Finalmente llegó el viernes, luego de una ocupada tarde ensayando con la orquesta, ya estaba en casa con las compras para el fin de semana. Me di un largo y relajante baño que mejoró bastante mi humor. Tenía planeado sentarme en el living a leer Crimen y Castigo, pues lo había leído de más joven y siempre me había quedado la sensación de que no supe apreciarlo lo suficiente. Sin embargo, me fue imposible concentrarme, no pude leer dos párrafos seguidos porque olvidaba lo que decía el anterior… Me sentí tan tonta.
El día anterior había participado en una carrera en otra zona de Shibuya. Competí contra el número 1 de allí y gané. Aquello fue beneficioso, ya que de a poco fui adquiriendo reconocimiento y el nombre de "Black Rider" volvía a escuchar en las calles. Mi plan para recuperar a Haruka iba muy bien.
Era una noche particularmente oscura y fría, la luna estaba menguando y casi no había estrellas en el cielo. Me pregunté, mientras las observaba, qué estaría haciendo Haruka en ese momento, si pensaría en mí, si me extrañaría cada vez que llega la noche, si también se muere de ganas de escribirme y se contiene, como yo lo hacía. Tantas preguntas sin respuesta y mi alma tan a la deriva.
Hacía mucho que no me tomaba un momento para ocuparme de mi misma. Noté que el cabello me había crecido al menos 4 centímetros desde la partida de Haruka y aquello me llevó a pensar que, aunque había intentado mantener todo tal cual era cuando ella estaba aquí, el paso del tiempo es inevitable.
Creo que nunca había considerado la posibilidad de que quisiera terminar conmigo, no había pensado que fuera posible que viviéramos separadas. Quería estar con ella, la extrañaba, la necesitaba.
Otra vez la opresión en mi pecho apareció y sentía que me quedaba sin fuerzas. Decidí que ya era suficiente y que no volvería a tomarme tiempo a solas para pensar hasta que Haruka regresara, así podía evitar deprimirme.
Ya no acostumbraba cenar. No me gustaba hacerlo sola y cocinar solo para mí me ponía mal.
Como todas las noches, encendí el televisor por si llegasen a pasar alguna noticia sobre Haruka y Moon Shadow.
Que deprimente pensar que era viernes... cuando Haruka estaba aquí solíamos salir a cenar, y en la época en que Hotaru estaba a nuestro cuidado salíamos las cuatro a comer y luego íbamos a algún centro de juegos para niños. Instintivamente miré el anillo en mi mano, "éramos una familia" pensé. Las tres con Haruka y Setsuna tenemos el mismo, lo llevamos para simbolizar nuestro compromiso en la crianza de Hotaru y porque éramos muy unidas, justamente... éramos una familia.
Realmente odiaba este presente, pero tenía que aferrarme a la creencia de que Haruka iba a regresar y todo volvería a ser como antes. Ella juró que siempre iba a quererme, no se olvidaría de mí tan fácilmente.
"...Tenoh Haruka en Londres..." fue lo que mis oídos captaron desde el televisor y salí de mi burbuja de pensamientos. Mi corazón se aceleró al verla en la pantalla sosteniendo un trofeo. Se la veía bastante delgada, pero feliz. Estaba algo bronceada.
Se me escapó una sonrisa y, sin embargo, sentía ganas de llorar. Era ella, mi Haruka en la televisión. Habíamos planeado por un largo tiempo irnos de vacaciones a Londres, solíamos hablar de las cosas que nos gustaría hacer allí y los lugares que no podíamos perdernos de visitar. Me hubiera gustado estar a su lado en ese momento.
"... luego de sus vacaciones en Manhattan, el famoso corredor arribó a Londres para participar de la Platinum Ligue y logró llevarse el primer lugar. Acompañado por su novia, el corredor afirma que..." el relator continuó hablando, pero sus palabras parecían volverse amorfas al ser procesadas por mi cabeza, como si el sentido de todo se desdibujara frente a mí. De repente no entendí nada, tuve la sensación de que estaba cayendo en medio de un vacío infinito y, como si electricidad saliera de mi pecho, comencé a sentir dolor, un ardor tan potente que sobrepasaba lo emocional y se volvía físico.
