Me pareció que una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo, porque de pronto estaba muy despierta y en estado de alerta. A mi lado, Misaka permaneció inmóvil, con la mirada fija en el último hombre que entró, el del parche. Nunca la había visto así, me daba la impresión de estar junto a una bestia salvaje lista para atacar a su presa, incluso cuando intente tomar su brazo me pareció que si lo hacía iba a herirme de alguna forma.

—Voy a transformarme, aprovecha ese momento para escapar —le susurré en el oído, después de todo, yo misma me había metido en este problema y me buscaban a mí por las carreras.

—¿Algún secreto que quieran compartir? —preguntó el hombre del parche.

Su voz era grave y algo áspera, supuse que se debía a que fumaba. Él parecía relajado y caminó hasta el sillón donde hacia un momento atrás, habíamos estado con Misaka. Se sentó, con el cigarro en la mano y nos miró. Yo no estaba segura de que pudiera apreciar nuestros rostros, ya que la luz se había cortado (sospeché que ellos tuvieron algo que ver con eso), solo la luz de la luna llena iluminaba nuestras espaldas dándonos mayor visibilidad a nosotras sobre los invasores que teníamos en frente.

El hombre del parche dio una pitada a su cigarro y dejó escapar el humo con cierta lentitud, el cual dibujó una tenue cortina serpenteante, impidiéndonos ver su cara.

—Michiru Kaioh —comenzó a decir aquel hombre.

Mi corazón latía tan fuerte que me daba la impresión que en medio del silencio de la noche todos en aquella habitación podían escucharlo.

—20 años, recibida con honores de la preparatoria Juuban, violinista exitosa, artista… ¡ah, así que pintas —continuó hablando.

Sentí que se me dificultaba respirar por los nervios de ese momento, pero era buena disimulando ese tipo de cosas.

—Muy bonita, por cierto. Dime, Michiru ¿Qué hace una niña tan linda en carreras de motos?

Yo no respondí, mis pensamientos se superponían a gran velocidad, intentando descifrar a aquel hombre, sus intereses, sus intenciones y, sobre todo, las posibilidades que Misaka y yo teníamos de salir ilesas.

—Eres tú ¿No? La del cabello ondulado —dijo mirándome primero a mí y luego a Misaka.

Cuando el humo de su cigarro se disipó, noté que Misaka intentó llevarse la mano a su pecho y ante el movimiento el resto de los hombres la apuntaron con sus armas.

Me adelanté adivinando que pretendía transformarse allí mismo y tomé su mano apretándola con fuerza.

—Son dos muñecas, Kasumi. Podríamos divertirnos un poco antes de matarlas —sugirió un tipo desagradable que nos apuntaba con lo que parecía ser una una pistola.

Sólo un movimiento de sus manos y quizás nos matarían antes de que logremos transformarnos, pero tampoco podíamos delatarnos así, perjudicaríamos al resto de las sailors. Pensé e intenté concentrarme.

—No, nada de diversión esta noche, muchachos ¿No ven que son dos señoritas? —dijo algo irónico el hombre del parche que respondía al nombre de Kasumi.

Sus ojos recorrieron mi cuerpo, desde mis zapatos hasta mi pecho, y allí se detuvieron.

—Además de viejo e idiota, también eres un cerdo —lo insultó Misaka, aparentando calma. Por el tono de su voz supe que definitivamente estábamos en un gran problema —la ropa que una mujer elije usar, no la convierte en una cosa u otra, son los tipos como tú que tienen la mente sucia, quienes piensan que un escote les da el permiso de hacer lo que quieran… Pero si no sabes como tratar a una mujer, yo puedo enseñarte —declaró Misaka.

Todos allí nos quedamos helados, excepto por Kasumi, porque él rio divertido con la propuesta.

—¿Por qué entras así a mi departamento? —le pregunté directamente, esperando que ignorara las palabras de Misaka, y también para ganar algo de tiempo.

—Eres un cerdo repulsivo y voy a matarte como a uno —continuó Misaka.

Yo la miré espantada ¿qué estaba haciendo?

—¿Ah sí? Quisiera saber cómo piensas hacer eso cuando de ti solo queden esparcidos pequeños pedazos de tu cuerpo en algún basural —se burló él—. Bien, muchachos, ya perdimos valioso tiempo. "Rápido y efectivo" así nos lo pidieron, así que disparen —ordenó Kasumi a sus hombres, al mismo tiempo que hizo un pequeño gesto con su mano hacia nosotras.

