Reto 31 fanfics de HaruMichi. Ligero crossover con The owl house.
1
Un animal
El perro pervertido y el ladrón de lencería
Kai, el enérgico Husky siberiano de 3 años saltaba y revoloteaba en el jardín trasero de la casa. Kai amaba enterrar las patas en la tierra y la sensación del pasto en sus garras.
Sacudiendo su pelaje gris y blanco disfrutaba de la brisa, su cola se agitaba de un lado a otro y de su hocico caía su larga lengua rosada.
Kai es un perro adulto, juguetón y saludable.
Haruka, su rubia y masculina dueña de cabello corto, lanzó el balón de fútbol hacia él, Kai lo dejó pasar una y otra vez con singular alegría.
—Ya, me rindo —dijo Haruka dejándose caer con los brazos abiertos en el pasto, cansada de lanzar y traer el balón que ella misma arrojó.
El husky ladeó la cabeza y emitió un gruñido desconcertado como preguntándose si el juego había terminado.
Respirando profundo, Haruka contempló el cielo, las nubes se movían con lentitud arrastradas por el viento.
El perro se echó junto a ella.
—Mira —dijo Haruka.
El perro se giró sobre su lomo y ladró observando las nubes.
—Sí, es un perro —respondió Haruka.
El husky ladró otra vez.
—Sí, ese es otro perro persiguiéndolo —Haruka sonrió, y sin darse cuenta, cerrando los ojos, durmió.
. . .
Momentos más tarde, abrió los ojos. ¿Había anochecido? Algo le cubría el rostro.
—Disculpa —dijo una voz femenina—. ¿Te importaría?
Haruka se sentó, la tela en su rostro cayó a su regazo.
—¿Qué?
Había un sostén de diseñador en sus piernas. ¿Cómo llegó ahí?
—¿Me devuelves mi ropa por favor? —Preguntó la chica, las ondas de su cabello aguamarina caían a la altura de sus hombros, su piel blanca y sus ojos azules la hacían parecer una ilusión, algo demasiado maravilloso para ser verdad. Una diosa de la feminidad, todo, lo opuesto a ella.
—Acabo de mudarme y no puedo creer que esté viviendo junto a un pervertido —dijo la chica arrebatando el sostén de sus manos.
—¿Eh? ¿Qué? ¡No! ¡Perdóname! —Exclamó la rubia avergonzada levantándose de un salto—. ¡No sé cómo llegó esto aquí! —Dijo inclinándose en disculpa—. Lo lamento, de verdad, no sé cómo sucedió.
—Olvídalo —dijo la chica girándose a su casa—. Y quiero el resto de mi ropa. Más vale que la laves.
—¿Eh? ¿El resto?
La aguamarina señaló al perro en la esquina enredado en un cordón de tendedero con la ropa interior todavía sujeta con pinzas. Era cómica la forma en que el perro tenía un sostén sobre las orejas.
Kai ladró, parecía feliz y orgulloso. Haruka se llevó la palma a la cara.
Con el paso de los días los atracos del perro siguieron sucediendo. Haruka corría por las calles detrás del husky ladrón que alegre trotaba una vez más envuelto en una enredadera de ropa interior femenina.
La chica, Michiru, quién se había habituado a los saqueos, los miraba desde el pórtico con una sonrisa, algunas veces incluso se sentaba a mirarlos perseguirse uno al otro tomando una taza de té, no había mejor show que ese. Incluso tendió ropa sólo para dejar que Kai la robara y así poder conversar con su rubia vecina, por la cual había adquirido gran interés desde que el husky les dio la oportunidad de conocerse.
—Debe haber una razón por la que a Kai le gusta tanto la ropa interior —dijo Michiru con una taza de té cerca de los labios—. Sostenes, en particular.
Haruka la acompañaba al otro lado de la pequeña mesa del café en la entrada de la casa. Kai hizo una especie de gruñido inclinando la cabeza como sabiendo que se hablaba de él. El sostén casi cae de sus orejas a la cama de ropa debajo de él. Haruka acomodó el sostén de vuelta como colocándole un sombrero.
Michiru sonrío con el gesto.
—Sí, al cachorro le gustan los sostenes.
