Ángel

capítulo 3: La mejor aventura.

Margaret llora al lado mío, confundida y asustada. Peter realmente había querido matarla, a ella que es nieta de su querida Wendy. Peter Pan ha huido, sé que está aterrorizado con la idea de reunirse con el niño tras los barrotes, que casualmente es también el bisabuelo de Margaret. Sé que Peter no pudo haber huido muy lejos así que me tomo mi tiempo para dirigirme a Margaret.

-Debes saber quién es tu bisabuelo en realidad.- le dije. La hice sentarse para poder contarle.

-Sé que Peter es a veces muy... malo, pero nunca pensé que quisiera... matarme. Ni siquiera es culpa mía ¿Qué le pudo haber hecho mi bisabuelo para que Peter me trate de esa forma?- dice, llorosa, mirándome con mucha tristeza.

-Primero, debes entender que lo que hizo tu bisabuelo no fue intencional... pero fue terrible para Peter.- hice una pausa, preparándome mentalmente para contarlo, aunque no me gusta la idea de contar algo tan personal sobre Peter, pero Margaret tiene todo el derecho de saberlo-. El niño tras los barrotes, tu bisabuelo, le arruinó la vida a Peter.

-¿Se la arruinó?

-No...- corrijo-. No se la arruinó, se la robó. Aquel niño le robó todo a Peter, le robó su vida, su futuro, le robó lo más preciado que Peter tenía, lo que Peter más amaba, le robó a su madre.

-¡¿Mi bisabuelo hizo eso?! ¡¿cómo?! ¡¿por qué?!- ya no lloraba, sólo estaba desconcertada y me miraba con perplejidad.

-Peter se fue de su hogar por su propio egoísmo, pero un día quiso volver y ese deseo se le fue concedido.- Margaret me observa con mucha atención, yo continúo mi relato-. Sí, vio a su madre, pero Peter se confió, pensó que su madre lo esperaría por siempre, así que Peter se fue de nuevo, pero completamente decidido a regresar después. Peter pensó que la ventana siempre estaría abierta para él, pero la verdad es que las madres no pueden mantener la ventana abierta por siempre.

-Las madres siempre esperan a sus hijos.- aseguró Margaret, segura de sus palabras.

-No, no es así.- le afirmo-. Es solo una cruel mentira, no conoces a las madres realmente, Margaret. El día en que Peter volvió a casa, decidido a seguir siendo hijo de su madre, aceptando quedarse con ella por siempre, crecer y ser como los demás, ya no pudo ser. Peter tardó demasiado en regresar, y en este mundo no hay segundas oportunidades.

-¿Qué sucedió?- me pregunta, horrorizada-. Las madres siempre esperan a sus hijos, siempre deben quererlos, la ventana siempre debe estar abierta para ellos, siempre.

-Pues la ventana de Peter estaba bien cerrada... y con rejas.- una lágrima corrió por mi mejilla, porque pensar en esto es sumamente triste-. Peter no pudo entrar por esa ventana con rejas, con barrotes. Gritó, gritó mucho, gritó: "Mamá, mamá" pero ella no lo escuchó. Pero logró ver tras esos barrotes de la ventana.

-¿Qué vio?- ahora ella llora, esta vez de tristeza al imaginar que le hicieran algo similar.

-Vio a su madre, la vio cargando a alguien más, la vio cargando a ese otro niño. Al que llamamos el niño tras los barrotes, tu bisabuelo. Desde ese momento, Peter desprecia a las madres. Margaret, no tienes idea de el dolor que ha estado soportando Peter todas estas décadas. Su madre lo remplazó, eso es lo peor que se le puede hacer a un hijo.

-Quieres decir que... mi bisabuelo... y Peter...- Margaret está muy afectada, llora demasiado y cubre su boca con ambas manos, impresionada, aterrada también.

-Ahora entiendes el por qué, Margaret. Tu bisabuelo está a punto de morir, si él se va al cielo jamás podrá obtener el perdón de Peter, y créeme, lo necesita, lo necesitan ambos, deben perdonarse. Peter jamás podrá ir al cielo, jamás, por eso es crucial que Peter se reencuentre con él, sólo una vez. Margaret, necesito que me ayudes en esto.

Margaret mira fijamente al suelo, pensativa. Noto en ella un cambio, algo en ella se iluminó, como si se diera cuenta de algo. Se levanta y me mira con determinación. Sé que va a ayudarme, yo le sonrío, pero ella sigue seria.

-La ultima vez que vi a mi bisabuelo, estaba muy viejo. Mamá dijo que pronto tendríamos que despedirnos de él, yo no entendía, pero ahora entiendo.- comenzó a flotar, como si quisiera marcharse ya-. ¡Nos queda poco tiempo! ¡busquemos a Peter!

-Sí.- digo, sabiendo que ahora tengo una gran aliada, que había madurado un poco frente a mí.

