Y muy buenas, criaturitas del señor. Sep, debí subir este capítulo hace siete horas (según mi plan actual, ya que el antiguo fue para mi cumpleaños pero bueh) Ando de tutor en matemáticas por el simple hecho que tengo que estudiar y soy el único en la clase que no le ha llegado los libros.
Ya que, disfruten el ultimo capítulo. (Ando con sueño)
10.- El Ascenso del Demonio; Primer Escalón
Con bastante cansancio el joven entró a su cuarto compartido, que para su suerte estaba sin sus compañeros, y se lanzó a la cama, ya no quería más guerra de nada, estaba exhausto.
Cuando movió la almohada, para acomodarla mejor, sintió algo duro debajo, curioso de no recordar lo que había allí, se giró en la cama y retiró la almohada. Debajo encontró un cuaderno de mediano tamaño con rojo color y bordes negros.
- Con que aquí te metiste, ¿eh? - Dijo, como sí el objeto lo escuchara.
Lo tomó, para volver a colocar la almohada y recostarse. Abrió el cuaderno para leer sus hojas. Una carcajada se le escapó, era un cuaderno de hace unos meses, donde escribía como un diario, sólo que en el pasaba más tiempo insultando a las cosas que contar sobre su día, en especial en las fechas cuando entró a la academia.
Miró un poco las hojas continuas, unas que no tenían nada y suspiró.
- Bueno, ¿Por qué no? - Se dijo a sí mismo.
Estiró su brazo izquierdo hacia el buró, donde tenía un bolígrafo. Dobló las páginas de un lado, para poder tomarlo con una mano y con la otra escribir.
"Creo que he empezado esto algo mal… bueno muy mal.
Hace unas semanas hubiera comenzado diciendo 'Hola soy Lowell O'Donnell y pienso que la vida vale excremento que sale del sistema digestivo o más educado, heces fecales' 'Que la vida no sirve de nada' y puras idioteces, pero con lo que me pasó hace unos días remarcó muy bien que aquello que hace que la vida sea una completa y despreciada mierda es uno mismo, si lo es. Tu debería de estarte preguntando '¿Pero qué tonterías estás diciendo? Si aquellos que te arruinan la vida son ellos que te hacen daño, que te molestan…' etcétera etcétera, Pero dime ¿Quién es el que está atento a aquello que dicen o hacen los demás?... ¿Sigues sin creerme? Bueno, deja darte el ejemplo que mejor me sé: Soy un niño de nueve años, que parece mayor, biológicamente soy huérfano y peor que vio como un tipo los mataba al dispararle dos veces a cada uno. Que no tengo ni la más mínima idea que le pasó a ese tal tío que me ayudo a salir. Desperté en un hospital y ése, se podría decir, que sería 'Los primeros recuerdos de mi vida'. Estuve por siete meses con una familia que no conocía de nada, la cual me llevó a un lugar que creo que aun odio, algo. En éste lugar fui golpeado, tachado como fenómeno, monstruo y demás. Un niño que no sabía nada de la vida y que tenía que hacer lo que le decían. Y bien, con lo que me ocurrió hace unos días aseguro firmemente que con todas esas cosas, que te he dicho anteriormente, en mi cabeza no lo hubiera logrado y yo, ¡Yo!, solo pude hacerlo con una cosa ¡Ignorando, ignorando mierda, ignorando! ¿Y quién lo hace? ¡Pues yo, uno mismo tiene que hacerlo! ¿Acaso con que el brabucón o aquel que te arruine tu vida ignoren tu pasado te irá mejor? ¡El o ellos ya lo hacen, ya lo hacen mierda! ¿Crees que piensan 'Ay este es un huérfano con mala vida y más encima deforme, dejémoslo tranquilo que le va a hacer mal'? ¡No! Ellos piensan 'Miren este que tiene una vida de mierda hay que hacerla más mierda, verán que es divertido', ellos no buscan a los fuerte, sino a los débiles, a los de mente vulnerable ¿O alguna vez has visto a un chico que se meta con alguien mayor o, incluso, más fuete que él y lo repita día tras día?… ¿Ves que tengo razón? ¿Aun no me crees? Bueno no sé qué tipo de mierda tienes en la cabeza pero me parece que no ha sido identificada por la ciencia, así que ve con tu profesor o si conoces un científico, para que te vaya a ver la NASA porque espero un gran argumento contra eso para creer que tu cabeza está completamente desinfectada.
Sí, creo que fui algo duro, pero realmente no tienes que ir a la NASA, porque ya ni existe, la armada de Corneria la tomo y ahora se llama Archer, que en español significa Arquero de lo cual lo identifica el Arco y separando ambas silabas Ar-Co, Armada Corneriana, no te interesa pero me gusta sentirme algo culto de vez en cuando.
Me parece que ya le estoy poniendo mucha mierda a estas hojas, no es como si alguien las fuera ha leer, pero siempre que escribo en esto se me alegra el alma, es extraño.
Por otro lado, diré algo de mi día.
Como dijo el general Pepper, tuve que cumplir mi 'castigo por desobediencia', así que estoy agotado de ello, ya que no fue poco.
Agregando algo más, es algo de lo he querido expresarme, pero no sé como. Es sobre Sarah Root Shield (Descubrí su segundo apellido al mirar en el libro de clases), noté que paré de escribir antes de conocerla, algo que está mal. Lo voy aceptar, la amo, ¿Para qué andar con rodeos? La encuentro muy bonita, inteligente, alegre, tienes unos ojos y mirada que me vuelven loco, algo típico para quien te enamora. Pero he pensado algo, lo que siento por ella es igual a lo que sentí al chocar miradas. Me explico; mi corazón se volvió loco, me sonrojé, cosa rara, y ni sabía su nombre o visto al rostro con anterioridad, he aquí mi duda.
¿Habré conocido a Sarah antes de perder la memoria?".
Con esa oración dio por teminada ésa entrada. Cerró el cuaderno y se sentó a la orilla de la cama, aunque le daba una flojera inmensa se levantó y elevó el colchón, para guardarlo, pero encontró otra cosa. Lanzó el cuaderno a los barrotes que sostenían por debajo el colchón y dejó el bolígrafo en el buró, para sacar lo que encontró, dos carpetas.
Cuando volvió a colocar el colchón en su lugar, se sentó de un salto en medio de la cama y colocó ambos objetos frente a él.
Estaba nervioso, no sabía cuál elegir primero. Miró ambas carpetas y soltó un pesado suspiro.
- Primero saber tu pasado o quién fue realmente tu padre... - Se dijo a sí mismo las dos únicas opciones que tenía, cerró los ojos para pensar un momento. Poco después los abrió, ya decidido - Sacia mejor tu primera duda...
