APRIETAEL ALMA

Por Mouri-san

CAPITULO VIII

"Ambivalencia"


Cuando dio luz a sus ojos, comprendió que había pasado la noche acostado en el piso, que su cuerpo se hallaba parte en el dormitorio y parte en el jardín de grava y que se sentía tan enfermo como si hubiera ingerido cantidades obscenas de licor.

Trató de enderezarse, apoyando los codos en la superficie que le sirvió de cama, sin dejar de experimentar ese hueco en el estómago y en la cabeza simultáneamente. Resopló al alcanzar una postura decente ... Volvió a resoplar cuando notó que se estaba mareando y que de a pocos la vista se le ennegrecía a modo de parchones.

Tanteó el borde de la cama. Se sentó en ella. Respiró hondamente ... y comenzó a sentir unas náuseas espantosas mezcladas con esa pesadez tan familiar que siempre se le presenta cuando, por descuido, ha incumplido con su estricto horario de comidas.

A medias pudo apretar su mandíbula con rabia, levantarse de sopetón y lanzarse sobre el armario; abrir las puertas bruscamente y revolver todo con el mismo ímpetu. Las manos comenzaron a temblarle; se estaba descomponiendo y los míseros caramelos no aparecían.

Empezó a arrojar lo que creía le estorbaba. Tiró unas cuantas cosas más sin importarle si eran frágiles o no, hasta que dio con la cajita que tanto buscaba.

Tal si estuviera alcanzando los límites más inaguantables de la histeria, empezó a masticar frenéticamente, no uno, sino cuatro dulces a la vez, tragándolos luego con brusquedad. Un par de golpes en el pecho lo liberaron de una posible asfixia.

Es entonces que Ranma no lo duda y empieza a reírse de sí mismo, al tiempo que se mete otro par de golosinas a la boca, ingeniándoselas para masticar y respirar a la vez, a un ritmo normal, si pudiera ser posible.

Aliviado nota que la cabeza ya no le da tantas vueltas y que las terribles arcadas van desapareciendo; sin embargo, aún no puede proclamarse victorioso, puesto que la pesadez en su cuerpo todavía no le había abandonado.

Hace lo posible para que las bocanadas de aire se tornen profundas y armoniosas, provocándole que pueda escuchar los retumbos de su corazón desde lo recóndito de sus tímpanos.

Más carcajadas se disipan a modo de alivio demencial para ser acompañadas por un "Grandísimo idiota" susurrado a desgana ... Y abre desmesuradamente los ojos, reflejando en ellos un enorme alivio, al menos, uno físico.

Años tenía de no vivir una experiencia como la pasada. No desde la adolescencia, que fue el tiempo justo en el que descubrió su mal, se podría decir, casi por accidente.

¿Cómo pudo ser tan descuidado? La idea era descansar por unos minutos sobre el piso, luego ir a prepararse algo de comer antes de dormir como la gente normal lo hace; pero lo que sucedió fue que se perdió entre sueños y pensamientos, teniéndola a ella presente en cada uno de ellos, y por cuestión de magia se le cerraron los párpados, para horas después ser abiertos bruscamente por un malestar que, con sinceridad, no se lo desea a nadie, ni siquiera al ser que más detesta en la faz de la Tierra.

Se restregó el rostro con la mano libre, manteniendo con la otra su precario equilibro cerca de una de las paredes. Seguía sintiéndose incapaz de aguantar su peso, pero haría el esfuerzo necesario por permanecer en pie.

Un ligero paso siguió a otro y cuando menos lo advirtió ya se hallaba frente al lavabo, con la cara y parte del cabello empapados.

No podía estar más desconectado de la realidad como para no percatarse del momento preciso en el que había abierto los grifos. Negó con un suave movimiento de cabeza, burlándose de sí mismo, pero le bastó mirarse al espejo para reaccionar, para comprender que su malestar no se debía únicamente a un desbalance de glucosa.

Contempló con amargura el efecto que la carga emocional le ha consagrado a sus facciones, ajándolas y marchitándolas dolorosamente. Aquel rostro indiferente y libre de presiones con el que se topaba cada mañana, por lo visto, ya no existía, no en este presente...

...Y ahora, ¿cómo diablos le va a hacer para fingir y expresar físicamente que todo sigue igual, cuando no es así?

¿Por qué tiene que verse tan triste? Y no es que hubiera perdido a alguien especial del todo, no, para nada; lo que veía reflejado era la consecuencia de lidiar con la realidad y de tener que aceptarla. Es ese reflejo el resultado de tener que afrontar la verdad a tal grado de concientizarse y entender que ese alguien nunca le pertenecerá.

Si Akane desde el sábado pasado dio por terminado el pacto, y decidió cortar del todo cualquier tipo de lazo, él nada objetaría, ni siquiera la convencería de que volvieran a intentarlo. En ese caso la dejaría ir, y bien que está seguro de ello, porque si ha llegado al punto de dañarla, es mejor que ella nunca más vuelva a estar a su lado.

Empapó su cara nuevamente.

