ella y que nunca más la dejaría escapar—. 8 meses, Edward, ya las veremos. —me consoló mi mejor amigo y yo suspiré.

8 meses eran una eternidad.

•••

— ¡Buenos días, reclutas! —saludé con voz firme mientras que Nahuel se colocaba a mi lado con la tabla, inspeccionando fijamente a nuestros chicos, después tendríamos que ir con las niñas. Me arreglé innecesariamente la boina, intimidándolos con la mirada al pasar frente a ellos.

— ¡Buenos días, señor! —respondieron mientras yo miraba sus camas. Bien, se habían comportado.

— ¡Buenos días, escuadrón verde! —saludó Nahuel, mientras me seguía de cerca, intimidando con su porte y mirada a los chicos. Varios corrieron la mirada, incluso el idiota arrogante de ayer, y otros lograron mantener su intensidad. Oculté mi sonrisa y me paré frente a un chico menudo, moreno y con unos ojos negros nerviosos.

—Tu nombre. —Sí, a veces podía ser un hijo de puta, pero así me tenía que mostrar, sin rayar la arrogancia y la superioridad. Sin embargo, Aro no tuvo esa clemencia con nosotros en primer año, nos hizo mierda pero valió la pena; gracias a él nos mantuvimos fuertes y logramos ser quién éramos hoy en día.

—Jacob. —respondió en un susurro, mirando mi barbilla y nos mis ojos. Tensé mi mandíbula, en parte para asustarlo y en otra porque odiaba que no me miraran cuando hablaban.

—Más fuerte. —casi gruñí y el chico pegó un respingón, mirando mis camiseta gris demasiado nervioso—. Mírame cuando me hablas. —sus orbes negros me miraron con dificultad, rehuyendo un poco mi mirada, e inhaló con desesperación antes de hablarme.

—Jacob Black, Teniente Cullen. —Sonreí satisfecho y el chico mantuvo mi mirada. Tendría que hacer muchas cosas con él, además estaba demasiado flacucho y desconfiado.

Seguí caminando y llegué hasta el idiota de ayer, el cual miraba fijamente la hermosa, nótese el sarcasmo, pared que había detrás de mí. Compuse una sonrisita de suficiencia y le hablé.

—Nombre. —sus ojos revolotearon, pero no me miró. Conté hasta tres y seguía sin verme.

—Michael Newton, señor. —su voz sonó firme, pero tembló en la última palabra. Mordí mi lengua para no insultarlo y mis ojos se encontraron con los de Nahuel, quien sí sonrió.

—35 lagartijas, Newton. —ordenó él y Newton, imbécil, lo miró sorprendido, pero al ver nuestras cejas alzadas, lo hizo sin reclamar; no podía, él ni siquiera podía hablar sin nuestro permiso.

—Bien, tienen 30 minutos para desayunar, lavarse los dientes y formarse con las chicas en el patio. El que se pase aunque sea 1 minuto, quedará fuera y con castigo. ¿Entendieron? —todos me miraron fijamente y asintieron. Chicos tontos—. ¡¿Entendieron?! —ellos jadearon.

— ¡Sí, Teniente Cullen! —Y una vez más, me encantó como sonó mi apellido.

•••

— ¡Vamos, Black, pedazo de mierda! —Grité trotando a su lado e inclinándome para gritar en su oído. El chico jadeó en busca de aire mientras trataba de verse digno, pero incluso las chicas lo miraban con lástima.

— ¡Sigan moviéndose, esto no es un show! —Ordenó Nahuel y todos apresuraron su paso, mientras que Newton, Black y Summer, una chica arrogante y estúpida, se quedaban rezagados.

—Vamos, Black, mariquita, pareces una niña. —lo urgí y lo escuché gruñir mientras trataba de mantener el paso. Llevábamos trotando 1 hora y un par de minutos, pero el chico parecía que tendría un ataque cardíaco. Jacob parecía un buen chico, sí salía adelante me sentiría orgulloso de él.

— ¡Sí, señor! —Jadeó y se detuvo unos segundos para inhalar aire. Su cuerpo se dobló y apoyó sus manos en sus rodillas, jadeando ruidosamente.

