Los días siguieron pasando, la primavera ya había llegado y el aroma de las flores inundaba el aire de las calles. Solíamos dejar las ventanas abiertas en la tarde para que entrara la brisa perfumada en la casa.
Misaka y yo nos sentíamos mucho mejor, aunque aún no estábamos del todo recuperadas yo, más que ella, necesitaba sentarme a descansar o ir a dormir luego de hacer varias actividades domésticas. Fue por eso que Hiroki también se mudó (temporalmente) a casa de Misaka, porque fue quien se ocupó de todo y nos cuidó mientras estuvimos inconscientes. En cuanto al Cristal Sou, éste recobraba su energía lentamente y seguro en una semana más volvería a la normalidad.
Hiroki me había conseguido un atril, por lo cual había vuelto a pintar. Estaba comenzando el boceto sobre el lienzo cuando el timbre me sacó de mis pensamientos y dejé todo para ir a atender.
Al abrir, me encontré con Haruka de pie en el umbral. Me tomó totalmente desprevenida y atiné a intentar cerrar la puerta, pero logró detenerla poniendo uno de sus pies para trabarla.
—Por favor, hablemos —me pidió.
Noté que también se veía algo cansada, seguramente debido a la energía que el Cristal Sou había absorbido de ella.
—No estoy bien para esto y no creo que haya quedado algo por decir.
—Tienes que escucharme, esto no puede terminar así.
—¿Así cómo? —le pregunté sin intentar esconder mi enojo— Regresa con tu novia, yo estoy bien aquí con mi novio —le mentí, solo por dejarle en claro que si ella podía reemplazarme, yo podía hacer lo mismo.
Haruka apretó los labios y arrugó el entrecejo, dio un paso hacia adelante y mientras que con una mano me tomó de la cintura, con la otra atrapó la mano con la que sostenía la puerta. Yo no tenía fuerza para resistirme, aún estaba débil para tener una pelea.
—¿También tiemblas cuando él te tiene entre sus brazos? —me preguntó acercando su cara a la mía— ¿O será que le mientes porque sigues pensando en mí?
No pude responderle porque solo quería llorar y tenerla tan cerca de pronto, no era agradable. Dolía en lo más profundo de mi alma, querer tocarla, sentirla, amarla… No podía.
—Suéltame.
—Michiru ¿Quién era? —preguntó la voz de Misaka desde el patio trasero.
—¡Un vendedor! —le grité.
—¿Vienes conmigo o tendremos una discusión frente a tu amiga? —me presionó Haruka, sin soltarme.
—¡Olvidé comprar algo, regreso en un rato! —le avisé a Misaka y Haruka sonrió, dándome espacio.
—¡Recuerda que Hiro regresa en un rato, no tardes! —respondió Misaka con otro grito.
Haruka caminó adelante y yo la seguí hasta la vereda. Había estacionado su Audi negro allí.
—Sube al auto por favor, Michiru —me pidió con gentileza y abrió la puerta del acompañante.
—No quiero. —seguía sin querer ceder, pero me sentía presionada por ella.
—Deja de ser tan terca ¿Cuántos años tienes? ¡Sube ya! —me ordenó, pero yo no me moví.
Me tomó del brazo y me hizo subir. Me puso el cinturón de seguridad y cerró la puerta. Si, soy terca, pero no me gusta que me hablen como lo hizo. Así que durante el viaje me quedé con los brazos cruzados y me limité a mirar por la ventanilla.
Se detuvo cuando llegamos a la costa, estacionó en un mirador frente al mar.
—En verdad lamento mucho la forma en que se dieron las cosas. No fue mi intención lastimarte —comenzó diciendo—. Jamás te hubiera dejado sola si no fuera porque pensé que estarías mejor así.
—¿Mejor? ¿de qué hablas? ¿cómo podría estar mejor sin ti?
—No te lo dije, pero la razón por la que tuve que ir a Estados Unidos no fue solo para competir —comenzó a explicarse.
Mi corazón se aceleraba ¿tendría una excusa que justifique todo este dolor?
—Cuando me hicieron los exámenes médicos aquí, algo salió mal. Había algo anormal en mi cabeza y existía la posibilidad de que fuera un tumor, por lo que para no perder el tiempo me recomendaron seguir con el resto de los exámenes allí por si debían operarme.
Mientras hablaba se me estrujaba el corazón, ella había estado tan mal y yo no estuve a su lado, ni siquiera lo imaginé. Mis manos comenzaron a temblar sin que pudiera controlarlas, así que las uní y las apreté con la poca fuerza que tenía.
