La noche de la presentación de la Orquesta había llegado. Días antes había acompañado a Misaka para que eligiera un vestido para este día, se decidió por uno largo de color azul eléctrico bastante sencillo, tenía algunos detalles bordados en color plata en el escote y pequeñas piedras negras que formaban líneas que marcaban el corset de la parte superior, y además en la parte de abajo tenía una abertura en la pierna derecha, la cual sería visible mientras tocara. Las dos estuvimos de acuerdo en que era mejor no usar un color llamativo para que no de la impresión de querer opacar al resto de los compañeros ni al director.
La ayudé a maquillarse y peinarse porque ella debía estar en el teatro 3 horas antes del horario de apertura. Era su debut, así que estaba muy emocionada y le prometí que no me perdería aquel momento.
Sabía que seguramente Haruka estaría allí, así que esperaría el momento para hablar con ella y llevaría conmigo todas las cartas que su novia me había enviado.
Elegí un vestido blanco y corto por encima de las rodillas. El corpiño en la parte superior era justado y con forma de v, los tirantes desde el pecho se volvían cada vez más finos a medida que se aproximaban a mis hombros y desde allí comenzaba una delicada capa de muselina blanca que caía hasta el suelo y estaba adornada por algunas perlas. Llevé el cabello semirecogido, como acostumbraba a hacer en ese tipo de eventos. Para el maquillaje, ya que llevaría mi antifaz de Black Rider, decidí que pondría más énfasis en mis labios que en mis ojos, por lo cual opté por tonos nudes para mis parpados y mascara de pestañas, mientras que el labial por el cual me decidí, fue un rojo vino, lo único de color que llevaba esa noche.
Llegué sobre la hora, apenas un momento antes de que comenzara la presentación, ya que me pareció una buena manera de evitar cruzarme con Haruka antes de que encontrara el momento oportuno. Seguramente ella querría ver a su novia y yo no quería perderme el debut de Misaka.
Mentí… En realidad, miento más veces de las que soy capaz de admitir. La razón de mi maquillaje diferente al habitual y mi antifaz, era que quería mostrar una seguridad que en realidad no sentía. De solo pensar que estaría frente a Haruka, mis piernas temblaban y mi corazón se aceleraba sin control.
Cuando llegué al palco, lo primero que hice fue buscar con la mirada a Haruka. Me sorprendió ver que, en la misma fila, a su lado, estaban Usagi, Mamoru, Minako, Rei, Ami y Makoto. Aquello me dolió, así que me dejé caer en el respaldo de la butaca y miré la nada. Siempre las invitaba a mis presentaciones, pero iban muy pocas veces, ya que siempre estaban ocupadas, y eso no me molestaba para nada, porque entendía que todas tenían su vida, pero ¿cómo fue que para verla a ella sí tuvieron tiempo?
Tal y como lo esperaba, Narumi apareció en el escenario con un vestido de color rojo escarlata, con un escote pronunciado y sin tirantes, lo cual dejaba ver que su espalda era demasiado grande para ese modelo de vestido. Quería sobresalir y lo había logrado, ella era lo único que destacaba.
Sé que no estaba bien y que jamás lo admitiría en voz alta, pero disfruté de oír que, aunque era una buena violinista, no estaba a mi nivel. Le faltaba algo a su interpretación, fue demasiado técnica y no pareció tener aura, o al menos yo no lo percibí y aquello me sirvió de consuelo.
Con respecto a Misaka, ella era increíble y a mitad del concierto, al igual que un agujero negro, pareció comerse al resto de sus compañeros, pues su estilo era tan particular y poseía una habilidad increíble para tocar el cello, que me pareció que, en la oscuridad del teatro, ella era la hermosa luna cautivando al público. Me alegró ser espectadora para poder admirarla.
Sabía que mi plan podía fallar, pero necesitaba saber si la conexión que compartíamos con Haruka aún existía, si nuestras almas aún estaban unidas. Ya no era una sailor senshi, pero la energía de mi planeta protector, era parte de mí.
