Disclaimers: Los personajes pertenecen a la fabulosa S. Meyer, la historia es completamente mía.

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¡Mayday!

"La peor soledad que hay es el darse cuenta de que la gente es idiota.

Gonzalo Torrente Ballester."

Capítulo 8: Sensaciones de mierda.

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Edward me miró arrepentido y yo lo fulminé antes de saludar a Irina con un gesto en la cabeza y acercar el carro hasta el cajero que nos estaba esperando.

Sentí mis ojos llenarse de lágrimas pero las aguanté, diablos que lo hice.

—Buenas noches —saludó el caballero, parecía estresado y cansado, pero aun así mantenía una sonrisa en su rostro. Traté de devolvérsela.

—Buenas noches —musité y comencé a pasar las pocas cosas que teníamos en el carro. Por el rabillo del ojo pude ver a Edward conversando con Irina, su maldita ex novia del instituto.

¿Así se sentía él cuando yo estaba junto a Riley? Porque, mierda, yo nunca lo había alejado de mí y había hecho como si nada frente a él. La sensación era una mierda.

— ¿Acumula puntos? —negué con la cabeza y él caballero comenzó a pasar por el censor los productos. Saqué rápidamente mi celular del bolsillo y llamé a Rosalie, quien me atendió en el segundo tono.

—Hola, cariño —aguanté mis ganas de sollozar ante el tono cariñoso de mi amiga y tardé en contestarle—. ¿Bella? —se preocupó y yo tragué con fuerza el nudo en mi garganta.

—Te necesito, ahora —susurré y el caballero, Ian Pears, como decía su placa de Wal-Mart, me miró apenado. Supuse que había visto lo que Edward había hecho.

— ¿Qué sucedió? —la sentí moverse agitada y supuse que estaba acostada o viendo televisión.

—No puedo decirte ahora, estoy en el Wal-Mart cerca de mi casa… —noté que Edward abrazaba a Irina y gruñí suavecito—. Anda para mi casa, lleva a Alice y Tanya, incluso a Riley si es necesario. Mierda, a todos —susurré rápidamente y aguanté mis ganas de llorar nuevamente.

—Estoy ahí en 25 minutos o menos —colgó y yo rápidamente guardé mi celular. Ian continuó pasando los productos y comenzó a hacerlo con más lentitud, supuse que para darme tiempo. Joder, no sabía cuánto lo agradecía.

—Bella —tensé mi mandíbula y miré fijamente los ojos azules del cajero. Parecía tener la edad de Charlie—. Bebé… —susurró y trató de abrazarme pero bastó con una mirada mía para entender que no lo hiciera.

El ambiente se tensó y yo miraba constantemente la puerta corrediza del supermercado, esperando ver a mi mejor amiga por ahí o a mí saliendo. Debía ser madura y esperar.

Sonreí con tristeza cuando Ian no pudo retrasarlo más y nos dio el monto final de las compras. Le pasé la tarjeta que Charlie me había dado para las compras de la casa y noté que Edward me miraba con el ceño fruncido.

—Buenas noches y gracias por comprar en nuestro local —se despidió Ian y yo sonreí mientras que Edward tomaba el carro.

—Gracias, Ian —él se sorprendió y me sonrió con calidez. Me acerqué a Edward y lo ignoré, caminando con rapidez adelante del carro.

—Bella —volvió a llamarme y yo gruñí despacio. Salimos del local y yo inhalé con necesidad el cálido aire. Estaba oscuro ya, debían ser las 9.

Nos acercamos al jeep y lo abrí para que él metiera las compras. Constantemente me miraba y no decía nada, mejor, porque no quería oírlo. La sola imagen de verlo abrazando a su ex o de que me haya apartado como si mis padres hubieran sido los que nos vieron, me hacía querer llorar y gritar furiosa.

¿Por qué lo había hecho? ¿Qué diablos?

— ¿Qué pasa, Bella? —preguntó acercándose a mí y yo rodé los ojos.

—Ahora, no —contesté lo más fría posible. Él me miró sorprendido y después frunció las cejas.

— ¿Estás así por Irina? —tensé mi mandíbula y él lo notó—. ¿Por qué?

—Eres un idiota, Cullen —gruñí y me subí al asiento del conductor, esperando a que entendiera la indirecta y se subiera atrás o que se fuera caminando. Por más que quisiera, no era así. No soy tan perra, no le haría eso.

Apreté mi mandíbula y me regañé, él me había despreciado adentro, me había alejado frente a su ex. ¡Su maldita ex! Lo ignoré cuando se subió, encendí el estéreo y le subí el volumen, mientras que salía con rapidez del aparcamiento y aguantaba las ganas de chillar, gritar y llorar. No le daría tal satisfacción.

