~Estado de gracia~

Flightless bird

Amar significa no tener que decir nunca "lo siento" 1


Charles fue sometido a varias pruebas, consultó a varios doctores. Jake Ulrich se convirtió en una especie de médico de cabecera —claro que Charles tuvo que borrar de su memoria el curioso incidente de Azazel tele-transportándolo hasta la mansión Xavier—. Siguiendo las peticiones (órdenes) de Raven, el profesor accedió a visitar varios hospitales y probar con los mejores especialistas... pero al final, el resultado fue siempre el mismo: nada. Nada, Charles no podría volver a caminar y no podían hacer nada al respecto.

"No hay nada que podamos hacer" Es solo cuestión de que se adapte y podrá llevar una vida lo más normal posible"... ¡¿Lo más normal posible?! Pero que mierda querían decir con eso. Erik no soportaba los discursos comprensivos-idiotas que siempre daban los médicos antes y después de restregarle en la cara que Charles no podría volver a caminar. Eran todos unos idiotas, de que les servía ser unos ratones de biblioteca en la facultad, si al ejercer no podían hacer nada por sus pacientes y solo se limitaban a desearles vidas "lo más normales posibles"— Que se vayan todos a la mierda. —pensaba Erik, tratando como siempre de enfocar su furia y odio en alguien más, aunque en el fondo, él se culpaba a sí mismo. Charles le repetía que no se preocupara más, pero a quien engañaban, él había desviado la bala, y de no ser por ese trágico error, no tendrían que estar escuchando a médicos idiotas hablando de normalidad.

Y así, después de poco más de un mes de estar buscando soluciones y alternativas que le devolvieran el caminar a Charles, comprendieron que no podrían luchar contra lo imposible. Que por más X-Men que fueran, esta vez la naturaleza no estaba de su lado, y que la conexión entre las piernas de Charles y su cerebro no volvería a existir más.

Erik, Charles, Raven y los mutantes, todos estaban devastados por la noticia, en cierto modo se negaron a aceptarlo, aunque hubiera culpabilidad en varios de ellos, al final todos dentro de sí sabían que nadie tenía la culpa, no había culpables puesto que ninguno había deseado lastimar a Charles... era todo culpa de la fatalidad. Así era la vida, nadie dijo que tendría que ser justa ni mucho menos fácil.

Por suerte, los mutantes que ahora mismo vivían en la mansión Xavier, tenían a una de las mentes más nobles y sensatas de su lado; fue el mismo Charles quien los ayudó a aceptar su propia tragedia...

Raven... —dijo mirándola a los ojos, esos orbes ámbar tan profundos que años atrás había visto por primera vez en esa tierna niña que terminaría siendo su hermanita— tienes que dejar de sufrir, tienes que dejarlo pasar y seguir adelante. —Charles sabía que de haber tenido la oportunidad, Raven se hubiera ido al bando contrario, y que eran esos pensamientos los que ahora atormentaban a la metamorfa—. Está bien Raven, estás aquí, estamos juntos, todos.

La metamorfa sonrió con melancolía... era cierto, estaban todos juntos, ella, Erik, Charles... y sin embargo, sentía como si hubiera estado a nada de perder a su hermano y por ende a su única familia— Los humanos son unos idiotas —dijo acercándose a Charles que solo rodó los ojos con una expresión divertida— y no dejaré que por unos idiotas nos separemos. —Raven, con su piel azul y su cabello pelirrojo, se acercó a Charles, se agachó para quedar a la altura de la silla de ruedas y lo abrazó. Por unos segundos volvieron a ser esos niños inocentes que una vez se conocieron en la cocina de la mansión, por unos segundos ella volvió a ser la niña asustada que robaba comida para sobrevivir y él volvió a ser el niño inteligente y sin prejuicios que la acogió como su hermana, que sin pedirle nada a cambio la hizo parte de su familia. Estaban juntos, no se separaron y no lo harían.

