"Jamás habían luchado y sólo en la lucha se engarzan el sentimentalismo y la lujuria para dar amor."1
~Estado de gracia~
Una vida a tu lado
Todo pasó demasiado rápido, todo fue inesperado y por supuesto que nada fue planeado. Fue en un momento que todo cambio, fue un solo momento que deseaba con todo su corazón cambiar. Su mundo se quebró en mil pedazos y ocurrió demasiado rápido como para impedirlo. Fue en un solo movimiento con que Erik Lehnsherr desvió la bala que heriría a Charles Xavier. Magneto había actuado cegado por la ira, por esa ira permanente que siempre lo acompañaba hundiéndolo más y más pero al mismo tiempo salvándolo –o eso creía él–. Y sin embargo ahora se arrepentía, ¡en verdad que lo hacía! No era como si lo fuera admitir, pero realmente le dolía haber herido a Charles, la única persona importante en su vida.
Claro que quería matar a ambos ejércitos, ardía en furia con solo recordar cómo después de que los mutantes arriesgaron su vida peleando por ellos, los humanos simplemente decidieron matarlos, así, desecharlos como viles objetos. Erik sabía lo que venía, lo había vivido, ese era solo el comienzo y después los encerrarían y torturarían hasta extinguirlos; fue por eso que decidió dar el primer paso... pero Charles, oh Charles, tenía que impedirlo... Magneto sabía que Charles era bueno, ¡demasiado bueno para el mundo!, tan inocente, tan noble, y a la vez tan inteligente y fuerte. Claro que quería tenerlo de su lado, peleando juntos por su raza, pero todo cambió en un momento ¡joder! si tan solo hubiera matado antes a Moira, porque claro que sintió ganas de matar a la agente al ver como se acercaba de más a Charles. Si tan solo esa boba humana no hubiera disparado en su patético intento por salvar el mundo nada de esa tragedia hubiera pasado... Pero ahora ya era demasiado tarde para arrepentirse, Charles estaba herido, Erik maldijo, Raven gritó y el mundo para todos se detuvo por unos segundos, solo habían sido unos segundos que para todos transcurrieron como horas.
Magneto, corrió al lado del profesor, olvidándose por completo de los misiles y acunando al herido en sus brazos. Tratando de no lastimarlo más, extirpó la bala con ayuda de sus poderes. Y ahí, en sus brazos, veía a Charles tan vulnerable, tan inocente... y le dolía verlo herido, por dios, ¡claro que le dolía! estaba enojado consigo mismo, pero no podía admitirlo... después de todo él nunca heriría a Charles de ese modo... no, Erik no era el culpable, fue por eso que decidió culpar a alguien más... a ella, la arpía, la hipócrita humana que tomó el arma con que heriría a Charles. Sin dudarlo, Magneto comenzó a ahorcar a Moira con el propio collar metálico que llevaba en su pecho, pero no pudo terminar esa tarea que tanto placer le hubiera causado...
―Ella no lo hizo Erik... fuiste tú.
Oh, crueles palabras que calaron en lo más profundo de Magneto. Y si haberlo herido le dolía, esas palabras lo mataban.
Soltando a Moira, Magneto miró a Charles que agonizaba en su regazo... sincerándose por unos momentos, Erik le expresó que lo quería de su lado... pero Charles no cedía y fue ahí cuando se daría el punto de inflexión que cambiaría sus vidas y las de todos los mutantes de la Tierra. Erik Lehnsherr sabía que tenía dos opciones: marcharse y dejar solo a Charles, poniéndose incluso en su contra... o la segunda opción: quedarse a su lado. Era algo tan simple pero le costaba decidirse. ¡Mierda! Si tan solo hubiera un punto medio, pero no, solo había dos caminos y ambos estaban muy separados. Lehnsherr gruñó frustrado, sus ideales eran opuestos a los del profesor y estaban destinados a estar en bandos contrarios, pero si tan solo...― ¡A la mierda el destino! ―pensó Erik para sí mismo.
―N-no... ¡No siento mis piernas!
