Al lograr ponerme de pie sentí un gran dolor en la herida abierta de mi pierna. Tomé a Moon Shadow del brazo al mismo tiempo que los hombres de Kasumi venían contra nosotras.

Dejamos atrás el cuerpo de Sosuke y la arrastré hasta la escalera que estaba casi a la salida de aquella sala, apenas en ese momento comenzó a cooperar en nuestro escape. Su mente seguía turbada por la muerte de su novio. Llegamos hasta la terraza y ya no teníamos salida. Afortunadamente habíamos logrado bloquear la puerta del inicio de la escalera y también la de la terraza, pero en cuanto lograran derribarlas, estaríamos perdidas.

—Ya no me importa morir o vivir. Escapa, Michiru —me pidió entre lágrimas que me rompieron el corazón.

—No digas eso, él no hubiera querido que… —le estaba diciendo y me interrumpió dándome un empujón cuando me acerqué.

—¡Cállate! ¿Tú qué sabes sobre lo que él hubiera querido o no? ¡Él ni siquiera sabía que soy Moon Shadow! —me gritó quitándose el antifaz y tirándolo al suelo— ¡Por mi culpa está muerto!

Quise intentar contenerla, pero no tenía fuerzas para moverme mucho ni para hablar. Los dolores en todo el cuerpo eran intensos, lamenté ya no ser una sailor senshi, ya que debido a que antes estaba bajo la protección del Cristal de Plata, mis heridas sanaban más rápido.

En aquel momento una ráfaga de viento helada nos envolvió e inundó el aire con un aroma ya conocido.

Al darnos la vuelta, allí estaban: Sailor Uranus, Sailor Jupiter, Sailor Mars y Sailor Moon. Al volvernos hacia el otro lado, nos vimos acorraladas por Sailor Saturn, Sailor Venus, Sailor Mercury y Sailor Pluto.

Mi corazón se aceleró y miles de pensamientos se abarrotaron en mi cabeza al mismo tiempo. No teníamos escapatoria, iban a descubrirnos porque aún si hubiéramos tenido una mínima oportunidad de escapar, nuestro estado físico no nos lo hubiera permitido.

—Moon Shadow y Black Rider —habló Sailor Pluto—, entréguense y no opongan resistencia.

Ninguna de las dos respondió.

Fijé mis ojos en Uranus, pero ella observaba a Moon Shadow.

—¿De dónde vienen? ¿Quiénes son? —preguntó Sailor Venus.

—Al parecer la energía su cristal proviene de...la luna —respondió Sailor Mercury, usando sus lentes especiales, ya que nosotras continuamos en silencio.

Mi cabeza no paraba de idear planes de escape, pero no se me ocurría ninguno en el cual una confrontación no fuera necesaria, y eso era lo que quería evitar.

—Por favor, ríndanse —pidió Sailor Moon y dio un paso al frente, supongo que confiando en nuestro aspecto de derrota y sumisión.

—No —respondió Shadow por lo bajo y vi dibujarse una media sonrisa en sus labios. No pude ver el resto de su rostro ya que el flequillo de su peluca negra la cubría dándole un aire siniestro.

—¿Qué haces? No podemos seguir peleando, estamos heridas y sin poderes —le murmuré.

—Mejor escucha a tu compañera y entregamos el Cristal —presionó Sailor Uranus.

—¿Lo quieres? Ven por él ¿O aún tienes miedo por la última vez? —la provocó Moon Shadow, a lo que Sailor Uranus respondió de inmediato con un puñetazo, el cual mi compañera evadió y de un solo golpe dejó a la guerrera del viento en el suelo.

—¡Cadena de amor de Venus! —atacó Sailor Venus y envolvió a Moon Shadow, mientras Sailor Uranus se ponía en pie.

—¡Fuego de Marte! —atacó Sailor Mars y entendí que ya no iban a darnos la oportunidad de terminar esto pacíficamente.

No podía permitir que alguna de ellas saliera lastimada, así que invoqué mi espejo y me posicioné entre medio de Moon Shadow y Sailor Mars, pero mis habilidades no funcionaron y mi espejo tampoco, así que fui víctima de su gran poder. Caí al suelo y ya no sentía fuerza, solo me dolía todo el cuerpo y temía perder la conciencia.

