Los personajes no son de mi invención, pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 3. Un largo viaje.
Temari lentamente abrió los ojos, le dolía todo el cuerpo, como si hubiese dormido mal, como si hubiese tenido un mal sueño. La cabeza le palpitaba con un dolor agudo en la parte de la nuca y la coronilla.
- Oye, tú… ¿Estás bien? ¿Cómo te encuentras? – Le susurró una voz desconocida.
Temari pronto recordó todo, la habían asaltado tres hombres en el bosque mientras volvía a su casa. Abrió los ojos deprisa pero no se acostumbraba a la penumbra del lugar en el que se encontraba. Su cuerpo estaba entumecido, se dio cuenta de que sus manos y pies estaban atados con cadenas las cuales necesitaban llaves para abrirse, como las esposas que les ponen a los presos. Intentó incorporarse pero al intentarlo notó que le dolía muchísimo el estómago.
- Intenta no moverte por favor, estás muy mal herida. Llevas días inconsciente. – Susurró otra vez la voz, femenina, quebrada.
- ¿Qué queréis… de mi? No tengo.. dinero. – Intentó decir Temari, quien notaba cada vez más el sabor a hierro de la sangre en su boca.
- Me raptaron hace dos semanas… soy igual que tú. No se lo que quieren ni a donde vamos… - Susurró otra vez la chica que se encontraba sentada en frente de Temari.
Pasados unos minutos, soportando el dolor, Temari se sentó en lo que parecía ser un carro de madera, con paja y demás sacos, seguramente llenos de comida. Estaban en movimiento. ¿Qué querría esa gente de ella? ¿A dónde se dirigían? Debía estar a kilómetros de su hogar, su padre y sus hermanos estarían buscándola, las gentes del pueblo dirían que se la había llevado el diablo.
- Llevas 3 días inconsciente, te he intentado dar de comer pero solo conseguí hacerte beber agua. Paramos dos veces al día para comer. – Dijo la chica, aovillada en una esquina del carro. Era rubia con el pelo muy largo y unos preciosos ojos azules. Al ver que Temari no contestaba siguió hablando. – Me llamo Ino, ¿Y tú? ¿Eres noble? Yo soy la hija de un duque del norte, estaba recogiendo flores para mi prometido cuando algo me golpeó la cabeza….
- Temari. – Respondió esta. – Soy la hija de un marqués.
- Debes haberte resistido mucho… cuando llegaste sangrabas por la cabeza y por la boca, se te puso la cara muy morada, pensaba que no despertarías más. – Dijo Ino, algo aliviada. – No me han tocado.
- ¿Perdón? – Dijo Temari, algo incrédula, pensando que ya las habrían violado.
- No me han tocado ni un solo cabello. Me tratan bastante mal, me magullan y me dan poca comida, pero parece que no tienen intención alguna de violarnos.
Temari se quedó pensativa. ¿Para que querrían raptar a muchachas nobles si no iban a violarlas? Tampoco han pedido algún rescate y no piensan devolvernos a nuestras familias…
En ese momento el carro paró y se abrió la puerta. Uno de los hombres que había agredido a Temari avisó a los demás que se había despertado y estaba aparentemente bien. Ya era tarde y las llevaron a las dos a un claro para que pudieran comer y hacer sus necesidades. A la media hora las volvieron a meter en el carro y siguieron con su viaje.
Esto se repitió día tras día. A Temari ya no le dolía tanto el cuerpo y se había medio acostumbrado a la rutina de sus secuestradores. Hablaba a susurros con Ino, pasaban verdadero miedo, no sabían a donde iban ni que querían hacer con ellas. Ino lloraba muy a menudo, sus lágrimas mezcladas con la suciedad negra de la cara la hacían parecer una niña muerta de hambre, Temari hacía todo lo posible por no hacerlo y se tragaba los sollozos.
Habrían pasado unas dos semanas cuando el paisaje cambió drásticamente, hacía un calor extremo, ya no había plantas ni nada que se le pareciese, solo unos extraños árboles con hojas largas como personas. Las dos tenían una vaga idea de dónde se encontraban, puesto que lo que las rodeaba era desierto, un inmenso desierto de arena rojiza. Se encontraban en Persia, posiblemente al lado del mar, ya que el salitre se les pegaba al pelo. Estaban jodidamente lejos de su tierra natal.
- Tienes una pinta horrible – Dijo Ino, quien había terminado de sollozar porque las arcadas se le hacían demasiado violentas.
- Tú también - Devolvió Temari.
- Tengo miedo.
Temari no respondió.
El carro paró, pero aún no era la hora del atardecer, Ino y Temari se extrañaron y bajaron del carro. Estaban en un puerto y solo había personas con atuendos extraños como los que había visto en los libros que su padre le obligaba a leer. Vio como sus secuestradores hablaban con lo que parecía ser un mercader y este les daba un saco que rebosaba monedas de oro.
Temari e Ino comprendieron que las acababan de vender a un marinero Persa.
Bueno, aquí está el tercer capítulo! Dejen Reviews!