—Bella… —comenzó y yo apreté con fuerzas el volante. Suspiré cuando la luz roja del semáforo cambió a verde y estaba a punto de lloriquear por lo lento que pasaba por las calles—. Bella, no fue mi intención… ósea, yo…

—No quiero hablar ahora —Sé una perra, sé un cubo de hielo, Bella, lo merece.

— ¿Qué? —gruñó y yo miré con furia el camino frente a mí. Todavía faltaban unas cuadras—. ¿Tú puedes abrazar a tú ex, pero yo no? —Se giró y me miró fijamente desde su puesto. Sentí mis dientes rechinar y conté hasta infinito, evitando las malas palabras que nos podrían herir a ambos.

— ¿Te he apartado yo alguna vez de mi lado? ¿Giro mi cara cuando tú vas a besarme frente a Riley? ¿Lo he hecho? —Giré mi cara hacia él y enarqué mis cejas, completamente furiosa. Él me miró fijamente y luego apartó la mirada—. Bien —él me miró confundido y después me miró arrepentido.

—Bella… yo…

—No. Ahora, no. Vete, no quiero verte —estacioné el jeep en la entrada y lo apagué, bajándome rápidamente y yendo hacia la parte trasera para sacar las comprar.

—Tenemos que hablarlo —dijo llegando a mi lado y yo quise gritar. Necesitaba estar sola, controlar mis palabras, mi lengua, mi cabeza y mis sentimientos. Me sentía como la real mierda en estos momentos, no quería explotar frente a él y después arrepentirme.

—No lo quiero hacer ahora, vete —Tomé un par de bolsas y abrí la puerta, desactivando como pude la alarma y encendiendo todas las luces antes de ir a la cocina. Sentí como cerraba la puerta del jeep y de la casa, siguiendo mis pasos hasta la cocina. Saqué las cosas de las bolsas y comencé a ordenarlas, contando hasta un millón e ignorándolo.

—Realmente lo siento, bebé —Lo ignoré y abrí las puertas de los muebles para guardar las cosas—. No debí hacerlo, fue un acto de reflejo —Lo ignoré. Saqué las demás cosas que había en las bolsas que él trajo y me alejé al ver las intenciones de sus manos al tratar de pescarme. Lo oí suspirar y yo quise llorar—. Lo siento, amor, lo siento mucho —Me giré y lo miré fijamente. Vi el dolor en sus ojos y ya no pude más. Sollocé fuertemente y él se acercó, pero lo detuve antes de que me abrazara.

—No, Edward. Me hiciste sentir como la mierda y yo no había hecho nada —Sollocé y él abrió la boca para hablar—. Yo nunca hice eso frente a Riley, no te alejé de mí ni nada, pero sí permití que marcaras territorio frente a él o cualquier chico.

—Yo…

— ¿Cómo te habrías sentido si yo hubiera hecho lo que hiciste conmigo frente a Riley o Alec? —Me miró arrepentido y estuve a punto de lanzarme a sus brazos.

—Yo…

— ¡Bella! —Oí la voz de mi mejor amiga y mis lágrimas aumentaron. Miré a Edward y salí rápidamente de la cocina.

— ¿Qué mierda? —lo oí decir y yo rápidamente enjuagué mis lágrimas antes de entrar al salón, en donde estaban mis tres mejores amigas. Al ver la cara de preocupación de todas sollocé con más fuerzas y ellas rápidamente me tomaron del brazo y me llevaron hasta mi habitación. Contuve los sollozos y los hipidos, pero las lágrimas seguían cayendo. Me sentía furiosa, impotente y dolida.

¿Por qué lo hizo? Yo nunca hubiera hecho eso, incluso si hubieran sido mis padres los que nos hubieran llamado la atención; total, tendríamos que contarles pronto. Pero era Irina. ¡Irina! Su ex del instituto, la maldita señorita perfecta que sacaba excelente calificaciones y que nunca hacía nada malo. Nunca la había odiado, incluso cuando estuvo por 3 meses con Edward, pero ahora sí, porque ella había provocado esto… bueno, técnicamente no fue ella, pero no quería centrar toda la culpa en Edward y enfurecerme más.

— ¿Qué pasó? —preguntó Rose.

— ¿Qué hizo? —Masculló furiosa Tanya.

— ¿Estás bien? —Musitó con calidez Alice, sentándose a mi lado en la cama mientras que Rose y Tanya cerraban la puerta con fuerza y colocaban el pestillo, dando vueltas por la habitación. Sólo podía hipar, aguantando los sollozos y recordando una y otra vez la escena del supermercado.

Tal vez realmente estaba exagerando y después lo vería como una estupidez, pero ahora me sentía tan mal y no podía pensar con claridad.

— ¡Bella, contesta! —Siseó Rosalie y se acuclilló frente a mí. Traía su ropa de pijama, al igual que Tanya. Sin embargo, Alice parecía estar más arreglada que de costumbre.

— ¿Dónde estabas? —Le pregunté a la duendecilla y ella sonrió acariciando mi muslo desnudo.

