—El error estuvo en la trazada de la curva, tu posición no era correcta y perdiste segundos que de ventaja —me explicó Yamato, mientras imitaba la pose correcta en la moto—. La próxima te llevas el codo hacia adentro y mete la cabeza más cerca del manillar al doblar.

—Necesito practicar más. No puedo perder en el próximo encuentro.

—Cuenta conmigo, le doy una revisada rápida a tu moto y puedes practicar —dijo Hiroki, al mismo tiempo que lanzó su cigarrillo al suelo.

—Gracias, Hiro.

—Bueno, yo me voy. Hay bastante trabajo para esta noche, no dejan de aparecer esos grupitos de mocosos dando problemas en nuestro territorio —se quejó Yamato y se marchó.

—¿No estás sobre exigiéndote mucho? Desde que esa persona apareció estuviste viniendo a practicar todos los días y te noto mucho más callada de lo habitual —dijo mientras se acercaba a mí.

Que notara esas cosas en mí, por alguna razón me daba miedo y me sentí vulnerable.

—Me preocupas —terminó diciendo y yo me sentí increíblemente tonta. No podía permitir que me viera como a alguien débil, así que cuando continuó acercándose, no retrocedí.

—Estoy bien, pero cuando hago algo, quiero hacerlo bien, lo mejor posible.

Puso su rostro tan cerca del mío que creí que iba a besarme. Lo miré a los ojos, más por mostrarle que tengo carácter que por provocación, quería tener el control de la situación.

—Tienes unos ojos hermosos.

—Lo sé, gracias —le respondí, intentando ser amable, pero sin inmutarme.

—Ja, ja, ja. Eres única. —Retrocedió con una sonrisa amplia en sus labios carnosos y atractivos— Sé esperar, princesa de hielo. Cuando mis sentimientos te alcancen, te haré feliz, como te mereces.

No esperaba aquello. Sentí mi rostro caliente y deseé no haberme ruborizado— Demasiado cursi para un mecánico de la mafia —me burlé y ambos reímos.

Aún no estaba lista para pensar en empezar algo con alguien, pero sí era indudable que entre nosotros existía atracción. Hiro era tan diferente a Haruka, era alguien con quién podía sentirme segura. Y aunque continuaba escapando de mis recuerdos, lo estaba comparando con ella.

El rugido de la moto de Haruka detrás de mí fue ensordecedor y daba la impresión de estar contándome su estado de ánimo. La meta estaba a pocos metros, la victoria casi era mía. Una vez más podría saborear el triunfo de arrebatarle a Haruka un poco de su orgullo, esto le daba sentido a todos mis esfuerzos de meses anteriores, incluso se lo daba a cada una de mis lágrimas.

No tengo idea de cómo lo hizo, pero antes de llegar a la meta logró sacarme ventaja y con gran agilidad, ganó el primer lugar.

Se quitó el casco y su rostro estaba cubierto por un antifaz negro como solía hacerlo cuando participaba en estas carreras. Su cabello, perfectamente revuelto, le daban un aire aún más atractivo.

—¿Qué tal, impostora? ¿te gustó ese truco? —me preguntó con altanería.

Yo había estacionado más delante, pero estaba tan molesta que continué mirando al frente y ni siquiera bajé de la moto. Hiro se acercó para ayudarme a quitarme el casco.

—Te está provocando, sólo ignora lo que dice —me aconsejó él, mientras me lo quitaba.

—Estoy esperando tus disculpas, hermosa. Se amable y quizás te invite a salir un día de estos —me propuso Haruka con galantería. Aquella frase fue suficiente para encender la mecha de la bomba que tenía en mi interior.

Hiroki se giró para mirarla arrugando la frente y estaba por decirle algo cuando lo interrumpí.

—No soy ese tipo de chica, Jellyfish —le respondí de manera burlona, mientras me daba la vuelta para verla. Puse énfasis al decir la última palabra ya que aquel era el alias que le había dado en épocas de escuela para agendarla en mi móvil.

Haruka se quedó perpleja y abrió un poco más sus ojos para verme. Parecía querer hablar, pues despegó sus labios un poco, pero continuó en silencio. Ahora sus ojos me veían fijamente y yo le sonreí provocante.