Sentados alrededor, en los cómodos sillones, otros mutantes miraban con ternura la escena. Alex le daba miradas tiernas a Sean mientras veía como Raven y Charles se abrazaban. Sentado en un sofá de la esquina, Beast miraba todo con melancolía. Y frente a ellos, Erik los observaba, y supo, dentro de sí, que había hecho lo correcto, porque sabía que si hubiera dejado a Charles, Raven se hubiera ido con él, y Lehnsherr no quería ser el causante de una ruptura tan triste como lo hubiera sido la de los dos hermanos.

Y ahora, ustedes —dijo Charles mientras se giraba para quedar frente al resto del grupo— no es necesario que lea sus mentes para saber que andan por ahí culpándose entre ustedes por lo que me pa... por lo que pasó.

Nosotros no estamos culpándonos, en cualquier caso, todos sabemos que es culpa de esa perra de Moira. —dijo Raven, segura de sus palabras.

Havok asintió y tras el Banshee también se mostró de acuerdo aunque con un dejo de duda. Beast solo suspiró (rugió); y Magneto se mantuvo ajeno al asunto, como si recordar esos momentos le provocase un dolor inmenso.

Charles le dio una mirada reprobatoria a Raven que no dejaba de hablar sobre lo perra que era Moira, pero después rodó los ojos en una actitud derrotada y suspirando se dirigió a los mutantes— sí, sí, Raven, como digas... Es por eso que tomé una decisión.

Todos lo voltearon a ver, y Erik despegó la vista del suelo, como si lo que fuera a decir Charles sobre Moira se hubiera vuelto de vital importancia para Magneto.

Como saben, Moira vino a verme la semana pasada, después de que todos la dejáramos olvidada en Cuba —los mutantes hicieron ojos al cielo, como si en verdad la hubieran olvidado por "accidente".

¿Y? —Dijo Raven fastidiada— ¿la dulce Moira quiere auto-invitarse a la mansión o qué? Porque te recuerdo, Charles, que está también es mi casa.

Charles se rió, divertido con el asunto, y le dio una mirada tranquilizadora a su hermana— Calmada Rav, ya no tendrás que preocuparte más por Moira... le borré la memoria para que no volviera a aparecerse por aquí ni tuviese ni un solo recuerdo de nosotros, los mutantes.

¿QUÉ? Todos se quedaron boquiabiertos, y como quien dice, Charles calló a Raven.

¿P-por qué? —fue ahora Hank quien habló.

Charles sonrió levemente— el mundo ya sabe de los mutantes, al menos los gobiernos lo saben, no sé que pase con nosotros de ahora en adelante, pero el anonimato será nuestra primera línea de defensa.

No pasará nada con los mutantes —dijo Erik con la mirada seria, evitando la mirada de todos.

¿Cómo estas tan seguro? —dijo Charles mirando a su amigo.

No lo permitiré. No permitiré que nadie te haga daño Charles, no más. —y fue Erik quien buscó la mirada de Xavier, ambas miradas se encontraron, y los dos hombres se sonrieron. A veces, cuando conoces demasiado a alguien, no es necesario decir nada, porque sin palabras sabes lo que piensa la otra persona, y sabes también que estás de acuerdo. El profesor y Magneto podían tener muchas diferencias, pero también estaban de acuerdo en muchas, ¡muchas cosas! Y eso era algo que nada ni nadie podría borrar. Aun si se hubieran convertido en enemigos de bandos opuestos, seguro que hubieran quedado cosas y cariño en común entre ambos.

Raven le dio una mirada divertida a ambos hombres que no dejaban de mirarse, y sonrió ampliamente. Alex también los miraba con cierta complicidad mientras como quien no quiere la cosa, pasaba un brazo alrededor de Banshee. Fue Hank quien, incómodo con la situación, aclaró su garganta, ganando así la atención de los presentes y una mirada mortal de Mystique.