De alguna forma las palabras de Michiru tuvieron efecto, debía haber un motivo por el que el perro tuviera esa particular conducta, así que decidió averiguarlo.
. . .
Los nudillos de Haruka llamaron a la tétrica puerta con aldaba en forma de búho. Michiru a su lado se sintió inquieta, con las manos en la espalda se balanceó sobre sus tobillos. También sintió curiosidad por saber el por qué, pero, ¿qué tenía que ver esa casa con Kai?
—¿Sí?
Una extraña mujer de larga cabellera plateada abrió. Michiru la barrió con la mirada. Sweater amplio, falda larga y pantuflas de conejito.
—Ah, eres tú chico —dijo la mujer rascándose la cadera. La ropa arrugada y el cabello enredado la hacía lucir como si acabase de despertar. A las 3 de la tarde.
—Hola Eda, ella es Michiru.
La aguamarina se inclinó a modo de respeto. Eda respondió con un movimiento de cabeza.
—Pasen —dijo haciéndose a un lado cuando un perro negro y blanco de la misma raza y un poco más grande que Kai, salió disparado de la nada hacia afuera aprovechando la puerta abierta.
El perro tenía una característica particular, su pelaje daba la impresión de tener un cráneo sobre la cabeza. Michiru pensó que parecía un Pokémon, o un perfecto animal de compañía en un día de Halloween, ¿o por qué no? Un perro guardián sacado del mismo infierno.
Eda chasqueó los labios despreocupada.
—Eh, ya volverá —dijo cerrando detrás.
En la excéntrica sala de la casa llena de eclécticas cosas, los ojos de Michiru se entretuvieron mirando. Sin duda el minimalismo no era algo que Eda conociera, de no ser por la limpieza, habría pensado que era una acumuladora.
—¿Y cómo está el chico? —Preguntó Eda tomando asiento.
—Se refiere a Kai —explicó Haruka sentándose junto a Michiru—. Está bien, de hecho, estamos aquí por él.
Michiru asintió.
—Resulta que Kai...
Haruka no supo por dónde empezar, y mucho menos cómo expresar el hecho de que su perro es ahora el pervertido ladrón de lencería más buscado del vecindario.
—Está robando ropa interior —dijo Michiru de golpe.
—Michiru… —dijo la rubia entre dientes.
—¿Qué? Ve al punto —murmuró.
—Déjame adivinar —intervino Eda cortando su nada secreta conversación—. La ropa es tuya —la mujer miró a Michiru de arriba a abajo—. Tiene buen gusto.
—¿Cómo...? —Michiru no comprendió su pronta deducción.
—¿… lo supe? —completó Eda—. Te ves cara niña. ¿Victoria's Secret?
Michiru se sonrojó, su reacción fue suficiente respuesta.
—Sí, sí —dijo Eda asintiendo—. Además, Haruka pues… —señaló el pecho de la rubia—, no tiene nada.
Haruka entornó los ojos, Michiru soltó una pequeña risa.
Entonces, Eda se estiró buscando algo bajo el sofá. Sacó una cosa, y luego otra, más y más cosas aleatorias que arrojó a su espalda sin reparo. Quién sabe qué tantas otras cosas tendrá ahí abajo.
—¡Ajá! —Lanzó Eda sacando un álbum de fotos que puso sobre la mesa de centro.
—Ahí está el pequeño —apuntó al pequeño cachorro en una fotografía, tendría algunas semanas de nacido, acurrucado solo en una copa de sostén—. Se sentía cómodo y seguro ahí —reveló.
—Aww... —dijeron Haruka y Michiru al unísono.
Haruka saltó, se asombró de haber reaccionado de modo tan femenino ante Michiru quién soltó una risilla oculta tras sus nudillos.
—Ahora entiendo —dijo la rubia.
—Ay mira... —dijo Michiru indicando otra foto cuando un sonido brusco se escuchó en el techo.
—Ah... —exhaló Eda como exhausta y gritó—. ¡Luz! ¡¿Tú y Amity podrían dejar de besuquearse?! ¡Podemos oírlas aquí abajo!
—¡Eda! —Exclamó la voz de la adolescente de arriba.
—¡Sí! ¡Y dile a Amity que por una vez use la puerta!
—¡No está aquí!
