Disclaimers: Los personajes pertenecen a la fabulosa S. Meyer, la historia es completamente mía.

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¡Mayday!

"La amistad es el ingrediente más importante en la receta de la vida.

—Anónimo."

Capítulo 10: Ya no.

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"No me iré a Hawái, quiero quedarme."

Suspiré suavemente mientras hacía fricción con mis manos, tratando de calmar un poco la ansiedad y nerviosismo que recorrían en mi organismo en esos momentos.

Aún no podía creerlo.

—Nunca creímos que el rector sabría que fuimos nosotros… —masculló Emmett mientras contaba la historia de su fraternidad a los chicos. Estábamos todos sentados en un semicírculo frente a una cálida hoguera, comiendo malvaviscos y tomando una deliciosa taza de chocolate, escuchando las viejas historias de Emmett o relatando las propias de cada uno. Era un ambiente agradable.

— ¿En qué piensas? —susurró Edward contra la piel de mi hombro. Pequeñas corrientes recorrieron mi brazo y me estremecí mientras soltaba una risita.

—En ti —murmuré y besé suavemente su mejilla mientras me volvía a acomodar en sus brazos. Edward soltó una risita y afianzó el agarre en mi cintura.

Me había quedado muda esta tarde cuando había dicho que no quería irse a Hawái, cosa que no permitiría. Me había soltado del agarre de sus brazos en un segundo y lo había mirado sorprendida, bastante diría yo. Había querido escuchar tanto esas palabras, pero nunca pensé que me sentiría como lo hacía en esos momentos. Atónita y culpable.

— ¿Qué? —susurró con una hermosa sonrisa, tanto que sus ojos brillaban, pero no era lo correcto. Él no podía hacer eso, no por mí, no podía dejar a su escuadrón allá y mucho menos su vida ya realizada. Era tan egoísta el tan solo pensarlo.

—No puedes hacer eso —sus cejas se fruncieron y mordió indecisamente su labio inferior—. Bebé, no puedes hacer eso —llevé mis manos a su cara mientras sentía como el oleaje nos alcanzaba hasta las caderas.

— ¿Por qué no? —hizo un puchero y yo suspiré—. Quiero estar contigo, vivir contigo y formar una vida contigo. Te amo, no quiero irme a una isla a miles de kilómetros y verte en 1 año más —apoyé la cabeza en su pecho y suspiré.

—No quiero que te quedes —sentí como se tensaba y jadeaba—. No lo malinterpretes, te amo, más de lo que puedas llegar a imaginar, pero no quiero ser la causa de que dejes tus metas. Tienes una vida allá, amigos, un escuadrón que dirigir…

—Bella…

—No quiero pensar en esto —exhalé—, lo he estado haciendo desde el primer día y cada día me mata más. No quiero que te vayas, pero no quiero que te quedes tampoco.

Sí, había dicho esas palabras. Nadie parecía entender lo que yo quería decir, a excepción de Kendra, pero yo qué daría porque el amor de mi vida no volviera allá, con las guerras y el peligro a cada segundo. Deseaba más que nada que se quedara, que nos fuéramos a vivir juntos, acostarnos y amanecer juntos. Pero no quería ser la razón para que dejara todo botado, que no cumpliera sus metas.

¿Qué tal si lo nuestro no funcionaba? Nada estaba escrito y después él me odiaría por dejar que no cumpliera sus sueños.

Yo no sería la razón ni la causa.

— ¿Vamos a dormir? —murmuró cuando bostecé por tercera vez seguida. Sonreí somnolienta y asentí, desenvolviéndome de su abrazo y levantándome. Los chicos parecían estar bastantes animados aún y los envidié, pero no había descansado bien los últimos días, mucho menos Edward, por lo que decidimos despedirnos e irnos a nuestra habitación en la cabaña.

—Nos vemos mañana, chicos.

— ¡Mañana iremos a navegar temprano, tortolos! —Musitó fuertemente Emmett mientras abrazaba posesivamente la cintura de Rose. Ambos asentimos y nos giramos. Edward tomó rápidamente mi mano y entrelazó nuestros dedos, mientras que yo me apoyaba en su costado derecho por el cansancio.

Estábamos en las cabañas de nuestros padres. Habíamos disfrutado todo el día en la playa con los chicos, riéndonos a carcajadas y jugando en la playa. Habíamos almorzado algo liviano y habíamos tomado sol. Habíamos ido al pueblo a comprar la mercadería para mantenernos por los siguientes 2 días y nos habíamos acomodado lo mejor posible en las 3 cabañas.

Estaba ansiosa y nerviosa. Edward me había observado realmente dolido cuando le dije que no quería que se quedara, por lo que rápidamente había cambiado de tema y habíamos salido a comer con los chicos.

