Título: Navidades muggles, misión imposible
Autora: Shirokyandi
Beta: FanFiker_FanFinal
Pareja: Harry/Draco
Rating: M
Género: humor/romance
Advertencias: slash
Resumen: Draco Malfoy se va a enfrentar al mayor desafío de toda su vida: preparar unas navidades al estilo muggle. Pero está tranquilo, contará con la inestimable ayuda de Ron Weasley.
Disclaimer: El mundo de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y demás señores. Aquí la autora solo es una mera fan que se divierte, sin ningún ánimo de lucro, con sus personajes.
Notas de la autora: ¡Y aquí está el segundo capítulo! Gracias a todos aquellos que os habéis pasado por el primer capítulo, las alarmas y favoritos! Y por supuesto muchísimas gracias a FanFiker_FanFinal y PukitChan por dejar un comentario. ¡Sois encantadoras, chicas 3!
Ya no os entretengo más, ¡a disfrutar con la lectura!
Capítulo 2: Los consejos de un amigo
Draco tenía muy claro que las posibilidades de conseguir una ayuda significativa en este nuevo desafío iban a ser muy escasas. Es cierto que si hubiese sido Granger, y no Weasley, quien hubiera abierto la puerta, las cosas habrían sido muy distintas. Y en este momento, Draco podría estar respirando con algo de tranquilidad.
Pero no, el mundo tiene mucho que girar antes de que salga algo positivo como resultado de juntar a Ron Weasley y Draco Malfoy en la misma sala.
Cada vez que Potter vuelve de la casa de su amigo pelirrojo trae una sonrisa de oreja a oreja dibujada en la cara, mientras que en el caso de Draco éste solo consigue reafirmarse en la incalculable diferencia de nivel mental existente entre él y la comadreja. Pero bueno, no se puede magnificar la perfección del rubio, existe un campo en el que no le queda más remedio que reconocer al pelirrojo como un digno contrincante: en el juego del ajedrez. Pasarán a los almanaques de la historia esas tardes de civilizada convivencia en la que estos dos disfrutaban de unas partidas de impresionante belleza intelectual.
Pero fuera de ese contexto es mejor no tentar al equilibrio de la tierra, pues nunca se conocen las consecuencias. El mismo Draco escogería antes la compañía de Neville Longbottom, quien después de superar sus traumas de la escuela logró convertirse en todo un entendido en el arte de las pociones.
Quién iba a imaginar que detrás de ese niño gordito y asustadizo se escondía todo un prodigio mezclando ingredientes. Si Snape hubiese llegado a descubrir que en él se escondía tal diamante en bruto le habría dado a la casa Gryffindor cinco puntos. Diez ya habría sido pasarse.
Todos estos cambios en la vida social de Draco servían para que se sintiera, aún más, orgulloso de sí mismo por lo mucho que había conseguido mejorar en relación a tolerar a los amigos de Potter. No se convertirían en sus mejores amigos, pero había llegado a tolerarlos y estar a gusto con ellos en determinadas ocasiones. Aunque no lo diría en voz alta tan fácilmente, solo en casos de urgencia o chantajes sexuales de Potter.
Sin embargo, en ocasiones como estas, cuando solo puede criticar la falta de cerebro de los miembros de la casa de los leones, no hay nada mejor que recurrir a su pequeño círculo de amigos Slytherin. Tras decidir que la compañía de Blaise sería mucho más adecuada para relajarse que la voz estridente y cantarina de Pansy, solo tenía que tratar de encontrar a Blaise disponible para un poco de terapia entre Slytherin.
Agitando su varita se apareció en las puertas de la casa del moreno, un pequeño dúplex con ligeros toques allí y allá al gusto de Blaise, como una verja negra decorada con rizos soldados y acabado en punto de lanza, y esas cortinas de terciopelo de color verde esmeralda, o color "ojos del puñetero de Potter", como solía decir el propio Draco.
Tenía permiso explícito para poder aparecerse en el interior de la vivienda, pero para evitar otro de esos momentos incómodos donde encontrárselo con las manos ocupadas, prefirió llamar al timbre. Y tras unos minutos, el moreno abrió la puerta.
—¡Buenos días, Draco! ¿Qué te trae por aquí?
—Visitar a un viejo amigo, ¿hace falta algo más para solicitar una cita contigo? —preguntó el rubio sonriendo, para después darle un pequeño pero afectuoso abrazo.
—Anda, pasa —y esbozó una pequeña sonrisa— cuéntame en qué te ha metido ahora el chico dorado.