Habían pasado solo segundos en los que Erik divagaba sobre su futuro, pero fueron esas palabras de su mejor amigo las que lo sacaron de sus pensamientos y lo hicieron caer en cuenta de la gravedad del asunto.
―¡No siento mis piernas! ―gritó con un dolor agudo Charles y en ese momento algo se quebró dentro de Erik y decidió quedarse junto al profesor. Fue algo que pensó mucho y al mismo tiempo lo hizo impulsivamente porque dentro de sí, sentía una necesidad enorme de proteger a Xavier.
Pero el sentimentalismo no era lo suyo, y su corazón aun estaba confundido, pero bah, eso ahora que importaba, la prioridad ahora era la salud de Charles, fue por eso que sin dudarlo, miró a Azazel, ordenándole que los llevara a la mansión, el demonio, con solo ver la mirada en los ojos de Erik supo que negarse sería un suicidio. Así, tomando a Raven, Hank, Ángel, Banshee, Alex y Janos que formaban una cadena con una mano, y con la otra a Erik que aferraba fuerte y a la vez suavemente a Charles en su regazo, Azazel teletransportó a todos a la mansión, dejando a Moira en la isla según las instrucciones de Erik y Raven.
Charles, quien segundos atrás había agonizado de dolor emitiendo quejidos que desgarraron el alma de los mutantes en especial la de Magneto, ahora se había desmayado por el dolor. Erik lo recostó en una cama y sin alejarse ni un segundo de él, le ordenó a Beast que lo atendiera.
―Necesitaremos un médico... ―dijo Raven tomando su forma humana y rubia y limpiando sus lágrimas, buscó con la mirada a Azazel― necesito que me lleves a un hospital AHORA y si te niegas a ayudar... te mato.
El demonio vio la ira y seguridad en la vista de la mutante metamorfa y supo que cumpliría sus amenazas, sabía también, que si no los ayudaba y a causa de eso el profesor moría, Raven no sería la única en vengarse, fue por eso que sin decir más, estiró su brazo para que la joven se colgara de él y fueran así a un hospital.
Raven y Azazel trajeron con ellos al mejor médico. Jake Ulrich, pese a su joven edad tenía un doctorado con honores y era uno de los neurólogos más reconocidos en el medio, el joven doctor al principio se sintió acosado por lo extraño de la situación, pero dejaría las explicaciones para después, ahora solo importaba el paciente. Haber extraído la bala fue un acierto, pero no todo estaba salvado, su sistema nervioso central había recibido grandes daños y era probable que fueran... permanentes.
Fueron aproximadamente dos horas en las que el médico examinó a un inconsciente Charles, fueron momentos tensos para todos, y en todo ese tiempo Erik nunca abandonó a su amigo. Janos, Azazel y Ángel se habían marchado una hora atrás, siendo corridos de la mansión por una Raven que no quería tener a gente del bando contrario cerca de su hermano indefenso. Oh, pobre Mystique, y pensar que en el momento de la pelea tuvo ganas de golpear a Charles para que no se interpusiera con Magneto, pero era su hermano, su mejor amigo, y lo quería, oh, claro que lo quería, el hecho de que tuvieran ideales distintos no se interponía en el cariño que se tenían. Así pues, la desdichada metamorfa daba vueltas por toda la casa sin saber que hacer o cómo ayudar. Fueron momentos de miedo y silencio para los mutantes; en la elegante sala de la mansión, se encontraban acurrucados Beast, Banshee y Havok en un sofá; los tres se encontraban temerosos y arrepentidos.
―E-es nuestra culpa... ―dijo finalmente Banshee después de horas de silencio; y sin quererlo se puso a llorar.
―No llores... o nos dejarás sordos a todos. ―pero el comentario de Havok solo hizo llorar más al pequeño, por lo que sintiéndose culpable, Alex se arrodilló quedando a la altura de su compañero y estrechándolo en sus brazos, el pelirrojo le causaba una ternura impresionante, y en cierto modo no le agradaba verlo deprimido.― Oh vamos, no llores... no es nuestra culpa, ninguno de nosotros quería que el profesor saliera lastimado.
―Si tan solo hubiéramos sido más fuertes ―dijo Beast con un suspiro.