Tomó ésa carpeta, dejando la otra apartada, se recortó en la cama y la abrió para comenzar a leer. Le entró gracia ver su foto tamaño carné, la cual estaba engancha en una esquina al lado del nombre con un clip, tenía una cara de amargado.
- Con que... - Decía al leer su nombre - ¿Mi segundo nombre es Kaiden? - Se mantuvo un tiempo en silencio a procesar todo junto- Lowell Kaiden O'Donnell Moon, no suena tan mal. –
Siguió leyendo, tenía su fecha de nacimiento bien, hasta el año. Altura, peso, padres o tutores, en eso último aparecían Vivian y Peppy Hare. Datos médicos; Alergias, ninguna, tipo de sangre, especial, ésto último llamó mucho la atención de Lowell, pero prefirió no tomarle mucha importancia.
La primera página mostraba los datos personales, la segunda sus calificaciones, las cuales digamos que no le apetecian ver por no muy buenas en algunos ramos, la siguiente era de comentarios de los profesores, esa sección la academia la hacia obligatoriamente cada mes, para ver las cualidades que tiene o podría tener cada niño, por el tipo de soldado al que se formaría. Con curiosidad, comenzó a leer parte de lo que decían los profesores, ya que eran muchas materias.
'Clark Wilson, Matemáticas.
Puede que aún no comprenda el por qué el joven O'Donnell me ignora en todas mis clases o lecciones, y a pesar de ello, me impresiona su alto conocimiento de la materia. Él no parece para nada un chico que se dedique mucho a estudiar la materia, o al menos que le interese, pero cada vez que le pregunto un ejercicio complicado al acercarme a su banco, o desde el pizarrón, sus respuestas son totalmente acertadas con su típico tono de desinterés y gran velocidad. De igual forma es en los exámenes, los entrega en menos de un cuarto del tiempo que se les da y tiene todo correcto.
Eso sí, estoy en fuera de conocimiento sí lo hará con otros profesores, pero siempre en la última página, después de todo los ejercicios, me dibuja de diferentes maneras y situaciones cómicas. No digo que sea malo para mí, me da mucha gracia cuando hacen ello conmigo, pero el caso es que otros profesores no lo tomarían muy bien, ya que es una falta de respeto hacer ello.
Al fin y al cabo, con el corto tiempo que este chico llega en la clase, en comparación al resto, es muy inteligente y habilidoso, lo que requiere esta materia'.
A Lowell se le formó una sonrisa de oreja a oreja, no creía que el profesor pensará ello de él, aunque fuese corto, le impresionó mucho.
'Marine Durán, Lengua.
Todos saben que comprender este materia es algo complicado, y más aún que los niños aprendan a aplicar, pero éste chico es una excepción.
Nunca he visto al joven Lowell ignoranme en alguna enseñanza o clase, según he escuchado que hace en otra meterias, sólo que en las actividades no las hace en nada, por suerte las mira. Se entretiene leyendo los fragmentos de historias de la actividad, pero nunca responde.
Al término de unas de mis clases le pedí que se quedará para hablar del tema, le pregunté que le ocurría para no hacer las actividades, y el me respondió 'No debería de desperdiciar tiempo haciendo algo fácil, mejor yo pienso en preguntas tan complicadas como serían las del examen, ya que en la guerra uno debería haber entrenado para situaciones difíciles. La guerra no es fácil, la práctica tampoco debería serlo'. Nunca había visto un niño que piense de tal manera, me dejó impresionada, igual con sus calificaciones.
Lowell es un chico muy llevado a su idea, aunque no está errado, pero no me temo que al volverse soldado, no le hará caso a su superior y hará lo que le parezca. Ésto no significan que no sea leal o algo por el estilo, pero por como es su personalidad, siempre hará lo que es correcto, y éso se nota en sus explicaciones en los exámenes'.
Lowell se rió a todo pulmón, recién había llegado de un castigo por eso mismo, no obedecer. Esta profesora conocía el futuro al parecer.
'Elliot Gómez, Mecánica.
Tengo entendido que no debemos forzar mucho a este chico por su problema de amnesia, pero sí por mi fuera, mejor que a todos le dieran, sabe tantas cosas sobre los circuitos, motores, maquinaria, etc. que me impresionaria sí no supiera algo. Su nivel es tan elevado que en vez de tratar de nivelarlo a la clase, la clase debería nivelarse a él.'
'Jessica Hills, Biología.
Con sinceridad, no puedo entender como hay colegas que lo crean un gran alumno a O'Donnell, pero en mi opinión es de los peores'
- "Awww, pues que pena que yo la quiera tanto". - Se burló silencioso, riendo con la voz en la garganta.
'Es totalmente irrespetuoso. Hace dibujos mío de muy mal gusto y se los pasa a algunos compañeros, desordenándome la clase.
Me saca de mis casillas y sé que lo hace a propósito, su sonrisa y mirada burlona me lo confirma.
Bueno, tengo que aceptar que a pesar de su mal comportamiento, no comprendo sus buenas notas, no son perfectas pero mejoran a muchos de sus compañeros'.
- "Sí igual sabe que la quiero" - Se volvió a reír, realmente era divertido cabrear a un profesor, en especial uno temperamental.
'Alexandro Salvatore, Astrofísica.
Encuentro irónico y extraño tener al joven O'Donnell como alumno, pero no por expectativas, sino por quién es él. Para mí sería muy espléndido que al menos mentalmente estuviera en una de mis clases, pero ni conscientemente está. Pero de igual forma tiene su promedio perfecto en mi asignatura.
Con total sinceridad, este chico sobrepasó mis expectativas he igual como las de otros colegas, me atrevo a decir'
'Camus Gold, Deportes y Pilotaje.'
A este punto se detuvo, se sentía extraño leyendo las letras de un muerto, pero ya qué, el se metió solito.
- ¡Ah, vaya! - Dijo de repente quitando su concentración de los papeles. - Me dio hambre. - Completo un segundo antes de que su estómago suene.
Cogió las carpetas y las colocó entre los libros del escritorio de estudio, en realidad sólo lo usaba cuando tenía tarea ya que siempre estudiaba en la cama... cuando fuera que estudiara.
Salió de su cuarto y se fue a las escaleras. Aunque había elevador, nadie lo usaba, porque te veías como un perezoso y porque simplemente le gustan las escaleras, pero sólo lo usaban para subir varias cosas con las cuales te caerías por las escaleras.
Justo hacia el último piso se encontró con un lobo de unos catorce años.
- ¡Hey! Lowell, ¿cierto? - Saludó dudoso con la mano en alto.
- Eh, tu eres el chico de la vez anterior. - Dijo sorprendido.