Suspiro y mis alas regresan, así podré volar más rápido. Ambas, yo y Margaret, buscamos juntas a Peter por toda la isla. Realmente no es muy difícil si se sabe donde buscar, y yo soy buena jugando al escondite. Así que finalmente, cuando lo encontramos, comenzamos una persecución para atraparlo, pero él vuela rápido, incluso más que yo, y eso que yo tengo alas como un ave.

No sé cuantas vueltas dimos yo y Margaret alrededor de esa enorme isla, hasta que finalmente Margaret hizo que él tropezara, persiguendolo hasta unos grandes árboles y él, al huir entre ellos, tropezó con la rama de uno. Yo me apresuré y lo atrapé antes de que cayera al suelo, lo sujeté con mucha fuerza y él intentaba liberarse.

Lo elevé lejos de esos árboles, quedando nosotros volando casi hasta las nubes. Peter en algún momento dejó de luchar, pero estaba molesto al no poder liberarse, yo también estaba sorprendida de ser más fuerte que él, pero tal vez se deba a que soy un espíritu. Cuando Margaret se acercó a nosotros, Peter la miró con un inmenso odio, y aunque pude sentir la tristeza en ella, esta no se inmutó ante él.

-Peter, debes ver a mi bisabuelo, ahora.- ordena con voz firme.

-¡¿Por qué debería?!- grita él, furioso.

-Peter, tal vez no te hayas dado cuenta, pero el niño tras los barrotes ya no es un niño, es un viejo y pronto morirá, irá al cielo.- le digo yo, con calma, aún sujetándolo con fuerza.

-¡¿Y eso por qué debería importarme?!

-¡Peter!- grito, con enfado-. Tú te diviertes todo el tiempo, pero dime ¡¿Realmente eres feliz?! ¡No reprimas el dolor que sientes en el fondo de tu alma! Peter, ese niño se irá al cielo ¡al cielo! Recuerda bien esto, tu madre se fue al cielo hace mucho tiempo, y tú ni siquiera te despediste ¿acaso quieres que pase otra vez?

-¡Nada de eso me importa! ¡Suéltame!

-¡No podrás calmar tu dolor si sigues negando tu pasado! ¡Debes arreglar las cosas ahora o no podrás hacerlo nunca! ¡Debes perdonarlo!

-¡Cállate!- gritó el niño con mucha fuerza, tanta que tuve que soltarlo, pero no huyó, no pudo.

Vimos cómo Peter descendía al suelo, sin poder elevarse más, sin poder volar. Tocó el suelo y casi se puso a llorar, pero no lloró, él raramente llora. Pero no volaba, y sólo podía significar una cosa, él no estaba feliz, él estaba triste.

Yo y Margaret bajamos hasta él y lo miramos sin saber qué hacer. Él se mantenía arrodillado en el suelo, sin levantar la mirada, aún sin llorar. Parecía sujeto al suelo, indefenso, eso me dio mucha tristeza. Margaret se acercó a él, lo obligó a mirarla y yo vi esto, sorprendida.

-¿Sabes por qué no puedes ir a verlo? Porque tienes miedo.- dijo, en forma desafiante, mirando a Peter con ojos burlones. Yo me quedé con la boca abierta ¿Qué estaba haciendo ella?

-¡Yo no le tengo miedo a nada!- aseguró él, con voz molesta. Entendí qué es lo que trataba de hacer Margaret en ese momento, realmente es una niña lista.

-No, tú tienes miedo, tienes mucho miedo, por eso no puedes volar. No podrías encontrarte con el niño de los barrotes, porque tú eres un cobarde.

-¡Vuélveme a decir cobarde y te corto la garganta!- se levantó, sacó su espada y apuntó a la niña. Yo al ver esto me puse alerta, pero Margaret parecía imperturbable.

-Cortarme la garganta sería un acto de cobardía para huir de tu temor, vamos, inténtalo, eso demostraría que tengo razón y que tú temes.- lo miró con ojos desafiantes y ella al ver los ojos de él dudar, sonrió y continuó-. Juguemos, Peter Pan, a un reto. Yo te reto a ver a aquel niño, si lo logras ganas y demuestras que eres valiente ¡Que eres el más valiente de todos! Es fácil, no te acobardes.

Margaret sabía que difícilmente Peter rechaza un juego, y más difícilmente ignoraba un reto. Pero yo sabía que este era el reto más difícil al cual Peter podría llegar a enfrentarse. Pero Peter es orgulloso, y así de orgulloso que es, se las ingenió para parecer seguro, aunque sé que en el fondo temblaba, y contestó con voz firme.

-Bien, vamos, llevenme con ese niño, lo veré, lo saludaré, y regreso aquí, como si nada hubiera pasado.

