Envidia: La carta perdida
Otra vez aquella bruja. Lo de bruja era literal. Otra vez volvía de aquel colegio para gente extraña como ella, otra vez volvía a interrumpir su paz. Lo mejor del verano era cuando se marchaba.
—¡Petunia! —la retó su madre, cuando vio a la muchacha haciéndole burlas a su hermana, mientras que ésta relataba historias sobre sus clases —¡Respeta a tu hermana!
Petunia miró con odio a su madre. Siempre era lo mismo, cuando Lily llegaba, sus padres se olvidaban que tenía una hija perfectamente normal: el mundo giraba sobre Lily.
"Lily ha sacado diez en tres materias." Decían. "Lily ha conseguido un premio por ayudar a un compañero." Comentaban con orgullo.
Lily esto, Lily lo otro. ¡Lily, Lily, Lily…! ¡¿Y ella?! ¿¡Dónde quedaba ella!? Sacaba diez en cada una de sus materias, era el mejor promedio de la clase y tenía la posibilidad de elegir entre dos universidades. Pero no: a sus padres les importaba su querida bruja. Les importaba algo que ni siquiera comprendían. ¿Cuál era el futuro de Lily? Petunia no entendía ni una palabra sobre las carreras mágicas, y sus padres tampoco, aunque fingieran lo contrario: para Petunia, era lo mismo que Lily quisiera aprobar los exámenes para cursar las materias que le permitían una carrera de "Aror", a que Lily le dijera que quería convertirse en un roba coches profesional.
Pero aquello iba a acabar. Ese año sería el último. Petunia tenía un plan: si la carta de su hermana nunca llegaba, no iba a poder volver al colegio.
Aquel verano despertó cada mañana antes que sus padres y que la vaga de su hermana. Esperaba, en la cocina, impaciente… Sabía que las lechuzas llegaban a esa hora.
Una mañana, mientras fregaba sólo por impulso la mesada impoluta de la cocina, ocurrió: vio a lo lejos uno de esos pájaros aberrantes. El mismo se acercaba volando con una carta en el pico. Petunia lo dejó entrar. Por suerte, la lechuza arrojó la carta sobre su cabeza y se marchó: no quería tocar el ave, como hacía su hermana. Le daban asco. Tomó la carta con rapidez y la escondió en el bolsillo justo a tiempo.
—Buen día, cielo —Su madre entraba en la cocina justo en este momento—. ¡Oooh! Has preparado el desayuno, muchas gracias.
La mujer se sentó en la mesa y tomó la cafetera. Petunia sonrió con algo de culpa y se marchó corriendo. Una vez en su habitación rompió en varios pedazos la carta de su hermana y arrojó los papeles debajo de su cama.
—¿Estás segura? —Petunia entró bostezando a la cocina, aún en camisón. Su hermana miraba su taza de leche con el labio temblando.
—Si cariño —Su madre la miró con pena mientras le servía a Petunia su café habitual —. No ha llegado aún.
—Pero… nunca se atrasaron, siempre la envían para la misma fecha —Lily llevaba dos semanas esperando su carta de Hogwarts. Casi comenzaba a entrar en desesperación.
Petunia escondió una sonrisa detrás de la taza. Lily suspiró.
—Tal vez se han olvidado de ti —dijo con malicia.
—No digas tonterías, Petunia —la retó su madre.
—Tal vez usaron una lechuza vieja, y se perdió en el camino…—comentó Lily, quien había hecho caso omiso a su hermana. Terminó su desayuno de un trago, y se levantó con decisión —. Tendré que escribirles —comentó al fin.
Petunia casi se ahoga: la verdad era que no había contado con aquello.
Lily chilló emocionada. Su lechuza volvió a la mañana siguiente, con dos cartas en el pico.