—En una cita con Jazz —El sentimiento de culpa me inundó y sollocé fuertemente, sorprendiendo a mis amigas. Tanya se acuclilló junto a Rose y tomó mi rostro entre sus manos, haciendo que mirara fijamente sus orbes celestes.

— ¿Qué hizo? —Su voz era dura, cosa que rara vez era así. Ella hablaba así cuando peleaba con Demetri o con sus padres, pero nunca con nosotras, incluso si peleábamos.

—Él… Edward me alejó de él cuando Irina nos saludó en el supermercado —Expliqué en voz baja, dudando de que ellas me hayan escuchado. El jadeo de las 3 me lo confirmó y apreté fuertemente mis labios, reteniendo las malas palabras y los gritos que quería mascullar.

— ¡Que hizo qué! —Gruñó Tanya y se levantó con rapidez, dando vuelta por la habitación e insultando a mi chico. Sequé mis lágrimas al ver como Rose se levantaba con decisión y la tomé del brazo antes que abriera la puerta.

—No, Rosie, no te metas en esto —Supliqué y ella me ignoró, tratando de soltarse de mi agarre—. Rose, no lo hagas. No quiero agrandar más la situación. Necesito calmarme, controlar mis palabras y mi lengua, no lo hagas. Tal vez esté exagerando, ando tan sensible, necesito calmarme o agrandaré más toda esta mierda.

— ¡Te alejó! —Siseó y me miró fijamente.

— ¿Por qué hizo eso? —Musitó Alice con el ceño fruncido. Mis amigas habían adorado a Edward desde el instituto, pero, según ellas, yo siempre estaba primero.

—Él dijo algo sobre un acto de reflejo… no lo sé… —Pasé mis manos por mi cabello y lo desordené, tironeándolo un poco y gruñendo enojada.

— ¡Idiota! —Masculló Tanya y se cruzó de brazos frente a mí. Me encogí de hombros, sin saber qué decir. Estaba dolida, sí, pero eso no quería decir que no le hablaría más. Mis amigas podían hacer lo que quisieran.

—Lo sé, pero… ¿Estoy exagerando esto? —Susurré un poco más calmada. Es obvio que yo nunca haría algo así, todavía era un poco extraño expresar abiertamente la "cosa" que teníamos. Había vivido acá toda mi vida y no era raro encontrarse con gente conocida en cualquier lado. Pero la cosa con Edward era reciente, siempre fuimos afectuosos y expresábamos abiertamente el cariño que nos teníamos, pero era muy diferente a lo que ahora somos.

— ¡No lo hiciste! —Gruñó Tanya.

— ¡Estás bien! —Jadeó Rose y todas miramos a Alice. Ella siempre era la más sensata y menos irascible. Tanya y Rose siempre me apoyaban enojándose y alentando mi furia y mis ganas de gritar, ellas siempre se tomaban las cosas a pecho como yo lo hacía con ellas, incluso Alice. Pero Alice rara vez ocupaba ese papel, era más sensata y siempre buscaba el lado o la explicación de todas las situaciones.

—Más o menos —Masculló Alice.

— ¿Qué mierda, Alice? —siseó Rose y la miró con furia. Alice suspiró y trató de explicarse.

—Yo también estaría hecha una fiera si Jasper hiciera algo así, pero la diferencia entre nosotros con Edward y Bella, es que no somos familiares. Podemos ir abiertamente expresando nuestra relación, en cambio, ustedes están comenzando y no todos saben la historia de que son primos segundo grado y que no es tan malo estar así —Y una mierda—. Es raro para los demás verlos juntos, no para nosotros, estamos acostumbrados a ustedes y siempre supimos que terminarían juntos. Pero los demás no, ellos no son tan cercanos como nosotros, ellos no verán la relación como la vemos nosotros o ustedes.

—Ya —susurré y comencé a sentirme realmente estúpida.

—Él pudo haber sido más sutil a la hora de reaccionar, pero tal vez sí fue un reflejo —Finalizó y Tanya bufó al igual que Rose, pero asintieron.

— ¿Por qué siempre eres tan sensata? —Suspiró Rose y todas reímos suavemente. Tanya se arrodilló ante mí y tomó mis manos entre las suyas, mirándome con duda.

— ¿Qué harás? ¿Estás bien? —Asentí y suspiré.

—Me siento muy estúpida.

— ¡No, amiga! —Intercedió Rosie y se sentó a mi lado. Las tres me tomaron de las manos y yo quise llorar por ellas, por interrumpir sus veladas y por hacerlas venir a mi casa por todo este pequeño gran show—. Todas hubiéramos reaccionado así, yo hubiera golpeado fuertemente a Emmett si hiciera eso y no le habría hablado en toda la noche —Ella sonrió y acarició mi espalda con cariño. Rose era usualmente una persona fría, incluso con los chicos, pero nunca lo fue con nosotras.