En definitiva, que esta situación le está alterando más de lo que debería..., después de todo, él algún día tendría que romper con ella, ¡y que mejor oportunidad que aprovechar el altercado del sábado! Si Tendou quiere dar un punto final, él lo permitiría y marcharía sin problema; pero si la mujercita se obstina en continuar con las visitas, él se encargaría de irla alejando poco a poco, a tal grado de que –el día en el que todo acabe- ella no sufra un golpe directo.

Sí, eso haría, pensó Ranma, mientras que él y su reflejo se ponían de acuerdo con el plan. Sería directo y sincero a cada momento, a tal punto de dejarle claro que nunca le podrá pertenecer por entero y que él está comprometido desde hace mucho; que se casará, a lo mejor, antes del próximo invierno...

Apoyó las manos junto al lavabo y agachó la cabeza.

¡Que caradura! ¡Jamás le diría eso! No así, porque a pesar de todo, no puede más que adorarla.

¿Qué diantres iba a hacer? No permitiría que lo observaran tan desequilibrado.

Aún, a pesar de ello, una cosa es cierta..., y nuevamente se miró en el espejo : Si Akane desea dejarle, lo aceptaría; y si el cielo, el universo, Kami-sama o los tres juntos, le obsequiaran hoy una oportunidad para dejarle esto en claro, por su honor que la aprovecharía, por su honor que le sería totalmente honesto.


No tenía ni idea de dónde sacaba fuerzas para subir los escalones. Su conciencia permanecía anuente a todo, a cada movimiento, a cada situación vivida segundos atrás, y aún así experimentaba esa sensación de estar inmersa en un sueño, de caminar dormida sobre una realidad ajena, tan suave y etérea como la niebla.

También recordaba haber despedido a Ryoga no hace mucho, agradecerle con voz adormilada por la fiesta, por llevarla después a unlugar atestado de música ligera, por la comida a las tres treinta de la madrugada, por ser todo un caballero y ayudarla a cargar a Kasumi a la clínica; por escoltarla de vuelta a su casa y compartir el desayuno con ella... Agradecerle por una infinidad de atenciones que ahora mismo no se le venían a la cabeza, y por último, verle marchar con una expresión de satisfacción que hace bastante no le veía.

A todo esto, Akane supo, sin necesidad de darle muchas vueltas al asunto, que la velada se cobraba su precio en ese mismo instante.

Una mezcla de sentimientos le acompañaron mientras se desvestía en el amplio cuarto de baño del segundo piso. Iba masticando cada pensamiento lentamente, analizándolo, digiriéndolo con la misma emoción sufrida que tuvo cuando se enfrentó a los mismos por primera ocasión. Luchaba por contener la rabia, por no estallar ante la presencia de su padre, quien se mostrara esquivo precisamente por la culpabilidad que sentía; ¡y por supuesto que debía sentirse culpable! Darle vergüenza el mal que le causó a Kasumi.

¡Oh, cuanto desea decirle sus cuatro verdades! Enfrentarle como un igual, pero no puede más que atragantarse con su desazón y hacerse la desentendida. Es su padre, su adorado padre quien se perdió en alcohol obviamente por un mal que ella no entiende y que ignora. Sin embargo, aprovecharía esa vergüenza en él para que tuviera más consideración por Kasumi de ahora en adelante; a ella tampoco le ha tocado fácil y la verdad es ella quien tiene mayor derecho de embriagarse. No, a su hermana no le ha sido fácil combatir la depresión.

A nadie en la familia se le ha hecho sencillo verla hundirse. Todos han sufrido a su lado, pero otou-san a veces parece no querer ayudar y lo complica todo con exigencias que él mismo sabe no se pueden cumplir al pie de la letra.

Cuando Akane volvió en sí, se percató de que llevaba bastante restregándose la pierna. El enrojecimiento en la piel lo dejaba muy en claro.

Pasó la esponja por los brazos, para luego recorrerla por su cuello. ¡Que bien se sentía! El sutil masaje conferido de punta a punta le entregó una sensación de limpieza y regeneración como ninguna otra. Verdaderamente se sentía libre, como si se hubiera desprendido de una corteza pesadísima.

Sonrió en son de burla, en especial al pensar en todo el maquillaje que traía a rastras. Es probable que nunca más dejaría que le pusieran las manos encima ..., para maquillarla, por supuesto, ¡faltaba más!

Entre risas, cansancio y jabón, el agua helada escurrió una y otra vez, arrasando con la impureza, dejando su desnudez tan limpia, tan libre de inmundicia que creyó por un segundo experimentar vulnerabilidad. Notó entristecerse y sentir los muchos matices de su emotividad adherírsele a la piel, chuparle los poros y traerla de golpe al presente.

Casi desesperada se zambulló en la tina repleta de agua caliente, permaneciendo en el fondo por el tiempo que la falta de aire le ofreciera.

Empezaba a percibirse contrariada, dolida, vacilante.

Ya con la cabeza afuera y apoyada en uno de los extremos de la bañera, no pudo evitar pensar que la cita marchaba espectacularmente antes de que el sucio sujeto, compañero de Ranma, apareciera.

