—Michiru —murmuró Haruka, acariciando mi cabello. Se veía tan linda al despertar... Su cabello rubio y algo revuelto brillaba con la luz del sol que se colaba a través de las cortinas de nuestra habitación.
La miré en silencio, solo la observaba como hipnotizada con su belleza.
—¿Qué te parece si luego de mi entrenamiento vamos a pasar la tarde en la playa?
—Claro, me encantaría —le respondí acariciando su rostro con mi mano. Ella la tomó y la besó, luego sonrió levente. Sus ojos azules grisáceos me resultaban magnéticos, no por su color, era ese "algo" particular que tenía en su mirada cuando sus ojos se encontraban con los míos.
Le regalé una sonrisa auténtica y la felicidad invadió mi alma por completo.
Sentí paz.
—¡Michiru! ¡Michiru! —escuché un lejano y molesto llamado. Abrí los ojos, aunque los sentí pesados. Mientras tanto, Setsuna corrió las cortinas de mi habitación, dejando entrar la luz del sol. Parecía molesta.
—¿Qué haces? —le pregunté cubriendo mi cara con las frazadas.
—¿Sabes qué hora es? —refunfuñó y no respondí—. Son casi las 12 del mediodía. Levántate que tenemos visita.
A juzgar por el tono de su voz, aunque no haya visto su expresión, sabía que estaba molesta de verdad. Eso hacía que me sintiera peor de lo que ya estaba... Sabía que me estaba hundiendo y convirtiéndome en un problema, pero no podía evitar sentirme de esta manera. Estaba siendo una carga para Setsuna, quien ya tenía sus propios problemas y últimamente parecía más una hermana mayor haciéndose cargo del desastre que yo era.
Ella salió de la habitación y cerró la puerta al irse.
Poco me importaba la hora, había abandonado todos mis proyectos y metas, no me importaba nada. Recordé el sueño; la sensación de la cercanía de Haruka y su mirada eran exactamente igual a como fue alguna vez en la realidad. La angustia al recordar que jamás volvería a verla y que ya no me ama, hizo resurgir en mí nuevamente el dolor y el vacío.
Sabía que no era correcto sufrir de esta forma, que debía olvidar y dejar ir, pero no podía... Haruka era la persona más importante en mi vida y sabía que nadie más podría entenderlo ¿Qué sentido tenía esforzarme por algo?
"Te extraño" dije en voz alta y lloré en silencio, abrazando mi propio cuerpo como queriendo contener y mantener unidas cada parte rota de mi alma.
—Buenos día Mi...chiru— saludó Minako y se interrumpió al ver mi rostro. Estaba esperándome junto a Setsuna, sentada a su lado, en el sillón púrpura del pequeño living.
Frente a ellas estaba la pequeña mesa ratona de madera de algarrobo, y sobre ella reposaban 3 humeantes tazas de té negro.
—Hola ¿cómo estás?— le pregunté con una sonrisa. En verdad me alegraba verla, y afortunadamente para mí, mi máscara era algo que se activaba de manera automática cuando debía socializar. Era incapaz de permitir que alguien más, a excepción de Setsuna, me viera hecha un desastre y pensaran que era débil.
—Bien ¿Tú cómo estás? Hace mucho que las demás chicas y yo no sabemos nada de ti, estamos un poco preocupadas— respondió Minako, dudando un poco al decir lo último.
—Estoy bien, diles que no se preocupen, por favor— dije pausadamente e intentando que cada palabra sonara convincente. Tomé mi taza de té y al hacerlo mi mano tembló, haciendo que un poco de su contenido chorreara por uno de los lados y cayera dentro del pequeño platito con detalles de pequeñas rosas rojas, que hacía juego con las tazas que, por cierto, compramos con Haruka en un viaje a España. Ella me ayudó a elegirlas, eso recordé y se me hizo un nudo en la garganta. Intenté disimular mi conmoción bebiendo un trago de té.
—Eso no es verdad— me contradijo Setsuna, se veía molesta —. Abandonó la Orquesta, rechazó todas las presentaciones como solista y renunció a sus clases de Arte. Dime si eso es estar bien— le contó a Minako.
La rubia me miró con algo de pena y mi humor volvió a cambiar, pero sólo bajé la mirada y traté de relajar un poco mi postura, esperando que me viera tranquila y bien.
—Sólo estoy tomando vacaciones, me hace bien tener tiempo a solas— expliqué.