—Si quieres una cita conmigo primero atrápame —la reté y arranqué la motocicleta huyendo a toda velocidad.

Según mi sentido de la audición no le llevó ni un segundo decidirse, sin duda me había reconocido o no me habría seguido como lo hizo.

"Ya no me ama" me repetía a mí misma para no flaquear y, sin embargo, ya lo había hecho. Me había delatado y ahora estaba por alcanzarme.

Para ser honesta, una parte de mí quería huir de ella para siempre como estaba sucediendo, pero por otro lado sentía la inexplicable y contradictoria necesidad de estar cerca, a pesar de todo el daño que me causó, muy en el fondo aún había algo que me impedía dejarla ir del todo, algo inconcluso.

Apropósito tomé el camino de la autopista que pasa casi junto a la costa. Allí solíamos pasar nuestros momentos de paz y tranquilidad, así que aquel sitio tenía un significado especial para nosotras, más bien, lo tuvo antes de que decidiera llevar a la otra a la playa.

Logró ponerse junto a mí. El sonido del viento dificultaba mi audición, pero creo haberle entendido decir palabras sueltas como "detente", "Michiru" y "orilla".

La ignoré y al ver mi terquedad adelantó su moto. Intenté esquivarla, pero se ponía frente a mí e iba descendiendo la velocidad, impidiéndome escapar y obligándome a frenar luego de que ella lo hiciera.

Bajó de su moto, se quitó el casco y caminó hacia mí. Yo dude un poco antes de descender también.

Me abrazó sin decir absolutamente nada. Me abrazó fuerte, como si con sólo eso quisiera unir los pedazos de mi alma rota. Yo no le correspondí, simplemente la dejé hacerlo. Me sentí tan débil ante ella. Me provocó un gran dolor verla, pero no era capaz de huir. El mismo amor que antes me había hecho tan feliz ahora me mataba por dentro.

Luego de un rato en silencio Haruka se alejó y contemplo mi rostro, me quitó el antifaz y me miró extrañada.

—¿Qué es lo que haces? ¿Por qué huyes? Todas estamos preocupadas por tí ¿Acaso ya no quieres vernos? —preguntó Haruka.

Una vez más mi dolor derivó en enojo ¿Me preguntaba aquello de verdad? ¿No era consiente de todo lo que me hizo pasar?

—¿Qué haces aquí? —fue lo único que me salió decirle, aunque no de buena manera.

—No me respondas con una pregunta, sabes que eso no me gusta —se quejó con la pasividad que la caracteriza en momentos así—. ¿Qué haces en esas carreras y por qué te haces llamar Black Rider? Esas personas son peligrosas.

Me sentí avergonzada de mis razones y no sabía si decirle la verdad. Quedaría en ridículo.

—¿Puedes responderme?

—No me molestes —empecé a decirle y le arranqué de las manos mi antifaz—. Mejor preocúpate por tu novia Narumi —dije subiendo a mi moto.

Me miró sorprendida, podía leerla a la perfección, estaba pensando en cómo responder sin herirme.

—Compartimos un pasado que no se puede borrar, Michiru. Pensé que podríamos ser amigas, de verdad me tienes preocupada y después de lo que le ocurrió a Setsuna, no debes estar sola —contestó finalmente y puso una mano sobre mi hombro.

No sé qué tan mal la miré, pero cambió su sonrisa por una expresión seria y quitó su mano.

—Adiós, Haruka —le respondí con fastidio y resignación, mientras subía a mi moto.

—Espera, volví porque supe lo de nuestro departamento —dijo poniéndose frente a mí para impedir que me fuera.

—¿Nuestro? No hay nada nuestro desde que decidiste dejarme —di marcha atrás con la moto.

—¡Espera, Michiru! No tenemos por qué terminar así —me aseguró mientras arrancaba para volver a darme a la fuga— ¡Maldición! ¡Ponte un casco al menos! —la escuché gritarme mientras la dejaba atrás.