—¡Neptune! —escuché la voz de Uranus, quien se acercó a mí e intentó ayudarme a sentarme en el suelo, pero de mis heridas continuaba saliendo sangre.

—No lastimen a Misa —le pedí con la poca fuerza que me quedaba.

—¡Sailor Neptune! —reconocí la voz de Sailor Saturn.

—¿Neptune? ¿Cómo es posible? —preguntó Sailor Moon con preocupación cuando se acercó a verme.

—Vamos, Princesa. Si quieres mi cristal ven por él y deja de enviar a tus sirvientes —dijo Moon Shadow a Sailor Moon.

Vi hacer a Usagi una extraña expresión de molestia. Era mucho más madura y seria que cuando éramos sólo adolescentes luchando contra Sailor Glaxia y sus secuaces.

Se acercó a Misa, que aún estaba envuelta por las cadenas de Venus.

Sailor Uranus aún me sostenía.

—¡No lo hagas, Sailor Moon! —dije con las pocas fuerzas que tenía, pero ella ya había tocado el broche de Moon Shadow y ambos cristales resonaron produciendo una potente luz que se expandió por todo el lugar.

La cadena de Sailor Venus se deshizo y Moon Shadow arrancó el broche de Sailor Moon antes de que la otra pudiera hacer algo al respecto.

El Cristal Sou de Moon Shadow absorbió por completo al Cristal de Plata. Mientras que Usagi pareció debilitarse y cayó al suelo, Misaka se elevó a algunos centímetros del suelo y la luna oscura de su frente se volvió plateada. Su peluca desapareció mostrando su verdadero cabello rubio, sólo que este creció tan largo como el de Sailor Moon y quedó prolijamente acomodado en un peinado semirrecogido que dejaba varios mechones de cabello sueltos. Algunas perlas adornaban el resto de su cabeza junto con una enorme corona que resplandecía bajo la luz de la débil luna que había esa noche.

Su traje habitual cambió por el que todas las Sailor llevamos, su falda, sus botas altas y el cuello marinero eran de color plateado con detalles negros. Una larga capa blanca que parecía estar formada por algo similar a escamas cubría su espalda haciéndola parecer una especia de dragón de plata.

Por último, un par de cadenas negras mucho más finas que las anteriores se enredaron en sus brazos, por encima de sus guantes negros. Las cadenas llevaban puntas de un cristal translucido en sus inicios con forma de triangulo.

—¿Qué fue lo que ocurrió? —preguntó Sailor Jupiter arrastrando las palabras, y corrió junto a Sailor Moon.

—¡Maldición! —dejó escapar Sailor Uranus, observándola furiosa. Me soltó y también se quedó junto a Sailor Moon, intentando ayudarla a ponerse de pie.

"Sí, ella siempre corre detrás de su princesa", pensé. Me avergonzaba tanto de aquel pensamiento, que cada vez que surgía en mi cabeza me excusaba pensando que es nuestro trabajo, que proteger a Sailor Moon aún si nos cuesta la vida es lo correcto, para esto renacimos aquí. Lo entendía, pero aunque fuese egoísta, en el fondo me dolía.

—Si yo fuese ustedes, no intentaría nada —les advirtió Moon Shadow—. Sus poderes se debilitaron y en pocos minutos serán inexistentes.

—¿Qué hiciste con el Cristal de Plata? ¡Devuélvemelo! —le exigió Sailor Moon con los ojos húmedos por el miedo.

Me sentí por completo culpable en aquel momento, jamás creí que llegaríamos a este punto y que la seguridad de nuestro planeta estaría en riesgo. Aunque en el fondo me molestaba mucho que fuera una obligación tener que luchar y dejar nuestro destino en manos de la princesa Serenity, la verdad era que su corazón puro lograba tocar el de los demás y provocaba que quieran cuidar de ella en momentos como este, porque era una buena persona.