—Mira, Black, Newton, pedazos de mierda. —Ambos me miraron desde abajo, sudando asquerosamente y recuperando el aire. Removí mis lentes y los coloqué sobre mi cabeza, mirándolos fijamente—. No sé por qué mierda se reclutaron en la marina si ni siquiera pueden trotar por 1 hora en su primer día de entrenamiento. Son una porquería, puros músculos y cero cabeza. —Me acuclillé frente a ellos y los intimidé. Aro Vulturi había hecho lo mismo con Félix, quien ahora era uno de los mejores tenientes de la Fuerza Naval—. En dos meses más nos subiremos al barco, los reclutaremos al mil por ciento y no bajarán de alta mar por 6 jodidos meses. ¿Podrás con eso, Newton? ¿Black?

—Sí, señor. —jadearon y yo entrecerré mis ojos.

— ¿Cómo lo harán si no pueden correr por una maldita hora, eh? ¿Podrán? —Les grité levantándome. Los chicos me imitaron y se plantaron derechos frente a mí.

— ¡Sí, Teniente Cullen! —gritaron y yo asentí mientras comenzaban a correr rápidamente, siguiendo a los chicos.

—Jodida mi suerte. —Mascullé y volví a colocarme los lentes antes de comenzar a urgir a la chica que apenas podía con su propio peso—. ¡Vamos, Summer, esto no es un gimnasio, joder! —Grité y la chica saltó asustada mientras apresuraba su paso.

— ¡100 lagartijas, ahora! —Escuché que indicaba Nahuel, mientras que Summer se acomodaba rápidamente en la fila y se agachaba para empezar la lección. Me coloqué al lado de mi amigo, arreglando mi camiseta y suspirando con frustración. Newton me colocaba los nervios de punta, era igual o peor que James en la secundaria.

— ¡Nos los escucho! —Grité y ellos comenzaron a contar fuertemente. Me acerqué hasta donde estaba Brad Stewart, un chico simpático de cara pero que sabía comportarse—. ¡Más rápido, Stewart! —Él asintió e inhaló antes de hacer otra lagartija. Miré mi alrededor y distinguí a Nathan y Félix, agachados y gritándole a sus reclutas.

Nahuel se acercó a Black y Summer, quienes apenas podían respirar pero seguían esforzándose.

—Vamos, Black. —Le alentó y el chico continuó haciendo los ejercicios.

— ¡Vamos, Newton, deja esa mierda! —Lo reté y él volvió a hacer las lagartijas.

— ¡Sentadillas! ¡Quiero 100! —Gritó Nahuel y los chicos lo miraron confundidos. Recién llevaban 70 lagartijas. Me crucé de brazos y enarqué mis cejas, cosa que provocó que ellos rápidamente se levantaran y comenzaran a contar fuertemente las sentadillas.

Me acerqué hacia otra de las chicas, una chica alta y castaña, la cual respiraba dificultosamente y hacía extrañas muecas. Me paré frente a ella, mirándola fijamente e intimidándola. Ella jadeó cuando notó mi presencia y comenzó a hacer el ejercicio con más rapidez. Junto a ella estaba la chica esta, Summer, una rubia media hueca.

—Esto no es un gimnasio, recluta. —Comencé y ella hizo otra mueca mientras contaba sus sentadillas—. Esto no es para bajar los 4 kilos que tienen de más, ni para tener un cuerpo más curvilíneo ni para que el estúpido vestido cubra bien sus curvas. —Ellas jadearon en busca de aire mientras veía como apenas podían realizar la sentadilla 45—. No están acá para encontrar al amor de su vida, ni para enriquecer la vista ni para lucirse por sus caras bonitas. Están descansadas, pasaron la prueba física y teórica, pero realmente estoy dudando que puedan durar los previos 2 meses antes de embarcarse en alta mar. ¿Podrán? —Pregunté suavemente y ellas asintieron. Chicas tontas. — ¿Pueden? —Dije más alto.

—S-sí, se-señor. —Jadearon ambas y sus ojos me miraron con miedo.

— ¿Pueden? —Volví a preguntar y sentí como Nahuel le decía a los demás que se fueran a duchar para ir a clases.

— ¡S-sí, señor! —chillaron y yo asentí antes de darme la vuelta e irme de ahí.