- Sí, por la conmoción no pudimos presentarnos. Mi nombre de Dankar Collins, tengo catorce y voy en sexto año - Dijo ofreciendo la mano.
- Yo Lowell O'Donnell, nueve de primer año - Dijo al tomar la mano.
- ¿Nueve, en serio? No sabía tu edad, yo te echaba al menos dos años más. - Comentó extrañado.
- Me lo dicen mucho. - Confesó. - Entonces, ¿Cómo sabías mi nombre? –
- A pues, este lugar es peor que las redes sociales, las cosas se saben sin necesidad de buscar. - Confesó rascándose la cabeza al reír bajo.
- ¿Y por qué hablan de mí? - Preguntó extrañado.
- No te hagas el tonto, de todos, tu periódico fue el más vendido en muchísimo tiempo - Dijo sorprendido.
- ¿Mi periodico? - Volvió a preguntar aún más extrañado.
- Del periódico estudiantil. - Respondió. Pasó un niño y se lo quitó de entre sus cosas y se la mostró. - Aparesiste en la portada por el suceso del otro día y un montón lo compró. - Con su brazo lo pescó del cuello y lo atrajo más a él. - Y a las niñas les encanta los niños así, en especial los que se pelean o son de algún club deportivo. Por ejemplo el mío salió el mes pasado del equipo de baloncesto, mis compañeras se volvieron locas. - Rió.
- ¿Había equipo de baloncesto? - Preguntó asombrado.
Dankar lo miró feo.
- Uno le habla de como atraer niñas y a él le importa el deporte... Bueh, es más pequeño. - Pensó mientras decía. - ¿Te gusta? ¿Sabes jugar? –
- Más o menos y creo. - Se dio unos golpecitos en la cabeza. - Hace casi un año me dio amnesia, pero es probable que sí. –
- ¿Qué tal sí el próximo año entramos los dos? - Propuso Dankar. - Este año sólo nos queda nuestro último partido de finales, y sin entrenador ya nos va a costar. Pero aún así no creo que ni puedas ir a las prácticas, los chicos de mi clases son estrictos, lo que más quieren ahora es ganar el campeonato. - Agregó rascándose la mejilla.
- No hay problema, el próximo año será. - Dijo para despreocuparlo muy sonriente.
- ¡Así se habla! Entonces el próximo año vas derechito a mi salón y le digo a los chicos. –
- Grandioso. –
Dankar lo soltó y fue a dejar el periódico en el basurero. Dudando de algo un momento.
- Oye, ¿No ibas a algo importante, o sí? - Preguntó al volver.
- Ahh, pues... - Lowell se rascó la mejilla al llevar la vista a la pared, realmente no recordaba a lo que bajó, así que negó. - No, nada ¿Por qué la pregunta? –
- Ehh, bueno. - Río nerviosamente, rascándose la nuca. - Quizás no te agrade la idea, pero ¿Podrías mostrarme algo de tus poderes? Bueno sí no te molesta y... –
- En lo absoluto. - Interrumpió el menor ya subiendo las escaleras.
- ¡Aaaahh! Amo desde que pusieron ese dispensador de latas en el último piso. - Exclamó Dankar después de tomar un sorbo de su bebida. - Estas cosas salen tan heladas que son perfectas para este sol infernal. –
- Me imagino. - Comentó Lowell desde el centro del suelo de la azotea.
- ¿Por qué estas así? - Preguntó el lobo de cabello negro antes de tomar otro sorbo.
- Para concentrarme. - Respondió sin abrir los ojos o moverse de esa posición.
- Vaya... - Susurró para no desconsentrarlo más.
Después de unos segundos, pudo ver bajo el chico que con unas pequeñas llamas que salían de él se formaba un círculo en el suelo, uno en blanco sin nada. Sacó su celular para grabar al tiempo que Lowell se ponía en pie sin moverse de su lugar. Sus ojos brillando se abrieron a la par cuando de sus brazos se desprendieron llamas en forma de cadena, al igual que de sus botas para crear esos garabatos en el círculo del suelo, pero los volvió a cerrar.
Sin hacer el más mínimo ruido, Collins se paró en frente de él grabando sus marcas, esas cadenas hechas de llamas, el círculo, todo. Creía que quizás Lowell no lo veía detalladamente ésto, y no se equivocaba, pero le extrañaba que estuviera ahí quieto como estatua, parecía que no sabía que él estaba ahí.
- Con que este es Tarohón... - Murmuró Lowell al abrir tranquilamente sus ojos. Pero cuando vio a al chico tan serca suyo, dio un exagerado salto hacia atras del susto, tanto fue que hasta las cadenas que tenía en las manos las soltó, cayendo al suelo y sonando extremádamente fuerte. - Gaahh... - Jadeó tapándose los oídos. - Eso sí que fue fuerte. –
- Te creo. - Agregó Dankar, quien también se había tapado por la caída. Destapandose se acercó a estas y se agachó frente suyo.
- ¡Oh.. oye espera, no lo toques! - Exclamó el menor. - Están hechas de fuego puro, te vas a quemar. -
Dankar lo ignoró un momento, ya que lo había pensado desde antes. Se agachó frente y trató de empujarlo con un costado de us bota, la cual por suerte era metálica, ya que no lo quemó en nada, sólo sintió un leve calorcito. Pero aún así, algo fue lo que notó, no corrió la cadena ni medio milímetro.
- ¿Cómo la levantas sí pesan tanto? - Preguntó parándose de nuevo, pero al pisar notó algo diferente y, con una mirada rápida, vio que parte su bota de había derretido, no mucho pero aún así fue algo.
- A mi no me pesan nada, ni tengo musculatura como para levantar algo muy pesado. - Comentó tímidamente rascándose la mejilla con la punta del dedo índice.
- Es la fuerza de Tarohón, no la tuya, tarado. - Salió de su boca con una grave voz, confundiendo por un momento al lobo mayor. - Tú eres más flacucho que un mondadientes. –
- Mmm... - Cerró los ojos apretando un poco las vejar mientras cruzaba sus piernas y colocaba sus manos en la nuca. - ¿Siempre vas a ser malo conmigo cuando estemos más calmados? –
- Algo así. - Respondió, pero esta vez dentro de la mente del chico.
Tras unos segundos de silencio, Lowell abrió un ojo, viendo que Dankar lo miraba extrañado. Soltó un suspiro.
- Tengo un alma dentro, su nombre es Gekko Kai y es irritante. - Dijo mordiéndose la lengua para no reír.
- ¡Eeehh! Como sí tú no lo fueras, Lowell. - Exclamó enojado.
- Puede que te parezca ridículo, pero aún así... - No alcanzó a terminar.
- Hay veces para explicar la misma lógica, está la explicación más ridícula. - Dijo acercándose al pequeño.
