un día en la playa

Haruka y Michiru se encontraban de vacaciones en la playa, habían tenido una temporada larga de compromisos laborales y ahora podían pasar unos días a solas en otro país.

Estaban recostadas en camastros privados junto al jacuzzi en su habitación a pie de playa, donde sólo con salir de ese espacio, empezaba la arena blanca y el mar azul turquesa.

-Sabes cariño… A veces siento algo de envidia de esas parejas que están ahí en la playa, así, tan acaramelados, como si no les importara nada y como si fueran los únicos en toda la playa – dijo volteando a ver a su rubia novia.

-Tú… ¿quisieras que estuviéramos así, Michiru? – le respondió, centrando su atención a la susodicha pareja.

-yo… no lo sé, sé que no somos muy expresivas en público, no me mal entiendas, no es que lo necesite, sólo que… a veces, como ahora, viendo a esa pareja demostrarse tanto amor o más bien, tanta pasión, me hace cuestionarme sobre si nosotras alguna vez haríamos algo así.

- ya veo.

-sé que nuestra propia personalidad es discreta, nunca nos ha importado lo que puedan hablar o decir de nosotras en la escuela o en los medios, realmente no me importa todo aquello que puedan especular, y no es que esa reserva sea por esa razón.

-umju - asentía Haruka.

-Desde la preparatoria: 'que si la famosa violinista era novia del famoso piloto de Fórmula 1, que si habíamos tenido una hija, que si nos habíamos casado, si nos habíamos divorciado, que si habíamos regresado' y cosas así, todo el tiempo pendiente de nuestra vida personal. Se que la hemos sabido mantener los chismes y habladurías al margen de nuestras carreras, porque no nos importa y no nos gusta la gente entrometida, además, justo es eso, nuestra intimidad.

-comprendo

- pero no sé, nadie puede comprobar que tenemos una relación, pero sería muy estúpido que hubiera alguien que pensara que en realidad no la tenemos, y menos con la mirada de pervertida con la que te veo a veces públicamente, aunque tú tienes la culpa por ser tan sexy y sensual, que no importa que te veas como un 'playboy' o de las pocas y contadas veces que vas como 'femme fatale' con esos escotes y minifaldas, eres completamente sexy y ardiente, como hombre o como mujer.

- aja – contestaba atenta

- pero a veces me dan ganas de decir… 'al carajo nuestra personalidad y la gente' y besarte delante de todos y todas… estúpidas suripantas, que aunque es más que obvio, y una que otra que sabe perfectamente que somos pareja… siguen de encimosas contigo y tú… sonriendo como soltera.

- mmm yo– iba a responder pero no le dio tiempo de contestar y continuó

-y no, no es por eso, no es celos o inseguridad, solo que… no sé qué me pasa hoy. Estoy feliz de estar aquí contigo, descansando de todo y de todos, tomándonos tiempo a solas, estar como de luna de miel todo el día, pero no sé qué me despertó al ver esas parejillas impúdicas en la playa – dijo cruzándose de brazos.

Haruka volteó a verla, se veía encantadora con esa carita de puchero. Se levantó de su camastro, se acercó a su novia, la cargó en sus brazos y empezó a caminar hacia el mar.

-¿Qué haces, Haruka? - no respondió, sólo le sonrió y a continuación la besó. Siguió besándola mientras avanzaba al mar, sintiendo cómo iba mojando poco a poco su cuerpo, empezó con los pies, iba subiendo por sus pantorrillas, sus muslos, su cadera, hasta que sintió cómo Michiru se estremeció al sentir el agua tocar su cuerpo.

Los besos fueron más intensos, fueron subiendo poco a poco la temperatura. Michiru empezó a acariciar el cabello y cuello de su novia. Haruka, sin dejar de besarla, le fue bajando lentamente las piernas, hasta dejarla de pie. Sin dejar de besarse, se fundieron en un abrazo, sus cuerpos estaban más cerca.

Se olvidaron de todos y de todos, hasta que una ola las empujó y las separó momentáneamente.

-Dios! Siempre haces que me pierda en ti. Haruka... vamos a la habitación a terminar lo que acabas de empezar, que no permitiría que nadie más que yo, admire tu hermoso cuerpo.

-Vamos, porque si no ha sido por esa ola, te estaría haciendo el amor aquí mismo.

La tomó de la mano y así caminaron hasta la habitación, al entrar, empezaron de nueva cuenta los besos y caricias, para después hacer volar su poca ropa por todo el lugar.


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