—Afortunadamente no era un tumor —continuó hablando, sin dejar de mirarme—, se había formado una especia de coagulo, que no lo hacía menos preocupante, pero con descanso y medicación fue desapareciendo y no fue necesaria ninguna intervención quirúrgica. El médico dijo que se debía al estrés, así que me recomendó tomar vacaciones y dejar la rutina.
—¿Por qué no me lo dijiste? —le reproché y no puede evitar llorar. La angustia ante la idea de su muerte era un millón de veces peor que sólo estar separada de ella.
—Lo intenté, pero no pude...
—¿Pero sí pudiste dejarme?
—No fue eso —suspiró y dejó caer su cabeza hacia atrás en la cabecera de su asiento—. Hablar contigo últimamente estaba siendo difícil, estabas distante y fría. No me sentía contenida ni apoyada, era más como ser invisible o un estorbo en tu vida perfectamente planificada.
Me quedé sin palabras, la miraba, pero no podía encontrar sentido en lo que decía— ¿De qué hablas? —le pregunté con un tono de voz tan bajo que no estaba segura de que me hubiera escuchado.
—Michiru, no me parecía que me amaras, nuestra relación se había enfriado y estábamos juntas por costumbre. No pasaba nada nuevo y cada vez que quería acercarme, comenzaste a pone run muro entre las dos. Dime ¿Cómo se suponía que iba a contarte lo que me ocurría?
—Para mí no fue así, yo no sentí que nos estuviéramos alejando. Yo no estaba contigo por costumbre, yo sí te amaba —dije entre sollozos, mientras limpiaba mi rostro con las mangas de mi cárdigan celeste.
—No me lo demostraste.
—¿Y sólo porque me sentías distante no tuviste el valor de decirme que te ibas con una desconocida a pasar quizás tu ultimo tiempo de vida? —le reclamé sin poder detener el llanto. Las emociones que había estado conteniendo durante todo aquel tiempo, desde nuestra ruptura, se estaban descontrolando en mi interior y sentí miedo porque mi pecho se sentía demasiado frío y pesado.
—Ella no es una desconocida, es mi mejor amiga.
—No mientas, es tu novia. Vi las noticias y ella lo dejó muy claro la otra noche. Además, yo era tu mejor amiga ¿lo olvidaste? Siempre decías que yo era todo para ti: tu mejor amiga, tu novia, tu amante —le recordé, aunque hablar me costaba un poco, pues sentía que comenzaba a faltarme el aire.
—Lo que las revistas publicaron fue basura para vender y tener algo de que hablar. Nosotras no tenemos una relación de ese tipo.
—¿Entonces, por qué ella y no yo? ¿Por qué no pudiste confiar en mí? Solo me hiciste a un lado porque estabas aburrida de mí, esa es la verdad.
Cerró sus ojos un momento, respiró hondo y luego suspiró mirando al mar que teníamos en frente.
—¿Me veías, Michiru? ¿Me escuchabas o siempre fui una sombra para ti? —me preguntó fríamente y con la mirada medio perdida— Jamás notabas cuando estaba a tu lado. Estabas tan metida dentro de ti misma que muchas veces me pregunté si era un estorbo para ti. Si sólo era un accesorio más para la "perfecta Michiru Kaioh", la violinista exitosa que todos aman.
—No sé qué estas...
—No, déjame hablar. Siempre que quería hacer algo para sorprenderte solo sonreías si te lo hacía ver ¿pero tienes una mínima idea de todo lo que intenté cambiar y hacer por ti para que seas feliz?
Solo continué llorando y abracé mi propio cuerpo con fuerza. No podía pensar con claridad y su perspectiva de las cosas era totalmente diferente a la mía.
—Supongo que no, porque jamás notaste que estaba a tu lado. Hablarte era como hablarle a la pared. Estoy segura de que no compartías conmigo ni la mitad de tus pensamientos o preocupaciones. Nunca me tomabas en cuenta para nada, era como si estuvieras por completo sumergida en el mar, hundiéndote y yo intentando sacarte de allí cuando tú no querías hacerlo.
—Para mí eras el mundo entero —le dije intentando calmarme, aunque no lo logré.
Mi cuerpo temblaba más y más. El aire no entraba en mis pulmones y creí que iba a morir de tanto dolor.
—Calma, Michiru. Respira —me pidió al mismo tiempo que bajó las ventanillas y me ofreció un pañuelo.
Quería salir corriendo de su auto pero me sentía frágil, insegura y no quería estar sola en ese estado.
—Michiru, mírame... todo va a estar bien. No te pongas así ¿qué tienes? —me preguntó con verdadera preocupación mientras acariciaba mi rostro y luego mi cabello, pero yo no podía hablar, mis cuerdas no emitían sonido, solo podía llorar en silencio.