—Yo hubiera mirado a Jasper de la peor manera y lo hubiera agarrado ahí mismo para demostrarle a su ex que él es mío ahora y para siempre —Dijo Alice con tal convicción que realmente le creí.

—Yo habría dejado a Demetri con las cosas en Wal-Mart y lo habría hecho volver a casa en un taxi. Después le habría golpeado y después tendríamos sexo desenfrenado como reconciliación.

—Asquerosa —Dijimos todas excepto Tanya. Las 4 reímos y nos abrazamos fuertemente.

—Gracias, chicas, no sé qué haría sin ustedes. Mi mente era una jodida mierda hace unos minutos, pero ahora puedo ver las cosas de otras formas —Sonreí y ellas asintieron.

— ¿Quieres que nos quedemos? —Negué de inmediato.

—No. Alice, vuelve con Jazz y terminen su cita. Y ustedes dos —dije mirando a mis amigas en pijama—, vayan a dormir. Las llamaré mañana y le diré de qué va todo.

—De acuerdo, mucha suerte y cabeza —Aconsejó Rose y me besó sonoramente la mejilla.

—Llámanos por cualquier cosa, no dudaremos en volver —Abracé a Tanya y besé su mejilla.

—Siempre estarás tú primera, eres nuestra mejor amiga.

—Alice, mierda, no me hagas llorar más —Nos volvimos a abrazar las tres y me recosté en la cama con un suspiro al verlas salir.

¿Qué debía hacer? ¿Debería bajar y hablar con él? ¿Se habrá enojado conmigo? ¿Qué mierda eso último? Él no tenía el derecho de enojarse en estos momentos, el derecho sólo lo tenía yo.

Me sentía tan cansada y mi cabeza me mataba, tenía que hablar con él, disculparme por haber armado el gran escándalo, pero sabía que él comprendía. Ósea, quería creer que Edward entendía. No sé cómo habría reaccionado él si yo hubiera hecho eso con él frente a Riley o alguno de mis ex. Él se habría sentido dolido, lo comprendo, me sentí así, pero él no habría hecho tal escándalo. Edward hubiera hablado conmigo, a pesar de estar enojado y todas esas mierdas. Sin embargo, yo no hablé con él, siendo que me había pedido que lo hiciéramos. ¿Pero alguien me comprende? Estaba enojada, dolida, enfurecida con Irina por aparecer y con Edward por tener esos actos de "reflejos", como los llama él. Yo encuentro que reaccioné bien, no le grité como hubiera hecho en otro caso, no lo golpeé, cosa que nunca haría, hiciera lo que hiciera, no salí corriendo y sí afronté la situación con dignidad. Mis amigas estaban en lo correcto, Alice estaba en lo correcto, tenía que pensar en frío y tomar en cuenta de que es verdad que los demás no saben el tipo de relación que tenemos. Tenemos una relación oculta, al menos sólo para mis padres. Mis amigos siempre supieron de mis sentimientos hacia él, incluso en el instituto. Siempre fue un amor platónico, mis ex novios sabían un poco, pero yo los quería, a ninguno logré amarlo como lo hago con Edward.

Lo amaba demasiado.

Desperté sobresaltada, no me había dado cuenta de que me había dormido y de cuán cansada estaba. Tallé mis ojos con pereza e inhalé con necesidad, tratando de llenar al máximo mis pulmones de aire. Suspiré temblorosamente y me senté en la cama, dándome cuenta de que estaba completamente vestida y que no sabía qué hora era. Tomé el celular de mi bolso, el cual estaba botado en el suelo junto a mi cama, y desbloqueé la pantalla. Una hermosa imagen de mí y Edward me dio de lleno, aturdiéndome por unos segundos al ver nuestras enormes sonrisas y derritiéndome por sus hoyuelos.

Me levanté y me desperecé con flojera, bostezando horriblemente. Arreglé un poco mi cabello y miré hacia mi ventanal. El cielo estaba completamente despejado, la luna y las estrellas brillando con intensidad y supuse que debería estar cálido y rico afuera.

—Ve por Edward —me susurré y me encaminé hasta mi puerta. Estaba con pestillo, por lo que supuse que las chicas la habían dejado así al salir. Noté que el pasillo estaba totalmente oscuro, no había luz ni en el pasillo ni en la habitación de Edward, pero eso era porque la puerta estaba cerrada. Lo único que alumbraba levemente el piso era el ventanal que daba para el patio trasero, en donde se veía el cielo despejado—. Vamos —Me alenté y comencé a bajar las escaleras suavemente. Supuse que Edward estaría dormido y no querría verme en estos momentos, cosa que yo entendía y que también me enfurecía. Quería poder enojarme con él por mucho tiempo, pero simplemente no podía. No soportaba la idea de no hablarle, abrasarle o besarle.

