¡Hola! Antes de nada deben estar sorprendidas. Se preguntarán: ¡Esto es del diablo! Penny Lane ha actualizado el fic rápido. Pues es verdad. Me he emocionado mucho con este fic, y quise actualizar rápido. Hay unas aclaraciones al final, por favor léanlas.
Miles de gracias a Kathe Su por ayudarme a hacer el fic y gracias por tu participación, también le agradezco infinitamente a Valencia Isabella por prestarme a su sucrette Bella.
Sin nada más que decir, ¡Disfruten!
DISCLAIMER: Corazón de Melón no me pertenece, es propiedad de ChiNoMiko y Beemov.
-Y-ya estoy lista, s-señorita Marianne.- Penny se sentía incómoda; nunca había usado una falda tan corta, estaba acostumbrada a los pantalones, las camisetas largas y zapatillas; ahora usaba un pequeño vestido y unos tacones que, a pesar de ser no muy altos, eran nuevos para la peli violeta; nunca había usado unos.
-Puedes llamarme Marianne simplemente, no soy tan mayor.- Era verdad; no aparentaba más de 25 años, con su largo cabello negro y sus ojos azules. Le ofreció una cálida sonrisa, que calmó un poco a Penny Lane.
-Ven conmigo, te llevaré a tu habitación.
Caminaron por unos interminables pasillos hasta llegar a unos grandes edificios. Había tres; ellas se dirigieron al más pequeño.
Subieron las largas escaleras hasta llegar a un pasillo con 4 habitaciones. Entraron a una de ellas, la 305, y Penny quedó boquiabierta al ver tan espectacular lugar. Era simplemente… hermoso. Había una cama en cada extremo de la habitación; sus maletas estaban al lado de una de ellas. Las sábanas eran suaves, de seda. Había dos gigantescos armarios, una mesa grande y un baño hermoso. Pegado a la pared había un televisor gigante de pantalla plana, un estéreo y un reproductor de DVD. Todo era simplemente perfecto.
-Marianne, ¿Tengo una compañera?
-Sí, debe llegar ahora. Está preparando la cena para los estudiantes.
Sacó un celular de su bolsillo, habló rápidamente y colgó. En 5 minutos, una chica de negro cabello corto y rizado a la altura de los hombros y unos fríos ojos grises apareció. Su uniforme era igual al que llevaba Penny, pero en color gris.
-Hola, soy Bella.
-¡Encantada! Soy Penny. – La peli violeta sonrió totalmente; viviría con ella a partir de ahora, así que sería mejor llevarse bien con esa chica.
-Bella, puedes descansar de tus tareas hoy, necesito que le muestres todo el lugar a Penny.- Marianne guiñó un ojo y se fue. Apenas cerró la puerta, Bella se lanzó sobre su cama y sacó una PSP de su bolsillo. Empezó a jugar con ella, mientras Penny guardaba todo en el armario.
Por aquella ventana en el despacho directivo se encontraba una señorita. No tendría más de 17 años, y su motivo en aquel lugar pronto sería revelado. El director del internado, un hombre de mirada dura entrado en sus años cuarenta la miraba con horror, sus ojos al igual que los de la joven eran violetas, y se miraban de hito en hito, no queriendo perder terreno.
-Por última vez no.-Expulsó molesto golpeando el escritorio y levantándose- Nunca aprobaré lo que intentas hacer, Katherine.-la joven haría un puchero para luego responderle.
-Pero director, nadie aquí me conoce, este será mi primer año y por supuesto no diré ni una sola palabra, solo permite mi capricho.- lo abrazó, mirando al hombre con ojos suplicantes.
-¿Qué demonios se te ha metido en la cabeza? ¡No tienes la necesidad de hacerlo! Si lo permito, una joven que en verdad necesite el trabajo se quedará sin nada. ¿Por qué no puedes entenderlo?-Jaló con delicadeza sus cabellos exasperado, sabía que Katherine no se daría por vencida.
-Soy tu hija, ¡¿no puedes concederme ni siquiera un deseo?! -comenzó a gritar a punto de partir en un llanto de lo más fingido, pero al que su padre cedía con rapidez.
-Espera, calma Kathe.-se acercó con lentitud a la joven para abrazarla-Se hará un escándalo si descubren quien eres pero... no puedo negarte nada, mi niña.-Regresó a su escritorio, sacando varios papeles- Llévale esto a Marianne, la jefa de sirvientas. Ella te entregará un uniforme y te dirá a quién debes servir y que debes hacer.
