Título: Navidades muggles, misión imposible

Autora: Shirokyandi

Beta: FanFiker_FanFinal

Pareja: Harry/Draco

Rating: M

Género: humor/romance

Advertencias: slash

Resumen: Draco Malfoy se va a enfrentar al mayor desafío de toda su vida: preparar unas navidades al estilo muggle. Pero está tranquilo, contará con la inestimable ayuda de Ron Weasley.

Disclaimer: El mundo de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y demás señores. Aquí la autora solo es una mera fan que se divierte, sin ningún ánimo de lucro, con sus personajes.

Notas de la autora: ¿Hola? ¿Aún queda gente por aquí? Me da algo de vergüenza después de tantos meses... Pero bueno, ¡ya estoy de vuelta con este fic! :) Y no voy a abandonarlo, prometido, que sé lo mucho que fastidia encontrarse con historias inconclusas. Además, si dejo esto parado tendré encima a dos petarditas que me lo pueden echar en cara :)

Muchas gracias a FanFiker_FanFinal y a Luka36 por comentar en el pasado capítulo. Ahora... ¡a disfrutar de la lectura!


Capítulo 4: El destino de un gran hombre

La vida de Ronald Weasley no fue precisamente fácil o acomodada, pero nunca le faltó cariño ni un hogar cálido en el que crecer. Con tantos hermanos era imposible sentirse apartado, pero al mismo momento, costaba destacar sobre los demás.

Un rompedor de maldiciones, un cuidador de dragones, un prefecto perfecto burócrata, los bromistas más famosos de Hogwarts... había demasiada competencia para el pequeño de Ronald.

Cuando alcanzó la edad necesaria para entrar en la Escuela de Magia y Hechicería, confió en poder intentar destacar por sus propias habilidades, ser reconocido simplemente por Ron: un chico de once años normal y corriente con ganas de convertirse en un buen mago. Sin importar quiénes eran sus padres o sus hermanos y sus innumerables logros.

Desgraciadamente, desde el primer día no le que quedó más remedio que asumir que su apellido prevalecería ante cualquier cosa.

"Pelirrojo, con pecas, ropa de segunda mano... tú debes de ser un Weasley."

Así como lo describiera Draco Malfoy, así fue como todo el mundo lo identificaba al verlo por los pasillos del castillo.

Él quería demostrarle a los demás que era diferente a sus hermanos, que no era otro Weasley más. Pero daba igual lo mucho que se esforzara; su suerte ya estaba echada, y él mismo cavó su propia tumba en el momento que puso el pie dentro del mismo vagón en el que viajaba Harry Potter.

Si ya era difícil destacar entre sus hermanos, ¿cómo podría superar a un niño que era famoso desde antes de dejar los pañales?

Muchos fueron los años necesarios para que Ron dejase de sentir celos de su amigo y no se sintiese una sombra a su lado.

No lo malinterpretéis, jamás se arrepintió de ser su amigo, pero muy dentro de él residía el pequeño monstruito de la envidia, preparado para salir a la superficie en cualquier momento.

Toda su adolescencia convertido en "el hermano de", "el amigo de", y posteriormente, "el novio de". Eso le marca a cualquiera.

Cierto es que tuvo sus momentos de fama, como cuando se convirtió en el primer chico del dormitorio en salir con una chica, aunque esta resultase ser Lavender Brown. O cuando se convirtió en el guardián del equipo de Quidditch, aunque Hermione tuviera algo que ver... Bueno... ¡Le salvó la vida a Harry en la búsqueda de los Horrocruxes! Y fue ahí cuando se convirtió él también en un héroe de guerra.

Sin embargo, de una manera u otra, daba la impresión de que todos esos logros fueron conseguidos con la ayuda de los demás. Parecía como si no hubiera logro alguno, digno, conseguido por sí mismo.

Se dice que a todo el mundo le llega su día de gloría, y el gran día de Ronald Weasley estaba a punto de llegar.

En esos momentos tenía en sus manos la posibilidad de demostrarle al mundo ser capaz de hacer algo realmente grande él solo. Y de paso, cerrarle la boca al presuntuoso de Malfoy.

Algunos dirían que no es algo tan importante como salvar al mundo mágico, o como descubrir un nuevo hechizo que revolucione la vida de los magos. Pero para Ron, el hecho de conseguir que Draco reconociera su inferioridad ante él, sería uno de los mejores momentos de su vida. Se acabarían todas las humillaciones por lo bajo cuando Harry no mira, se terminarían esas miradas de desprecio cada vez que tienen que comer juntos. Él siempre podría recordar que hubo una vez en la que un Malfoy tuvo que arrodillarse y suplicar para conseguir la ayuda de un Weasley. Y no habría heredero de ninguna de las dos familias que lo olvidara nunca.

