Disclaimer: Todo lo que reconozcan es de JKR, lo que no, mio; ni gano dinero ni gano fama, por el contrario un review si que alegraría bastante

Historia; Una navidad con Potter
Lily y James | 7º curso | navidad de 1977

Capt.3) Empezamos bien...

– Señor Potter, debería cerrar la boca o le entraran moscas.

Sophie Cooper, compañera de Ravenclaw había seguido a James hasta el vestíbulo cuando había oído gritar a Sirius Black. Era una chica rubia, con el pelo a ondas hasta media espalda y ojos marrones. Iba vestida con una falda negra y una blusa azul cielo y en la mano llevaba una cesta con ropa perfectamente doblada. Sonrió al ver a Lily y le hizo una seña para que la siguiera.

– Buenos días Alfred, veo que me traes una nueva compañera, ya me ocupo yo de ella y la enseño la casa – mientras Sophie hablaba, Lily subía las escaleras mientras pasaba al lado de Sirius que se estaba riendo de su amigo y de James que estaba completamente paralizado y lo único que hacia era seguir a la pelirroja con la mirada mientras ruidos extraños salían de su boca – creo que al señor le vendría bien una taza de té.

– Opino lo mismo – Dijo Alfred mientras se dirigía hacia la cocina

– Creo que será mejor una copa de coñac, Alfred – Sirius se seguía riendo – o una jarra de agua fría.

Mientras Lily recorría el pasillo detrás de Sophie escucho a James y a Sirius discutir mientras el último reía a carcajada limpia. Sophie la dirigía por el pasillo mientras tarareaba una alegre canción. Abrió una puerta de roble y dejó la cesta con la ropa a los pies de la cama.

– Esta es la habitación de Sirius, suele dejar los calcetines y calzoncillos por el suelo, así que no te asustes si alguna vez te los encuentras al limpiar – Dijo mientras salían de la alcoba. – Esa de ahí – señaló a su derecha, a la habitación continua – es la de James, yo si fuera tú la evitaría

– Gracias – dijo Lily mientras volvía a seguirla por el pasillo.

– ¿Qué haces aquí? Por lo que tengo entendido no aguantas a esos dos – Sophie la preguntó mientras empezaban a bajar unas escaleras de servicio – sinceramente, si me hubieran dicho que eras tu mi nueva compañera antes de haberte visto aquí pensaría que me estaban tomando el pelo

– Y hubieras acertado… cuando acepté el trabajo no sabía que era para trabajar en casa de los Potter. – Giraron en el pasillo y continuaron andando hasta la mitad, donde había unas puertas.

– Pero la cara de James ha sido épica – rio Sophie – Bien, estas son las habitaciones del servicio. La de la izquierda es de Alfred y la otra la nuestra – La abrió y entraron dentro. Era una amplia habitación con dos camas, una a cada lado. Entre las dos camas había un pequeño escritorio con dos sillas y a ambos lados de la puerta dos armarios. La parte de la derecha estaba ya ocupada por las cosas de Sophie, así que Lily dejó su baúl a los pies de la cama de la izquierda. – El baño está al final del pasillo, justo al lado de la escalera, es para nosotras, Alfred tiene su propio baño en la habitación… el escritorio es un poco pequeño, pero los señores Potter nos dejan usar la biblioteca de la casa, yo suelo hacer los deberes allí y en ocasiones me acompañan Sirius y James…

– Creo que yo los haré aquí, si no te importa…

– No, en absoluto- contestó Sophie riéndose – Aunque tengo que decirte que es una fantástica biblioteca… te dejo que te acomodes, yo voy a terminar de llevar la ropa limpia a sus dueños, supongo que Alfred te habrá dicho la hora de la comida ¿no? – Lily asintió – Bien, pues a las doce ves a la cocina para ayudarnos a preparar la comida, solo tienes que subir las escaleras de la derecha, las que están cerca del baño – Sophie se dirigió a la puerta y salió – ¡se me olvidaba! Tienes unos uniformes en el armario, te veo luego Evans.