Se bajó del auto y abrió la puerta de mi lado— Ven —me pidió, pero no me moví ni la miré. Casi no la escuchaba, todo parecía lejano. Veía el mar, pero me parecía vernos a nosotras sentadas en la orilla con nuestra ropa de verano, a Setsuna preparando el almuerzo debajo de la sombrilla y la pequeña Hotaru jugando en el agua. Todas éramos felices...
—¡Michiru! —me habló fuerte.
Con esfuerzo levanté mi rostro para darme cuenta de que estaba fuera del auto y entre sus brazos, no me di cuenta de cómo llegamos allí.
—Perdóname. Perdóname, por favor. No quise que sufrieras ¿qué es lo que te pasa? Reacciona, Michiru —me pedía, ahora con lágrimas en los ojos. Jamás la había visto llorar así.
Me sentí cansada, mi llanto cesó y mi cuerpo se relajó entre sus brazos, allí donde pertenezco. Me abrazó con fuerza y continuó llorando. Acaricié su cabello débilmente y sentí que me quedaba dormida.
〜 〜
Tras dejar un sobre de papel madera perfectamente doblado en la entrada de una casa, la mujer acomodó las gafas de sol exageradamente grandes, que cubrían gran parte de su rostro y que recordaban a una mosca. Se marchaba del lugar con el paso acelerado, pero fue detenida con una pesada mano que se apoyó en su hombro derecho.
—¿A dónde te vas tan rápido, "amiga"? —preguntó Misaka, al mismo tiempo que empujaba a aquella mujer contra el auto rojo que estaba estacionado allí. Le arrancó las gafas, las lanzó al suelo y las aplastó de un pisotón, dejando al descubierto el rostro de Narumi.
La mujer, horrorizada, intentó huir y abrir la puerta del auto, pero Misaka se lo impidió.
—Voy a llamar a la policía —amenazó Narumi, asustada.
—"Vi i llimir i li pilicia" —repitió Misaka como una burla y rodeó su cuello con su mano derecha, mientras que en la otra, sostenía un sobre de papel madera que llevaba escrito en su frente la frase "para mi amiga Michiru".
—Suéltame, loca —intentó defenderse arañando la mano que la sujetaba.
—Llama a quien quieras, nadie te va a salvar. —Misaka ejerció más presión sobre el cuello de la otra, quien intentaba hablar y defenderse usando sus uñas, sin éxito.
Cuando el rostro de Narumi se puso rojo, la mano de que la sostenía, la liberó.
Tras un ataque de tos y repetidas inhalaciones profundas, se recompuso e intentó abrir la puerta del auto nuevamente, pero Misaka lanzó una patada que dejó a su pie aterrizar sobre el vidrio de la ventana, impidiendo que la puerta se abriera— ¿Tiras tu mierda en mi casa y luego huyes como la cucaracha que eres? —preguntó mostrándole el sobre que traía en la mano— Quiero que dejes de molestar a mi amiga y que desaparezcas de la Orquesta. Si vuelvo a verte en los ensayos, le voy a prender fuego a tu auto, y si te llego a ver rondando por mi barrio, lo haré contigo dentro ¿Está claro?
La mirada de terror de Narumi fue la respuesta que Misaka esperaba— Lárgate y llévate tu mierda —la apuró, lanzándole el sobre que había dejado en su casa.
〜 〜
Al abrir los ojos me encontré con un techo desconocido. Estaba en una habitación en penumbras, iluminada por la poca luz de la calle que se colaba por la ventana y por la puerta que estaba entreabierta.
—¿Haruka? —pregunté cuando me puse de pie, al darme cuenta de que mi último recuerdo era haber estado con ella en la playa.
Me estaba sintiendo asustada, tenía una sensación extraña, como si algo malo fuera a pasar.
Salí de la habitación y seguí el pequeño pasillo hasta dar con el living. Este estaba por completo iluminado, la decoración prolija y elegante se me hacía fría, algo distante.
—Michiru —dijo Haruka, quien estaba de pie junto los ventanales del departamento, observando las luces pequeñas de la ciudad— ¿cómo te sientes?
—Bien —respondí tímidamente ¿era posible que arruinara más su visión de mí? tuvo que verme estando tan mal, seguramente se me había corrido todo el maquillaje y además pensaría que soy débil.
—Pedí comida, siéntate aquí —me pidió ofreciendo su sillón y le hice caso. Me trajo una bandeja desplegable para apoyar en el sillón y luego la comida.