Habían pasado dos días desde la última carrera. El sol comenzaba a fundirse en entre las nubes doradas y rosas, mientras del lado opuesto, el tenue manto de la noche empezaba a cubrir la otra mitad del cielo, dejando ver las primeras estrellas y la inmensa luna. No es que me gustara este cielo, pero por alguna razón se parecía a mí. No sabía si era de día o de noche, si no supiera qué hora era, entonces no podría saber si estaba amaneciendo o anocheciendo. De igual manera, bajo un cielo que se parecía a éste, fue que Haruka me dejó. Como si el tiempo se hubiera detenido y me hubiese perdido en ese cielo, no sabía si la amaba o la odiaba, si la extrañaba o si quería dejarla atrás. No estaba segura de nada.

A mi lado, Hiroki y Misaka estaban sentados en silencio sobre la arena observando el mar. Les pedí ir allí para pasar la tarde con la excusa de salir un poco, ya que me la pasaba encerrada. Aunque en realidad lo que quería era crear nuevos recuerdos en aquel lugar y borrar los que tenía con Haruka.

Misaka tiritó de frío y se envolvió bien en su ruana, mientras que Hiroki se giró hacia mí y yo le devolví la mirada.

—Está oscureciendo —se quitó la campera negra de cuero, y se quedó con su musculosa blanca, dejando a la vista la musculatura de sus brazos tatuados— No vayas a enfermarte —dijo mientras colocaba su campera sobre mi espalda con mucho cuidado.

Yo continué mirándolo y él posó su vista en el mar que teníamos en frente. Una sonrisa se había dibujado en su rostro y los últimos rayos de sol hacían brillar su cabello rubio, dándole un aire sublime que me sorprendió, como si fuese la primera vez que lo veía. Él realmente era una buena persona.

Los ojos de Setsuna Meioh se abrieron lentamente, con pesadez. Se sentía mareada debido a la fuerte contusión que sufrió en su cabeza semanas atrás. Ya le habían quitado todos los aparatos que la habían ayudado en su rápida recuperación, pero aun así se sentía débil.

—¡Setsuna! —se alegró Hotaru, quien ya era una bella adolescente, y se paró a su lado.

Setsuna giró con algo de dificultad su cabeza hacia ella y descubrió que allí también se encontraba Haruka Tenoh.

Sintió que su boca estaba seca y además del mareo, la luminosidad del día parecía provocarle una gran molestia al punto de darle un fuerte dolor de cabeza.

—Buscaré al médico —dijo Haruka abriendo la puerta.

—Ha-haru... ven —pidió Setsuna, tan claro como pudo.

—Iré yo por el médico —decidió Hotaru.

Haruka se acercó con preocupación a Setsuna, se conocían lo suficiente como para saber que si estaba en ese estado debía haber ocurrido a algo muy grave y el tono de su voz le dejó saber cuan afligida estaba.

Setsuna se esforzó por decir todo lo que quería, pero su cuerpo no respondía aún del todo bien. Le costaba demasiado hablar.

—¿Qué ocurre? —preguntó Haruka y tomó una de las manos de Setsuna entre las suyas.

—Michiru... tienes que... encontrarla.

—¿Qué pasa con Michiru?— preguntó Haruka al mismo tiempo que en la habitación irrumpieron un médico y dos enfermeras.

—Sálvala... el otro...cristal.

Haruka no lograba entenderla.

—Elimina... Moon Shadow.

El médico le pidió a Haruka que se retire del lugar para poder revisar a Setsuna y hacerle nuevos estudios.

〜 〜

No entendí que había salido mal. Hiro obtuvo información que nos aseguraba que "Kasumi" se encontraría esa noche en la fábrica abandonada a la que habíamos ido. Nuestro plan había sido trazado perfectamente, tuvimos en cuenta todas las variables posibles. Nuestra sincronizan fue perfecta y, sin embargo, habíamos fallado al punto en que la vida de los tres se encontró en gran peligro. Fallamos, si no fuera porque Eclipse estaba con Moon Shadow y yo, hubiera pensado que nos había engañado.

—¡Cadena lunar decreciente! —Moon Shadow evadió con sus cadenas los proyectiles que por poco impactaban en nosotros mientras huíamos.

—Eclipse, nosotras vamos a distraerlos. Tú ve por el transporte. Black Rider, cuando lleguemos a la salida del parque usaré mi niebla lunar y escaparé por el lado Este, mientras dure la niebla usa tu poder para confundirlos y escapa por el Oeste. Eclipse, tendrás que dar vuelta a la manzana. Recoge primero a Black Rider y luego a mí —ordenó Moon Shadow. Aunque estaba a nuestro lado si no fuera por nuestros comunicadores, con tanto ruido de disparos no la habríamos escuchado bien.

