Disclaimers: Los personajes pertenecen a la fabulosa S. Meyer, la historia es completamente mía.
.
¡Mayday!
"Los amores son como los niños recién nacidos, que hasta que no lloran no se sabe si viven.
—Amaury Rodríguez."
Capítulo 9: Casi todo en su lugar.
.
— ¿Ya te vas? —Murmuró con voz ronca mientras que alzaba su cabeza de la almohada, mirándome con los ojos entrecerrados. Terminé de echar crema en mis piernas y me levanté de la esquina de la cama, gateando hasta él.
—Sí —besé suavemente su mejilla y Edward sonrió somnoliento—, Kendra debe estar por llegar. No quería despertarte, así que sigue durmiendo —acaricié su cabellera broncínea y mi chico bostezó. Eran apenas las 7:30 de la mañana, ninguno de los dos existía a esta hora, pero Kendra tenía hora con su ginecólogo a las 8 y me había pedido que la acompañara.
— ¿A qué hora llegarás? Te extrañaré —hizo un exquisito puchero y volvió a bostezar mientras que apoyaba su cabeza en la almohada y me miraba con sus orbes cansados.
—No lo sé. No creo que tardemos demasiado, tal vez esté acá alrededor de las 11 —él asintió y yo escuché como sonaba una bocina afuera—. Debe ser Kendra —Edward gimió y volvió a hacer otro puchero. Reí ante eso y besé suavemente su puchero, alejándome antes de que me contestara. Sabía que no saldría de acá si ese era el caso.
—Bebé —reclamó y yo besé una vez más su boca antes de levantarme de la cama.
—No —él gruñó y rodó sobre su cuerpo, quedando con la vista hacia el techo—. Trata de dormir un poco más, no tardaremos. ¿Sí? —sentí como suspiraba y yo sonreí. Ayer fue uno de los mejores días, nos habíamos arreglado y confesado. Él me amaba, tanto o más como yo lo amaba a él. No había mejor sentimiento que este, vivíamos en nuestra propia burbuja y tenía tanto miedo de que se rompiera. Nos quedaba solo una semana antes que mis padres volvieran y Edward tenía que irse en dos semanas más a Hawái. No quedaba nada.
—Te amo y ten cuidado —susurró cuando me acerqué para besarlo una vez más. Mi corazón se apretujó cuando dijo esas palabras.
—Te amo también —dije antes de tomar mi cartera y mi celular de la mesita—. Duérmete —le ordené y salí rápidamente de mi habitación. Bajé con rapidez, y cuidado, las escaleras y sonreí al abrir la puerta.
— ¡Apúrate! —Me gruñó con una sonrisa mi amiga. Asentí y cerré rápidamente la puerta con pestillo y me acerqué hasta su jeep.
—Lo siento —me disculpé y ella sonrió antes de abrazarme. Cerré la puerta y me coloqué el cinturón.
—Bien, vamos —Sus manos temblaron un poco y yo sonreí.
—Tranquila, todo saldrá bien —Kendra asintió y encendió el vehículo, sacándonos rápidamente de la calle e ingresando por la gran avenida hasta el consultorio.
—Ya no sé qué pensar, estoy tan nerviosa que hasta Harry sospecha —suspiró y me miró durante un segundo antes de volver la vista a la carretera. Una sonrisa se posó en mis labios y acaricié su brazo para tranquilizarla.
— ¿Por qué dices eso? ¿Él sabe los días en que te llega?
—No, bueno, no tiene por qué saberlos, pero he estado ansiosa desde el día en que me retrasé y desde el lunes, cuando te conté —se detuvo en el semáforo y me miró de frente, sus ojos brillosos y una mueca nerviosa en sus labios—. Por supuesto no he tenido antojos ni mareos, mis estados de ánimos no han cambiado mucho tampoco. ¿Será que solo es un retraso y no estoy embarazada? Deseo estar tanto estarlo que quizás es hasta sicológico —Su voz tembló y yo me acerqué para abrazarla brevemente.
—Mira, no estoy estudiando para ginecóloga, obstetra o algo, pero sé medicina. Es lo mío —Ella reanudó la marcha—. ¿Has sentido los pechos sensibles? Leí por ahí que comenzaban a hincharse y se colocaban híper sensibles, por eso de que tenían que prepararse para el amamantamiento —Con las chicas habíamos leído algunas revistas sobre esto, ya que tanto Rose como Tanya habían tenido un par de retrasos y todas nos habíamos asustado.
