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Primero que nada, muchas gracias a mi primer review de Pau-chan3 por ser la primera este capítulo va para ti ;D Pero también gracias a quienes lo leyeron :)
Segundo: espero que les guste el capítulo de hoy, recuerden que pueden hacer preguntas, sugerencias etc, etc, las tomare en cuenta:3 Y pues ya no hay nada más que decir ._. No se me da bien esto, no se xD
¡Disfruten!
Capítulo 2: Canción de cuna.
5 años después…
A la caída del sol lo acompaño un joven tumbado en el suelo, apenas podía respirar o moverse, casi podía ahogarse con la sangre que tenía acumulada en la garganta. Su katana estaba fuera de su alcance, demasiado lejos incluso si pudiera estirar su brazo. La miro con impotencia, solo estirando los dedos hacia ella aunque fuera inútil y le quitara valiosos segundos de vida; cada movimiento con esfuerzo implicaba el deterioro de la vida y el alma, significaba muerte. Permaneció inerte sobre la tierra, observando hacia arriba, donde estaban el sol y el cielo.
Pronto moriría…
Y él no podía hacer nada más que aceptar su inminente muerte.
La luz cambio súbitamente, frente a él estaba su atacante con una réplica de muñeco de vudú en sus manos; estaba abierto por la mitad y la vestimenta del muñeco era negra, un kimono negro.
Ni siquiera podía fruncirle el ceño o apretar los puños, demasiado débil.
—Bueno, ahí fue tu estomago— dijo socarronamente su adversario. Su nombre era Szayelaporro Granz, identificado como la Octava Espada—. ¿Ves porque debiste obedecerme? Ahora mueres lentamente y esa ni siquiera era mi misión atacarte, shinigami. Si no hubieras sido tan testarudo y me hubieras dejado continuar con mi búsqueda ahora estarías vivo— Szayel lo miro desde arriba con la cabeza inclinada, haciendo gestos con la boca, analizando a su víctima—. Es una lástima lo de tu muerte, seguro que algunos Espada se habrían divertido luchando contigo— miro hacia el cielo, de pronto la cantidad de reiatsu amento peligrosamente—. Lamentablemente viene tu apoyo y yo tengo que irme. No te matare, porque ya habrás muerto para cuando logren encontrarte.
Desapareció a través de una Garganta pocos segundos después, despidiéndose de espaldas con un gesto de mano. Antes de que el portal se cerrara por completo, le sonrió con sorna a su víctima.
Podía sentir aquellos reiatsus, reconocerlos, pudo identificar quienes eran desde el momento en que comenzaron a surgir, a pesar de la poca conciencia que le quedaba. Desafortunadamente, el de él no era lo suficientemente alto ahora, lo sentía desvanecerse igual que sentía cada latido en todo su cuerpo, lento…cada vez más lento… y doloroso.
— ¿¡Estas bien!?— grito una voz, surgiendo entre la oscuridad que comenzaba a devorar cada centímetro de su piel. Pero claro, no podía estar llamándolo a él, nadie podía verlo—. Oye, ¿Estas bien? ¿Puedes oírme?
¿O tal vez si?
Si….Si lo llamaba a él.
Un par de zapatos-lo único que podía alcanzar a ver- aparecieron en su campo de visión, borrosos a causa de la casi perdida conciencia, corrieron hacia su dirección con urgencia. Hacia él. Escucho de nuevo la voz decir algo, demasiado agitada, después, algo que caía y se arrastraba hasta detenerse junto a él. Lo extraño era que podía sentir el contacto de su cuerpo con el de aquella persona. Notaba la sensación de una rodilla rozando levemente sus costillas.
—Tranquilo, ¿sí? Intenta no moverte más de lo que debas— le pidió. Alzo las manos a pocos centímetros encima de su abdomen malherido, cerró los ojos. Él le tomo la mano, requirió de mucha fuerza y sintió varios golpes de dolor por todo el cuerpo, gimió de dolor; la vista comenzó a nublársele—. ¿¡Q-Que haces!?
Sintiendo tanto dolor era imposible estar imaginando, al contrario, lo mantenía despierto y agonizante. Apretó la mano de aquella persona, los dedos de una mujer, carne y hueso. Realmente estaba tocándolo, pero no se suponía que fuera así.
—Puedes….verme— su voz era apenas un susurro ronco, apenas extraído y verbalizado dolorosamente con el aire restante, que era poco—. Tu…
— ¡Pero claro que puedo verte!— le contesto, soltando su mano con suavidad para no hacerle daño, después volvió a colocar sus manos sobre el estómago de él—. No estoy ciega— y entonces ocurrió…
Apareció un resplandor amarillento que se extendió desde el pecho hasta la cadera, sentía una especie de calor ahí por eso lo sabía. Apenas podía verlo todo por el rabillo del ojo, imposibilitado a despegar la mejilla del piso. Después, una mano sobre su hombro.
