Timestream

¿Qué taaaaaaaal? :D Estoy muy emocionada con este fanfic porque al parecer les ha gustado, tienen curiosidad y dicen que se sienten emocionadas. ¡Gracias! Enserio, mil gracias por leer mi historia.

Pau-chan, respondiendo a tu pregunta, es tal y como tú dices: la historia la he manipulado, algunas cosas serán iguales y otras no, pero se irán aclarando conforme todo avanza :D Si tienes más dudas, dime.

De hecho, cualquiera que tenga dudas sobre algo, pregúntenme:3 O si ven que dejo algo en pendiente y no le doy respuesta díganme para yo darle respuesta a todo :3 quiero que este fic sea de lo más agradable y si ustedes me externan sus dudas, creo que será mejor 3

Muchísimas gracias a todos por sus reviews *w*

Sin más que decir, les dejo el capítulo de hoy. Disfrútenlo, espero que sea de su agrado 3


Capítulo 3: Heridas.

En la Sociedad de Almas se hablaban de dos cosas: de la repentina aparición de los Espada en el mundo real y de la chica que tenía el poder de revertir la muerte.

Unos cuantos shinigamis hablaron de más, la historia se extendió hasta más allá de los límites del Seireitei hasta los distritos más alejados del Rukongai. Se temía que la noticia saliera de la Sociedad de Almas y llegara a los oídos del enemigo, si se enteraban de ella entonces comenzarían a buscarla, tal y como los shinigamis.

Era algo impresionante, ni siquiera la capitana Unohana podría haber curado a Ichigo como lo hizo ella. Mayuri, por su parte, no logro obtener muchos residuos de energía espiritual del cuerpo de Ichigo y de inmediato lo desecho como Objeto de Investigación. Necesitaba a la fuente del poder para entender el poder. ¿Cómo funcionaba? ¿Era Hollow o Shinigami? ¿Cómo lo obtuvo? ¿Es humana?

Yamamoto Genryuusai se reunió con Ichigo al día siguiente y hablaron al respecto.

—Kurosaki Ichigo— dijo Genryuusai, a pesar de los años, su voz seguía siendo potente y perfectamente entendible—, eres la única persona que ha estado cerca de Inoue Orihime, por lo tanto eres el único que podría identificarla.

A modo de respuesta, Ichigo negó con la cabeza.

—Lo siento, no creo que pueda— admitió, estaba decepcionado—. En mi encuentro con ella no pude ver su cara, solo sus zapatos. Tampoco podría rastrear su reiatsu porque ella no tenía uno. Conozco su nombre y eso es todo.

Sin embargo, el Capitán Comandante insistió.

—Estoy consciente de ello, por eso tienes que partir ahora mismo al Mundo Humano y descubrir quién es ella. El Senkaimon está listo, podrás irte en cuanto estés listo— anuncio.

— ¿Y que pasara si aparece otro espada? ¿O algo peor, si es que lo hay?— pregunto Ichigo, preocupado, apretando los puños.

—Habrá otros shinigamis de altos rangos cuidando las zonas. Tu único deber será encontrarla y traerla a la Sociedad de Almas.

—Pero…— quiso replicar Ichigo.

—Kurosaki Ichigo— exclamo Yamamoto, dando un golpe con su bastón al piso, que se extendió por toda la sala vacía—. Desde la traición de Aizen nos hemos estado preparando para lo que sea que quiera enfrentarnos, y si alguien no logra al menos contener a los enemigos mientras buscas a la chica, entonces será mejor que mueran ahora a tener un ejército de shinigamis débiles que no están preparados para pelear contra lo desconocido. Habrá muertes quizá, pero a veces la desesperación o el miedo despiertan a nuestra fuerza dormida, y es justo lo que varios necesitan— aclaro con severidad, sus ojos mostraban algo que Ichigo no pudo descifrar, pero tenían un aspecto seguro—. No te involucraras en peleas a menos que sea estrictamente necesario.

No se dijo más.