La gente tenía la opinión acerca de Blaise de que este chico solo había nacido con un único interés en la vida: perseguir a toda mujer que se le cruce por su camino. Y es cierto que en el colegio esa fama estaba totalmente justificada. Pero la gente madura y Blaise, una vez sentada la cabeza, demostró que era todo un caballero inglés, aunque de procedencia italiana, que sabía disfrutar con la mera compañía de sus amigos y un té inglés con una nube de leche. No todo iban a ser mujeres ligeras de ropa y botellas de Dolcetto y Lambrusco por el suelo.
Tras preparar dos tazas de té blanco de importación en la cocina, Blaise acompañó a su antiguo compañero de cuarto a una salita con sofás de cuero donde disfrutar cómodamente de la bebida preferida de los ingleses.
—¿Y bien? ¿Qué es lo que tienes que conseguir ahora?
—Navidades, navidades estilo muggle. En serio, Blaise, ¿me recuerdas por qué decidí vivir con Potter?
—¿Porque solo él puede seguirte el juego? —preguntó, risueño—. Salazar sabe lo mucho que te aburrirías sin la presencia de ese moreno en tu vida.
—Touché, querido amigo —reconoció, sonriendo, Draco—. Y pensar en la de tiempo perdido que pasamos peleando como dos mocosos en la escuela…
—Pero bueno, no nos desviemos del tema. ¿Qué es eso de navidades muggles?
—Lo que oyes. Harry quiere celebrar unas fiestas tradicionales, como si fuéramos unos muggles normales… —soltó un gran suspiro—. Yo, el gran Draco Malfoy, decorando mi casa como un simple muggle, es inaudito…
—Vamos, vamos, no dramatices. Siempre te ha encantado exagerar las cosas, ¡eres como Pansy! —exclamó, bromeando.
—¿Quieres que te lo cuente o no? —preguntó, entrecerrando los ojos.
—Merlín, qué paciencia tiene que tener Potter para convivir con semejante reinona del drama…
Y la ínfima paciencia de Draco desapareció para clavarle su codo izquierdo en el costado de Blaise.
—¡Auch! —se quejó el moreno—. Veo que hoy estás más susceptible que de costumbre…
Draco le dirigió una de sus famosas miradas heladas, a las que Blaise ya estaba más que inmunizado. Hasta empezaba a encontrarles su punto mono, como a los pucheros de los niños pequeños. Pero por el bien de su descendencia no lo reconocería ante Draco.
—Bueno… ¿Y qué tienes en mente? —preguntó Blaise para volver al tema.
—Decidí ir a la mejor fuente de información a mi alcance.
—¿A una biblioteca muggle?
—Mejor aún, a una biblioteca andante. Fui a casa de Granger y Weasley.
—¡Esto se pone muy interesante! —comentó Blaise, relamiéndose como si estuviese ante un exquisito pastel—. Y bien, ¿qué paso allí? Por tu cara parece que la cosa no ha salido muy bien…
—Pues no, Granger estaba trabajando, y he tenido que lidiar con su marido.
Y procedió a contarle el pequeño pero intenso encuentro entre él y el pelirrojo.
—Oh, Draco, ¡eso se avisa! no me lo habría querido perder por nada del mundo…
—¿Quieres otro golpe más, cretino masoca del demonio?— mientras le fulminaba con la mirada por la que sería la billonésima vez desde que empezó la amistad entre estas dos serpientes.
—Pues, no sé, ¿por qué no vuelves otro día, que esté Granger en casa?
—Y si vuelve a estar solo Weasley, ¿qué? No quiero tener que batirme en duelo con él, o peor aún, acabar en el suelo como dos trolls. Además, ¿ya no te acuerdas cómo se puso Harry la última vez que traté de maldecir a su amigo? —y reprimió un escalofrío al recordar aquel fatídico día en el que Potter se puso realmente furioso.
—Uf, sí, es cierto. Viendo lo torpe y patoso que es habitualmente hace que a veces te olvides de que fue él quien logró vencer al señor Tenebroso.
—Por eso… Además, después de que Weasley me haya echado de su casa… ¡a mí! —exclamó indignado—. No creo que le agrade volver a verme tan pronto, y conociendo sus modales, se me echaría al cuello. ¡Y tendría que defenderme!
—Por supuesto, Draco. Tú solo te defenderías —y le guiñó un ojo.
—¡Pues claro! —Sonrió de lado—. ¡Pero Potter siempre se pone de su parte y me echaría la culpa por empezar la pelea! Gryffindor prejuiciosos… para que luego hablen mal de nosotros.
Y Blaise se tuvo que morder la lengua para evitar decirle que si había alguien más prejuicioso que los Gryffindor no era nadie más que el mismísimo Draco.
—Pero ¿no quedó en que te iba a mandar algo de información? ¿Por qué no esperas su carta? —preguntó, alzando los hombros.
—¿Es que acaso no te acuerdas de cómo eran las redacciones de Weasley en Hogwarts? —preguntó, horrorizado.