— ¿Cuál es tu nombre?— le pregunto. Él apenas se daba cuenta de que su voz era muy dulce, como escuchar una canción de cuna y querer quedarse dormido. O tal vez era que iba a morir.
—Kurosaki…— le respondió, de pronto hablar costaba un poco menos. Aún tenía que arrastrar las palabras y resoplar al término de cada palabra, pero al menos ya no sentía que se asfixiaba—. Kurosaki Ichigo…. ¿El tuyo?
—Inoue Orihime— dijo a la vez que limpiaba la sangre que tenía por toda la barbilla y los labios, vomitada cuando Szayel aplasto el estómago de su muñeco vudú—. Ya puedes estar tranquilo, Kurosaki-kun, estoy aquí para curarte.
Nadie podría curar estas heridas, quiso decirle Ichigo, pero las pocas palabras que dijo hace momentos lo habían dejado cansado, como succionado. De pronto los parpados le pesaron más, eran como imanes queriendo unirse a algo metálico, y una vez que se habían cerrado no pudo abrirlos por más que quisiera. Todo se desvaneció.
Estaba muy oscuro…Infinitamente negro.
Aquella chica había mentido, sino ¿Por qué se sintió morir justo ahí?
¿Una pesadilla?, pensó con los acompasados latidos del corazón chocándole contra el pecho, haciendo eco en su cuerpo que ahora se sentía caliente y más suyo que nunca.
Al comenzar a abrir los ojos, distinguió tres cabezas: una de cabello trenzado, otra de cabello negro y corto, y la última tenía el cabello rojo. Cuando los colores dejaron de ser borrosos o brillantes pudo darle nombre a las cabezas: la capitana Unohana, Rukia y Renji. Todos reunidos alrededor de su cama. Estaba en el cuartel de la Cuarta División.
No, no había sido una pesadilla. Todo había sido real, o al menos parte de ello.
— ¡Esta despierto!— exclamo Rukia, había alivio en su voz.
—Oye, Ichigo— lo llamo Renji—, a la próxima no nos des un susto como este, ¿quieres? Nos diste un susto de muerte a todos. Cuando tu reiatsu comenzó a decaer pensamos que estabas muerto.
— ¿Muer….to?—pronuncio Ichigo. Algo había cambiado: hablar ya no succionaba el alma, podía mover su rostro, mover su cuerpo y no se sentía morir, no esputaba sangre. Más importante: ya no había dolor. Se incorporó de la cama rápidamente, aparto las sabanas y descubrió un cuerpo sin golpes ni heridas. Un cuerpo que ya no moría.
Estaba descubierto de hombros a cadera, era piel libre de sangre y cortes. Su zampakuto estaba recargada en la pared a su derecha. Lo único que estaba mal era su kimono, lo vio colgado en una silla, había mucha sangre, demasiada esparcida alrededor. Hasta ahora era la única prueba de que había luchado y que no había sido una pesadilla.
Al instante, Renji lo sostuvo por los hombros.
—Tranquilo, no debes agitarte mucho. Recuéstate.
—Es increíble…— murmuro Ichigo para sí mismo, inclinándose hasta que su cabeza toco la almohada.
—Kurosaki-san…—lo llamo Unohana, mirándolo con suspicacia. — hay algo que quiero saber: Tu pelea de hoy ha sido contra un Espada, ¿no?— Ichigo asintió. Él se rasco la cabeza, avergonzado.
—Ah, sobre eso, debería estarte agradeciendo así que— hizo una pausa para mirarla seriamente e inclino la cabeza —. Gracias, capitana Unohana, me ha salvado la vida. Espero algún día yo pueda pagarle con el mismo favor.
La respuesta de la capitana lo dejo helado hasta los huesos.
— ¿Salvarte la vida de que, exactamente?
—Pues de morir, claro— le respondió, de repente se sentía un poco aturdido—. Yo…estaba muriendo, sentí que morí. Ahora estoy aquí, vivo y sin ninguna herida y todo es gracias a tí.
El ambiente cambio de pronto. La capitana Unohana sacudía la cabeza de lado a lado con el ceño fruncido. Rukia y Renji se dedicaban miradas que indicaban que Ichigo decía cosas sin sentido. De pronto, Rukia se llevó la uña del dedo pulgar a la boca, mordiéndola.
