Los personajes no son de mi invención, pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 4. Orgullo de un padre.
Había pasado un mes desde que el señor feudal le había dicho a su hijo, Shikamaru, que debía buscar esposa. Desde entonces la vida del príncipe había dado un vuelco curioso, para mal. Shikamaru se pasaba el día teniendo audiencias con diferentes señores feudales y demás nobles del área que querían que aceptara tomar a sus hijas como esposas.
Muchas veces había intentado escabullirse, durante unos instantes, hasta que su madre le encontraba y, furiosa, le arrastraba de vuelta a las salas privadas.
Había conocido a varias mujeres. Algunas demasiado pequeñas y estúpidas, otras demasiado mayores y arrogantes, pero ninguna le llamaba la atención. Para el todas las mujeres eran iguales. Todas increíblemente problemáticas.
Pelo negro largo y sedoso recogido en un peinado especial para la ocasión, kimonos extremadamente caros, maquillaje leve y un abanico tapándoles parcialmente la cara. De vez en cuando sonreían y le miraban de reojo. Todas se repetían, todas eran lo mismo, no había ninguna que le atrajera lo más mínimo.
Estaba claro que todas eran muy atractivas, todas tenían alguna cualidad. Mi hija tocaba el samisén como las diosas. Mi hija teje bordados preciosos. Mi hija es muy buena cantante. Pero nada que impresionara a Shikamaru.
Era un domingo por la tarde y por fin el príncipe encontró un momento en el que podía escabullirse sin que nadie le echara de menos, fue a su rincón especial del jardín y se tumbo en la hierba mientras cogía un palo y empezaba a masticarlo. Ese día no había nubes, pero el cielo tenía un color rosado precioso.
- Así que es aquí donde sigues escondiéndote, como cuando eras pequeño. – Dijo una voz grave en tono burlón, que Shikamaru reconocía a la perfección.
- ¿No deberías estar haciendo… ya sabes… cosas de señor feudal?
- Yo también puedo escabullirme, ¿sabes?
El padre de Shikamaru, Shikaku Nara, se tumbó en la hierba al lado de su hijo, imitando su gesto cogió un palillo que había por allí y comenzó a masticarlo. Era increíble el parecido que estos dos tenían. Ambos pelo negro como el carbón, recogido en un tenso moño, misma expresión de aburrimiento, mismos movimientos. Si no hubiese sido por las cicatrices de la cara de Shikaku, que se había procurado en la guerra, puesto que estas le daban un gesto más severo que el de Shikamaru, habrían podido ser confundidos fácilmente con gemelos.
- Cuando mi padre me dijo que debía casarme supe inmediatamente que iba a ser con Yoshino. – Relató Shikaku Nara. – Me enamoré de tu madre desde el primer día que la vi.
- Papá, sinceramente no sé como me sentiré cuando vea a la correcta. A lo mejor ya la he visto y no me he enterado.
- Oh hijo, eso es lo de menos. – Dijo, sonriendo suficiente. – Lo sabrás inmediatamente. Créeme.
- Mendokusai…
Su padre suspiró. Shikamaru siempre había sido un niño extremadamente vago, al igual que él. Le apenaba saber que a su pequeño le había llegado la hora de crecer, ya no podría distraerse tanto como quería, debía de atender las necesidades del feudo. Shikaku sabía que su hijo era muy inteligente, siempre había sido curioso y todo lo que le decían se quedaba grabado a fuego en su memoria. Iba a ser un gran señor feudal, pero todo señor debe tener a su lado una mujer que le apoye.
- Haz que esté orgulloso de ti, Shikamaru. – Dijo Shikaku, mientras se levantaba, se sacudía los ropajes y volvía a sus tareas.
- Descuida, viejo… - Susurró Shikamaru, con una media sonrisa en sus labios.
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