-No pienso recibir órdenes de esa mujer, para algo eres el director. Imagina a tu hija siendo una empleada más, yo solo lo hago con un motivo: acercarme a Nathaniel.
-¿El mejor alumno de este internado? ¿Para qué?-Comenzó a respirar agitado, imaginándose lo peor. Su hija no era conocida por sus buenas notas, es más, había sido expulsada de su antiguo instituto por conductas inapropiadas dentro del plantel. –Solo… no lo eches a perder, ¿De acuerdo, cariño?- Katherine sonreía, para después dar media vuelta y salir por donde había venido. Se dirigía fuera del internado al que hace poco tiempo había ingresado, esperando que nadie la viera, para dirigirse en búsqueda de la jefa de sirvientas, entregarle la autorización de su padre y así convertirse en la Maid personal de Nathaniel, el rubio que tanto le gustaba.
-Señorita Ka- Marianne fue acallada por la mirada dirigida por la albina, que si fuera un puñal estaría muerta. La chica se limitó a extenderle aquel documento y sonrió.
-¿Esto lo envía el director?-Preguntó estupefacta al ver la autorización para que la única hija del director ungiera el trabajo de una sirvienta. Katherine se limitó a asentir
-En ese caso, le entregaré una lista con tareas domésticas, y luego de eso usted señorita servirá a Jade- sintió una gélida mirada posarse sobre ella.
-Debe estar equivocada, el director dijo que podría cuidar de Nathaniel así que no aceptaré ser la sirvienta de otro joven. –Completó, cruzándose de brazos. Marianne comenzaba a molestarse
-Si no hay de otra- se encogió de hombros, gritando el nombre de otra chica. "Melody" aquella muchacha con el cabello castaño y los ojos azules, apareció, su aura era de bondad o eso parecía, con su uniforme celeste y blanco y un lazo rosa amarrado alrededor de su cuello.
-¿Sí, señorita Marianne?- Parecía que por todo aquella chica sonreía.
-Hubo un cambio en la organización de los empleados y en vez de servir al señor Nathaniel te harás cargo a partir de mañana de Jade.- Al fin la sonrisa de la joven se descompuso, mirando mal a la joven recién llegada, ninguna se conocía.
-P-pero habías dicho que podría estar con Nathaniel...-se sonrojó- Me refiero a ser su Sirvienta, no a otra cosa.
-Te entiendo querida, pero ese honor se reserva a mí- Katherine comenzaba a sonreír, imitándola.
-¿TÚ? pero ni siquiera lo conoces, no sabes cómo debes tratarlo.-Estuvo a punto de gritarle, pero se contuvo al ver la expresión estupefacta de su jefa
-Es una orden del director Mel, lo siento pero no podemos hacer nada más que obedecerla.-murmuró contrariada.
-Suerte para la próxima, querida.-La chica albina pasó junto a la castaña saltando y sonriendo con felicidad, ese había sido un buen plan para acercarse a su capricho, y no lo desaprovecharía.
Le entregaron su uniforme, uno con el mismo diseño que usaban todas las chicas, y su color era blanco y negro. Se lo puso, junto con unas medias blancas por encima de la rodilla, y dejó su largo cabello blanco suelto. Marianne la llevó a su habitación, la 306; nada fuera de lo normal, la cocina de su casa en Inglaterra era más grande que la habitación. Sus maletas ya habían sido llevadas por alguien; estaban junto a su cama. La cama al otro lado de la habitación tenía un uniforme de sirvienta igual al que Kathe tenía puesto. Se escuchaba el sonido del agua corriendo en el baño, su compañera de cuarto se estaba bañando. Katherine suspiró, tendría que compartir su espacio personal con una chica.
Después de casi una hora, Penny Lane acabó de guardar sus cosas.
Acomodó en su mesita de noche un celular que le dio Marianne para poder comunicarse con las demás sirvientas, su primer celular, y un pequeño recuadro con una foto de su fallecida madre.
-¡Bieeeeeeen! Terminé. Bella, ¿Me llevas a conocer el lugar?
-Sí, claro. Vamos.
De mala gana, la azabache guardó su PSP de nuevo en su bolsillo y salió con su nueva compañera, que de alguna manera, le inspiraba confianza.
Salieron de la habitación. Caminaron por el pasillo, y llegaron a la sala de estar de los empleados.