¡Potter! De todas las familias mágicas con las que había podido trabajar tendría que ser con James-todas-las-chicas-caen-a-mis-pies-Potter. ¿Por qué? ¿POR QUE?
Lily saco sus cosas del baúl. Guardó la ropa en el armario y dejó los deberes encima del escritorio. Se cambió de ropa y se puso su nuevo uniforme. Le quedaba aún un rato para dirigirse a la cocina así que, después de una gran lucha interna entre quedarse en la habitación o salir y toparse con Potter, decidió investigar un rato la casa.

La verdad es que era una casa bastante grande. En la panta inferior estaba la zona del servicio. Es decir, las habitaciones de los empleados, un cuarto de baño y una sala de estar con unos sofás que tenían la pinta de ser comodísimos. A Lily le sorprendió ver una televisión en la sala de estar, pero luego recordó que Alfred era muggle. La primera planta constaba de la cocina que daba con una puerta al comedor, con una mesa grandísima de madera, donde perfectamente podían entrar unas veinte personas, treinta si se sentaban un poco apretadas. Al otro lado del vestíbulo, estaba el salón muy grande, en donde incluso había un piano, una chimenea y unos sofás distribuidos por la estancia. Un baño muy amplio justo a la derecha de las escaleras y un pequeño trastero a la izquierda de estas era lo que faltaba por ver de la primera planta.

Lily subió las escaleras y evitó las dos puertas que ya sabia a quienes pertenecían. Se acercó a una tercera y entreabrió un poco la puerta. Seguramente era la habitación de los señores Potter. Otras dos habitaciones más, que seguramente antes había pertenecido a algún descendiente de los Potter y que hoy estaban de habitaciones de invitados. Lily vio otro tramo de escaleras y subió por ellas. Era la tercera planta, la ultima, y había un pequeño descansillo con dos puertas. Una a la derecha y otra a la izquierda. Abrió la de la derecha y descubrió otra sala de estar muy acogedora. Unos sofás, una chimenea, unos chicos tumbados en el suelo jugando al snap explosivo. ¡Espera, espera! ¿Unos chicos? Lily cerró la puerta lentamente rezando interiormente porque no la hubieran descubierto. Al parecer James y Sirius no estaban en sus habitaciones. Se giró y se encontró con la otra puerta. Suponía que esa debía de ser la biblioteca que le había dicho Sophie y la verdad es que estaba deseando irse de allí por si a alguno de los dos le daban por salir y se la encontraban, pero algo en su interior la decía que echara un vistazo, que no pasaría nada. Y eso hizo.

Era magnifica. Las paredes estaban cubiertas de libros, muchísimos libros. E incluso pergaminos, por lo que vio en algunas estanterías. Había más estanterías en el centro de la habitación y hacia al final, al lado de dos enormes ventanales había una mesa de trabajo con sillas alrededor. Era estupenda, nada que envidiar a la biblioteca de Hogwarts. Lily se moría de ganas por pasar el día entero allí metida y seguramente se le hubiera ido el santo al cielo y lo habría hecho si no hubiera escuchado una voz a su espalda.

– Es… encantadora, ¿verdad? – James Potter se encontraba en la puerta de la biblioteca mirándola

– Una maravilla, tienes bastante suerte.

– Si… - James se acercó a una de las estanterías y se apoyó en ella - ¿sabes? Es mi sitio preferido de la casa, cuando quiero estar solo vengo aquí, mis padres suelen estar en el salón cuando están por casa y Sirius… bueno él no pisa la de Hogwarts, asique mucho menos esta.

Lily rio la observación de James. La verdad es que en Hogwarts rara vez había visto a Black en la biblioteca, salvo para sacar a James y a Remus de esta y hacer alguna de las suyas.

– Oye, yo quería pedirte perdón por mi forma de… bueno, decirte hola cuando has llegado – James la hablaba mientras miraba el suelo. Se había sonrojado y se tocaba el pelo despeinándolo – es solo que me ha sorprendido verte aquí… no es que no me guste verte aquí, es solo que no me lo esperaba…

– Tranquilo, yo tampoco tenia ni idea.