—Gracias, pero no tengo hambre. —Fue una excusa, aunque realmente no tenía hambre, tampoco tenía deseos de permanecer allí y encontrarme con su prometida. Intenté tomar la bandeja para ponerla sobre la mesa ratona, pero puso una de sus manos sobre la mía, evitándome continuar— No puedo quedarme —le dije, casi como una súplica—, no estaría bien que tu prometida te vea con tu ex.
Haruka miró el suelo y dejó caer sus hombros— No es mi prometida —comentó y soltó mi mano, mientras yo, dejándome llevar por la curiosidad, dejé la bandeja en su lugar.
La observé esperando a que me diera una explicación y me preguntaba si había cambiado tanto al punto de ser capaz de mentirme en la cara.
—En realidad fue un malentendido. Jamás fue mi novia y mucho menos mi prometida.
Sentí como el dolor que ya tenía en el pecho, se volvía más agudo. Tomé aire, dejé la bandeja sobre la mesa ratona y me puse de pie para marcharme.
—Espera, no te vayas aún —me pidió, poniéndose de pie frente a mí.
—No puedo creer que niegues algo que es tan evidente, después de todo lo que hiciste por ella.
—¿Qué se supone que hice por ella? Michiru, la prensa exageró todo y ella dijo que éramos pareja porque su ex de hacía 10 años la estaba acosando en sus redes sociales, y luego de decir eso, dejaron de molestarla.
No sé de qué manera la habré mirado, pero comenzó a dudar en continuar hablando. Para mí no tenía sentido que alguien la acosara y se detuviera solamente porque estaba en pareja con alguien.
—Eres una mentirosa —la acusé.
—Te dije la verdad, no me llames así, es ofensivo —me pidió, realmente le había molestado.
—Bien, si no eres una mentirosa, mírame a los ojos y júrame que jamás la besaste, que no la amas, que nunca se acostaron, que no serías capaz de dar tu vida por ella —la reté y la miré fijamente.
Sus ojos grisáceos adquirieron un brillo vidrioso y apretó ligeramente sus labios, como intentando no decir algo— Nunca la amé y mi vida la daría por ti —dijo y con una de sus manos acarició mi rostro.
—Mientes —aseguré e ignoré su caricia—. Que no la ames no significa que no haya pasado anda entre ustedes y cuando debiste elegir por quien arriesgar tu vida, la elegiste a ella. Si no fuera por mis amigos, estaría muerta ahora —le recordé y entonces me di cuenta de que más que tristeza, lo que sentía era decepción. Ésta no era la misma Haruka de la cual me enamoré.
—Lo siento, Michiru. Sí, pasaron cosas entre nosotras, pero fue solo una vez y jamás fue mi novia, sólo una amiga muy querida y especial para mí. Pero sobre lo que ocurrió esa noche, creí que te transformarías y te defenderías, de haber sabido que iban a herirte yo…
—¿Tú qué? ja, ja, ja, te das cuenta, ¿verdad? Sólo tienes palabras, mientras que tus acciones dicen lo contrario. —Di dos pasos hacia atrás y no dejé de verla a los ojos. Cuanto dolía tenerla en frente.
—Te lo juro, Michiru. No la amo, te amo a ti, siempre ha sido así desde que nos conocimos. —Avanzó hacia mí— Déjame demostrártelo ahora mismo —propuso e intentó besarme, pero corrí mi rostro.
—Tu novia, prometida o lo que sea, puede llegar en cualquier momento. No quiero que luego vuelva a molestar con sus cartas.
—Ella no fue.
—¿Cómo lo sabes? —estaba muy enojada, no entendía cómo es que la defendía tanto y le permitía dañarme.
—Porque me lo dijo, ella no lo hizo.
—¿Tanto confías en su palabra? ¿La mía no vale?
—Pondría mis manos en el fuego por ella, porque es una gran persona. Tú no la conoces ¿Por qué estás tan segura de que fue ella? ¿Lo viste en tu espejo?
Guardé silencio ¿cómo debía explicarle la cadena lógica de acontecimientos e intereses, mezclados con las consecuencias de sus acciones?, cuando lo único que Haruka quería en realidad eran pruebas claras, como una grabación de ella dejando el sobre en la puerta, cosa que no tenía porque nunca la había visto dejarlo.
—No, no la vi y tampoco puede usar mi espejo desde que te fuiste —confesé y me crucé de brazos— ¿Podrías darme mi teléfono, por favor? Necesito pedir un taxi.
—Esto no puede acabar así, Michiru —dijo con evidente tristeza y enojo, al mismo tiempo que tomó mi rostro con una de sus manos y me acercó hacia ella—. Me da igual si tienes novio, si tengo que pelear a muerte contra Moon Shadow o si el mundo perece mañana, pero puedo dejar que esto se termine de esta manera —terminó de decir y me besó.
