Disclaimers: Los personajes pertenecen a la fabulosa S. Meyer, la historia es completamente mía.
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¡Mayday!
"Uno más uno es uno, si la suma somos tú y yo.
—Ricardo Arjona."
Capítulo 11: Volviendo a la realidad.
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—¡No me quería ir! —lloriqueé mientras abría la puerta de la casa, reclamando por lo pesados que estaban los bolsos. Edward soltó una carcajada desde la camioneta y lo ignoré dejando mi cartera y su mochila en el recibidor. Troté hacia la sala y me lancé con bastante pereza sobre el sillón.
—¿Estás bien, amor? —lo oí preguntar y yo gruñí contra el cojín del sillón, sintiendo como mis músculos se relajaban un poco ante la comodidad. Al final habíamos aplazado el regreso por dos días y nos habíamos quedado hasta hoy en la tarde, domingo, y ninguno tenía el ánimo de volver. ¿Cómo hacerlo? Estábamos tan cómodos allá, pero Emmett y James tenían que volver a trabajar mañana y no era muy divertido que algunos se fueran y otros nos quedáramos. Somos un grupo, eso no iba con nosotros: o éramos todos o ninguno, así de simple—. Bebé —dijo cerca de mí y yo sonreí, a pesar de que no podía verme.
—¿Uhm? —acomodé un poco más mi cuerpo en el sillón y me relajé. Iban a ser las 8 de la noche y yo sentía como si fuera de madrugada.
—Eres muy perezosa, bebé —se burló y antes de que pudiera contestarle sentí como alzaba mi pierna derecha y la apoyaba en su estómago, acariciando la parte trasera de mi muslo. Sentí como una sonrisa se formaba en mis labios y suspiré cuando comenzó a desatar los cordones de mi zapatilla y sacándola para luego despojarme de mi zoquete.
—No es ser perezosa... bueno sí —ambos reímos y yo alcé mi cabeza para ver como sacaba mi otro zapato—. Es sólo que me sentía desconectada del mundo y los días pasaron tan rápidos —hice un puchero y Edward río rodando los ojos.
—Podemos volver a ir si quieres, esta semana o no sé —suspiré cuando acarició mi pierna y dejó un beso en mi talón, haciéndome cosquillas con sus finos labios.
—Lo amaría —de pronto la realidad cayó sobre mí e hice una mueca, sin poder evitarlo. Mis padres llegarían en 2 días y Edward se tendría que ir en dos semanas más.
—¿Qué pasó? —susurró y yo apoyé mi cabeza en el cojín nuevamente.
—Mis padres llegarán en dos días —hice un estúpido puchero cuando se acuclilló y él sonrió acariciando mi mejilla.
—¿Estás nerviosa? ¿Se lo diremos? —pude notar la ansiedad en su voz y traté de no sonreír.
—No lo sé —suspiré fingiendo estar desinteresada—. Tal vez deberíamos mantenerlo oculto —noté como su cuerpo se colocaba rígido y como su mandíbula se tensaba, pero lo ocultó, al menos un poco, y fingió una sonrisa sólo para complacerme. Sabía perfectamente que Edward odiaba eso de estar oculto y de esconderle cosas a mis padres, así que suponía que odiaría tener que ocultar lo nuestro.
—¿Es lo que quieres? —asentí mientras trataba de ocultar mi sonrisa, obviamente lo estaba jodiendo. Nunca en mi vida ocultaría mi relación con él, sería una estupidez, incluso si tenía que decírselo a mis padres. Sobre todo a mi papá...—. Está bien, Bella —mierda, él no me llamaba así desde lo ocurrido con Irina en el supermercado. Evité mis carcajadas y me senté en el sillón, fingiendo seriedad y tomé sus manos.
—Edward, te amo, pero no estoy preparada para gritarle al mundo, mucho menos a mis padres, nuestra relación —Soy una perra por molestarlo así, pero era un poco gracioso ver como sus facciones se transformaban de confusión a rabia contenida en segundos—. No quiero enfrentarme a lo que ellos nos dirán, no me siento lo suficientemente valiente para eso... sin embargo...
—Lo entiendo —murmuró secamente y trató de soltar mis manos, pero lo evité.