-Bien… Penny Lane, ¿no? Aquí pasaremos la mayoría del tiempo cuando no estemos haciendo nuestras tareas.
En la sala de estar habían tres sofás pegados a cada pared, un televisor en una de las paredes.
-¿Por qué no hay nadie?
-Ahora están preparando la cena para los estudiantes. Hoy han llegado todos, y será la ceremonia de bienvenida.
Siguieron caminando, y llegaron a una enorme casa mucho más grande que la casa de Penny. Había cerca de 40 personas cocinando y corriendo de un lado para otro.
Salieron del edificio de empleados y se encaminaron al de los estudiantes.
Había uno de hombres y uno de mujeres; al fondo, estaba un gigantesco instituto.
A Penny Lane se le hizo un nudo en la garganta. "Residencia de estudiantes e instituto de Artes Sweet Amoris" Cuantas veces había soñado con entrar a ese lugar, vivir allí, y ahora estaba ahí, pero de una manera totalmente inesperada para ella; vestida de sirvienta. Miró hacia otro lado, mientras unas pequeñas lágrimas dificultaban su visión. Malditas deudas… Maldito pánico escénico…
-Eh… ¿Penny Lane? ¿Estás bien? –La azabache la miraba preocupada.
-Llámame solo Penny. Sí, estoy bien.- Se limpió las lágrimas y le ofreció una sonrisa falsa. No era la primera vez que lo hacía. Desde que su padre la dejó, fue perdiendo cada vez más su carácter alegre e hiperactivo, ahora solo salía a flote de vez en cuando. –Sigamos.
Entraron al edificio de las chicas; pasaron por la sala de estar de los estudiantes, donde había chicas y chicos de su edad contando chistes, riendo, cantando, pintando, actuando. Penny avanzó más rápido, no quería ver eso. Cerró los ojos fuertemente para no volver a llorar; y chocó con alguien, que la sostuvo de la cintura para no caer.
-¿Está bien, señorita?
-Eh…
No estaba acostumbrada a hablar con chicos; su escuela siempre fue solo de mujeres. Solo tenía experiencia por su padre, pero hace casi un año no lo veía. Se sonrojó mucho, pues el chico que la sostenía no era nada feo, al contrario; era lo más hermoso que había visto.
Su cabello era blanco con las puntas teñidas de negro, padecía heterocromía, igual que ella; un ojo era verde y el otro de un bello color miel. Era muy alto; le llevaba casi unos 30 centímetros.
-¿Le pasa algo? ¿No puede hablar?- ¿Dónde demonios está Bella? ¡Siguió su camino! Ah… Qué lindo chico… ¿Es amor? Nah, no creo… pero su mirada me incomoda un poco, aunque yo también lo sigo mirando, ¡AAAAAAAAA! ¿QUÉ HAGO?
La cabeza de Penny era un caos total. Mientras tanto, el albino solo la miraba confundido. ¿Qué le pasaba? No le contestaba, solo la miraba. Le pareció una hermosa muchacha; Su largo cabello violeta estaba atado en una cola de caballo, sus ojos bicolores igual a los de él estaban abiertos de par en par, y tenía un gran rubor en sus mejillas. Adorable. Además de su vestido, con una falda demasiado corta para su gusto, pero que resaltaba las curvas de esa chica. Una adorable sirvienta. No quería deja de mirarla, tenía miedo de que desaparezca.
¡Hey, Lysandro! ¿Qué haces con una sirvienta? ¡Ven! – Un chico peli rojo que tampoco le pareció nada feo a Penny llamaba al lindo chico que tenía enfrente.
Bien Penny, ¡oportunidad de escapar!
Lysandro desvió la mirada de la peli violeta para ver a su mejor amigo y decirle que esperara, pero cuando volteó de nuevo, la chica se había ido. Miró hacia todos los lados, y vio que la chica corría torpemente hacia la puerta, dificultada por sus tacones. Se fue. Esperaba volver a ver a su dulce ángel.
Penny corrió por los pasillos de esa residencia, sin saber dónde demonios estaba ni a dónde ir.
Bella había desaparecido; simplemente se fue sin ella. Siguió caminando, hasta llegar a una puerta gigante. Entró, y vio otra cocina, igual a la que había en el edificio de empleados.
Caminó entre las sirvientas que le añadían los últimos toques a los miles de platos que había.
-Oye, ¡chica! ¿Qué haces caminando tranquilamente? ¡Es el banquete de bienvenida! Rápido, ya que no estás haciendo nada, lleva estos platos que ya están listos.