Lowell bajo la mirada pensando un poco lo que acababa de decir.
- ¿Me acaba de llamar ridiculez o qué? - Dijo el albino con una ceja arqueada.
No pudo aguantar que se le escapé una leve sonrisa al haber oído eso, pero al sentir una mano sobre se cabeza se sorprendió.
- Intentemos algo, ¿bien? - Propuso Dankar.
Levantó la vista con una sorpresa dibujada en su rostro, como sí hubiera visto un fantasma. Pero aún así, en vez de ver al lobo, vio a quien ya reconocía como su tío por su pertenezco con él y su mohawk. Tenía su ojo cerrado y le sonreía, aunque estaba agachado a su altura para revolverle el pelo.
- Intentémoslo de nuevo, algo diferente, ¿bien? - Dijo él.
- Bien. - Dijo Lowell, pero sólo Gekko y él lograron escuchar la mezcla de voces suya.
- De acuerdo. - Dijo antes de volver por su lata, no sí antes guardar su celular. - Toma de nuevo tus cadenas. - Se paró frente suyo cuando Lowell movía circularmente sus brazos, así enrollado las cadenas hasta en sus manos. - Trata de ser rápido y atrápala. - Dijo antes de lanzar la lata a su derecha, o sea a la derecha de Lowell.
Rápidamente, el joven lobo se volteo y estiró su su brazo derecho, lanzando con fuerza la cadena, pero sin soltarla, sólo dejando que se deslice ente sus dedos.
Dankar observó con atención como hábil y precisamente la cadena se enrollada en la lata. Lowell apretó la cadena, tiró de vuelta, enrollado su brazo mientras la llamas se recogían, y la tomó con la otra mano.
- No fue tan difícil. - Comentó, lanzándole la lata sin agresividad.
- ¿Seguro? - Arqueó una ceja al ver la lata, ciertamente no había abollado la lata, aunque la forma de la cadena quedaró marcada. Se giró al otro lado y preparó la mano como lanzador de baseball. - ¡Ahora con la izquierda! - Gritó antes de lanzarla en sentido contrario al de antes.
Relacionando a tiempo, lanzó la cadena de igual forma, pero a diferencia de antes, no la agarró sino que la golpeó fuertemente con la cadena. En un parpadeo la lata desapareció para ser acompañada por un fuerte quejido desde abajo, que sorprendente había llegado hasta sus oídos, contando a la altura que estaban.
- Te pasaste de la mano, Lowell. - Se burló.
- ¡Eso fue tu culpa! - Se excusó.
Dankar sólo rió, seguido después por el chico, sólo Gekko era el único que le importaba un rábano todo ésto.
- La última. - Informó el mayor antes de tomar la lata de Lowell, la cual aún se mantenía cerrada y bien fría. - Sólo que está vez usa ambas manos.
Él asintió, poniéndose en posición ya listo. A Dankar se le escapó una sonrisa traviesa de entre sus labios segundos antes de lanzar la lata al cielo. Lowell elevó la vista hacia el cielo, buscando la lata, pero fue entonces cuando entendió la sonrisa del otro. El sol se alzaba en la más alto del cielo, impidiendo la vista a cualquier costo. Pero aún así, el albino sonrió de la misma forma, esta vez no quería quedarse tan para sí hacernada, pero aunque trató de sentir su calor fue cuando notó que estaba fría, pero aún así no quitó su sonrisa.
Lowell soltó ambas cadenas al mismo tiempo, las cuales se enrrollaron en la lata con presición. Dankar sólo miraba esperando unos segundos aún con esa sonrisa. Cuando el lobato tiró de las cadenas la lata no volvió, sino que reventó de la presión. Un pequeño y corto arcoiris se hizo presente luego de reventar, el cual no duró más de lo que llegó.
- Wow - Susurró Lowell al ver el arcoiris, para luego le duelan los ojos por ver al Sol.
- Nada mal. –
- ¡Dank! - Llamó un chico a la escalera, ambos terminaron volteando. - ¡El director te quiere en su oficina! –
- ¡En seguida! - Respondió. - Debo ir, ya sabes como se pone ese mono. - Bromeó apuntando con el pulgar al edificio de las oficinas.
- No tienes que recordármelo. - Dijo al recordar cuando lo mando a Jacobs y a él a su castigo.
Acababa de salir de la ducha, se le había olvidado completamente después de su castigo. Se colocó, por primera vez en ese lugar una ropa ligera, ya que tuvo que botar nuevamente más ropas quemadas. Una playera bajo una camisa jeans y zapatillas por casi primera vez.
Salió del cuarto, justo encontrándose con el lobo castaño.
- ¡Hey! ¿Qué tal te fue? - Se arregló la camiseta.
- Nah, no era nada. - Se volteó disimulando muy bien mientras escondía más el papel doblado en su bolsillo.
Lowell se detuvo de golpe, con una mano en el estómago.
- Ya recordé para qué bajaba antes. - Dijo antes de que su estómago sonase.
Dankar rió mientras lo agarraba del brazo, llevándolo a las escaleras.
- Entonces bajemos. - Dijo casi botándolo.
Lowell no tuvo otra opción que seguirle su rápido paso. Al pasar la puerta hacia el primer piso, vió a no sólo chicos sino chicas también, en medio de una fiesta. Su estómago se enfocó en la comida y a la vez le obligaba a la vista quedarse mirándola fijamente, como sí lo tentara a la vez.
Un grupo se les acercó y exclamó.
- ¡Felicidades! –
Lowell, impresionado, miró de inmediato a Dankar, aún con los ojos bien abiertos.
- No sabía que estabas de cumpleaños. - Dijo sin saber realmente.
Se produjo un gran silencio entre ellos, que fue roto por el fuerte golpe que se dio el joven lobo en la frente.
- Te lo dijeron a ti, Lowell. - Explicó sin sacar la meno de au rostro. - Esto es por tu valentía al enfrentarte a ese robot hace unos días. –
- Aahh, eso significa que sí puedo comer. - Dijo alegre, pasándolos al acercase a la mesa. - ¡Gracias! Exclamó antes de comenzar a mandarse todo lo que podía a la boca.
- Pareces un pozo sin fondo. - Comentó Dankar igual comiendo algo, pero nada comparado con todo lo que comía el otro.
El mayor se volteó, apoyándose en la mesa mientras bebía una bebida en lata. Lowell se enderezó afirmandose el estómago y con una lata igual en la mano.
- ¿Mejor? –
Negó lentamente.
- A este paso me voy a enfermar con sólo ver la comida. - Dijo con algo de asco. Iba a abrir la lata cuando Dankar habló.