Oh, querido Peter, tu voz suena segura, pero en el fondo tu corazón destrozado está llorando de miedo. Pero yo, por consideración, actuaré como si creyera que tú realmente no sientes nada al respecto, pero cuando llegue el momento de la verdad, tal vez el que no pueda mantener su falsa seas tú, porque los sentimientos contenidos siempre terminan explotando.

Margaret sonríe, victoriosa. Yo me acerco a ella y pongo mi mano sobre su hombro, sonriéndole con agradecimiento, yo no hubiera podido idear algo así.

-Es hora de ir a casa, a Tierra Firme.- comienza a decir Margaret-. Después de todo, la semana de limpieza de primavera ya terminó, debo volver a mi hogar.- no entiendo a lo que se refiere, pero no veo necesario preguntar-. Mi mamá debe estarme esperando, vamos con ella, sabe donde está el bisabuelo, seguro si se lo pido con insistencia me lo dirá.

Nos vamos los tres a Tierra Firme. Yo tomo la mano de Peter, diciéndole que necesito ayuda para saber a donde voy, pero eso es mentira, la verdad es que Peter no puede volar bien por estar tan triste y yo lo ayudo a sostenerse, pero él es tan orgulloso que por eso decido mentirle, y él decide creerme.

Cruzamos aquella estrella y nos encontramos en Londres, el lugar en donde yo crecí y morí, donde Margaret vive también, el lugar del que Peter huyó. Ahora el niño volvería para ver algo de su pasado, lo único que le quedaba. No nos detenemos a observar, nos apresuramos a llegar a la casa de Margaret, la cual, sé, es la misma en la que solía vivir Wendy, en la que ahora vive la adulta Jane.

La ventana de su casa está abierta, dentro se encuentra una mujer sentada en la mecedora, con un libro en las manos, pero sin poder concentrar su mente en la lectura, ya que está muy preocupada por su hija desaparecida. Margaret es la primera en entrar, cuando entró por la ventana, su madre dio un gran brinco y después, pasado el asombro, corrió hasta su hija para darle un fuerte abrazo.

-Oh, Margaret.- dice la madre-. Los días se me han hecho eternos en tu ausencia, mi pequeña.

-Mami, necesitamos tu ayuda.- dijo a niña. tratando de liberarse del fuerte abrazo de su mamá.

-¿Necesitamos?- cuestionó ella, perpleja.

Haciendo una entrada triunfal, Peter entró en ese momento por la ventana, como si quisiera aparentar ser lo más maravilloso del mundo. Yo entré después de él, y aunque soy un espíritu, decidí mostrarme frente a la mujer adulta, mostrándome con todo y mis alas, aunque ella no me prestó atención a principio, ella miró fijamente al niño maravilloso que había entrado por la ventana abierta.

-¿Peter?- murmuró, como si viera un sueño hecho realidad.

-Hola, Jane.- saludó formalmente, como le es costumbre hacer frente a una dama, pero casi de forma fría, no queriendo entablar más conversación de la necesaria con un adulto.

Después Jane me miró a mí, abriendo mucho los ojos al verme. Parecía asustada, como si viera un fantasma, aunque en cierta forma lo soy.

-Jane, mi nombre es Mamie.- hablo, tratando de parecer lo más amable posible para que no me tema-. Necesitamos tu ayuda.

-¿Yo? ¿Qué puedo hacer yo?- mira fijamente a Peter al preguntar, sin poder creerse que él necesite su ayuda.

-Mamá, Peter necesita ver a mi bisabuelo cuanto antes.- se apresura a decir Margaret.

-Hija.- Jane se inclina a su altura, recargando su mano en el hombro de su hija, viéndola con cariño-. Sabes que ahora el bisabuelo no está...

-¡Está muriendo, lo sé!- gritó la niña, harta de que su madre la tratara como si no entendiera-. ¡Por eso Peter debe verlo antes de que se vaya!

-¿Por qué tiene que...? ¿Acaso Peter lo conoce?- la mujer volvió a girar su vista hacia Peter, pero él no quiso responderle.

-Es una historia muy larga.- dijo la niña. Ella se acercó al oído de su madre y susurró algo, pero yo pude oírlo-. Te lo cuento después.- le dijo.

-Jane.- hablo-. El niño... el bisabuelo.- corrijo-, necesita ver a Peter, no tienes ni idea de cuanto. Así que, por favor, dinos donde se encuentra él.

Ojalá el señor Salomón me hubiera mandado la información de donde se encontraba el niño tras los barrotes, pero supongo que él tampoco lo sabía. Al menos con esto pude conocer a Jane, la hija de Wendy.

Jane me miró a mí, mira mi celestial rostro de espíritu. Después mira a Peter, él parece indiferente, como si estuviera ausente. Al final da una ultima mirada a su hija y con voz madura y casi despreocupada contesta.

-Él está en el hospital, los doctores no le dan muchas esperanzas.- se levanta a buscar algo entre los cajones-. Les anotaré la dirección del hospital en un segundo, espero que no lleguen demasiado tarde.