—Me duelen un poco, pero no los encuentro más grandes —se mordió el labio inferior y me miró preocupada.
—Tranquila. Las náuseas pueden ser a las dos semanas o a los dos meses, todo depende. Los antojos suelen aparecer al primer mes o más tarde, todo depende —tal vez debería especializarme en obstetricia. Sí, tal vez debería.
—Dios, siempre estoy más cansada, pero lo asumí… a ya sabes, a que Harry llegó —Me reí ante su sonrojo. Yo también estaba un poco más cansada, pero eso era normal. En la universidad también estaba así o más cansada de lo habitual.
—Tranquila, ahora veremos todo —ella asintió y rápidamente se estacionó en un puesto libre. Ambas miramos con anhelo el estacionamiento para mujeres embarazadas y soltamos unas risitas, bajándonos nerviosas del jeep.
— ¿Tú quieres tener uno? —no tenía por qué hacerme la tonta ante eso, ambas sabíamos lo que quería decir. La respuesta era simple, aunque había estado toda la semana pensándolo y deseándolo, como también colocando prejuicios y excusas, la respuesta era fácil.
—Sí —sonreí ante la idea—. Y no solo uno, quiero 4 o 5. Deseo tanto tener hijos, y más si son de Edward —suspiré y estuve tentada ante la idea de acariciar mi vientre plano. La sola idea de ser mamá, de tener a un pequeño bebé, a un ser viviente, en mis brazos y que siempre, al menos hasta cierta edad, dependerá de mí. Uf, no sé, sentía como mi corazón se hinchaba y como mi respiración se atoraba, la sensación era hermosa, pero podía imaginar cómo sería si fuera real, si algún día se hiciera realidad. La sensación y el sentimiento serían indescriptibles.
—Yo solía pensar así, hasta que por más que lo intentáramos no podía tener hijos —sus ojos se llenaron de lágrimas y no supe qué decir. Acaricié su brazo y Kendra suspiró antes de sonreírme débilmente. Abrió la puerta de la consulta y ambas nos internamos al lugar. Solo había un par de chicas, quienes nos miraron y sonrieron cálidamente antes de volver la vista a su revista. Entramos lentamente y nos acercamos a la simpática, en apariencia, secretaria—. Uhm, hola, mi nombre es Kendra Lears. Tengo hora con el Dr. Newton…
—Sí, el Dr. Newton la atenderá en unos minutos. Tomen asiento —bien, solo era en apariencia simpática. Su voz era completamente desagradable y la forma en que nos miró… Perra.
—Gracias —respondí secamente y tomé a Kendra del brazo, guiándola hasta el asiento—. Toda una perra —ambas reímos suavemente y nos acomodamos lo mejor que pudimos en las pequeñas sillas.
—Tienes que ver a mi doctor, es una espina en mi trasero —gruñó suavemente y yo la miré sorprendida. Yo al menos tenía una ginecóloga, aunque no siempre era cómodo.
— ¿Y qué esperas para cambiarlo? —Miré disimuladamente como la secretaria se levantaba, arreglando su pronunciado escote, para variar, y se dirigía hacia la puerta del supuesto doctorcito.
—He estado con él desde siempre, nunca he pensado en cambiarlo. Tal vez debería —asentí e hice una mueca mal disimulada al ver como la secretaria volvía a salir y nos llamaba.
—Sra. Lears, el doctor la está esperando — ¿Es idea mía o ella acaba de fulminarnos, matarnos, aniquilarnos con la mirada?
— ¿Pero qué mierda? —mascullé y me levanté junto con mi amiga. No disimulé mi mala mirada al pasar junto a ella. Seguí a Kendra, ya que no sabía cómo funcionaba la cosa acá y cerré lentamente la puerta del consultorio.
—Buenos días, Kendra —escuché la voz masculina hablándonos por detrás. Me giré y mi mirada dio justo contra unos orbes azules y fríos, enmarcados en unas gruesas pestañas rubias. Sonrió cuando se dio cuenta de que yo lo miraba, quizás sonrió en exceso—. Uhm, bueno, hola. ¿Quién es? —besó brevemente la mejilla de Kendra y luego se acercó a mí. Evité fruncir las cejas o hacer alguna mueca y estiré mi mano, evitando cualquier contacto con él. Edward ya lo habría asesinado por su manera de mirar mi cuerpo y mis pechos.