Charles se sonrojó levemente, pero este sonrojo no pasó desapercibido para el manipulador de metales que sonrió complacido—. Bueno, como les decía —dijo el profesor X volviendo a ganar la atención de todos— ya no tiene caso lamentarse —y sin embargo su mirada estaba llena de lamentos— es hora de comenzar de nuevo. Es hora de dejar el pasado atrás e iniciar una nueva vida. Aun queda mucho por hacer y no podemos quedarnos a llorar por lo que pasó hace unos días. Estuvimos a punto de morir, pero sobrevivimos —Charles le dio una rápida mirada a Magneto, y en su mirar había agradecimiento, tal vez no lo había dicho en voz alta, pero pese a todo le agradecía a Erik, porque si él no hubiera desviado los misiles, todos (quizá con excepción de Azazel y sus secuaces) hubieran muerto... Erik los salvó, no de la manera que Charles hubiera querido, pero lo hizo; y las cosas no salieron como esperaban, pero después de días de meditarlo, Charles había llegado a la conclusión de que fue sólo culpa de la fatalidad, ni Erik ni Moira tuvieron la culpa de nada... el accidente de Charles fue como un daño colateral para que todos pudieran salvarse.— Alex, Sean, Hank, Raven... Erik... es hora de comenzar de nuevo.

Todos lo miraron no convencidos del todo, pero asintieron.

Charles —dijo Erik después de un rato, el profesor miró inocente a su amigo— ¿estás seguro de que no quieres a Moira... contigo?

Silencio incómodo. Todos los mutantes de la sala se quedaron mirando al profesor X, expectantes.

Charles bajó la mirada, como pensándolo— no... no quiero ni necesito a Moira conmigo —en ese momento levantó la mirada y la clavó en Erik— porque todo lo que quiero y necesito ya lo tengo conmigo.


Ahora, dos meses después del accidente en la playa, las cosas se habían tranquilizado un poco... Claro que tenían remordimientos, y hubieran deseado que las cosas sucediesen de otro modo, pero ya nada podían hacer, y como lo dijo Charles, sólo quedaba seguir adelante y comenzar de nuevo.

Charles Francis Xavier, se encontraba en la nueva habitación que Mystique le había preparado en la planta baja, la verdad era que le agradaba mucho, era incluso un poco más grande que la que tuvo en su infancia y juventud; tenía vista al jardín, un estudio, y estaba al lado de la biblioteca. Raven había tomado una buena decisión. El profesor aun tenía sus cabellos húmedos, apenas hace unos minutos había salido del baño... quien iba decir que tareas tan cotidianas como darte un baño o contestar el teléfono podrían tornarse sumamente complicadas si perdieras alguna de tus capacidades —en este caso, el caminar—, ahora necesitaba ayuda y asistencia para casi todo, confiaba en que con él tiempo pudiera independizarse más, pero mientras tendría que aceptar que le prepararan la tina y lo ayudaran a meterse, a salir, a vestirse. A Charles le dolía depender de los demás, no era por cuestiones de orgullo, más bien era porque Charles siempre creyó que podría estar al frente de todos para protegerlos, y ahora, eran ellos quienes lo protegían a él. Charles no estaba solo, y lo sabía, Hank y Raven eran los que más lo ayudaban, pero Sean, Alex y Erik también estaban ahí... sí, Erik también; aunque en cierto modo, su relación con el manipulador de metales era, como decirlo, incómoda, no, no incómoda, pero sí había cambiado... quedó claro que ambos tenían diferentes visiones del mundo, y pese a que se habían perdonado y habían quedado "bien", las cosas no eran como antes. Erik ya no era tan descarado (al menos con Charles), y el profesor se sentía tímido a su lado. Al principio, Magneto quería ayudar en todo al profesor, pero fue el mismo Charles quien se fue alejando del manipulador de metales... "prefiero que Hank lo haga" "creo que me sentiría más cómodo si Raven me acompaña al hospital" "no necesito que nadie mueva la maldita silla de ruedas"... Charles no se daba cuenta (o no quería hacerlo) pero lastimaba a Erik con sus acciones, y no es que no quisiera tenerlo a su lado, ¡claro que quería!... era simplemente, que no quería que Erik lo viera así: tan débil, sin poder caminar, en una silla de ruedas, siendo cargado para llegar a los lugares, arrastrándose el mismo de la silla a la cama y de la cama a la silla... ¡se sentía tan impotente, tan inútil, tan miserable! Y sabía que no tenía derecho a sentirse así, porque no era el único en el mundo, y era egoísta atormentar a los demás con su sufrimiento... era por eso que ante los mutantes ponía buena cara y decía que todo iba bien, incluso les daba ánimos... pero la verdad era que moría de miedo, de frustración... y no quería que Lehnsherr lo viera así, él no. Raven y Hank podrían ser testigos de su debilidad y asistirlo hasta que se acostumbrara a valerse por sí mismo... pero Erik no. No quería que su mejor amigo lo viera en esas condiciones, quería mostrar su mejor rostro a Lehnsherr, quería que su mejor amigo lo siguiera viendo cómo el Charles de antes, y no como el débil que... no podía caminar.