Apreté mis labios y traté de romper el beso, estaba molesta. Jamás había tenido una actitud así. Quise empujarla cuando alejó su rostro del mío, pero detuvo mi mano con la suya y me atrajo nuevamente hacia ella.
—Mírame tú ahora y dime que ya no me amas.
La miré a los ojos un momento y luego vi hacia un costado. Estaba molesta, pero si tenía que ser honesta, ella era hermosa y la calidez de su cuerpo me resultaba tan familiar, que me parecía que allí pertenecía, pero sabía que no podía.
—No dices nada porque sabes que tengo razón, sientes lo mismo que yo —dijo y luego deposito un suave beso en mi cuello.
—No, ya no te amo.
Ella sonrió y se acercó nuevamente, como si fuese a besarme— ¿Ahora quién es la mentirosa? —me susurró y yo creí que iba desvanecerme allí, entre sus brazos, pues me pareció que me quedé sin fuerzas.
Haruka no hizo nada, guardó esa mínima distancia entre sus labios y los míos, estaba esperando a que fuera yo quien decidiera si avanzar o terminarlo allí.
Me rendí, fui patéticamente débil ante su cercanía. Todo de ella me atraía, su actitud, su perfume, sus labios, sus ojos, su cabello desprolijamente peinado, todo. Dejé pasar unos segundos y le correspondí.
Sus manos recorrieron mi cuerpo y se detuvieron en mi cintura, mientras las mías se enlazaron alrededor de su cuello, acariciando su espalda. Me besó con intensidad y pasión, yo la besé con rabia y desesperación. Quería amarla hasta que toda la ira y el dolor que guardaba nos consumieran a ambas.
Me acostó sobre el sillón sin dejar de besarme y se puso encima de mí, dejando mis piernas abiertas entre las suyas. Con una de sus manos se sostuvo en el sillón y con la otra acarició mi pierna, por debajo del vestido, hasta llegar a mi muslo. Yo comencé a desabrochar su camisa blanca, cuando de pronto el sonido del vibrador de un teléfono me desconcentró.
Lo reconocí, aquel era mi teléfono y estaba sobre el escritorio, en la esquina opuesta de la misma habitación. Se trataba de una llamada porque no paraba de vibrar.
—Deja eso ahora, nada tiene importancia —me dijo bajito y se acercó más—. No respondas —me pidió y continuó besando mi cuello.
—Lo siento, puede ser algo importante —le dije al mismo tiempo que la hacía a un lado. Me dirigí al escritorio que estaba a unos pocos pasos del sillón y me sorprendí al ver 6 llamadas perdidas de Misaka y 28 de Hiroki, al parecer llevaban horas intentando contactarme— Lo sabías ¿cierto? Sabías que me estaban llamando ¿Por eso me besaste? —la miré con indignación— ¿querías que pase la noche contigo sólo para que no vea a nadie más? —le pregunté realmente molesta ¿Esto era sólo una distracción?
—¿Qué dices? No es así, solo quiero que volvamos a intentarlo, quédate conmigo —me pidió y tomó mi mano mientras yo acomodaba mi vestido para marcharme.
—Tengo que irme —decidí y me dirigí hacia la puerta. Necesitaba con urgencia saber si todo estaba en orden y si mis amigos estaban bien.
—¿Así que esa tal Misaka es Moon Shadow? —preguntó apropósito, cuando estaba a punto de abrir la puerta— ¿Y ese idiota de las carreras es el que conduce el auto? ¿Él te metió en todo esto? —se veía realmente molesta, lo decía el tono de su voz y todo su cuerpo.
—¿Revisaste mi teléfono? —le pregunté entre indignada y sorprendida.
—No lo revisé, solo vi los nombres de las llamadas.
—Escúchame y que te quede bien claro, no somos nada y no tienes derecho a meterte en mis cosas. Nadie me obligó a nada, Misaka y Hiroki son mis amigos. Así como tú elegiste irte con una cualquiera que me envía cartas anónimas y que intenta parecerse a mí, yo elijo a mis amigos —decidí y abrí la puerta.
—No voy a cubrirte con la Princesa ni con las demás. Si continúas usando tus poderes con Moon Shadow, voy a hacer lo que tenga que hacer sin importar que sean tus amigos.
Dicho aquello, cerré la puerta y me marché a casa de Misaka.
Los tres llevábamos puestos nuestros trajes sin antifaz. La casa estaba en completo silencio, todas las luces, excepto las del pequeño comedor, estaban apagadas. El reloj marcaba las 00:00 de aquel sábado.