"Acompañado por su novia" resonaba en mi cabeza ¿Novia? Yo soy su novia... levanté la vista al televisor una vez más y continuaron repitiendo las mismas imágenes. Una mujer de baja estatura, cara angulosa, casi de la misma estatura que Haruka, la tomó del brazo y sonrió mirándola a los ojos. Su cabello era castaño y rizado como el mío, pero bastante más corto ya que el suyo llegaba hasta los hombros. Los rasgos de sus ojos y sus labios indicaban que era de procedencia asiática.
¿Era ella la chica del teléfono? ¿Todo este tiempo me estuvo en secreto con ella? Ahora tenía sentido su partida. Me estuvo engañando y por eso me dejó. Se había ido a vivir su vida con esa mujer y recorrían el mundo como alguna vez soñó con hacerlo conmigo.
—¿Por qué? —pregunté al aire en voz alta. Estaba mareada, creo que sin darme cuenta no había estado respirando. Esto no era posible ¿Por qué estaba pasando esto? Si ella me amaba ¿Por qué está con otra?
Un dolor punzante como un rayo de Jupiter, atravesó mi cabeza. Quise llorar, pero no pude, no salió ni una sola lágrima, sin embargo, el dolor de mi pecho siguió siendo intenso, tanto que creí que literalmente mi corazón iba a explotar.
Intenté ir a mi habitación, pero mis piernas no respondían, recién en ese momento me di cuenta de que todo mi cuerpo estaba temblando. Volví a dejarme caer sobre el sillón y me acurruqué allí. De pronto tenía demasiado frío y el sudor helado comenzó a cubrir mi cuerpo.
No tengo idea de cuánto tiempo pasó hasta que mi cuerpo recuperó su temperatura normal y mis músculos se relajaron. Creo que estuve dormida porque mi mente había estado en blanco, no recordaba que había pasado desde el momento de la noticia hasta ese momento. Tomé una ducha rápida, me vestí de Black Rider y sin saber adónde ir o qué hacer, arranqué la moto.
Por un momento me perdí en el vacío de mi mente, no escuchaba, no sentía, no era del todo consiente de que estaba sobre una moto pasando de los 150km/h.
El viento helado en la cara me fue despabilando y mis cabellos se agitaron en el aire como medusas en el fondo del mar, entonces me di cuenta, ni siquiera llevaba casco.
Eran casi las 3am y no había nadie en las calles. Pasaba por una avenida desierta y adelante se avecinaba una curva bastante marcada, sabía que por la velocidad a la que iba era imposible desacelerar para poder cruzarla. Si frenaba moría y si continuaba con la misma velocidad también.
"Te amo, Michiru" resonó su voz en mi cabeza.
—Te amo, Haruka —susurré al viento y cerré los ojos…
Sentí una fuerte opresión rodeando mi cintura y tuve la sensación de estar levitando. Un fuerte estruendo similar al sonido de una bomba, seguido por una ráfaga asfixiante, me alcanzó. Abrí los ojos y contemplé desde arriba, una bola de fuego frente a un local cuya entrada estaba destruida junto a restos de mi moto.
—Escapemos, rápido— dijo Moon Shadow quitando su cadena de mi cintura y dejándome caer de pie sobre la azotea del edificio frente a la explosión.
Ella corría y saltaba con gran agilidad sobre edificios y casas. No tenía idea de por qué me salvó, no sabía adónde estábamos yendo y no tenía el menor interés en saberlo. Quizás quería pelear contra mí en un lugar más privado, sinceramente no me importaba, iba a dejarla ganar. A lo lejos se escuchaba el sonido de la sirena de los bomberos y no sentí absolutamente nada.