Lily observó como James asentía y sonreía un poco más relajado. Se le hacia raro esa situación. Nunca había conversado con James tranquilamente sin gritarle, quitarle puntos o mandarle hacer puñetas. Tampoco es que fuese esta una gran conversación, pero era la más larga que habían tenido desde que se conocían.

– Yo, eh… – Lily miró su reloj de pulsera – debería irme a la cocina – y evitando a James salió de la biblioteca.

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– Lily, ¿puedes mirar cómo van las patatas?

El hecho de que Alfred fuera muggle y sirviera a los Potter todo el año hacia que la mayoría de las cosas se hicieran a su forma en la casa. Según la señora Potter, la comida que preparaba Alfred estaba riquísima, más aun que cualquiera que se hubiera preparado con magia.

Lily ayudaba a su madre y a Petunia cuando estaba en casa, por lo que se defendía bastante con la cocina. Curiosamente lo único que se le daba mal cocinar era un huevo frito. No le gustaba que el aceite le saltara y era un show verla intentando sacar un huevo frito ya medio quemado mientras se escudaba detrás de la tapa de la sartén.

– La mesa ya esta puesta – dijo Sophie mientras entraba a la cocina – y los señores acaban de llegar a casa, Dorea te llama Alfred

– ¿Podéis encargaros? – Dijo Alfred mientras cerraba el horno – Cuando estén las patatas lo lleváis a la mesa.

– Tranquilo – Contestó Sophie mientras el anciano salía de la cocina – ¿Qué tal la mañana?

– Bien, bien – contestó Lily – acomodé ya mis cosas.

– Me alegro Evans

– Por favor, llámame Lily – dijo la pelirroja – nos conocemos del colegio y bueno… creo que ya tengo suficiente con estar trabajando para Potter…

– También puedes llamarme Sophie – contestó mientras reía del comentario de Lily – vas a ver que esta bastante bien el trabajar aquí, yo llevo un par de años haciéndolo y no esta nada mal, en serio – añadió al ver la cara de su compañera – solo tienes que ajustarte a un par de normas, a los señores Potter les da igual lo que hagas en tu tiempo libre siempre y cuando la comida este a su hora, la casa limpia… cuando terminas ¡Eres libre!

– ¿Y las otras normas? – preguntó Lily. La comida ya estaba hecha y ambas la estaban colocando para llevársela al comedor.

– Bueno, no son normas estrictamente dichas, digamos que son… normas de convivencia. A lo largo de estos años y de muchas compañeras de trabajo he recopilado tres normas para poder sobrevivir al menos un mes en la casa – dijo Sophie – norma numero uno, nada de fiestas en la casa, norma numero dos, no te enrolles con los dueños… bueno con James o Sirius…

– Creo que esa la voy a cumplir perfectamente bien – dijo Lily riéndose – ¿Y la tercera?

– Nunca critiques la comida de Alfred… aunque es imposible hacerlo ¡Está de muerte!

Ambas chicas salieron con la comida levitando detrás de ellas y entraron al comedor donde se encontraban James, Sirius y un señor moreno aunque con el pelo ya bastante poblado de canas, una barba y gafas que reía afablemente con lo que le estaban contando los chicos. Era muy parecido a James, por lo que no había que ser un lumbrera para darse cuenta de que era su padre.

– ¡Oh! Tenemos a alguien nuevo por aquí – Dijo el señor Potter levantándose de la mesa y acercándose a Lily – Charlus Potter, bienvenida a nuestra casa señorita…

– Evans, señor Potter – Contestó Lily mientras le estrechaba a Charlus la mano – un placer.

– Evans… Evans… ¿De que me suena tu apellido? – Se preguntaba Charlus mientras se rascaba la cabeza – ¿Trabajo con tus padres?

– Lo dudo señor, son muggles.

– Pues me suena muchísimo, lo he escuchado en alguna parte.