Habíamos bebido un poco, sólo por brindar en lo que podía ser nuestra última noche de vida o la última en que lucharíamos; luego todo sería paz, alegría y diversión. Podríamos cumplir nuestros sueños y compartir miles de momentos agradables, comenzaríamos una nueva vida, quizás en Singapur como solía decir Misaka. No tengo idea de porque le gustaba tanto la idea de conocer ese lugar, pero siempre que hablaba de aquello se emocionaba como una niña pequeña.
—Hagamos una promesa grupal —propuso Hiro.
—No te pongas cursi, pomponsito —se burló Misaka.
—Deja de llamarme así, niña lagartija —se defendió él y yo reí. Siempre estaban pelando en broma, eran como hermanos y sé que a estas alturas, aunque no lo dijeran, se querían de esa forma.
—Dejen sus peleas amorosas de lado —les pedí y Misaka me miró sonrojada mientras que Hiro se sorprendió.
—Todos prometamos algo —continuó Hiro—. Vamos a sobrevivir a esto, venceremos a la oscuridad que contamina este lugar y dejaremos limpia la ciudad. Regresaremos en la mañana a esta misma casa, nos cambiaremos de ropa y saldremos por el desayuno en "Big Betty P." ¿de acuerdo?
—No saldré contigo a "Big Betty" si no te bañas cuando regresemos —volvió a decir en broma Misaka.
—De acuerdo, prometo que me bañaré al regresar ja, ja ¡prometan de una vez!
—Prometo que volveremos ilesos en la mañana y luego de que tomemos un baño iremos por el mejor desayuno del mundo, los tres juntos. Y también prometo que pase lo que pase daré todo de mí para vencer a esa mafia y que esta ciudad sea más segura para todos —les prometí.
—Prometo que volveremos todos juntos como equipo, tomaremos nuestro baño y no molestaré a Hiro durante el desayuno. También prometo que me esforzaré al máximo para hacer justicia, pondré toda mi fuerza en eso, así nadie volverá a sufrir ni a perder a los que aman por culpa de esa mafia. Esta noche de luna oscura les servirá de lección a quienes busquen aprovechar la oscuridad para hacer el mal. El poder de este cristal que compartí con ustedes no nos hace oscuros como ellos, la oscuridad es mala sólo si la usas para dañar y arruinar vidas. Nosotros perseguimos un fin noble, ponemos en riesgo nuestras vidas por el bien de toda la gente que vive en esta ciudad, no estamos siendo egoístas, no lo hacemos por nosotros mismos. Haremos justicia por mi padre y por todos los que murieron a manos de ellos, seremos leyenda luego de esta noche. La luna oscura nos dará la fuerza y el valor que nos haga falta para cumplir nuestro cometido, no debemos vacilar al momento de lograr nuestro triunfo, piensen que es sólo nuestra prueba final para ser merecedores de la felicidad que nos espera al otro lado. Para cuando salga el sol esta ciudad tendrá un nuevo renacer, de la oscuridad surgirá un nuevo amanecer para todos —terminó de decir Misaka, bastante emocionada. Siempre solía hablarnos así antes de ir a pelear, supongo que para mantener alta la moral del team. Éste había sido su mejor monologo, el más sentido y me había llegado al corazón. Hiroki y yo creíamos por completo en ella.
Luar que había saltado desde su cómodo lugar en el sillón, se refregó por nuestras piernas y ronroneó como si entendiera lo que pasaba y quisiera darnos sus buenos deseos.
El plan estaba en marcha. Nos separamos al llegar a la fábrica abandonada, la misma en la que se nos arruinó el plan la última vez. Esta vez me había tocado cubrir el ala sur, como se trataba de la parte trasera suponíamos que sería la más difícil de despejar y, debido a mi experiencia como guerrera, habíamos decidido que me ocuparía yo.
Jamás me había ocurrido antes, un mal calculo... un muy mal cálculo.
—Quieta, pon las manos arriba —dijo alguien detrás de mí y reconocí el sonido que hace el revolver al quitarle el seguro. Le hice caso y tal como me pidió, caminé lentamente hasta el centro de la fábrica en el cuarto piso. Era un lugar siniestro, digno de ratas como ellos. En el silencio se escuchaba el sonido de agua escurriéndose y goteando; todo allí olía a humedad y óxido.
No es que no pudiera quitármelos de encima, pero nuestro plan era lograr llegar a su jefe, reducirlos a todos utilizando el poder del Cristal Sou y luego dejar el arresto en manos de la policía. No queríamos sangre. Si me salía mal y un disparo se le escapaba, aquello pondría en alerta a todos en el lugar, así me convenía no hacer nada por el momento y servir de distracción.