—¡Nebulosa Lunar! —invocó Eclipse, y una especie de nube oscura se quedó en el aire; al hacer contacto con ella, algunos de nuestros perseguidores quedaron atrapados allí. El material volátil del que parecía estar hecha aquella nube de puntos brillantes como estrellas, se volvió de pronto de un material espeso, gomoso y pegajoso que no les permitía escapar, mientras que las pequeñas estrellas se convirtieron en cristal negro.

Eclipse aprovechó aquel momento para escapar del lado opuesto a nosotras.

Llegamos a la puerta del parque.

—¡Bruma nocturna lunar! —Moon Shadow usó su poder para dificultar la visibilidad de nuestros atacantes. Era mi momento de actuar.

—¡Marea oscura de Poseidón! —ataqué a nuestros perseguidores y logré poner distancia entre nosotros. Me disponía escapar por el lado oeste cuando sucedió lo inesperado... Nada podía salir peor.

—¡Tierra Tiembla! —escuché aquella frase en el viento, era lejana, pero tan clara que se me heló la sangre.

El sonido de cadenas sacudiéndose me estremeció. Aquello no era nada bueno. Corrí en la dirección de aquel grito y encontré a Sailor Uranus envuelta en las cadenas de Moon Shadow y siendo arrastrada hacia ella.

—Basta, déjala —le pedí con apuro a Moon Shadow y me paré junto a su lado—. Debemos huir, nuestra energía se agota —le recordé que había compartido con Hiro y conmigo gran parte del poder de su cristal y que éste no duraba mucho tiempo.

—Vuelve a meterte en nuestro camino y serás polvo, Sailor Uranus —le advirtió Moon Shadow a Uranus.

Dudé un momento entre huir con ella o ayudar a Haruka a levantarse.

—Apresúrate —me gritó Moon Shadow, a punto de saltar hacia el otro lado de la reja.

—¡Space Sword Blaster! —atacó Uranus en dirección a Moon Shadow.

Misaka era realmente rápida y ágil, me atrevería a decir que era incluso apenas un poco más veloz que Uranus y yo.

—¡Rayo lunar oscuro! —invocó Moon Shadow y sus cadenas, que ahora estaban envueltas por tenues rayos plateados como algo eléctrico, se dirigieron en dirección al poder lanzado por Sailor Uranus, anulándolo en el aire.

—Space Turbulence —respondió con otro ataque, lanzando rayos de energía contra Moon Shadow.

—¡Tormenta oscura estelar! —devolvió el ataque mi compañera, provocando que de las medialunas de sus dos cadenas salieran despedidas a gran velocidad, pequeñas medialunas plateadas que, como si se tratara de una lluvia de metal, se dirigieron hacia Sailor Uranus, quien no logró evadirlas a todas debido a la gran cantidad y el pequeño tamaño que tenían. Como resultado, sufrió varios cortes en su cuerpo, aunque ninguno me pareció de gravedad, ya que, a pesar de haber terminado en el suelo, estaba sosteniendo aún su espada. Sin embargo, esa mirada en sus ojos, sabía lo que significaba, estaba buscando un punto débil en Moon Shadow para atacarla nuevamente.

Eclipse pasó por allí a toda velocidad y frenó de golpe del otro lado del portón.

—Sayonara, perra —se despidió mi compañera de Sailor Uranus y le dio la espalda, lista para saltar al otro lado.

—¡World Shaking! —lanzó su poder contra Moon Shadow.

Debí suponer que no se rendiría tan fácil.

Salté al otro lado de la reja cayendo justo frente a Moon Shadow y con mi espejo formé un escudo para protegerla mientras ella subía al auto.

—Tú —se asombró Uranus al verme, supongo que reconoció mi voz y mi antifaz me había delatado. Me veía con desaprobación— ¿Qué te ocurrió, Neptune?

—¡Entra de una vez! —gritó Eclipse y nuevamente el sonido de balas nos alcanzó.

Sailor Uranus escapó por su lado y nosotros por el nuestro.