—No tuve que curarte nada, justamente porque no tenían ninguna herida en tu cuerpo, ni siquiera un rasguño y sin embargo tu ropa estaba toda manchada de sangre— le informo, acercándose a él—. Sobre esto quería hablarte: ¿Cómo has logrado enfrentar a un Espada y salir ileso de la batalla?
Ichigo finalmente cayo en cuenta de que nada había sido una pesadilla, que no había alucinado con una chica-una humana- curándolo. Inoue Orihime era su nombre, y no le había mentido, realmente lo había curado….
Y lo había hecho maravillosamente.
Orihime huyó del lugar incluso antes de que pudiera verlo completamente curado. Sentía como una lluvia invisible de algo caía sobre ella, aplastándola casi contra el suelo y cortando su respiración. Era maso menos la misma sensación que tuvo momentos antes de que aquel hombre de cabello rosa desapareciera. Comparándolas la segunda no se sentía tan amenazante como la primera. Fuera como fuera, ninguna de las dos le daba buena espina.
Se llevó los dedos a las sienes y se concentró en adelantar el proceso. Poco a poco las heridas se cerraban.
—Más rápido, más rápido, por favor— rogo en silencio, sintiendo escalofríos en la columna.
Lejos, muy lejos, en el cielo se abrió una puerta circular.
En el cielo.
De ella salieron cuatro personas, dos llevaban una capa blanca sobre un kimono negro y los otros simplemente llevaban el kimono; vestían de la misma forma que Kurosaki-kun. Estaban de espaldas a ella y aprovecho la oportunidad de correr hacia el escondite más cercano: una columna que sostenía un puente sobre un rio. Se quedó ahí, mirando al chico herido; el escudo amarillento seguía sobre él, sanando las heridas. Hizo desaparecer el escudo poco después, los otros ya comenzaban a girar en dirección a él.
Entonces, un borrón en el aire y las cuatro siluetas, que con anterioridad flotaban en el cielo, estaban a un lado de Kurosaki Ichigo.
Orihime ni siquiera tuvo que intentar contener el respingo, se sentía demasiado débil y mareada para ello. Estaba demasiado lejos, no podía distinguir a quienes estaban ahí, pero de repente todo fue el doble: ahora eran ocho personas, de las cuales dos eran idénticas, luego dos como el chico del cabello naranja. Se miró las manos: ahora tenía veinte dedos y cuatro brazos. Todo se repetía como reflejado en un espejo.
Escucho a las personas murmuras alrededor del cuerpo de Kurosaki-kun, pero tenía los oídos taponeados. Se puso de rodillas, recargando su cabeza contra la columna, se apartó de ella para ocultarse bien…y entonces perdió la conciencia sintiendo mucho dolor.
Jushiro Ukitake, el capitán de la Decimotercera División, sostenía su barbilla con dos dedos aun procesando la información recién obtenida, después tosió. Kiyone Koetsu y Sentaro Kutsobaki aparecieron para ayudar, su capitán alzo una mano en señal de que no tenían que preocuparse.
Rukia, Renji e Ichigo estaban sentados frente a él.
— ¿Desaparecieron todas completamente?— pregunto Ukitake, refiriéndose a las heridas de Ichigo, él asintió—. Vaya ¿y dices que ibas a morir?— Ichigo asintió— ¿y que podía verte?— otro asentimiento—. Vaya, eso sí que es nuevo, ¿Qué ha dicho la capitana Unohana sobre esto?
Ichigo iba a hablar, pero Rukia lo interrumpió, inclinándose un poco más hacia adelante.
—Eso no tiene importancia ahora. Lo importante es averiguar quién es esta chica.
—Inoue Orihime— leyó Ukitake, tenía el reporte de la pelea de Ichigo en las manos, de hecho, todos los capitanes tenían uno y probablemente estaban leyéndolo ahora—. Yo diría que lo importante es averiguar que es. Sabemos su nombre y que vive en Karakura, ese es el quien, pero ¿qué hay del que?— miro a Ichigo— ¿Recuerdas como era su aspecto?
Ichigo abrió la boca, pero solo eso, no hubo respuesta. No, no recordaba su rostro porque él ni siquiera la había visto porque entonces estaba demasiado débil para siquiera mover el iris de los ojos hacia un lado. Afortunadamente había visto sus zapatos antes de que desaparecieran para colocarse al otro lado de él, a donde él no podía mover la cabeza para mirar porque eso implicaba más dolor y una muerte más rápida.
—No, lo siento— dijo negando con la cabeza, decepcionado—. Es decir, ni siquiera pude verla a ella, solo sus zapatos.
Renji chasqueo la lengua, colocando su barbilla sobre la palma de su mano. Sabía que no llegarían a ninguna parte con aquella plática. Rukia le golpeo las costillas con el codo. Se hizo el silencio en la habitación por unos segundos hasta que Ukitake chasqueo los dedos.