Antes de entrar al Senkaimon se despidió de Renji y Rukia, de enterarlos de la situación. Después partió a Karakura, se quedó parado en el cielo sobre las nubes; viendo a la ciudad desde aquella perspectiva la pareció que sería difícil buscar a Inoue Orihime. ¿Por dónde comenzar? Escuelas, por supuesto.

En el instituto Chad, Tatsuki, Ishida y los demás negaron conocer a alguien con aquel nombre –después todos, menos Ishida, comenzaron a cuestionar su faltas a clase; solo Ishida sabía quién era Ichigo en realidad- , ni siquiera los de primer año. Ichigo pregunto en varias escuelas a la redonda por ella, pero en todas fue lo mismo: no había inscripciones a nombre de ninguna Inoue Orihime. Le llevo toda la mañana tarde y al final del día no tenía nada.

Por la noche, llego a casa para la hora de la cena. Karin y Yuzu creían que había estado en un campamento de futbol, pero no su padre. Kurosaki Isshin sabía bien que su hijo era un shinigami desde hacía muchos años y al final de la cena, cuando las niñas se habían ido a dormir, se quedó a platicar con él.

—Parece que las cosas comienzan a agitarse, ¿no?— pregunto Isshin mientras se pasaba una mano por el cabello, se le veía cansado—. La otra vez se sintió un reiatsu muy extraño.

—Si…— le dijo Ichigo, recargando la cabeza en el respaldo de la silla; él también estaba cansado—. Ha habido…visitas… de Espadas por aquí. Cada vez son más frecuentes los ataques de los Adjuchas también— Ichigo habría deseado no tener que decirle todo aquello, no quería preocupar a su padre y menos porque….

—Ojala pudiera ayudarte, hijo…

Porque el ya no tenía los poderes que alguna vez había tenido. Era una situación extraña, su padre no podía usar los poderes de shinigami, pero si podía seguir sintiendo reiatsus, podía ver a los shinigamis y a los hollows.

Jamás lo decía en voz alta, pero Ichigo estaba seguro de que a veces eso lo entristecía. La razón de porque había perdido sus poderes seguía siendo una interrogante para su hijo, su padre jamás hablaba de ello. Tampoco a Ichigo le gustaba hablar de ello, pensaba que era como echarle sal a una herida que llevaba abierta varios años y las heridas que más duelen son las que se quedan encerradas en una persona. Las heridas más dolorosas a veces son con las que carga el alma, porque son las que mantienen encerradas dentro del pecho, renuentes a externarlas, permitiendo que se extiendan como un cáncer…hasta que llega el momento que esa herida jamás sana.

—Todo está bajo control, papá, no pasa nada— lo tranquilizo Ichigo—. No estoy aquí para luchar contra hollows, solo he venido a buscar a alguien. Quizá la conozcas, su nombre es Inoue Orihime.

Isshin se llevó varios dedos a la barbilla a la vez que recargaba un codo sobre la mesa. Frunció los labios y el entrecejo, mirando al vacío.

—Inoue...— murmuro. Su voz fue lo más parecida a cuando pruebas un platillo nuevo y tratas de decidir si esta bueno o no. Recargo la espalda contra la silla, pesadamente—. No…No me suena familiar. Lo siento, hijo.

Ichigo hizo un gesto con la mano, quitándole importancia. Su padre se veía al borde del sueño y decidió no molestarlo más con asuntos de shinigamis. Le dijo que no se preocupara, que parecía que nadie conocía a esta chica, que continuaría buscando mañana. Cuando estuvo en su cuarto, la familiaridad de su habitación y de su cama lo confortó, no tardó mucho en quedarse dormido.

Esa noche soñó que moría y esta vez nadie venía a ayudarlo.


Un ramo de flores fue colocado con suavidad sobre una tumba, en ella estaba grabada el nombre de Inoue Sora. Un par de lágrimas fueron lo siguiente en caer, empapando las letras.

Inoue Orihime utilizo la manga de su sudadera para enjugar la humedad de sus ojos y se arrodillo a un lado de la tumba de su hermano; después se puso en cuclillas, equilibrándose sobre los dedos de los pies, con las manos agarradas detrás de su nuca y los codos sobre sus muslos.