Nos detuvimos en el patio trasero de una pequeña casa y se quitó los guantes. Un gato blanco con manchas negras saltó desde el único árbol que había allí y le maulló, enroscando su cola en el tobillo derecho de Moon Shadow. Yo me quedé parada allí, observándola.
—Entra —me ordenó luego de abrir la puerta —, rápido, alguien podría vernos —me apuró ante mi vacilación. Le hice caso y entré sin estar segura de lo que estaba haciendo.
Era una casa pequeña, pero muy bonita. Estaba decorada con un estilo vintage y romántico, era bastante colorida y cálida, me recordó a los cuentos infantiles sobre princesas viviendo en medio del bosque.
—Pasa y siéntate —me dijo, señalándome unos sillones en la pequeña sala, al mismo tiempo que se quitó la peluca negra y la dejó sobre una silla en la cocina; luego se dirigió a encender la chimenea artificial de la sala, la cual estaba junto a la cocina, dividida por un murete de color crema a media altura.
Las paredes de color celeste pastel, algo desgastadas, estaban adornadas con cuadros de estilo, mayormente, impresionista. Todos representaban elementos de la naturaleza: bosques, conejos, flores, la luna. La luz de la sala era de un tono anaranjado y tenue, que imitaba la luz de las velas. Los sillones marrones, aunque viejos, eran bastante mullidos y suaves, reconocía esa sensación, estaban tapizados con tejido de algodón y olían a lavanda.
Cuando ya no tuve nada más que observar y en lo cual centrar mi atención, me sentía incomoda ¿Qué estaba haciendo en su casa? ¿Qué intenté hacer con la moto? Varios pensamientos llegaron a mi mente, todos juntos como una tormenta. Entonces vinieron las ganas de llorar, aunque logré contenerme. No podía demostrar debilidad frente a alguien.
Moon Shadow salió de la pequeña cocina y trajo una bandeja con dos tazas de café calientes y galletas de chocolate. La dejó sobre la mesa y desapareció, atravesando una puerta de madera que se encontraba a la derecha de la sala.
Intenté calmarme, lo último que quería era hacer el ridículo frente a una desconocida. Me llevó solo un segundo decidir que quería irme, me disponía levantarme cuando algo cubrió mi espalda. Un par de brazos me rodearon por detrás, como si estuviera dándome un abrazo, yo no me moví. Puso una manta sobre mi espalda y cubrió mis hombros.
—Moon —murmuré más calmada. Me soltó y se sentó en el sillón individual, frente a mí.
—Dime Misaka o Misa. Sería raro si otra persona nos escucha. —Tomó su taza de café y se sentó con los pies sobre su sillón.
—Es que... —empecé a decirle, señalándole el antifaz en su cara. Me miró un momento, desconcertada, y luego rio. Dejó su taza en la fuente y se quitó el antifaz.
—Discúlpame, es que imaginé por un momento si así toman el té con tus amigas cuando se reúnen jaja —se sirvió una galleta y la mojó en su café antes de llevársela a la boca—. No me había dado cuenta de que lo traía puesto.
—Está bien. —Me limité a responder. Seguía sintiéndome incómoda.
—¿Qué intentabas hacer? —me preguntó directamente, y mi mente entró en crisis.
—No intentaba nada, solo estaba despejándome un poco —me excusé y bebí un sorbo de café caliente.
—Podrías haberte matado —me dijo seria—. Para ser alguien que aspira a convertirse en corredora de motos, deberías saber que no debes acelerar en una curva. Eso lo sabe cualquiera.
No le respondí y bebí otro sorbo de café. Estaba realmente fuerte y concentrarme en las sensaciones que estaba experimentando mi cuerpo, me ayudaron a calmarme y aclarar mi cabeza.
—Gracias por no hablarle de mí a nadie. Mis intenciones no son malas, Michiru —me aseguró, mientras tomaba otra galleta.
—De nada— le respondí. No sabía que decirle, ya no me importaban las carreras. Si Haruka estaba con otra, ya la había perdido y continuar con esto no tenía sentido.
—¿Lograste averiguar alguna cosa sobre Takahishi? —me preguntó un poco ansiosa y me miró a los ojos.