•••

— ¡Vamos, Edward! —gruñó Félix abrazándome por los hombros y guiándome hacia el bar de Loo. Solté una risotada y me zafé de su enorme brazo. Él realmente me recordaba a Emmett, era impresionante el parecido.

—Y una mierda, Félix. —Siseé y los chicos rieron. Por fin era viernes, teníamos todo el fin de semana para nosotros y para beber libremente. Alcohol, chicas y diversión. Mierda, sí.

—Creo que me emborracharé. —anunció Nathan y volvimos a reír mientras entrabamos al conocido bar de nuestro amigo Loo. Varios se quedaron mirándonos fijamente, sorprendidos por el gran grupo de Marinos que iban esta noche. Los reclutas no tenían permitido salir el primer año, por lo tanto se quedaban encerrados en las habitaciones, leyendo o escuchando música. Las mierdas que ellos quieran hacer.

Mi primer año fue una real mierda, prácticamente había llorado junto con Bella por Skype cuando me raparon. Yo adoro mi cabello, era lo único que me recordaba a mi mamá y siempre era cuidadoso con él. Odiaba que lo tocaran o acariciaran, incluso si era Reneé o Charlie; sin embargo, sólo había una persona que podía tocarlo e incluso tratar de domarlo y esa era mi chica. Bella era la única que podía hacer miles de cosas con mi cabello o mi cuerpo y yo no me quejaría. Ella lo era todo para mí, incluso si ella no lo sabía.

Me había hecho el tatuaje sólo porque ella quería que nos hiciéramos uno juntos. Ella escogió el diseño y yo escogí el lugar, obviamente mi fantasía eran sus caderas, por lo tanto ese fue mi lugar para ella.

—6 cervezas. —Pidió Nahuel a la camarera, la cual me miró fijamente y me sonrió con picardía. Rodé los ojos y la ignoré, prestando atención a la conversación que los chicos estaban manteniendo.

—Este chico, Crowley creo que se llamaba, soltó un bufido cuando le dije que se fuera a un Night Club si sólo venía a buscar chicas a la marina. —Relató Brandon y todos prestamos atención—. Es demasiado arrogante, así que le ordené que hiciera 100 lagartijas antes de que yo terminara de hablar y explicar los horarios. Lo hice mierda, apenas si puede mover los brazos. —Todos reímos fuertemente y los del bar nos miraron con atención. Cuando las cervezas llegaron todos nos bebimos hasta la mitad y nos levantamos para jugar billar, formando equipos de 3 y 3, apostando y molestando.

—Nosotros tenemos a este chico, Newton —comenzó Nahuel mientras que Félix ordenaba las bolas en la mesa—, nos mira de manera arrogante y el muy imbécil no pudo ni con el primer trote, casi se le salen los pulmones a los 30 minutos. —Todos reímos fuertemente, echando la cabeza dramáticamente hacia atrás y soltando enormes carcajadas. Abrí mis ojos y me giré para tomar mi cerveza, mi vista se detuvo al ver a una chica castaña sonriendo en mi dirección. Enarqué mi ceja y sonreí torcidamente, pero no mostrando mis hoyuelos, esos se los mostraba a una sola persona y esa era Bella, mi chica. Sí, claro, pero algún día lo sería.

—El muy idiota gruñó cuando se dio cuenta de que Black era mejor que él en natación, ese chico realmente me sorprende. —añadí yo, inclinándome para pegarle a la bola 8. Los chicos gruñeron y bufaron, diciendo cuán idiotas estaban los reclutas este año—. Las chicas, mierda, ellas sólo vienen a buscar chicos o a mejorar su figura, realmente pienso que se…

—Hola. —me interrumpió una voz coqueta, alcé mis cejas con incredulidad al ver a la castaña junto a mí, apoyándose sensualmente contra la mesa de billar. No pude evitar imaginarme a Bella así, como siempre lo hacía con todo lo que me rodeaba. No podía dejar de pensar en ella, era imposible.

Félix silbó, al igual que Brandon, pero los demás la miraron fijamente, al igual que yo.

—Hola. —contesté y me volví a inclinar para pegarle a la bola verde, tratando de ganarle a los idiotas de mis amigos.

—Me llamo Heidi. ¿Quieres beber algo conmigo? —Ok. Enarqué mi ceja, sorprendido, y me volví para pegarle a la bola, sonriendo cuando la metí y bebiendo mi cerveza de golpe.