Estimada Señorita Evans:
Le comenté al Profesor Dumbledore su caso. No hemos podido encontrar una explicación al hecho de que su carta no llegara. Todas las lechuzas volvieron al colegio en condiciones, nunca nos ha pasado que no entregaran la misiva a un alumno. En todo caso, le pedimos disculpas y le enviamos una nueva.
Esperamos verla el 1° de Septiembre en el Colegio.
Profesora Minerva McGonagall
Sub-directora del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
Lily leyó emocionada la carta de aquella profesora y abrió la que llevaba la lista de útiles del colegio. La cara de Petunia fue para enmarcar.
Unas horas más tarde el señor y la señora Evans, su hija menor y Petunia (quien sólo subió al auto cuando su madre prometió comprarle ropa en la ciudad) se encontraban camino a Londres para adquirir ese estúpido material escolar.
—¡Petuniaaaaa!
Lily gritó como una histérica. Era el primero de Septiembre y la muchacha se encontraba desayunando, cargada de mal humor. Su hermana se hallaba en el piso de arriba, terminando su baúl.
—¡Petuniaaaaa! —volvió a gritar, histéricamente. Su voz se escuchaba cada vez más cerca.
Lily entró en la cocina, con su cabello colorado revuelto y sus mejillas encendidas. Estaba realmente enojada. En un puño llevaba unos cuantos papeles arrugados.
—¡Dime qué es esto! —Petunia saltó de su silla, blanca como el papel, al descubrir que su hermana tenía la carta que había roto. Su madre las miró sin entender— ¿Qué hacía MI carta en TU habitación?
—¿Estuviste revisando mi cuarto otra vez? —preguntó enojada su hermana.
—¡Esa no es la cuestión! —gritó Lily, enfurecida— ¡Fuiste tú quien robó mi carta!
—¡Lily! —Su madre interrumpió a la chica, asombrada —¿Cómo crees que Petunia…?
—¡Mira! —chilló la chica, y mostró a su madre unos fragmentos.
En ellos, claramente, se podía ver el sello de Hogwarts y la firma de la profesora McGonagall. Su madre miró boquiabierta la misiva rota, y luego a su hija mayor.
—Petunia…—En su voz había desilusión — ¿Realmente…?
—¡Es todo porque te negaron una plaza! —exclamó Lily, interrumpiendo a su madre. Su hermana le hacía la vida imposible cada verano, sólo por envidia. Aquel intento de obligarla a permanecer en casa fue lo último que Lily iba a tolerar de ella—. ¡Siempre estuviste celosa de mí!
—¡Celosa de tí! —chilló Petunia. Los ojos de la muchacha se llenaron de lágrimas— ¿Celosa de un monstruo como vos? ¿Celosa de tu anormalidad?
—¡Admite que quieres ir a Hogwarts! —exclamó Lily, con dureza. Su madre miraba la discusión con las manos en la boca.
—¡Antes muerta! —gritó Petunia.
Y se marchó corriendo hacia su habitación.
Aquel día no le pidieron que fuera a despedir a su hermana a la estación. Petunia se quedó en casa, mientras que por la ventana miraba cómo Lily cargaba el baúl en el auto. La misma miró hacia el cuarto de su hermana, y las miradas de ambas se cruzaron. Petunia pudo jurar que Lily la miró con pena, mientras que ella le dirigió una mirada de odio: no necesitaba que le tuvieran lástima. Cerró la cortina de golpe, para que su hermana dejara de mirar.
Se sentó en el borde de la cama, jurándose que era la última vez que se permitiría admitir a sí misma que lo que más deseaba en el mundo era estar junto a su hermana en aquel lugar que parecía ser fantástico.
N/a: Petunia fue un poco cruel con Lily…, lo se… Imagino que sus celos deben haber sido enormes, pero que en el fondo quería a su hermana y había deseado con el alma estar en Hogwarts con ella.
Petunia es un personaje que siempre me cayó mal, hasta que supe su historia entera, ahí pasé a sentir pena por ella. Espero que les haya gustado la historia, o al menos generado algo xD