Toc toc.

El sonido de alguien llamando a la puerta, lo sacó de sus pensamientos, y sin necesidad de usar la telepatía supo quién era. No era solo la manera de tocar la puerta, todo él, toda su presencia podía ser sentida por Charles— Adelante, Erik —dijo permitiéndole así la entrada a su mejor amigo, a quien por cierto ya estaba esperando.

Erik entro lentamente a la habitación de su amigo, deteniéndose a observarlo. Charles se encontraba en su silla de ruedas, vistiendo un pantalón de pijama azul marino a juego con una bata también azul oscuro, y unas pantuflas grises; sus cabellos castaños, rizados y un poco largos, caían por encima de sus hombros, como acababa de bañarse estaban aun mojados y unas gotitas escurrían sobre la línea de su cuello. El manipulador de metales se concentró en los ojos de Charles, esos que tanto le gustaban, azules, como los de él, pero más claros, de un azul más tenue, inocente y hermoso. Sí, Charles era un hombre demasiado inocente y puro para este mundo.

—Sólo pasaba a ver si no se te ofrecía nada... —dijo Erik después de un rato de observar a su amigo.

Charles sonrió levemente, todas las noches, antes de dormir, Erik iba a hacerle la misma pregunta, el profesor siempre se negaba y agradecía, después, Lehnsherr le daba un rápido beso en sus cabellos castaños y se retiraba a dormir, ambos dormían separados, o fingían hacerlo... porque lo que no sabían, es que, cada uno en su cama, luchaba por conciliar el sueño. Charles tenía pesadillas, y a Erik sus propios demonios internos no le dejaban dormir.

Erik sonrió con nostalgia, esperando la negativa de su amigo. Sin embargo, esta vez la respuesta de Charles fue diferente— m-me gustaría dar un paseo...

—¿Ahora? —preguntó Erik, confundido. Eran poco más de las once de la noche, y el clima estaba descendiendo rápidamente; además de que se le hizo MUY raro que el telépata pidiera dar un paseo.

—Sí ahora —respondió Charles— y contigo.

Por un segundo, el mundo se detuvo para Magneto, pero como era de esperarse, recobró la compostura al instante. Erik caminó por la habitación del profesor, y sin decir nada, tomó una manta y la colocó en las piernas de Charles.

—¿A dónde quieres ir? —preguntó Lehnsherr mientras se colocaba detrás de la silla para empujarla, y salir de la habitación junto con Charles.

—Solo afuera, al... jardín.

