Título: Navidades muggles, misión imposible
Autora: Shirokyandi
Beta: FanFiker_FanFinal
Pareja: Harry/Draco
Rating: M
Género: humor/romance
Advertencias: slash
Resumen: Draco Malfoy se va a enfrentar al mayor desafío de toda su vida: preparar unas navidades al estilo muggle. Pero está tranquilo, contará con la inestimable ayuda de Ron Weasley.
Disclaimer: El mundo de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y demás señores. Aquí la autora solo es una mera fan que se divierte, sin ningún ánimo de lucro, con sus personajes.
Notas de la autora: ¡Buenas! Algo más tarde, pero aquí está el siguiente capítulo. Sigo siendo novata en esto de escribir fics, y escribir diálogos y algunas escenas subiditas de tono, me están costando. Pero poco a poco iré mejorando :) ¡Espero que os guste el camino que está tomando la historia! O por lo menos que os resulte amena la lectura. ¡Ah! ¡Hay muchas cosas escritas de manera exagerada! No os lo toméis demasiado en serio xD
Gracias a PukitChan por comentar en el capítulo anterior y a todos os que os habéis pasado por aquí :)
Capítulo 3: I'm too sexy
Pocas cosas sorprendieron más al mundo que la salida del armario de Harry y Draco. Bueno, la noticia de la homosexualidad de Draco era algo de esperar, pues había demasiadas cosas ambiguas en su día a día como para no tener sospecha alguna: acicalamientos matutinos de más de una hora (ahí tenéis la razón de la existencia de su baño privado en Hogwarts), un exquisito gusto en detectar el tejido de cualquier prenda solo con el tacto, esa manicura impecable y muchas otras cosas igual de inquietantes…
Por parte de Harry sí que fue algo más inesperado, pues no parecía entrar en el prototipo de los gays. Sin embargo, ¿había algo normal en torno a la vida de Harry Potter? Para su desgracia no, y ahora tenía algo más que lo diferenciaba de la mayoría de los magos aparte de esa cicatriz, de la capacidad de hablar pársel o del pelo más rebelde de todo el mundo mágico.
Vale, hay que rectificar, lo que más sorprendió al mundo fue el día en el que se fueron juntos de la mano a escoger el que iba a ser temporalmente el armario del dormitorio principal, hasta que a Draco se le quedase pequeño.
La mayoría de los magos se echaron las manos a la cabeza pensando en lo poco que iban a durar juntos: que si eran muy distintos, que si tenían costumbres muy dispares, que si solo era una confusión de sus sentimientos o que solo necesitaban descargar esa tensión sexual no resuelta y en un par de días ya podrían ir cada uno por su lado, etc.
Pero a medida que pasaban los meses y solo veían más y más enseres de Draco guardados rigurosamente en el mobiliario de Grimmauld Place, y menos objetos de Harry tirados en cualquier rincón, quedó más que claro que esa relación era cualquier cosa menos algo pasajero.
Además, como ya explicamos antes, todas esas diferencias se convirtieron en el pilar de sus relaciones. No quiere decir que se pasasen las veinticuatro horas del día retozando sexualmente en el suelo. Pero, seamos sinceros, después de la infancia que han pasado estos dos chicos, ¿creeríais que se iban a conformar con una vida marital monótona y aburrida?
Estos dos amantes de los retos y enredos estaban destinados a estar juntos. Pero ¿llegará el día en el que se aburran de sus eternas peleas y apuestas? Eso tendremos que dejarlo en manos de las mejores pitonisas del mundo.
Después de acudir a su cita en el centro de belleza, Draco se dirigió a un par de tiendas para ultimar todos los detalles de este plan deliciosamente planificado. Desafortunadamente, el camino de vuelta a casa le resultó más complicado de lo que pensaba. No por las compras realizadas, sino por tener que esquivar las masas ansiosas de magos y brujas que anhelaban tocar esa piel de marfil aterciopelado. Si Draco ya era hermoso de por sí en su estado habitual, recién salido de la sesión era como si los ángeles hubiesen perdido sus alas y estuviesen caminando por la superficie terrestre.