—Sin embargo —recalqué y pasé lentamente mis manos por sus brazos y las posé por unos segundos en sus anchos hombros, tratando de mantenerme concentrada en el juego, y las llevé hasta sus mejillas para acercarlo a mí. Apoyé mi frente en la suya y acaricié mi nariz con la suya, su postura se relajó un poco y yo sonreí mientras miraba fijamente sus orbes esmeraldas—, te estoy jodiendo. Por supuesto que quiero decirles lo nuestro, feliz le gritaría a todo el mundo que eres mi novio y que te amo —sus músculos se relajaron por completo y una sonrisa preciosa surcó su rostro, enseñándome sus encantadores hoyuelos—. Le diremos a mis padres, no importa su reacción u opinión.
—No fue para nada gracioso —susurró antes de besar castamente mis labios—. Me creí todo lo que dijiste —suspiró y luego su expresión se tornó seria—. Amor. ¿Estás segura? Yo comprendería si quieres que lo ocultemos por un...
—No, Edward —acaricié su cabello con mi mano—, no vamos a ocultarlo, se lo diremos y punto.
—No quería ocultarlo —confesó y sonrió mientras me acercaba más a él.
—No lo haremos.
Bueno, puede que ahora sí quiera ocultarlo. Jodida suerte. La ansiedad me tenía con los nervios de punta, no había podido pegar un ojo en casi toda la noche, en cambio Edward se había dormido apenas nos cubrimos con las sábanas. Había dormitado por unas horas y como consecuencia tenía unas hermosas ojeras adornando mi rostro.
Mis padres llegaban hoy, en casi 4 horas más. Estaba asustada hasta el infierno, no quería ocultarlo, no lo haría, pero eso no quería decir que no me asustara sus reacciones y opiniones.
Suspiré mientras acariciaba la barbilla de Edward, quien estaba plácidamente dormido. Quité con suavidad su brazo de mi cintura y evitando despertarlo me levanté de la cama. Tomé un elástico para amarrar mi cabello en una desordenada coleta alta y salí de la habitación. Eran recién las 8 de la mañana, llevaba dos horas despierta y sabía que no podría dormir un minuto más. Bajé las escaleras tratando de mantener la calma, pero los nervios seguían ahí y mi estómago estaba hecho un revoltijo de sensaciones.
—Mierda, mierda, mierda —murmuré deseándome suerte y encaminándome a la cocina para preparar el desayuno. Tenía que hacer algo productivo, no podía pasar toda la mañana viendo dormir a mi marino, aunque lo haría mil y un veces, pero no hoy.
Abrí el frigorífico para sacar un par de huevos y leche, y los dejé sobre la encimera. Me acuclillé para sacar la harina del mueble y la dejé con las demás cosas antes de tomar el bol y el medidor. Haría panqueques con manjar para así despejar mi mente, además eran los favoritos de Edward.
Tomé mi celular y coloqué un poco de música a un volumen bajo, intentando distraerme con los ingredientes. Tarareé y canté un par canciones mientras servía los panqueques y con una cuchilla esparcía el manjar antes de enrollarlos con delicadeza. Sonreí cuando estuvieron listos, por lo que rápidamente limpié todos los trastos que utilicé y me encaminé hacia el frigorífico para sacar el jugo de naranja.
—¿Qué pasa si me echan? —murmuré para mí misma. La sola idea de pensar que mis padres estuvieran tan molestos hasta llegar a ese límite me dio un escalofrío y mi corazón se oprimió. Puede que mi relación con Edward nunca haya sido la más normal, pero él siempre fue importante para mí y mi vida. En todos mis logros estaba él, en mis experiencias y tristezas. Era y es una parte de mi todo, sin él las cosas nunca serían igual, mis padres sabían eso; por lo que continuaba rogando que pensaran en eso y cuán importante él es en nuestras vidas.
Si me echaban, me iría gustosa si es por defender mi relación, pero parte mi corazón estaría destrozado. La otra parte sólo una persona la podría destrozar, y sabía que no lo haría.
—Deja de atraer la mala suerte, Bella —me susurré y agradecí que Edward siguiera dormido para no escucharme hablar como lunática en la cocina.
Eché a calentar el agua en el hervidor y tomé dos vasos para servir el jugo. Alcancé dos tazas y dos cucharas, eché el café en polvo y las cucharadas de azúcar. Abrí el envase del jugo y rellené nuestros vasos, colocándolos junto a los panqueques. Guardé nuevamente el envase en el refrigerador y me acerqué hacia el hervidor, tratando de no botar el agua hirviendo fuera de las tazas cuando las rellené. Suspiré y coloqué las servilletas con los servicios antes de girar y encaminarme hacia las escaleras.