- Oye ¿que ella no es tu noviecita? - Dio otro trago.
- ¿Noviecita? - Preguntó con extrañeza. Volteó a ver dónde le señaló su acompañante y, esa hermosa y perfecta lata bien sellada, reventó en la mano del chico, provocando que el otro lobo salte del susto y por mojarse a la vez.
Vió la poco disimulada mirada de celos que emanaba con sólo mirar a Sarah abrazada a Jacobs con una gran sonrisa, al igual que el mismo.
- Rayos - Se quejó dejando la lata reventada a una lado, ae secaba y tomaba otra.
No notó que Dankar comenzó a alejarse lentamente, y menos sabes que lo hacía porque Sarah se acercaba.
- ¡Hola, Lowell! - Dijo ella, sorprendiéndolo con un abrazo que lo hizo atragantarse.
Comenzó toser hacia un lado, para no arruinarle la comida a los demás.
Cuando se tranquilizó, volteó a verla y, claro, los celos inmediatamente se le fueron con verla junto a él.
- Lamento eso. - Se disculpó ella.
- Nah, tranquila, no fue nada. - Se volteó y respondió al abrazo que rápidamente ella le dio. - ¿Cómo has estado? –
- Bien, ¿y tú? - Le tomó de la muñeca mientras caminaba.
- Bien, pero ¿a dónde me llevas? –
- A jugar, Jay dijo que eras bueno en los vídeojuegos - Explicó sin voltear por buscar una consola desocupada.
- ¿Quién es Jay? - Preguntó con extrañeza.
- Jacobs, es costumbre desde pequeña. - Respondió ya sentándose en un sofá desocupado.
- Así que se conocen desde antes. - Dijo con algo de enojó simulado, mientras también se sentaba
- Desde que tengo memoria. -Agregó. Volteó a verlo. - ¿Por qué estas tan rojo? –
Se sorprendió por el comentario e inmediatamente ladeó el rostro.
- Eehh, no, por nada - Se rascó la mejilla.
Sarah lo miró un momento, era realmente obvio que estaba celoso. Al notar eesto simplemente se rió y comenzó el juego.
- Sí sigues sin mirar a la pantalla te voy a ganar. - Avisó tranquilamente mientras comenzaba a atacarlo.
- ¡Gaaah, no se vale! - Exclamó tomando el mando.
Para acortarlo, las victorias de Lowell equivaldrían, matemáticamente, a un cuarto de las de Sarah, y para peor, algunos niños se habían quedado mirando como una niña le pateaba el trasero a un niño ¡Perfecto!
- ¿Otra más? –
- Ya llevamos veinticinco peleas y yo mo voy muy bien que digamos –
- Lo tomaré como un no. –
- ¿Qué tal sí jugamos un juego de carreras como Most Wanted o G-Zero?
- ¿Miedo?
- No es mi culpa querer ganarte dos veces seguidas por alguna vez en la vida. –
- Bien, pero G-Zero para que tú seas Capitán Falcon. –
- ¿Y por qué él? –
- Por cabeza de globo. –
Se calló un momento Lowell.
- Ten más respeto por él que dio lo último de su aliento para salvarte. - Bromeó colocando ya el juego.
- Eres malo. - Se quejó golpeando su brazo cuando volvió a sentarse. - ¿Dónde crees que esté ahora? –
- Me imagino que en la basura o por allí, agonizando aún para que lo encuentre. –
Se quedaron jugando mientras se le unieron Connor, Alice Jack y también Jacobs, el cual se presentó ante todos como amigo de Sarah y Lowell.
Por otro lado, el chico coyote, el cual se le estaban notando más detalles de zorro, se mantenía mirándolo fijamente mientras daba unos tragos a su lata.
- Ojalá que mi deseo de que te mueras de una vez sea pronto. - Comentó bajo antes de irse a su cuarto.
El general Pepper se mantenía esperando en su oficina su buen rato. Mientras ordenaba unas cosas la puerta soñó.
- Adelante. - Dijo dejando aún lado las cosas.
- Lamentó la demora. - Fue lo primero que se le ocurrió decir al doctor Bauer al estar frente a su suegro.
- Traté de sacar hasta el más actualizado dato posible. –
- Explícate. - Exigió apoyándose en el escritorio y poniendo las manos empuñadas una a la otra sobre la boca.
- Siendo más directo. - Dijo sacando un cubo pequeño de su bolsillo, lo colocó en el escritorio, mostrando un holograma con unas muestras de ADN. - Para el gen universal, Lowell O'Donnell y su madre Leah no existen, no deberían existir. - Se acercó y separó los ADN a cada lados. - Puede que las muestras de Leah sean pocas, comparadas con los sucesivos exámenes que el chico se ha hecho, pero al final da el mismo indicio: una hebra en su ADN tiene una antigüedad de mil año a más.
Pepper mantuvo silencio antes esto, según el gen universal, un ADN debe tener dos hebras para formar la vida, pero sí una está más que muerta por la antigüedad, ¿cómo una familia sanguínea puede tener una hebra así?
- El problema no es sólo ello, esas hebras tiene características para un lobo completamente albino y ojos rojos, ese gen de los cromosomas es el único que se manifiestan, los otros a diferencia, lo harán de vez en cuando. - Cambio las muestras a otras solamente de Lowell en una en una hembra se mostraba iluminado los genes que caracterizaban a Lowell y en la otra hélice sólo un gen, (el gen de los ojos, claro). En cambio, el otro ADN, la hélice donde tenía sólo un gen brillando, ahora toda la hélice brillaba. - Al parecer, de aqui viene todo lo que altera su cuerpo para crear flamas, su curación y demás. Pero al parecer es algo tan perfectamente elaborado, que colocarlo en otro ser en vez de crear un arma biológica o una cura, causaría la muerte propia. –
- ¿Cómo están tan seguros? - Preguntó mirando fijamente las muestras.
- En un principio intentamos fusionarse con ADN de plantas, terminaron quejándose en reacción automática, como auto destrucción, al igual que unas muestras de sangre y demás, no se autodestruian, sino que se quemaban las células muy lentamente. - Hizo una pequeña pausa, pasándose la mano por el cabello. - Se ha intentado de muchas formas diferentes juntar la hebra, pero pocos resultados fueron no destructivos, pero tampoco que sirvieran mucho. La meta es llegar a la autoregeneración o la creación y control de llamas.