—Isabella, una amiga —me presenté seriamente y él tomó mi mano, por un tiempo excesivo.
—Mucho gusto, Isabella —Escuché como Kendra tocía disimuladamente y yo retiré rápidamente mi mano. Newton captó de inmediato el mensaje, no era tan idiota al parecer—. Bueno, Kendra. ¿Qué te trae por acá? Pensé que la revisión mensual era en dos semanas más.
—Sí —ambas nos sentamos frente a las sillas que habían en el escritorio y yo, por supuesto, evité todo contacto visual con él—, pero tengo un retraso de una semana…
— ¿Llegó Harry? —Miró un poco dudoso a Kendra y juro que estuve a punto de golpear al jodido idiota.
— ¡Sí! —Casi gruñó ella y yo coloqué mi mano en su rodilla derecha, tratando de calmarla—. Llegó hace dos semanas. Quiero ver si es posible averiguar si estoy realmente embarazada —volví a apretar su rodilla y ella suspiró. Creo que ambas estábamos nerviosas, quizás demasiado.
—Oh, de acuerdo. Te haré unas preguntas regulares para este procedimiento —sacó su bolígrafo y nos miró fijamente—. ¿Cuándo fue tu último período?
—21 de julio.
—Bien. ¿Consumes alguna droga, alcohol, medicina? ¿Eres alérgica a algo?
—Eh, no. No consumo drogas, no fumo y tomo de vez en cuando. Dejé de hacerlo cuando me di cuenta de que mi período se había retrasado.
—Eso está muy bien. ¿Qué tan seguido tienes relaciones sexuales? —Dios. Esto es jodidamente incómodo.
—Esto… uhm, bueno —evité mi sonrisa ante su sonrojo. Conmigo no se sonrojaba cuando em hablaba de Harry, pero parece que Newton sí lo hacía—, con bastante regularidad. Todos los días, ahora, unas dos veces… sí, dos o tres veces... depende.
—Tranquila, Sra. Lears —él sonrió suavemente y escribió en la ficha clínica de Kendra—. ¿Se hizo una prueba de embarazo?
—Eh, no. No confío mucho en ellas, prefiero venir directamente acá. ¿Era necesario hacerla antes de venir acá? —Ambas lo miramos fijamente y él negó suavemente con la cabeza.
—No, no es necesario. Bien, necesito que te desvistas y te coloques esta bata —Kendra la recibió y me miró con duda antes de que yo asintiera imperceptiblemente—. ¿Qué me cuentas de ti? —Forcé una sonrisa y lo miré por unos segundos antes de recorrer la habitación lentamente.
—Soy amiga de Kendra y su esposo, estudio medicina…
—Oh. ¿Qué año? —miré disimuladamente su mano izquierda, preguntándome por qué mierda me hablaba tanto, y la encontré vacía. Jodida suerte.
—Comenzaré mi especialización en un mes y medio, pasé a la facultad —crucé mis piernas y no pasé desapercibida su pervertida mirada en mis piernas desnudas. Debí colocarme un jeans en vez de shorts. Maldito verano.
— ¿Qué especialización? —apoyó sus codos en el escritorio y se inclinó hacia mí. Gracias al cielo había una distancia de casi un metro.
—Todavía… —mi celular comenzó a sonar. Estuve a punto de chillar y deseé con todas mis fuerzas que fuera mi chico quién llamaba. Una boba sonrisa surcó mi rostro al ver la cara de mi mejor amiga en la pantalla—. Lo siento, puede ser importante —él asintió y se apoyó en el sillón—. ¿Allie?
— ¡Bella! ¿Adivina dónde nos vamos en dos horas más? —chilló fuertemente y yo no la regañé, feliz con su oportuno llamado.
—Uhm, no. ¿Dónde vamos? —Kendra justo salió y me miró confundida antes de darse cuenta que tenía el celular en mi oreja. Newton se levantó y le indicó que se sentara. Me levanté por inercia y me coloqué a su lado, tomando su mano en el camino.
—Iremos a la playa. Llama a Edward, iremos a acampar hasta el viernes. Dos días. ¡Increible! —Chilló nuevamente y Kendra me miró sonriente. Rodé los ojos y apreté su mano.
—Llamaré a Edward. Estoy con Kendra en el ginecólogo.