Sin más, el manipulador de metales comenzó a empujar la silla de ruedas. Cada centímetro que la silla avanzaba empujando sus ruedas sobre las alfombras de la mansión, era como un golpe más para Erik; le dolía, claro que le dolía saber que Charles no podría volver a caminar más; era una frustración, un arrepentimiento que lo acechaba día y noche. Magneto se sentía exasperado, impotente y muy, muy dolido. Claro que Lehnsherr sabía que Charles era fuerte y que sabría sobrellevar esto como el gran mutante que era... y sin embargo, no podía evitar ver a Charles con instinto protector, sintiéndolo tan frágil; por ejemplo, ahora, mientras empujaba frente a él esa silla de ruedas no podía evitar sentir una opresión en su pecho, esa silla se encargaba de recordarle la mierda de mundo en la que vivían, esa silla se encargaba de recordarle a Erik que él no era diferente a Shaw, esa silla se encargaba de recordarle a Magneto que era tan mierda como para dejar inválido a la persona que más quería en este mundo. Charles no podría caminar más, era como un pajarillo al que le habían cortado las alas, él mismo se las había cortado y eso era algo que NUNCA podría perdonarse, Charles era su flightless bird, y eso no hacía que lo quisiera menos o que sintiera lástima por él... por el contrario, eso hacía que lo quisiera aun más.

Él único error de Charles, era ser demasiado bueno, demasiado bueno para un mundo que cada vez se viene más abajo, y aun demasiado bueno para Magneto, él que no era tan diferente a su "creador", Shaw.

Erik detuvo la silla de ruedas una vez que hubieron llegado al jardín, y sus melancólicos pensamientos fueron apagados lentamente conforme iba siendo testigo de esa hermosa noche. La luna menguante disminuía física y moralmente, como él mismo Erik, y era acompañada por las estrellas que eran testigo de las bondades y maldades de la Tierra. A penas se oía el ruido de algunos animalillos, pero en la oscura noche, a penas y podían distinguirse algunos árboles y vegetaciones que se disimulaban en la oscuridad. Frente a ellos, la casa en la que Xavier fue creada se erguía ante ellos, solo había un par de luces tenuemente encendidas, que parecían entonar a la perfección con esa misteriosa noche en la que todo podía pasar.

Charles sonrió con melancolía viendo el lugar en que creció frente a él, inhaló profundamente y pudo admirar el olor del bosque, a tierra mojada y árboles; por un segundo tuvo la tentación de hundir su pie en esa tierra húmeda... pero en ese mismo segundo cayó en cuenta de que no podía, y que aunque su pie tocara la tierra, no la sentiría. Sus piernas ya no sentirían nada.

Erik vio como una lágrima se deslizaba silenciosamente por la mejilla de Charles, bien sabía porque era, bien sabía porque eran todas las lágrimas, y bien sabía que era su culpa. Con el dorso de su mano limpió la mejilla de Charles y apretó la mandíbula para contener sus emociones, no tenía derecho a mostrarse triste ante alguien cuya tristeza fue causada por su culpa.

Charles exhaló y miró al cielo encontrándose con el montón de estrellas, tratando de distraer así su mente, tratando de mostrarse fuerte, no podía mostrarse débil ante Erik, no podía permitirse la lástima de una de las personas más importantes en su vida. El profesor frotó sus brazos haciendo fricción para calentarse... la temperatura había descendido bastante y para cuando se dio cuenta sus dientes ya estaban castañeando.

Erik se quitó la cazadora café y sin decir nada la colocó sobre los hombros de Charles, al mismo tiempo, subió más la cobija que momentos atrás le había puesto en las piernas para que lo tapara más. Dio un rápido beso en la frente de su amigo, y ni siquiera supo porque lo hizo.

Ambos se miraron intensamente, fueron solo unos segundos y después miraron la noche a su alrededor. Un gato maulló.

Charles metió las manos dentro de su bata, y sacó una pequeña cajita de terciopelo color azul— ten... —dijo con un leve sonrojo y la extendió hacía el manipulador de metales.