Todo pasó muy rápido.

Apenas vi el movimiento de su mano, arrastré a Misaka contra el ventanal y me quedé delante de ella. Los cristales se rompieron debido al impacto de los proyectiles y antes de que alguno nos alcanzara, nos empujé hacia el vacío.

Mientras caíamos, gritamos al unísono:

—Por el poder del planeta Neptuno ¡Transformación!

—Por el poder de la luna oscura ¡Transformación!

Misaka utilizó sus cadenas para sostenernos en el aire, al mismo tiempo que se ancló en un poste de luz en la calle y detuvo nuestra caída. Aterrizamos con vida sobre los restos de cristales rotos.

Moon Shadow se dispuso a lanzar su cadena hacia arriba, de vuelta a mi departamento, con la intención de regresar, pero un auto negro y viejo que se acercaba a toda velocidad se detuvo frente a nosotras.

—¡Suban rápido! —nos apuró Hiroki, y sacó la cabeza por la ventana.

Tuve que empujar a Moon Shadow para que entrara al auto, ella sabía tan bien como yo que no era conveniente hacer algo contra ellos en ese momento, de lo contrario hubiéramos revelado nuestras identidades secretas. Supe cuando la miré, que le costó obligarse a si misma a claudicar esa pelea.

Mientras nos alejábamos de allí, vi como mi departamento ardía en llamas y tuve sentimientos contradictorios y confusos. Por un lado, me dolió recordar todos los momentos que viví en aquel lugar, lo inmensamente feliz y triste que fui entre aquellas paredes, así como también, la sensación de continuar esperando a Haruka, a pesar de ser consciente de que ya no me amaba y no iba a regresar. Por otro lado, la única prueba que quedaba sobre todo lo vivido en ese espacio, quedaba por siempre solo en mi mente y estaba dispuesta a dejar todo eso atrás. Finalmente, tenía la oportunidad de ser libre de mi pasado.

—¿Quién eres? Te vi en las carreras— preguntó Misaka amenazante, al mismo tiempo que rodeo el cuello de Hiroki.

—¡Es mi amigo! Suéltalo, por favor, nos está ayudando— le pedí y puse mis manos sobre las suyas, aunque sabía que las cadenas solo le obedecían a ella.

Moon Shadow dudó un momento y luego lo liberó lentamente. La ira contenida, por lo ocurrido en mi departamento, se reflejaba en su rostro, así que para desquitarse, le dio una patada al asiento de adelante, donde él estaba sentado.

—¿Cómo sabes que podemos confiar en él? Trabaja para esa organización —me reprochó Moon Shadow.

No supe que responder, pero si había intentado advertirnos no podía ser malintencionado.

—Mi tío es el jefe...— confesó Hiroki.

—¿QUÉ?. —no pude contener la sorpresa.

—Larga historia...— dijo incomodo, y se llevó una mano a la cabeza, desordenando aún más el cabello prolijamente alborotado que lo caracterizaba— pero no estoy con ellos porque quiera. Me tienen de cierta forma bajo amenaza. Mi padre era el líder de la organización hace unos 8 años atrás y mi tío lo asesinó para ocupar su lugar.

—¿Entonces quieres recuperar el lugar de tu padre? —preguntó Moon Shadow, manteniendo su tono amenazante.

—Claro que no, ni siquiera me gustan las carreras. Solo quiero ser libre para hacer mi vida fuera de ese pozo donde me obligan a estar. Quiero tener mi propio taller mecánico y...— me miró un momento porque estaba sentada a su lado —...también quisiera tener una novia que ame las motocicletas tanto como yo —agregó entre tímido y descarado. Luego miró a través del espejo retrovisor a Moon Shadow— planeas acabar con la organización ¿no? Siempre atacas a miembros en distintos puntos de la ciudad, todos hablan de ti.

—Sí —respondió ella cortante.

—Déjame ayudarte, puedo darte toda la información que necesites y así también protegeremos a Black... a Michiru —se corrigió Hiroki.

—Voy a pensarlo— respondió ella refunfuñando y cruzada de brazos, con cara de pocos amigos—. Traiciónanos y haré que te tragues todas las balas del arma que tienes debajo de la campera, imbécil.

