Disclaimers: Los personajes pertenecen a la fabulosa S. Meyer, la historia es completamente mía.
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¡Mayday!
"A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.
—Madre Teresa de Calcuta."
Outtake 2: Alta mar.
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—¡Black! —vociferé mientras todos los novatos se formaban rápidamente frente a sus camarotes. Nahuel se encontraba a tan sólo unos pasos detrás de mí, rellenando eficazmente la ficha que Peter nos había entregado hace unos minutos en la última reunión que tendríamos en tierra firme.
—Señor, sí, señor —respondió el moreno dando un paso al frente y con su cuerpo completamente rígido. Desde hace 3 meses que este era nuestro escuadrón y las mierdas tales como Newton y Black, el cual en el fondo sí me caía un poco bien, se habían superado a sí mismos sorpresivamente. Sobretodo Black, él sí me había sorprendido, y muy pocas cosas me suelen impactar.
—Como mi encargado de dormitorio, le dejé una tarea —mascullé mientras me paseaba frente a ellos. Habían aprendido a mantener la vista en frente cada vez que los miraba fijamente, también seguían cada una de mis ordenes, sin rechistar, lo cual dejaba en claro que sólo Newton lo hacía, pero ahora hasta él se comportaba como un novato de la Marina. No es que me sienta orgulloso de él, al contrario, ya que le había agarrado cierto desprecio a él y su estúpida actitud. Él es como una espina en mi trasero, cabreándome cada vez que solía relajarme. Había pensado mil y un veces en cambiarlo de escuadrón, pero; ¿Qué tendría eso de divertido? Lo haría mierda en los siguientes 6 meses en alta mar, me aseguraría de eso.
—Señor, tenemos todos nuestros bolsos y uniformes empacados. Estamos listos, señor —asentí sólo una vez y me devolví hacia la salida.
—¡Firmes! —alcé la voz y todos se giraron hacia la puerta del recinto—. "Botas negras, boina azul y uniforme camuflado... —comencé y todos rápidamente me corearon mientras comenzaban a trotar hacia la salida.
— ...el Infante de Marina está siempre preparado —sonreí junto con Nahuel y los seguimos trotando.
Miré detenidamente a mi alrededor y me estremecí un poco ante el caos que había. Hoy era el gran día, ese que habíamos estado esperando ansiosamente por tres meses desde que nos asignaron los escuadrones, y el cual no era de mi total agrado, pero aquello sólo significaba que quedaba menos para vacaciones. Y eso, en otras palabras para mí, significaba sólo una cosa: Bella Swan.
Hoy nos embarcamos en alta mar por 6 jodidos meses. En los cuales realizaríamos ejercicios físicos, muchos más duros de los que ya llevamos, y sobretodo formación de armamentos. Teníamos que enseñarles a cómo manejarse en ciertas situaciones. No es que me desagradara la idea de estar 6 meses en un buque con cientos de idiotas, la marina era lo mío, siempre lo ha sido y lo será, pero me gustaba más estar en tierra firme, ese tipo de acción era lo mío.
—Teniente Cullen —saludó firmemente Black. Evité sonreír ante su ahora casi confiado tono. El chico había sido completamente transformado en estos 3 meses, casi podía sentirme malditamente orgulloso de él, pero no, sólo llevaba una mierda en la base.
—Black —ladré y el titubeó, pero inhaló ganando confianza y preguntó:
—¿Cuál será nuestra primera parada, señor? —Nadie tenía ni la menor idea del itinerario, no es como si ellos realmente tuvieran el derecho de saberlo.
—Black —mascullé mientras subíamos al buque que nos soportaría por 6 meses. 6 jodidos meses y vería a mi chica. Sólo el pensamiento de aquello me hizo sonreír—. Eso no es de tu maldita incumbencia —evité carcajearme al ver como su cara perdía todo su color, difícil, siendo que es moreno, pero el chico me caía un poco bien; no lo mortificaría más.
—Uhm... yo... lo sien —me carcajeé y Black se quedó mudo.
—Estoy jodiendo contigo, chico —rodé los ojos y golpeé su hombro, logrando que trastabillara un poco—. La primera para es California.
—¡Veinte más! —vociferé un poco molesto con ellos. Todos rápidamente volvieron a contar las lagartijas, evitando mi mirada y observando con sumo interés tono gris del suelo.
—¿Estás bien? —murmuró Nahuel a mi lado y yo asentí levemente. Estaba jodidísimo de la cabeza en estos momentos.