– Lily es compañera del colegio – Dijo Sophie – es una de las mejores alumnas, pese a no ser de Ravenclaw, señor Potter, estoy segura que se alegrará de saber que es una leona.

– ¡Oh! ¡Lily Evans! – Dijo Charlus sonriendo y se dio la vuelta un momento para mirar a su hijo – ya sabia yo que me sonaba… James y Sirius hablan mucho de ti

– ¿A si? – preguntó Lily desconcertada. No es que se llevara bien con ellos especialmente, de hecho ella no había hablado con su familia de ellos.

– Unos más que otros, Evans – contestó Sirius – no te emociones…

– ¡Sirius! ¡Trata a las chicas con respeto!

La señora Potter acababa de entrar en el comedor seguida de Alfred. Era alta, con el pelo moreno y lacio, ojos marrones y aunque ya se le notaba alguna arruga en su cara, se conservaba estupendamente. Tenia un porte recto, de alta clase, severa, aunque, como pudo comprobar en ese día Lily, era infinitamente cariñosa con la gente que la rodeaba.

– Dorea, cariño, te presento a Lily Evans, compañera de James y Sirius

– Encantada Lily, ¿Puedo llamarte Lily? – Pregunto Dorea mientras le daba la mano a Lily y la agarraba cariñosamente del brazo. La pelirroja asintió mientras sonreía. Tal vez el hijo (y sus amigos) eran unos capullos, pero sus padres eran muy simpáticos. Tal vez no iban a ser unas malas vacaciones. – bien, llámame Dorea y a Charlus también, no somos tan viejos para que nos llames señores aún…

– Mira cornamenta, tu madre a conseguido en menos de cinco minutos lo que tu no has conseguido en siete años… llamar a Evans por su nombre – Sirius, al cual le parecía de lo más graciosa la situación que se estaba desarrollando en el comedor de la casa, no podía dejar de reírse.

– Que algunos en este salón tengan el mismo tacto para tratar a las mujeres que un troglodita no significa que el resto de los mortales sean igual de insensibles – Dijo Sophie mientras servía a Sirius con una mirada severa.

– Evans, Lily… – continuó Sirius haciendo caso omiso a las señales de advertencia que le estaba lazando James, sentado enfrente de él – tampoco estaría llamarla futura señora Potter, bueno eso si logra no matar a James antes de volver a clases – dijo Sirius riéndose – ¡Auuu!

En ese momento sucedieron varias cosas. Charlus se echó a reír mientras Dorea gritaba un "¡Sirius!", James, que de repente se había puesto tan rojo como las paredes de la sala común de Gryffindor, le pegó una patada por debajo de la mesa, por lo que Sirius aulló de dolor. Lily se quedó petrificada y lo único que logró pensar fue "¿tendrán cianuro en esta casa?".

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Unos suaves toques sonaron en la puerta. Sirius estaba tumbado bocarriba en la cama sonrió al escucharlos y, como si supiera de que se trataba, su tripa rugieron. Se levantó de la cama y se dirigió a la puerta. Dorea le había mandado a la habitación castigado sin comer. Adoraba a esa mujer que era la única que lograba ponerle en su sitio. Sabia que no se iba a encontrar con James al otro lado de la puerta esta vez, su amigo aun estaba enfadado por la broma de la comida. Sonrió aun más al recordarla. Evans no había sabido que contestarle esta vez. Punto para Sirius.

– Creí que no ibas a venir nunca

– La verdad es que no te lo mereces. Te has pasado un poquito en la comida

Sophie pasó a la habitación y dejó sobre el escritorio un plato con pan, salchichas, queso y huevos revueltos. Sirius se acercó a ella y la susurró al oído:

– Me alegra que lo hicieras

– Tu por si acaso, no tientes la suerte la próxima vez – dijo Sophie mientras se apartaba un poco.

– Bueno… podemos hacer un trato – contestó Sirius mientras la agarraba de la cintura – te puedes quedar un rato y a cambio yo me porto bien en la cena.

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– Estaba riquísimo, Alfred – dijo Lily mientras dejaba los cubiertos en su plato vacío –delicioso.