—Quítenle el antifaz —ordenó Kasumi, quien apareció allí, seguido por un grupo de matones. Uno de sus hombres me sostenía las manos por detrás y otro me arrancó el antifaz.
—¿No te parece que fuiste demasiado obvia, Michiru? —me preguntó sin una pizca de sorpresa al ver mi rostro, al parecer esperaba aquello— Podrías al menos haber cambiado el antifaz —opinó y sacó una silla oxidada y vieja de una esquina de la habitación para sentarse frente a mí. Luego ordenó que me trajeran una y me ató a ella.
—Michiru, Michiru... jamás voy a entender por qué alguien que tiene todo en la vida decide meterse con gente como nosotros —encendió un cigarrillo— ¿Qué buscas?
Yo conservé la calma, sabía que en cuanto Moon Shadow o Eclipse supieran que me tenían aquí, comenzarían su ataque y yo ayudaría desde aquí, podía liberarme rápidamente.
—Bueno, si no quieres hablar de eso entonces dime cómo es que funciona el Cristal Sou —cambió su pregunta, dando una pitada a su cigarrillo.
Levanté la mirada hacia él con completa sorpresa ¿cómo es que él sabía sobre eso?
—¿Te extraña que lo sepa? —preguntó haciéndose el interesante— No lo creería si no hubiera visto su poder con mis propios ojos —comenzó a contarme mientras fumaba muy relajado y su mirada pareció viajar a través de sus recuerdos—. Hace 5 años atrás formé parte de la primera sede de esta organización en Osaka, tuvimos problemas con un cretino que se negaba a pagarnos lo que nos debía. Le volé los sesos ¡boom! —hizo el gesto de un disparo con su mano libre, mientras yo estaba horrorizada ante la soltura con que narraba una historia tan horrible—. En cuanto a su hija, era una chica muy bonita, pensábamos cobrarnos con ella la deuda ja, ja ya sabes cómo, pero esa bruja de alguna forma hizo aparecer en la oscuridad un cristal negro que brillaba al reflejar la luz de la luna —de pronto cambió la expresión de su rostro por una de rechazo—. Ella los asesinó a todos, de mis amigos solo quedaron cenizas negras que el viento se llevó. Ella escapó y desde entonces he estado buscándola, necesito ese cristal, necesito ese poder.
—Fue una trampa —afirmé. En ese momento entendí todo, y aun así había dos preguntas que invadían mi mente: ¿Sería cierto que Misaka mató a esos hombres? y si todo esto era una trampa porque quería el cristal ¿cómo supo que yo estaba relacionada con Misa y que ella era la persona que buscaba?
—Si, lo fue. Igual que la vez anterior, pero salió mal y lograron escapar —admitió y tiró el cigarrillo al suelo.
¿Entonces Hiro nos había traicionado? ¿O él también había descubierto a Hiro y por eso le hacía llegar información falsa? Intentaba pensar tan rápido como fuera posible, pero no podía ver nuestro error ni las posibilidades que teníamos de salir ilesos de allí.
Otro grupo de hombres armados entró en la habitación trayendo a Eclipse apresado. Él tenía su cabeza baja y un fino hilo de sangre caía desde sus cabellos hasta su cuello. Al parecer lo habían golpeado en la cabeza.
—¡Hiroki! Mi sobrino torcido con complejo de héroe. Mira, aquí tengo a tu novia ¿y sabes que es lo más divertido? Tú la trajiste hasta aquí, ahora va a sufrir y suplicar hasta morir por tu culpa —le advirtió Kasumi.
Hiro sólo me miró a mí. Vi el miedo en sus ojos, ni él ni yo sabíamos qué hacer. Necesitábamos a Moon Shadow con urgencia, pues yo sola no podría proteger a Hiroki y cubrirme para escapar al mismo tiempo.
—Por favor, deja que se vaya. Ella no tiene lo que buscas y tampoco te traicionó —le pidió Hiro a su tío.
—Adelante —ordenó Kasumi y con sólo un gesto de su mano, dos de sus hombres comenzaron a golpearme en el rostro y en el estómago.
—¡Por favor! ¡Por favor! detente, que paren —pidió Hiroki, pero su tío no tenía expresión alguna en su rostro y estaba en completa calma.
—Que se calle —le gruñó Kasumi a quienes tenían a su sobrino y aquel par de hombres también comenzaron a golpearlo hasta derribarlo, y aún cuando estaba en el suelo, no dejaron de patearlo.
—¿Qué mierda haces? —irrumpió Yamato en la enorme habitación, acompañado por unos ocho hombres armados.
Kasumi pareció sorprendido por primera vez y se puso de pie— Que suerte, parece que mataré dos pájaros de un tiro o… bueno, cuatro.