El hombre que parecía ser el jefe de la cocina le dio dos bandejas a Penny con cerca de 5 platos en cada uno. Se unió a una fila de sirvientas que como ella, llevaban varias bandejas. Caminaron en fila, hasta llegar a un lugar gigantesco: El comedor. Todo era lujoso en ese lugar. Había varias mesas alrededor de todo el lugar, los estudiantes ya estaban sentados. No sabía a dónde ir, y las sirvientas empezaron a repartirse por todo el lugar, poniendo los platos frente a los estudiantes. Penny aguantó valientemente los tacos y logró no hacer caer nada. Fue hacia la mesa más cercana y empezó a servir los platos. Y lo vio de nuevo; el chico del que inconscientemente se había enamorado a primera vista.
Él también quedó mirándola; había vuelto a ver a ese lindo ángel de cabello violeta. Sus mejillas se volvieron a teñir de rojo, y ella abandonó el comedor. De nuevo la había dejado ir. La próxima vez que la vea, no sucederá.
Luego de casi una hora después, Penny y las demás sirvientas lograron repartir todo. Exhausta, la peli violeta se apoyó en una pared, y su teléfono sonó. Era Bella.
-¿Hola?
-¡Penny Lane! ¿Dónde demonios estás?
-No sé.
-¿Cómo que no sabes?
-Bueno, te fuiste y… ¡Ah! Estoy junto al comedor de estudiantes.
-No quiero saber cómo demonios llegaste allí. Espérame, no te vayas a mover. Voy para allá.
-¡Sí!
Colgó el teléfono. La azabache suspiró.
Mientras pensaba en el nivel del videojuego que debía pasar, perdió de vista a Penny, y se dio cuenta cuando ya había salido del edificio. Volvió a entrar, y vio estudiantes por todos lados. Ya había acabado la cena. Vio a un azabache con la PSP vita, que ella se moría por tener.
-Armin, hay una sirvienta mirándote.
El azabache volteó por la advertencia de su gemelo, y vio una hermosa chica con uniforme que miraba con ilusión su PSP vita. Se le acercó, y la miró fascinado.
-Tú… pareces una sirvienta de un eroge. ¡Qué linda! Hola, soy Armin.
Tomó a la ojigris de los hombros con una resplandeciente cara, y ella se sonrojó.
-Eh…
Obviamente conocía los eroges. Su hermano los jugaba, y ella lo había visto una o dos veces. Y era verdad, parecía una sirvienta de esos juegos sexuales.
-Me llamo Bella. Permiso.
-Oh, espera. ¿Mirabas mi PSP Vita, no?- Sacó el aparato de su bolsillo, y lo balanceó frente a la azabache, que miró la consola con fascinación.
-N-no realmente…
-Sé que sí. Toma, te la regalo.
-¿En serio?
El ojiazul puso la PSP sobre las manos de la sorprendida sirvienta. Sacudió su cabello y sonrió.
-¡Que linda Maid! Adiós, nos vemos pronto.
Hizo una pequeña reverencia, y se fue. Guardó la consola en su bolsillo, y una sonrisa apareció involuntariamente en su rostro.
Cabello violeta… Cabello violeta… Oh, ahí está.
Encontró a la problemática chica, que estaba hablando con un chico albino. ¿Quién era ese?
Lysandro quería volver a ver a esa linda chica. Terminó rápidamente de cenar, y salió del comedor, dispuesto a buscarla, sin embargo no fue necesario.
La sirvienta estaba apoyada contra la pared, sus ojos cerrados. Se acercó a ella y le sacudió un poco los hombros. Abrió poco a poco sus grandes ojos, y sus mejillas tomaron un color carmesí.
Mierda, me quedé dormida… ¡Qué vergüenza! De nuevo este chico me está mirando. ¿Qué le digo? Acabo de llegar, ¡no tengo idea de cómo comportarme! ¿Debería decirle "Alteza"? No. ¿"Señor"? ¿"Majestad"? ¿"Amo"? Mejor me voy.
-Espera. No te vayas. ¿Cuál es tu nombre?
-…- ¿Qué me pasa? No me salen las palabras…
-Me llamo Lysandro. Por favor, dime quien eres, bella dama.
Las palabras del albino solo lograban sonrojar más a Penny Lane, que no le podía responder.
-Y-Yo…
-Ah, aquí estás.