Hiroki le sonrió— Descuida, la traje por si nos perseguían de cerca.

Casi no había escuchado el resto de la discusión que estaban teniendo, estaba a punto de arruinar mi vida para siempre. Si hacían publica mi identidad como Black Rider, mi carrera como violinista estaba acabada y probablemente todos los mafiosos de alrededor me buscarían. Perdí mi departamento y no podía volver a aparecer en los sitios donde habitualmente iba. Si conocían mi nombre, probablemente sabían cuáles eran los lugares que frecuentaba.

¿Qué pensaría Haruka sobre esto si las noticias llegaban a la prensa? Si se enteraba sobre las carreras ilegales, seguramente iba a tener una muy mala impresión sobre mí... No podía caer más bajo, así que saqué el teléfono de mi bolsillo —¿Cuál es el número de tu tío? —le pedí a Hiro.

—¿Para qué lo quieres? —me preguntó con evidente preocupación.

—Sólo dámelo, por favor —los nervios comenzaban a afectar terriblemente mi humor. Misaka desde atrás hizo que sus cadenas se movieran cerca de la cabeza de Hiro, a modo de amenaza, por lo cual enseguida me dio lo que le estaba pidiendo y marqué el número tan rápido como mis dedos me lo permitieron.

—Soy Black Rider, dígale a las bestias que destruyeron mi departamento que dejen de molestarme. Volveré a las carreras la próxima semana con la condición de que mantengan oculta mi identidad, de lo contrario revelaré a las autoridades todo lo que sé sobre ustedes, ya que no tendré nada que perder —amenacé a la persona del otro lado del teléfono.

—No apareces aquí el próximo viernes y comenzaré a asesinar a todos tus seres queridos hasta encontrarte, incluso a los que se encuentran en el extranjero. Es su última oportunidad con nosotros, señorita Kaioh. Buenas noches —respondió el jefe del otro lado del teléfono con mucha pasividad y luego me cortó.

Si mencionó "el extranjero"... significaba que sabía sobre Haruka ¿o se refería a mis padres? de cualquier manera, todos estaban en riesgo por mi culpa. No podía permitir que alguien o algo lastimara a las personas que me importaban. Debía acabar con esta organización como sea, para proteger a mis amigas, a Haruka, para ayudar a Misa y a Hiro... y también para recuperar mi vida.

Hiroki detuvo el auto cuando pasábamos sobre un puente, ya que luego de contarles sobre la respuesta que obtuve, él me sugirió deshacerme del teléfono para evitar que pudieran rastrearlo, así que lo lancé por la ventanilla y cayó al agua.

—¿Adónde las llevo? —nos preguntó Hiroki.

Pensé en pedirle a Setsuna que me dejara quedarme con ella, aunque iba a tener que darle explicaciones al respecto y la verdad es que no quería involucrar al resto de mis amigos, ya las había puesto en peligro permitiendo que descubran mi identidad. Tanto Hiro como Misaka me ofrecieron quedarme en sus casas, pero sin duda con ella corría menos riesgo de que me encontraran. Además, las dos sabíamos cuidarnos muy bien.

Hiro nos dejó en casa de Misaka y se despidió rápidamente, se había puesto algo paranoico con la idea de que notaran que él nos había ayudado a escapar, aunque nos contó que Yoichi fue quien le advirtió sobre lo que estaba pasando y prometió cubrirlo para que no supieran que nos había ayudado.

Apenas cruzamos la puerta, Misaka tiró su peluca negra con furia en un rincón, se quitó el antifaz y se dejó caer en el sillón. Me acerqué lentamente a ella, sabía que no estaba bien, pero no me atrevía a decir algo. Entonces, noté un pequeño y delgado hilo de sangre que comenzó en sus labios y cayó hacia su mentón. La observé con atención y vi que estaba mordiendo sus propios labios con rabia, mientras que sus ojos estaban húmedos y brillosos, por las lágrimas que estaba intentando evitar que se escaparan.

