Misaka y yo estábamos sentadas en el pequeño sofá de su living. Llevábamos casi 3 días sin hablar, toda nuestra charla consistía en preguntas necesarias y en respuestas con monosílabos. Estaba realmente molesta y afligida por lo sucedido con Setsuna. Aunque Misaka fuera quien le dió el golpe, fue mi culpa que ella saliera lastimada, no hice nada por evitarlo, ni siquiera le confesé la verdad desde el principio, quizás esto nunca hubiera pasado...

Con mi nueva compañera fingíamos mirar la telenovela que estaba después del mediodía para no interactuar. Ya habíamos terminado de limpiar y ella estaba lista para ir al ensayo de la orquesta en cuanto terminara el capítulo. Por mi parte, estaba muy metida en mis pensamientos y no estaba prestando atención a la televisión, en mi cabeza daban vueltas miles de situaciones, entre no tener una casa propia, Setsuna y el problema con la mafia de las carreras ilegales, sentía que me estaba hundiendo.

—Lo siento —dijo Misaka de pronto y sin mirarme.

—¿Por qué?

—Por lo de Pluto —respondió y esta vez sí me miró. Se veía preocupada y entristecida, creí que la razón de su silencio era su enojo porque al momento de huir con ella preferí encargarme de que Setsuna llegara al hospital—. Fui impulsiva ¿Pero que más podía hacer? Nos iba a atacar, no era mi intención herirla. —Y sus ojos azules se humedecieron levemente, dándome la prueba de su honestidad.

Tomé sus manos entre las mías, realmente odio ver llorar a la gente, más si son personas que quiero.

—Sé que no quisiste hacerlo apropósito, que esto esté pasando y que mis amigas estén en riesgo, es mi culpa, porque no fui honesta y porque elegí meterme en todo este lío de las carreras. Si estás preocupada por Setsuna, ella se está recuperando rápido, es una sailor senshi, todas podemos sanar nuestros cuerpos más rápido de lo normal. Hoy también iré a verla... pero si hubiera una próxima vez en que alguien más nos enfrente así, debemos huir, no pelear ¿está bien? —le pedí, esperando que después del último suceso me hiciera caso.

—Sí, está bien. Sólo espero que antes de que todas tus amigas se enteren nos den tiempo para exterminar a todos esos cerdos —respondió Misaka con una pizca de rencor en su tono.

Respiré profundo ¿qué podía decirle?. Llevaba oscuridad en su interior y ninguna de mis palabras parecían alcanzarla. A ella solo le importaban su venganza y su rencor.

Volvimos a quedarnos en silencio.

"...¡y yo lo sabía! Sabía que estabas con esa ramera. Te llamé y nunca respondiste mis llamadas. Morí un poco cada noche esperándote, mientras tú jugabas con tu amante..." se quejó llorando la señora Tomoko en la telenovela y el corazón se me estrujó al recordar cómo me sentí cuando supe la noticia sobre la nueva pareja de Haruka. Pensé en aquello con cierta nostalgia, tenía la impresión de que había pasado demasiado tiempo, y solo habían sido 6 meses. Finalmente había logrado aceptar que nuestro amor había muerto y que nuestra unión se perdió en el pasado, al igual que nuestras promesas.

Fue extraño, pero de pronto Misaka subió ambas piernas al sillón y se acurrucó abrazando sus piernas.

—¿Pasó algo más? —le pregunté.

—Sosuke...

—¿Qué tiene?

—No responde mis llamadas desde ayer y aún no contestó mis mensajes ¿Crees que quizás...me engaña con alguien? —preguntó realmente preocupada.

—No digas eso, quizás tuvo algún problema con su teléfono o está estudiando. Confía en él, por todo lo que me constaste, parece un buen chico —le respondí intentando parecer optimista, aunque era la menos indicada para hablar de confianza y engaños, o al menos así me sentía.

Llegué un poco más tarde de lo usual para visitar a Setsuna, hasta el día anterior había estado usando un respirador, pero hoy ya no lo necesitaba. Le habían quitado las vendas de la cabeza, así que ya podía peinar su largo cabello. También aproveché para reemplazar las flores de su mesa de luz por unas nuevas, sabia cuanto le gustan las plantas.