Antes de que terminara el concierto, abandoné mi lugar y me quedé cerca de una de las salidas, la más próxima a la fila de Haruka. Me concentré en amplificar mi propia energía para que pudiera sentirme. Enseguida, ella miró en todas direcciones sin disimular y a su lado, Usagi le había hablado y cuando ella intentó responderle, vio en mi dirección y se quedó mirándome fijamente. Yo le sonreí y me marché en dirección a la escalera.
De pronto escuché que el violín de Narumi había cometido un gran error en su interpretación, al mismo tiempo que escuché a Haruka diciendo mi nombre. Yo no la miré, subí las escaleras que llevaban al piso de arriba y me quedé en uno de los balcones, esperándola. Aún cuando escuché que sus pasos acelerados se habían detenido justo detrás de mí, no tuve el valor para darme la vuelta y verla a la cara. Si el solo hecho de escuchar su voz pareció desarmar mi falsa seguridad ¿qué pasaría si la miraba a los ojos?
—Michiru —me llamó—, Michiru —repitió y lentamente apoyó una de sus manos en mi hombro derecho y con la otra rodeo mi cintura. Finalmente, la mano que estaba en mi hombro, avanzó despacio hacia el frente de mi cuerpo, y se deslizó en diagonal por mi pecho, atrapándome en un fuerte abrazo— Por favor, no te vayas.
Yo no podía hablar, si lo hacía sabía que iba a llorar. Quería quedarme allí, deseaba que el tiempo se detuviera en ese abrazo, que nos quedemos así por toda la eternidad. Con mi mano derecha, toqué la mano que tenía sobre mi pecho y ella la atrapó de inmediato en la suya.
—¿Me amas? —pregunté casi sin respirar. Ella no respondió y lentamente fue soltándome, entonces tuve que tomar coraje y verla a la cara.
Haruka me quitó el antifaz y acarició mi rostro— Eres y siempre serás alguien muy importante y especial en mi vida.
No me amaba, de lo contrario su respuesta hubiera sido simple, como lo era antes. Me obligué a sonreír, no podía demostrarle que el dolor me estaba desarmando por dentro.
—Para mí no lo eres más desde este momento y jamás volverás a serlo —mentí, forzando aún más la sonrisa— Quería pedirte que hables con tu novia y le digas que ya no me envíe más cartas ¿Podrías? —le extendí el fajo de cartas que saqué de mi cartera—. También dile que deje de hacer preguntas sobre mí, no es normal que alguien se interese tanto en la ex de su pareja.
Haruka leía las cartas con expresión de desaprobación e indignación— ¿De dónde sacaste esto? —me preguntó.
—Ya te lo dije, me lo envió tu novia.
Ella negó con la cabeza— No, ella no lo haría. Seguramente fue algún paparazzi que quería ver tu reacción.
—Fue ella —insistí, con seriedad y escondiendo mi enojo.
—¿Cómo sabes que fue ella? ¿La viste?
—No, no la vi, pero ¿quién más iba a interesarse en que vea todo esto?
—Entiendo que desconfíes de ella porque no la conoces, pero aquí dicen mentiras, nosotras no estamos comprometidas. Si ella lo hubiese enviado no se equivocaría así.
Apreté mis labios con fuerza, tenía que hacer todo lo posible para evitar llorar ¿Por qué no me entendía? ¿Por qué no podía ver algo que era obvio? La verdad estaba frente a sus ojos.
—Esta bien si no tienes la capacidad de ver tanto como yo, sé que en gran parte se debe a mi habilidad como protegida de Neptuno, pero no puedes ir en contra de la lógica, está claro que fue ella porque a nadie más le importa separarnos.
Ella arrugó las cartas en sus manos— Seguro las envió tu novio, para que no vuelvas a hablarme —dijo molesta.
Me quedé muda, lo estaba diciendo en serio, realmente no me creía.
—Estás eligiendo creer en su inocencia y al hacerlo, eliges no creer en mí. Dime ¿Cuándo me equivoqué leyendo las intenciones de una persona?
