—Lamento tu perdida, Michiru —dijo Sailor Uranus, quien apareció sorpresivamente a mi lado, en la azotea de aquel edificio—. Imagino que debe ser difícil para ti. Sin embargo, debes regresar.

Yo no la miré, a pesar de su repentina aparición continué con la vista fija en la ciudad nocturna, sentada en el borde del muro que rodeaba la azotea.

—Él no era mi novio —respondí fríamente.

Ambas guardamos silencio. El viento fresco me ayudaba a sentirme más despierta, ya que en las noches casi no dormía desde hacía dos semanas, desde lo ocurrido con Hiroki.

—Abandona esto. Si ella se fue será mejor que no sigas buscándola. Vuelve conmigo —me pidió Uranus, entonces la miré— Regresemos y dejemos esto atrás.

—Dijiste que pondrías las manos en el fuego por tu amiga Narumi, incluso si al hacerlo me lastimabas a mí. Misaka es mi amiga, no voy a dejarla sola. Deberías entenderlo porque es lo mismo —respondí molesta. No tenía derecho a pedirme que abandonara a alguien que se había vuelto tan importante para mí.

Uranus dejó escapar un suspiro de resignación y arrugó un poco su frente— Ya todos saben sobre Moon Shadow, la princesa aún no decidió qué hacer.

—¿Qué? —levanté la voz y la miré con reproche. Indudablemente esto significaba que habría un enfrentamiento.

—Setsuna terminó de recuperarse, me pidió que te encontrara y te salvara —empezó a contarme, y yo cerré mis ojos conteniendo un estallido— Misaka no es lo que parece, Michiru. Ella es oscura y está corrompiendo tu corazón con su cristal. Tuvimos que decírselo a las demás porque no podemos esconder algo tan importante y peligroso. Pero no les conté sobre ti, sólo saben que tienes contacto con ella, no que eres...esto en lo que te estás convirtiendo. Quizás no te das cuenta, pero ya no eres la misma, no eres mi Michiru —al decir esto puso una de sus manos sobre mi hombro intentando acercarse— ¡Reacciona! Tú y yo somos un equipo, luchamos en el mismo bando y protegemos este planeta, nuestro deber es obedecer a nuestra princesa.

—En primer lugar, tú no conoces a Misaka, así que no hables sobre ella de esa forma. En segundo lugar, tú y yo dejamos de ser un equipo, no el día en que nos separamos, dejamos de serlo el día en que elegiste vivir cosas importantes junto a la otra. Misaka fue la única persona que me dio su apoyo y salvó mi vida dos veces, mientras que tú elegiste salvar la vida de alguien más a cambio de la mía. Si Misaka no me hubiera ayudado esa última vez, en lugar de él, quien estaría muerta ahora, sería yo —confesé intentando no quebrarme, ni siquiera era capaz de decir su nombre en voz alta porque la culpa por su muerte me estaba torturando y consumiendo por dentro.

—No, Michiru. Escúchame, Setsuna dijo que su cristal tiene el poder suficiente para destruir el sistema solar entero. Debemos eliminarla porque es nuestro deber como sailor guerreras.

—Tonta. Su cristal no tiene energía suficiente, puedo sentirlo. Quizás ya no pueda volver a transformarse y quizás muera cuando eso pase —le conté, esperando que entendiera que ella no era una amenaza. Aunque no estaba segura de que luego usaría esa información para intentar eliminarla. De todas formas, yo la protegería como ella lo hizo conmigo.

—¿Con quién está tu lealtad, Neptune? —me preguntó Uranus, poniendo especial énfasis en la última palabra— Piénsalo —dijo y se dio la vuelta para marcharse—. Si eliges ir en contra de nuestra princesa, estarás traicionándonos, y espero que no tengamos la desgracia de tener que luchar en lados opuestos, porque haré lo que tenga que hacer para proteger este planeta —me aseguró.

—Entonces espero que no nos encontremos —le respondí con seguridad y llevando instintivamente mi mano hacia el dije del collar que Hiroki me había regalado—. Te prometo que también haré lo que deba hacer para proteger a mi amiga, a esta ciudad y al planeta —terminé de decir y se marchó en silencio, sin volverse a verme.

Debido a que nuestras identidades fueron descubiertas, tuve que tomar todo lo imprescindible de casa de Misaka para subsistir, incluyendo a su gata Luar, quien ahora vivía conmigo en un pequeño departamento rentado.

Misaka desapareció luego de lo ocurrido con Hiroki.