Bella apareció a su lado, indiferente. Hizo una reverencia, que Penny imitó torpemente, lo que hizo sonreír a Lysandro. Bella la tomó del brazo y la arrastró fuera del edifico, dejando al albino decepcionado por no saber el nombre de esa bella mujer. Pero ya lo averiguaría.
Katherine se recostaba sobre aquella pequeña e incómoda cama, no era nada parecido a la que pudo ser su habitación de estudiante. Contra su deseo en su aparentar debería compartir habitación con una joven de nombre desconocido, algo que nunca hubiera permitido pero su objetivo debería cumplirse. Nathaniel sería suyo y de nadie más, lograría que él se enamorara de ella y le prestara atención. Un par de golpes en la puerta la alertaron. Vestía ya aquel uniforme de sirvienta tan característico. No le incomodaba en lo más mínimo, estaba segura que su apariencia no podría mejorar más. Podrían llamarla egocéntrica y no lo negaría, siempre la primera impresión era la importante y según sabia aquel joven rubio era demasiado formal y educado, así que como su sirvienta personal no podría desmerecer.
-Katherine, debes ayudar a hacer la cena para los estudiantes.-avisó entrando aquella castaña de nombre Melody, comenzaba a molestarla. La ojivioleta dio un salto para ponerse de pie, arreglar su corta falda y sonreír burlona ante la apariencia de la chica frente a ella y hablar con lentitud.
-Querida, un consejo, quita ese ridículo moño de tu cuello, se supone que tu apariencia debe ser provocativa y no tan sosa.- Salió aun riendo por la puerta, estaba segura que pronto obtendría una enemiga, pero saber que a esa mujer le gustaba el rubio la hacía hervir de celos; nunca se lo dejaría fácil, a menos que se aburriera. Camino a paso pesado hacia la gran cocina, mirando por la pequeña ventana circular puesta en la puerta sonrió, más chicas caminando de aquí para allá, visiblemente incómodas ante la altura de sus tacones y preparando alimentos con cara de pocos amigos. Entró sobresaltando a más de una y consiguiendo más de una mirada molesta sobre ella por su tardanza, se aproximó a Marianne.
-Así que me buscabas.-preguntó con sorna y jugueteando con un mechón de su cabello, la mujer suspiró.
-Debes ayudar a preparar la cena.-no se esperó la carcajada proveniente de la peli plata.
-Marianne, creo que te equivocas de chica.-señaló con disimulo a las jóvenes.-Yo no soy como ellas, no tengo necesidad de hacer esa clase de trabajo.-suspiró.-por algo soy hija del director, imagina que diría mi padre si le comento que me has obligado a trabajar.-la miró con malicia.-Solo finjo ser una del montón para acercarme a Nathaniel, nada más, te recomiendo no volver a pedirme algo como eso.-se sentó en una silla, cruzando las piernas y mirando con burla a las jóvenes mientras trabajaban. Marianne no podía hacer nada, el director no aprobaría que su hija, su única hija, fuese tratada como las demás. Debía ceder ante el capricho de la joven que al fin estaba segura solo aparentaba.
La campana anunciando la llegada de los alumnos sonó, aquellos platillos para su bienvenida estaban listos pidió a cada joven que formara una fila, anteriormente ya les había informado en qué lugar estaría sentado su objetivo, no podría haber error alguno porque eso mancharía el nombre de aquel conservatorio. Katherine tomo una de las tantas bandejas cubiertas. Cuando las puertas se abrieron miro a todos aquellos chicos sentados a sus anchas, esperando un servicio perfecto. Ella misma podría estar ahí en la mesa principal, dando a conocer su verdadera identidad teniendo los más altos privilegios, en lugar de eso llegaba al lado del rubio con una sonrisa de oreja a oreja colocando sobre la mesa aquella bandeja haciendo una reverencia para luego quitar la tapa. Nathaniel parecía nervioso, había esperado tener de nuevo como a Melody, pero se sorprendió al ver a una joven diferente que nunca había visto antes, no sabía bien cómo describirla; era bonita, sus ojos violetas lo hacían sentir querido, había un brillo especial en ellos y su cabello plateado caía en cascada hasta su cintura para finalizar en rulos.