Cuando nos dio la dirección, nosotros tres salimos por la ventana y nos fuimos. Jane nos ve marchar y nos da el adiós, sacudiendo la mano, sé que quiere venir con nosotros, pero los adultos difícilmente vuelan, y ahora no podemos tener retrasos. Pese a todo, me pareció una buena mujer.

-Ojalá pudiera ir con ustedes.- susurró Jane antes de vernos desaparecer en la noche.

Nosotros tres nos dirigimos al hospital donde aquel niño ya anciano se encuentra, posiblemente en sus ultimas horas. Yo y Margaret intercambiamos miradas al percatarnos de que mientras más nos acercamos, Peter parece más y más inquieto, por no decir nervioso. Yo, que sigo sujetando la mano de Peter, la aprieto más para tratar de animarlo, pero esto no lo calma.

Al finalmente llegar a ese hospital, le pido a Margaret buscar a su bisabuelo mirando por las ventanas, ya que yo no sé cómo es. Mientras Margaret hace esto, siento a Peter junto a mí cada vez más pesado, como si la gravedad quisiera tenerlo bien sujeto al suelo. Vuelvo a apretar su mano, ahora no sólo para tratar de hacerlo sentir mejor, sino para asegurarme de que no se le ocurriera escapar.

-¿Sabes? Yo no necesito un reto para probar que soy valiente.- ahora está intentando huir, pero no lo dejaré hacerlo.

-Le dijiste a Margaret que lo harías.

-Esto no parece algo del que se necesite mucha valentía, mejor retenme a otra cosa.- dice, como si no temiera en lo absoluto, aunque por dentro su corazón estuviera lo más asustado de lo que ha estado nunca-. Este juego ya no me divierte, vámonos.

-Es demasiado tarde, querido Peter, ya llegamos hasta aquí.

-¡No quiero!- jaló con fuerza mi brazo, en un intento de soltarse, pero al darse cuenta de que si lo soltaba caería, dejó de intentar.

-No seas un cobarde, confío en ti, sé que puedes hacer esto.- lo miro con lastima, sinceramente yo tampoco me siento cómoda con la situación, pero no hay otra forma-. Lo necesitan ambos.

-¡Lo encontré!- gritó Margaret, haciendo que Peter quedara casi congelado del miedo.

Llevé a Peter, que permanecía casi inmóvil, hacía donde nos llamaba Margaret, a una ventana cerrada casi completamente. Sentí a Peter temblar, pero cuando voltee a mirarlo, hizo como si nada pasara, aunque lo sentía estremecerse en mi mano.

-Es ahí dentro.- señaló Margaret hacía la ventana.

Hice que Peter sostuviera la mano de Margaret, aunque él no quería aún acercarse a ella, pero lo hizo para no caer. Yo me acerqué a la ventana y la abrí completamente. Extendí mi brazo hacía Peter y lo miré a sus ojos aterrados.

-Llegó la hora.

-No, no.- ambas nos sorprendimos al verlo quebrarse justo frente a nosotras, realmente no parecía él mismo-. ¡No! ¡No me obligarán!

-¡Peter!- le grito-. Tienes que hacerlo, debes arreglar las cosas, debes perdonarlo, lo que él hizo no fue intencional y lo sabes.

-¡No me importa nada de eso! ¡No me obligarán a verlo!- soltó a Margaret bruscamente, sin importarle que al hacer esto estaba condenado a caer al suelo.

Me apresuré a volar hacía el niño que caía, ya que si no está alegre no puede volar, lo sujete en un fuerte abrazo y lo devolví de nuevo al lado de Margaret. Yo, aún sin soltarlo, le susurré, soltando unas lágrimas, porque yo sé cuánto sufre él, o al menos tengo una idea.

-Peter, sabes que tienes que hacerlo, te hará bien, te curará el alma herida, al menos lo que se pueda reparar de ella.

Peter siguió temblando, haciendo como si llorara pero no lloraba. Yo lo abracé con más fuerza, tratando de no seguir llorando por él, estoy segura de que él quiere todo menos lastima, pero yo lo quiero tanto que no soporto verlo de esa manera. De esa manera tan rota. El valiente y orgulloso Peter ahora estaba muerto de miedo.

-Él ni siquiera sabe quién soy.- murmura con tristeza, mirando hacía la ventana como si esta fuera algo muy lejano. Sé que lo estamos convenciendo.

-Lo sabrá, sé que lo sabrá.- le digo para calmarlo, y no le miento, en mi corazón sé que es así.

-Pero... yo no sé quién es él.

Lo liberé de mis brazos, sabiendo que él al fin se había decidido. Él logra flotar débilmente, sin ayuda, hasta poder sostenerse en la ventana. Peter mira adentro, donde todo estaba oscuro, observaba todo fijamente, respirando con lentitud. De repente a mi mente llega algo, un recuerdo de la información que me había enviado Salomón para mi misión, con tantas cosas ya se me había olvidado, pero ahora es importante.