—Todo irá bien, todo irá perfecto —murmuré hasta que llegué al tercer piso y entré a despertar a Edward. Sonreí cuando lo vi acostado sobre su estómago y con un brazo sobre mi almohada. Me subí a la cama y gateé hasta su lado, besando su mejilla suavemente—. Edward —murmuré contra su oído y no se movió, nada—. Bebé —susurré y acaricié su espalda desnuda. Sentí como se estremecía pero seguía profundamente dormido—. Amor —continué acariciando su espalda y comencé a repartir besos por todo el lado derecho de su rostro.
—Mmm —murmuró sin abrir los ojos. Sonreí y besé la comisura de sus labios, mientras mi mano iba hasta su cabello.
—Despierta, preparé el desayuno y se enfriará —apoyé mi cabeza en su almohada y esperé a que abriera los ojos.
—Bebé —susurró con voz adormilada y parpadeó varias veces antes de enfocar su mirada en mí. Sonreí y besé castamente su mejilla—. Buenos días, hermosa —sonrió y se alzó para besar mis labios.
—Buenos días, dormilón —besé nuevamente sus labios y me alejé con una sonrisa. Amaría poder despertarlo todos los días así, con el desayuno listo y el día para nosotros. Realmente amaría eso.
—¿Qué hora es? —se quejó y estiró todo su cuerpo sobre la cama para desperezarse. Solté una risita y me levanté de un salto al ver que sus planes eran acercarme a él.
—Las 9 y algo, tengo el desayuno listo —me alejé hacia la puerta mientras él se levantaba perezoso. Sonrió con pereza y tomó su camiseta del suelo y se la colocó avanzando hasta mí.
—Que despertar más perfecto —sonrió y me tomó del cuello para estampar sus labios con los míos. Gemí suavemente y le devolví el beso, pero me alejé antes de que lo profundizara. Reí cuando hizo un puchero y lo besé antes de tomar su mano y guiarlo fuera de la habitación.
—Tengo servido todo, incluso el café —le expliqué y bajamos lentamente las escaleras.
Todo irá bien, todo irá bien, volví a repetirme mientras apretaba un poco la mano de Edward
—Bebé, todo irá bien —musitó como si leyera mis pensamientos y acarició mi mano con su pulgar. Asentí mientras entrabamos a la cocina—. Es normal que estemos nerviosos, pero tenemos que pensar positivo, al menos yo lo intento.
—Lo sé, miles de situaciones han pasado por mi mente, no logro despejarme —suspiré y tomé asiento. Sonreí, tratando de que él no sintiera mi pesar y que no se preocupara más sobre la situación.
—Amor, todo saldrá bien. Ellos tienen que entendernos, no quiero... —suspiró y tomó mi mano con precaución—, no quiero que sobrerreacciones si ellos no lo entienden. Están en todo su derecho de retarnos o no sé, prohibirlo, en el mejor de los casos, que roguemos sea así, lo aceptarán y estarán igual de felices que nosotros. Pero hay que entenderlos, así que tomémonos esto con calma y démosle tiempo para procesar todo esto —apreté sus dedos para mostrar mi nerviosismo, sin embargo, asentí.
—Lo intentaré, habrá que darles su espacio —él sonrió y se inclinó para besarme suavemente—. Ahora, come.
…
—¿Las llaves? —mascullé nerviosa y me devolví hacia la casa para buscarlas. Edward rio ante eso y alzó su mano izquierda, moviendo las llaves del jeep en ella. Reí nerviosamente y asentí, mientras él colocaba la alarma en la casa y cerraba con llave.
—Tranquila —musitó y me ayudó a subir al asiento de copiloto. No estaba en las mejores condiciones para manejar, los nervios me tenían inquieta y desconcentrada al máximo—. ¿Bella? —sacudí mi cabeza y lo miré confundida. Edward sonrió y tomó mi mano para colocarla sobre el panel, pasando su pulgar por mi palma y tranquilizándome.
—Lo siento, estoy tan distraída —me avergoncé. No quería que él pensara que estaba arrepentida y que era una cobarde, bueno... sí, soy una cobarde, pero es que cualquiera está nervioso en estas situaciones. Si tan solo uno se coloca ansiosa y nerviosa al presentarle un novio a sus padres, mi situación era aún más intensa. Era mi primo y prácticamente un hijo a los ojos de mis padres. Mi situación era de otro planeta, no sabía como sentirme y eso me aterraba.