—Estás yendo en contra de las ordenes del jefe. Ustedes —les habló a quienes golpeaban a Hiroki—, suéltenlo o pagarán por esto. Y también a ella —agregó al verme en la esquina opuesta de la habitación—. Sólo eres el líder del equipo de negocios, no eres nadie para tomar decisiones en nombre de la organización.
—No soy el único que ignora su lugar ¿o por qué estás aquí? —le preguntó mirando a Hiroki— ¿Es por este mocoso? Ni a sus padres les importó, su vida no vale nada.
—Dije que los suelten —ordenó Yamato, con la autoridad que lo caracterizaba, pero los hombres de Kasumi no hicieron caso. Él desenfundó su pistola y ejecutó de un disparo a uno de los dos hombres que habían estado golpeando a Hiroki.
—No se asusten, muchachos. Después de hoy, cuando tenga ese cristal en mis manos, seré el nuevo jefe de la organización, así que mátenlos a todos y que no quede ninguna prueba —ordenó Kasumi y se desató una balacera.
En ese momento los vidrios de la parte superior de la habitación estallaron y allí apareció Moon Shadow— ¡Cadena infinita nocturna! —atacó y sus cadenas se extendieron al triple de su largo habitual comenzando a barrer a todos los que estaban allí, dejándolos en el suelo uno a uno.
Todo pasó muy rápido, el único captor de Hiroki estaba en el suelo, así que él aprovechó para lanzar su poder— ¡Cometa oscuro! —atacó a Kasumi y lo derribó.
Yo deshice mis ataduras y luché contra los dos hombres que me habían estado golpeando. Cuando los dejé inconscientes, vi a Kasumi ejecutando a Yamato. Su cuerpo sin vida quedó tendido sobre el suelo polvoriento. De su grupo no había quedado ningún hombre con vida, se habían matado entre ambos grupos.
Estaba por ayudar a Moon Shadow a reducir al último grupo de hombres, cuando sin darme cuenta, Kasumi desde el suelo me apuntaba con su arma. Tuve la sensación de que el tiempo pasaba mucho más lento, el palpitar de mi corazón parecía tener intervalos eternos. Lo vi a los ojos y el me veía a mí, el olor a pólvora invadió el aire antes que el sonido ensordecedor de su disparo.
—¡Al suelo! —gritó Moon Shadow. Ayudada por sus cadenas se balanceó y cayó sobre mí. Una vez más ella salvó mi vida cuando debía ser al revés.
—¡Moon! ¿Qué hiciste? —me desesperé al verla manchada de sangre.
—Sólo fue mi brazo —se examinó restándole importancia y nos volvimos hacia Kasumi. Esos segundos que le dimos de ventaja (porque también Hiroki se había quedado viéndonos en lugar de seguir luchando), le sirvió para retomar el control de la situación.
—Bien, parece que tenemos a todas las ratas juntas —dijo Kasumi—. Atrápenlos —les ordenó a los únicos cuatro hombres que quedaron en pie.
—Entrégame el cristal —le exigió a Moon Shadow— ¿En dónde lo escondes? ¿Todos tienen uno?
—No van a darte nada —respondió Eclipse, de los tres fue el que terminó más golpeado.
—¿Quieres más de esto, sobrinito? —preguntó Kasumi y le dio otro fuerte golpe en el estomagó que lo obligó a caer de rodillas al suelo.
—¿Sobrino? —preguntó Moon Shadow.
—¿No lo sabían? Este inútil de aquí es mi sobrino —dijo Kasumi, con desprecio.
Ambas miramos a Hiroki y él nos devolvió la mirada.
—Dijiste que eras el sobrino de uno de los jefes —le dijo Moon Shadow, esperando una explicación.
—Soy el único jefe ahora, el otro está muerto ja, ja —contó Kasumi, riendo.
—Si te decía que era sobrino, justamente del hombre al que buscabas, no iban a confiar en mí —admitió Hiroki— Lo siento.
—Quiero el cristal. Dámelo o la mato —dijo apuntándome a la cabeza.
Toqué la mano de Misaka para que supiera que estaba lista para atacar y huir.
Ellos eran sólo cinco, así que debíamos darle la oportunidad a Misaka para que pudiera usar su cristal.
Mi compañera me devolvió el toque a modo de respuesta, como dándome el "OK".
—¡Entrégame el maldito cristal! —gritó Kasumi, enfurecido y, sin darnos tiempo a nada, disparó contra Eclipse hiriéndolo en el pecho.
—¡Hiro! —grité su nombre e intenté alcanzarlo. Él me miró a los ojos con ternura y cayó al suelo, sin vida, antes de que pudiera llegar a él.