Sonrío, tomo la mano de Peter una vez más y él voltea a verme, con ojos confundidos y la boca ligeramente abierta, su expresión es de una total inocencia y esto me enternece. Yo le sigo sonriendo, limpiándome un par de lágrimas del rostro.

-Peter...- acerco mis labios a su oído y le susurro con mucha ternura-. Él se llama David.

Peter me mira con ojos inocentes, después vuelve su vista a la ventana y entra en ella. Margaret se acerca y observa.

-¿Deberíamos ir?- pregunta ella.

-Es algo privado y personal, deberíamos mantenernos aquí afuera.- digo, pero mi curiosidad es tan grande como mi sensatez-. Podemos ver todo desde aquí.- me recargué en la ventana al igual que ella.

Peter tocó el suelo y se paró al costado de la cama donde el anciano moribundo yacía en él, acostado, sujeto a unas maquinas que lo mantenían con vida. Peter lo miró, vacilando. El niño no creía haber visto a alguien tan anciano y esto lo hizo dudar si era él o no. Así que con voz débil e insegura, preguntó.

-¿David?- su voz sonó tan pequeña y quebradiza que dudó que alguien pudiera haberlo escuchado. Pasaron los segundos y comenzó a considerar irse del lugar, sin esperar a que realmente le contestaran.

-¿Quién es?- habló el anciano, aún más débil que Peter, con la voz tan avejentada que hizo a Peter sentir mal.

Peter sintió un escalofrío, como si estuviera viendo la muerte en persona. También se sintió realmente mal al pensar que yo le había mentido al decirle que el niño ya anciano sabría quién es él.

-Soy Peter.- contestó el niño, tratando de sonar firme, pero su voz sonó apenas como un pequeño murmullo.

-¿Peter?- preguntó el débil anciano, moviendo su cabeza para poder ver al niño, aún con la habitación oscura pudo verlo.

Yo y Margaret también pudimos verlo. Pudimos ver la escena, pudimos ver al niño, joven y eterno, aún con todos sus dientes de leche, estar al costado de la cama, viendo a ese anciano, con su poco cabello blanco, sus muchas arrugas, su dentadura perdida y su vida agotándose. Fue como presenciar un repentino milagro, de esos poco comunes que dejan un vacío doloroso.

-¿Hermano mayor?- preguntó el anciano con voz quebrada, como si se fuera a echar a llorar.

-Hola, hermano menor.- afirmó el niño, con una voz que mostraba compasión.

Hubo un inquietante silencio, como si no supieran qué decirse, eso me preocupó. Sólo podía oír los ligeros llantos de Margaret que, conmovida con esa escena, y a la vez devastada con ese inminente final trágico, se echó a llorar. Yo, como la adulta que fui al morir, le acaricié el cabello a la niña para calmarla. Si yo me siento mal ¿Cómo se sentirá ella? No todos los días se descubre que se es pariente, al menos lejano, de Peter Pan.

-¿Morirás?- preguntó el niño con frialdad, rompiendo el silencio.

-Sí.- respondió el anciano, como si la idea no le atemorizara.

-¿E irás al cielo?

-Supongo que sí.

-Después te reunirás con mamá...

-Así es...

Peter sabía que David sólo podría vivir en paz en el cielo si obtenía su perdón, pero Peter no querría perdonarlo. Peter había sufrido demasiado, aquel niño le había arrebatado su vida, su madre. Pero ¿David sabía que había hecho todo esto? aunque no fuera intencionalmente...

-Perdóname.- dijo el anciano, como si adivinara lo que Peter estaba pensando, pero Peter no levantó la vista para verlo-. Sé que mamá te remplazó conmigo, incluso puso rejas en la ventana para que yo no escapara como tú.

Peter hizo una mueca de disgusto, contuvo un grito de reclamo. Sólo mantuvo su mirada oscurecida fija al suelo, conteniendo su mucho rencor.

-Realmente lo siento.- seguía diciendo David-. Yo no quería... pero tú no estabas. Mamá te extrañaba tanto, que para superar su dolor me tuvo a mí. Pero... lo intenté, lo intenté y no fue suficiente. Peter, ella nunca dejó de pensar en ti.

Peter aún no lo miró, no quería creerle.

-Peter, yo traté de hacerla feliz. Yo traté de ser como su hijo preferido, yo traté de ser como tú. Me vestí con tu ropa, actué como supuse que tú lo harías, actué como el hijo perfecto para mamá pero...

David se echó a llorar ¿Han visto a algún anciano llorar? Pues es lo más triste que alguien puede ver jamás. Los puños de Peter temblaron, desconozco la razón, sólo sé que se estaba conteniendo de algo.