Ya se había convertido en una rutina, el sol se escondía y yo tomaba el traje de Black Rider. Cada noche la busqué incansablemente, pero no logré encontrarla. Podía sentir cuando estaba cerca porque utilizó su cristal conmigo, pero cuando parecía que iba a alcanzarla, siempre escapaba.

Sabía que la única persona que podía entenderme en aquel momento, era ella. Las dos estábamos solas en medio de la noche, las dos sufríamos en silencio.

¿Alguien sabe cómo se siente cuando parece que te rompes por dentro en miles de pedazos? ¿Alguien allá afuera sabe cómo se siente cuando el dolor hace que tu alma se funda con la oscuridad de la noche? ¿Imaginará alguien como es estar sola y desear que el mundo se detenga, pero no poder ni siquiera llorar porque no hay tiempo para rendirse? ¿Sabe alguien cómo se siente luchar con el alma rota y autodestruirte en silencio?

Era un sentimiento extraño, porque después de estar tan mal por la ruptura con Haruka, el dolor en mi interior ya no provocaba lo mismo en mí. No es que la pena hubiese desaparecido, más bien era como si estuviera comprimida para ser más soportable. Tanto mi amor como mi alegría fueron reemplazadas por un vacío gris y frío que me helaba el alma. Ahora podía entender perfectamente a Misaka, apenas en estos momentos me di cuenta sobre a qué se refería con "el poder de la oscuridad", me sentí más fuerte y segura porque algo en mí se había roto y ya no tenía miedo. Sentí que era capaz de soportar la pesada carga de resentimiento, arrepentimiento y desilusión que debía aguantar todos los días.

Caminé buscándola, pude sentirla y supuse que escaparía una vez más. Corrí hasta el final de la rambla de la playa al ver una rubia de cabello corto de pie.

Cuando llegué a su lado me miró, seguía impactándome su parecido con Usagi. Me detuve en seco y volvió su vista al frente ignorándome.

—Llevo días buscándote —comenté, intentando que no sonara a un reclamo— ¿En dónde estabas? —le pregunté mientras me recostaba en la barandilla para recuperar el aliento.

Misaka no respondió y tampoco me miró, pero bajó la mirada, dejando caer su flequillo sobre parte de sus ojos.

La brisa marina agitó sus cabellos con elegancia y el tenue sol del ocaso iluminó su rostro, dándole un aire místico y angelical que me obligó a quedarme en silencio, viéndola.

—Todos sabíamos que podíamos morir, todos conocíamos el riesgo y lo aceptamos —dijo de repente, con enojo contenido en el tono de su voz—. Con su muerte me di cuenta de que la compañía me estorba. Si quiero que esto salga bien será mejor que lo haga sola, ya no te necesito, Michiru —continuó diciendo—. Será mejor que no vuelvas a buscarme —terminó de decir y me dio la espalda para irse.

—Eso no es verdad —la contradije—. Sientes el mismo dolor que yo siento porque también Hiro era alguien importante para ti. —ella se detuvo al escucharme— No necesitas fingir que nada te toca todo el tiempo, en el fondo estás rota igual que yo —seguí diciéndole mientras me acercaba a ella, que continuó dándome la espalda—. Por favor, ya no huyas. —la abracé por detrás tan fuerte como pude.

—Cállate, no sabes lo que dices.

—Somos amigas, Misa. Estaré contigo en las buenas y en las malas, es mi decisión.

—Te liberaré. No estarás ligada al Cristal Sou y podrás volver a ser una Sailor Senshi.

—¿Renunciarás a ser Moon Shadow? Si lo haces, entonces también dejaré de ser Black Rider.

—Tonta. A mi cristal casi no le queda energía, con la muerte de Hiro, gran parte de su poder se perdió. Es probable… —su voz se quebró— que muera en poco tiempo y que no pueda volver a transformarme.

Una gota humedeció una de mis manos, ella estaba llorando y yo no supe qué decir.

La abracé más fuerte.

—No puedo soportar que él haya muerto por mi culpa. Si tan solo hubiera actuado antes y más rápido. Ni siquiera recuperamos su cuerpo para darle un velatorio. Perdimos porque no pude ser más fuerte para ganar —dijo entre sollozos.

—No digas eso, nadie sabía lo que pasaría, la culpa la tienen esos hombres. Él no hubiera querido verte así y que dijeras esas cosas.

—No puedo permitir que alguien más salga perjudicado por mi culpa. Lo mejor es no involucrarte más en esto.

—Sé cuidarme sola, acepto la responsabilidad por lo que pueda pasarme porque yo también quiero ayudar a proteger esta ciudad y el futuro en el que Hiro creyó —dije bajito y con dificultad, intentando no llorar.

