Este era mi segundo intento y luego de la primera experiencia, no estaba muy segura de querer volver a hacerlo, pero debía probar.
Se me había hecho tarde y no sabía si encontraría a mis "nuevos amigos" en el mismo lugar.
El sol otra vez estaba escondiéndose, un nuevo día llegaba a su fin y tan pronto la oscuridad me envolviera me convertiría en alguien más.
Me preguntaba si alguien reconocería que la motocicleta que estaba usando pertenecía a Haruka. Había mandado a pintarla de azul oscuro y negro porque me pareció más discreto que su rojo escarlata de antes.
Con el casco y el antifaz debajo, me sentí incomoda. Tenía la sensación de que obstaculizaban más mi visión, pero la última vez fue eso mismo lo que me salvó de lesiones más graves, además Haruka se enojaría mucho si supiera que subí a una moto sin casco.
Al llegar a uno de los suburbios más peligrosos y desolados de Shibuya logré dar con las personas que buscaba. Haruka me había hablado muy poco de este tipo de lugares, su comienzo como corredora había estado ligado a carreras ilegales donde era conocida como "Black Rider", pero ella soñaba con ser la mejor del mundo por lo que dejó todo esto para poder ser reconocida públicamente y no tener problemas.
Este no era un lugar para alguien como yo, esta ropa y esta motocicleta no me pertenecían, no estaba cómoda. El ambiente se sentía algo pesado y me daba la sensación de que todo al rededor estaba sucio.
Apagué el motor y bajé, me quité el casco y me puse la capucha del buzo azul oscuro que estaba usando. Me dirigí hacia un grupo de muchachos que contaban dinero porque supuse que allí se organizaban las apuestas.
Charlaban entretenidos; uno de ellos tenía un cigarro encendido en su mano y el que estaba a su lado contaba los billetes, había otros dos hombres con ellos que se pasaban una botella de cerveza y la bebían sin hacerse el menor problema.
Al pararme frente a ellos, me dirigieron la mirada dándome toda su atención y de pronto no supe que decirles, fue como si tuvieran un cartel invisible en sus rostros que decía "di algo y te arrancaré la cabeza".
—¡Hey! Eres tú otra vez— me reconoció el que contaba el dinero, con una sonrisa burlona. Yo no recordaba su rostro —. No creí que volverías por aquí después de la caída del otro día.
—Tienes agallas, niño— comentó otro pasándole la botella al de al lado —. No tienes nada que hacer aquí, solo corren los que saben.
No había planificado esto, pensé que podría inscribirme, dar mi parte del dinero e irme. Sus palabras, aunque insignificantes, habían encendido la mecha de la bomba que llevaba guardada en mi interior. Jamás fui una persona impulsiva, pero no estaba en mi mejor momento...
—No soy un niño... y apuesto a que puedo dejar en el fango a todos esos idiotas que corren para ti en mitad del tiempo calculado, imbécil— les gruñí, delatando mi género y sin contener mi enojo.
Ellos intercambiaron miradas y rieron al escucharme.
—Largo de aquí, mocosa. Ve a pintar tus uñas o arreglar tu cabello— sugirió el tipo que contaba el dinero —. Terminarás lastimada si no sabes lo que haces.
—Quizás es muy fea y por eso quiere jugar a ser corredor— supuso el hombre de la botella.
Jamás me habían hablado de esa forma. Mi corazón latía con fuerza, estaba consciente de que estaba metiéndome en problemas, pero no quería retroceder.
El hombre que tenía la botella de cerveza se la pasó al de al lado y se paró frente a mí de forma intimidante, yo hice lo mismo sabiendo que llevaba las de perder, pero poco importaba... lo más importante para mí era Haruka y ella ya no estaba aquí. El dolor desde su partida había ido mutando silenciosamente hasta convertirse en furia destructiva, realmente deseaba pelear con alguien.
—Tranquilos, tranquilos— intervino el hombre del cigarro, que había estado en silencio hasta ese momento. Su voz sonaba calmada y confiada, pero su mirada era penetrante y dominante, de las que imponen respeto sin hacer o decir algo. Nos separó con sus manos poniéndose entre medio de ambos —La chica quiere correr otra vez, déjala.
Los cuatro lo miramos sorprendidos.
—Pero, Yamato...— estaba quejándose quien contaba el dinero.
—Que la anotes, Yoichi— le levantó la voz el hombre del cigarro y el otro bajó su cabeza. Al parecer era él quien ordenaba allí.
—Ya no recuerdo cómo te anoté la otra vez, dime tu nombre— dijo algo molesto Yoichi, el tipo que había intentado enfrentarme, entonces sacó una hoja y una lapicera de su bolsillo.
—Soy Black Rider— respondí.
Mi corazón latía rápido y mis sentidos parecían haberse agudizado, supuse que se debía a la adrenalina.