Todo esto era mi culpa, si hubiese aceptado el rompimiento con Haruka, nada de esto hubiera pasado. Si detenía a Moon Shadow desde el inicio, ella hubiera podido tener algunos años más de vida, aunque el Cristal Sou terminara con ella. Causé este desastre.

Un torbellino de recuerdos me invadió: mi vida solitaria, la constante sensación de imperfección en todos los aspectos de mi vida, la primera vez que vi a Haruka, mi despertar como sailor senshi, conocer a Hotaru y Setsuna, luchar junto a las inner senshis, tener la amistad de Usagi, los deseos de amor y felicidad para el futuro… Eso último se volvió imposible. De nada servía mi culpa ni mis ganas de interceder para evitar una pelea entre todas, ahora mismo era inútil. Debía elegir.

—Agradece que no te obligo a ponerte de rodillas —respondió Moon Shadow a Sailor Moon, mientras levantaba amenazante sus cadenas.

Sus cadenas me envolvieron y me atrajo hacia ella. Ya no tenía fuerzas para hablar, no podía pedirle que se detenga.

Las puntas de sus cadenas comenzaron a brillar y enseguida mis heridas sanaron. Me sentí más fuerte y poderosa que nunca. Me liberó y me quedé de pie entre medio de ella y mis amigas.

—¿Qué hiciste? —le pregunté a Moon Shadow, girándome hacia su lado—. Dijiste que no podían unirse los cristales o… —me detuve al comprender lo que esto significaba.

Moon Shadow me respondió con una sonrisa.

Del otro lado, todas me veían de mala manera, no lo decían, pero sé que para ellas era la traidora.

—Michiru —se sorprendió Sailor Saturn, con algo de entusiasmo al ver que mis heridas estaban curadas. Aquella reacción hizo que me sintiera aún más culpable.

—¿Cómo pudiste traicionarnos de esta manera? —me reclamó Sailor Jupiter, al mismo tiempo que cerró sus puños y se puso en posición de ataque.

—¿Quién eres? ¿Por qué haces esto? —preguntó Sailor Moon a mi compañera.

—¿No me recuerdas, prima? Soy Seleña, la verdadera princesa de la Luna y futura Reina de Tokio de Cristal —respondió Moon Shadow con algo de altanería que, a mi parecer, escondía la debilidad y dolor que sentía.

—Devuélvele el cristal —le pedí al girarme de nuevo hacia ella.

—Tienes un juramento conmigo, Neptune. Ahora eres mi guardiana —me recordó y me sentí avergonzada de que todas allí lo escucharan.

—Mientes. No eres ni serás jamás nuestra Princesa —la contradijo Sailor Pluto, apuntándola con su casi inservible báculo granate—. Seleña y su madre fueron condenadas a habitar en la oscuridad de la luna por la Reina Serenity, debido a su ambición y tiranía. Esas cadenas que lleva, son las que en otra vida la mantuvieron cautiva. No creí que también renacerías, Sailor Crescent Moon.

Moon Shadow sonrió y pareció relajar su cuerpo— Era tan pequeña como Serenity cuando aquello ocurrió ¿Cómo podían saber que sería igual que mi madre? —preguntó y nadie respondió— Da igual, tengo trabajo que terminar. Neptune, por favor encárgate de que no me estorben —me ordenó y nos dio la espalda para dirigirse hacia la puerta que llevaba de regreso a la mansión.

—¡No! —me negué molesta y la tomé por el brazo—, me dijiste que no debían juntarse jamás los cristales —bajé la voz para que no nos escucharan— ¿era mentira?

—Suéltame —me gruñó en voz alta y se desprendió de mi con agresividad—. Ocúpate de tus amigas, no quiero lastimarlas. Ahora dependen de ti —agregó bajando la voz para que solo la escuchara yo— No te mentí, absorbí la energía planetaria de todas las sailors para poder curarnos y lo del Cristal de Plata no fue apropósito, pero me sirve para terminar con mi misión, así que si tengo que morir por esto, lo acepto —me explicó y continuó su camino.

—Espera, no puedes —le estaba diciendo, pero un ataque inesperado me interrumpió.