Se giró y me devolvió el abrazo, como si de esa forma pudiéramos calmar el frío de nuestras almas y sostener nuestros fragmentos rotos.

Ella no dijo nada y después su teléfono sonó. La solté y dio un par de pasos hacia atrás para atender. Su expresión fue extraña al ver el número, limpió sus lágrimas y aceptó la llamada.

De pronto tuve la sensación de que el viento se volvió un poco más frío y agresivo, como si estuviera haciendo una predicción de nuestros destinos.

La expresión de ira en el rostro de Misaka me indicó que algo no iba bien.

—Si lo lastimas voy a arrancarte la piel con mis propias manos y a romper cada parte de tu cuerpo, hasta que me ruegues que te mate —le aseguró a la persona del otro lado del teléfono.

Cortó la llamada y sus manos temblaron ligeramente, luego cerró su puño con fuerza.

—¿Qué ocurrió? —pregunté temiendo su respuesta.

—Tienen a Sosuke —me respondió con la vista fija en el teléfono que sostenía—. Perdimos contacto hace 3 días, seguro porque seguimos hablando todo este tiempo.

Me costó convencerla de que me dejara ir con ella. Kasumi la había citado en una dirección lejos del centro de la ciudad y le ofreció liberar a su novio Sosuke a cambio del Cristal Sou, a lo que ella accedió. El cristal estaba casi agotado y no podía ser usado por alguien común y corriente como lo era Kasumi, así que de nada le serviría.

Aceptó llevarme con la condición de que me mantuviera oculta y solo como un back up en caso de que pudiera ayudar a salvar a Sosuke si las cosas se complicaban. Me hizo jurar que no iba a interceder a menos que fuese necesario y que la prioridad era su novio.

Mientras el sol se escondía dando paso a una noche oscura, Misaka y yo nos vestimos por última vez como Moon Shadow y Black Rider.

—Por el bien de esta ciudad —dijo Misaka y me dio la mano antes de ponerse el antifaz.

—Y por el amor a nuestros amigos —respondí tomando su mano.

—Esta es nuestra última batalla. Seré libre después de esto y tú podrás recuperar tu vida.

—Libres y felices, Misa —le respondí—. Veremos salir el sol mañana.

Llegamos al lugar que le habían indicado por teléfono, se trataba de una enorme mansión rodeada por un gran parque con pocos árboles. Aquello dificultaba mucho nuestra entrada, aumentaban las probabilidades de que nos vieran aparecer.

Me abracé a Moon Shadow y ella me sostuvo de la cintura, de esta forma, utilizó sus cadenas para poder balancearnos de un árbol hacia otro con rapidez sin llegar a tocar el suelo.

Me quedé en lo alto de un árbol frente a un ventanal que daba a una gran sala de la mansión, era la única sala con la luz encendida y desde allí podía ver al menos a 10 hombres armados, a Kasumi de pie frente a una mesa con varias cosas encima, y a Sosuke atado a una silla, amordazado y bastante lastimado.

Moon Shadow debía entrar por la terraza y, aunque me preocupó que tardara un poco más de lo previsto, finalmente hizo su aparición, como siempre, estrepitosa. Usó a uno de los hombres de vigilancia que atrapó antes y lo hizo volar hasta el interior de la habitación.

—Bonita forma de saludar ¿Podría pedirte que tengas cuidado con no manchar mi alfombra? Mi esposa va a molestarse —dijo Kasumi con tranquilidad al mismo tiempo que sacó su pistola y apuntó a Sosuke.

—Vine a cumplir con el trato. Déjalo ir y el cristal será tuyo —respondió Moon Shadow, con las puntas amenazantes de sus cadenas apuntando a todos los hombres en aquella habitación.

—Primero entrégame el cristal, no confío en esas cadenitas que te cuelgas —dijo Kasumi apagando el cigarro en el cenicero que estaba sobre la mesa ratona que estaba entre medio de él y Sosuke— ¿Cómo puedo saber que nos dejarás ir luego de que te lo entregue? —preguntó Misaka sin quitarle los ojos de encima a su novio.

—Tendrás que confiar o se mueren aquí —advirtió Kasumi y direccionó la boca del cañón de su armar hacia el pecho de Sosuke.

Moon Shadow respiró profundo— Moon magnet —murmuró y dio vuelta la medialuna de su broche, haciendo que al instante todas las armas que poseían los hombres de aquel lugar, se pegaran a la superficie de sus cadenas. Entonces, las usó para romper una de las ventanas y lanzó hacia afuera todas las armas.