¡Maldita fuera su suerte! Estaba realmente disfrutando junto a Ryoga, como hacía tanto no lo gozaba. En ningún instante recurrió a las memorias que guardaba de Ranma, no tuvo necesidad de ello puesto que Ryoga era su centro aquella noche; únicamente existían ellos dos, con su euforia y éxtasis por el baile...

...Pero los mundos muy dentro suyo colisionaron cuando se lo encontró; sí, a ÉL, a Ranma, después de haber sido ultrajada cruelmente por Pantsuto.

Comprendió de súbito -cuando permaneció abrazada a Saotome- que su vida se dividía en dos partes; que esos mundos siempre existieron, pero que nunca habían dado señales de ser tan fehacientes como hasta aquel entonces. El primero, es el mundo del que ella proviene, el universo del que es parte, con su familia, con su profesión y sus amigos. El segundo se resume al Jueves y a una persona en particular : Saotome Ranma ... Y el bombazo llega cuando discierne que a él lo tenía expresamente apartado para ser una pieza de su mundo secreto y fantasioso, para representar al adorado príncipe por un día y NO para encontrárselo por ahí, NI para enterarse de que él también posee vida social.

Era demasiado. Demasiado abrumador para ella quien viene dándose cuenta de que sigue razonando como una adolescente. ¡Soberana estupidez la suya el creerlo inmaterial; creer que él no interactúa con lo que le rodea!

Ahora resulta que Ranma se apareció de improviso para representar otro gran papel : El ser parte de ella, de la forma más impensable y cotidiana posible.

A esto anterior, a manera de aguijón, se le suma la elegante insistencia de Ryoga por recuperarla. La caballerosidad y dulzura conjugándose para dejarle bien claro que él –si bien lo escogiera- le sería completamente suyo, que tan sólo bastaba que se lo permitiera. Y de nuevo las secuelas de la colisión con su amante no le dieron respiro, incomodándola por el resto de la noche, regalándole una desagradable molestia en las entrañas.

Por si no fuera suficiente, mientras compartía junto a Ryoga un par de copas en otro sitio mucho más tranquilo, las disparatadas ocurrencias de Nabiki cobraron vida, punzándole una y otra y otra vez. Entonces ahí se hallaba, al lado de un hombre delicioso –y ofrecido, para colmo de males-, y en lo único que podía pensar era en la desilusión sufrida cuando se enteró de que Ranma había asistido con Taro y con una tercera; de que a lo mejor ese par de neandertales estaban más que de acuerdo para humillarla. Y la duda se le implantó de lleno, porque entendió de que si eso sucedía era por una espeluznante razón, pero muy lógica después de todo: No sabe quién es Saotome Ranma.

¡Cielos! Bien que admite su locura e ilusión por él y de que, en algún modo, está profundamente enamorada, pero en primer lugar No es correspondida o al menos eso es obvio, y en segundo, con dolor acepta que sus sentimientos posiblemente son infundados por las visitas semanales y no porque verdaderamente lo conozca. No, no le conoce, así de simple. ¡Ni siquiera son amigos! Pues bien, siendo así, es fácil entender que lo que ama es quizás la parte que recibe de él cada Jueves... Fuera de ahí, desconoce todo lo demás.

Y después de divagar, descubre que le fascinaría saber cómo es él y sin embargo tiene claro que eso nunca sucederá porque el pacto, ante el resto de sus deseos, es el que tiene la palabra, y tampoco él ha mostrado mucho interés en tratarla más a fondo.

Recae entonces la opción más factible y estable, encabezada por Hibiki Ryoga. Una opción planteada por su hermana y que lo más seguro sería inequívoca... En resumen, reconoce que Ryoga es un hombre para toda la vida.

Sorprendentemente repasa en su cabeza algo, podría decirse, interesante; algo que ocurrió mientras se mortificaba dándole vueltas a su encuentro con Ranma : Sintió por un momento que la duda, experimentada junto al kempoísta de ojos perversos, era disipada de algún modo por Ryoga y su calidez para con ella. Un pensamiento peligroso, cabe decir.

Aún así, teniendo su amigo todos los puntos a favor, de buenas a primeras no lo aceptaría. ¿Cómo podría? Antes de eso debería estar completamente segura. De llevar una vida en común al lado de su fiel compañero, sólo sería en el caso de que firmemente deseara hacerlo, de otra forma la situación nunca se daría. Por otra parte, si bien terminara escogiendo a Ryoga sería simplemente por decisión propia y no porque su hermana o todos en la casa se lo echaran encima, como viene ocurriendo hasta el momento, y siendo objetiva, por ahora no se le antoja experimentar con él más allá de la simple amistad. No, ella no está lista para algo así.

¡Oh! En cambio, si tuviera la oportunidad de adentrarse en la vida de Saotome, sería una mujer muy muy feliz ... Claro, si tan sólo un milagro se lo concediera.

De repente, despertó sobresaltada porque estaba a punto de ahogarse, y mientras tosía, no pudo evitar volver a pensar en lo anterior: "Si tan sólo un milagro se lo concediera... si tan sólo..."


Mouri-notas: Gracias por esperar todos estos años. Nunca me olvidé de ustedes.