—Lo siento, nadie lo conoce, quizás ya esté muerto o no sea parte de esta organización ¿Tienes alguna fotografía o sabes de alguna característica que haga fácil reconocerlo? —le respondí, aunque no estuve segura de lo que dije. No había puesto mucho empeño en buscarlo, solo quería ganar tiempo para que no interfiriera en las carreras hasta que pudiera hacerme conocida.
—No, no tengo ninguna fotografía —respondió desanimada. Su mirada era como un mar profundo de nostalgia, cada vez que sus ojos azules se ponían así de turbados, sentía que me arrastraba en su tristeza. Quizás porque también yo me sentía así— Pero recuerdo su cara muy bien, jamás lo olvidaré.
—¿Por qué lo buscas? —sabía que estaba abusando de su hospitalidad y su confianza, pero preferí hacerle preguntas yo y no dejar que ella me las haga a mí, porque si seguía hablando del tema, quizás no contuviera mis lágrimas.
—Crecí en Osaka, viví allí mucho tiempo—comenzó a contarme —. Mi madre murió cuando yo tenía 7 años y ese había sido el momento más triste de toda mi vida. Mi papá y mis abuelos se encargaron de criarme, nunca me dejaron sola —sonrió con cierta tristeza y sus ojos se humedecieron—. Jamás me faltó algo, tenía muchos amigos allí —hizo una pausa, respiró profundamente y continuó—. Mi papá era profesor de música en una escuela secundaria, la misma a la que yo iba. Era muy querido por todos, siempre estaba alentando a sus alumnos para que mejoraran y sus compañeros de trabajo lo respetaban. Para todos era una persona muy correcta y de reputación intachable... sí, era muy bueno, y siempre me cuidó, pero como todas las personas, tenía sus defectos. En su caso, un vicio. Algunos fines de semana iba a carreras ilegales, le gustaban mucho y no podía evitar apostar. Al principio era ocasionalmente y para cuando me di cuenta, ya no estaba en casa algunas noches, casi nunca. Hace 5 años atrás, cuando estaba en mi último año de escuela, una noche entraron a casa hombres armados. Nos golpearon a los dos y amenazaron con matarme si él no les daba el dinero que les debía.
Ya imaginaba por donde iba esa historia y mi garganta se cerró al sentir el dolor en el tono de su voz.
—Él les suplicó que no me hicieran nada, que era su culpa. Les juró que les iba a pagar, pero a ellos no les importaba eso. Habían ido decididos a matarnos y uno de ellos intentó propasarse conmigo, dijeron que era una forma de cobrarse.
Mientras lo relataba, la mirada de Misaka estaba perdida y sus manos temblaban un poco, me daba la impresión de que estaba reviviendo lo ocurrido esa noche. Lagrimas cayeron sus ojos y también de los míos al darme cuenta del dolor que sentía, aunque para ser respetuosa, que lo entendiera no significaba que pudiera sentirlo de la manera en la que ella lo sentía. Realmente tenía una herida demasiado profunda en su interior.
—Él me protegió. Se soltó del hombre que lo estaba reteniendo y comenzó a golpear tan fuerte como pudo a quien quería dañarme. Todos se fueron sobre mi papá y el no dejó de gritar que corriera, que escapara... y yo lo hice. Escapé y lo dejé solo —terminó de contar y cubrió su rostro.
También limpié mis lágrimas. No sabía que decirle ¿había alguna cosa que la hiciera sentir mejor?
Quitó las manos de su rostro ruborizado, pero no me miró a los ojos.
—Todavía recuerdo el sonido del disparo en medio de la calle. Fue la noche más oscura que me tocó vivir. La luna estaba menguando y tenía mucho miedo. Luego de asesinarlo vinieron tras de mí. Allí escuché sus nombres, un tal Takahishi le ordenó a los demás que me atraparan. Él fue quien disparó y quien lideraba a los demás. Esa misma noche, cuando mis piernas no aguantaban más y ya no pude seguir corriendo, vi la muerte frente a mí y de pronto la luna me iluminó. Desperté.