Ya estaba cerca de la meta, faltaba poco así que seguí acelerando. Logré divisar que estaba cerca de una curva bastante marcada. Si perdía quizás no me dejarían volver a competir y jamás podría traer a Haruka de regreso a casa, debía arriesgarme.
Cerré mis ojos al doblar sin perder velocidad... ¡Lo logré! rocé el asfalto muy cerca pero no perdí estabilidad. Había prestado atención a todas las cosas que Haruka solía contarme sobre sus carreras, aunque el tema en si jamás me pareció interesante, me gustaba escucharla cuando se emocionaba hablando de algo que la apasionaba.
No sabía cómo definir la manera en la que me sentía, era como estar viva, creo que recién en ese momento pude entender las sensaciones que Haruka solía describirme. Por eso es que le gusta tanto la velocidad. Ella es el tipo de persona que necesita estar en movimiento y haciendo algo que la saque de lo habitual. Tal vez solo se aburrió de mí y la monotonía de nuestra vida compartida.
Yo tenía un objetivo claro y mi voluntad era lo suficientemente fuerte a pesar de la tristeza. Si llegaba a ser buena en esto y reconocida, quizás bastaría para llamar la atención de Haruka como corredora. Al escuchar sobre mi seudónimo, se molestaría porque era el que ella solía usar, por su ego, seguro que ella volvería y yo tendría una oportunidad para intentar arreglar las cosas.
Volví a acercarme al grupito de hombres de las apuestas, pero Yamato, el tipo del cigarro, ya no estaba
—El dinero y una disculpa— le espeté a Yoichi, tipo de las apuestas, y a sus dos acompañantes, mientras seguían bebiendo cerveza.
—¿Ah sí? ¿Quieres tu dinero?— me preguntó, metiendo su mano derecha debajo de su saco por el lado izquierdo —aquí tienes lo tuyo— dijo al mismo tiempo que sacó una pistola y la puso frente a mi cara. La observé rápidamente y el martillo no estaba montado, además tenía uno de los seguros puestos, así que... era un idiota de verdad o solamente quería asustarme. Ante la duda, le di un golpe en la mano con el casco y logré que tire el arma. Mi casco también cayó al suelo y aproveché los pocos segundos de su sorpresa para arrancar la motocicleta y darme a la fuga.
Apenas arranqué, los tres hombres corrieron a las suyas y comenzaron a seguirme.
"Esto no es lo mío... ¿Por qué me metí en esto? ¿Por qué?" me lamenté mientras intentaba evitar avenidas y lugares con cámaras de seguridad. Realmente desconocía estas calles y el escape se me dificultó. Veía cerca el cruce de las vías del tren, aquella zona era realmente despoblada y oscura, entonces un par de disparos me tomaron por sorpresa e impresionada por lo cerca que pasaron de mi cabeza, me desconcentré y perdí el equilibrio de la moto. Caí sobre algunas bolsas de basura que detuvieron bastante el golpe y, mi motocicleta que quedó a unos metros más adelante, impactó contra la pared del lado de atrás de un edificio.
Intenté ponerme de pie, pero mi cuerpo no respondía de la mejor manera. Aunque no sentía dolor, estaba algo mareada y no lograba coordinar mis movimientos. De todas formas, ya era tarde, los tres hombres estaban a escasos metros de mí y llevaban armas; dos tenían pistolas y uno una navaja. Apoyándome en la pared que estaba detrás de mí, logré ponerme de pie.
—¿Así que Black Rider? No debiste meterte en esto, mocosa ¿Acaso no sabías que ese nombre es una mala palabra? —me amenazó Yoichi, apuntándome y moviendo su pistola mientras hablaba.
—Además no puedes tomar así el nombre de alguien más. Ese maldito de Black Rider es casi una leyenda. Desde que se fue podemos manejar este negocio y dar ventaja a nuestros corredores —explicó el tipo de la navaja.
—Si, Jiro tiene razón. Así que si quieres vivir solo tienes una alternativa. Únete a nuestro equipo y arreglaremos para que ganes una carrera cada 3 meses. Te daré el 30% del total de las apuestas de ese día ¿Qué dices? No tienes muchas opciones —aclaró Yoichi, con una sonrisa burlona en los labios.
Con mucho cuidado fui sacando del bolsillo trasero de mi pantalón la pluma de transformación. Sabía que estaba prohibido utilizar mis poderes si no era contra amenazas exteriores que pusieran en riesgo el planeta, pero en este caso era mi vida lo que peligraba y no se me ocurría otra manera de solucionarlo.
—Una carrera cada 3 meses no me sirve. No me molesta el 30% del dinero, pero quiero la mejor corredora. Necesitaré una carrera por semana —pensé que quizás si les dejaba el dinero (cosa que a mí no me interesaba realmente), me dejarían seguir adelante con mi plan.
—¡Ya te dijo el jefe que una carrera cada tres meses! —gritó Jiro, agitando su navaja en el aire y haciéndome dudar sobre su estado de lucidez—. ¿Eres tan idiota como para decirnos qué hacer?