—Misa. —me senté a su lado y puse una mano en su espalda, dudando un poco y despacio, pues no sabía cuánto iba a permitirme acercarme en un momento así, y como no me rechazó, la abracé. Ella apoyó su cabeza en mi pecho y la envolví entre mis brazos con más fuerza, entonces comenzó a llorar. Había tanto dolor en su llanto que también lo sentí en mi interior. Traté de respirar despacio y concentrarme en que no podía dejarme llevar por sentimientos que no eran míos. Acaricie su cabeza lentamente, hasta que su llanto comenzó a cesar. Aunque desconocía la razón de su dolor, sabía que su reacción frente a ese tal Kasumi no había sido normal.

—Era él —dijo Misaka calmándose, pero sin romper mi abrazo—. Ese hombre es el que busco, es Takaishi.

Nos quedamos en silencio un buen rato. Me preocupaba preguntarle qué pensaba hacer al respecto ahora que lo había visto, porque intuía que su respuesta no iba a gustarme y, sin embargo, no me sentía con derecho a juzgarla sobre algo tan personal.

Una semana había pasado desde el incidente en mi departamento. Misaka me invitó a quedarme en su casa y acepté, aunque con bastante vergüenza, no quería ser una molestia ni que me viera como a alguien débil que necesitaba de la ayuda de alguien más. Sin embargo, ella conocía mi secreto y no podía confiar en alguien más.

La noticia sobre lo ocurrido en mi departamento tomó gran repercusión y debido a mi fama como violinista, los medios de comunicación dejaron correr rumores de todo tipo, como que estaba de vacaciones fuera y una falla con algún electrodoméstico durante el apagón del edificio había hecho que este ardiera en llamas; otros hablaban de una deuda millonaria con algún grupo yakuza, pero sin duda el peor fue cuando dijeron que estaba deprimida por la ruptura con Haruka y me había intentado acabar con todo incendiando mi propio departamento. Todo aquello me había desesperado y quise llamar a Setsuna para decirle que estaba bien, pero Hiroki me aconsejó no hacerlo. Al parecer tenían a todos mis contactos vigilados en caso de que no volviera a las carreras como había prometido.

Pasaba la mayor parte del día haciendo las tareas hogareñas, pues Misaka ya casi no estaba en casa. A veces creo que ni siquiera dormía. Se había vuelto taciturna y distante conmigo, estaba en constante contacto con Hiroki, aunque cada vez que los oía interactuar, estaban discutiendo.

Estar ocupada y preocupada por Misaka me ayudaba a evadir mis propios problemas y tristezas, no me permitía pensar en Haruka y ya estaba muy dispuesta a dejarla atrás.

Lo que más deseaba era que todos estuvieran bien y poder recuperar mi vida. Ojalá todo fuera tan simple como decir "voy a olvidarla y a dejar de amarla" y, entonces mágicamente borrar su existencia de mi cabeza y mi corazón, pero no podía, no es así como funciona. Sin embargo, me había decepcionado mucho: primero me dejó sola sin darme explicaciones, luego mientras yo me desesperaba por hacerla regresar, ella estaba en la playa con otra; y cuando me metí en todo este problema de las carreras para recuperarla resulta que ella estaba paseando y compitiendo en Londres con su nueva novia. ¿Era justo? ¿Por qué tenía que seguir dándole mi tiempo y mis lagrimas mientras ella era feliz con alguien más? Seguramente ni siquiera me recordaba porque me había reemplazado por alguien que nunca iba a amarla ni la mitad de lo que yo la amé... ¿la amé? Ya lo pensaba en pasado y apenas lo estaba notando. Me sinceré conmigo misma: ¿la amo aún? Ya no pienso en volver con ella y creo que puedo respirar en su ausencia, una parte de mi la extraña, pero ya no siento amor en mi interior, sólo hay vacío... un vacío tan profundo como el mar. Si ya no la amo ¿por qué seguía doliéndome tanto?

Era viernes, o quizás sábado por la madrugada. No tenía el reloj a mano y desde que me acosté solo di vueltas en la cama. El ruido de la puerta de la casa abriéndose de un estrépito y el de varias cosas cayéndose al suelo, me hicieron levantarme de un salto. Me puse la bata y corrí a la cocina.

Moon Shadow estaba recostada sobre la mesa y había un rastro de salpicaduras de sangre que iniciaban en la puerta trasera de la casa y llegaba hasta ella.