— ¡Dile que venga con Harry! Llamame apenas salgan. Iremos a tu casa y luego nos vamos en caravana juntos.
—De acuerdo, sí. Te llamo en unos minutos. Te amo.
—¡Te amo! —chilló antes de colgar. Kendra rio suavemente y yo sonreí.
—Era Alice, iremos a acampar. Tienes que venir y Harry también —me miró sorprendida y luego sus ojos se llenaron de lágrimas.
— ¿De verdad?
—Por supuesto, eres una de mis mejores amigas ahora. Llamaremos a Harry para que prepare todo. Ahora llamaré a mi chico —noté como la cabeza del Doctor se alzaba y me miraba confundido.
—Gracias —sonrió y luego prestó atención a lo que Newton decía. Marqué el número 3 y una foto de Edward y mía llenó la pantalla. Sonreí como estúpida y llevé el teléfono a mi oreja.
— ¿Bebé? —sonreí ante su voz adormilada.
—Amor. ¿Te desperté? —me alejé un poco de los oídos del doctor.
—Uhm, no, bebé. Estaba por levantarme para hacer la pieza —pequeño mentiroso.
—Mentiroso —ambos reímos suavemente—. Alice llamó, dice que iremos a acampar con los chicos en dos horas más. Estaremos hasta el viernes —oí movimientos y supuse que ahora sí se había levantado.
—Eso suena genial. ¿Dónde iremos? ¿Quiénes van? —oí la regadera y deseé estar ahí con él. Evité gemir. No era el momento.
—No sé dónde iremos. Irán todos los chicos, además de James y Félix, también Kendra y Harry.
— ¿Kendra y Harry? Eso suena mejor aún —rio y yo gruñí—. Es broma, bebé. ¿Tengo que preparar las cosas?
—Sí, bebé. Llegaré en una hora o menos, depende de los resultados. Parece que iremos a las cabañas, así que empaca toallas, los champús, acondicionador, los traje de baños… —su risa me detuvo y me sonrojé.
—Bebé, tranquila. Haré todo eso y tú podrás comprobar todo cuando vuelvas. Hazle compañía a Kendra y mándale saludos, llamaré a Harry para que ustedes no vuelvan a interrumpir. Te amo y ya te extraño.
—Yo también te amo. Gracias, eres el mejor —suspiré y después de lanzarle un beso, colgué.
— ¿Qué dijo? —Hice una mueca al ver a Newton metido entre sus piernas y mi amiga me miró incómoda y esperando una respuesta.
—Dijo que prepararía las cosas y que llamaría a Harry para avisarle.
—Tan amoroso —ambas reímos y escuchamos al ginecólogo gruñir.
—Bueno, uhm… —dijo saliendo y mostrándonos la pantalla—. Felicidades, eres madre, Kendra —ambas nos miramos y chillamos despacito. Para luego soltarnos a llorar.
—Soy mamá. Dios, soy mamá —susurró y yo la abracé fuertemente.
Increíble.
•••
— ¡Bella! —saludó Brad guapote Larsen, quien caminaba directo hacia mí con una pelota de voleibol en sus manos. Sonreí cuando se sacó los lentes negros y los colocó sobre su corta cabellera rubia. Sus ojos celestes me miraron divertidos y yo rodé los ojos.
— ¡Brady! —me burlé y él se sonrojó ligeramente antes de abrazarme fuertemente por la cintura con uno de sus brazos. Miré por sobre su hombro y vi a casi todos los jodidos Beta, quienes alzaron la mano para saludarme al notar mi mirada.
—Llevaba bastante tiempo sin verte —ambos reímos estúpidamente, pero me mantuve alerta al ver que no se alejaba a más de 10 centímetros de mí. De repente me sentí algo incómoda, no sabía si Edward estaba viendo.
—Tomando en cuenta de que llevábamos 1 semana de vacaciones y que prácticamente no he salido de mi casa… —me encogí de hombros y sonreí con picardía—… hace bastante tiempo que no nos vemos —él se soltó reír y yo lo acompañé. Noté que Emmett y Rose seguían jugando en el mar, mientras que Jasper se había acercado a los Beta y Riley estaba caminando hacia nosotros.
—Tenemos que salir uno de estos días, nunca tuvimos tanto tiempo libre en la universidad —sonreí nerviosa ante eso—. Podríamos salir a bailar, me encantó bailar contigo en la última fiesta que hicimos.