Ahora era Haruka quien se había quedado en silencio. Di un paso hacia adelante y me paré tan cerca de ella como me fue posible, quería provocarla y ella no retrocedió.
—Michiru, no podemos —me rechazó al notar mis intenciones.
—Haruka —la llamó una voz femenina desde la puerta de vidrio del balcón.
Di un par de pasos hacia atrás para ver de quién se trataba, mientras que Haruka se dio la vuelta en dirección a la figura de la recién llegada.
—¿En dónde estabas? Vi que te fuiste antes de terminar y me sentí muy mal, cometí un error y se escuchó horrible —dijo Narumi, con lo que a mí me pareció, fue una tristeza fingida.
—Lo siento, quería tomar un poco de aire —se excusó Haruka y yo les di la espalda.
Apoyé mis manos en el barandal de cemento del balcón y respiré hondo.
—¿Quién es ella? —la escuché preguntarle.
—Es una amiga muy preciada y una gran violinista también. Ven, Michiru —me llamó y muy despacio me acerqué—. Ella es Kiyomi Narumi, y ella es Kaioh Michiru —nos presentó y, aunque ella sonrió y pareció estar disfrutando el momento, yo permanecí seria.
—Mucho gusto, Michiru. Supe que ibas a ocupar mi lugar ¿Te gustó la presentación? —me preguntó Narumi como si nada.
Yo estaba a punto de estallar, no podía tolerar su hipocresía.
—Ahora que lo pienso, se parecen y tienen muchas cosas en común —comentó Haruka, supongo que intentando aliviar el ambiente tenso.
—¿De verdad? Entonces podríamos invitarla a venir con nosotras y con las otras chicas —propuso Narumi emocionada.
—Ja, ja, ja —se me escapó una risa autentica. Fue extraña la contradicción entre mi alma y mi cuerpo, porque por dentro estaba llorando, pero mi cuerpo realmente estaba riendo. La situación fue demasiado ridícula: Haruka defendiendo a alguien aún en contra de la lógica, Narumi fingiendo que todo está bien y tratando de invitarme a salir con mis propias amigas como si yo no fuese parte del grupo, y yo de pie junto a dos personas que se amaban una a la otra. Yo, que pensaba en ella como la extraña que quería meterse en mi vida y en circulo… En realidad, era yo la extraña, yo sobraba en la vida de todos. Era una maldita broma.
Los pasos rápidos y estruendosos en los pasillos llamaron nuestra atención y al instante un grupo de al menos 15 hombres armados y vestidos con trajes negros, apuntaron sus armas contra nosotras.
Haruka hizo aparecer allí la Espada de Urano y no dudó en utilizarla— ¡Espada de Urano, elimina! —atacó y todos los hombres cayeron al suelo. Sin embargo, uno de ellos, que había quedado cubierto por otro que estaba delante, permaneció en pie, apuntando su arma, que oscilaba entre Narumi y yo. Ni siquiera la Espada de Urano podría ser más rápida que un proyectil y debía cubrir a dos personas al mismo tiempo.
Debido a la distancia que había entre Narumi y yo, Haruka solo podía atinar a atajar el proyectil con su espada.
—Haruka, tengo miedo —le dijo Narumi.
Con Haruka nos miramos— Aún puedes convertirte, hazlo —me ordenó.
Yo sentí que la espada que portaba, me había atravesado el pecho. Me pedía que me transforme porque ya había decidido a quién cubriría y yo no podía tomarme el tiempo para explicarle que ya no era una sailor senshi y que sin Misaka no podía usar tampoco los poderes de Black Rider.
—No —respondí con calma.
—No puedo yo sola, transfórmate o huye —me exigió con evidente enojo.
—No lo haré ¿Qué vas a hacer? —le pregunté con calma, para presionarla.
—¿Por qué eres tan terca? —me preguntó apretando los dientes.
—Haruka, quiero irme, tengo miedo —continuó quejándose Narumi, ahora llorando.
Finalmente, el hombre del arma se decidió a disparar y en el momento en el que su dedo índice presionó la cola del disparador, Haruka se lanzó sobre Narumi para protegerla, al mismo tiempo que el proyectil se deslizó desde la boca del cañón hasta mi abdomen. Solo Me quedé allí y respiré profundo.