—¡Dead Scream! —atacó Setsuna a Sailor Crescent Moon, pero ella se cubrió con su capa, la cual evitó que sufriera daño alguno.

—¡Trueno de Jupiter, resuena! —intentó atacar Makoto, pero sus poderes, al igual que el de las demás Inner Senshis, era débil.

—Que molestas son. Mi cristal les dio ese poder y aún así intentan atacarme con él —se quejó Sailor Crescent Moon con fastidio y usó sus cadenas para empujar a Sailor Pluto con gran fuerza y hacerla caer al suelo.

—¿Cómo que nos dio poder? —preguntó Sailor Uranus observando el talismán en su mano, aunque preguntó aquello para si misma.

—Durante la destrucción del Milenio de Plata, La ex Reina Seleña utilizó el Cristal Sou para brindar más poder a nuestros talismanes y que así Sailor Saturn pudiera despertar. Mientras que el Cristal de Plata nos dio la posibilidad de renacer, el Cristal oscuro nos dio la oportunidad de hacer aquello posible. Es por eso que parte de nuestra energía proviene del cristal Sou. Ahora que ambos cristales están unidos, nosotras somos más fuertes y las inner senshis se debilitan —expliqué muy despacio haciendo referencia a Setsuna, Haruka, Hotaru y yo.

Sailor Plut se puso en pie y acompañada por Sailor Saturn, se abalanzaron sobre Sailor Crescent Moon, quien con un hábil y delicado movimiento de sus cadenas, logró bloquearlas.

—¡Ustedes protejan a la princesa! Sáquenla de aquí —ordenó Sailor Uranus a las inner senshis, mientras se preparaba para atacar a Sailor Crescent Moon.

Enseguida, Uranus, Pluto y Saturn estaban alineadas, formando una barrera entre Sailor Moon y Sailor Crescent Moon, listas para atacar.

—¡Esperen! —intenté frenarlas poniéndome frente a ellas y cubriendo a Sailor Crescent Moon—. Lo solucionaremos, ella devolverá el cristal. Deténganse —les pedí, pero me ignoraron. Sailor Pluto y Sailor Saturn de un salto me evadieron para continuar su lucha, mientras que Sailor Uranus había quedado frente a mí con su talismán.

Nos sostuvimos fija la mirada, segundos después bajé la vista hacia el suelo. No podía soportarlo, se me rompía el corazón de solo sentirla cerca.

¿Cómo era posible que alguien que decía amarme y me juró alguna vez estar por siempre a mi lado, de pronto me cambiara por una desconocida a cuya palabra le daba más credibilidad por sobre la mía? ¿Cómo pudo ser capaz de lastimarme tanto y cumplir junto a esa mujer, todos nuestros sueños? Y ahora quería lastimar a mi única amiga.

—Apártate, Neptune —me ordenó Uranus y volví a mirarla.

—No —respondí, y al advertir que ella levantaba su espada, tomé de mi cinturón las medialunas metálicas y filosas.

—¡Ayudaste a que todo esto pasara! Esa loca podría destruir el planeta ¿No lo entiendes? —me increpó arrugando la frente—. Si no vas a ayudarnos entonces vete y no estorbes.

—¿Dices... que yo te estorbo? —le pregunté, intentando mantener la calma a pesar de que por dentro ya había estallado— Que raro, iba a decir lo mismo sobre ti —si quería una verdadera pelea, entonces la iba a tener y dónde más le doliera, en su ego—, sobre todo porque te fuiste justo a tiempo, ya no te soportaba y tenía que hacer de cuenta que no existías —le regalé una media sonrisa fingida, recordando que aquello fue de lo que se quejó conmigo, su excusa para dejarme.

Me respondió con un golpe de su espada, a la que evadí con un rápido movimiento para luego lanzarle una de mis medialunas a su brazo con la intención de desarmarla, pero también me esquivó.

—Estás muy lenta, Uranus ¿Qué ocurre? ¿Tu novia no tiene mucha resistencia para ayudarte en el entrenamiento diario? —le pregunté intentando distraerla, mientras me agachaba ante el golpe que me había lanzado.

—Siempre entreno sola, lo sabes —respondió y continuó intentando derribarme.