El segundo piso estaba totalmente oscuro también, no había ni un reflejo de luz, por lo que me apresuré hasta el primer piso y ahogué un jadeo cuando noté que la luz de la cocina sí estaba encendida. Sentí como mi corazón se aceleraba y como la culpa me embargaba por completo, haciendo que me sintiera completamente estúpida y arrepentida.

Tenía que hablar con él.

Suspiré para tratar de relajarme y un pequeño temblor me recorrió cuando lo vi ahí, completamente solo. Sentí mis lágrimas picar mis ojos al verlo sentado en el taburete de la encimera y comiendo un trozo del pastel que habíamos comprado anoche en el supermercado. Mi cuerpo tembló cuando me apoyé en el umbral de la puerta y lo observé con atención. Estaba inclinado sobre la mesa, apoyando su cabeza en su mano derecha y destrozando distraídamente el trozo de pastel. Sonreí cuando lo llevó a sus deliciosos labios y frunció las cejas mientras suspiraba. Su rostro, al menos lo que su perfil me mostraba, estaba desolado y dolido. No era buena leyendo a la gente, pero las emociones estaban tan marcadas en sus facciones que me sentí desfallecer.

Esto estaba mal, todo era un gran error y todo por mis reacciones. No era como si él me hubiera engañado o algo así, todo lo contrario.

— ¿Está rico? —Él se sobresaltó al oír mi voz y su cabeza giró rápidamente en mi dirección. Podría decir que le habría dolido, pero no lo demostró.

—Bebé —Susurró y sus ojos brillaron en arrepentimiento. Sonreí levemente y me acerqué a él, deteniéndome a su lado y acariciando su cabello. Llevé mi mano izquierda hacia el pastel y pasé un dedo por el trozo de chocolate, bañando mi dedo de manjar y bizcochuelo. Ante su atenta mirada llevé mi dedo a mi boca y probé el delicioso pastel. Estuve a punto de sonreír cuando vi que pasaba dificultosamente saliva por su garganta y como sus esmeraldas se empañaban un poco por el deseo—. Bella, de verdad lo siento mucho, perdóname, bebé. No fue mi intención, yo no quería… fue un reflejo, por favor, escúchame. No te enojes, amor…

—Edward —corté su balbuceó y él suspiró mientras pasaba su mano por su cabello, desordenándolo y jalándolo en el proceso.

—De verdad lo siento mucho, bebé. Sé que no merezco esto ahora, que estás en tu derecho al estar enojada y de odiarme en estos momentos. Sé que tu reacción estuvo buena, yo hubiera hecho lo mismo, realmente lo siento —Me miró fijamente por unos segundos y luego suspiró.

— ¿Por qué lo hiciste? —Edward volvió a suspirar y tomó delicadamente mis manos temiendo que alejara su tacto. Chico tonto, nunca lo haría, al menos no ahora.

—Yo… no lo sé. Sólo sé que estaba sorprendido y que sólo reaccioné, que temí que los demás pensaran cosas y nos juzgaran —Besó suavemente mis nudillos y me miró—. Fui tan estúpido. Todo sucedió en segundos que ni siquiera logré procesar mis movimientos ni en cómo te sentirías, hasta yo me sentí mal al hacer eso. Debí haber actuado diferente, no merecías ni mereces eso. Fue horrible, no puedo pedir las disculpas suficientes —Inhaló profundamente y suspiró con brusquedad—. No quiero que sientas o pienses que me avergüenzo de lo que tenemos, todo lo contrario, por mí iría por el mundo gritándole a todo el mundo que por fin te tengo, que ya no tengo que esperar o dudar más sobre si esto está bien. Te amo y sólo eso basta, no importa que los demás…

— ¿Me amas? —Él levantó su cabeza violentamente y sus ojos brillaron con intensidad. En menos de un segundo estaba sentada sobre la encimera y con mi chico entre mis piernas.

—Te amo —Declaró y sentí como mi corazón se aceleraba con intensidad, como los pelos de mis brazos y nuca se erizaban y como mis ojos se llenaban de lágrimas.

—Dilo de nuevo —susurré y Edward sonrió, mostrándome sus hoyuelos y reposando su frente en la mía.

—Te amo, bebé, demasiado, infinito. Te amo desde que tengo memoria y te he amado todos estos años de mi vida. El irme a la marina sólo intensificó el sentimiento.

—Dios, me amas —sollocé y no lo dudé dos veces en agarrar sus mejillas y besarlo con ferocidad. Él me amaba, me correspondía. Edward me amaba. Era tan difícil de creer y escuchar, era como si necesitara que él lo repitiera a cada rato para convencerme de que me amaba—. Te amo, te amo, te amo muchísimo —dije entre besos y ganándome una sonrisa de él.

— ¿Me amas también? Dios, es imposible —susurró y secó mis lágrimas, besándome las mejillas con amor. Amor, amor, amor. ¡Él me ama! Sentía que podía saltar de pura euforia. Quería correr y gritarle al mundo que mi chico me amaba.