Setsuna aún no podía hablar, pero estaba consiente y sus ojos eran bastante expresivos.

Me senté a su lado como todos los días anteriores y le dije cuanto lamentaba que estuviera allí, no sabía si ella supo que la otra noche había sido yo quien acompañaba a Moon Shadow, pero supuse que mis constantes lamentos y mis palabras de culpa ya le habían dado a entender aquello, aunque no se lo dijera directamente. Me miraba compasivamente como si comprendiera que me refería. Toqué su mano y una fina lagrima resbaló por su mejilla izquierda. Supuse que ya no deseaba verme ¿será que me odiaba? Me disculpé con ella una vez más y me dirigí a la puerta.

—Mako y Usagi aún no llegan ¿qué las habrá retrasado? —escuché la voz de Minako en el pasillo. Sentí que una corriente invisible estremeció mi cuerpo y el miedo comenzó a nublar mi mente ¿Cómo podía salir sin que me vieran?

Me puse la capucha del buzo. Claro, no era mi atuendo habitual, pero en las circunstancias en que me encontraba me vi obligada a abandonar parte de mi buen gusto en ropa. Si alguien entraba no verían mi rostro. Estábamos en el quinto piso del hospital, por lo cual, saltar por la ventana no era una opción. La cama era bastante baja como para esconderme debajo y no había ningún espacio físico en el cual pudiera entrar. Mi única opción era salir por la puerta, sólo tenía que bajar un poco la cabeza y salir rápido mientras ellas hablaban, quizás pasaría desapercibida.

—¿Haruka vendrá hoy también? —escuché la voz de Ami.

¿De qué hablaban? ¿Haruka aquí?

—Sí, debió retrasarse por el tránsito. Es muy distinta la forma que tienen de conducir aquí que la de América —comentó una voz femenina algo grave y desconocida.

—¿Sí? No lo creo, Haruka jamás llega tarde a menos que se quede hablando con alguna chica —reconocí la voz de Hotaru y una pizquita de maldad en su comentario, como queriendo molestar a la voz desconocida.

¿Entonces era posible que la persona que hablaba fuese…?

Nuevamente el dolor punzante que hacía mucho tiempo no sentía, volvió a aparecer repentinamente y tuve la sensación de que el aire me faltaba. Mis manos comenzaron a temblar y me pareció que iba a vomitar.

—¡Perdón por el retraso! —me exalté al escuchar pasos acelerados del otro lado y la voz de Usagi. Debía salir ya mismo de ahí.

—Por fin llegan —se quejó Rei.

—Lo siento, quisimos preparar algo especial para Setsuna. Dijeron que seguramente desde esta noche ya podrá comer con la ayuda de alguien y le quitarán la sonda —explicó Makoto.

—Lamento mucho lo que le ocurrió a su amiga. Ojalá mejore pronto —comentó la desconocida.

—Las presento, Tsukino Usagi y Kino Makoto, ella es Kiyomi Narumi. Dijo Haruka que es alguien muy especial para ella, así que me pidió que se quedara con nosotras, así luego iremos a cenar todas juntas —estaba diciendo Mina.

—¡Genial! podemos llevarte de paseo a algunos lugares turísticos si quieres —le propuso Rei.

—También podemos llevarte a probar los lugares con los postres más ricos de la ciudad —dijo Usagi con una chispa de entusiasmo claro en el tono de su voz.

—Sólo lo dices porque te mueres de ganas de comer dulces —comentó Rei.

—¡También te gustan los dulces! —le reclamó Usagi.

Fue extraño, no puedo describir cómo me sentí. Al igual que cuando Haruka me había dejado, tuve la misma sensación en ese momento. Todos me habían reemplazado y yo no debía estar allí.

Abrí y cerré rápido la puerta detrás de mí al salir de la habitación. Baje mi cabeza lo suficiente como para que no vieran mi rostro, pero el silencio repentino me indicó que quizás todas sus miradas estaban sobre mí. Caminé tan rápido como pude, sin despegar la vista del suelo.

—Michiru —me llamó Rei, entonces me percaté de que un mechón de cabello había salido fuera de la capucha. Me detuve en seco y cometí el error de mirar hacia atrás.