—Perdóname, hermano— sollozo, intentando contener los temblores de su voz—, no era mi intención llorar; odiaría perturbar tu paz por ser débil. Es solo que hoy pensé en ti, en lo mucho que aun te quiero y no pude evitar venir. Te extraño tanto que duele, ¿sabes? Estoy muy sola por aquí— dijo, apoyando su puño contra sus labios para contener el temblor que sentía en ellos—. No pienso molestarte mucho, solo quería venir a dejarte estas flores….Hasta pronto, hermano— dijo, poniéndose de pie.

A Orihime no le gustaba visitar la tumba de su hermano, una vez había escuchado a alguien decir que al llorar por una persona que había muerto no le estabas permitiendo descansar en paz, y cada vez que ella lo visitaba, lloraba por largos ratos sin consuelo. Pero la muerte de su hermano era algo que entristecía su corazón desde los nueve años, ahora tenía dieciocho y aquella muerte seguía doliéndole tanto como el día en el que se enteró. Había una parte de ella que se culpaba por su muerte; podría haberse evitado si tan solo ella se hubiera dado cuenta de sus poderes desde antes. Descubrió que podía curar las heridas unas cuantas semanas después, cuando en una ocasión se fracturo el pie y se despertó por la cantidad de luz que llegaba a través de sus parpados.

Casi había salido del panteón cuando escucho un lamentable aullido, le llego por detrás, cuando caminaba cerca de unos arbustos que quedaban cerca de la calle. Se giró al instante, espero otro chillido. Se escuchó un lamento proveniente de un pequeño matorral, al apartar las ramas se encontró con un cachorro. Tenía toda la parte izquierda del cuerpo tumbada contra el césped, dejando en evidencia su pata lastimada y sangrante. Orihime se abrió paso entre las hojas hasta el cachorro y lo acaricio desde la cabeza hasta el inicio de su herida con las yemas de sus dedos. Se sentó sobre sus rodillas y le hablo con calma.

—Hoy es tu día de suerte, pequeñín— dijo después de sorberse la nariz, aún tenía los ojos llenos de lágrimas—. Cuando termine contigo no tendrás que preocuparte más por tu herida, volverás a ser el de antes.

Al extender los brazos hacia el cuerpo del cachorro, varios resplandores amarillos los siguieron, colocándose debajo de sus palmas hasta formar un pequeño domo amarillo sobre el cuerpo del animal. Con un resoplido, Orihime dejó caer sus manos a ambos lados de su cuerpo. Después de la muerte de su hermano y de descubrir sus poderes, adopto como acto de redención el curar a las personas o animales; su poder era algo que tenía que compartir con aquellos que realmente lo necesitaran. Lamentablemente no siempre llegaba a tiempo.

Unos cuantos minutos después, un pequeño dolor en la pierna, ocasionado tal vez por la posición en la que se había sentado, le recordó que frente a ella había un cachorro que ahora no estaba herido. Hizo desvanecer el domo y lo miro con orgullo.

— ¿Ves? ¿Qué te dije?— cuestiono, examinando su trabajo mientras se incorporaba—. Como nuevo, ¿no?

A veces, salvar vidas la hacía sentir en paz con el mundo, pero había ocasiones que le recordaba que le había fallado a su hermano y a ella misma, lo lenta que había sido y la vida que pudo haber salvado. Entonces se daba cuenta de que salvar vidas no la salvaría a ella de su tristeza ni de ninguna otra emoción que se relacionara con la muerte de Sora.


En el tercer día de búsqueda Ichigo decidió pasar por los hospitales, preguntando si había alguien con el nombre de Inoue Orihime internada o trabajando –después de no encontrarla en ninguna escuela pensó que tal vez ya fuera practicante-, pero en todos le dijeron que no.

En la tarde, apoyado sobre las puntas de los pies en la esquina del techo de un edificio alto, observo al sol caer pesadamente sobre el horizonte. Se sentía el reiatsu de un Adjuchas y el de varios shinigamis, uno de ellos pertenecía al teniente de la Tercera División, Iduru Kira. Unos momentos después, no se sentía la presencia de ningún adjuchas.