—¿Eh? —se quedó con la boca entreabierta por la sorpresa.

—Ya pasan de las doce —dijo Charles aun con la mano extendida— hoy es tu cumpleaños.

Y eso lo desarmó. ¡Su cumpleaños! Tenía AÑOS, décadas sin siquiera recordar su cumpleaños, y cuando lo recordaba solo lo odiaba, porque cuando no tienes quien te celebre, ni quien te de un abrazo ¿qué caso tiene celebrar?... Erik llevaba años solo, y ahora, este hombre a quien él había dejado en una silla de ruedas se ponía frente a él con un regalo de cumpleaños. No pudo más, y arrodillándose para quedar a su altura, se soltó a llorar. No supo si se hincó para quedar junto a Charles, o porque en realidad sus rodillas le flaquearon, pero sí supo que en menos de un segundo, se vio acogido en el regazo de su amigo, de su mejor amigo.

Xavier sonrió mientras miraba con ternura al hombre que con la cabeza recostada en sus piernas, lloraba silenciosamente— Erik, eres bueno —le dijo, y sabía que quien dijera que no, mentía— es cierto que tenemos concepciones del mundo y de la vida bastante diferentes, pero en el fondo, en la esencia, coincido contigo. —mientras hablaba, acariciaba los sedosos cabellos de Lehnsherr.

Erik, sin dejar de recargar su cabeza en el regazo de Charles, volteó y lo miró directo en sus ojos azules, su blanca piel que se veía aun más pálida con la luz de la luna hacía que el azul de sus ojos resaltara aun más, creándose un tono hermoso y único.

Charles sonrió y extendió la cajita azul— ábrela —le dijo, y Erik separó su cabeza entonces del regazó de su amigo y colocando la cajita en las piernas de Charles comenzó a abrirla.

—¿N-no tienes frío? —dijo Charles y sin querer, interrumpió la labor del otro de abrir el presente.

Lehnsherr se encogió de hombros y le dio una sonrisa —cabe decir, bastante seductora— a su amigo. En la ajustada camisa blanca de Magneto, se podían ver sus fuertes brazos que apretaban incluso la manga corta, y su vello claramente erizado por el frío, sin embargo, la temperatura era lo que menos le importaba al manipulador de metales.

—Bueno, ya, ya... ábrelo —dijo Charles algo nervioso pero contento de que en el rostro de Erik ya no hubieran lágrimas.

Erik abrió la caja que estaba sujeta por un listón rojo, y entonces...— oh, Charles —las miradas de ambos hombres se juntaron como un preludio de lo que estaba por ocurrir.

Era un medallón, precioso, de oro, y tenía inscrita una leyenda: The point between rage and serenity.

Erik miró a Charles, ambos mutantes se miraron, en ese instante las palabras sobraron. Charles tomó el precioso objeto entre sus pequeñas y delicadas manos y le mostró a Erik que más que un medallón, era un relicario. El profesor abrió el relicario, y lo entregó a su amigo.

En ese momento, los ojos de Erik se volvieron a humedecer. Pero sólo una lágrima rodó por sus mejillas, e invirtiendo los papeles de hace un rato, fue ahora Charles quien con el dorso de su mano, limpió esa lágrima.

Erik Lehnsherr sintió la mayor alegría y felicidad, porque ahí, en la joya que Charles Xavier le había regalado, había una fotografía, una fotografía en sepia, muy malgastada, donde se veía a un pequeño Erik apagando las velas de su pastel de cumpleaños, abrazado por la espalda por su madre.

Rápidamente, Erik se levantó y le dio la espalda a Charles para que no pudiera ver sus sollozos— ¿cómo... cuando? —preguntó, anonadado.