En el segundo piso se escuchó la risa del par de chicas.
—¡Dile que al menos oculte su patineta!
—¡De acuerdo!
Las voces siguieron riendo. Haruka y Michiru escucharon con una sonrisa en los labios.
—Niñas —dijo Eda—, no es cierto lo de la patineta, pero se descubren solas, ¡ja! Son lindas, pero sacan canas a mis canas. ¡Ja! Canas…
Haruka sonrió alzando las cejas.
—Bueno, debemos irnos —dijo.
—Eh... sí —Michiru la secundó.
—Bien —dijo Eda llevándolas a la puerta—. Qué bueno que vinieron, gusto en conocerte, ojalá vuelvan, blah blah blah.
La aldaba golpeó la puerta al cerrarse en su cara dejándolas sin habla.
—¡Luz! ¡King salió! ¡Ve a buscarlo! ¡Y lleva a la chica contigo! —Se escuchó a Eda gritar desde adentro.
—¡Voy! —Respondió Luz.
Haruka y Michiru rieron a la vez. Para su sorpresa, la puerta se abrió de vuelta.
—Oye chico —dijo Eda—. No la dejes.
La mujer chasqueó la lengua y le disparó con los dedos antes de cerrar la puerta otra vez.
—Que… personaje es Eda —dijo Michiru con incomodidad comenzando a andar.
—Ah… eh… sí… Ella es como la madre, tía, o abuela de todos —Haruka la siguió de cerca.
—¿Sería mi tía? —Preguntó Michiru.
—Pues… si quieres. Ella adoptó a Luz y a King, ¿por qué no lo sería?
—King es el perro.
—Sí. Es el padre de Kai. Y Kai tiene un hermano, Dan.
—¿Ah sí? Y tú... ¿tienes hermanos? —Preguntó Michiru como si nada.
—Ehmm... no, y... ¿tú?
Haruka se puso de repente nerviosa.
—No... —dijo Michiru bajando la mirada acomodando un mechón detrás de su oído—. Anda, vamos.
Tomando la iniciativa, la aguamarina tomó el brazo de Haruka y se apoyó en su hombro.
—Sí, sí, claro —respondió la rubia más nerviosa, sabía que el asunto de Kai las había acercado, pero no creía que hubieran avanzado tanto.
—¿Haruka?
—¿Sí?
—¿Quieres ir a casa a hacer lo que Luz y Amity?
—¡¿Qué?!
—Ah, pero ahora que Eda es mi tía serías mi prima. Vamos, cometamos incesto.
—¿Qué? Michiru pero que cosas dices…
Michiru rió.
—Nada, nada… —dijo con una sonrisa andando de su brazo.
. . .
Días después, Haruka llamó al timbre. Seiya, un chico delgado de cabello largo y negro que caía atado en una coleta sobre su espalda abrió la puerta en calzoncillos y camiseta.
—Ah, eres tú, pasa —dijo.
Seiya se rascó la cabeza dejándola entrar.
—¿Cómo van las cosas con Michiru? —Preguntó echándose en el sillón.
—Parece que mejor que como te va a ti.
—Estaré bien. Ya volverá.
Escuchar a Seiya decir que su ex novia que se fue con otro volverá, fue como escuchar a Eda diciendo que King volvería. Quizá Seiya necesitaba a alguien como Luz para que la trajera, y esa no sería Haruka.
—Oye, ¿y Dan? —Preguntó la rubia.
En ese momento, el perro apareció. Parecía una copia fiel de su perro Kai, excepto que Dan, es un perro albino.
—Hey amigo, déjame ver que tienes ahí —dijo Haruka inclinándose al perro y acarició su cabeza tomando la tela en su hocico.
Haruka la sostuvo ante su cara.
—Déjame adivinar —dijo—, ¿arropaste a tu perro con tus calzones cuando era cachorro?
—Nah, le gustaba dormir en el cesto de la ropa sucia.
—Ew —dijo Haruka haciendo una mueca todavía con los calzoncillos negros a medio roer en sus manos.
—Eh... Haruka...
—¿Sí?
—Esos, no son mis calzones.
—¡Ew! —Haruka arrojó la prenda al suelo.
—¿Qué? ¿Preferías que fueran míos?
—¡Cállate!