―¡Necesito verlo! ―interrumpió Raven que ya no podía con su angustia.
―No creo que Magneto te deje... ―y Beast frunció el seño mientras negaba con la cabeza, no le daba buena espina que Erik estuviera tan cerca del profesor.
―Debería largarse... él fue el causante de todo ―inquirió Alex que ya no se aguantaba las ganas de hablar y sin más se levantó y caminó con decisión hacia la alcoba donde se encontraba el profesor siendo atendido por el médico y acompañado con Lehnsherr.
―No. ―dijo firmemente Raven mientras se paraba delante de Alex poniendo su mano frente a él en señal de stop.
―¿Qué demo...? ―Alex carraspeó, no le importaba que fuera la "hermana" del profesor, a leguas se veía que Mystique era más del bando de Magneto que del de Charles.
Pero la metamorfa se mantuvo firme y solo miró despectivamente al mutante― no tienes idea ―dijo desviando su mirada al cuarto de su hermano Charles― si tú te acercas y alejas a Erik de Charles estarás firmando tu sentencia de muerte.
Alex tragó saliva, podía ver la seguridad en las palabras de la joven y más o menos entendía por donde iba el asunto; sin más, volvió a sentarse junto a sus dos compañeros y frustrado enterró su cabeza en el pecho de Banshee.
Poco menos de una hora después, el médico salió de la habitación encontrando a los cuatro jóvenes expectantes― he dejado a Xavier sedado, probablemente despierte mañana en la tarde, necesita descansar mucho...
―Doctor... ―dijo Raven en un jadeo y el médico pudo ver la mirada suplicante de la rubia― el podrá caminar... ¿verdad?
El doctor suspiró mientras pasaba su mano por sus castaños cabellos― se le tienen que hacer algunas pruebas aun, pero... el daño que recibió el joven Charles es muy grave.
Raven suspiró entendiendo por donde iba el asunto y los demás se tensaron frustrados.
―Supongo que... es todo por hoy ―dijo el médico encogiéndose de hombros― el señor Lehnsherr dijo que se quedaría cuidando al paciente, por lo que si necesitan algo, lo que sea, solo avísenme. Mañana temprano yo pasaré a ver a Xavier para realizar los estudios necesarios.
Raven asintió sin ganas― Hank, ¿podrías conducir al doctor a su habita...? ¿Beast? ―vio como Alex se encogió de hombros, ella no necesitaba ser telépata para saber que Beast se ocultaba por temor a mostrar su aspecto, cosa que molestó a Raven más que nada porque ella hacía lo mismo, mostrándose rubia y normal frente a los humanos.
Sin más, Alex y Sean fueron quienes condujeron al médico a la habitación en que pasaría la noche.
Temerosa, Raven se condujo a la habitación donde estaba su hermano, y al entrar su corazón se rompió, pero no pudo evitar dar una sonrisa pequeña por lo que ahí vio.
Ahí, en la cama, estaba Charles, inconsciente, con una manguera de oxígeno conectada a él, podía escuchar los bips constantes que indicaban el registro de los latidos de su corazón... Raven se aterrorizó con solo pensar que aquellos bips podrían detenerse en cualquier momento. Y ahí, junto al profesor, se encontraba Erik, sentado en un sofá de piel junto a la cama de su amigo, sosteniendo su mano... la joven metamorfa sintió pena al ver la expresión tan triste y la mirada perdida en el rostro de Magneto, en verdad se veía mal, no mal de malvado, mal de tristeza. Fue ver a esos dos hombres que tanto quería en tal estado lo que rompió el corazón de Raven.
Erik ni siquiera se volteó a mirarla, pero con sus poderes cerró la puerta en cuanto Banshee y Havok trataron de entrar, eso hizo sentir a Raven incluida, era como si Erik quisiera incluirla en su relación con Charles.
―Necesito que me traigas unos paños húmedos ―dijo al fin Lehnsherr después de minutos de doloroso silencio― y que alejes a esos idiotas, si los veo por aquí no respondo.
Raven asintió y fue por el encargo, trajo también unos emparedados y un vaso de leche tibia para Erik, cena que el mutante ni siquiera miró ¿cómo ponerse a comer cuando su mejor amigo estaba muriendo?