—Sí, eso creo —mascullé—. ¡100 sentadillas, ahora! —bien, creo que estaba siendo un hijo de puta con ellos, pero de alguna manera tenía que sacar la frustración y pena de mi cuerpo.
—¿Qué pasó cuando hablaste con ella? ¿Qué hizo para ponerte así?
—No hizo nada —defendí rápidamente a mi chica, ella nunca haría nada para colocarme así, yo era el que reaccionaba y transformaba todas las cosas. Nahuel enarcó una ceja y se cruzó de brazos, esperando pacientemente—. ¡Todos a las duchas y a cenar!
—¡Sí, Teniente Cullen! —varios suspiraron antes de irse trotando hacia la base que teníamos acá.
Llevábamos 3 meses en alta mar, la mitad del jodido camino y tiempo recorrido, y estábamos en Washington, prontos a irnos hacia Canadá.
Suspiré y pasé distraídamente mi mano por mi cabello, deseando tenerlo más largo para poder tironearlo y descargar ahí mi frustración. O para que Bella lo tironeé también...
—¿Qué pasó? —volvió a preguntar y yo hice una mueca.
—La extraño.
—¿Eso es todo? —por supuesto no me creía, yo la extrañaba el 99% que estaba aquí, y el resto lo pasaba soñando con ella, y nunca me comportaba así.
—Ella me dijo que había estado viendo a alguien, que esperaba fuera el correcto esta vez —gruñí con tristeza—. No quiero que sea el correcto —lloriqueé. Sí, lo hice, soy todo un marica.
—¿Por qué lo dijo? —tensé mi mandíbula y Nahuel suspiró— ¿No se lo preguntaste tú, verdad? Eres un maldito masoquista, Edward.
—Déjame —gruñí y realmente odié estar a 3 Estados de distancia, casi al límite del país. En estos momentos me sentía tan jodidamente lejos, mucho peor que cuando estaba en Hawaii.
—Ella no te va a esperar para siempre, Cullen —mi corazón se detuvo ante eso. Era verdad, yo no tenía el jodido control de su vida, por más que me gustara.
—Nahuel, maldito hijo de —comencé tratando de desquitarme con mi amigo, pero él rápidamente golpeó mi hombro con su puño para callarme—. Joder —gruñí e instintuvamente levanté mi puño, pero lo bajé antes de cometer una locura. Me giré para sentarme en uno de los bancos que habían en el campo de entrenamiento y enterré mi cabeza entre mis manos, tirando mi poco cabello para sacar la rabia en mí.
Me sentía tan jodido, tan malditamente mal por todo esto. Mi conversaciones con Bella siempre eran sagradas para mí, era la mejor parte de mi semana, ver su hermosa cara frente a la pantalla y tocar sin que ella se diera cuenta.
La mirada que me dio cuando le pregunté si había estado frecuentando a alguien todavía estaba en mi retina cada vez que cerraba los ojos, es como si estuvieran fijamente tatuadas en ellas. Su confusión y nervios me descontroló, yo esperanzadoramente estaba esperando que dijera un rápido no y me sonriera tímidamente, como siempre lo hacía cuando preguntaba mierdas como esas, sólo para hacerme sufrir un poco más. Pero, sin embargo, esta vez fue diferente. Su cara había quedado atónita por uno segundos y luego rápidamente había desviado su mirada, susurrando un tímido y escueto sí. Odiaba la palabra sí, odiaba que Bella estuviera viendo a alguien más, odiaba sólo el pensamiento de que alguien más la podía besar y abrazar, siendo que yo quería ser ese y que nadie más pudiera tocar lo que es mío. Porque, diablos, sí, ella es mía. Ella no puede estar con nadie más, eso me mataría, literalmente me estaba jodiendo ahora. ¿Cómo será cuando los vea juntos?
—Mierda —siseé y sentí como mi amigo se sentaba a mi lado— Estoy tan jodido.
—Mierda, que lo estás —ambos reímos suavemente y suspiré antes de apoyarme en el respaldo del banco.
—No sé qué hacer —mascullé. Era verdad, aún faltaban 3 malditos meses para verla. Realmente deseaba que ella no estuviera con el jodido de Sam, sí, joder, pregunté el nombre del idiota, cuando yo llegara; porque la haría mía, de eso ya no cabía duda. Ella sabría cuánto significa para mí, y si tengo que arrodillarme para tener su atención, lo haría. Ella merecía eso y más.