—¡Michiru! —se alegró Hotaru y se puso de pie, acercándose hacia mí. Aunque me dolió en el alma, corrí y no volví a mirarlas. Debía salir inmediatamente de allí y jamás volver.

Ahora que estaba desaparecida para todos y tenía una nueva identidad como "Black Rider" podría terminar con esa mafia y luego volver a empezar desde cero en algún lugar muy lejano, donde jamás volviera a saber sobre las noticias del mundo, donde todo fuera nuevo y nada me recordara a Haruka, donde ese nombre ni siquiera exista ni se use, donde la gente no suela usar motos ni se interese en estúpidas carreras, donde pueda estar tan ocupada que ni siquiera recuerde mirar el cielo nocturno. Quería escapar a algún lugar donde pudiera olvidarlo todo y tener una nueva vida. Si, estaba escapando de mis amigas como una cobarde porque no pude evitar sentirme reemplazada y traicionada.

Afortunadamente, cuando tomé el ascensor ninguna de las chicas logró alcanzarme. Usagi me siguió y cuando la puerta se cerró vi la expresión en su rostro como preguntándome "¿por qué nos dejas?". Si supiera que lo que le pasó a Setsuna era mi culpa, seguramente me hubiera visto con desprecio.

Todo me dolía, pero sabía que debía soportarlo porque no tenía otra opción. Al parecer ahora esa tal Narumi iba a ser amiga de mis amigas ¿Qué pretendía lograr Haruka presentándosela a ellas? ¿Sólo porque ya no me quería en su vida necesitaba reemplazarme en todo por esa horrible chica? ¿Así de fácil fue borrarme?.

Ninguna de ellas me necesitaba, ahora tendrían una nueva "yo" en su grupo. Tal vez nunca fui necesaria en realidad. Ya no era parte de ellas, ahora mi lugar estaba con Misaka y Hiroki. Jamás volvería a ser Sailor Neptune otra vez, dejaría mi vida anterior en el pasado y a Haruka también.

Nuevamente el profundo y destructivo dolor de nuestra ruptura pareció estallar dentro de mí. Volvió a despertar la misma pena asfixiante que me dejaba confundida, al punto de desorientarme y comenzar a descomponerme físicamente. Salí del ascensor como un rayo, me sentí mareada y mis piernas temblaron. Limpié mis lágrimas cuando choqué por accidente a alguien. Pude haber caído al suelo porque en el estado en el que estaba no tenía gran estabilidad, pero aquellos brazos fuertes me sostuvieron como abrazándome y su pecho cálido soportó mi peso.

—Lo siento, no fue mi intención —dijo una voz conocida.

Si hasta medio segundo atrás todos mis sentidos estaban dispersos, ahora estaban por completo agudizados al máximo. Levanté la mirada, pestañeé al menos dos veces para deshacer las lágrimas que ponían borrosa mi visión.

—Michiru —dijo Haruka con sorpresa al ver mi rostro. Me quitó la capucha y me abrazó con fuerza. No estoy muy segura del orden en que esto ocurrió o como terminé entre sus brazos, estaba por completo turbada al tenerla frente a mí.

Me había quedado en blanco, como si Pluto hubiera intercedido, tuve la sensación de que el tiempo se había detenido... ¡pero no! Quizás el mismo dolor había hecho que terminara por enloquecer. Desee por tanto tiempo verla que ahora alucinaba, como todas esas noches en las que despertaba sola en nuestro departamento de madrugada y me parecía escuchar su voz diciendo mi nombre.

La alejé un poco para ver su cara, pero no rompió el abrazo, la miré a los ojos, no sé si fue mucho o poco tiempo, sólo sé que sus ojos azul grisáceo me veían con pena, toqué su rostro muy despacio desde el nacimiento de su cabello hasta sus labios sin decir nada. No me convencía. Me acerqué a su cuello e inhalé profundamente su aroma, lucía como Haruka y olía como Haruka.

—Te estuve buscando, regresé cuando supe lo del departamento ¿en dónde estabas? —me preguntó con notoria preocupación. Soltó tan rápido una palabra detrás de la otra que, aunque la escuché, en realidad no la entendí, sus ojos magnéticos me tenían por completo perdida.

—¿Estás bien? Michiru ¿Qué...? —estaba diciendo, pero la silencié con un suave y pequeño beso en la boca. Incluso sus labios eran como los de mi Haruka. Cabeza ¿no estabas jugándome una mala pasada?