Yo quería que se quedara, había mentido sobre lo demás, pero cada vez que la idea de que él dejara su vida allá, que tirara por la borda todas sus metas y sus logros, hacía que mi corazón se acongojara y el miedo a ser la culpable de que pierda todo en su vida.

Yo no sería la razón de eso. Jamás.

—Todavía tenemos una conversación pendiente —susurró mientras se quitaba rápidamente la playera por la cabeza. Suspiré e hice una mueca mientras mis ojos se perdían en los músculos de su espalda bronceada. Me quité las sandalias y comencé a desabotonar los botones de mi camisa, exhalando fuertemente cuando él se sentó en el borde de la cama y me miró asustado por unos instantes antes de inclinarse para desabrochar sus zapatillas.

—Tengo miedo —musité en voz baja a la vez que tomaba mi pijama y evitaba mirarlo directamente a los ojos. Observé detenidamente sus piernas, controlando mi respiración para evitar el sollozo de culpa que inundaba mi pecho.

—Miedo —repitió—. ¿A qué? —alzó levemente sus caderas para retirar de su cuerpo las bermudas blancas que lo hacían ver apetecible. Quedó simplemente en boxers y yo trataba de enfocarme en la conversación. Pasó distraídamente su mano derecha por su cabellera cobriza antes de enfocar su mirada en mí. Sonreí levemente y me quité mis shorts de mezclilla, y me coloqué los del pijama.

—A ser la culpable de que tu vida se arruine —listo, lo dije. Sus ojos se abrieron sorprendidos antes de fruncir gravemente sus cejas. Su boca se cerró bruscamente hasta quedar en una fina línea.

—Eso no es…

—No quiero arruinar tu vida, Edward, no quiero que dejes tus logros atrás y menos a tus amigos —murmuré tirando mi brasier hasta el pequeño sofá y colocándome la polera de Edward que usaba para dormir—. No valgo tanto —mascullé para mí.

—Ven —sentí mis ojos llenos de lágrimas mientras avanzaba lentamente hasta él. Me detuve a sólo unos centímetros de distancia, la cual él acortó tomándome de las caderas y separando un poco sus piernas para sentarme en su pierna izquierda. Apoyé mis manos en mi regazo mientras miraba atentamente sus ojos verdes, evitando mis lágrimas. ¿En qué momento me había vuelto tan insegura de mí misma? —. Eres una tonta —masculló antes de tomar mi rostro entre sus manos y besar castamente mis labios.

—Lo soy —sollocé y abracé levemente su cintura antes de romperme ante él. ¿Y si tal vez pudiera ser egoísta y dejarlo aquí para siempre?

—No lo eres. Eres la persona más inteligente que conozco, y no lo digo porque estoy completamente enamorado de ti —advirtió divertido y no me quedó más que reír entre lágrimas. Se colocó serio de inmediato y no tardó en limpiar mi rostro con suavidad, acariciando con su pulgar derecho mi labio inferior y apoyando su frente en la mía—. Te amo, bebé, mucho. Nunca sería un error quedarme aquí por ti —sus ojos se clavaron profundamente en los míos y sentí como me faltaba el aliento ante la transparencia de su mirada—. Jamás —besó castamente mis labios y acarició mi rostro. Mis ojos volvieron a llenarse de lágrimas—. Me fui a la marina porque no creía que correspondieras jamás mis sentimientos y porque no los creía indicados en aquél momento. Gran parte fue por ti, como también lo fue por mis padres. Te amé incluso antes de darme cuenta y te seguiré amando, porque nada en estos años a cambiando mi forma de pensar y sentir sobre ti. Eres mi todo, lo único que tengo como prioridad en mi vida, y no voy a volver a pasar 2 años separado de ti. Nunca más, incluso si tengo que rogarte de rodillas porque me quieras a tu lado y no te aburras de mí.

—Jamás lo haría. Dios —suspiré y acaricié sus hebras desordenadas—, no podría volver a despertarme sin ti a mi lado.

— ¿Qué lo impide entonces? Porque yo no lo hago —sonreí y acaricié su nariz respingada con la mía.

—Yo tampoco.

Edward sonrió y tomó firmemente mi cara antes de estampar sus labios contra los míos.

Yo no lo impediría.

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•••

— ¡Cierra bien la puerta! —grité sobre mi hombro para que Jasper me escuchara y continué caminando a la par de Kendra y Tanya, quienes hablaban sobre bebés y antojos. Los ojos de Kendra brillaban intensamente mientras una de sus manos se apoyaba en su nulo vientre, mientras que Tanya la miraba con añoranza. No era un secreto que mi mejor amiga quería ser madre, pero todos teníamos como meta terminar nuestras carreras y vivir un poco antes de asentar cabeza tan seriamente. No es que ser mamá en estos momentos le molestara tanto, ni siquiera a mí.