Cuando llego a casa ya era de noche, Yuzu estaba viendo televisión junto con Karin. Al verlo entrar, Yuzu le hizo un puchero.

— ¡Onii-chan!— se paró rápidamente delante de su hermano—. Finalmente estas en casa después de tu campamento y no pasas nada de tiempo con la familia. Ni siquiera estabas para la hora de comer. ¡Muy mal Onii-chan, muy mal!

—Llorona— mascullo Karin desde el sofá.

— ¡No soy una llorona!

Se escucharon un par de palmadas en la sala antes de que la mano de Isshin se posara sobre el hombro de Yuzu. Le sonreía consoladoramente mientras le daba leves golpecitos.

—Ichigo tiene amigos también, Yuzu— le comento cálidamente—. Trabajo duro en su campamento y ahora solo quiere descansar— volvió a dar otra palmada—. Ahora, ¿Por qué no suben tú y Karin a dormir? Ya es tarde.

Karin se puso una mano sobre la sien y la aparto como una clase de saludo militar.

—De acuerdo— dijo, tomando a Yuzu por el brazo y llevándosela—. Anda, vámonos ya.

Cuando se habían ido, Ichigo suspiro; se sentía mal después de lo que le había dicho Yuzu. Desde que descubrió sus poderes shinigami había estado pasando menos tiempo con su familia y más tiempo luchando contra monstruos.

—Ichigo…—lo llamo su padre—. Creo que he encontrado algo que podría ayudarte— hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiera hasta la mesa. Una vez ahí, levanto una carpeta—. Estuve buscando si de casualidad había pasado aquella chica alguna vez por aquí y me encontré con esto.

La carpeta volvió a caer sobre la mesa, esta vez abierta donde se podía ver una fotografía sostenida en la esquina de una hoja. En la foto estaba un joven de cabello castaño oscuro que le llegaba hasta la altura de la barbilla y ojos grises.

—Su nombre era Inoue Sora— continuo diciendo su padre—. Murió hace mucho en un accidente automovilístico, lamentablemente. Pero tenía una hermana pequeña…— le dedico una mirada a Ichigo y sonrió—. Exactamente quien crees que es. Su hermana era Inoue Orihime.

— ¿Cómo la encuentro?— pregunto Ichigo, recargando las manos sobre la mesa.

—Hay dos opciones, Ichigo— apunto su padre, alzando un dedo—. Uno, podría seguir viviendo en la dirección que está escrita ahí. O dos —levanto otro dedo—, podría vivir en otra parte.

—Ya veo…— dijo Ichigo, esperando que la primera opción fuera la acertada—.Tengo que irme entonces. Gracias, papá.

Aun no era tan tarde, así que decidió no usar el shumpo para llegar a la casa de la chica, no quedaba tan lejos de todos modos. Cuando llego a la dirección indicada, las luces de la casa estaban todas apagadas, a pesar de que varias casas permanecían aún con las luces prendidas. No se escuchaba ningún ruido desde dentro. Al mirar por la ventana observo que tampoco parecía haber alguien dentro, aunque definitivamente la casa estaba habitada: en el fregadero había platos sucios, una silla estaba corrida a un lado y un reloj digital que marcaba la hora.

Espero por ella sentado en al pie de las escaleras. De pronto comenzó a pesar que le diría o como la convencería de ir a la Sociedad de Almas con un desconocido que debería estar muerto de no ser por ella. Todo lo que le venía a la mente era absurdo o poco convincente.

Continúo esperando y esperando, hasta que el tercer día se convirtió en el cuarto cuando comenzó a ser de madrugada. Ichigo tenía la mejilla recargada sobre su puño, cansado de esperar. Entonces ocurrió…

Los sentidos le advirtieron un peligro alarmante, seguidos de una ola de reiatsu denso y peligroso. Una Garganta se abrió muy lejos en el cielo y una sola figura salió de ella. Ichigo no lograba alcanzar a distinguirla. El reiatsu no era tan fuerte como el de un Espada por lo que debe tratarse de un Arrancar, pensó Ichigo. Podía sentir a los reiatsus de Rangiku, Kira y el de varios shinigamis más.