Charles miró a su amigo con cariño— con la muerte de Shaw, se pudieron hacer muchas cosas, y se pudieron acceder a muchos archivos y cuentas en el banco... es una suerte que Raven sea una metamorfa. —dijo, dando una explicación general que a Erik le bastó.

Lehnsherr sonrió y volteó a ver a Xavier, sin decir nada, supo que Charles planeó esto desde aquel día en que accedió a sus recuerdos logrando encontrar ese momento feliz con su madre. Sin quitar la mirada de los ojos azules de Charles, Erik abrió la boca para decir algo... pero las palabras no fluían, no había palabras suficientes para explicar el agradecimiento y cariño que el manipulador de metales sentía hacía el telépata. Charles era bueno, muy bueno, que Erik se sentía culpable a su lado...— lo siento —fue lo que finalmente atinó a decir— lo siento por todo.

Charles frunció el seño y su mandíbula se tensó.

—Nunca quise que pasara, tú no mereces... yo, lo sien...

—¡Erik basta! —Enérgico, Charles interrumpió al mutante.

—Es que... tú, yo... lo sien...

—¡BASTA!, es suficiente Erik.

Confundido, Magneto miró a su amigo.

Charles se detuvo un rato, como buscando las palabras adecuadas— Amar, significa no tener que decir nunca "lo siento".

Y en ese momento, todo se detuvo para ambos. Sólo existían Charles y Erik. La brisa helada cubrió los rostros de ambos, y la noche ocultó el gran sonrojo de Charles.

Erik se agachó, y después de mirarlo directo a los ojos y darle una ligera pero muy sincera sonrisa, cubrió con sus labios los de Charles.

El beso fue corto, pero hermoso. Unos ligeros roces de labios bien aceptados por ambos. Cuando se separaron, Lehnsherr posó una mano en los suaves cabellos de Charles, acariciándolos— gracias por el regalo, fue lo mejor que pudieron haberme dado en toda la vida —y volvió a besar a Charles. El beso, ahora fue más largo, Charles colocó sus manos una en el pecho de Erik a la altura de su corazón y la otra alrededor de su cuello, podía sentir los rápidos y fuertes latidos del mutante, al tiempo que sus labios se buscaban intensamente, como si hubieran estado destinados a estar juntos desde antes de nacer. Una lágrima se deslizó por la mejilla de Charles, pero esta vez era de felicidad. En ese beso, ambos mutantes juntaron alegrías y miedos, sueños y rencores, y claro, mucho amor... todo se fundió en uno solo, y se sentía tan bien, que supieron que habían nacido para poder vivir ese momento.

—E-estas temblando... —dijo Erik cuando se separaron para tomar un poco de aire; y la verdad era que él también estaba temblando— Será mejor que volvamos adentro —dijo dándole un pequeño beso en la frente y comenzó a empujar la silla de ruedas de vuelta a la mansión. En su sus piernas, Charles llevaba el regalo de Erik, y una vez que estuvieron en la habitación del profesor, le pidió que se hincara hasta quedar a su altura y colgó el relicario en el pecho de Erik. Ambos hombres volvieron a besarse, como lo harían una y otra vez por el resto de sus días.

Erik cargó a Charles, y lo acostó en su cama, comenzó a arroparlo— creo que deberías descansar. —dijo mientras colocaba una cobija extra ya que hacía un frío de los mil demonios.

—Erik... —Charles entrecerró los ojos— no pensarás que después de lo que pasó te dejaré irte, ¿o sí?

Lehnsherr esbozó una enorme sonrisa— estaba esperando a que lo dijeras —dijo, y en ese momento se descalzó y se recostó en la cama, junto a Charles.

—Ven, tápate que hace frío. —ambos hombres, bajo las cobijas se acomodaron. Erik acunó a Charles en su pecho, acogiéndolo con ambos brazos.

—Puedo sentir los latidos de tu corazón —dijo Charles, acomodándose más entre los brazos de Erik, pegándose más a él.

—Ya te imaginarás por quien late.