Tuvo que reconocer que lo prometido en ese centro de estética lo cumplían con creces, al igual que la considerable disminución de una de sus múltiples cuentas en Gringotts.
Con semejante carisma y egocentrismo concentrados en el cuerpo de un solo hombre, tenía clarísimo que esta apuesta iba a ganarla. ¿Quién podría rechazar semejante bombón? Nadie.
O por lo menos el obtuso cerebro del rubio no admitiría otra respuesta.
Con esa idea en la cabeza llegó a Grimmauld Place dispuesto a conseguir que Harry cayese rendido ante sus encantos y borrase toda apuesta alguna de su cabeza. Pero Draco disponía de algo de humildad en su interior, aunque no os lo creáis, y sabía que había una posibilidad remota, pero existente, por la que sus encantos no fuesen suficientes para distraer a Potter. Por eso pensaba comportarse como todo un caballero respetuoso y cariñoso durante las próximas horas, con el colofón final de disfrutar de su bello cuerpo llegada la noche. Con semejante derroche de atractivo, mimos y atención, tendría a Potter comiendo de su mano hasta el día de Navidad, donde con una sonrisa tontorrona le sugeriría hacer una simple comida en casa. No podría pedir nada mejor que seguir disfrutando de su compañía.
Oh, sí, nada de esto podría fallar, ¿verdad?
Podréis pensar que es algo retorcido aprovecharse de las carencias de amor y atención de un pobre huérfano con traumas de infancia. Pero bueno, nunca hemos dicho que Draco se haya convertido en un Hufflepuf.
Después de pasarse un par de horas preparando y planificando hasta el último detalle, a las nueve menos cinco se fue corriendo a la entrada para recibir a Harry que, como siempre, era de los últimos aurores en llegar a su casa. Un último vistazo en el espejo de la entrada le sirvió a Draco para confirmar que todo en él estaba perfecto: el cabello bien puesto, la camisa de seda verde sin ninguna arruga y esos pantalones negros pegados a sus piernas. Vamos, pocos magos podrían alcanzar el nivel de sex-appeal de Draco en esos momentos, o eso era lo que pensaba la ególatra mente del rubio.
Mientras sonaba la última campanada, la puerta de la entrada se abrió, dejando pasar a un Potter más despeinado de lo habitual, hecho un cromo, pero con una sonrisa de felicidad de verse de vuelta en casa después de haber arreglado un poco el mundo.
—¿Qué tal el día? —preguntó Draco. Y ante el estupor de Harry procedió a ayudarle a desprenderse del abrigo para colocarlo de manera pulcra en el perchero.
—¿Y esta bienvenida? ¿Qué he hecho para ser merecedor de tanta atención? —preguntó con algo de recelo.
—Oh, vamos, Potter, seguro que has atrapado a muchos malos durante la jornada de hoy —sonrió, inocentemente, Draco.
—Pues muchísimos, la verdad. Pero el peor siempre se me escapa, no consigo
capturarlo con las manos en la masa… —miró al rubio de arriba abajo—. Menos mal que sé donde duerme…
—¿Y a qué esperas para capturarle y esposarle? —preguntó con voz seductora.
Harry dejó salir un suspiro de frustración.
—Otro día te seguiría el juego, pero me temo que el héroe necesita alimentarse —y con una cálida sonrisa dio por terminado el pequeño juego sexy que pretendía el rubio.
—Claro, ya tendremos tiempo, no te preocupes. De nada me servirías si no tienes suficiente energía —y le guiñó un ojo.
Draco se adelantó y le condujo hasta la cocina, donde se encontraba el primero de los preparativos de su estrategia definitiva.
—Anda, pasa, que se va a enfriar la comida —ordenó, haciendo una reverencia como un buen anfitrión.