Raven tomó su forma mutante –esa azul que tanto le gustaba a Erik y que Charles parecía despreciar– y cerró la puerta tras de sí, con calma miró a los dos hombres frente a ella, podría decirse que amaba a ambos, de diferente manera, claro. Y aunque se sentía más identificada con Magneto eso no hacía que quisiera menos a Charles, por el contrario, lo amaba más. La mutante suspiró y después dijo unas palabras que Erik le agradecería eternamente― No es tú culpa.
Lehnsherr miró a Raven con sus ojos azules y si su ánimo no hubiera estado tan decaído le hubiera sonreído levemente; solo mantuvo su mirada unos segundos y después la volvió a desviar al infinito.
―¿Te irás? ―preguntó la chica, y tenía miedo, porque sabía que si Magneto se iba y le pedía irse con él, ella lo haría, aun si eso implicaba dejar solo a Charles.― ¿Nos iremos? ―volvió a preguntar al verse ignorada.― Por favor... quédate... quedémonos ―repetía una y otra vez en sus pensamientos. Pero la mirada de Magneto se veía confusa, la mutante supo que estaba teniendo un debate interno, y por lo que lo conocía sabía en que terminaría...― yo... necesito tiempo, tal vez me quede un poco, pero te alcanzaré y cambiaremos este mundo.
―Eh sht ―carraspeó Erik― ¿quién dijo que nos iríamos?
Raven entreabrió su boca, estupefacta y después sonrió, ¡se quedarían! Y eso la hacía la más feliz, así que sin poder evitarlo se lanzó y le dio un abrazo a Erik, el mutante no correspondió el abrazo pero tampoco la alejó, seguro que si hubiera sido otro lo hubiera asesinado.― ¿T-te quedarás ahora, digo hasta que Charles se recupere o...?
―Yo de aquí no me muevo.
La sonrisa de Raven se amplió y le dio un beso en la mejilla a Erik, solo que esta vez el mutante si se alejó de la metamorfa.
―Raven, ahora no.
La chica asintió sabiendo que no era el momento adecuado para alborotarse. Con ternura, volteó a mirar a su hermano y sonrió melancólicamente mientras se acercaba a él y tomaba una de sus manos entre las suyas, su piel azul resaltaba con la nívea de Charles. Cruel destino, lo que más le molestaba a Raven es que todo había pasado por proteger a aquellos que después quisieron matarlos, pero eso no se quedaría así, tarde o temprano se vengarían y serían ellos quienes harían girar al mundo. Con cariño, se acercó y dio un suave beso en la mejilla derecha de Charles, justo como minutos atrás había hecho con Erik. Raven sonrió y después salió de la habitación no sin antes darles una mirada a los dos mutantes― Cuídalo mucho, Lehnsherr. ―Raven podía ser lo que quisieran, pero tonta jamás, y a ella no la engañaban, podía ver más que una simple amistad entre Erik y Charles.
Y así, Magneto y el Profesor X volvieron a quedarse... solos.