—Claro. ¿Por qué no? —Moví la cabeza hacia mis amigos y seguí a la chica hacia los taburetes de la barra.

— ¿Cuál es tu nombre? —Preguntó mientras yo recibía mi cerveza. Sonreí antes de beber un sorbo y dejarla sobre la barra, entre mis manos.

—Edward. —Ella asintió mientras se acomodaba el cabello castaño. Era castaño, no chocolate. Sacudí mi cabeza y evité mis pensamientos hacia ella.

— ¿Eres un Marine? —Observé como llevaba la cerveza hacia su boca, bebiéndola lentamente.

—Sí, soy Teniente. — ¿Por qué mierda le decía esto a ella? Noté como su mano iba desde la barra hasta mi rodilla, acariciándola lentamente. Sería una total mentira si decía que ese simple movimiento no me encendió.

—Sabes, vivo a una cuadra de acá. —Quería reír, pero luego pensé en que en estos últimos meses no había estado con ninguna chica. Realmente me hacía falta.

— ¿Qué estamos esperando? —Ella me miró con picardía y yo ignoré el peso de conciencia que me provocaba cada vez que hacía esto. Ella era libre al igual que yo, Bella no es mi novia y ella también podría estar haciendo esto con otro chico. Ese simple pensamiento causó que llevara la botella de cerveza a mi boca y la bebiera de un trago, dejándola con un fuerte sonido en la barra y levantándome casi con furia de la silla.

Su departamento era bastante sencillo, tenía escrito la palabra soltera y mujer por todos lados. No alcanzamos ni a dar dos pasos cuando ambos nos estábamos besando con desesperación contra la pared.

Traté de olvidarme de todo y de Bella, sobretodo de ella. Pero eso fue imposible, ya que Heidi llevó sus manos a mi cabello y yo rápidamente los saqué de ahí. Sólo Bella tenía permitido tocar mi cabello.

Apreté sus piernas y su trasero, alzándola y pegándola contra mí. Tanteé los pasillos y nos introduje a la primera habitación que encontré, la cual era su pieza. La lancé a la cama sin piedad, mientras que ella ronroneaba y se quitaba los tacones, al igual que su falda, quedando sólo con su camiseta y su ropa interior. Me saqué con rapidez la camiseta que llevaba y sonreí con arrogancia cuando ella se lamió los labios al mirar mi pecho.

La imagen rápidamente cambió, no era Heidi la que estaba en la cama sino que era mi chica, era Bella. Sonreí con felicidad y me tiré sobre ella, llenándola de besos en la cara y besando con necesidad sus labios. La tenía debajo de mí, justo como siempre soñé.

—Bella. —ronroneé sobre la piel de su cuello y sentí su risa, pero se oía diferente.

— ¿Eres italiano? —gruñí al reconocer la voz de Heidi y la imagen de Bella desapareció, dejándome ver a una castaña desabrida y bonita, pero que no era la mujer a la cual yo amo. Prácticamente arranqué su camisa, logrando que ella riera y yo me frustrara. Me quité con rapidez los pantalones y tomé un condón de ellos, asegurándome. Sólo quería tener hijos con una sola persona—. ¿No hay juegos previos? —Dijo con un puchero realmente falso. Fruncí mis cejas y negué antes de quitarle la ropa interior. Nunca había sido un chico de juegos previos, nunca sentí la necesidad de hacerlo.

—No me gustan. —Finalicé y ella asintió. Se apoyó en sus codos cuando me quité la ropa interior y me coloqué el condón. Tal vez debería usar dos… Tomé otro de mis pantalones y lo coloqué sobre el otro, no quería cometer errores, al menos no más de los que ya cometía.

Alcé una de sus piernas y las llevé a mi hombro, para luego alinear mi erección en su entrada, logrando que gimiera fuertemente. Sonreí ante eso y volví a hacerlo, para luego introducirme en una sola estocada. Heidi gritó y gimió, mientras que yo apretaba mi mandíbula y trataba de borrar la imagen de Bella en mi mente. Bella debajo de mí, gimiendo, abrazándome, sudando, chillando, mordiéndome, arañándome y diciéndome que me amaba.