Vale, en la mente de Ron podría sonar exagerado... Pero eran muchos años de rivalidad como para no sentir tal sentimiento de orgullo.

Él se encargaría de diseñar la mejor de las decoraciones navideñas del mundo. Ni los muggles podrían hacerlo mejor. Y lo haría todo él solo.

Entonces, el único problema antes de ponerse manos a la obra, era intentar evitar que su mujer descubriera todo este proyecto magnánimo.

Afortunadamente aún tenía algo de tiempo antes de que esta regresase de casa de sus padres de recoger a la pequeña Rose. Así que, mientras esperaba la llegada de las dos chicas más importantes de su vida, aprovechó para coger papel y boli y garabatear las pocas ideas que tenía actualmente sobre la navidad muggle:

COSAS IMPORTANTES DE LA NAVIDAD

-Comida

-Postres

-Regalos

- Más comida

-Luces de colores

-Decoración bonita.

No tenía mala pinta, pero estaba claro que haría falta algo más para hacerle tragar sus palabras a esa serpiente escurridiza de Malfoy.

Un ruido en la puerta principal le hizo esconder rápidamente el pergamino debajo del jersey, y coger lo primero que encontró en el escritorio: el último número del catálogo de la tienda Sortilegios Weasley, e hizo como si estuviera leyéndolo.

En unos segundos aparecieron por la puerta una Hermione embarazadísima del próximo miembro de la familia, llevando de la mano a la pequeña Rose. Esta, al ver a su padre, se soltó y fue corriendo a su lado.

—¡Papi, mira dibujo! —la pequeña exclamó sonriente, mientras agitaba en el aire un pergamino arrugado. Ese sería el vigésimo dibujo que adornaría el salón de los Weasley-Granger.

—¡Qué bonito, hija! Ponlo ahí, en la mesa —respondió, sin dedicarle ni un breve vistazo a su hija, mientras seguía fingiendo estar concentrado en el catálogo.

Rose, ante la indiferencia de su padre, solo pudo morderse el labio inferior y mirar hacia su madre, en busca de comprensión por parte de esta.

—¡Ron! ¡Tu hija te está hablando! —le reprochó Hermione.

—Sí, sí, ya lo miro luego.

—¡Ronald!

Siempre que Hermione le llamaba por su nombre completo, era un indicio de que había que responder sí o sí. Y a Ron no le quedó más remedio que cerrar el catálogo y girarse en dirección a su mujer e hija.

Cogiendo en brazos a Rose la sentó en su regazo y, para alegría de la niña, se puso a comentar lo bien que había dibujado ésta a su papa en ese manchón de colorines rojizos.

—Cariño, ¿por qué no vas a jugar a tu cuarto? Papá está muy ocupado, pero después iré a jugar contigo, ¿vale? —y le hizo un par de carantoñas, antes de bajarla al suelo.

Pero Hermione sabía que estaba pasando algo raro; por eso, después de pasarle el peluche favorito a su hija, un hurón blanco que traía de cabeza a Draco, miró hacia su marido con ojos intrigados.

—¿Qué te traes entre manos? —preguntó, curiosa, poniendo los brazos en las caderas, haciendo destacar aún más su barriga.

El pobre de Ron nunca supo esconder bien un secreto, pero tenía que esforzarse al máximo para pasar la primera prueba de fuego.

—Nada, nada, son cosas de George, ya sabes... tiene un proyecto en mente para la tienda... sí... y eh... me pidió ayuda —consiguió explicar, entre balbuceos.

Sabía que no iba a convencer con esa excusa tan pobre, pero ¿qué otra cosa podría decir? Además, en más de una ocasión ayudaba a su hermano con la tienda, era la mejor mentirijilla que podría decirle.

—¿Y se puede saber de qué va exactamente este proyecto? —se cruzó de brazos, como hacía Molly cuando pillaba en una travesura a sus hijos—. Igual os puedo ayudar en algo.

Habiendo sido descubierto tan pronto, no le quedó más remedio que seguir con esa mentira.

—Ah, no, ¡no puedes! —se apresuró en decir.

—¿Por qué no? En más de una ocasión habéis recurrido a mí, cuando hay que buscar información sobre algún hechizo —replicó ella, obstinada.

—Hermione... si quisiera algo de información, ten por seguro que pediría tu ayuda inmediatamente. No hay nadie más lista que tú, cariño —contraatacó con un piropo, para evitar que siguiese profundizando en el tema.