- Bien, no se preocupen tanto en crear un arma o una cura, quizás con el tiempo el chico sea toda la ayuda que se necesita para tapar ambas partes. - Se levantó a servirse un café. - ¿Cómo va localizar su antiguo hogar? –
- Señor, no es por ofender, pero no encuentro el caso de buscar su antiguo hogar sí está donde debe. No tiene padres... –
-Pero ello le haría recuperar la memoria. - Dijo volteando serio. - Le debo la vida a tu padre, y ayudar a su hijo ayudaría a pagar esa deuda pendiente. No es para dejarlo en su viejo hogar, Fox dijo que al encontrarlo estaba encerrado a poco de quemarse vivo, sea quien sea que lo cuidaba, no lo hacía muy bien. –
Bauer lo miró unos momentos y luego suspiró.
- Según los informes que han dado sus profesores, es probable que haya vivido en la calle. No literalmente bajo un puente y cosas así, sino callejero en el sentido de los barrios bajos. No los de Corneria, Fortuna, Katina y Fichina, esos ya no son como antes para tener un estilo de juego "salvaje", Zonness, Papeton serían planetas de ese estilo y están más cerca de Venom. –
- ¿Estilo salvaje? - Preguntó extrañado.
- Estilo libre. - Se corrigió. - El niño juego Queratch con el cuerpo, eso no es normal. - Confesó riéndose. - Pero por como le va en algunas materias como matemáticas, biología, gastan en castellano es bueno, Papeton no tiene un nivel tan alto para que en el aprendan tanto de ello. –
- Lo dices tan así como sí la familia Reinard no viniera de allí. - Comentó burlesco.
- Sí vas a seguir así mejor ponte tú a investigar y yo me siento en tu cómodo sofá a mandar a la gente. - Se quejó volteándose para salir.
Pepper se sentó viendo ya la puerta cerrarse.
- Como si fuera tan fácil. – Bromeó
- ¡Estoy muerto! - Exclamó Connor, entrando a la habitación sin importarle lo estruendoso que sea o sí molestara a los de habitaciones vecinas, él estaba cansado y le daba igual todo.
- Y lo dice como sí no me hubieras obligado a mí en cargar a Jack. - Susurró Lowell con una vena de su sien latiendo, al igual que su ojo derecho.
Luego de casi dos horas que comenzó la fiesta ya se volvió más un caos hasta el punto de que ya algunos cayeron rendidos, por lo cual desafortunadamente terminaron con la cara toda rayada. En eso último incluía a nuestro amiguito felino Jack, el cual dormía más profundamente que el susodicho tronco del típico dicho. Y por ende, Lowell lo dejó dúlcemente al felino sobre su cama, y por dulce quiero decir que lo simplemente lo soltó al está a un lado de la cama, pues no iba a despertar con nada.
El joven lobo se dirigió a su propia cama, pero en medio del camino la luz se fue. Tropezando con todo el desastre que había en el suelo.
- ¡Eres un maldito, Connor! - Exclamó en algún lado del suelo.
- ¡Sólo cállate y duerme! - Exclamó con un tono tal cual como un adulto con resaca, sólo que está vez eran las una de la madrugada.
- ¡Como digas, abuelo Pepper! - Se burló buscando su cama con las manos, pues le extrañó no poder ver mucho en la oscuridad.
- ¡Jódete! - Grito antes de dormir.
Lowell negó con la cabeza mientras se reía, antes de lanzarse sobre su cama sin abrir, estirado como sí de una estrella se tratase. Traía hace tiempo una gran sonrisa en el rostro, como cuando te dan tu primer beso y no paras de sonreír.
Cerró lentamente los ojos, esperó un momento y por primera vez dudo en abrirlos o solamente dormir. Tras un silencio absoluto, abrió lentamente, encontrándose con el blanco techo de la mente del lobo albino. Se mantuvo así, recostado, mirando detalladamente el cielo, del cual no se veía nada más que un blanco sin fin.
De repente, comenzó a escuchar más unas respiración cerca suyo y, asustado, se sentó de golpe volteando a un lado, para simplemente ver a Gekko dormir. Rió al verlo en una posición tan incómoda que provocaba que se escuchara casi ronquidos. Lo comenzó a acomodar para que dejará de roncar y cuando ya lo dejo, él movió la mano como sí fuera un mosquito que lo molestara y después comenzó a rascarse suavemente un ojo
- Aawww, el gruñón tiene un lado tierno cuando duerme. - Se burló sin importarle que no lo escucharan.
Siempre que lo veía dormir tranquilo estaba sonriendo y siempre eso le causaba una curiosidad que tenía que saciar. Tocó donde debía estar su corazón sobre la ropa y al segundo latido el césped, los árboles y montañas comenzaron a crecer, el cielo comenzó a teñirse de un azul real, no era un cielo claro como era comúnmente. Le encantaba ese lugar, era como 'tu lugar feliz' por así decirlo.
La brisa sopló desde atrás suyo y sintió unos extraños olores. Rápidamente volteócon la guardia en alto, pero simplemente se encontró con tres personas sentadas frente a él, aunque no muy cerca.
- Que buena agilidad, setenta y dos. - Dijo el lobo blanco a la derecha. Lowell se sorprendió al reconocerlo. Aunque nunca lo había visto, la musculatura marcada, ropa ligera y cadenas en los brazos hasta rodear sus nudillos lo delataba.
- Tarohón... - Susurró asombrado y tranquilo.
- El mismo, chico. - Respondió sonriendo. Volteó a los de su lado, provocando que Lowell hiciera los mismo.
El de la izquierda era un joven con algo de musculatura, aunque igual con ropas ligeras y extrañamente pintadas, pero sí báculo con textura de tronco le dio una idea al chico.
- Mityo, me imagino. –
- Exactamente. - Respondió bajando la cabeza un poco, como reverencia.
Fue entonces cuando se fijó en el de al medio, por un momento un escalofrío recorrió por su espalda. Estaba casi completamente cubierto por una armadura, a excepción de su cola y orejas. Tenía ambas piernas flectadas, la izquierda abollado en el suelo, la otra estaba sobre su pie y reposaba su antebrazo, el otro se apoyaba a un lado, a medio metro de su granespada enterrada en el suelo. Aunque era posición relajada, ese casco de metal donde nisiquiera dejaba ver sus ojos daba la impresión que te matara con la mirada. En realidad te aterraba en no saber nada.
- Zarvan. - Dijo tan bajo por los nervios que pensó que nadie lo escucho, pero al verlo asentir casi da un salto del miedo. - ¿Cómo es que aparecieron justo aquí? - Preguntó mirando al fornido, el cual se veía más amigable que cualquiera.
- Las escencias también podemos tener conciencia en la mente de Gekko, era así, ¿verdad, Mityo? - Preguntó rascándose la cabeza.
- Ay. - Soltó suspirando mientras se rascaba el puente de la nariz. - Sí, sesenta y ocho. Es una diminuta conciencia que nos hace pasearnos entre el sueño de uno. Por así decirlo sólo vinimos por dudas de cada uno. –
- ¿Por qué hablan con números? - Pregunto nuevamente.