El sonido de la puerta metálica del ascensor abriéndose me distrajo y al mirar, allí estaban Usagi, Hotaru, Rei y esa chica de la televisión. Nos miraban sorprendidas. Volví la mirada hacia Haruka intentando no volver a llorar.

—Suéltame —le ordené y de un tirón rompí su abrazo. Volví a escapar corriendo de allí y fui por mi moto (bueno, su ex moto). Esta vez, no miré hacia atrás, aunque la escuché llamarme por mi nombre.

Me di un largo baño caliente en casa de Misaka y luego preparé té para cuando llegara. No había nada que hacer, las compras estaban hechas, todo estaba limpio y no quería pensar.

Hiroki había avisado en la mañana que vendría a cenar y todo estaba listo para preprarlo en la noche.

Los avances que había logrado desde la partida de Haruka, ahora parecían tirados a la basura. Mi pecho parecía estar por completo roto...

No era capaz de tocar el violín, mis nervios se habían vuelto sensibles y mis manos temblaban o transpiraban constantemente por lo que me había vuelto inútil y torpe para usar mi amado instrumento.

Me senté frente al televisor apagado y como una tonta volví a llorar, pero en silencio. Esta vez iba a ser diferente, dejaría ir mi alma en cada lágrima, iba a extirpar mi amor desde lo profundo de mi corazón. Si esta vez volvía a caer no iba a ser porque me reemplazó, este llanto silencioso y secreto iba a convertirse en mi fuerza porque la estaba dejando ir, eran las lágrimas que marcaban nuestro adiós definitivo. Y comencé a entender lo que Misaka me había dicho antes sobre los crisoles... si no podía ser fuerte por amor, entonces el dolor podía ser lo que me hiciera fuerte y me permitiera luchar.

"Prrr raww" ronroneó Luar, dando un salto sobre el sillón. Tomé aire, me calmé y limpié mi rostro. Luar, la gatita blanca y negra de Misaka, se refregaba ansiosa en mi brazo pidiendo cariño. La complací y se durmió sobre mis piernas.

Escuché pasos acelerados llegando a la puerta y Misaka entró casi corriendo y cerrando de un portazo la puerta. Se quedó con los ojos muy abiertos, mirándome fijamente.

—¿Qué pasa? —pregunté temiendo su respuesta.

—Alguien te estuvo buscando —respondió y me pareció que no respiraba.

—¿Haruka?

—Sí —respondió extrañada por mi respuesta, respiró más tranquila y pareció relajarse—¿lo sabías? ¿lo viste en tu espejo? no sabía cómo te lo ibas a tomar. Me esperó antes de empezar el ensayo, no sé cómo supo sobre mí. Quería que le cuente si sabía qué pasó en tu departamento o si sabía en dónde estás ¡Pero tranquila! No le dije nada.

Pase el resto de la tarde sentada en el patio trasero de su casa, entre flores y el canto de los pájaros. El viento era suave y cálido, parecía una caricia gentil que secaba las lágrimas de mis mejillas.

"Aquel beso fue el último" pensé. Recordé que nuestro primer beso fue muy parecido, aunque yo no estaba llorando. Todo había terminado.

La hora de la cena casi había llegado y era la noche libre del Team Midnight como nos hacíamos llamar. Misaka había ido a la cocina a preparar PopCorn mientras veíamos una película antes de la cena. Hiroki estaba a mi lado, sentado en el sillón, dejó su botellita de cerveza sobre la mesa ratona y se inclinó hacia mí, puso su brazo más próximo sobre el respaldo del sillón que daba en mi espalda. Aquella maniobra era tan trillada y obvia que se me escapó una sonrisa.

—¿Michiru ya lo pensaste? —me preguntó en voz baja para que Misaka no lo escuchara.

Me había declarado sus sentimientos hacía unos días atrás y le dije que iba a pensar en su propuesta de ser pareja, pero en realidad tenía tanto ruido en mi mente que no me sentía segura para comenzar algo nuevo con alguien, aunque sí que teníamos una conexión especial, al igual que con Misaka y no quería perderlos.

—Aún no —le respondí sinceramente.