El profesor esbozó una enorme sonrisa y también con un brazo se aferró a Magneto, como si temiera perderlo. Se volvieron a besar, para después aferrarse el uno al otro.

Se sentían plenos, felices, jodidamente felices. Sus corazones retumbaban de alegría, y sus almas se sentían plenas, sus almas se sentían ahora como una sola.

Después de un rato de escuchar sus respiraciones y los latidos de su corazón, ambos mutantes se quedaron dormidos, y por primera vez en más de un mes los dos durmieron tranquilamente, sin pesadillas ni preocupaciones.


La temperatura había descendido bastante, así que sin pensarlo dos veces, Alex tomó una cobija de su clóset, y caminó directo a la habitación de Banshee, a hurtadillas, de puntillas, como si no quisiera ser descubierto. Abrió la puerta con cuidado, para que no rechinara, y gracias a la luz de la luna que entraba por la ventana, lo vio: Sean dormía tranquilamente, Havok lo conocía y sabía que podía pasarle un tren encima y él no despertaría, si en algo podía resaltar Sean (además de en su voz de campeonato) era en su gran habilidad para dormir, más que un flojo, Banshee era un dormilón nato, podía pasar horas (más de catorce) pegado al colchón y no se cansaba. Alex sonrió mientras observaba al pelirrojo dormir descuidadamente, algunas de sus pecas se veían en su pecho gracias a la abertura de su camisa, estaba durmiendo algo destapado y temblaba un poco, Havok cubrió al chico con la cobija y cerró la ventana de la habitación para que el frío no se colara más.

Alex suspiró y sonrió mientras veía al niño dormir. Las suaves y lentas respiraciones de Banshee, sus largos y rizados cabellos desperdigados por la almohada y como plus, podía ver que Sean babeaba al dormir, apenas y pudo contener una risita. Todo en el pelirrojo combinaba armoniosamente, y toda esa combinación no hacía más que encantar a Havok.

Para Alexander Summers, Banshee era simplemente la creatura más tierna que hubiera pisado el planeta. Por lo que no le costó mucho trabajo, antes de irse, darle un pequeño besito en su frente, mientras aspiraba el aroma dulzón de sus cabellos naranjas— descansa —susurró, y por supuesto que Sean ni siquiera se inmutó.

De regreso a su cuarto, Alex tuvo la mala suerte de encontrarse con Hank.

—¿Qué haces despierto? —preguntó Beast tallando sus ojos con sus manos (garras) azules.

—Eso no te importa, bozo,o prefieres que te llame... ¡bestia! —y después de burlarse descaradamente del científico, Havok se dirigió a su habitación cerrando la puerta tras de sí y quedándose en bóxers se metió a dormir.

Tal vez Alex no era consciente de que sus palabras en verdad lastimaban a Hank, mucho... o tal vez sí era consciente. Como sea, él se lo había buscado, por ser un payaso, por tener esos lindos pies, por ser una bestia... y lo más importante de todo: por haberse pasado los últimos meses acercándose a Banshee más de la cuenta. ¿O en realidad pensaban que Havok molestaba a Beast sólo por diversión y sin motivos?


1. Jennifer Cavilleri, LOVE STORY.


15 - Enero - 2013

Quiero agradecer a todos los que han acogido el fanfic, me pone muy contenta leer sus comentarios. Algunos preguntaron si habría otras parejas, bueno, creo que ya respondí ;) igual en el summary del fanfic, ya puse las parejas que habrá: CHERIK, Havshee, Destiny x Mystique, Beast x OC, y también algo de Janos x Azazel xD Espero no decepcionarlos.

Gracias a Yumiko Tsuji, Airi-Shimizu, Ezaki, Rii, Hielaine, alessa-vulturi y Moony-Sieg por comentar la historia. Un abrazo ENORME a todos y gracias por leer.

Nos leemos pronto.

Apailana*