-Soy Katherine Camilleri, seré su sirvienta así que disfrute la cena My lord.-sonrió de nuevo, parándose al lado del joven, esperando una sola orden para cumplirla de inmediato. Cohibido sería el sentir que Nathaniel experimentaba; nunca antes había sentido esa incomodidad pero con aquella muchacha era distinto, él, como uno de los mejores estudiantes se encontraba en la mesa principal a un lado del director y debía aparentar calma. Mientras a su lado el director hacía unas leves señas a la muchacha vestida de sirvienta, le molestaba que su hija se vistiera así y más que le sirviera a alguien cuando ella merecía ser atendida, solo observaba el lenguaje corporal de la joven al mirar a Nathaniel. Estaba seguro que pronto su capricho por acercarse a ese muchacho desaparecería y al fin podría dejar de aparentar. El lugar a su lado izquierdo estaba vacío, era donde Katherine debía estar sentada. Nadie decía una sola palabra, nadie preguntaba el porqué de la ausencia de la hija del director en aquella cena.
1 hora más tarde todo había terminado, las palabras de bienvenida por parte del director dieron por finalizada la cena. Levantó con cuidado aquella vajilla frente a Nathaniel, ella se balanceaba de un lado a otro, era sin duda difícil mantener la imagen de una sirvienta perfecta cuando nunca había hecho algo similar, solo esperaba sentada a que las cosas llegaran. Un paso en falso hizo que estuviera a punto de caer, pero una mano la estabilizó arrebatándole la bandeja, se giró para dar las gracias a aquella persona pero más sorprendida quedo al ver que se trataba de Nathaniel su "amo"
-Gracias My lord.-Respondió en seguida, bajando la mirada. Escuchó un suspiro de parte del joven y la bandeja siendo colocada de nuevo en la mesa.
-Por favor llámame Nathaniel.-Él tomo su mentón, haciendo que sus miradas se conectaran. Katherine se sonrojó enseguida.
-Está bien, Nathaniel.-susurró demasiado bajo, pero siendo escuchada por el chico, que sonrió en respuesta.
-Le agradezco Katherine por el excelente servicio de esta noche, no recuerdo la última vez que sentí aquella calidez procedente de los ojos de una mujer.-Camilleri no podría estar más sonrojada, intentaba decir algo pero las palabras no salían, su razonamiento era nulo. Tras la puerta Melody observaba al joven del que estaba enamorada salvando a aquella chica de aquel líquido que había tirado con el propósito de verla caer ante todos los presentes, nunca conto con la aparición de su príncipe y menos con aquella charla tan amena que parecían tener. La mirada ámbar del chico era algo que nunca había sido dedicada para ella, siempre había parecido como si la quisiera lo más lejos posible. Ella trabajaba en la mansión de ese bello rubio, y al saber que iría a vivir a tal internado rogó que le dieran un trabajo, como su sirviente personal, y no permitiría que esa muchachita se lo quitara, por algo había servido a Nathaniel desde que lo conoció por primera vez.
La chica de cabello como la plata y el muchacho rubio caminaban juntos, él se había ofrecido a ayudarla y acompañarla para evitar un accidente, cargaba aquella bandeja admirándola de reojo, le gustaba ver sus mejillas sonrojadas, había un balance perfecto en su rostro, su piel como la porcelana, aquellos labios sonrosados que insistían a ser besados, una nariz pequeña y recta, finalizando en unos grandes ojos violetas. Le gustaba la muchacha físicamente, se le hacía irresistible verla vestida con una falda tan corta y aquel corsé definiendo sus curvas y resaltando sus pechos, quería conocerla y tener su compañía, era la primera chica que lo cautivaba solo con unas palabras.
El teléfono especial que todas las sirvientas tenían sonó; era un mensaje de Marianne.
Chicas, reúnanse en la sala de estar, por favor.
Tenemos que darles unas indicaciones.
Aquí acaba el capítulo Uno. Deben estar aun más sorprendidas, es el capítulo más largo que he escrito. ¡4.201 palabras! Para mí es bastante xd
Por cierto, aquí les dejo algunas aclaraciones:
El uniforme de las sirvientas es como el de Misaki, de Kaichou Wa Maid-sama! Y varían en colores.
Pueden imaginar el internado algo así como el Instituto Ouran, de Ouran HighSchool Host Club.
No me agrada Melody, así que siempre será algo así como la antagonista :I
Creo que nada más por decir, nos vemos pronto.
Si tienen alguna felicitación, amenaza de muerte, tomatazo, recomendación, o algo, dejen su lindo review que me inspira a seguir escribiendo.
Una amiga quiere que le cree una página de Facebook a Penny Lane, pero no estoy segura xd
¡Bueno, adiós!