Permaneció en su lugar, preguntándose si debía confiar en la habilidad de los tenientes o ir a ayudar. La inquietud lo lleno por dentro minutos después cuando hubo una explosión de reiatsu de Arrancar; poco después un reiatsu comenzó a debilitarse. Entonces decidió acudir a ayudarlos, utilizando el shumpo para llegar lo más pronto posible.

Al llegar, Rangiku y unos cuantos shinigamis se enfrentaba contra un extraño arrancar: de una armadura hecha del mismo material que su máscara de hollow, que le cubría el pecho entero, surgían dos largos brazos cuyos dedos eran decimado alargados, delgados y afilados. De atrás de su cabeza surgía una especie de cola que terminaba en una pinza de dos picos iguales a los dedos.

— ¡Ichigo!— lo llamo Matsumoto —. Qué bueno es verte, necesitamos ayuda. Aún tenemos el limitador, la Sociedad de Almas está trabajando en ello— se sostenía el brazo izquierdo con una mueca de dolor, la mano que cubría la herida ya se había llenado de sangre—. Necesitamos tu ayuda— volvió a pedir, lastimosamente—. Kira…él…no sé dónde está.

— ¡Teniente Matsumoto, cuidado!— grito un shinigami. Un largo brazo logro golpear la espada de la teniente –muy apenas había logrado alzarla para cubrirse- que la arrastro hasta el suelo.

—Que distraída— se quejó el Arrancar, mirando a Ichigo después—. Soy el Onceavo Arrancar Shawlong Koufang. Mi misión no es pelear, pero si es eso lo que ustedes quieren, morirán.

Un chico apareció detrás de él con la zampakuto alzada detrás de su cabeza para tomar mayor vuelvo al dejar caerla. Shawlong la esquiva moviendo su cabeza a un lado y contrataca con la pinza saliente de su cabeza, enterrándola en el abdomen del shinigami. Su reiatsu comenzó a desaparecer, el chico comenzaba a morir. Con una sacudida, Shawlong destrabo las puntas del estómago, aventando al shinigami lejos hacia varios contenedores de basura, pegados a la pared. Ichigo lo siguió con la mirada, pero se detuvo en un lugar donde vio un destello amarillento surgiendo de la nada.

— ¡Gruñe, Haineko!— grito Rangiku, apareciendo a una lateral del arrancar. Su espada se hizo polvo, ella la movió y surgió un corte en el muslo de su enemigo. Desapareció con ayuda del shumpo, reapareciendo enseguida de Ichigo—. ¡Ve, Ichigo! Yo tratare de distraerlo. — dijo y volvió a desaparecer antes de que él pudiera desearle suerte.

Ichigo asintió, aunque no supo a qué dirección se refería ella: aquella por donde había caído el shinigami o la otra, donde estaba el resplandor. Miro atrás, hacia Rangiku. Ella estaba recibiendo varios ataques, los repelía con ayuda de Haineko y desaparecía y aparecía en otro lugar, esquivando y atacando. Entonces Ichigo fue hacia el resplandor dorado.

Desde arriba, pudo ver un domo amarillo con una persona herida del brazo dentro de él; poco a poco, la carne que faltaba en el brazo comenzó a resurgir de la nada. Cuando Ichigo cayó en el suelo, una chica de cabello naranja que estaba de espaldas a él, giro su cabeza sobre su hombro para verlo.

Estaba llorando…

—Lo siento…— sollozo ella. Ichigo recordaba esa voz, era difícil no recordarla; aquella voz habría sido la última que habría escuchado si él hubiera muerto aquel día—. Llegue muy tarde…yo…no puedo ayudarlo. Lo siento.