—¡Misa! ¿qué pasó? ¿estas herida? —le pregunté pero no me respondió. La ayudé a sentarse en una silla y su gesto de dolor me dejó ver que era su propia sangre. Le quité la peluca y ella se sacó el antifaz, dejando al descubierto su rostro con un golpe muy marcado en la comisura de su labio roto, el cual comenzaba a hincharse. Llevó una de sus manos cerca de su costilla derecha y luego dejó escapar una queja de dolor.

—¿Cómo te lastimaron? Respóndeme. —Me desesperé. Si se trataba de algo grave no podría ayudarla.

—Fue un puñal —respondió con esfuerzo—. Ese idiota de Hiro no supo decirme exactamente cuántos hombres había dentro de esa casa de apuestas. Voy a golpearlo en la cara cuando lo vea.

Estaba realmente molesta, así que no le respondí y le quité las manos de la herida para poder inspeccionarla. Se trataba de un corte bastante grande que afortunadamente no era muy profundo.

—¡Tienes que parar con esto! ¿No ves que van a matarte? —me quejé indignada.

—¿Y que me recomiendas? ¿Vivir escondida, perder todo lo que tengo y dejar que alguien más decida por mí? Lo siento, pero yo no soy así. Yo lucho por la justicia y no voy a dejarlos ganar —respondió igual de molesta que yo.

Guardé silencio, aunque sus palabras me dolieron. Fui a buscar el pequeño botiquín que guardaba en su baño. Desinfecté la herida y la cubrí con una gasa ajustada.

—Ayúdame, se mi compañera —me pidió inesperadamente—. No puedo sola, mira como me hirieron. Contigo cubriendo mi espalda podremos eliminarlos y otra vez serás libre, ya no tendrás que soportar sus amenazas y las personas que te importan, estarán a salvo.

—Lo siento, sabes que soy una sailor senshi, no puedo hacer nada que vaya en contra de nuestras reglas. Mi única obligación es proteger este planeta de invasores exteriores y luchar para que el futuro Tokio de Cristal sea posible. No puedo usar mis poderes para mi propio beneficio... sería como traicionar al resto del grupo y darle la espalda a los ideales que defendemos —le expliqué. Era extraño, porque si bien sabía que mi decisión era correcta también sentía que no quería rechazarla ni dejarla sola frente al peligro. Quería protegerla y quizás eso tenía que ver con nuestra vida pasada durante el milenio de plata...

—No es un pedido que hago como la verdadera princesa de la luna a una sailor senshi —dijo para persuadirme—, es un pedido de una amiga, de Moon Shadow a Black Rider. No necesitas usar esos poderes, si bien tu planeta protector te los dio, fue mi cristal lo que incrementó tus habilidades antes de que el Milenio de Plata fuera destruido —me veía fijamente a los ojos y me decía todo esto con bastante esfuerzo, al parecer realmente le dolía la herida y se estaba aguantando— jamás nadie lo sabrá, serás libre de esas ratas y no volverán a dañar a nadie. Tampoco volveré a ser Moon Shadow, si me ayudas te prometo que no volveré a ponerme este traje nunca más luego de que tengan lo que se merecen.

Que usara sus poderes la ponía en riesgo no solo por los maleantes a los que se enfrentaba, si no también porque se exponía a que el resto de las sailors la descubrieran y no sabía cómo iban a reaccionar al conocerla.

—De acuerdo... pero nadie va a morir, solo los entregaremos a la policía ¿de acuerdo? —pregunté bajando la voz. No estaba realmente segura de porqué acepté esto, pero sentí que debía proteger a Misaka casi tanto como lo hice con Usagi.

Ella sonrió levemente— Dame tu pluma de transformación —me pidió y se la entregué.

—¿Qué vas a hacer? —pregunté, pero no me respondió.

Tomó mi pluma con ambas manos, cerró los ojos y el Cristal Sou que llevaba colgado de su cuello comenzó a brillar. Una medialuna plateada se marcó en su frente y un resplandor cegador envolvió mi pluma. Pequeñas chispas de luz, como estrellas fugaces se desprendían de mi pluma y cuando se apagó aquel brillo, pude ver que mi pluma de transformación había cambiado. El corazón rosa de mi pluma fue reemplazado por una medialuna plateada con inscripciones antiguas en ella, la luna verde con el anillo se volvió de color negro.