En el centro de la cocina estaba una mesa decorada con un gusto sofisticado y exquisito: platos de porcelana, cubertería de plata y cristalería de Bohemia. Sin embargo, no fue esto lo que sorprendió a Potter, pues estaba acostumbrado a los gustos refinados de su novio; lo que hizo que sus ojos se abriesen de par en par fue la comida dispuesta a lo largo de la superficie impoluta.
Un montón de bombas de grasa para el cuerpo en el lenguaje de Draco, o lo que para Harry era una deliciosa comida basura: pizzas, hamburguesas, pechugas rebozadas y más fritos aceitosos. Todo ello acompañado de un surtido número de refrescos en lata.
—¿Has encargado comida muggle? —preguntó, sin creerse lo que veía.
—Así es, me apetecía comer algo distinto esta noche.
—Pero ¿no decías tú que no ibas a volver a comer pizza después de aquella salida a la pizzería con Ron?
—Por favor, que no me haya gustado ver cómo tu amigo y tú os llenabais los dedos de grasiento queso fundido no significa que no quiera comer pizza de vez en cuando. Además, por eso he puesto cubiertos y servilletas.
—Sí, sí. Pero no sé, se me hace raro que ahora, de repente…
—Oh, bueno, no te preocupes. Si no te gusta siempre podemos mandárselo a Weasley y cenar nosotros un plato de caracoles guisados acompañado por una Vichyssoise —Interrumpió Draco con un deje taciturno en su voz—. Yo pensé que te gustaría comer esto… pero no pasa nada…
Harry seguía algo patidifuso ante este nuevo comportamiento, pero no iba a ser él quien desperdiciase la oportunidad de comer comida basura en su casa sin tener que hacerlo a escondidas de Draco. Además, el pensar que el otro se estaba esforzando tanto para contentarle le impidió darle más vueltas al tema.
—Oh, perdona Draco, claro que me apetece, solo me pilló por sorpresa. Venga, sentémonos y a comer.
Pero antes de que pudiera agarrar el primer trozo de pizza una mano pálida apareció delante de sus ojos.
—Quieto parado, Potter, el auror está muy cansado como para hacer eso, tú siéntate y déjame encargarme a mí de servir la comida.
—Pues sí que estamos amables hoy, Draco —comentó, sin evitar el tono de sorpresa en su voz.
—Vale, Potter, si no quieres que te sirva la comida puedes servirte tú mismo, perdona por querer ser educado y tener modales —soltó Draco, con aire ofendido.
—Vale, vale, a veces aún sigo pensando que vas a hacerme alguna jugarreta como en la escuela, ¿seguro que no está envenenada? —preguntó, aguantando la risa al recordar viejos momentos de su infancia.
Y Draco, enfurruñado, dejó caer sin demasiada gracia un par de trozos de pizza rebosantes de mozzarella y pepperoni.
—Cuánto prejuicio guardado…
—Yo también te quiero, Draco —comentó, bromista.
Superada la sorpresa inicial, ambos disfrutaron de una estupenda velada, comentando lo que habían hecho a lo largo de la jornada, poniéndose al día de las nuevas noticias de sus antiguos compañeros de Hogwarts y riéndose inocentemente de la falta de modales en Harry para dejar de hablar con la comida en la boca y la falta de costumbre de Draco a la hora de comer queso fundido.
A la cena le siguió otra agradable sorpresa: helado de chocolate con avellanas, el preferido de Harry. Y hasta pudo relamer el plato sin tener que soportar la mirada enfurecida de Draco.
En ese momento el moreno estaba totalmente a gusto y relajado, perfecto para que Draco llevase a cabo la segunda parte del plan. Hacía dos semanas que habían instalado el último capricho indispensable para que el rubio aceptase vivir en Grimmauld Place: un baño digno de competir con el de los prefectos de Hogwarts.
—¿Por qué no dejas que yo me encargue de la cocina y vas preparando el baño? —preguntó Draco, con una sonrisa—. Ya subo yo en un momento.
—Vale… ¡no pienso decir que no! Por cierto, creo que ya he vuelto a recuperar parte de mi energía… No tardes demasiado, ¿quieres?