Los ojos de Hiro brillaron un poco, poniéndose húmedos, en verdad no era un tipo duro, tenía un corazón bastante sensible para ser alguien que está metido en la mafia. No tengo idea de qué me impulsó a hacerlo, pero me incliné sobre él y lo besé. Él me correspondió y sostuvo mi rostro con una de sus manos, mientras con la otra acariciaba mi cabello. Fue el beso más extraño, fue algo mecánico y automático, al menos de mi parte. Aunque él sabía besar muy bien, había algo en mí que me mantenía alerta y me impedía "sentir", no podía sentir como antes, solo era algo físico y me di cuenta de que realmente estaba vacía, no era solo un decir y esto lo confirmaba.

Me miró con cariño y acarició mi rostro manteniendo una distancia mínima— Si me aceptas, te prometo que te haré sonreír todos los días de tu vida y no voy a dejarte sola —me juró con una sonrisa de oreja a oreja.

Le di ilusiones cuando no sabía si sería capaz de brindarle amor. Realmente me convertí en una mala persona.

Misaka apareció allí de repente con un bowl de popcorn lleno en las manos, y con cara de pocos amigos se sentó entre medio de los dos, casi aplastó la mano de Hiro.

—¿Qué haces, cara de pizza? ¿No podías sentarse en el costado? —le preguntó él.

—Es mi sillón y me gusta aquí, cara de conejo —respondió Misaka—. Además, si quieres salir con mi amiga primero tienes que trabajar para caerme bien a mí —terminó de hablar y nos convidó de lo que traía.

Pasamos el resto de la noche dándonos ánimos. Hiro notó que ninguna de las dos se sentía muy bien, así que realmente se esforzó por hacernos reír y distraernos. Era un muchacho tan amable.

Finalmente, antes de la medianoche Misaka recibió un llamado de su novio desde Hong Kong contándole que le habían robado su teléfono y como estaba estudiando no había podido comunicarse antes con ella. Esto la ayudó a irse a la cama con una sonrisa, y la vi porque la luna otra vez brillaba fuera y su luz entraba en la habitación.

Al principio fue bastante vergonzoso compartir la cama con ella, nos costó varias discusiones y a mí algunas patadas de su parte, pues era el tipo de persona que soñaba que pelea con alguien. Solíamos poner una hilera de almohadones en el medio para no irrumpir en el espacio de la otra, quité el que estaba arriba de todo y me giré hacia ella

—Misa, besé a Hiro y ahora cree que vamos a salir —tenía que contárselo, esperaba que me dijera que era una locura, para tomar coraje y decirle que "no" directamente.

—¿Estás loca? ¿ya no piensas en tu ex?

—No lo sé. Fue muy doloroso verla hoy y saber que estaba con la otra. Ya no quiero pensar en ella ni sentir que pertenezco a su lado. Fueron tantas noches sufriendo, esperándola... pero ella nunca me devolvió ni una llamada, se fue de viaje con su nueva novia. Ya me hice a la idea de que está con alguien más, ahora necesito asimilar que es para siempre, que nunca va a volver conmigo y, aunque algún día lo hiciera, no voy a perdonarla. Me metí en todos estos problemas por querer alcanzarla. Mientras ella duerme cómodamente con su novia, yo perdí mi vida y ni siquiera tengo mi propia cama... —le contaba y comenzaba a ponerme mal nuevamente, sentía deseos de llorar y no podía hacerlo frente a Misa.

—¡HEY! —me levantó la voz, se sentó en la cama como si tuviera un resorte, tomó un almohadón y me lo tiró en la cara violentamente—. Estas durmiendo en una MaxQueen ¿Crees que tu ex y su mujerzuela sepan lo que es esto? Y tú me desprecias mi cama —dijo con fingido enojo.

Me senté en la cama imitándola— Tienes razón ¿Qué sabrán esas dos? Oye, Misa, tienes algo en la cara —le avisé, mirándola fijamente.

Se pasó la mano por las mejillas— ¿Qué cosa? —preguntó y le hundí otro almohadón en la cara.

Jugamos un rato como si fuéramos dos niñas tontas, Misaka se había llevado al diablo mi tranquilidad y mi seriedad. Ella era como un tornado, por momentos estaba tranquila y era dulce, pero de pronto se emocionaba con algo y su energía eufórica ponía todo de cabeza. La compañía de alguien así era lo que necesitaba en este momento y la apreciaba desde el fondo de mi corazón por haberme salvado.