—Que lenta. No me refería a ese tipo de entrenamiento —le aclaré lanzándole una medialuna que rosó su brazo y le dejó un rasguño profundo.

Sailor Uranus se ruborizó ligeramente, aunque no quitó su cara de enojo— Quizás podrías ayudarme y dejar de comportarte como una niña.

—¿Me estás haciendo una propuesta indecente? Ahora tienes novia —le respondí fingiendo sorpresa y dejando escapar una risita.

—No, continúa metiéndote así en mi camino y será suficiente entrenamiento hasta que estés acabada —contestó muy segura de si misma y sin detenerse.

Tal vez, Uranus realmente me odiaba. Ella daría todo por defender a su princesa al igual que lo hizo por Narumi, sin importar que al hacerlo pudiera lastimarme. Sus acciones siempre hablan por ella.

—Esto ya no tiene arreglo —dije en voz alta y solté un suspiro.

Ella me miró un momento, pude leer en su cara que no me había entendido porque desconocía los pensamientos que derivaron en esa oración.

—Puede que lo tenga si logramos detenerla —respondió asumiendo que hablaba sobre los cristales.

—Me refería a nuestra EX relación y a tu propuesta anterior de regresar —le aclaré mientras caía al suelo luego de recibir uno de sus fuertes puñetazos en el estómago—. Jamás vamos a regresar y jamás voy a perdonarte por todo el dolor —le solté con algo de esfuerzo, ya que aquel golpe me había quitado el aire. Al escucharme, me dio un respiro y no me atacó.

—No fue apropósito, no quise lastimarte. Creí que ibas a esquivarlo —respondió con pesar y apretó con fuerza la empuñadura de su espada, pero no se movió de su lugar. Me observó, lista para volver a atacarme si hacía algún movimiento.

—Sabías bien lo que hacías ¿vas a decir que no recordaste que prometiste que cuando lograras participar en Europa y ganaras ibas a recibir ese premio conmigo? ¿No te acordaste ni por un segundo cuando caminabas con ella por la playa, que aquel lugar nos pertenecía, que era algo casi sagrado para nosotras y que lo estabas profanando?

Uranus abrió sus ojos muy grandes al escuchar aquellas preguntas.

—¿No pensaste que mientras tú estabas jugando a ser la corredora estrella acompañada de tu vulgar novia, yo estaba encerrada entre cuatro paredes deseando morir porque no soportaba la idea de estar lejos de ti? —pregunté liberando todo el dolor y resentimiento que me carcomían por dentro. A ella se le escapó una fina lagrima y aproveché ese momento para tirarla al suelo de una patada. Salté sobre ella y puse una de mis medialunas en su cuello al mismo tiempo que ella acomodaba su espada en el mío.

—Ya veo que tampoco a ti te importó mi dolor. Intenté explicarte de mil formas que no lo hice para herirte, sólo me sentía mal y decidí pasar tiempo con alguien que no hacía que me sintiera miserable. No fui yo quien buscó meter en su cama a cualquier imbécil —me escupió aquellas palabras con tanto enojo que al escucharla fue igual a recibir otro de sus fuertes puñetazos ¿Había estado comportándose así porque pensó que Hiro era realmente mi novio? ¿Eran celos?

Aquello pareció darle fuerzas y no sé cómo lo hizo, pero para cuando me di cuenta habíamos cambiado posiciones y ahora era ella quien estaba sobre mí.

—¡Hiroki era mi mejor amigo! —le respondí intentando no llorar, aquello me había dolido mucho. Aún no me recuperaba de su muerte. Ella no tenía derecho a hablar de esa forma.

—Y Narumi es mi amiga, acéptalo —me pidió, aunque su tono sonó demandante.

—Lo acepto —le dije con resignación, entre lágrimas—, pero jamás voy a aceptar que pudiendo elegir hayas decidido lastimarme a mí.

Solté la medialuna que tenía en mi mano y cubrí mi rostro para que no me viera llorar. Escuché el sonido metálico de su espada al chocar contra el suelo. Me quitó las manos de la cara y las retuvo entre las suyas.