—Calma, aunque no haya nadie en esta zona, alguien podría vernos. Vamos a llevarla a otro lugar, Yoichi— sugirió el hombre calvo que portaba otra pistola, mientras intentaba evitar que Jiro se acerque a mí.
—Ok, atrápenla y que no grite. Kano —le habló al hombre calvo sin dejar a apuntarme con su pistola—, tú cárgala en tu moto.
Aún no tengo idea de cómo sucedió, pues todo fue rápido. Antes de que pudiera decir las palabras para transformarme, desde lo alto de uno de los edificios voló una especie de medialuna plateada (aparentemente hecha de algún metal potente) que iba unida a una larga cadena del mismo color. Ésta chocó contra el armade Yoichi, tirándola al suelo y, acto seguido, se enredó en el brazo de mi atacante inmovilizándolo. Todos miramos hacia arriba siguiendo el resplandor plateado que la luna marcaba sobre la cadena. Desde el otro extremo, alguien jaló fuerte y arrastró por el suelo al maleante que había atrapado. Una vez estuvo de cara en el asfalto, la cadena lo liberó y, como si tuviera vida propia, ascendió.
"¿Venus? ¿Eres tú?" me pregunté. Una silueta humana, aparentemente femenina y estilizada, cayó desde lo alto hasta quedar frente a nosotros. La poca luz hacía imposible identificarla, pero su traje negro dejaba en claro que no se trataba de Minako.
—Así que molestando a chicas inocentes... ¿Les parece divertido? —preguntó la recién llegada. Su postura hablaba de alguien con mucha seguridad, mientras que su voz sonaba retadora y atrayente.
—Asquerosa zorra —la maldijo Yoichi, mientras se levantaba del suelo.
Como conectados telepáticamente, los tres hombres se abalanzaron contra ella. Enseguida corrí en su ayuda. Me encargué de luchar contra Jiro, mientras ella lidiaba con los otros dos. No resultó como esperaba, pues logró darme un golpe bastante fuerte en el estómago luego de haberlo desarmado. A cambio, lo dejé inconsciente de un golpe en la cabeza.
Mi salvadora había terminado con sus dos oponentes antes que yo y la vi observarme con una leve sonrisa en sus finos labios maquillados de rojo borgoña.
Llevé instintivamente mis manos al estómago y tomé una bocanada de aire intentando recuperarme.
—¿Estás bien? —me preguntó al darse cuenta de que me dolía. Se acercó un poco más hacia mí, dejando que la escasa luz de la calle la iluminara mejor. Se trataba de una chica más alta que yo, debía medir cerca de 1,70. Su cabello negro, lacio y largo hasta la cintura me recordaba al de Sailor Mars, pero a través de su antifaz negro pude distinguir que sus ojos eran azules y cristalinos, su piel era la más pálida que haya visto alguna vez. Llevaba un traje marinero sin mangas, igual al que usamos las Sailors, pero en lugar de falda llevaba un pantalón ajustado y botas que llegaban hasta sus rodillas. Sus brazos estaban cubiertos por largos guantes que terminaban en sus codos. Toda su vestimenta era de color negro, excepto su moño, éste era de color azul oscuro como el mío, y en su centro tenía un broche con una media luna plateada.
Logré sentir su energía, esa persona poseía un aura poderosa, quizás tanto como la de Usagi, pero algo en sus ojos me decía que, a diferencia de mi princesa, guardaba oscuridad en su interior. Me puse en alerta, todo en su aspecto y en su actitud se traducía como "problemas y peligro".
—¿Quién eres? —le pregunté mientras volvía a sacar mi pluma de transformación, esta vez sin esconderla.
Al verla sonrió de lado, provocante.
—Cuando la luna llena muere y todo queda en completa oscuridad, renazco —comenzó a recitar con seguridad y calma—. Soy la sombra de la luna llena, la soberana del otro lado. Soy Moon Shadow —se presentó y se quedó inmóvil, como esperando alguna reacción de mi parte.
—¿Eh? —se me escapó bajito, pues miles de preguntas irrumpieron en mi mente: ¿El otro lado? ¿Era una Sailor? ¿Por qué llevaba el símbolo de nuestra princesa? ¿dijo sombra? ¿Viene de otro lado? ¿Es un enemigo exterior? Si peleo ahora ¿Cuál será el alcance y velocidad máxima de su cadena? ¿Era solo una cadena? no pude verla bien mientras luchaba ¿Qué es lo que quiere?
Mientras yo la observaba manteniendo nuestra distancia, ella también me miraba con atención.
Su postura relajada me dio a entender que no tenía intenciones de pelear conmigo, además me había salvado.
—Ten más cuidado la próxima vez, Sailor Neptune —se limitó a decir con bastante normalidad, sin agresión ni amenaza. Luego desapareció en la oscuridad de la noche.