—¡Es verdad! ¡Bendito Severus! Cuando nos juntaba para leer en voz alta los trabajos de los Gryffindor… qué grandes fueron esas noches…
Tras casi una hora de un profundo análisis de los pros y contras de todas las opciones que tenían a mano, decidieron que Draco podría tratar de encontrar alguna forma para que Potter se olvidase de ese desafío y así librarse de todo. Pero no deberían de subestimar la cabezonería de un Gryffindor en cuanto a retos se tratase, y menos a Harry Potter.
Habría muchas cosas con las que poder distraer a Potter, y con esa idea en la cabeza, Draco decidió hacer una pequeña parada en el Callejón Diagón antes de volver a Grimmauld Place.
En esa época del año el Callejón estaba siempre lleno de magos y brujas corriendo de un lado para otro para realizar todas las compras y tareas pendientes antes de que se les echase el tiempo encima. Los escaparates iluminados atraían a los consumidores con ofertas atractivas, compitiendo así por llenar sus negocios. Pero nuestro rubio, con paso firme y decidido, dejó atrás todas esas tiendas con un único objetivo en su mente: acudir al centro de estética para magos "La perfection".
Estaba seguro de que ahí podría conseguir el regalo perfecto que haría enloquecer a Potter y olvidarse de esa tonta apuesta.
Era un local de renombre al que los magos más pudientes acudían para acicalarse con tratamientos escandalosamente caros con los que mitigar temporalmente los efectos de la edad, hasta que llegase la siguiente cita del tratamiento. Acorde con sus precios estaba la decoración: espacios grandes y amplios, un mobiliario de última moda manteniendo un estilo lujoso y delicado y una línea de estéreo envolvente con sonidos que simulan la naturaleza. Todo para ayudar a la relajación de sus estimados clientes para que contratasen todos los posibles extras de sus servicios.
Una jovencita rubia, de labios carnosos y sedosos cabellos, recibió con una sonrisa encantadora a su nuevo cliente.
—¡Buenos días! —saludó la dependienta—. Bienvenido al cielo del relax y la tranquilidad, donde todos sus sueños estéticos se harán realidad.
—Buenos días, querría…
—¡No me diga más! —interrumpió la chica— Está usted buscando un regalo para su ser amado.
—Lo característico en esta época del año, ¿no le parece? —soltó, mordaz, el rubio.
—Está en lo cierto, señor. Quiere hacer un regalo a una señorita muy afortunada, ¿verdad?
—Incorrecto, es para un señorito —soltó de manera seca Draco, como si le hubiese ofendido tal suposición de que pudiese estar en una relación con una mujer.
—¡Oh!¡ Vaya! —exclamó sorprendida, mientras sus tiernas mejillas adquirían un delicado tono rojo—. Disculpe, no quise insinuar nada, señor. Tenemos muchísimos clientes de su misma identidad sexual, somos muy tolerantes con todos los gustos y preferencias de los magos y brujas.
—Déjelo, no se preocupe —y sonrió superficialmente para quitar importancia a la incómoda situación.
—Muy bien, ¿me puede indicar su nombre para proceder al registro?
—Señor Malfoy, Draco Malfoy.
—Muy bien, señor Malfoy, y dígame, ¿a nombre de quién está destinado el regalo?
—A mi nombre—respondió Draco, con toda la naturalidad del mundo.
—¿Su nombre? ¿Pero no es un regalo? —preguntó confusa.
—Así es, un regalo, pero la sesión es para mí.
—Discúlpeme otra vez, pero… —titubeó un poco, nerviosa por lo que iba a decir—. Si el tratamiento es para usted… ¿qué le va a regalar a él?
Y Draco se limitó a alzar la ceja izquierda y deslizar la comisura de la boca en una sonrisa llena de picardía.
— ¡Oh,oh! Por Merlín, ¡es usted el regalo! —exclamó emocionada.
—Premio para la rubia… —murmuró entre dientes.
—Perdone, ¿qué ha dicho?
—Nada, nada, que si podemos proceder a rellenar la solicitud.
—Claro, claro —y soltando una risita nerviosa sacó una tarjeta dorada para cubrir todos los detalles de la sesión de estética—. ¡Espero que su amigo disfrute del regalo!
—No me cabe la menor duda —y después de rellenar todos los campos se despidió con un guiño marca Malfoy, dejando atrás a una chica emocionada por contar a sus compañeras de trabajo el último cotilleo del día.
Rinconcito de la autora: ay, este Draco es demasiado coqueto y vanidoso... Aunque lo peor está aún por llegar. No le odiéis demasiado...
¡Nos vemos para la semana! Cualquier cosita estoy a vuestra plena disposición a través de los reviews!
¡Un abrazo!