El día de una nueva carrera había llegado, estaban por dar la señal de salida. Creo que era la primera vez que me sentía segura y fuerte sobre la pista. Había aprendido a disfrutarlo y tanto Hiro como Yamato me habían estado ayudando a practicar para mejorar mis habilidades. Ya no corría por Haruka y, aunque estaba siendo amenazada por la organización, estaba corriendo para mí misma.

El rugido de una moto nos desconcentró a todos en la línea, alguien había llegado tarde.

—¿Vienes a participar? Ya están por salir ¿saldrás con desventaja? —le preguntó Yoichi, quien siempre se ocupaba de anotar a los participantes y tomaba las apuestas.

—No me importa la desventaja, saldré igual —le respondió el recién llegado.

—De acuerdo ¿Cuál es tu nombre?

—Soy Black Rider.

Todos nos dimos vuelta a verlo. Mi corazón se agitó ante un fugaz pensamiento.

—Tú no eres Black Rider. El de allí es Black Rider —le respondió confundido Yoichi, mientras me señalaba.

—Así que tú eres el impostor... —dijo el recién llegado y se acercó a mi moto con el casco puesto— ¿No sabes que es ofensivo tomar el nombre de alguien más? Fui casi leyenda por aquí, no tenías derecho a arruinar eso —se quejó molesta.

Reconocí los ojos de Haruka a través de su casco.

Hiroki se paró a mi lado, supongo que fue porque la actitud de Haruka intentaba ser intimidante. Yo no podía responderle o reconocería mi voz, así que dándole la espalda a ella le pedí a Hiro que le transmitiera mi respuesta y luego subí a mi moto.

—Dijo Black Rider que si le ganas esta carrera se disculpará contigo y ya no usará ese alias —le informó Hiro.

—De acuerdo, ve preparando tu discurso de disculpas, clon —respondió Haruka con seguridad y subió a su moto.

—Aún no estas inscripto en las apuestas! —le recordó el tipo que tomaba los nombres.

Dieron la señal de salida y arranqué la moto.

—Me da igual, sólo vine a competir —le respondió dándonos un poco de ventaja, luego arrancó. Era apenas la primera vuelta y ya la tenía delante de mí.

Verla correr desde las gradas era un espectáculo único, pero poder verla de esta forma era algo indescriptiblemente genial. Tenía tanto dominio de su motocicleta que daba la impresión de que fueran una sola cosa, era tan rápida... toda una diosa de la velocidad. Pero yo la conozco bien para desgracia suya, tanto que sabía que no se iba a arriesgar a una maniobra que pusiera en riesgo su vida o la de alguien más. La curva marcada se acercaba, me puse a su lado, si elegía cerrarme caería de mi moto, si se abría dándome paso, ella perdería... Y yo por mi parte no tenía nada que perder, así que lo hice y ella eligió darme paso perdiendo su ventaja, saliendo así en segundo lugar, como lo predije.

Me quité el casco quedándome solo con mi antifaz.

Haruka frenó bruscamente detrás de mí— ¿Qué demonios te pasa, imbécil? ¡Casi nos matas a los dos con esa maniobra! —me gruñó luego de quitarse el casco.

Hiroki se acercó a mí al ver lo alterada que Haruka estaba, pero yo sabía que no haría nada, ella no es agresiva ni cuando está muy molesta.

La ignoré dándole la espalda.

—Te estoy hablando —insistió Haruka, tomando mi brazo para obligarme a mirarla.

Aquello era raro en ella.

—¡Suéltala! —le ordenó Hiro, apretando el brazo con el que Haruka me estaba tomando. Yo no podía hablar, pero tenía que evitar que tuvieran contacto de cualquier tipo.

Haruka soltó mi brazo. Hiro abrazó mi cintura y me acercó hacia él.

—¿Eres una chica? —preguntó Haruka extrañada—. Lo siento —se disculpó arrugando la frente—. Volveré la próxima semana y vas a tener que devolverme mi alias... Eso sí, no esperes que tenga piedad en la pista la próxima vez solo porque eres una chica —me advirtió y se marchó.