—Ya no llores, por favor. Perdóname por todo, Michiru —se disculpó con verdadera aflicción—. Te amo, eres el amor de mi vida, la única en mi corazón y siempre lo serás.

Apenas terminó de hablar me besó. Fue un beso breve pero tan intenso que supe que tanto su amor como su dolor y enojo eran iguales a los míos. Nos besamos con odio, queriendo tomar cada una el corazón de la otra. Nos besamos y fuimos fuego consumiéndonos el alma. Nos besamos para marcar que nos pertenecíamos y que nadie podría cambiar eso. Lo hicimos y fue como entregar, quizás, nuestro último aliento antes de enfrentar nuestro final.

—También te amo, Haruka —le confesé cuando rompimos el beso—, pero los sueños que perdimos, jamás los vamos a recuperar.

—Si dices que perdimos nuestros sueños, entonces podemos crear nuevos. Salvemos el mundo esta noche y volvamos a comenzar desde cero —me propuso acariciando mi rostro.

—Lo siento, nuestro tiempo se terminó —murmuré—. Lunas oscuras de Neptuno ¡eclosionen! —ataqué y al instante dos bolas oscuras aparecieron. Una impactó contra el suelo junto a Sailor Uranus y la otra impactó en su cabeza. Ambas adoptaron una contextura casi acuosa. La que dio en su cabeza descendió hasta su cuello formando una especie de collar, y la otra se estiró como si fuese chicle para alcanzar a la que rodeaba su cuello, formando así una única cadena.

Me levanté del suelo— Deja de estirarlo, si lo haces te apretará más hasta matarte. Sólo quédate quieta —le sugerí.

—Tú...eres tan terca —se quejó con esfuerzo, mientras insistía en estirar la cadena que la aprisionaba.

—Voy a detener a Moon Shadow y a recuperar el Cristal de Plata, pero para que mi amiga no muera, necesitará absorber la energía de al menos una sailor —le expliqué a Uranus.

Ella abrió un poco sus labios y una expresión de miedo se dibujó en su rostro— No puede ser.

—Compartiré mi energía con ella, así el planeta seguirá protegido y todos podrán continuar con sus vidas —dije y le di la espalda.

—Deja de decir cosas sin sentido ¿Qué intentas lograr haciéndote la mártir? Todo el mundo sufre, todos pierden algo alguna vez. Sólo porque te herí, no es razón suficiente para quieras dar tu vida como si nada.

—¿Mártir? —dudé y reflexioné un momento—, no estoy intentando parecer mártir. No moriré, sólo viviré la mitad de mi vida y la otra mitad se la daré a ella. Así que no seas tan exagerada —le aclaré y volví a darle la espalda— "Mártir" —murmuré para mí misma, por alguna razón aquella palabra me había molestado.

—¿La mitad? estás loca, regresa aquí —me ordenó Uranus, mientras continuaba intentando liberarse de las cadenas.

Vi a Sailor Pluto y Sailor Saturn tiradas en el suelo. No había visto su lucha, pero estaba segura de que si Sailor Crecent Moon hubiese querido matarlas, lo hubiese hecho. Aquello era la prueba de que decía la verdad, no quería el poder del Cristal de Plata y tampoco dañar a las sailor senshis, sólo quería cumplir con su misión.

Me paralicé un momento ante las miradas reproche y desilusión que me dirigían las inner senshis y Sailor Moon.

—Neptune, tú no nos traicionarías. Sólo es un mal entendido ¿verdad? —me preguntó Sailor Moon, quien se mantenía en pie gracias a que Sailor Mars y Sailor Jupiter la sostenían a cada lado.

La miré a los ojos y aquello fue difícil, porque sabía que había hecho las cosas mal, pero jamás le mentiría.

—Sailor Moon… —quiso detenerla Sailor Mars, quien al parecer creía que intentaría atacarlas.

—Supongo que sí es una traición, pero también es un malentendido. No podría explicarte todas mis razones y al final eso tampoco importa porque solo son excusas, lo que importa es el resultado final, recuperaré el Cristal de Plata y entonces podrás decidir tú misma sobre mis acciones, quién crees que soy —le aseguré y me dirigí hacia el interior de la mansión.