- A Mityo le gusta hablar con nuestro número de heraldo. -Dijo Tarohón. - Digamos que es el cerebrito. –
- Tú igual me nombraste así. –
- ... - Se calló un momento. - Eso es porque no sabía tu nombre. - Se rascó la cabeza sonriendo abiertamente. - Yo soy el número sesenta y ocho.
- Sesenta. - Dijo Mityo.
- ... - Zarvan no dijo nada, sólo con su mano derecha levantó el dedo índice y mayor, y con la otra muy cerca levantó sólo el índice.
- ¿Seis? –
- Es el sesenta y seis. - Ayudó el más delgado. - Zarvan nunca hablaba a esa edad, por eso ahora está tan callado. –
- Oh. - Dijo ópensando a la vez. - ¿Por qué están aqui?
- Yo porque quería saber quién era el que está comenzando a controlar las habilidades de cada heraldo. - Se apuntó a sí mismo Tarohón.
- Lowell O'Donnell, tú tataranieto. –
- Yo sólo quería saber tu nivel de inteligencia. - Repondió Mityo. - Pero con saber que piensas mucho más rápido que el cerebro de músculo, me conforma. –
Se rieron hasta con el 'cerebro de músculo' ya que él mismo aceptaba que no era un genio ni nada, pero tonto no era.
- ¿Y Zarvan? - Pregutó temeroso.
- ... - No dijo nada.
- Quién sabe. - Dijo Tarohón importándole un bledo. Se paró de su lugar y caminó un poco hacia los árboles. De un movimiento rápido, preparó su brazo, sin siquiera moviendo el resto de su cuerpo, y atrapó algo a lo lejos, lo trajo mostrando una manzana perfectamente roja. - ¿Gustas? - Preguntó ofreciéndola.
- No, gracias. - Negó extrañado, pues, aunque Gekko sí sabía como crear mundos mentales, hasta los detalles de todos, era vacía a veces las sensaciones de él, como el llenarse falsamente el estómago.
- Tú te lo pierdes. - Río dando un mordisco.
Inconscientemente comenzó a jugar con el césped, estaba de alguna forma feliz, cada vez todo esto lo ponía más feliz. Sus ancestros lo hacían sentirse acompañado, con una familia realmente.
La oreja izquierda le vibró y justo a tiempo logró retaccionar ante la espada de Zarvan que estaba frente suyo. No tuvo otra idea a la de agacharse y defenderse con sus antebrazos, pero agradeció que las llamas sí reaccionaron a su pedido, al crear la armadura de Zarvan en ellos. Volteó un segundo a Gekko, quien seguía durmiendo atras suyo. El lobo mayor comenzó a empujar con su espada, logrando quitarle el equilibrio totalmente a Lowell para caer por el cuerpo de Gekko. Este último, por reacción, creó un muro justo a su lado que dejó a Zarvan al otro lado.
- ¡¿Qué rayos le sucede?! - Exclamó Lowell con miedo en los ojos, recordaba muy bien cuando su abuelo le dijo que al no ser su mente, igual sentía el dolor, pero nada le negaba que algo le podía pasará a su verdadero cuerpo.
Elevó la vista hacia arriba y, por la luz, simplemente vio una sombra rápida que saltaba el muro y aterrizaba frente suyo.
- ¡Abuelo, ya basta! - Ordenó Tarohón, usando sus cadenas en cada muñeca del aludido.
Aunque la fuerza de Tarohón era realmente sorprendente, Zarvan no se quedaba atrás, así que cada vez lograba moverse más hasta que logró tomar ambas cadenasmás con sus dos manos y lanzar a su nieto contra el muro, pero dejando caer su espada en el proceso. Sin perder tiempo, Lowell invocó igualmente las cadenas de fuego, sólo para agarrar la espada y por 'la leyes e la física' lograr arrojar la espada lejos de su alcance.
Triste fue sus sorpresa al saber que no la necesitaría, pues como se tronaba los nudillos a través de los guantes de Zarvan, le decían que eso no era la único que sabía.
Vió como preparaba su puño para golpearlo. La mejor idea que logró llegar a su mente fue el de irse para atrás, pero casi es golpeado por no ser que perdió el equilibrio y cayó sentado. De inmediato cerró los ojos esperando salir de la mente de Gekko, defenderse con algo, ni el mismo sabía, sólo no quería salir lastimado.
Unos segundos después oyó un golpe metálico corto y seco. Abriendo los ojos al elevar la vista, la boca comenzó lentamente a caérsele al ver una estructura frente suyo, más grande que su propio tamaño. Se arrastró extrañado y, olvidando completamente en lo que sucedía hace unos segundos, colocó su mano en esa parte hundida de la lámina metálica. Estaba fría y dura, nada extraño para ser verdad. Poco a poco comenzó a salir llamas de sí, deshaciéndose como hoja caducas elevándose al cielo por la llegada del otoño.
Una pequeña presión se formó en su cuello, fría y punzante, no se asustó ni nada por el estilo. Aunque sentía un fuerte ardor en esa zona, no hizo ningún movimiento brusco, ni siquiera un leve espasmo, nada. Apenas movió la cabeza un par de centímetro para voltear, mirando por la rendija derecha. Tenía los ojos caídos y los párpados pesados, formando una cara de cansancio al momento.
Zarvan alejó su espada y la clavó a un lado, sosteniéndose de ella mientras se agachaba al frente suyo. Lo miró unos segundos antes de soltar un costo sonido que para Lowell fue apenas un leve 'Je'. Colocó su mano libre sobre su cabeza y lentamente comenzó a quitarse el casco, mostrando sus ojos rojos brillando, a diferencia de los demás qr nos le brillan, con una mirada tranquila y penetrante a la vez.
El chico trataba de mantener los ojos abierto, observando cada movimiento con sutileza, comenzó a irse su cuerpo hacia delante, cerrando sus ojos lentamente. Zarvan lo sostuvo por un costado con su brazo libre.
- Cuando quieras aprender algo nuevo, no dudes en volver. - Le susurró cerca del oído.
Su vista poco a poco comenzó a oscurecer hasta volverse completamente negro.
Un silencio pesado reinaba a pesar de lo leve que era el sonar sl motor encendido. El pequeño se mantenía hace un largo tiempo mirando las estrellas pasar a través de la escotilla. Sentía un leve peso en la cabeza desde que su tío dejó de acariciarlo cuando poco a poco se había quedado dormido.
Mirando a unos lados unos segundos, Lowell se levantó para quedar parado en las piernas de Wolf para ayudarse a asomarse por el vidrio, despertando levemente al joven lobo.