Se movió para dejarse caer sentada a un lado, descubriendo que delante de ella había un cuerpo. El cuerpo de Kira. Estaba muerto; Ichigo no lograba sentir más su reiatsu. Sintió que un nudo se le formaba en la garganta mientras lo miraba. A Kira le faltaba gran parte de su cuerpo, comenzado desde el hombro izquierdo, extendiéndose hasta abajo casi llegando a las costillas; literalmente le habían arrancado el corazón a Kira. Un enorme charco de sangre se había formado debajo de él, pero a la chica -¿Inoue Orihime?- no parecía importarle. Ella tenía manchado casi por completo el pantalón de muslos a tobillos los pantalones y en su sudadera había varios borrones de sangre en la parte de las caderas y las mangas, que ahora estaban remangadas.

Ichigo trago saliva, para contener la voz temblorosa.

— ¿Eres Inoue?— le pregunto. La chica lo miro apenas hablo—. Inoue Orihime.

—Si…— respondió ella. Utilizo su hombro para retirarse las lágrimas de su rostro, en el acto la tela rozo con una mancha de sangre que se le extendió por toda la mejilla. Entonces abrió los ojos, sorprendida—. ¡Tú eres…!

—Tienes que irte— le urgió Ichigo, momentos después de que una nube de polvo se levantara a lo largo de una calle no muy lejana. Desenfundo su espada y ella retrocedió, temerosa.

—Que interesante poder tienes, humana— Shawlong se materializo detrás de Ichigo, con la espada alzada. Ichigo logro atajar el golpe con su espada, no había alcanzado a colocarse bien y ahora le temblaba la mano—. ¿Eres alguna clase de sanadora? ¿Decías que te llamabas Inoue Orihime?

Ichigo apoyo un pie en el suelo y empujo alejando a Shawlong de él.

— ¡Inoue, vete! ¡Ahora!— aulló Ichigo.

Ella se levantó rápidamente, a pesar de que resbalaba con la sangre de Kira, corrió lo más rápido que pudo y doblo en la esquina más cercana. Ichigo seguía sin sentir ningún tipo de reiatsu proveniente de ella.

—Que descortés, estaba hablando con la señorita, no contigo— se disgustó Shawlong.

Ichigo rio.

—Yo también estaba hablando con ella cuando llegaste tú.

El Arrancar sonrió burlonamente, dio un paso hacia adelante pero se detuvo. Su cara adquirió una expresión de extrañeza.

— ¿A dónde ha ido?— pregunto con severidad.

—Quien sabe— respondió Ichigo encogiéndose de hombros, mirándolo fijamente. Rangiku apareció junto a él, muy mal herida. Tenía un corte que iba del hombro hasta el codo; apenas podía mover ese brazo. La sangre que le salía de la frente le caía sobre los ojos y ella tenía que entrecerrarlos—. Acabemos con esto— comenzó a llevarse la mano hacia la cara.

—Me temo que esto tendrá que quedar pendiente— se lamentó el Arrancar. Una Garganta se abrió detrás de él—. Su derrota apesta a muerte, me parece—comento, mirando el cuerpo de Kira mientras hacia una mueca.

Rangiku cayó de rodillas junto a Kira, gritando su nombre con dolor. Sostuvo su cabeza sobre su regazo y olvido su espada por completo. Ichigo sintió rabia y alzo su espada.

— ¡Getsuga Tensho!— gruño.

Un montón de energía se disparó de su espada con la forma de una luna creciente, aventada contra el Arrancar. Pero el Getsuga Tensho siguió y siguió sin impactarse contra nada, hasta que desapareció en la lejanía del cielo. Apretó el mango de la espada, furioso.

Kira había muerto e Inoue Orihime se había ido de nuevo, pero ahora el enemigo la conocía.


Aizen estaba aburrido esperando a la llegada de su Arrancar. Tenía un aire taciturno con un codo recargado sobre su trono y la cara sobre la palma de su mano. Tenía los ojos fija en la puerta y se dilataron cuando la luz choco contra ellos mientras la puerta se abría.

Hubo más movimiento en la sala. En las columnas, que eran usadas como gradas, los Arrancar y los Espada voltearon sus cabezas justo para ver a Shawlong entrar por ella; sin la Resurrección, su aspecto era más humano, a excepción de su mascar hollow que le cubría un ojo y se alargaba hacia un lado por encima de su cabeza.