—Bueno... —aflojó la tensión en su postura—. Entonces... ¿en qué le estás ayudando?

—Es algo nuevo para la tienda, es un... —buscó la mejor palabra— ¡Es un secreto! Quiere dejarlo como una sorpresa, para ponerlo en venta durante las Navidades.

—Pero yo no soy un cliente, no voy a decir nada a nadie, no sé por qué no voy a poder enterarme antes —la gryffindor seguía en sus trece.

—Cariño, son cosas de chicos, bromas y juguetes, no es un campo en el que nos puedas aportar mucho —aclaró, mostrando una pequeña y bondadosa sonrisa.

Inmediatamente, al ver la cara de su mujer, supo que no había escogido bien las palabras.

—¡Perdona si no tengo el sentido de humor de un mandril, Ronald Weasley! —exclamó, ofendida—. ¡Pero te recuerdo que os he ayudado para elaborar algunos encantamientos en otras ocasiones! ¿Qué tiene de distinto este proyecto de los anteriores?

—Ay, ¡no seas pesada! Si te digo que no, es que no —dijo tozudo. Y fue él quien entrecruzó los brazos.

—¡Ron! ¿No será algo peligroso, verdad? ¡Mira que os tengo dicho que tengáis cuidado!

—Hermione, por favor, ¡no insistas más! Te prometo que no es nada malo, ¿vale? Confía en mí —pidió, con toda la fuerza de sus palabras.

En ese momento, la pequeña Rose dejó abandonado su peluche en la alfombra al oír la conversación de sus padres. Y acercándose hacia ellos, se agarró de la pernera de su padre.

—¿Papá malo? —preguntó, con una carita triste.

—¿Ves, mamá? Has conseguido preocupar a Rose...— le reprochó a su mujer, para después dirigirse a su hija—. Ven aquí pequeña, papá no es malo —y volvió a sentarla en su regazo—. ¿Te apetece ir a la cocina, a comer helado conmigo? ¿A que tú no eres tan desconfiada como mamá?

—¡Ron! ¡No le digas eso a tu hija! —le gritó— Rose, cariño, no hagas caso a tu padre.

—¿No hay helado? —preguntó, haciendo un puchero.

—Claro que hay helado, todo el que tú quieras —le dijo su padre, acariciándole la melena

pelirroja.

—Ronald Weasley, ¡vas a malcriar a nuestra hija!

—¿Mamá no quiere helado? ¿No hay helado? —preguntó en voz baja, tristona.

—Ay, sí, hija, sí. Vamos a comer helado, pero poquito, que luego nos duele la tripita —le respondió su madre, de manera cariñosa.

—Eso, ya has oído a tu madre, media tarrina para ti y la otra media para mí —aclaró Ron.

—¡Vale! ¡Helado, helado!—canturreó feliz, como si fuera el día de su cumpleaños.

—Merlín, sois tal para cual... —protestó Hermione, pero no pudo esconder una sonrisa, al ver cómo padre e hija se dirigían a la cocina agarrados de la mano.

Una vez tomado el helado, aunque al final solo fuese una pequeña porción en lugar de la cantidad deseada, Ron volvió al escritorio para seguir dándole vueltas sobre qué hacer con esta misión tan importante que tenía entre manos.

Se estaba arrepintiendo por dentro de su orgullo, que le impedía pedir la inestimable ayuda de Hermione. Pero fue ese pensamiento el que le llevó a encontrar la solución a sus problemas.

—¡Eso es! ¡Hermione tiene razón! —exclamó, con un grito de júbilo.

Se levantó a por su chaqueta y fue a despedirse de su familia, que seguía en la cocina.

—Chicas, voy a salir un rato, ¡vendré para la cena! —y se marchó por la puerta, sin esperar respuesta alguna. Ya se le ocurriría algo a la vuelta.

Ron echó a andar con paso rápido hacia su próxima parada: la biblioteca muggle más cercana.


Rinconcito de la autora: ahora que me doy cuenta... en este capítulo no aparecen ni Draco ni Harry... bueno, el rubio se menciona más de una vez :D Espero que me perdonéis por ello xD. Hacía falta un capítulo de Ron, y me encanta escribir este tipo de escenas, con algunos de sus pequeños.

Ya termino, que sepáis que va quedando poquito para volver a ver juntos y revueltos (sin connotaciones sexuales, obvio) a Ron y a Draco xD

¡Gracias por leer y espero que os haya gustado!

¡Abrazotes!