—Listo —me respondió, estaba agotada—. Comparto contigo el poder de mi cristal, serás mucho más poderosa ahora porque ya no eres una Sailor Senshi, ya no tienes que servirle a Serenity y yo no voy a darte órdenes. No tienes que servirle a nadie, te doy tu libertad para que puedas elegir por ti misma.

—¡¿Qué?! —se me escapó el grito— ¿Qué estás diciendo? ¿ya no podré ser una sailor? Arréglalo, por favor —le pedí, mientras inspeccionaba mi nueva pluma.

—Relájate, haces un drama por todo. Mi cristal no es tan poderoso como el de Serenity, así que solo podrás transformarte un par de veces, luego tu pluma volverá a la normalidad. No olvides que el mío es un derivado del Cristal de Plata, tiene las mismas cualidades que el de ella, sólo que no le pertenece el suyo y la duración es tiene un límite de tiempo.

—¿Estás segura de que luego volverá a ser como antes?

—Absolutamente— me aseguró con una sonrisa —, pero dime una cosa: ¿realmente quieres seguir siendo una sailor senshi? el mundo ya está a salvo y tienes tu propia vida. El futuro que te aguarda si eliges servirle a Serenity estará lleno de soledad para ti. Con mi cristal puedo absorber la energía de tu planeta protector y serías una humana normal para siempre. De hecho —sonrió, pero su expresión era de lamento —, debería hacer eso con Serenity y con todas las sailors.

—¿A qué te refieres? —quise saber, sabía que estaba hablando en serio.

—Desde que desperté como una sailor senshi, mi vida tiene los días contados. Para que el Cristal de Plata pudiera existir, fue necesario absorber la energía del Cristal Sou, y es por eso que mientras Sailor Moon se vuelve más fuerte, yo me debilito aún más. No creo que me quede mucho tiempo para hacer todo lo que quiero —terminó de decir con tanta calma que me sorprendió.

—Misa…

—Gracias por aceptar ayudarme —me interrumpió, sonriendo aún más, aunque parecía a punto de quedarse dormida sobre la mesa—. Si logramos vencer a esa gente, tendré paz y haber renacido en este planeta habrá valido la pena.

Finalmente se durmió y la cargué en mi espalda para llevarla hasta la cama y atender mejor su herida. Mi sorpresa fue grande cuando al descubrir su torso, la herida había sanado y solo quedaban rastros de sangre seca. Al parecer cuando absorbió la energía de mi planeta para que dejara de ser una sailor, pudo curarse a si misma.

Lo que Moon Shadow había olvidado mencionarme esa noche, era que también mi atuendo cambiaría. Ahora todo mi traje era de color negro, mi falda había cambiado por un pantalón ajustado, con botas de cuero, mis guantes oscuros eran más largos y llegaban hasta terminar mi antebrazo. Algo a lo que me costó acostumbrarme, era a la parte superior del traje. Se trataba de un top ajustado que llegaba hasta mi cintura y del cual se desprendían un par de finas cadenas de plata que caían desde el moño verde oscuro sobre mi pecho, hasta mi cadera, rodeando mi cintura, como adorno que, en realidad, era un arma. Decidí conservar el antifaz.

—Eclipse— pidió Moon Shadow mientras huíamos por la azotea de los edificios—espéranos del lado oeste.

"Eclipse" era el seudónimo que le dimos a Hiroki para cuidar también su identidad en caso de que el enemigo lograra tener acceso a nuestras comunicaciones. En una ocasión había luchado con nosotras usando su pistola, así que Misaka también le había brindado un poco de su poder, pero esto la debilitaba, por lo que habíamos decidido que mientras no fuera necesario, él se ocuparía solamente de arreglar nuestros escapes y darnos la información necesaria sobre la organización para poder hacer nuestras estrategias.

—Más vale que esta vez tengas todo listo —lo amenazó Misaka, recordando que hacía dos noches atrás había tardado unos segundos en recogernos y eso casi nos cuesta la vida en medio de una lluvia de disparos.

Las dos corríamos por la azotea de los edificios, escapábamos luego de irrumpir en pequeño club de apuestas ilegales. Hiroki debía recogernos en unos pocos segundos en el punto de encuentro pactado.