– Y eso que aún no has probado la tarta de chocolate que prepara – dijo Sophie

– Creo que moriré e iré al cielo directamente cuando lo haga – dijo Lily riéndose – adoro el chocolate, tienes que hacerla un día de estos… si no es molestia.

- – Ninguna Lily – sonrió Alfred

El día había pasado muy rápido. Después del incidente de la comida, y de que Dorea hubiera castigado a Sirius sin comer y a la habitación, Lily se había refugiado en la planta baja de la casa. Había cogido su libro de pociones y se lo había leído de arriba a abajo hasta intentar encontrar alguna poción para vengarse de Black. Por suerte, Sirius se había comportado correctamente a la hora de la cena, incluso le dio las gracias cuando dejó su plato lleno de comida en su sitio. La descolocaba. La mayor parte del tiempo la daban ganas de estrangularle y unos instantes, solo unos pequeños momentos cada seis meses o cuando los planetas se alinean, Lily se daba cuenta que en realidad era un chico normal y corriente con sus sentimientos y todas esas cosas. Ahora estaban los tres, Alfred, Sophie y ella, terminando de cenar en la cocina.

– Estoy llena, voy a reventar – Sophie se levantó y empezó a recoger los platos de la mesa de la cocina.

– Entonces… ¿No vas a probar el postre? – Le preguntó Alfred – Hoy he preparado yogur con frutos del bosque.

– Creo que le puedo hacer un hueco – dijo Sophie mientras Lily y Alfred se reían – solo te diré una cosa Al, como el uniforme no me entre en Enero, me las pagaras…

Media hora después Lily, con su gorro, bufanda y guantes de lana, salía de la residencia Potter. Era una noche fría, con un poco de niebla, y en la calle no había nadie, pero tenía que hacer una visita.

Había prometido a sus amigas que las contaría todo sobre su nuevo trabajo, y seguro que en cuanto se enteraran donde estaba trabajando iban a reírse mucho. Cuando llegó al final de la calle la dobló a la izquierda y caminó hasta encontrarse delante de una gran casa. Era más nueva que la casa de James y se notaba que en ella también vivía gente adinerada. Llamó a la puerta y cuando abrieron la hicieron pasar mientras esperaba a su amiga.

– ¿Lily? ¿Qué haces aquí? – Alex la miraba con los ojos abiertos de par en par y bastante sorprendida – no me digas que ya te han…

– No, no, nada de eso – contestó mientras negaba con la mano.- pero necesitaba hablar con alguien y estoy en una casa cerca de aquí… ¿Damos una vuelta?

– Claro, voy a por mi abrigo – Alex fue hacia el ropero que había cerca de la puerta – Ornella, ¿puedes decirle a mi madre que salgo? – Alex cerró la puerta de casa – ¿Por qué te ríes?

Y Lily se lo contó todo. La poca originalidad que tienen las madres hoy en día en poner nombres. Su encuentro con James en la biblioteca. Como conoció a su madre. Y a su padre. Cuando llegó a la parte donde Sirius bromeó con lo de "la futura señora Potter" Alex estaba riéndose por los suelos. Y siguió así por lo menos diez minutos más.

– Deja ya de reírte – protestó Lily – eres una mala amiga – dijo mientras la pegaba en el brazo e intentaba que Alex dejara de reírse – anda, sácame de este pueblo y llévame a un teléfono muggle, quiero llamar a mis padres.

– Vale – dijo la morena aun riéndose – hay un pueblo muggle a diez minutos, esta muy cerca… y de paso podemos ir a tomar algo ¿no? Mira el lado bueno, vas a pasar tres semanas en casa de los Potter, con James y Sirius…

– No hay nada bueno en nada de esa frase, Alex.

– ¡No me has dejado terminar! Vas a pasar tres semanas trabajando, pero también vas a pasar las navidades conmigo.

"Tres semanas" pensó Lily "tres semanas trabajando en la casa de Potter"


Si, no tengo excusa, más de un año de retraso.
Poco a poco...
Poco a poco...

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