-Pero, hermano mayor, mamá te amaba a ti. Cuando yo la llamaba, ella me confundía contigo, se decepcionaba al descubrir que era solo yo. Poco a poco comencé a crecer, dejé de ser un niño y por lo tanto dejé de ser como el hijo que mamá había perdido. Porque tú te fuiste siendo un niño, para mamá siempre serías un niño, y yo no dejaba de crecer, yo ya no podía aparentar ser tú. Por eso yo no quería crecer, quería ser igual a ti.

Peter apretó los dientes, yo intuí que estaba furioso, temí tener que intervenir en caso de que Peter actuara violentamente.

-Pero, hermano.- continuó el anciano-. Mamá nunca dejó de amarte, te quiso como nunca me pudo querer a mí. Yo fui muy infeliz de niño al aparentar ser como tú para llamar la atención de nuestra madre, pero nunca dio resultado, yo nunca tuve el amor de mamá y mamá nunca obtuvo el niño que siempre quiso, nunca te tuvo a ti... por eso te pido que me perdones...

-¡Perdón- gritó Peter para sorpresa de todos los que estábamos ahí. El niño cayó de rodillas al suelo y comenzó a llorar con demasiada fuerza, dejándome pasmada-. ¡Lo siento, lo siento tanto! ¡No lo sabía!

Ahora ambos hermanos lloraban. Peter trató de secarse las lágrimas, estaba rojo de la vergüenza por dejar sus emociones salir de esa manera, pero no podía evitar sacar las cientos de lágrimas que había estado conteniendo por casi un siglo de juventud eterna.

Peter, que se suponía que era el que debía perdonar a su hermano menor, está pidiendo perdón él, dejando a un lado su orgullo para ser un buen hermano mayor, al menos al final.

-David, yo me fui.- confesó Peter, llorando demasiado-. Tal vez me merecía lo que me pasó, pero tú... no tenías la culpa ¡Siento que tu infancia fuera tan horrible! ¡Mamá era una despiadada! Fue mi culpa que trataras de ser como yo, fue mi culpa que mamá me quisiera más a mí ¡Fue mi culpa por haberme ido! ¡Perdóname, hermano!

-Peter, no, perdóname tú a mí.- suplicó David, llorando todo lo que podía con sus ancianos ojos-. La ventana hubiera estado abierta para ti si mamá no te hubiera remplazado conmigo. Yo tuve todo lo que a ti te correspondía.

-¿Pero a qué precio, David?- dijo el niño, sorprendiéndome por la forma casi madura en la que lo hizo-. No obtuviste lo que querías, el amor de mamá. Nada de eso era tuyo, viviste mi vida para complacerla y olvidaste vivir tu propia vida ¡Los siento!

Peter, aún en el suelo, se arrastró a la cama donde yacía su hermano, este débilmente extendió su arrugado brazo hacía su joven hermano mayor, y Peter la sostuvo. Se estuvieron mirando un momento, comprendiéndose mutuamente.

-Perdón.- hablaron los dos a la vez.

Peter abrazó el brazo de su hermano menor, derramando sus inquietantes lágrimas en la alfombra de la habitación del hospital.

-Te perdono, hermano.- respondieron los dos, compartiendo un mismo sentimiento.

Peter sintió la mano de su hermano hacerse débil, hasta que sólo se fue. Peter gritó, lanzó un fuerte grito que me aturdió a mí y a Margaret, que también llorábamos, aunque con menos fuerza, al ver esta trágica escena.

Yo estuve a punto de entrar junto con Margaret para tratar de consolarlo, pero paré en seco al observar la brillante luz que aparecía. Y frente a Peter, tomando el rostro del niño para secar sus lágrimas, apareció otro niño, uno de brillantes ojos azules más claros que el agua y cabello más oscuro que la noche, con una grandes alas. Yo, al ver esto, solté una lágrima de felicidad e indiqué a Margaret que aún no entrara.

-Peter, no llores.- le dijo el alma de David a su hermano-. Soy libre ahora.

-¿Y yo cuando podré ser libre?- murmuró el desdichado niño, y creo que era la primera vez que alguien vio a Peter renegar de su inmortalidad.

David se acercó más a Peter, pegando su frente con la de su hermano, sonriendo mientras que el hermano mayor lloraba.

-No lo sé, hermano, pero te esperaré por siempre en el Cielo.

Yo entré por la ventana y le dije a Margaret que podía acercarse. La niña no dudó en correr hacía David para abrazarlo con fuerza.

-¡Te extrañaré tanto, bisabuelo!- exclamó la niña, llorando ahora por la perdida de su familiar.

-Yo también te extrañaré, mi niña.- era extraño verlo decir esto, ya que él al ser un alma, parece un niño también-. Cuida mucho a tu padre y a tu madre.

-Lo haré.- prometió, sin querer soltarlo.

David besó a Margaret en la frente, dirigió una ultima mirada a Peter, y fue y se paró frente a la ventana, mirándome a mí.