—Se me ocurren un par de cosas —se mofó y yo gruñí antes de golpearlo.
—No necesito tu maldita ayuda, gracias — levanté y miré mi último atardecer en Washington, mañana ya estaríamos en Canadá para esta hora.
—Vete a la mierda —le alcé mi dedo de en medio antes de reírnos y encaminarnos a la base.
—Ella será mía —prometí.
—¡Newton, eres una mierda! —masculló Nahuel mientras que el susodicho intentaba pasar los obstáculos sin tropezar, incluso Black había superado esa etapa, hace 15 minutos, mientras que la escoria rubia seguía tratando de recuperar su apreciado aire.
—Newton —gruñí y él evitó alzar su cabeza mientras volvía a tirarse al suelo, arrastrándose lastimosamente por el obstáculo de metal, por donde sólo podías pasar con el estómago rozando el barro, piernas y brazos dobladas estratégicamente para no golpearte o atorarte. Había enseñado esa técnica desde el primer día en que llegamos a Carolina del Norte, pero al parecer Newton había estado más interesado en coquetear con sus compañeras que en prestar atención a la lección; yo no me quejaba, las consecuencias se veían con el tiempo, un tiempo como ahora—. Devuélvete y vuelve a intentarlo.
—Pero...
—¡Hazlo! —Dios, este chico acababa con mi poca paciencia.
—Sí, Teniente Cullen —gruñó, y, a pesar de eso, amé como sonó mi apellido. Poco a poco estaba acostumbrándome a mi nuevo cargo, nunca pensé que llegaría tan lejos en tan poco tiempo. Sólo tengo 23 años y ya soy Teniente de la Marina de los Estados Unidos, sólo esperaba que mis padres tuvieran orgulloso de mí, así como suelen estarlo mis tíos.
Mis tíos. Joder, sólo quedaban dos meses para ver a Bella, mi chica, bueno..., pronto lo sería.
Sólo quería verla, tocarla y abrazarla, sobretodo besarla. Cuánto daría porque ella quisiera lo mismo, daría todo por ella, a pesar de que no corresponda mis sentimientos.
—¡Todos a las duchas! —instruí y rápidamente me fui a la cabaña que compartía junto con Nahuel y Félix. Tenía que ducharme rápido y llamar a Phoenix, la sentía tan cerca pero tan lejos a la vez.
—¿Ansioso, Cullen? —se mofó Félix y Nahuel lo secundó riéndose.
—Ríanse, me importa una mierda, sólo quiero ver a mi chica —tomé mi toalla y me dirigí hacia el baño que compartíamos. Me saqué las zapatillas de una patada, gruñendo cuando mis calcetines parecían querer quedarse en mis pies; los lancé hacia el lavabo y con una velocidad impresionante bajé mi buzo con mi bóxer, dirigiéndome hacia la ducha con mis manos quitando mi camiseta—. Uhm —suspiré cuando el agua fría calló sobre mí, si bien no estábamos en verano, la serie de ejercicios me había matado de calor. Estaba ardiendo, de diferentes maneras.
—¡Apúrate, Edward, tu tiempo se está acabando! —se volvieron a reír a través de la puerta. Eran unos malditos, ellos estaban igual o peor cuando era su tiempo de usar Skype. Yo no los molestaba tanto, para qué quiero enemigos si con amigos como estos me basta y sobra.
—Joder —gruñí secándome rápidamente el pelo con la toalla antes de pasarla con brutalidad por mi cuerpo, amarrándola en mi cintura—. ¡Cállense! —siseé mientras tomaba mi desordenada ropa del piso y salía hacia la habitación—. Mi habitación parece una jodida junta de pubertos. ¿Qué mierda hacen aquí? —ni siquiera me molesté en darles una segunda mirada a Nathan y Brandon, quienes estaban sentados cómodamente en mi cama. Su cabaña estaba junto a la nuestra, pero parecía que está era de los 5, ya que pasaban la mayoría del tiempo libre aquí.
—Uy, estamos un poco idiota —río Brandon y yo rodé los ojos mostrándole mi dedo.
—Y una mierda, tengo 5 minutos para vestirme y llegar a los computadores o perderé mi tiempo, igual que en Canadá.
—Culpa de Newton —recordó Nathan y yo evité gruñir. Newton y su mierda de concentración. Había sido su culpa que perdiera la llamada que me correspondía el mes pasado, y esas llamadas sólo eran permitida veces al mes, y yo, por supuesto, la perdí. El idiota no había sido lo suficientemente rápido en realizar los ejercicios y Alec había aparecido supervisando la mierda, castigándolo con comenzar todo de nuevo, ósea, una hora perdida y mi deseosa y ansiada llamada se fue a la mierda.