Desde que el fatídico accidente ocurrió, toda la mente de Lehnsherr era un lío, pero no un lío interesante o malévolo, eran más bien pensamientos tristes y dolorosos. Pensó en su madre, en como Charles le devolvió los recuerdos de una temprana y dulce infancia que más tarde sería corrompida... pensó en ellos, en los nazis y en Shaw, no importaba lo que Charles dijera, ellos eran personas que no merecían vivir, que solo causaban daño y dolor... y por más patético que fuera, Erik Lehnsherr era más como ellos que como Charles. Oh Charles, verlo le causaba tanto dolor... desde que lo conoció, supo que el profesor era una persona demasiado buena para este mundo, por lo que sabía, si bien la madre fue una mujer fría e indiferente con sus hijos, el señor Xavier fue un hombre amable y buen padre que incluso adoptó a Raven sin pedir explicaciones y no pidiendo nada a cambio que lo mismo que él podía ofrecer: amor. Y cuanto agradecía Erik porque Charles haya podido vivir una buena infancia, tan diferente a la suya, y sin embargo esto no le causaba envidia, sino que lo hacía sentir en cierto modo complacido con la vida, con esa vida que tanto odiaba. Y sin embargo ahora... la vida le daba más razones para odiarla, porque él, Charles, estaba postrado en una cama, y Erik sabía que todo era por su culpa. Y claro que le dolía, le dolía porque Charles para él representaba más que un simple colega, lo estimaba, claro que lo estimaba, incluso podría decirse que... lo quería. Magneto nunca había usado su vida para nada más que venganza y odio, y fue precisamente Charles quien le hizo ver que podía hacer algo mejor con su vida, algo grande... fue en ese momento que el mutante se sintió más solo que nunca, ¿qué era de su vida antes de conocer a Charles? Odio. Porque en cierto modo el odio siempre lo protegió de la maldad humana aunque al final el odio terminó haciéndolo malo a él mismo. Y sin embargo "nosotros somos los buenos, los superiores" podía recordar las palabras de su amigo, su amigo que siempre creyó en él y su amigo al que al final terminó hiriendo. Erik veía a Charles como su mejor amigo, como su familia... hermano fue el término con que se refirió a él, pero estaba seguro que lo que los unía era algo aun más grande que la hermandad.
La mirada del mutante se posó en su amigo inconsciente. Pudo ver su blanca piel normalmente sonrosada que ahora lucía pálida, sus castaños cabellos ahora un poco largos y revueltos tan hermosos que Lehnsherr no pudo evitar acariciarlos pasando también su mano por la suave piel de Charles. Le dolía ver sus azules ojos cerrados y podía notar en su rostro una expresión de dolor que no hacía más que torturarlo aun más; conectado a la nariz de Charles, una manguera le proveía de oxígeno en caso de que en su débil estado su respiración se detuviese; y en sus delgados labios había restos de sangre seca debido a la pelea que tuvieron... con los paños que minutos atrás Raven había traído, limpió el adolorido rostro de Charles y limpió también sus brazos y sus manos.
Y fue entonces cuando Lehnsherr comprendió que nada, no le quedaba nada. Y que si se iba lejos de Charles su único amigo sería el odio. Confundido, el mutante suspiró y enterró sus manos en sus propios cabellos rubios. No quería dejarlo, no quería irse; pero sabía que era hasta cierto punto necesario, puesto que él quería luchar por su raza, no como Charles que quería lograr una ridícula convivencia con los humanos.
―Te quiero de mi lado... ―dijo el mutante e inconscientemente tomó una de las pequeñas manos de Charles entre las suyas― somos hermanos... tú y yo...
Cerró fuerte sus ojos dejando salir una lágrima que se deslizó por sus mejillas y fue en ese instante que sintió un ligero apretón en sus manos.
―Yo también te quiero de mi lado.
Fue solo un susurro, pero a Erik le sonó como gloria.
Charles miraba a Erik con sus ojos azules entreabiertos, se encontraba aun semiinconsciente pero pudo escuchar la respuesta de su compañero― permaneceré a tu lado. ―y con esas palabras, el mutante volvió a caer dormido bajo los efectos de los sedantes.
Erik sonrió de lado y en toda la noche no soltó la pequeña mano de su amigo. Tal vez, y solo tal vez hubiera una posibilidad de pasar una vida a su lado.
Al día siguiente, Charles despertó pasada la una de la tarde. Lentamente sus ojos se abrieron y aun medio dormido se sintió desorientado. Intentó incorporarse, pero eso le produjo un mareo y un fuerte dolor de cabeza― agh ―se quejó mientras se llevaba su mano derecha a su rostro. Poco a poco su mente se fue aclarando, y lentamente los recuerdos llegaron a él, uno tras otro, como pequeñas dosis de dolor letal. Su cuerpo comenzó a temblar, sintió un sudor frío recorriéndolo, su corazón se aceleró descontroladamente al igual que su respiración, sus jadeos al final se convirtieron en... llanto.
―No siento mis piernas... ¡no siento mis piernas! ―y entre gritos de agonía, comenzó a removerse en su propia cama, jalando así la intravenosa que tenía, lo cual ni siquiera le causó dolor, en ese momento lo único que albergaba su cuerpo era el terror y la desesperación. Charles estuvo a punto de caer de su cama, pero un par de fuertes brazos lo impidieron.