—Uhm… verás…
—No creo que sea posible, amigo —rápidamente unos fuertes, exquisitos y conocidos brazos me abrazaron por detrás y yo sonreí felizmente. Brad me miró sorprendido y miró a mi chico confundido, pero luego su mirada se volvió triste y decepcionada. Mierda.
—No podré, Brad, lo siento —me excusé, no quería herirlo. No sabía que él tenía sentimientos hacia mí.
—No sabía que tenías novio, Bells —pasó distraídamente su mano por su cabello y me recordó a Edward, pero no había mucho dónde comparar. Sonreí tristemente y me encogí de hombros.
—Nunca preguntaste —él hizo una mueca y nos miró incómodamente.
—Pero tu estado en Facebook dice que estás soltera… —murmuró y yo quise reír fuertemente.
—Bueno… Mis padres me tienen en Facebook, todavía no se los digo… así que aún no cambio mi estado —Expliqué rápidamente. Sentí como Edward apretaba su agarre y supuse que estaba celoso.
—Bebé, Tanya quiere que vayamos a jugar voleibol con los chicos. ¿Vamos? —asentí con la cabeza y me despedí de Brad mientras que Edward me aferraba a su cuerpo con posesión.
—No te pongas celoso, Edward —Mascullé mientras nos acercábamos a Riley, quien se había detenido en la mitad del camino al ver que volvía con Edward. Me sonrió brillantemente y miró a mi novio por unos segundos antes de colocarse a mi lado.
— ¿Qué quería, Larsen? —Bufó mientras yo enganchaba mi brazo izquierdo en su brazo derecho. Me encogí de hombros y bufé, al igual que Edward.
—Invitarme a salir…
—Y saber su estado en Facebook —Añadió con amargura Edward. Riley lo miró divertido y se largó a reír junto a mí. Edward me miró con un puchero y yo reí más fuerte. Edward había querido cambiar nuestra situación sentimental en Facebook en el segundo en que me pidió ser su novia, y estuve a punto de hacerlo, pero vagamente recordé que tengo a mis padres y que ellos parecen psicópatas al mirar mi página todos los días. Mala situación, además de tenerme en mejores amigos.
—Jodida suerte, Eddie —Se burló Riley y yo sonreí al ver como Edward gruñía en broma. Estaba feliz de que ellos por fin se llevaran bien, al menos por parte de Edward, estaba haciendo un gran esfuerzo en tratar con amabilidad y confianza a Riley.
—Cállate, Biers, pronto te pasará lo mismo —Se defendió y golpeó fuertemente el brazo de mi amigo.
—Idiotas, paren y vamos a jugar —Intercedió Tanya y me tomó de la mano para llevarme hacia donde estaban las chicas.
—Gracias, T —besé su mejilla y nos acercamos hacia donde Jasper estaba explicando las reglas. A lo lejos miré como Kendra y Harry se acercaban a la orilla de la playa, tomados de la mano y sonriendo.
Kendra se lo había dicho al llegar a casa. Me había contado que habían llorado sin parar y que Harry había decidido no volver a Hawái. Suspiré mirando a Edward, deseando poder yo pedir lo mismo, pero no podía.
— ¿Bella, jugarás? —preguntó Emmett mientras que los chicos comenzaban a repartirse en dos equipos. Asentí rápidamente y me acerqué a ellos, antes de que pudiera notarlo la gigante mano de Emmett me tomó de la cintura y me guío hasta su grupo, en el cual estaban Félix, Alice, Tanya, Demetri, él y yo.
—Perderemos —masculló Tanya y todos la miramos mal, hasta que rompimos a reír.
—Yo seré árbitro —indicó James y nosotros asentimos. Me tocó estar adelante, justo en medio y frente a Riley. Hice una mueca y le saqué la lengua, mientras que él sonreía burlón. Dirigí mi mirada hasta mi marino y lo vi con el balón en las manos, hablando con Jasper y haciendo muecas—. Bien, todos atentos. ¡1, 2 y 3, a jugar! —James tocó su silbato, no sé de dónde mierda lo sacó, y nosotros nos enfocamos. Miré fijamente a Edward, quien me sonreía maléficamente, y me incliné un poco más para provocarlo. Funcionó, ya que su vista bajó a mi cuerpo, pero eso no fue suficiente para desconcentrarlo, ya que su lanzada fue casi perfecta y llegó justo hasta Félix, quien estaba detrás de mí. La golpeó y Tanya la recibió, lanzándola hasta el otro lado y logrando que Emmett se acuclillara para golpearla, haciéndola sacar del perímetro.