Yo me acerqué a Peter, me arrodillé hacía él, lo miré con tranquilidad y le hablé con calma.

-¿Quieres acompañarlo camino a las puertas del cielo? Ya sabes, como solías hacer con los niños muertos hace tiempo.

-No, no, estoy bien.- me aseguró con voz seca, ya sin lágrimas-. Mamie.- me habló con una voz casi suplicante, esto me sorprendió-. Tú... ¿vendrás conmigo? ¿cierto? Es lo que querías.

Entonces recuerdo mi otro motivo, el egoísta. Sí, yo quiero irme con Peter, lo deseaba tanto y le insistí mucho anteriormente. Pienso en ir con él, gobernar Nunca Jamás a su lado, pasar la eternidad con el niño inmortal, como si estuviéramos casados, aunque él me viera como una madre. Me sonrojo, ahora que terminé con mi misión, estoy a punto de decirle que sí, que sí quiero irme con él, que lo quiero.

Pero observo a la ventana y veo a David parado al lado de ella. Comprendí que me está esperando para irnos juntos hacía el cielo. Observo fuera de la ventana y veo la primera estrella a la derecha, el Cielo. Miro a Peter, que me mira con ojos suplicantes, sin querer estar solo en estos momentos.

-Peter, yo quiero ir contigo, realmente quiero pasar la eternidad a tu lado.- le digo, abrazándolo con fuerza.

-Oh, Mamie, por eso te quiero tanto.- sonrío con dulzura, porque hace tanto que no lo escucho hablarme de esa forma tan tierna, hace décadas.

Yo miro a Margaret y le sonrío, ella me mira con una mueca de disgusto al pensar que me voy a quedar con Peter Pan.

-Margaret ¿Quieres saber un secreto?- le digo.

-¿Qué secreto?- pregunta, muy curiosa.

-Yo fui la que le metió a Peter en la cabeza que un beso se llama dedal y un dedal es un beso.- me rio, porque es el recuerdo más bello de mi infancia.

-¡¿Fuiste tú?!- exclama, entre sorprendida y molesta-. ¡¿Sabes cuantos problemas has causado?!

-Me lo imagino.- vuelvo a reír, esta vez con más dulzura. Veo a Peter y le acaricio el rostro, no como una niña lo haría, sino como lo haría una adulta-. Peter, deseo quedarme contigo pero... Lo siento tanto.

-¿Qué pasa?- me pregunta, entristecido.

Soy una tonta, soy una tonta al insistir tanto en querer quedarme con él, pero ahora sé que no puedo. La primera vez, cuando estaba viva y él me pidió quedarme a su lado, yo lo rechacé por pensar en mi madre y mi hermano. Ahora, lo ilusioné de nuevo diciéndole que me quedaría con él, pero ahora al ver a David, al ver el Cielo a la distancia, sé que mamá y mi hermano Tony me están esperando con ansias.

Dejaré a Peter por la misma razón que lo dejé la primera vez, por mi familia.

-Lo siento Peter, mi familia me espera...- digo, con mucho pesar.

-Siempre pones a tu familia primero.- dice, molesto conmigo-. Váyanse.- me dice a mí y a David.

-¿Quieres que te salude a mamá?- pregunta David.

-No, no lo hagas.- habla el niño, con resentimiento.

-¿Quieres que te salude a Wendy?- pregunto yo. Peter me mira, con los ojos muy abiertos, sin saber qué decirme, pero yo sé lo que piensa-. Lo haré.- digo.

-¡Ahora váyanse!- gritó-. Aún están a tiempo de llegar.

Estoy a punto de salir pero Peter se acerca a mí y me da un dulce dedal en los labios, dejándome sorprendida. Me eché a sus brazos y fue como la primera vez que nos despedimos, fue exactamente igual.

-¡Mi querido Peter!- grito.

-¡Mi querida Mamie!- grita el niño, atormentado.

Aunque quiero permanecer en sus brazos, también quiero ir a buscar a Tony en el cielo y seguir haciéndole bromas. Suelto a Peter y me voy junto con David, dejando solo a Peter con Margaret.

-Peter.- Margaret se acercó al niño para tratar de consolarlo, porque había comenzado a llorar nuevamente. Se acercó para abrazarlo, pero fue empujada.

-¡No me toques! ¡Nadie puede tocarme!- gritó, devastado.

-Sí.- contestó Margaret con frialdad-. Lo sé.- la niña caminó sin hacer mucho ruido hacía la ventana, pero se detuvo antes de salir-. Me voy a casa Peter.- miró de forma entristecida al niño arrodillado en el suelo, aún en llanto-. ¿Vendrás por mí el siguiente año para la limpieza de primavera?

-Sí.- contestó sin más, sin mirarla.

-¿No lo olvidarás como el año pasado?