—No estás bien para estar sola— comentó Setsuna —. Me ofrecieron participar en una nueva investigación, pero me queda lejos de aquí. Lo rechacé porque no puedo dejarte sola, así que no digas que eso es lo que necesitas.
—¿Qué? ¿Por qué?— pregunté con desesperación ¡había rechazado el trabajo por el cual había estado esperando, por mí? Las lágrimas que siempre estaban a punto de escaparse, finalmente no logré contener. Me levanté de golpe con la intención de volver a mi habitación y les di la espalda para que no me vieran —. Que no esté con mi mejor humor, no significa que esté mal. Regresaré al conservatorio si con eso te demuestro que estoy bien. Perdóname por haberte dado problemas, acepta ese trabajo— terminé de decir mientras intentaba controlar mi voz para que sonara normal, aunque ni siquiera pude verla a la cara para decirle aquello.
Minako se quedó muda, no sabía qué hacer. Setsuna se levantó enseguida y me abrazó por detrás.
—No tienes que disculparte, somos una familia. Sólo quiero que estés bien— me dijo y acaricié sus manos, limpiando mis lágrimas que habían caído justo allí.
—Michiru— me llamó Minako —, sé que pasar por una separación es difícil, pero no es el fin del mundo— comenzó a decir mientras se acercaba a nosotras. Setsuna me soltó y las tres nos sentamos en el sillón otra vez.
—También pasé por algo así una vez, fue doloroso, pero ambos teníamos nuestras vidas, nuestras obligaciones y sabíamos que debíamos continuar. La vida sigue, Michiru, con o sin Haruka debes seguir moviéndote. Está bien amar a alguien con todo tu corazón, aunque luego lo rompan, lo que no es correcto es convertir a otra persona en el sentido de tu vida. Una relación está formada por dos personas con distintos caminos que deciden transitarlos lado a lado, mírate... incluso con los ojos rojos y despeinada sigues siendo hermosa... ¡No más que yo, por supuesto!— se burló al final y me hizo reír un poco mientras limpiaba las lágrimas que me habían quedado en el rostro —. De verdad, no puedes quedarte así, hoy mismo regresas a tus actividades, señorita, o llamaré a las demás y vas a hacer que se preocupen también.
Me sentí acorralada, no quería molestar a nadie y tampoco tenía deseos de compartir mis sentimientos, pero también sabía que ella tenía razón. Tal vez lo que estaba mal en mí fue haber amado con mi esencia y con mi alma, haber amado con entrega total.
—Esta bien, más tarde hablaré con mi ex representante— respondí y traté de parecer segura. No quería que se preocuparan por mi culpa.
Para los demás era algo muy simple decir cosas como "no es el fin del mundo" o "no dejes que alguien sea el sentido de tu vida", pero hay muchas cosas que jamás podrán entender. No hay dos personas iguales, nadie puede sentir como yo siento y no hay nadie igual a Haruka.
Siempre estuve sola, no fui capaz de formar un vínculo real con otra persona en toda mi vida, ni siquiera con mis padres porque siempre estaban viajando y ocupados con sus trabajos. Tampoco es que me interesara hacerlo, pensé que estaba bien si sólo me concentraba en hacer cosas que me gustaran y perfeccionarme en eso ¿De qué sirve que mil personas te admiren, te digan que eres hermosa, inteligente, habilidosa para nadar o un prodigio de la música, si al final estas sola?... Fue cuando conocí a Haruka que, de cierta manera, salí de mi burbuja y mi vida cambió. Mi primer vinculo real fue con ella, luego con el resto de las sailor ¿pero quién podría entender esto? jamás lo diré en voz alta a alguien y afortunadamente, nadie sabe leer mentes.
Tal vez algo esté mal en mí realmente, no puedo evitar sentir en profundidad y nací con la incapacidad de poder expresarlo. Ojalá pudiera gritarlo, escribirlo, desgarrar mi cuerpo por completo para dejar escapar el dolor que siento por dentro…
—Miren! Es Kaioh Michiru, parece que regresó.
—¡Ay no! ¡Yo también quería adicionar para primer violín!
—No puede regresar, es injusto si se fue por cuenta propia.
—¿Otra vez ella? no la soporto, siempre tan engreída que no habla con nadie.
—Ni siquiera debe tener amigos, será la mejor, pero está sola.