—No me lo recuerdes —lloriqueé calzándome el bóxer, sin siquiera molestarme en cubrirme frente a mis amigos. Tomé mi buzo de deporte y me lo coloqué en dos segundos, antes de agacharme y calzarme los calcetines y las zapatillas. tomé la camiseta gris que tenía el logo de la Armada y sin siquiera peinarme salí corriendo hacia la sala de computadores, los cuales eran 3. Sonreí cuando los idiotas de mis amigos comenzaron a alentarme para que sí pudiera alcanzar mi objetivo y sentí que iba a llorar de felicidad cuando Alec rodó los ojos con diversión antes de dejarme ingresar al computador—. Joder, sí —jadeé y sin perder tiempo ingresé a mi cuenta. Bella sabía que hoy era mi día de video llamada, ella estaba conectada y en menos de un segundo la seleccioné, dejando de respirar cuando salió que la llamada se estaba conectando.
—Edward —suspiró y yo exhalé, expandiendo por mi rostro la sonrisa más grande desde la última vez que habíamos hablado.
—Beb... Bella —me corregí y me mordí la lengua para no decir alguna idiotez. Dios, estaba hermosa—. ¿Cómo estás, preciosa? —noté dificultosamente como sus mejillas se coloreaban y sonreí. Bella tenía una hermosa personalidad, sociable y extrovertida, pero por alguna extraña razón conmigo siempre se sonrojaba, cosa que me encantaba,. Bueno, una de las infinitas cosas que amaba de ella. Sí, dije amar.
—Extrañándote —quise traspasar la pantalla y morder ese puchero, pero sólo me conformé con pasar mi mano por ella, sin que lo notara, sintiendo como mi pecho se oprimía por la necesidad de estar con ella. Esto era lo único que odiaba de lo que había elegido hacer con mi vida, esto nos mantenía separados por meses y nunca me bastaba con una llamada o carta de ella, necesitaba más; nunca tenía suficiente.
—Es imposible que me extrañes más que de lo que yo a ti —vi como sus ojos se llenaban de lágrimas y apoyé mi frente en la pantalla, intentando sentirme un poco más cerca de ella.
—Llevo un año y medio sin verte, Edward sollozó suavemente, tanto que pensé que fue producto de mi imaginación, pero cuando mis ojos volvieron a la pantalla su hermosa cara estaba cubierta por lágrimas—. Sólo quiero que estos dos meses pasen volando, no los quiero sentir más.
—Bebé, no llores. No soporto verte así, menos por mí —Diablos, le dije bebé, pero ella pareció no notarlo. No sabía si alegrarme o sentirme dolido por eso. Elegí la primera, no debía confundirla con mis cosas—. Sólo son dos meses, cuando menos te lo esperes estarás lanzándote a mi brazos en el aeropuerto —traté de hacerla reír y funcionó, pero rápidamente su risa se volvió en llanto—. Bells, preciosa, hemos soportado esto por casi dos años, dos meses más serán como si nada. Estaré contigo todo un mes...
—¡1 mes! —sollozó y yo también quise hacerlo. Sólo tendría un mes de vacaciones antes de volver, una mierda, pero sería la mejor mierda si lo pasaba con ella todos los días.
—Bells —mi voz sonó estrangulada y noté como sólo nos quedaban un par de minutos. Ella miró rápidamente la hora y se limpió con fiereza las lágrimas.
—Mierda —sonrió y levantó su computador mientras gritaba por mis tíos. Reí cuando apoyó la pantalla en su estómago y no pude evitar pasar mi mano por la transmisión, deseando que mi mano realmente tocara su estómago—. Ahí vienen —sonreí mientras le lanzaba un beso y ella reía.
—¡Edward! —chilló mi tía mientras aparecía en la pantalla, reí ante su efusividad y me sorprendí al ver su cabello rubio un poco más corto de lo usual.
—Tía, estás hermosa —ella sonrió y me lanzó un beso, mientras que Charlie aparecía en la pantalla y se sentaba junto a Bella en su cama. Mi chica sostenía su computadora en sus piernas, pero luego la colocó en el escritorio que mantenía en su habitación.
—Hijo —sonrió él y me hizo un gesto con su mano, correspondí su saludo y todos reímos.