Nos detuvimos en seco cuando de la nada, una figura femenina estilizada y alta, apareció frente a nosotras. Su largo cabello oscuro se agitaba en el viento, su postura era amenazante. Las escasas nubes se disiparon y la luz de la luna iluminó la superficie del orbe granate en la punta de su báculo que llevaba en su mano derecha.

—Sailor Pluto —susurré con temor para mi misma, ella no podía escucharme.

—¿Quiénes son y qué pretenden? —preguntó con autoridad la guardiana del tiempo.

—Divertirnos un poco por la noche, lindura, y quizás hacer algunas travesuras —respondió Moon Shadow entre divertida y despreocupada.

¿No sabía quién era ella? Sólo un tonto le hablaría así Sailor Pluto.

—Cállate, solo dile que no volveremos —le murmuré a Misaka, tomándola del brazo y parándome un paso detrás de ella. Yo no podía contestarle o reconocería mi voz.

—Respondan con seriedad. Identifíquense —nos ordenó una vez más.

No sabía qué hacer, me daban ganas de quitarme la máscara y confesarle que era yo, quizás podría entenderlo, pero no quise correr ese riesgo…

—Quítate —dijo amenazante Moon Shadow y caminó hacia ella, esperando pasar hacia el otro lado.

El orbe granate comenzó a brillar con intensidad en medio de la oscuridad, pero antes de que Pluto pudiera usarlo, las cadenas de Moon Shadow la embistieron con tal potencia que su cuerpo chocó contra el edificio vecino y cayó al vacío.

—¡Pluto! —grité con desesperación y me lancé detrás de ella. Logré sostenerla en el aire usando mis cadenas, aunque al no ser fuertes y anchas como las de Moon Shadow, temí que se rompieran. Aterrizamos en la vereda. Ella estaba inconsciente, su tiara brilló y desapareció, mientras que su uniforme de Sailor fue reemplazado por un hermoso traje bordó, su favorito.

—¿Qué esperas? Tenemos que irnos —me apuró Moon Shadow.

—¿Qué estás diciendo? ¡Tú le hiciste esto a Setsuna! —le reclamé con verdadero enojo y conteniendo las lágrimas. El impacto contra aquel edificio la había hecho perder la conciencia y aunque respiraba, no reaccionaba.

—Se lo hizo sola. Eligió interponerse en lugar de rendirse, fue SU decisión y las consecuencias son su responsabilidad. Además, era ella o nosotras, iba a usar sus poderes nuestra contra —dijo mientras se preparaba para darme la espalda y volver a subir al edificio para continuar el camino—. Supongo que sabes mejor que yo que podría habernos derribado de un solo golpe si lograba usar su orbe.

—Eclipse, llama una ambulancia ya mismo, que vengan —le pedí entre lágrimas que no pude contener, a través del comunicador.

Me quedé a su lado hasta que la ayuda llegó, y entonces me di a la fuga detrás de Moon Shadow.

〜 〜

Llevaba apenas dos horas en Japón desde su aterrizaje. Una mala noticia la trajo de regreso a su tierra natal y con otra mala noticia era recibida Haruka Tenoh.

Lo primero que hizo fue tomar un taxi hasta el hospital donde Minako Aino le había dicho que Setsuna estaba siendo atendida. Al llegar al lugar, la primera en acercarse fue Usagi, quien con lágrimas en los ojos corrió a abrazarla. El resto de las chicas también la saludaron con cariño, pero los ánimos no estaban para alegrarse por su llegada.

—¿Tienen alguna información? ¿Qué es lo que hacía allí? —preguntó Haruka, sentada en el pasillo junto a sus maletas.

—Investigaba la desaparición de Michiru, la estaba buscando —respondió Minako, dudando un poco en nombrarla.

—¿Tampoco saben nada sobre lo que pasó en el departamento?

—Nada. Michiru se volvió un poco distante desde que te fuiste, casi no respondía nuestros mensajes —comentó Makoto, quien estaba de brazos cruzados y apoyada en la pared.

El semblante de Haruka dejaba visible su preocupación.

—Michiru tenía una amiga algo extraña —comentó Rei y todas la miraron—. Una vez nos cruzamos en la calle con Mina y percibí una energía poderosa de parte de la chica con la que estaba. Incluso me pareció rara la forma en que Michiru buscó terminar la conversación.

—¿Te dijo el nombre de esa amiga? —quiso saber Haruka.

—Era Fujino Misaka.