—Calla y sube de una vez—ordenó, riéndose por lo bajo.
Y Harry tuvo que pasar por otra sorpresa más: el cuarto de baño ya estaba preparado. La luz tenue de unas velas alumbraba la estancia, iluminando principalmente la zona central, donde el jacuzzi esperaba lleno de agua con burbujas y un delicioso aroma a frutas del bosque.
Después de dejar la ropa tirada encima del cesto, entró en esa mini piscina, que estaba pidiendo a gritos ser perturbada. Un ambiente perfecto, luz agradable, un aroma relajante, ¿qué más se podría pedir?
Mientras, en el piso de abajo, Draco apuraba con un par de toques de varita la limpieza de los restos de la cena. Inmediatamente subió a su habitación, se quitó la ropa, cogió el nuevo albornoz que había comprado esa mañana y puso rumbo al encuentro del moreno.
Se encontró la puerta del baño cerrada, lo que le vino muy bien para preparar su entrada, y sin llamar para pedir permiso la abrió imprimiendo un paso decidido y seguro.
—¿Está todo a tu gusto? —preguntó, antes de que Harry se girase al oír la puerta abrirse.
—Ahora sí, todo está perfecto.
Tras cerrar la puerta y de espaldas hacia el moreno, desató el nudo del albornoz y lo dejó caer, deslizándose desde los hombros hasta el suelo. En momentos como estos era cuando Draco estaba más agradecido de su estilizada figura. Sabía que tenía un buen cuerpo; carecía de músculos trabajados como el auror, mas no había grasa alguna en el cuerpo. Una piel pálida impoluta sin ninguna marca en el cuerpo, a excepción de esas pequeñas cicatrices en el pecho, recuerdo permanente de lo que supuso el moreno en su vida.
Una vez terminado el pequeño striptease, se dio la vuelta para deleitar con su cuerpo al moreno, que dentro del agua no perdía detalle alguno de ese hombre tan distinto a él al que tanto le gustaba contemplar.
Harry se echó hacia atrás en el jacuzzi, apoyando los brazos en el borde, mientras esperaba a que Draco entrase con él.
El rubio no se hizo de rogar y en unos segundos estuvieron separados por apenas un par de centímetros. Entre ellos sobraban las palabras, todo se podía decir con los ojos. Habían pasado por muchas pruebas y desafíos que ningún adolescente debería de haber pasado. Por eso ambos se entendían, era su destino terminar juntos.
Un pequeño roce de sus labios fue la señal de salida de esa pasión que tenían guardada en el cuerpo. Esa ansia por sentir la piel del otro, por besar, por tocar, por sentirse como uno solo. Dos personas incompletas que se fusionaban en una, complementándose, formando una perfecta unión.
El moreno fue repartiendo besos por la mandíbula de su compañero, pequeños mordiscos en el cuello, marcando esa piel tan pálida, jugando el uno con el otro, acercándose, alejándose, tentándose, disfrutando con esa tortura. Hasta que no pudo más y, agarrando a Draco por las caderas le empujó contra la pared de la piscina, y antes de que éste pudiese protestar por el repentino movimiento, su boca estaba siendo devorada y esas manos grandes y trabajadas estaban paseándose a sus anchas por su pecho, deteniéndose en aquellos puntos más sensibles de Draco.
Una vez más, sus ojos volvieron a encontrarse y cuando los grises nublados por el deseo se reflejaron en esos verdes, Draco se dio cuenta de que había perdido desde el principio, que esa mirada de "voy a encajarme en tu culo" de Potter indicaba que el que se iba a convertir en una masa temblorosa y jadeante iba a ser él. Pero ¿quién podría negarse a caer en manos del auror más apasionado del Ministerio?
Se dio cuenta de que había subestimado una vez más a Harry, y ante ese deseo ardiente que sentía frotándose cerca de su cadera, Draco solo pudo dejar escapar un jadeo de su boca y, anticipándose, se dio la vuelta, mostrándose, abriéndose de piernas y confiando plenamente en su compañero.