— ¿Y qué hay del reiatsu? ¿Era similar al de algún enemigo o tal vez a algún aliado?
—Reiatsu…— repitió Ichigo para sí mismo, se colocó el dedo índice justo debajo de la nariz, pensativo. Negó con la cabeza —. No había ningún reiatsu— contesto más para sí mismo que para Ukitake. Hasta ahora no se había dado cuenta, pero no sintió ningún tipo de reiatsu emanar de aquella chica.
Todo era muy extraño.
Renji alzo los brazos al aire, dejándolos caer apresuradamente contra sus muslos. Acababa de perder la paciencia.
—Muy bien, entonces tenemos a esta chica, Inoue Orihime— pronuncio su nombre con un tono de voz extraño—, de la cual no sabemos absolutamente nada— alzo el puño al aire y libero un dedo, comenzando un conteo—. No sabemos nada de su aspecto, nada de su habilidad, nada de su ubicación y nada de su reiatsu. ¿Saben a dónde nos llevara esto? A nada.
Se hizo el silencio en la habitación, Renji tenía razón. Aquello era como buscar una aguja en un pajar, pero este caso era más especial, porque esta aguja era invisible. Cada quien adopto una postura de derrota y pensativa a la vez y se quedaron así por varios segundos.
—Eso es porque no han ido con la persona indicada, montón de novatos— la voz chillona e indignada de Kurotsuchi Mayuri surgió segundos después de que su cuerpo apareciera justo en el medio de todos, proporcionando a Rukia, Renji e Ichigo una mirada crítica—. Tu— dijo, señalando a Ichigo con un dedo—. Vienes conmigo. Ahora.
Tomo a Ichigo por el cuello de su kimono y se convirtieron en un borrón de líneas mezcladas en el aire antes de que Ichigo pudiera decir algo. Así como si nada, Kurotsuchi apareció para llevárselo sin dar explicaciones. Los presentes en la habitación miraron al lugar donde habían estado antes sin poder entender la situación, pero, por supuesto, nadie cuestionaba los porques de Mayuri. Ukitake se encogió de hombros, suspirando, se volvió por una bandeja y dijo:
— ¿Alguien quiere té?
Ichigo y Mayuri aparecieron en una habitación tan blanca e iluminada que los ojos te dolían. En el centro había una mesa metálica, enseguida, una silla y una computadora. Varios cables salían de ella, cada uno finalizaba en un aparato diferente, otros terminaban en algo muy similar a un embudo hecho de goma, más pequeño y aplastado.
—He leído tu reporte— anuncio Mayuri, encaminándose hacia la silla—. Algunas de las cosas que leí han captado mi atención muy genuinamente y quiero investigarlas. Recuéstate en la mesa.
Ichigo no supo porque, pero obedeció. Tal vez por su forma de hablar, como si no dudara de sus palabras y todo lo que dijera fuera absoluto. Se recostó sobre la mesa, el rostro de Mayuri se veía un poco más aterrador desde esa perspectiva.
La puerta se abrió en ese momento, Nemu Kurotsuchi, la asistente y teniente de Mayuri, acababa de entrar a la habitación, colocándose del otro lado de la mesa. Se quedó quieta ahí, con las manos sujetas de la misma forma que siempre lo hacía, parecía una necesidad biológica o algo por el estilo.
Un par de manos albinas tomaron su kimono y lo abrieron, descubriendo la zona de la cadera para arriba. Antes de que terminara, Ichigo le tomo las muñecas, deteniéndolo. De pronto se sentía extrañamente abusado y preocupado.
— ¡H-hey! ¿Qué haces?
Mayuri lo miro de soslayo, impasible, sus manos seguían sobre el kimono de Ichigo. Suspiro y miro a su asistente.
—Nemu…
Ella se movió ligeramente para presionar un botón, accionando correas que se sujetaron sobre manos, tobillos, cabeza y el abdomen de Ichigo, inmovilizándolo. Él se agito, tenía el rostro rojo y un mal presentimiento, porque después de todo, Kurotsuchi Mayuri era un mal presentimiento hecho persona.
— ¿¡Pero que….!?— comenzó a quejarse, pero la mano de Mayuri cayó sobre su boca, callándolo.
—Shhh. Que ruidoso eres…. — le dijo, mirándolo. Ichigo seguía tratando de hablar, moviéndose para librarse de las correas—, y quejumbroso además. Ahora cállate, esto es en nombre de la ciencia.
FIN.
¡Taa-daaa! :'D ¿Qué les ha parecido? ¿Les gusto? Realmente espero que si sfkljsklfa 3 Gracias por leer.