—Tío, te sienta bien haberte afeitado el bigote —estaba acostumbrado a su bigote, pero ahora se veía más joven sin él.
—Es la nueva moda —se mofó Bella y sentí que explotaría al verla feliz nuevamente.
—¿Cariño, cómo está todo por allá? Extrañamos tu llamada el mes pasado, pero odiamos más a tu recluta por haberte retrasado —sonreí ante su tono y Charlie rodó los ojos ante las palabras de su esposa. Había escrito con desesperación una carta para Bella esa misma noche, esperando que no tardara tanto como las otras en llegar a casa. No quería que se asustaran.
—Bien, tía. Ha sido duro, pero en unas semanas nos vamos a México y de ahí directo a Phenix, me alegra saber que sólo nos separa una parada —ellos sonrieron y mis ojos fueron al reloj, notando que me quedaba sólo un minuto. Mis ojos fueron directo a los de Bella y noté como su labio temblaba.
Dios, quería estar con ella.
—Me queda un minuto —avisé y el mentón de Reneé comenzó a temblar también.
—Te extrañamos mucho, querido, mucho éxito y cuidado —dijo ella rápidamente. Asentí y miré nuevamente a Bella.
—Edward, hijo, mucho éxito y cuidado. Te extrañamos y estamos muy orgullosos de ti, nunca lo dudes —sentí como mi pecho se inflaba de la alegría. Justo las palabras que necesitaba oír hoy.
—Gracias, tío, nunca los decepcionaré.
—Nunca lo harías —me reprochó mi chica y yo quise abrazarla y besarla en estos momentos.
—Te amamos —dijo Reneé y yo sonreír, mirando fijamente a Bella.
—Yo también los amo —sobretodo a ti, Bella. Sonreí una vez más antes de que la pantalla del computador se apagara.
Dos meses más.
México había sido una mierda, no por el país ni nada, sino que me sentía tan ansioso porque los días pasaran rápidamente que todo lo que me rodeara me molestaba, estaba siendo más idiota de lo usual, tanto que hasta mis amigos lo notaban y dejaban de ser graciosos conmigo, ya que siempre conseguían un gruñido o grosería de mi parte.
¿Qué podía hacer? Estaba a días de ver a mi chica después de dos jodidos años, uno no puede estar plantando una sonrisa en su jodido rostro siendo que lo único que quería era tomar el maldito buque y llevarlo hacía Phoenix y nunca regresar. Sí, incluso ese pensamiento llegó hasta mi mente, nunca lo creí, pero realmente lo estaba replanteando. Todo dependía de cómo sucedieran las cosas en casa, todo dependía de Bella. Ella era mi todo y si quería que me quedara, cosa que sé que ella nunca me pediría, ella es demasiado buena, yo dejaría todo y me transferiría.
Ella sólo tenía que decir las palabras.
Suspiré mientras me revolvía en el camarote y noté que Nahuel y Félix estaban igual.
—Esto es tan jodido —mascullé sin poder aguantarlo más. Sentí la risa de ambos y sonreí, lo hice por primera vez en toda esta semana.
—Sólo faltan un par de horas, pensé que este bendito día nunca llegaría —reclamó Nahuel y yo asentí, aún sabiendo que no podrían verme.
—Será el mejor día de mi vida —todos soltamos carcajadas ante la declaración de Félix.
Hubo una pausa, y la habitación volvió a quedar en silencio. Antes de que pudiera procesarlo estaba diciendo las palabras claves de mi futuro.
—Si Bella me lo pide me quedaré y no volveré a Hawaii —cerré mis ojos y me corregí—. No si ella me lo pide, sé que no lo hará, pero si siento que debo hacerlo, lo cual es probable, no lo dudaré ni una sola vez.
—Siempre lo supe, estaba esperando para ver cuánto te tardabas en decirlo —Nahuel me conocía bastante bien, yo también estaba seguro de que él haría lo mismo.
—Son unos jodidos maricas, pero los entiendo y apoyo. Los extrañaría, pero nuestra amistad puede sobrellevar esto.
—Dios, eso sonó tan jodidamente marica, si es que es posible —Me reí de Nahuel y el gruñido de Félix.
—Duérmanse, mañana veré a mi mujer.
Sí, en unas horas tendría a Bella en mis brazos.
—¡Apúrense! —gruñó Nathan mientras nosotros evitábamos desabrochar el cinturón de nuestro cuerpo y asomarnos por las ventanas del avión.