—Te amo, mucho, muchísimo. Se siente tan bien poder decirlo —Él sonrió y me abrazó por la cintura, acercándome a su cuerpo.

—Pensé que nunca lo escucharía de tus labios, tardaste mucho en decirlo —Me regañó con una sonrisa y yo me reí fuertemente.

—El que estemos en el siglo XXI no quiere decir que yo tenga que hacer todo en esta relación —Una maravillosa idea se formó en mi mente y no dudé en llevarla a cabo—, pero ya que estamos; ¿Quieres ser mi novio, Edward Cullen? —Él abrió sus ojos graciosamente y yo reprimí mi carcajada. No había nada de malo en que la mujer lo pidiera, eso era para machistas idiotas.

— ¿Sí? —Enarqué mi ceja y sus ojos brillaron—. Diablos, sí, bebé. Te amo —dijo antes de agarrarme por la nuca y estampar sus labios con los míos. Ambos gemimos suavemente y no dudé en enrollar mis piernas a su alrededor, ansiosa por sentir su erección y de que no hubiera ningún centímetro separándonos.

—Te perdono, bebé. Mi reacción fue muy estúpida, pero nunca lo vuelvas a hacer —Jadeé mientras él besaba ansiosamente mi cuello. No dudé en que me dejaría un chupón, ahora realmente deseaba que me marcara, aunque fuera de esa horrible manera.

—Tu reacción fue correcta, cariño. Juro que nunca más lo haré, no haré nada para dañarte. Ahora somos novios —soltó una risita y yo jalé divertida su cabellera.

—Tonto —dije antes de que él comenzara a desabrochar los botones de mi camisa blanca. Sonreí cuando lo vi fruncir el ceño al ver tantos botones, por lo que me apresuré a cortarlo—. Ni se te ocurra, Cullen.

—Bien —gruñó y terminó de desabrocharlos. No quería que él rompiera mi ropa, me encantaba esa camisa y lo que menos deseaba era tener que botarla porque él no se tomara el tiempo suficiente para desabrochar los botones—. Te amo —susurró antes de desabrochar mi brasier y hacer un camino de besos hasta mis senos, mirándome por sus pestañas y sonriendo calientemente.

—Yo también —jadeé cuando comenzó a succionar mis pezones con delicadeza. Apoyé una de mis manos en la orilla de la encimera, agarrándome con fuerza para no caerme hacia atrás, y la otra la llevé hasta su cabello, jalándolo con fuerza cuando comenzó a succionar con más fuerzas—. Edward —gemí y cerré los ojos con fuerza cuando me mordió con suavidad antes de cambiar de pecho, yendo hasta el izquierdo. Sentí como mi cabeza se iba hacia atrás y traté de mantenerla derecha, obligándome un poco a controlar los temblores de mi cuerpo.

Lo sentí gruñir cuando un fuerte gemido salió de mis labios y sonreí cuando estampó sus labios en los míos, aturdiéndome y logrando que mi mente se volviera una mierda confusa. Con desesperación llevé mis manos hasta su camiseta negra y traté de subirla, pero su cuerpo estaba completamente pegado al mío, por lo que tuve que separarme con una sonrisa para desvestirlo.

—Bella —susurró en advertencia cuando lentamente comencé a alzar su camiseta.

— ¿Sí? —solté un estúpida risita y él enarcó las cejas antes de quitar mis manos y sacarse rápidamente la camiseta. Bufé con una sonrisa y lo acerqué con mis piernas, posando mis labios en su pecho y lamiendo el camino hasta su cuello. Me sentí orgullosa cuando Edward gimió y apretó mis muslos con sus manos—. Vamos al salón —susurré contra su mandíbula. Lo sentí asentir con la cabeza y luego me tomó por los muslos, alzándome con rapidez y sonriendo cuando jadeé ante la sorpresa. Me afirmé de sus anchos y bronceados hombros mientras que él nos sacaba de la cocina y nos llevaba hasta el enorme sillón de la sala.

Dios, si mis padres supieran las cosas que hemos estado haciendo me matarían, a ambos. La única luz que iluminaba el salón era el de la luna y las estrellas, ya que las cortinas de los ventanales estaban corridas y daban de lleno al patio trasero. Podía ver claramente la cara de Edward e incluso sus ojos brillaban con mayor intensidad. Sentí como mi corazón se aceleraba más ante su mirada llena de amor y no creí cuán suertuda era en estos momentos. Él era mi novio, por fin era completamente mío. Todas mis fantasías y sueños más irreales se volvían realidad, incluso aquellos que inventaba al tratar de dormirme sin éxito. Edward siempre había sido el protagonista de mis más mínimas fantasías, desde un primer beso hasta morir juntos.