Harry apretó con fuerza esos muslos lampiños, perfilando con los dedos las ingles, jugando alrededor de la erección del rubio, agarrándola con suavidad, con lentitud, de arriba abajo. Mientras, Draco, jadeante, solo podía atraer hacia sí a Harry, cogiéndole de las nalgas, pegándose a él, restregándose cual animal en celo.
Para continuar la tortura fue repartiendo mordiscos por la columna, humedeciendo la piel encontrada por el camino con la punta de la lengua, soplando levemente haciendo estremecer la piel de Draco. Bajando cada vez más hasta estar con el agua al cuello, quedando a la altura de sus nalgas para poder acariciar ambas, apretándolas entre sus manos, adorando esos montículos de piel aterciopelada. Y luego las separó, para poder comerse íntegramente ese culo aristocrático, provocando espasmos en Draco cada vez que esa lengua traviesa delineaba los contornos de ese oscuro y placentero lugar.
Draco había dejado de hablar para soltar más y más gemidos y súplicas para que Harry enterrase su lengua en su interior de una maldita vez. Y este, como buen héroe, acudió a su rescate satisfaciendo sus deseos, chupando en su interior, adorando con su lengua el destino en el que muy pronto acabaría su pene.
Pero antes de hacer llegar a Draco al punto de no retorno, detuvo sus caricias para coger un bote de gel estratégicamente colocado, y embadurnándose un par de dedos, los introdujo de uno en uno en el interior del rubio. Dilatándolo, abriéndolo aún más para él. Quería hacer que Draco suplicase por ser llenado, quería que le pidiese sentir su pene en su interior. Deleitándose con la idea de saberse el único con el derecho de poder ver a Draco Malfoy abriéndose contra sus dedos, mientras pequeños jadeos escapaban de sus labios finos.
Un cuerpo moreno cubriendo por completo al otro, pecho contra espalda, una mano traviesa adelantándose para atender la incipiente erección del rubio, y una boca carnosa susurrando palabras obscenas de deseo en el oído. Draco solo podía jadear al sentirse bajo el control de Harry, restregándose contra su cuerpo, echando la cabeza atrás, ofreciéndole su cuello, entregándose por completo, cayendo una vez más en esa tentación morena, clavándose contra esos dedos que estaban llevándole a la culminación de esa tortura.
Reprimiendo un gemido, Draco alzó sus caderas, tentando a Harry, empujándose contra él, sabiendo que él tampoco tendría tanto aguante para quedarse quieto mucho más tiempo.
—Mm, eres tan tentador, Draco, ¿cómo podría hacerte sufrir más?
—Eres tú el que se muere por entrar en mí, Potter.
Y respondiendo al ataque de Draco, sustituyó esos dedos por su miembro, acabando con esa placentera tortura, clavándose en el rubio, haciendo que éste tuviese que agarrarse al borde de la bañera para no perder el equilibrio.
Sus embestidas no tardaron en coger rapidez y fuerza, sabiendo que al día siguiente Draco se levantaría con la marca de sus manos en sus caderas, un recuerdo de que había sido él quien había profanado ese cuerpo celestial.
Los jadeos de los dos se entremezclaban, caldeando aún más el ambiente, besos fogosos de lado, lamiéndose con placer y gula. Sus respiraciones erráticas indicaban que poco a poco iban llegando a la culminación. Unos últimos empujones de Potter y esa mano bombeando su polla fueron lo justo para hacer terminar a Draco, quién gimió y se corrió entre esos dedos callosos. Y los pequeños temblores producidos en su cuerpo fueron la chispa para que Harry se descargase en medio de un grito furioso en el interior del rubio, inundándolo con su semen.
Varios minutos de respiración entrecortada tuvieron que pasar antes de que ninguno de los dos pudiese decir nada coherente, y después volvieron a reencontrarse con sus labios, en un beso, en esta ocasión, lleno de cariño y ternura.