— ¿Te gusta? —gruñí hacia la castaña y aumenté el ritmo. Sus ojos estaban desenfocados y yo sonreí con orgullo.

— ¡Sí, mierda! —chilló y cerró su pierna libre en mis caderas. Tenía un bonito cuerpo, pero no era el que quería yo, no el que deseaba y amaba. Otro podía tener ese cuerpo, acariciar esas hermosas curvas blancas y besar esos carnosos labios rosados. El sólo pensar en otro acariciando a Bella me hacía hervir la sangre. Debí haberme declarado hace años, no haber esperado hasta ahora. ¿Haría alguna diferencia? Ella podía rechazarme, prácticamente nos criamos juntos.

—Mierda. —siseé y casi lloré. Bella no podía rechazarme, sería el fin para mí. Era lo más importante para mí, una de las pocas personas que me quedaban. Ya había perdido a mis padres, no podía perderla a ella. Quizás debería cambiarme e irme a los Estados, tendría que llamar a algunos contactos.

Tengo que hablar con Nahuel y Aro.

— ¡Edward! —Escuché chillar a Heidi y la sentí llegar, pero no fue suficiente. La embestí con más fuerza y busqué mi liberación. Tardó en llegar, como siempre solía suceder.

Me salí de ella rápidamente, jadeando y con mis pensamientos hechos mierdas. La sentí abrazarse a mí y yo la alejé, no me gustaban los arrumacos después del sexo. Me levanté de la cama y me fui al baño, enrollé en condón y lo tiré por el wáter, tirando la cadena y viéndolo desaparecer. Volví a la pieza y la encontré sentada, sonriéndome maravillada. Sonreí suavemente y me acerqué a la ropa, tomé mi bóxer y me los coloqué rápidamente, algo incómodo con mi desnudez.

— ¿Te vas? —Su voz sonaba algo decepcionada. Suspiré suavemente y tomé mis jeans.

—Sí, tengo que volver a la base. —Dije sin más. Me coloqué los zapatos y mi camiseta, revisé por si no se me quedaba nada y me despedí con un saludo en la cabeza—. Adiós. —Terminé de colocarme la camiseta en el pasillo y suspiré mientras salía del departamento.

Me sentía culpable, cada poro de mi piel emanaba culpabilidad cada vez que hacía lo mismo, no podía evitar mis sentimientos hacia ella y ninguna lograba provocarme lo que Bella hacía en mí.

Estaba jodidamente enamorado hasta los pies de ella.


Bueno... ¡Hola, cariños!

¡¿Sorpresa?! Quisiera ver tu cara en estos momentos, tanto como al principio del capítulo como ahora. Dios, tenía que hacerlo, y tengo que decir que vienen más como estos... sí, soy una desgraciada, pero facilité las cosas, un poco, creo.

Bueno, el capítulo anterior sólo fue relleno, puras mierdas cotidianas que todos odiamos pero nos obligan a hacer (al menos a mí, sí.), pero lo importante viene en el siguiente capítulo. ¡Muchas cosas pasan! Por eso les dejé este pequeño regalito, de nuestro marino en su salsa, con sus lentes, boina, escuadrón y jodida suerte; él entero.

Gracias por leer, te quiero ya, a ti y a tus hermosas palabras, tus alerta y tu favorito. Hay muchas que pasan por mi perfil y leen mis pervertidas historias, varias, muchas, me han dicho que mi fantasía—obsesión por el sexo en baños es bastante notoría, diablos, sí, estoy loca por los baños. jaja.

Bien, tengo mil y un ideas en mi mente, no puedo dormir bien porque mi mente maquina tantos capítulos para esta y la otra historia que estoy empezando a escribir. ¡ Ayúdenme!

Las quiero mucho, gracias por dejar reviews y PM, incluso pedirme ser su Beta :)

PD: Chicas, acabo de editar esta nota porque muchas tienen dudas sobre si Eddie engañó a Bella o no, la verdad es que NO. Esto sucede antes de que ellos se vean en el aeropuerto, ósea, el primer capítulo, todo esto pasa 8 meses antes de que Edward tenga sus vacaciones y la historia comience. Él no la ha engañado, es libre de hacer cualquier cosita (aunque queramos matarlo a palos.)