Allí dentro quedé horrorizada ante tan macabra escena. Había personas muertas en todas las esquinas. Las paredes y el suelo estaban cubiertos de sangre.

Escuché bullicio y gritos desde una habitación al final del pasillo y allí me adentré; era la biblioteca. Sailor Crescent Moon tenía a Kasumi y lo estaba ahorcando con sus cadenas.

—¡Detente! Acordamos que nadie moriría —le recordé en vano.

—Eso fue antes de que este cerdo mandara asesinar a Sosuke y matara a su propio sobrino —me respondió y continuó hasta que Kasumi ya no se movió.

Ya no quedaban enemigos con vida en aquel lugar.

—¿Cómo pudiste hacer esto? Me prometiste que los entregaríamos a todos a la policía —le recordé, conteniendo la angustia que sentía al ver aquella escena.

—Lo siento, no quise involucrarte en mi venganza. Ya no puedo soportar —contestó y luego cayó de rodillas al suelo, como siendo atacada por alguna fuerza invisible. Llevó las manos a su pecho y se retorció de dolor mientras que su broche se iba encendiendo como si fuese un hierro al rojo vivo.

—¿Qué te ocurre? —le pregunté y me acerqué a ella, pero Sailor Uranus apreció allí y me empujó detrás de una mesa que estaba tirada en el suelo. Ella se quedó a mi lado y escondió mi cabeza en su pecho.

Al instante una fuerte onda expansiva, seguida de un estruendo feroz y un fuerte calor inundó la habitación. Luego, todo estaba en llamas y restos del techo caían sobre nosotras.

Nos reincorporamos y vimos a Sailor Crescent Moon en el suelo con su broche aún encendido.

Corrí de inmediato hacia ella— Es por el cristal. No debiste juntarlos —le reté. Ella me miró y sonrió débilmente.

—Te dije que no me importaba morir esta noche por amor y que no quería dañar a tus amigas.

—Libera el Cristal de Plata y usa el Cristal Sou para absorber mi energía. Si la compartimos ambas viviremos.

—Neptune, tenemos que salir ¡Todo se viene abajo! —me apuró Uranus, tomándome del brazo.

—No voy a dejarla —respondí traté de soltarme.

—Amiga mía, al aceptar ambos cristales tengo en mi interior dos fuerzas opuestas que no pueden estar contenidas dentro de mí. Es tanto poder que mi cuerpo no puede resistirlo ni controlarlo, por eso no puedo hacer nada, es el final —me explicó. Se quitó el antifaz y de sus ojos comenzaron a brotar lágrimas.

—¡Vámonos! —me apuró Uranus una vez más y tosió debido al humo que comenzaba a hacerse más denso.

—¡No! Tiene que haber una forma, debe haber algo que se pueda hacer —insistí.

—Acércate —me pidió Sailor Crescent Moon y puse mi rostro cerca del suyo para escucharla. Tomó una de mis manos y con la otra acercó más nuestros rostros, juntando sus labios y los míos en un inesperado y delicado beso que duró unos segundos.

No entendía aquello hasta que lo sentí en todo mi cuerpo, ella quitó de mi toda la energía del Cristal Sou para liberarme y en mi mano dejó el Cristal de Plata, intacto.

Mi transformación se deshizo, no era Black Rider y tampoco una sailor senshi.

—Misa —le estaba diciendo, pero Uranus volvió a tomarme del brazo, más fuerte que antes.

—Gracias por tu amistad, no me arrepiento de nada porque viví siendo fiel a mi misma y a lo que creo justo. Adiós, Michiru —se despidió con dificultad y sus ojos se cerraron.

—¡Misa! —grité su nombre y traté de alcanzarla, pero Uranus me empujó para saltar hacia afuera, desde una de las ventanas. Sentimos un ruido similar al de un gran cristal rompiéndose y luego el fuego acabó con todo antes de que la mansión se derrumbara por completo.