Escuché el murmullo que se formó cuando entré en la sala del conservatorio cargando la funda de mi violín en la espalda. Hice lo que solía hacer cuando la gente ponía su atención en mí en lugar de verse a ellos mismos. Les sonreí y seguí caminando, entonces la gente se quedaba muda.
Había hablado con el director por teléfono y me había pedido que fuera esa misma tarde. No me explicó para qué, si me dejaría volver o si quería que diera clases a los más jóvenes, como me propuso una vez. De cualquier forma llevé mi violín por las dudas.
—Lo siento— se disculpó una chica a mi lado cuando al pasar me chocó, llevaba su violonchelo y se detuvo a mirarme un momento sin ninguna expresión en su rostro.
—¿Usagi?— le pregunté sorprendida.
Ella sonrió de lado.
—¿Quién es Usagi?— preguntó amablemente.
Se parecía tanto a ella. Excepto porque su cabello rubio llegaba hasta los hombros y tenía una pequeña pero notoria cicatriz cerca de su hombro izquierdo. Sus ojos eran azules y su nariz pequeña, aunque sus facciones sí parecían ligeramente más marcadas y fuertes que las de Usagi, dándole un aspecto más serio.
—Te confundí con alguien más, discúlpame— le dije algo apenada y di por terminada la conversación.
—¿También eres nueva? ¿Es tu primera vez?— me preguntó cuando estaba por darme la vuelta.
¿En serio lo estaba preguntando? En el ámbito de la música ¿Quién no me conocía? me sorprendió, pero no me molestó ¿Era alguien que podría tratarme como a una igual sin hacer suposiciones sin sentido? quizás.
—Soy Kaioh Michiru —le respondí y no tuvo ninguna reacción.
—Ah... que lindo nombre. Soy Fujino Misaka, mucho gusto, Kaioh —se presentó con total espontaneidad y simpatía.
"Quizás es la gemela perdida de Usagi al nacer" me inventé una historia en mi mente, era la única manera de darle una explicación lógica al increíble parecido que había entre ambas.
El director entró en la sala, todos fuimos a nuestros lugares en silencio.
—¡Bienvenidas! —nos saludó el director, entonces volteó hacia el resto de mis compañeros y nos presentó—. Me alegra darles la noticia de que a partir de hoy la señorita Fujino Misaka, una de las nuevas revelaciones de la música, ocupará el lugar de Primer Violonchelo ya que Hideki tomó licencia por maternidad— y el murmullo se encendió, al parecer a algunos no les había gustado que pusieran a alguien nuevo en ese lugar porque lo que se acostumbra a hacer es audicionar, dando prioridad a quienes tienen mayor antigüedad dentro de la orquesta—. Silencio. Y la señorita kaioh que está de regreso volverá a ocupar su lugar de primer violín— nuevamente el murmullo. No me miraban con cara de muchos amigos, pero me sentía en la obligación de recordarles porque me había ganado ese lugar, así que sabía que no podía fallar en mis interpretaciones.
—Comenzaremos con el Concerto in D major, Op 35 de Tchaikovsky —ordenó el director y todos nos acomodamos en nuestros lugares.
Mis manos temblaban y el miedo a fallar me estaba volviendo más insegura de lo habitual. La diferencia era que antes lo ocultaba y ahora se estaba exteriorizando sin que pudiera controlarlo, y los demás también podían notarlo.
Era extraño, pero aunque amaba la música no me sentía nada motivada, sino obligada.
De alguna manera logré concentrarme por completo en mi interpretación y al final solo me sentí peor. Sabía que estaba muy lejos de ser lo mejor que podía dar.
A pesar de mi malestar conmigo misma, algo había llamado mi atención antes de terminar de ejecutar la pieza final. Pude sentir una extraña energía que parecía fluir al ritmo de la música, era como si me envolviera. Alguien allí tenía una energía muy fuerte y extraña, o quizás era yo misma que al sentirme mal, percibía cualquier cosa.
Al terminar el primer ensayo, mientras limpiaba los restos de resina de mi violín y del arco, Misaka se acercó a mí.
—Parece que tampoco les alegró mucho tu llegada, Kaioh— comentó intentando darme charla.
Misaka llevaba con ella el estuche con su violoncello y sacó de su bolso negro, una bufanda tejida de lana, de color rojo escarlata, la cual resaltaba en su vestimenta, que prácticamente era acromática, con sus botas y pantalón negro ajustado, y su polera de color gris.