—¡Michiru! —escuché a Haruka gritar mi nombre desde el otro lado, la miré y seguía cubriendo a Narumi con su cuerpo y su espada.
Un segundo proyectil impactó en mi pecho y en mi vestido blanco parecieron pintarse dos enormes rosas rojas. Sentí que me faltaba el aire y que las heridas quemaban. Me apoyé en el barandal, pues estaba mareada y cada segundo que pasaba, perdía mi fuerza.
Haruka arremetió contra el único hombre que quedó en pie.
Me estaba desvaneciendo y sabía que mi cuerpo caería hacia atrás, hacia el vacío. Fue extraño, pero no tenía miedo. A diferencia de lo que se muestra en las películas, me pareció que estaba bien si me iba en ese momento, no tenía nada que perder y el rechazo de Haruka era mucho más doloroso que dos simples disparos.
"¿Qué importa?" pensé y me relajé.
—¿Por qué no te transformaste? —me retó Haruka, acercándose a mí.
Se veía tan bien con ese traje.
—Te dije que no podía y elegiste la vida más valiosa para ti.
—No digas eso, pensé que podrías evadirlo. Ella me necesitaba más, ella está sola y no puede defenderse. En cambio, tú…
—Tienes razón, ella te necesita. Yo no —terminé de decir y me dejé caer hacia atrás. Vi el rostro de Haruka desde el borde del balcón, estirando sus brazos en un intento por alcanzarme, y por encima, las hermosas estrellas en el firmamento. Sí, estaba bien yéndome así, con aquella hermosa vista.
"Quiero llegar hasta el fondo", pensé y tuve la sensación de estar hundiéndome en lo profundo del océano.
—¡Misa! ¡Misa! Está despertando —escuché la voz lejana de Hiroki.
Continuaba con la sensación de estar bajo el agua.
Escuché pasos que sonaban como semicorcheas en repetición.
—¿Eh?
—No sé, dijo corcho, creo —escuché a Hiroki nuevamente, pero esta vez, mucho más cerca.
Abrí los ojos, pero los sentí pesados, quería seguir durmiendo. Lo primero que vi fueron un par de ojos azules. Quería hablar, pero estaba agotada.
—Me alegra que estés mejorando —dijo Misaka mientras acariciaba mi cabello.
Entonces recordé el balcón, a Haruka y las manchas en mi vestido, tomé una bocanada de aire, como si acabara de salir a la superficie luego de sumergirme durante mucho tiempo. Y de pronto me sentí muy despierta.
—Tranquila, todo está bien —dijo Hiroki del lado opuesto de la cama, y tomó la mano que tenía más cerca de él—. No te levantes —me pidió cuando notó que quería moverme.
—Aún no tienes las fuerzas suficientes, tardará un poco más en sanar, supongo.
—Perdón por dar problemas siempre, parezco una inútil. Yo soy una sailor senshi y tengo que protegerlos —logré decir con bastante lentitud, me parecía que volvería a quedarme dormida y no quería.
—¿Qué te hace pensar que yo necesito la protección de alguien? —preguntó Misaka levantando una ceja.
—Eres mi princesa.
—Ja, ja, ja, tonta. Aquí los tres somos iguales, somos amigos y los amigos se cuidan los unos a los otros. No soy una princesa, pero si te vuelves a dormir quizás pruebe despertarte con un beso.
—¿EH? —se sorprendió Hiroki y la miró con una extraña desconfianza— Búscate tu propia princesa, cara de bowl de cocina.
—Por decir ese tipo de cosas es que no tienes novia, tonto —se burló Misaka.
Yo quería reír, pero no podía y sin darme cuenta, me quedé dormida.
Un haz de luz cruzó por la oscuridad y sentí una molestia entre medio de mis ojos, los cuales abrí con cierta dificultad porque el lugar en el que estaba se veía bastante luminoso. Lo reconocí, era la habitación de Misaka y la luz del sol entraba por la ventana, no pude distinguir si era el amanecer o el atardecer.