—Te quiero, Draco, ¿lo sabes, verdad? —preguntó dulcemente Harry, mirándole a los ojos, ahora relajados y sin esa pasión previa.
—Mimos después del sexo los justos, Harry —respondió Draco, para darle un pequeño beso en la punta de la nariz—. ¿Quién no iba a quererme? Con todo lo que hago por ti…
—Pues sí, la verdad. Y hablando de lo que haces por mí… mañana pensaba cogerme un día libre, ¿podrías cogerte uno tú también?
—Por supuesto, Harry. ¿Quieres que nos pasemos todo el día entre las sábanas? —preguntó, ronroneando.
—Me encantaría, pero no es eso… ¿qué te parece si nos vamos a ver un partido de fútbol? —mientras, mostraba una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Fútbol? ¿Ese juego muggle? —trató de ocultar rápidamente esa mueca de asco que pugnaba por salir al exterior.
—Aja, ya sabes… ese deporte lleno de gente maleducada y sudorosa que se grita los unos a los otros.
—Ah, ya… sí… vale, es un plan estupendo —comentó, sin sonar demasiado convencido.
—¡Que amable eres, Draco!. A cambio yo me encargo de la comida de mañana, ¿vale? Podemos coger un par de perritos calientes, ya sabes, esos bocadillos que se preparan en medio de la calle, y que se comen sin cubierto alguno…
—Eh, no hace falta, yo con cualquier cosa me conformo —se apresuró en explicar.
—¡No es ninguna molestia! No te preocupes, ¡va a ser un día genial! —mientras, su sonrisa adquiría un tono algo misterioso.
—Claro, claro —Draco empezaba a arrepentirse del camino que estaba tomando todo esto.
—Draco…
—¿Qué pasa ahora, Potter? Digo, Harry.
Y este se empezó a reír solo a carcajada limpia.
—¿En serio creías que no me iba a dar cuenta de tus planes? —preguntó, ahora ya sin esa sonrisa previa de psicópata.
—¿Eh, qué planes? —preguntó el rubio, sintiéndose acorralado.
—El plan de Draco Malfoy comportándose como todo un caballero.
—¿Qué dices? ¿Acaso no puede uno ser agradable con su novio? Si no querías disfrutar, no haberme seguido el juego.
—¡No tengo queja alguna! siempre es un placer enterrarme en tu culo, Draco —comentó, muy sonriente—. Pero de verdad, ¿acaso creías que ibas a despistarme? Estabas comportándote de una manera menos… Malfoy. ¡Tan amable y encantador! Ni siquiera me has dicho nada por no haber dejado la ropa dentro del cesto. Vamos, pensé que la sutileza era uno de los requisitos para ser todo un Slytherin.
—¿Sabes qué, Potter? Disculpa si no sabes apreciar lo que me esmero por ser agradable contigo, estúpido desagradecido. —Ante la falta de ideas para salir de una situación delicada, nada como recurrir a los insultos gratuitos.
Camuflando una sonrisilla que bailaba entre sus labios, añadió:
—Sí, Draco, sí. Yo también te quiero, pero eso no significa que me vaya a olvidar tan fácilmente de esta apuesta. Aunque, visto lo visto, parece que el castigo de llevarte a un estadio de fútbol no será suficiente para saciar mi victoria, tendré que pensar en algo peor.
Draco, herido en su orgullo, dio por terminada la conversación levantándose de la piscina tras hacerle un gesto obsceno a Potter, quien seguía recostado con esa sonrisa de idiota en la cara.
—Esto aún no ha terminado, no me subestimes.
Y dicho esto se marchó del baño dando un portazo, que no pudo mitigar las carcajadas que venían del interior.
Rinconcito de la autora: vale, mejor me voy al rincón de los castigados a aprender a escribir un lemon más decente xD Pero ey, ¡es el primero que escribo! Tened algo de piedad por mí xD. Naaa, espero que os haya gustado, ¡y ya nos veremos en el siguiente!
¡Un abrazo!