—Aún podemos esperar... no quiero que sientas que te estoy obligando a esto, quiero, realmente, gritarle al mundo que al fin eres mía, pero si eso es a costa de que la estés pasando mal; entonces no lo quiero —hice una mueca y me incliné sobre mi asiento para besar su mejilla. Él siempre trataba de hacer esto, de colocarme sobre él, no literalmente, y no sabía como agradecer eso.
—Edward, no quiero ocultarlo. Estoy nerviosa, sí, jodidamente nerviosa y ansiosa, pero es porque me da miedo la reacción de ellos, eso no quiere decir que lo quiera ocultar. No, no quiero eso —acaricié su mano y él se relajó visiblemente—. Tenemos que decirlo, no quiero ocultarlo, y acataré cualquier consecuencia de sus reacciones. Tú lo vales, esto y mucho más.
—¿Incluso si nos dejan de hablar? —Yo sabía que también era uno de sus temores. Era mi principal temor.
—Sí —mascullé con firmeza, necesitaba demostrarle que lo decía en serio—, incluso si ellos nos echan o dejan de hablarnos. Eso y mucho más.
—Te amo —sonrió y llevó nuestras manos a sus labios—. Puedes irte a Hawái conmigo, si quieres —bromeó tratando de relajarme y lo consiguió. Como desearía eso.
—¿Sólo a Hawái? —hice un puchero y él rodó los ojos divertido.
—Al fin del mundo si es necesario.
—Te amo —suspiré y volví a besar su mejilla mientras él se estacionaba en el aeropuerto. Me bajé rápidamente mientras él hacía lo mismo y me reuní junto a Edward frente al jeep. Ambos nos miramos y él se inclinó para besarme lentamente, sonreí contra sus labios y mordí levemente su labio inferior antes de separarnos.
—¿Lista? —asentí y lo besé una vez más antes de encaminarnos hacia la entrada del lugar—. ¿Habrán llegado? —preguntó mientras entrelazaba nuestras manos. Mi primer instinto fue separarlas, pero inhalé profundamente y retuve cualquier sentimiento de pánico en mi cuerpo, y con una sonrisa exhalé apretando su mano cariñosamente.
Dios, estoy tan jodida de miedo.
—Llegamos justo a tiempo, así que deben estar aterrizando —Edward me miró y sonrió a la vez que me guiaba hacia las escaleras automáticas y yo trataba de relajarme una vez más.
—Tranquila —susurró alzando nuestras manos y besando mis nudillos.
—Estoy tratando de estarlo.
Me miró con una sonrisa y me guiñó un ojo—. Lo sé, nunca te había visto tan nerviosa por algo en tu vida —masculló mientras alzaba la mirada y se enfocaba en el panel de vuelos, hice lo mismo y notamos que el vuelo de mis padres ya había arribado. Mierda, eso provocó que me colocara más nerviosa y llevé mi mano derecha hacia mi boca, comenzando a morder mis uñas. Un viejo y constante hábito, no podía dejarlo y no quería, sólo eso me lograba calmar... bueno, y Edward también lo hacía.
—Avancemos —tartamudeé con mi dedo en la boca y guiándolo hacia la sala de espera. Él no dijo nada sobre comerme las uñas, usualmente me regañaba, y lo agradecí; no necesitaba más presión en mí.
Me mantuve quieta y alerta, mirando atentamente a mi alrededor a las personas recogiendo su jodido equipaje y esperé hasta ver a mis queridos padres. No los veía y por el ceño fruncido de Edward, tampoco.
Giré mi pulgar y en vez de comerme la uña, me comencé a comer la piel que la rodeaba. Dios, estoy tan ansiosa. Cambié de posición mi pie y me estiré para flexionarme un poco, moví mi cuello tratando de hacerlo sonar, pero estaba tan tenso que me dolió.
—Bebé, cálmate, aún no están a la vista —soltó mi mano y tomó mis mejillas con ellas, tratando de calmarme un poco. Tal vez estaba sobre exagerando un poco la situación... mierda, no, estaba bien que reaccionara así. No esperaba que mis padres sonrieran y nos abrazaran dándonos su bendición, como la mierda que no. Sin embargo, no quería dar la impresión equivocada, y por la mirada que mi cobrizo tenía y la mueca en sus deseables labios, él pensaba que yo estaba arrepentida de esto.
—Amor, estoy nerviosa, no pienses lo contrario —me miró sorprendido, pero ambos sabíamos que podíamos leernos mutuamente—. Es sólo que... bueno, no quiero darle más vuelta al tema, estoy jodidamente nerviosa...