—¿La luna? —pregunté sorprendida, aún no lograda descifrar quién era ella.
—Así es. Igual que todas ustedes, yo también renací en este mundo y estuve dormida mucho tiempo sin recordar mi vida pasada.
Yo continuaba sin entender. Debí hacer una expresión extraña porque al verme curvó un poco sus labios. Parecía dudar en contarme la verdad.
—En el Milenio de Plata mi madre fue Seleña, hermana de Serenity y soberana oficial al trono ¿Te sorprende?
—Es que... no lo recuerdo —le respondí intentando hurgar en mi mente.
—Fue en los comienzos del reinado. Antes de que todo fuera armonía. Seleña... bueno, se decía que ella era una tirana. Tampoco recuerdo si lo fue o que se supone que hizo de malo porque yo aún era tan pequeña como Serenity, mi prima. La reina Serenity no tuvo más opción que exiliarnos y escondernos en la oscuridad de la luna, en el lado no visible de ella. A pesar de las confrontaciones lograron hacer un trato, Serenity reinaría en la Luna llena y Seleña protegería el sistema solar cuando la luz no llegara a la Luna ¿Por qué crees que el escudo del Milenio de Plata es una medialuna y no una luna llena?
Yo continué sin saber qué decir, cada cosa que le escuchaba decir parecía acomodarse en mi línea de tiempo y cobraba sentido.
—Antes de que el Milenio de Plata fuera destruido, cuando Serenity usó el Cristal de Plata, Seleña utilizó el Cristal Sou, es un derivado del Cristal de Plata, mucho menos potente, pero lo usó para brindarles a ustedes, las guerreras exteriores, lo último que le quedaba de poder para que usaran los talismanes. No es casualidad que mi madre y yo viviéramos en soledad igual que ustedes, cada una en su planeta, aisladas en la oscuridad del espacio exterior... Las inner tienen mayor afinidad con Sailor Moon y es porque las atrae el Cristal de Plata. Las hace más poderosas, en cambio ustedes tienen talismanes propios.
—¿Eso significa que originalmente tú eras nuestra princesa? —pregunté con algo de miedo ¿Querría ella dañar a Usagi?
Rio bajito y esbozó una leve sonrisa cansada —sí, en otra vida. Aquí mismo solo soy una estudiante de paleontología que ama la música. Y no tengo interés en enfrentarme a ustedes o ser parte de su grupo. Solo soy Misaka, ni una sailor ni una princesa.
Lo último que dijo sonó muy honesto y yo quería creerle.
—¿Entonces haces todo esto porque buscas al asesino de tu padre? —le pregunté.
—No es solo por mi padre —comenzó a decir, llevando instintivamente una de sus manos al relicario que siempre colgaba de su cuello—, no quiero que esos bastardos sigan dañando a otras personas. Ustedes dicen que defienden el amor y la justicia ¿Cuál justicia? La ciudad esta podrida de maleantes, de criminales que asesinan a sangre fría sin importarles destruir familias. Alguien tiene que detenerlos y si a nadie le preocupa, entonces no me queda más remedio que hacerlo yo misma.
—¿Y según tú, quebrar criminales y matar asesinos es una forma de hacer justicia? —le pregunté reprobando su perspectiva.
—El método no importa. Lo único que importa es detenerlos y que no puedan volver a lastimar a nadie.
Permanecimos en silencio un rato, necesitaba asimilar todo lo que me había revelado. Debo admitir que saber que no pretendía dañar a nuestra princesa me había dado tranquilidad, y ahora entendía porque no la sentía como mi enemiga, porque tenía una extraña conexión con ella. Debió ser por el Cristal Sou.
—Cuéntame tu historia, Michiru ¿De dónde vienes? ¿Por qué participas en carreras ilegales? —me pidió un poco más animada. Y después de que decidiera abrirse así conmigo, me pareció que podía confiarle algunas cosas.