—Te amo —susurré mientras que él me bajaba de su cuerpo. Sonrió abiertamente, mostrando sus hoyuelos incluso, tengo cierta fascinación con ellos, y besó tiernamente mis labios, casi con adoración y dedicación. Podría ponerme a llorar en estos momentos si seguía así.

—Te amo también —contestó y yo llevé mis manos hasta su cinturón. Desabroché rápidamente la hebilla e hice lo mismo con el botón y el cierre, bajando sus pantalones hasta las rodillas. Se quitó sus zapatos y las medias, lanzando el pantalón hacia atrás y quedando sólo con el bóxer. Llevé mis manos hacia el elástico y se lo quité con rapidez, dando de lleno con su excitada erección. No dudé en arrodillarme y besarla, sonriendo ante sus siseos y gruñidos, por lo que tomé cierta parte entre mis manos y la otra la metí de lleno en mi boca, succionando suavemente para frustrarlo—. Bella —Gruñó cuando comencé a besar la punta, sacándolo completamente de mi boca. Sonreí y solté una risita y él volvió a gruñir. Llevó una mano a mi cabello, pero no hizo nada, sino que sólo la mantuvo ahí, apoyándose simplemente.

Llevé mi mano izquierda hasta su firme y delicioso trasero y lo acerqué a mí rostro, volviendo a introducir su erección en mi boca y marcando cierto ritmo para succionarla.

—Bella —jadeó cuando mordí levemente su miembro. Siempre tenía cierto miedo de hacerle daño, pero él parecía no sentir eso, cosa que agradecí. Enterré mis uñas en su trasero y succioné con avidez, sintiendo como se comenzaba a colocar más duro y como su cuerpo se comenzaba a tensar. Supe que estaba por venirse, por lo que comencé a pasar mi lengua por su extensión y a acelerar el ritmo de mi boca. Sonreí cuando gruñó fuertemente al correrse en mi boca. Continué succionando hasta que lo dejé limpio, al menos en lo que se podía, y me levanté hasta quedar a su altura. Sonreí con picardía al ver sus ojos brillantes y lo besé con necesidad. Realmente lo necesitaba—. Traviesa, gracias —susurró y comenzó a desabrochar mi short, mientras que yo lo pateaba con desesperación. Quitó con lentitud mis bragas y yo jalé su cabello para que se apurara. Edward soltó una risita y las arrancó, dejándome sorprendida y caliente, pero no pude decir nada antes de que su boca fuera directamente a mi centro, pasando su lengua por toda mi extensión antes de introducirla en mi interior, follándome con su deliciosa boca.

—Edward —jadeé mientras que él abría un poco mis piernas con sus manos, para luego comenzar a succionar mi botón. Dios, sentía que me iba a desmayar en estos momentos. Llevé mis manos hasta su cabello, tratando de sostenerme y de mantener el equilibrio. Mi cabeza era una real mierda, no podía ni siquiera pensar con coherencia, no es como si tuviera mucho qué pensar, pero me sentía en otro lado, en otro mundo. En estas pocas horas había extrañado en demasía su contacto, sus brazos y todo de él. No podía vivir alejada de él, me estaba volviendo una completa dependiente de él—. Dios, sí —inhalé desesperada un poco de aire, sintiendo que mis pulmones no estaban recibiendo el suficiente. Mi respiración se volvió errática, mientras que mi vista se nubló cuando los temblores comenzaron a azotar mi cuerpo. Edward los sintió y llevó sus manos a mis caderas, manteniéndome de pie mientras que su lengua me follaba una y otra vez. Gemí con fuerza cuando dos de sus finos y largos dedos se introducían en mi interior, saliendo y entrando con agilidad, completamente familiarizados con mi intimidad.

Vi el reflejo broncíneo de sus cabellos a la luz de la luna y sonreí aturdida al ver su piel perlada, arrodillado frente a mí. Mis extremidades se entumecieron y el conocido pero excitante fuego comenzó a aflorar por mi cuerpo. Mi interior se contrajo, encerrando la lengua y los dedos de Edward y me vine. Me vine tan violentamente que no pude evitar el fuerte gemido que salió de mis labios, inundando toda la habitación y avergonzándome un poco. Jadeé fuertemente en busca de aire y sentí que me caía pero los fuertes brazos de mi marine me envolvieron y me besaron ferozmente en los labios. Me aferré a su cálido cuerpo y le respondí con mayor intensidad.

—Te amo —susurré y volví a besarlo. Sentía que no podía dejar de decirle cuánto lo amaba, era una increíble necesidad el recordárselo, aunque dudaba que él pudiera olvidarlo. Sus ojos brillaron y sonrió.