—Yo quisiera un varón —suspiró mi amiga y miró a lo lejos a Demetri, quien iba charlando con Harry y Edward—. Cada vez que paso por las tiendas de bebés miro únicamente la ropa masculina y me imagino un Demetri Junior con sus ojos verdes y su cabello castaño —sonrió y me miró felizmente enamorada. ¿Así me vería yo cada vez que miraba a mi marino? —. Así de enamorada estoy.

—Nosotros llevamos años intentando tener hijos —añadió Kendra—. A veces no era posible debido a la nula estancia de Harold en la casa y cada vez perdía más las esperanzas. Siempre que tenía un pequeño retraso me entusiasmaba, ya que soy demasiado regular, y mi corazón se rompía cada vez que al día siguiente mis prendas amanecían manchadas —se ruborizó levemente antes de sonreír brillantemente—. Ahora espero que todo salga bien.

—Lo saldrá —dijimos al unísono con Tanya.

— ¿Por qué se demoraron tanto? —gruñó Emmett en la playa. Rodamos nuestros ojos y Rose lo golpeó levemente en la cabeza—. Vamos a divertirnos o qué.

— ¡Vamos! —chilló Alice y se adelantó hasta donde estaba el Yate. Todos reímos y subimos las escaleras hasta el puente donde estaban los Yates de todas las personas. Acá estaba el Yate de nuestras familias, una compra en conjunto hecha por todos nuestros padres, y lo utilizaríamos para navegar por el día. Emmett sabía cómo navegarlo al igual que Edward y Jasper.

Edward rápidamente se giró y se encaminó hacia donde yo estaba. Sonreí cuando besó mi frente suavemente, sonriendo con su maravillosa y perfecta dentadura, iluminando completamente su rostro. Acaricié con mi pulgar su labio inferior, deleitándome con la suavidad de su boca, y tomé suavemente su barbilla con mi mano antes de colocarme de puntillas y besarlo castamente.

—Te amo —suspiré y volví a besarlo antes de separarme y sonreír como estúpida.

—Te amo —respondió antes de tomar mi mano y entrelazar nuestros dedos. Tironeó un poco mi brazo y me hizo avanzar hasta la escalera que dejaba subir al yate. Subí rápidamente y lo esperé arriba mientras que los chicos acomodaban las cosas para comer y Emmett se iba hacía la cubierta para encender el motor.

—Bien. Estamos listos —anunció James cerrando la puerta y dirigiéndose hacia la cubierta también. Tomé la mano de Edward y nos fuimos hacia la parte trasera para sentarnos junto a los demás.

—Bebé —murmuró después de un rato. Llevábamos alrededor de 10 minutos navegando y ambos estábamos acomodados en una tumbona y tomando sol mientras que los demás escuchaban música y charlaban.

—Mhmm —me acomodé nuevamente en su pecho y entrelacé mis dedos con los suyos, los cuales estaban sobre mi estómago. Estaba sentada entre sus piernas completamente relajada.

— ¿Qué especialidad seguirás? Supongo que ya tienes visto eso, tomando en cuenta de que falta 1 mes para que ingreses al internado —susurró acariciando mi abdomen. Mordí mi labio inferior y suspiré.

—Aún… no lo sé. Ósea, sé lo que me gustaría seguir, pero no sé si lo haga — ¿Quién mierda me entendía? Porque diablos que yo no lo hacía.

—Amor, tienes que estar segura, pero también te puedes equivocar. No está mal si no te gusta lo que elegiste, nadie te sacará encara las cosas.

—Obstetricia —solté y Edward apretó suavemente mis manos. Giré un poco mi rostro y vi la sonrisa en su rostro—. Me encantaría especializarme en eso, o sino en Pediatría, aún no sé cuál de los.

—Bebé, pueden ser ambas, si tú quieres —sonreí antes de alzarme un poco y besar sus labios.

—Gracias —susurré y lo volví a besar, extasiada con su sabor y olor.

Realmente lo amaba y no me hallaba en tanta felicidad. Esto realmente estaba pasando, no podía pedir más.


Bueno..., hola.

Sé que he tardado una jodida infinidad de tiempo en actualizar, no tengo ninguna excusa más que la universidad, la familia y los amigos. Estas cosas realmente consumen mi tiempo y mi inspiración, pero he decidido que tengo que volver a retomar las cosas que más amo y esas son escribir, leer y betear.

El capítulo es pequeñísimo en comparación a lo usual, pero estoy retomando la historia y estoy seca, seca, seca. Sin embargo, ya les tengo una sorpresa para el próximo, el cual prometo no demorar más de 2 semanas en subir.

Gracias por leer!