—Mierda —revolví ansiosamente mi cabello con mis manos y lo acomodé hacia atrás, tratando de evitar mi ansiedad. El trasbordo para cambiar del barco al avión fue todo un calvario, todos estábamos jodidamente ansiosos y con los nervios a flor de piel. Nadie habló en las 6 horas viaje que nos llevó desde Texas hasta Phoenix. Había intercambiado un par de palabras con los chicos, pero estaba mirando ansiosamente el techo del avión de la Armada.
Estaba a minutos o horas de ver a mi chica y a mi tíos, sentía que mi pecho explotaría de felicidad.
—Joder —exhalamos todos al sentir como el avión comenzaba a descender y mi corazón comenzó a latir con más rapidez, mis manos picaban por desabrochar el maldito cinturón que me ataba a la silla y saltar del avión en un jodido paracaídas y llegar hasta mi chica.
—Jesús —suspiró Nahuel y yo asentí. Brandon fue el primero en desabrochar su cinturón, mientras que nosotros hacíamos lo mismo. Nos abrazamos rápidamente cuando el avión se detuvo por completo y todos pescaron su bolso verde. Pesqué de los hombros a Nahuel y sentí como una sonrisa se extendía por mi rostro al ver como la gran puerta se abría, dejándonos ver el suelo y los demás aviones del aeropuerto. Nahuel apretó mi hombro y todos comenzamos a bajar, evitando desordenarnos y mantenernos juntos.
Inhalé el aire de Arizona como si fuera la primera vez que lo hacía y mi pecho se llenó de felicidad.
—Joder, estoy en casa —susurré y noté como todos se encaminaban a las ventanas de vidrio del aeropuerto. Había un centenar de familias y amigos al otro lado, pero yo sólo quería ver a mi castaña y mis tíos.
—Vamos por nuestras chicas, Edward —ordenó Nahuel, y Brandon gruñó en aprobación. Sentía que el tiempo se hacía infinito y el camino hacia la entrada era interminable. Mi pecho se oprimió cuando por fin entramos y vimos como todos comenzaban a abrazar a sus familias, sus esposas e hijos o padres. Busqué con desesperación a los únicos que me importaban y nos los encontraba, noté como una chica se tiraba sobre Nahuel y sonreí antes de apretar su hombro y continuar mi camino.
—¿Dónde están? Bebé, dón... —me detuve cuando mis ojos se trancaron en unos hermosos chocolate. Mis ojos de chocolate. La respiración me falló y una sonrisa se plantó en mi rostro. Sentí como Reneé se lanzaba a mis brazos y mis ojos se llenaron de lágrimas, mientras que ella lloraba abrazándome fuertemente. Reí y la abracé, sintiendo como si pudiera abrazar a mi propia madre en estos momentos.
—Hijo, estoy tan orgulloso de ti —Charlie y miré a mi chica. Sentí como el tiempo se detuvo y mi sonrisa se extendió, dándole la sonrisa que ella tantas veces me había dicho era su favorita.
Dejé mi bolso en el suelo y abrí mis brazos, esperando para sujetarla contra mí. Las lágrimas corrieron por su rostro mientras corría hacia mis brazos, saltando y sujetándose de mi cuello. La sostuve por su cintura y la apreté con fuerza contra mí, mientras que ella reía y llenaba mi rostro de besos mojados. Eso era mejor que miles de sonrisas o palabras, sentirla junto a mí, en carne y hueso.
—Te extrañé —susurré cuando ella volvió a besar mi barbilla. Bella sonrió y apoyó su frente en la mía.
—Yo también —sus orbes brillaron y sentí como mi corazón se aceleraba aún más. Dios, estaba tan jodidamente enamorado de esta chica—. No puedes volver a irte —suplicó y yo sólo pude reír, evitando el dolor que me causaba el sólo pensar en dejarla.
—Me tendrás por 30 días, no me iré por un buen tiempo —sentencié.
Nunca me iría de nuevo, al menos no por tanto tiempo.
Bueno, hola jiji
Realmente lo siento, no tengo palabras ni excusas, bueno sólo una, para justificar mi extensa ausencia. Sólo diré que mi pc me odia, la muy maldita decidió que no quería tener más a microsoft office en su memoria y lo eliminó! Y me quedé sin word :( Pero descubrí que podía escribir online, así que ahora tengo todo resuelto!
Trataré de traer un capítulo lo más pronto posible, quedan pocos capítulos antes del final, pero tengo otras historias en mente.
Saludos!