—Se lo diremos en la casa, no quiero que toda la gente acá vea sus reacciones —lo miré sorprendida y agradecida. Bueno, yo no había pensado en eso. ¿Cómo mierda no lo propuso antes? Él me había visto nerviosa como el infierno y pudo evitar eso. Mierda, no, nada evitaría eso.
—Gracias —suspiré y me acerqué para besar su mandíbula.
—¡Queridos! —Jodida mierda. Mierda, mierda, mierda. Me tensé visiblemente y por mi rabillo noté como Reneé se acercaba rápidamente. Edward se alejó unos centímetros de mí y sonrió nervioso, al igual que yo.
—¡Mamá! —mi voz se quebró un poco, pero ella no lo notó, por lo que me acerqué con rapidez y la abracé. Tenía que medir su estado de ánimo, tratando de mantenerlo en el mejor lugar posible hasta lanzarle la bomba.
—Te extrañé, amor —chilló en mi oído mientras me devolvía el abrazo. Tras ella me fijé en como mi padre venía arrastrando las maletas con una sonrisa. Bien, eso es una buena señal, ambos estaban de un buen humor. Bien, bien, esto puede resultar.
—¿Y a mí? —reclamó Edward con fingida voz dolida. Mi madre rio suavemente y me alejó para ir a abrazar a mi novio.
Mi novio, su sobrino, su hijo consanguíneo.
Mierda, creo que voy a hiperventilar.
—Por supuesto que te extrañé —masculló ordenando su cabellera. Edward gruñó en broma y se alejó discretamente. Mamá sonrió y rodó los ojos, ella sabía que el odiaba que tocaran su cabello—. Puede que más a ti que a mi propia hija —susurró en broma.
—¡Hey! —me quejé y me giré hacia mi padre—. ¿Tú sí me extrañaste, papá?
—Uhmm... —miró fingidamente a Reneé y yo golpeé suavemente su estómago, logrando que riera y me abrazara fuertemente—. Claro que sí, cariño.
—Bien —sonreí e inhalé su camiseta. Menta y su perfume habitual, y me relajé sintiéndome en casa. El aroma que tenía papá siempre me relajaba, era un aroma único, como el de Edward, y nunca lo había encontrado en otro lugar. Sentir ese aroma me hacía sentir como en casa y me recordaba mi niñez. Ese olor nunca se iba de su ropa, es como si estuviera impregnado y por más que laváramos sus camisetas o chalecos, seguía ahí.
—¿Vamos? —musitó mamá y todos asentimos. Papá volvió a tomar la maleta y todos nos dirigimos hacia el jeep. Edward me tendió las llaves y yo sonreí nerviosa. Abrió la puerta para mi madre y ambos se sentaron en la parte de atrás, mientras que papá sería mi copiloto.
—¿Cómo estuvo el viaje? —preguntó Edward mientras que yo sacaba el jeep del estacionamiento. Mamá sonrió y comenzó a contarnos detalladamente como estaban los Black.
—¿Iremos a almorzar a algún lado? —le pregunté a mi padre, mientras que Reneé continuaba hablando atrás.
—¿Quieres eso? —preguntó devuelta. Me encogí de hombros y él sonrió—. ¿Reneé, iremos directo a casa o pasaremos a comer a algún lugar? —Bueno, no quería retrasar lo inevitable, pero no podía simplemente encerrar a mis padres en la casa.
—Uhm... —Miré por el retrovisor y Edward me miró sonriendo—. Vayamos a la casa y ahí decidimos, tenemos tiempo aún; son recién las 12 —ella sonrió y volvió a su charla con mi novio.
Novio, novio, novio. Realmente estoy aturdida con esto, necesito decirlo o explotaré, creo que incluso se me podría hasta salir en una respuesta a cualquier pregunta.
—¿Cómo se portaron? —preguntó papá.
Edward es mi novio.
Sí, a eso me refería. Es como si estuviera en la punta de mi lengua, luchando por salir.
—Uhm, bien. Nos juntamos con los chicos e incluso fuimos a la playa por un par de días —respondí mientras volvía a acelerar después de que la luz cambió a verde. La música en el jeep sonaba suavemente y eso me relajaba un poco. Estaba demasiado tensa, no sé cómo mis padres no lo han notado.
—¿Fueron a las cabañas? —inquirió y yo asentí. Escuché como mamá le describía el viaje al lago con los Black a Edward, ambos riendo y relajados.
¿Se acabarían estos momentos si mis padres no nos aceptaban? Quiero decir, sé que nada volverá a ser como antes, aunque deseara que sí, pero me dolería tanto no volver a tener estos pequeños momentos juntos, los cuatro.