Me levanté despacio, mis piernas se sentían al adormecidas y mis movimientos eran torpes. Llegué hasta el pasillo que daba al living y aunque allí no había nadie, el sonido del cello parecía llamarme, provenía desde el jardín trasero. Al abrir la puerta, la música se detuvo.
—Michiru —pronunció mi nombre con una gran sonrisa. Quiso levantarse, pero se dejó caer nuevamente en la silla.
La observé rápidamente y no tenía buen aspecto, Misaka se veía pálida, delgada y tenía dos medialunas levemente moradas debajo de ambos ojos. Quería acercarme a ella, pero mi cuerpo no me lo permitía, estaba demasiado fatigada y ya no podía dar otro paso.
—Te tengo, apóyate —me invitó Hiroki apareciendo por detrás. Me sostuvo y me ayudó a sentarme en una silla que estaba vacía, junto a la de Misaka, a la sombra del único árbol de su jardín.
—Ya te hice las compras, cara de pizza. Dejé el resto del dinero en el lugar de siempre —le dijo a Misaka.
—Gracias, cabeza de piña —le respondió con desgano.
—¿Qué tienes, Misa? No te ves bien —quise saber, me estaba preocupando.
—No es nada, solo necesito un descanso, igual que tú. —Me guiñó un ojo.
Estaba por insistir, no podría conformarme sin saber qué le ocurría, pero Hiroki habló por ella.
—Resulta que ésta… gran amiga tuya, tiene un nivel de demencia tan grande como su corazón y puso su vida en riesgo para salvarte —comenzó a contar Hiroki, mientras yo me sentía peor con cada cosa que decía—. Logró transformarse y atraparte con sus cadenas cuando caías y luego… —dudó en continuar y miró a Misaka, como esperando su aprobación, pero ella torció su boca en un gesto de tristeza y él calló.
—Como ya sabes, la energía de mi cristal es limitada y pude aumentar su fuerza debido al trato que hicimos —continuó Misaka, mientras se acomodaba en su silla, con el instrumento a un lado—, así que para que ambas pudiéramos sobrevivir, le robé a Uranus su energía planetaria.
—¿Qué?
—No toda, solo la necesaria.
—Misa ¿cómo pudiste?
—Ella debe estar mejor que nosotras. Como dije, sólo tomé lo necesario, de lo contrario ambas hubiéramos muerto.
—Bastaba con que fuera solo yo…
—Somos amigas, siempre intentaré ayudarte y salvarte si lo necesitas.
Apreté mis labios intentando no flaquear, pero no lo logré, las estúpidas lágrimas estaban allí otra vez.
—No vuelvas a hacerlo. No lo hagas otra vez, por favor —le pedí sin poder mirarla ¿Por qué tenían que ver mi lado más inútil y vulnerable? ¿Por qué tenía que depender de la ayuda de alguien?
—Pídelo tanto como quieras, pero son mis decisiones y no me arrepiento. Si tengo que sacrificar algunas cosas o incluso vidas, para proteger a las personas que amo, lo voy a hacer.
—Misa —intenté interrumpirla. Me daba un poco de miedo cuando decía cosas como esas porque sabía que realmente lo creía.
—No te hagas la moralista, Michiru. Tú misma estabas decidida a sacrificar vidas para obtener la Copa Lunar ¿cierto? "Por un bien mayor" o "por un ser amado", da igual lo que elijas hacer, si eres fiel a ti misma entonces está bien.
No me esforcé por responder. Aunque ya había pasado por situaciones cercanas a la muerte, no podía imaginar cómo se sentiría Misaka cada día, sabiendo que en algún momento el Cristal Sou la absorbería por completo y todo se terminaría. Quería acompañarla y ayudarla a cumplir su meta para que pudiera tener paz y disfrutar del tiempo que le quede, pero me estaba convirtiendo en una carga y obstaculizando sus planes. Estaba hecha un desastre, fallé como sailor senshi, como violinista, como amiga y como pareja. Era un fracaso.