Ocho meses después

El tiempo transcurre rápidamente a pesar de que a veces sólo desearíamos que se detenga. La vida de una mariposa o una flor, es demasiado corta y, sin embargo, con sus hermosos colores y aromas ¿puede alguien decir que no comprendían el sentido de la existencia? Pienso que de alguna forma saben que lo único importante es esforzarse por vivir, aun cuando la llegada del otoño es inevitable.

Entonces ¿Por qué tantas veces nos aferramos al dolor mientras la vida pasa? Si el sentido de la vida es justamente, vivir ¿Por qué a veces elegimos dejarnos morir en la oscuridad?

Pienso que las heridas nos ayudan a crecer, el dolor nos empuja a tomar la importante decisión de elegir quienes queremos ser en la vida ¿Vas a volverte una mala persona porque te hirieron o vas a levantarte y a sonreír porque a pesar de que quieran lastimarte, sabes que tu corazón es más fuerte?

Ojalá nuestra vida fuera tan simple y sencilla como la de una mariposa, sólo tendríamos que ocuparnos de buscar comida y de regalarle nuestros hermosos colores al mundo.

Pensaba aquello mientras una mariposa que se había posado sobre mi mano desplegaba sus alas y se iba lejos. Ya comenzaba a hacer frío y decidí regresar a Japón justo en esta época. Extrañaría la calidez de las Bahamas y la increíble sensación de paz que sus playas me regalaban, pero sentí que ya era hora de enfrentar (al menos ahora directamente) mis errores del pasado.

Haruka había prometido esperarme en el aeropuerto, pero al parecer estaba retrasada y yo la estaba esperando en la vereda junto a la puerta de entrada.

Una mujer pasó a mi lado, llevaba una valija y un canasto con un gato blanco y negro. Era rubia, de cabello largo y lentes de sol cubrían su rostro. Pude ver que tenía en la mano un pasaje de avión a Singapur. La puerta corrediza se abrió y ella entró.

—Disculpe —la llamé, pero no se dio la vuelta. No puede evitar recordar a Misaka al verla, pero en el fondo sabía que aunque intentara engañarme a mi misma, mi amiga ya no estaba aquí. El hecho de que no se hubiera encontrado un su cuerpo en el lugar, había hecho más difícil para mí el poder aceptar su muerte. Incluso había llegado a pensar que el sonido que escuché cuando huimos con Uranus, podría haber sido el cristal protegiendo su cuerpo, como le había ocurrido a la Neo Reina en Tokio de Cristal. Aún no me recuperaba, todavía sentía que estaba de duelo por mis amigos.

—Michiru —escuché la voz de Haruka y salí de mis pensamientos— Perdóname, tuve un pequeño problema y me atrasé ¿Cómo estás?

—Bien —respondí y forcé una sonrisa— Gracias por venir por mí ¿Tú cómo estás?

Haruka y yo habíamos decidido intentar ser amigas, dejar que el tiempo apaciguara los dolores e hiciera crecer la confianza nuevamente. Aunque no habíamos hablado sobre una posible relación futura, tampoco lo habíamos descartado.

Ella se veía bien dedicándose a sus cosas y volviendo a establecer su vida aquí en Japón. Y en cuanto a mí, no quiero volver a hundirme. De mis amigos, Misaka y Hiroki, aprendí que la verdadera libertad está en amarse a uno mismo y no depender de nadie; que somos responsables de las consecuencias de nuestras elecciones y acciones; y que nuestros deseos deben estar perfectamente alineados con nuestras palabras y acciones, para vivir una buena vida y sin arrepentimientos.

Haruka me llevó en su auto por el centro de la ciudad, no había notado que tomó una ruta distinta hasta que nos detuvimos frente a la casa de los Tomoe. Me convenció de bajar y cuando entramos en la casa me sorprendieron con un almuerzo de bienvenida. Todas las sailor senshis estaban allí en compañía de algún amigo o pareja actual.

Comimos pastel, bebimos y reímos hasta que anocheció. Al parecer, ninguna guardaba rencor por lo sucedido. Ellas me habían perdonado, pero aún debía trabajar en ello.

Por momentos como estos, es que vale la pena luchar por vivir.

FIN