Erik no podría explicar la infinita tristeza que sintió al ver a su amigo en ese estado y con una opresión en su corazón, lo acogió en sus brazos pegándolo a su pecho― shhhh... shh... todo estará bien ―repetía una y otra vez aferrándolo contra sí, como si temiera perderlo.
Y oh, esos brazos fueron como una tabla de salvación en medio del océano para Charles. Aun hiperventilando, se aferró al cuerpo de Erik que tampoco parecía quererlo dejar ir. Y así, ambos se apretujaron en un abrazo lleno de dolor.
Charles se sentía desdichado, impotente, ¡frustrado! Se veía a sí mismo atado a una silla de ruedas o peor a una cama... se veía solo y desdichado. Dejando atrás sus sueños de una igualdad para con los mutantes.
Y Erik, oh, Erik se sentía culpable de causarle tal dolor a la única persona en el mundo que realmente apreciaba, a él su hermano, su mejor amigo. Y la noche anterior, después de tanto reflexionar había caído en cuenta de lo vacía que era su vida... al igual que cuando decidió no abandonar a Charles en la playa, Lehnsherr sabía que tenía dos opciones: fingir que nada pasó y dejar que poco a poco su relación con Xavier fuera colapsando o... decir "lo siento" solo dos palabras que podrían lograr que todo volviera a ser como antes, solo dos palabras que podrían dar a su vida un poco de sentido. Y si bien Lehnsherr era orgulloso, no era estúpido, y no iba a dejar una buena vida de lado solo por unos segundos de orgullo. Claro que seguiría con sus planes, hacer a los humanos a un lado y poner a los mutantes al frente, como debe de ser, primero muerto que permitir que extingan a los mutantes como una vez trataron de hacerlo con los judíos; si, las metas de Lehnsherr no cambiarían, solo que ahora tenía una nueva meta: tener a Charles Xavier a su lado en el momento en que todos sus sueños se cumpliesen. Así que hasta no tener al telépata en su bando, no proseguiría con lo siguiente.
Separó un poco a Charles para mirarlo y disculparse... pero fue en ese momento que algo cambió dentro de Erik dejándolo anonadado. Esos enormes ojos azules, antes llenos de pureza y bondad, ahora estaban llenos de tristeza, dolor y miedo. Algo dentro de Erik se quebró porque esa mirada se le asemejó a la que ponían los judíos al ser llevados a los campos de concentración, esa mirada le recordaba a la triste de su madre y sobretodo... esa mirada le recordaba a sí mismo... y Charles no podía ser como él, Charles era diferente era bueno.
―Lo siento... ―dijo en un susurro. Y al decirlo ya no se acordaba de sus planes ni era nada estratégico o planeado. El "lo siento" de Magneto fue una disculpa sincera, espontánea y llena de urgencia, no urgencia por ser perdonado, urgencia por reparar el daño.
Tembloroso, Charles miró a su amigo, "lo siento", ¿estaba en el cielo o ese era Magneto disculpándose?― quítate el casco ―le dijo sin más.
Lehnsherr agachó lentamente su cabeza para que fuera el mismo Charles quien se lo quitara y al hacerlo... oh.
El telépata volvió a soltarse a llorar, pero ahora sus lágrimas fluían imparables que incluso pudo sentir a Raven, Banshee y Alex preocupados sobre si entrar a ver qué ocurría o quedarse a esperar a que Lehnsherr saliera con noticias.
―¿Qué... qué rayos?