- ¿Que sucede, pequeño? - Dijo apenas abriendo su ojo.
El infante no dijo palabra alguna, simplemente frunció el ceño e infló las mejillas sin quitar la vista del la cápsula.
- Nadie nos sigue, Lowy. - Dijo tallándose un ojos antes de bostezar.
- ¿Ni mamá y papá? - Preguntó bajando un poco la mirada, pero sin dejar de ver las estrellas pasar.
Wolf miró hacia otro lado unos momentos y suspiró.
- ...Ni mamá y papá... - Dijo con pesadez.
Lowell se alejó de la ventana y se sentó en una de las rodillas del mayor, viendo el monitor. Había una luz roja pululando desde que subieron, le molestaba, así que apretó un botón a su lado para apagarla e irse a sentar más cerca de su tío, tapándose con una de su chaqueta abierta, acurrucarse con ganas de dormir.
Wolf se había mantenido mirando tanto las estrellas que apenas lo miro cuando se acurrucó como bolita en su pecho. Sin darse cuenta comenzó a acariciarle el pelo blanco como acostumbraba para tranquilizarlo, pero eso no estaba funcionando para él está vez.
Sin poder aguantar más, apretando la mandíbula con la otra mano se tapó los ojos.
Lowell sintió un pequeño espasmo que no era suyo. Abrió sus ojos al sentir la punta de su nariz mojarse, elevó la vista al ver las gotas caer delante.
Caían desde el fin de las mejillas de su tío. Sintiendo que ni debía decir nada, simplemente apretó su playera levemente, haciendo al mayor caer a piso firme con un leve espasmo. Wolf bajó la vista al pequeño pero rápidamente tuvo que levantarla hacia el frente al ver un asteroide apunto de chocarle. Sin siquiera alcanzar a tomarse un respiro siquiera, con un brazo cubrió al pequeño mientras que con el otro maniobraba para esquivar la gran roca apenas lo rozaba, pero al sacarlo de vista grande fue su sorpresa al ver un montón de asteroides más aunque lo consolaba el hecho de no todas eran tan grandes.
Lowell sentía todo el fuerte movimiento de la nave con susto, sumado del molesto sonido de alarma que nunca paraba de sonar. Sintió una fuerte sacudida que lo hizo apretar más su abrazo, pensó que se había pasado por el quejido que escuchó, pero se equivocaba realmente, no era de dolor, sino de irritación.
La alarma sonar, un rápido movimiento y una fuerte y larga sacudida sintió por último antes de perder el conocimiento.
Y pues, me disculpo de las faltas, es que realmente ando cansado para revisar. Y aprovecho que mi papa está de viaje para que no me regañe de la hora.
Canciones que no puse en sus capítulos debidos y no recuerdo todas las canciones.
Para el momento corto de locura de Gekko: Becoming Insane -Infected Mushroom.
Una canción que dictaba Lowell en español era: Harakiri - Serj Tankian
Como me imagino esto como una serie cuando escribo, escuchaba esta por este capitulo final: Ending 1 Full de Kuroko no Basket.
No se me ocurrió ninguno de opening por ahora
Pues, el siguiente capítulo de la otra temporada espero por mi santo juicio (estoy loco :v) terminarlo y subirlo mañana, esta medio bueno para el final x3
Bueno, después de dos años desde que este fic empezó, ahora termina. Agradezco a FireFox9765 y ViryVilla3 quienes duraron más, y no me avandonaron como otros y también a Kairi la hermana de Aerith, te digo de antemano, antebrazo y antecodo que me alegro tanto tu review (digo mi estomago casi explotando) que el bonus lo dedico especialmente por ti, linda, me subiste el animo para escribir cuando leí tu review. Mucha gracias.
Bonus por risa
En un cuarto oscuro pero sólo iluminado por una pequeña y baja luz de un pequeño aparato. Frente, una figura que apenas se lograba distinguir con la tenue luz. Un sujeto recargado en su gran y cómodo asiento viendo unas cosas en una 'lamina' de vidrio que tenía por un lado una pantalla en tercera dimensión algunas cosas y otras no, y del otro lo que era, vidrio.
"Profesor encubierto muere en la Academia Juvenil de Corneria" era el encabezado que volvió a leer después de terminar con todo.
- Y por estas estupideces se entiende el porqué se paga después de ver la cabeza. - Dijo fríamente.
A un costado suyo, una gran pantalla holográfica sobre su escritorio se encendió, iluminándolo más para dejar claro que se trataba de un canino con pelaje blanco, al menos en algunas partes visible, y el brillo apagado claro en sus ojos.
Una parte de la pantalla estaba de un color grisáceo mezclado con tonalidades claras y oscuras para no fatigar la vista. Se mostró una barra de carga y en un recuadro aparte la imagen de un científico algo nervioso, se acomodó los lentes y dijo:
- Ya terminamos la decodificación de los datos del droide C-03, señor. - Iba a continuar pero su jefe habló antes.
- Ya puedes retirarse. - Dijo indiferente y sin mirar ninguna vez siquiera, cambiando algo que estaba en su tabla.
- Sí, señor - Cortó la transmisión.
El pitillo de finalizado sonó y ni aún así se distraigo de lo que hacia, aunque no era muy importante a decir verdad.
Miró rápidamente de reojo, había un monton de archivos esparcidos por todos lados del monitor. Con su mano diestra tocó un archivo de la pantalla para reproducirlo. Era la grabación de todo el tiempo que estuvo activado, con un rápido movimiento lo acortó, lo reprodujo y dejó que siguiera.
Dejando reproduciendo el vídeo, está sólo comenzaba a separar parte y mostrar gráficas y cosas por el estilo, pero lo curioso es el hecho que en todo el vídeo estaba ese lobato gris con mechones blanco y mirada carmín.
Levantándose y apoyando cada mano en el escritorio, miraba rápidamente cada dato nuevo que aparecía, hasta que lo detuvo donde el androide cayó del edificio con una 'mocosa' según él y el niño se lanzaba, justo cuando él lo iba a destrozar.
Dio play al vídeo, viendo como la energía se acumulaba para soltarla, nunca apartó la mirada de esos ojos carmín. La tabla de cristal, la cual mantenía en su mano, comenzó a quebrantarse por la fuerza con la que apretaba, hasta que no aguantó más con terminar de destruirla lanzándola contra un muro, sin haber dejado de mirar el vídeo.
- O'Donnell... Risk... - Dijo una forma desgarradora mezclada con desprecio. Bajó la cabeza al escritorio, tomó un cuadro el cual por la poca luz apenas se veía una esquina donde estaba una niña gris claro sonriendo mientras abrazaba a alguien que no se veía realmente.
- Pronto estarás entre mis garras, hijo de Leah. -