-No lo olvidaré.- afirmó con seguridad, y Margaret decidió creerle, aunque en el fondo sabía lo que sucedería, lo que siempre ocurre.

Margaret salió por la ventana, rumbo a su hogar, dejando solo a Peter, solo con su sombra de tristeza.

A lo lejos, yo y David volábamos hacía el Cielo, sin detenernos, tomándonos de la mano para que nos fuera más fácil. Llegamos a la primera estrella a la derecha, a las puertas del Cielo. David entró primero, yo me retrasé.

Vi a lo lejos cómo un cuervo negro volaba hacía mi dirección. Yo sonreí, gustosa.

-¡Señor Salomón.- grité-. ¡Señor Salomón!

El cuervo se transforma en un hombre y yo corro hacía él.

-¡Señor Salomón!- le grito con alegría-. ¡Lo logré, logré cumplir mi misión! ¡Pude unir a dos hermanos! ¡Uní a dos hermanos! ¡Finalmente pude devolver el favor que me hizo mi amigo Peter hace tantos años!

-Lo hiciste bien, Mamie, estoy orgulloso.- dice, poniendo su mano en mi hombro.

-¡Ahora iré al cielo!- grito con emoción-. ¡Veré a Tony y a mamá!

-Aún no.

-¿Eh?- me sorprendo-. ¿Qué quiere decir? Yo ya cumplí...

-Sí, ya cumpliste, claro que podrás ver a tu familia, pero antes, tu recompensa.- yo lo miro sin entender-. No me veas a mí, niña, mirate a ti.

Me observo, impactada. Estoy brillando completamente, siento como mis alas crecen, cierro los ojos sin comprender, cuando los abro, no entiendo nada, sólo me observo. Llevo un hermoso vestido blando, mis alas se hicieron más grandes y más blancas que las nubes, ahora tengo una brillante aureola sobre mí. Observo a Salomón con dudas.

-¿Qué? ¿qué pasa?- pregunto.

-Ya no eres un espíritu, ni siquiera un fantasma.- me dice, con una sonrisa orgullosa-. Ahora eres un ángel, te lo has ganado.

-¡¿Un ángel?!- exclamo, sin creerlo-. Pero ¿cómo? ¿qué?

-Lograste unir dos hermanos, lograste ablandar el alma del niño eterno que no tiene corazón. Te ganaste tus alas.

-Él sí tiene corazón... sólo que... no lo usa mucho.

-Mamie, ahora tú eres la encargada de unir los vínculos rotos ya sea el tiempo, la muerte o la perdida. Esa es tu misión ahora, podrás bajar a la Tierra cuando quieras.

-¿Pero podré ir al Cielo a ver a mi familia?

-Por supuesto, el Cielo es tu hogar.

-¿Y... podré visitar a Peter?

-Estoy seguro que sí.- me asegura, sonriendo. Yo me abalanzo a él para abrazarlo.

-¡Muchas gracias, señor Salomón! ¡Gracias!- casi estoy llorando de felicidad, realmente soy feliz ahora.

-No me agradezcas a mí, agradece a los de allá adentro.- apunta hacía la celestial puerta dorada.

Muchas gracias.

Oh, soy un ángel, un ángel que une a los hermanos. Irónico, yo que siempre molestaba a mi hermano, y lo seguiré molestando, pero siempre lo he querido tanto. Ay Peter, yo también me aseguraré de cuidarte, porque ese, sé, será mi trabajo también. Te quiero tanto.

A lo lejos, en la entrada de la segunda estrella a la derecha, Peter se dirigía a su hogar en Nunca Jamás, solo, pero antes de llegar se detuvo. Observó la primera estrella a la derecha, observó el Cielo a distancia. El lugar donde nunca entraría, porque no podía morir. Había tantas cosas que un ser inmortal podía hacer, pero ahora contemplaba lo que jamás lograría. Nunca volvería a ver a su hermano ni a su madre... ni a Wendy.

Recordó cuando dejó a Wendy para irse con Jane, dejando a la Wendy adulta abandonada, con el deseo imposible de poder acompañarlos. Ahora Peter veía a Mamie y a David con el mismo deseo imposible. Un anhelo pasó por su cabeza.

-Morir sería la mejor aventura.

Fin


Espero que les haya gustado este fic, a mí me gustó escribirlo. Significa mucho para mí :)

El nombre del hermano de Peter "David" es el nombre del hermano de James M. Barrie (autor de Peter Pan) el cual murió en un accidente.

Bien, no planeo escribir otro fic de Peter Pan, al menos no pronto. Por ahora me voy a concentrar en terminar otro fic que tengo por ahí, y pronto subiré un fanfic de la pelicula de Frozen, aunque la idea que tengo para ese fanfic es un poco rara, espero que le guste a alguien xD . También debo conseguir un trabajo xD ya terminé la escuela jaja

Nos leemos en otro fanfic :)