―Tú... ―dijo Charles mientras con su manga limpiaba sus lágrimas― ¡tú decidiste pasar una vida a mi lado! ―le dijo y se volvió a soltar a llorar sin notar que había dejado al mutante en shock, pero no eran lágrimas amargas como las de hace un rato, eran lágrimas de dicha. Se sentía inmensamente dichoso, al ver que pese a sus diferentes visiones de la vida, Erik había decidido permanecer a su lado, porque aunque Charles no lo había si quiera mencionado, le dolía el corazón de solo imaginar separarse de su mejor amigo. El haber mirado en la mente de Magneto, también dejó en el telépata cierto dejo de nostalgia, pudo ver de manera rápida todo lo que su amigo vivió desde que uso el casco, todo el dolor que pasó y a Charles le dolía saber que Magneto pasó por eso solo, el telépata vio también la decepción en el corazón del mutante después de ver como los humanos los atacaban en la isla, y si bien fue lo mismo que él sintió, había un plus en la mente de Erik y era el miedo... el miedo a que hicieran con los mutantes lo mismo que con los judíos. Charles suspiró, es muy fácil juzgar a las personas, pero solo cuando te pones en su lugar y ves la razón de sus acciones puedes llegar a comprenderlas y saber que no hay blancos ni negros sino diferentes matices de gris. Había algo dentro de la mente de Lehnsherr que aunque Charles ya sabía le dio gusto comprobarlo, ¡Magneto nunca tuvo intensión de herirlo! Y sin embargo se sentía arrepentido y le dolía el sufrimiento de Charles, en verdad que le dolía casi como a sí mismo. Fue entonces cuando Charles se arrepintió, pues con sus palabras había herido a su amigo "Ella no lo hizo Erik... fuiste tú" crueles palabras que dijo sin pensar y cegado por el miedo. Así que sin más, fue ahora Charles quien se disculpó― Yo también lo siento... ―dijo sacando a Erik de su ensimismamiento― creo que ambos dijimos e hicimos cosas sin pensarlas, fueron momentos muy impulsivos.
Magneto asintió con un suspiro y fue cuando reparó en que él y Charles no se habían separado y seguían unidos en un abrazo, empero no hizo nada por deshacer ese contacto que encima se sentía muy agradable.
―Erik... mírame.
Y entonces ambas miradas quedaron frente a frente, azul con azul, tan parecidas y tan diferentes a la vez. Los ojos de Charles, normalmente llenos de vida ahora se mostraban temerosos como un cachorro. Y en los de Erik, nublados por el dolor y odio, ahora se podía observar un atisbo de esperanza por un futuro prometedor.
―Erik... no fue tu culpa. ―y después de una pausa añadió― NADA ha sido tu culpa, nunca.
Y fue como si con esas cinco palabras Charles hubiera absuelto al mutante de sus pecados.
―Erik... ―volvió a llamarle Charles― gracias por decidir pasar una vida a mi lado.
El mutante abrió sus ojos, confundido― que demo... ―y en ese momento fue envuelto por los brazos de Charles en clara señal de perdón.
Ya todo estaba dicho. Y así, mientras era abrazado y abrazaba a Charles, Erik comprendió que en verdad quería pasar una vida a su lado, comprendió que lo necesitaba para cambiar el mundo... y comprendió también que haría todo con tal de reparar el dolor que se había creado en el alma de Charles. El mutante sonrío al ver que por ver en su mente Charles se había dado cuenta antes que él de sus propios planes... pero qué más daba, ya estaba decidido. Permanecería junto a Charles, y esa decisión se reafirmó aun más en el momento que intentó separarse de ese estrecho abrazo...
―No ―susurró el telépata al sentir que lo soltaban― por favor no me dejes. Yo... tengo miedo. ―dijo y en ese momento se apretó más contra Magneto escondiendo su rostro en su pecho en donde dejó caer algunas lágrimas.
Erik acarició la espalda de Charles haciendo suaves círculos con las palmas de su mano mientras le daba un pequeño beso en sus cabellos. No sabía cómo, pero lograría que su amigo caminara de nuevo, después de todo tenía mucho tiempo para lograrlo ahora que había decidido pasar: una vida a su lado. Y ni Magneto ni el profesor X se daban cuenta de lo comprometedor que resultaban sus acciones.
―No me dejes ―repitió una vez más Charles― tengo miedo, de caer, de que vengan por los mutantes... no me dejes, Erik.
―No te dejaré. Nunca.
1 Maurice. E.M. Forster
Aquí está el primer capítulo, díganme ¿qué les pareció?
Gracias por leer, cualquier cosa en mi perfil están las formas de contacto. ¡Saludos!
Apailana*