Mis padres hace dos años que no compartían así con Edward y ese momento podría no volver a repetirse... y una vez más estoy siendo negativa. No puedo evitarlo, mi mente está constantemente barajando los pro y los múltiples contras que tiene el decirle a mis padres que estamos juntos.
No habría más confianza entre nosotros, ellos dirían que abusamos de ella.
No podríamos estar relajadamente, como ahora, los cuatro en el mismo lugar.
Ellos podrían dejar de hablarle a Edward, incluso a mí.
Podrían echarnos.
Dios.
Estoy alucinando y siento como mi pecho comienza a acelerarse, llamando la atención de mi padre, quien me mira algo preocupado.
—¿Cariño, estás bien? —eso llama la atención de mi madre y mi novio, quien rápidamente entiende el camino de mis pensamientos y se acerca por el panel preocupado—. ¿Estás bien?
—¿Qué sucede? —susurró con pánico.
—Nada, nada —sonreí tratando de calmarlos—. Es sólo que me dolió un poco el estómago —mentí y mamá suspiró aliviada, al igual que Charlie. Edward me miró fijamente desde el asiento e hizo una mueca, entrecerrando sus ojos y llevando su mano a la cabeza.
—¿Andas con el período? —hice una mueca por la pregunta de papá. Sería menos extraña si viniera de mamá, pero no, él estaba súper acostumbrado a esto, al igual que soportar nuestro mal humor y dolores, incluso cuando lo mandamos a comprar los productos y pastillas que necesitamos en esos días, que para él hablar del tema era como hablar del clima.
—Papá —siseé un poco avergonzada. Llevaba casi 10 años con mi período y aún así no me sentía del todo cómoda al hablar de eso. Ridículo, lo sé.
—Supéralo —masculló y rodó los ojos.
—Llegamos —susurré tratando de cambiar el tema. Edward rio divertido y yo gruñí. Él igual estaba acostumbrado a mis días difíciles, cuando viene Andrés una vez al mes, y siempre trataba de consentirme todo lo posible.
—¡Por fin, hogar dulce hogar! —exageró Reneé y todos reímos. Aparqué limpiamente el jeep frente a la calzada y suspiré mientras colocaba el freno de mano. Papá sonrió y se bajó para abrirle la puerta a su esposa. Me desabroché el cinturón y en menos de un segundo sentí como Edward abría mi puerta y ayudaba a salir.
—Hola —sonrió y apretó suavemente mi mano. Sonreí débilmente y acaricié sus dedos.
—Hey, tú —se inclinó y besó mi frente, para luego cerrar la puerta y ayudar a mi padre con las maletas.
—Realmente extrañé mi casa —sonreí ante las palabras de mi madre y me adelanté para abrir la puerta. Desactivé rápidamente la alarma y me giré para ver a mi novio y mi padre riendo. Reneé entró y dejó su cartera sobre el mostrador, inhaló profundamente y sonrió, sus ojos brillando mientras volvía a ver sus cosas. Rodé los ojos, sólo se fueron por casi dos semanas.
—Eres una exagerada, mamá —me burlé y la seguí hasta la sala. Ella rio entre dientes y se dirigió hacia la cocina.
—¿Quieres un café? —Negué con la cabeza y me fijé como mi padre llevaba la maleta hasta el segundo piso, hacia su habitación.
—¿Estás bien, bebé? —susurró Edward y tomó mi cara entre sus manos. Asentí lentamente y él suspiró mientras besaba castamente mis labios.
Mierda, necesitaba decirlo ahora, esto me estaba desesperando.
Me alejé un poco cuando vi a Charlie bajando las escaleras mientras veía algo en su celular. Los brazos de Edward cayeron a su lado y sentí como inhalaba para relajarse.
Joder.
—¿Fueron al supermercado? —Preguntó mamá mientras se adentraba a la sala revolviendo su café.
Y no lo aguanté.
—Edward y yo somos novios —estallé y lo único que se oyó fue como la taza se destrozaba al caer contra las baldosas.
¡Hola!
Bueno, el capítulo más esperado ha llegado. Tengo unos tres capítulos más creados en mi mente, jaja, así que tengo que pasarlos rápidamente a mi computador. Tengo 1 semana antes de entrar nuevamente a la Universidad, así que si quieren el capítulo en ese tiempo, díganmelo por reviews (jiji, sí, que chantajista soy.)
Saludos a todas y un abrazo gigante.