—Te amo también —dijo antes de sentarse en el sillón. Sonreí con picardía y me giré para darle la espalda. Me senté lentamente sobre sus piernas y su erección me dio de lleno en el trasero, me levanté un poco y tomé su erección para introducirla en mí. Edward me ayudó sujetándome de las caderas y yo comencé a bajar lentamente sobre él, llenándome por completo y sintiéndome plena. Ambos gemimos y yo lo introduje de golpe, quedándome quieta mientras simplemente disfrutábamos de la sensación. Sentí como comenzaba a repartir besos en mi espalda y me estremecí mientras me apoyaba en su pecho. Apoyé mi cabeza en su hombro y levanté un poco mi cabeza para besar su mandíbula. Sin pensarlo más, comencé a montarlo. Llevé mis manos a las suyas, las cuales estaban todavía en mis caderas, y me ayudó a alzarme. Gemí con suavidad ante la nueva posición, se sentía tan bien, tan correcto y tan profundo—. No quiero que volvamos a discutir, bebé —susurró sorprendiéndome. Asentí un poco aturdida mientras volvía a bajar sobre su erección. Aumenté el ritmo de las embestidas y jadeé cuando él alzó sus caderas para encontrar cada estocada.

—Sí —murmuré mientras que trataba de concentrarme en sus palabras.

—Siempre serás tú, bebé, siempre lo has sido y siempre lo serás. Te amo muchísimo, no soportaría perderte nunca —inevitablemente mis ojos se llenaron de lágrimas y giré mi cabeza para mirarlo. Sus orbes esmeraldas también estaban llorosos y yo me sorprendí. Edward nunca lloraba, al menos no lo había visto llorar desde la muerte de sus padres y desde que cortaron su cabello.

—Nunca me perderás, soy tuya para siempre, cariño —llevé mi brazo hasta su nuca y lo acerqué para besarlo. Mordí su labio inferior cuando llevó su mano hasta mi botón, acariciándolo con suavidad. Dios. Abrí mis ojos y comencé a succionar su labio, reprimiendo los gritos que querían salir de mi interior—. Edward —siseé y llevé mi mano hasta la suya, acariciándome yo también. Él gruñó y ambos aumentamos el ritmo, ya sea de las embestidas y de las manos, mientras que nuestros cuerpos rebotaban y sudaban. Jadeé desesperada por aire y por un respiro, pero sentía que moriría si no explotaba ya. Quité mi mano de mi botón y apoyé ambas en sus rodillas, inclinándome hacia delante para un mejor ángulo. Di de lleno con uno perfecto para mí y supe que no aguantaría más, por lo que comencé a casi saltar sobre él, sonriendo cuando acarició mi espalda desnuda y mi trasero—. Bebé —lloriqueé cuando comenzó a repartir besos por mi espalda, logrando que me estremeciera violentamente. Apreté con fuerza sus rodillas y aumenté mis embestidas.

—Ya casi, cariño —jadeó y solté una risita cuando mordió suavemente mis costados. El movimiento en mi botón lo intensificó y sentí como su erección se tensaba en mi interior, logrando que los conocidos temblores en mi cuerpo volvieran y que el calor en mi vientre se propagara.

—Edward —susurré y él me ayudó a moverme con más rapidez. Sentí como mi cuerpo se entumecía y mi espalda se arqueó, apoyándome en su pecho y jadeando fuertemente. Lo sentí gruñir mientras se venía en mi interior y no tardé más de 2 segundos en acompañarlo, moviéndome mientras intensificaba nuestro placer. Completamente aturdida me dejé caer contra él, apoyando mi cabeza en su hombro y cerrando los ojos mientras me relajaba y calmaba mi respiración.

—Te amo —susurró en mi oído y rodeó mi cintura con sus brazos, abrazándome y pegándome a su pecho. Giré un poco mi cabeza y besé su mandíbula, quedándome ahí por uno rato.

—Te amo —acaricié sus manos y las entrelacé con las mías. Edward comenzó a repartir suaves besos por mi sudado cabello y yo sonreí completamente alucinada.

— ¿Crees que el agua de la piscina esté fría a esta hora? —Solté una estúpida risita y sentí como su miembro en mi interior se endurecía.

—Podemos verificar.

—Hagámoslo.


Bueno, ¡hola!

Sé que tardé un poco mucho, bueno, dentro de lo normal, pero aquí está.

Varias odiaron a nuestro marine en el anterior y muchas se confundieron un poco, pero él no ha sido infiel ni nada por el estilo. Odiemos a Heidi, sí, se lo merece por ser una jodida suertuda.

¿Qué tal el capítulo? ¡Son novios, por fin! ¡Y dijeron que se aman, finalmente! Bella sí que es una chica del siglo XXI. ¿Cuántas de ustedes han dado el primer paso y han pedido a su chico que sean novios o matrimonio? Tenemos que hacer eso si ellos no dan el paso, cobardes.

Muchas gracias por los reviews, los favoritos, los alertas y los PM. Las amo muchísimo y gracias por estar tan atentas a mis actualizaciones.

Nos leemos próximamente, trataré de actualizar este fin de semana, pero como entré nuevamente a la universiad y las clases son una verdadera mierda, veremos qué sucede.

¡Saludos!