— ¡Sí! —chillamos todos y chocamos manos como pudimos, riéndonos en la cara de los demás. Riley nos fulminó, al igual que Rose, por lo que volvimos a reírnos.
— ¡No dirán eso cuando les ganemos! —Se mofó Kendra y todos volvimos a reír. Harry la miró embobado y luego se giró hacia nosotros. En su grupo estaban Rose, Jasper, Harry, Kendra, Riley y mi chico.
—Sigan hablando, sigan hablando —bufó Alice y todos rotamos. Le tocaba a Emmett lanzar y después a mí. Quedé de frente con Rose y ambas nos guiñamos el ojo.
— ¡Sigan jugando! —Gritó James y todos esperamos el saque de Emmett, fue perfecto. Llegó hasta Edward y me maravillé cuando lo vi flectar sus piernas y sus brazos bronceados, cosa que él notó, por supuesto, para lanzarla hasta donde estaba Riley, quien rápidamente la lanzó hasta nuestro lado y Alice no dudó en saltar para golpearla con su mano derecha, enviándola de regreso hasta el otro lado de la malla y sacándonos una sonrisa a todos. Kendra se acuclilló un poco y la golpeó antes de que Rose la mandara de vuelta a nuestro lado, dando con un Demetri completamente desconcentrado y haciendo que nosotros perdiéramos el turno.
— ¡Demetri! —Gruñimos todos, sobretodo Tanya quien se acercó a golpear su brazo—. ¡Concéntrate! —añadió.
—Lo siento, bebé —se apresuró a disculpar y todos rodamos los ojos. Hice un puchero al ver como los demás rodaban y que ahora le tocaba a Kendra lanzar. Sonreí ante su mirada de alegría, sus orbes brillaban con tal intensidad que eran hipnotizantes. Las chicas la habían abrazado con fuerza, no tanta, y felicitado a ambos. Pero Kendra no quería hacerse tanta ilusión, sólo tenía unos días de embarazo y no quería hacerse toda la idea de que iba a ser madre. Quería esperar hasta el tercer mes para que el embrión se asentara bien y el embarazo no corriera tantos riesgos.
—No puede ser… —jadeó Alice mirando fijamente hacia el otro equipo. Fruncí mis cejas y mis ojos se abrieron de golpe al ver hacia los chicos, quienes relajadamente estaban quitándose sus franelas. Evité comerme con la mirada a Edward, juro que lo traté de evitar, pero era imposible. Podía ver como Alice estaba en la misma situación que yo al ver como Jasper flexionaba sus brazos desnudos y la miraba pícaramente. Ok.
— ¡Eso es trampa! —gruñó Emmett y él rápidamente se sacó su franela al igual que Félix. Noté como Rose tragaba saliva y como recorría el torso desnudo de su novio. Bien, a este juego pueden jugar dos.
—Allie —susurré y ella me miró unos segundos después. Captó de inmediato la situación y ambas nos quitamos nuestras franelas, quedando solo con la parte de arriba del traje de baño y con shorts abajo. Lancé la camiseta hacia donde estaba James, quien nos miraba a todos sorprendido, y sonreí tiernamente hacia Edward, quien miraba fijamente mi cuerpo.
— ¡Jueguen! —Gritó James con una sonrisa y volvió a tocar el silbato. Me acuclillé un poco y esperé a que Kendra volviera a tirar. Ella sonrió y lanzó el balón dando justamente donde Emmett, quien la golpeó suavemente y la lanzó hasta mí, por lo que rápidamente me giré y acuclillé, llevé mis brazos hasta arriba y golpeé con fuerzas, girándome para ver dónde caía la pelota. Sonreí cuando dio en los brazos de Harry, quien la golpeó y lanzó hasta Rose, logrando que ella golpeara fuertemente y la pelota diera hasta fuera del perímetro. Todos chillamos y saltamos a abrazarnos antes de girar y que fuera mi turno.
— ¡Vamos, bebé! —Gritó Edward y todos lo abuchearon, pero él solo sonrió y me guiñó el ojo. Sonreí y le lancé un beso antes de tomar el balón.