—Ja, ja, gracias a la información que obtuve luego de tus ataques anteriores, sé sobre algunas habilidades del cristal, sé que puedes controlar ciertos metales y por eso me aseguré de que el mío no estuviera entre ellos —explicó Kasumi, divertido.

Luego de casi un minuto de vacilar, Moon Shadow arrancó el broche de su moño negro y se lo ofreció a Kasumi.

Él tomó el cristal oscuro con una de sus manos y en su rostro se dibujó una sonrisa. Las cadenas de Moon Shadow y la luna de su frente desaparecieron. Mientras tanto yo, desde aquel árbol me sentí débil y supuse que mis poderes no funcionarían.

—Recuerdo esa misma mirada de desesperación en tu padre el día que íbamos a matarte —comentó, mirando a Sosuke a los ojos y luego a Moon Shadow—. Suplicó por tu vida, es una pena que no sirviera de nada. De todas formas, te mueres hoy —aseguró Kasumi, apuntando a Moon Shadow con su arma, ella le sostuvo la mirada.

Ya no podía esperar, aún si desconocer las consecuencias de que Moon Shadow no tuviera en sus manos el Cristal Sou implicaba un gran riesgo, no podía esperar más. Entré en la sala rompiendo el ventanal, mientras que Moon Shadow de un salto logró desarmar a Kasumi y al girar sobre su propio cuerpo en el aire, le quebró un brazo. Estoy segura de que hubiera seguido golpeándolo si no fuera porque el resto de los hombres se nos fueron encima. No podíamos usar nuestros poderes, sólo podíamos luchar cuerpo a cuerpo.

Moon Shadow levantó del suelo el Cristal Sou que Kasumi dejó caer cuando lo derribó.

Yo había perdido el equilibrio debido a una patada que me lanzó por detrás alguien que no había visto.

Uno de los hombres de Kasumi que había quedado tirado en el suelo luego de recibir un golpe de Moon Shadow, tomó el arma que se le había caído a su jefe.

—¡Dispárales! ¡Mátalos! —le ordenó Kasumi.

Moon Shadow volvió a poner el broche en su lugar, pero éste ya no funcionó.

Aquel hombre disparó contra Sosuke y por un momento tuve la sensación de que todo se había silenciado. Como si el tiempo se hubiese detenido en medio de un huracán, todos se quedaron quietos.

Vi escurrirse la sangre desde el pecho de Sosuke, manchando su remera, y su cabeza quedó colgante hacia abajo. Luego fijé la vista en Moon Shadow. Sus ojos azules estaban abiertos con sorpresa y sus labios apretados temblaban. A través de su antifaz pude notar como de sus ojos comenzaron a brotar lágrimas, hasta que finalmente soltó un grito tan desgarrador y potente que todo lo que era de vidrio y cristal en aquella habitación, explotó en miles de pedazos.

Al suceder aquello con toda la cristalería, varios hombres quedaron heridos y yo no fui la excepción. Tenía incrustado un gran trozo de vidrio en mi pierna izquierda y algunos cortes a lo largo de mi cuerpo.

Kasumi, también había sido herido y estaba intentando ponerse de pie, mientras que el tirador, yacía muerto sobre un gran charco de sangre que se hacía más grande a cada segundo. Al parecer, varios cristales habían cortado algunas arterias importantes.

A pesar de que su cristal ya estaba agotado, la oscuridad que llenaba su interior le había dado cierta fuerza que aún la hacía peligrosa y fuerte.

Moon Shadow se acercó al cuerpo de Sosuke, le quitó la mordaza y las cuerdas que ataban sus manos. Se arrodilló en el suelo y dejó reposar el rostro de su amado sobre su pecho. Lloró mientras acariciaba su cabello y lo abrazó con fuerza.

Quité el trozo de cristal de mi pierna con un esfuerzo sobre humano. Dolió tanto que me quedé sin aire un momento y temí desmayarme. Mi herida perdía mucha sangre y no podía ponerme en pie.

Todos comenzaban a recuperarse y a tomar posiciones. Me arrastré hasta Moon Shadow pero ella parecía estar inmersa en su dolor.

—Oye, tenemos que salir de aquí —le dije intentando levantarme cuando estuve a su lado.

—Vete —me respondió fríamente y sin soltar el cuerpo de Sosuke.

—Salgamos de aquí —insistí, pero ni siquiera me miró.

—Me quedaré con él. Escapa.

—Misa, por favor, salgamos de este lugar —le rogué viendo como comenzaban a ponerse en pie nuestros enemigos.

—Perdóname, Sosuke —le murmuró como si él aún pudiera escucharla.