—Bueno, a veces si haces las cosas bien no ganas muchos amigos —respondí sin mirarla y esperando a que se fuera.
—Soy nueva en esta ciudad y mi novio va a demorar cerca de una hora y media en venir a buscarme ¿No quisieras tomar un café conmigo?.
Me invitó repentinamente ¿A qué venía tanta amabilidad? Sin embargo, no parecía fingida, tenía el mismo aire de espontaneidad que Usagi. Quería ir a casa, no hablar con una desconocida...
—Amm...de acuerdo— acepté enseguida porque pensé que si me lo estaba pidiendo a mí y era sociable, quizás era porque se sentía sola y no quería que se sienta aislada o rechazada por todos allí.
—¡Que frío hace! Seguro pronto llegarán las primeras nevadas —comentó Misaka luego de tomar el primer sorbo de café.
Yo envolví el mío entre mis manos, que continuaban heladas.
El ambiente en la cafetería era cálido y la decoración tenía un estilo que recordaba a los años '80. Casi todo allí combinaba colores cálidos, lo cual me exaltaba un poco, pero la música terminaba de crear una atmósfera alegre.
—Que bonito relicario, se ve muy vintage —comenté sobre la joya que colgaba de su cuello y caía sobre su pecho. Se trataba de un relicario de plata, redondo y con unos grabados muy lindos que representaban el sistema solar.
—Gracias, es tan especial como este instrumento para mí —dijo con una sonrisa, parecía estar a gusto.
—Eres muy buena con el cello ¿en dónde estudiaste? —pregunté mientras guardaba mi teléfono para asegurarme de que no era muy tarde para ir a una nueva carrera luego.
—Mi papá me enseñó, era profesor de música— sus ojos azules parecieron ponerse nostálgicos.
—Que suerte, debe ser lindo tener en tu familia alguien que comparta la misma pasión.
—Lo fue, aunque ya falleció— me aclaró y bebió otro sorbo de su café.
—Lo siento mucho...— no supe que decirle, me tomó por sorpresa.
—Esta bien, pasó hace 5 años y ya me parece casi como un mal sueño ¿Sabes? Siempre que toco lo hago pensando en él. Me gusta pensar que donde quiera que esté puede escucharme— una leve sonrisa curvó sus labios —. ¿Y tú para quien tocas?.
—¿Yo?— otra vez me tomó desprevenida, hablar con ella me estaba incomodando... ¿preguntas inesperadas y personales? quisiera ir a casa—. Para mí misma— respondí con seguridad, siempre había sido así.
—¿Para ti misma? Suena a que eres una de esas personas que viven muy dentro de si mismas, como una sirena sumergiéndose en el mar...— soltó una risita a continuación. Ya no podía ser casualidad lo que acababa de decir, aunque el color de su cabello no era negro, el azul de sus ojos, su aparición repentina y la energía que sentí mientras tocábamos...
—¿Moon Shadow?— me arriesgué a preguntar y quité las manos de mi café.
—Que directa— comentó, sonriendo mientras tomaba su teléfono —. Parece que tendremos que seguir nuestra charla otro día, mi novio se adelantó y ya está por aquí.
Se estaba levantando, pero tuve el impulso de tomar su mano y así lo hice.
—Espera ¿Quién eres?
—Estas apretándome un poco fuerte, kaioh— se quejó y sus ojos retadores se clavaron en los míos.
—Lo-lo siento— la solté ¿Qué estaba mal con esta persona? —. Necesito saber quién eres y de dónde vienes o de lo contrario...— le estaba diciendo cuando me interrumpió.
—¿De lo contrario qué?— se molestó y su postura cambió, en verdad se veía como una loca que te golpearía en la cara si dices algo incorrecto —. ¿Vendrán a atacarme? Aunque lo hicieran todas juntas no les quedaría más remedio que arrodillarse ante mí. Si Sailor Moon aún sigue con vida es porque así lo quise.
Me quedé perpleja y no supe qué decir.
—No busco problemas, no molesté a nadie y de igual forma no quiero que se metan en mi camino. Simplemente quería advertirte sobre las carreras, planeo terminar con esa mafia y si no quieres terminar como ellos va a ser mejor que te alejes. Por otro lado, no vas a decirle a nadie sobre mí porque tendrías que explicarles qué haces metida con esos tipos ¿me equivoco? ja, ja. Adiós, Neptune.