— ¡Perderás! —Gritó Riley y me sacó la lengua mientras que yo inhalaba suavemente para concentrarme. Miré hacia todos lados y me incliné un poco más, dándole una buena vista a mi chico antes de lanzar el balón fuertemente hacia el otro lado. Dio de lleno hasta Riley, quien usó sus dedos para volver a pasarla hasta nuestro lado y Tanya rápidamente la golpeó hasta Alice, quien la lanzó hasta el equipo contrario y llegando hasta Harold. Sonreí cuando el balón casi cae al suelo, pero Edward rápidamente se lanzó al suelo y la golpeó con su pie desnudo, mandándola hasta afuera por la fuerza con que lo hizo.
— ¡Sí! —aullamos y nos abrazamos, mientras que Edward tomaba su cabeza entre sus manos, todavía tirado en la arena.
— ¡Tu propia chica te ganó, Eddie! —se mofó Emmett y todos rieron fuertemente. Miré como Edward se levantaba y sonreía en mi dirección. Le lancé otro beso y tomé la pelota que Demetri me entregaba—. ¡Vamos, Bella!
Y volví a lanzar.
—No puedo creer que ganaran —masculló Rosalie mientras que se terminaba de echar protector solar en las piernas. Kendra asintió mientras terminaba de hacer lo mismo con Harry, quien estaba tirado de estómago abajo junto con Edward. Alice y yo reímos y ella se levantó rápidamente.
— ¿Bebé? —Susurró Edward—. ¿Vamos a bañarnos? —reí suavemente y acaricié su salvaje melena.
—Vamos.
Se levantó ágilmente y me ofreció su mano, la tomé sin dudar y ambos caminamos hacia la orilla. De repente se colocó delante de mí y se acuclilló un poco, por lo que rápidamente salté sobe su espalda y enrollé mis piernas en su cintura, abrazándolo con cuidado por el cuello y besando su cuello cuando me acomodó.
—Me encanta la playa —suspiró mientras caminaba lentamente—. Me recuerda a mis padres. Como cuando veníamos a acampar cuando éramos pequeños y hacíamos fogatas, todos juntos —sonreí y apoyé mi barbilla en su hombro izquierdo, mientras que mis manos bajaban a su pecho, contra su corazón, y lo acariciaba allí—. Extraño que mamá trate de peinar mi cabello, solo por eso odio que todos lo toquen, excepto tú. Extraño que papá me hable de sus pacientes y de cómo decía que nosotros éramos una excelente pareja —ambos reímos suavemente ante eso y él se detuvo en la orilla de la playa, mojando sus pies en el agua—. Pero, sobre todo, extraño sus abrazos y sus retos. ¿Puedes creer que extraño que me regañen? —suspiró y yo besé su hombro.
—Lo sé, yo también los extraño.
—Ellos te amaban. ¿Lo sabes, verdad? —giró su cabeza hacia mí y sus ojos brillaron. Besó castamente mis labios y suspiró—. Quizás tanto como yo, no creo que nadie te ame tanto como yo.
—Siempre supe que me amaban, nunca dejaron de repetirlo —acaricié su nariz con la mía y me bajé de su espalda—. Vamos —tomé su mano y ambos ingresamos lentamente al mar. Sonreí contra el sol y una vez más me maravillé por los reflejos que causaba contra el mar.
—Gracias —susurró mientras me abrazaba por detrás y entrelazaba nuestros dedos sobre mi vientre.
—Te amo —susurré cerrando los ojos y apoyándome contra su pecho. Suspiré relajadamente y dejé que sus brazos me envolvieran contra él, haciéndome sentir como en casa. El agua comenzaba a llegarme hasta la cintura, pero se sentía tan cálida contra mi cuerpo que no me importó.
—Te amo —respondió contra mi cuello, besándolo en el proceso antes de subir hasta mí oreja y besarla suavemente. Me estremecí y apreté un poco sus dedos entre los míos—. No me iré a Hawái, quiero quedarme.
Bueno, hola.
Siento mucho la tardanza, pero entré a la universidad y es un asco. Llevo solo un mes de clases y ya voy para la cuarta prueba, casi quiero llorar. Pero he estado crugiéndome el cerebro y la inspiración estos últimos días para poder traer este capítulo, es más de relleno, lo demás viene después, alguno de estos días.
Gracias a todas por sus reviews, realmente las adoro. ¡GRACIAS!
Por cierto, cambié la portada de la historia y babeo cada vez que la veo jaja Gracias a Erika que la hizo. ¡Te pasaste, loca!