—Shawlong— saludo Gin, con las manos ocultas debajo de sus enormes mangas—. Bienvenido, te estábamos esperando.

El Arrancar hizo una reverencia y le hablo a Aizen.

—Traigo noticias— dijo y espero a que Aizen lo pidiera que continuara. Sin embargo, él se inclinó hacia adelante sobre su trono, suspirando mientras apartaba su rostro de la mano.

— ¿Porque has huido de la pelea, Shawlong Koufang?— pregunto, había un poco de enojo en su voz.

Shawlong abrió mucho los ojos, impresionado e indignado.

—No he hecho tal cosa. Mate a uno, ¿acaso eso no es suficiente?— replico.

—No— respondió Aizen tajantemente—. Una muerte, cuando pudieron ser tres o cinco, no cuenta para nada, no es suficiente— hizo un gesto con la mano—. Aun así, cuéntame que noticias nos tienes.

—Durante la pelea vi algo. Era una humana con poderes de sanación. Vi como regeneraba la carne que le había arrancado a un shinigami.

Aizen levanto una ceja con interés. Se movió en su silla para prestar mayor atención.

— ¿Qué más sabes de ella?— inquirió Kaname, dando un paso hacia adelante.

Shawlong lo miro, levantando la barbilla.

—Tenia cabello naranja…ojos grises… y creo haber escuchado que se llamaba Inoue Orihime— pronuncio, recordando a la chica llena de sangre de la calle.

Orihime…— murmuro Aizen. Su voz sonó mas como el ronroneo de un gato que está siendo complacido, cerrando los ojos—. Aprecio la información. Sin embargo, considero que has sido demasiado indulgente, mejor dicho, has sido débil ante la muerte. Podrías haberlos matado a todos y luego venir conmigo, pero no lo hiciste. Has dejado vivir a varios shinigamis— Aizen suspiro con fuerza, masajeándose las sienes—. Es una lástima que me hagas hacer esto.

— ¿Hacer qué, Aizen-sama?

Entonces, una espada que creció y un gorjeo se extendieron por la sala. Nadie se inmuto, miraron a Shawlong caer de rodillas, sosteniendo la espada que acababa de atravesar la zona de las costillas, debajo del pecho.

—Ohh— se lamentó Gin, su espada le permitía estar desde el otro lado de la sala. Sin embargo…—. Parece que he fallado, debía darle en el corazón. No importa, eso puede arreglarse— se fue acercando, achicando su espada y haciéndola ascender cada vez más, rompiendo huesos, cortando carne, matando. Cuando su katana regreso al tamaño original, Gin alcanzo el corazón e hizo torsión en el mango—. Mucho mejor.

Agito la katana, salpicando la sangre sobre Shawlong, quien ahora yacía muerto en el piso con los ojos bien abiertos. Había vomitado sangre antes de morir, por lo que había un pequeño charco debajo de su cuerpo.

Aizen apoyo ruidosamente las manos sobre su trono para ayudar a levantarse.

—Cualquiera que se retire de la pelea sin antes yo haberlo ordenado, es un cobarde y no hay espacio para soldados cobardes en esta guerra— Aizen elevo inusualmente la voz—. Ustedes son máquinas creadoras de la muerte y sin hay algo importante que yo deba saber tendrán que pasar por todos sus enemigos, matarlos, y entonces podrán venir a mí. Ahora váyanse todos.

En cuestión de segundos, la sala había quedado vacía de Arrancars y Espadas. Aizen se había sentado de nuevo, tomando una expresión de interés en su rostro. Se veía la insinuación de una sonrisa en la comisura de sus labios.

—Parece que estás pensando en algo—comento Gin.

—No en algo— respondió Aizen—. En Inoue Orihime.

FIN.


*Se pasa una mano por la frente y se quita el sudor* pfeeew! Este es el capítulo más largo que jamás he escrito ._. . . .Menos o_o fuck…

Espero que este capítulo haya sido de su agrado y continúen leyendo 3 Gracias por leer 3