Los personajes no son de mi invención, pertenecen a Masashi Kishimoto.


Capítulo 7. Bailes de abanicos.

Habían pasado un par de semanas desde que Temari e Ino habían llegado a Nara. Las había comprado una mujer de aproximadamente 50 años llamada Tsunade, de origen alemán pero que se había pasado la mayor parte de su vida en Japón siendo bailarina. A parte de enseñarles el idioma, también se dedicaba a enseñar las danzas tanto tradicionales como exóticas a mujeres no japonesas o asiáticas. "Las mujeres de más allá del mar tienen mucha demanda en estos tiempos, me pagan con mucho oro cuando digo que tengo unas mujeres rubias o pelirrojas."

Los primeros días Temari había intentado huir de allí pero sin saber como, Tsunade siempre la descubría, a pesar de que Temari hacía de todo para que no se diera cuenta nadie. Tsunade no era una mala persona, pero aún así utilizaba una vara que tenía guardada en un pequeño armario, por "el bien de Temari". No había gritado ni una vez a pesar de que la espalda le escocía. "No hay sangre, no te quejes. No vuelvas a intentar huir y no te volveré a pegar."

En cuanto al porqué del rapto, parecía que Tsunade no estuviese enterada de nada y que ella no tuviese nada que ver, pero les repetía que se olvidaran de su antigua vida y que ella iba a ser su nueva familia. Ahora le pertenecían a ella. Temari se prometió a si misma que algún día conseguiría salir de allí para volver a ver a su familia. Ino parecía aceptar su nuevo destino, pero Temari sabía que en el fondo ella echaba tanto de menos su hogar que prefería mentirse a sí misma.

Temari había pasado el día de su cumpleaños aprendiendo alguna danza de abanicos. Ino la había sorprendido al anochecer con una pequeña castaña y una cerilla encendida, simulando una vela. Se habían pasado la noche hablando y descubrieron que lo que les había pasado las había unido como amigas y prometieron que se protegerían la una a la otra. Ya casi había llegado el otoño y cuando salían a por los recados Temari disfrutaba con el olor de las castañas asadas, su comida favorita.

- Temari, esos chicos nos miran. – Decía Ino, sonriendo pícaramente mientras pasaban por la plaza central. Temari vio que uno de ellos tenía castañas y sonrió.

- Vamos, antes de que Tsunade se enfade. – Dijo esta, Ino hizo pucheros.

Al parecer lo que decía Tsunade era cierto. Hombres ricos pagaban muchísimo solo para admirarlas mientras aprendían algunas danzas y tenían que admitir que ambas aprendían con una rapidez extraordinaria y bailaban con una gracia inigualable. Llegó un momento en el que todo el pueblo hablaba de las mujeres rubias que bailaban en la casa de Tsunade.

- Temari e Ino, vengan un segundo a mi despacho. – Anunció Tsunade una tarde de principios de septiembre. – Ha llegado una carta urgente desde el palacio del señor feudal.

- ¿Y que tiene que ver eso con nosotras? – Preguntó Temari, presuntuosa.

- Pues mucho, querida. El día 22 de septiembre requieren de los servicios de todas mis bailarinas de pelo rubio, las cuales sois vosotras dos.

- ¿Hay algún evento especial?

- Es el vigésimo cumpleaños del príncipe de Nara. La carta habla claro, una de ustedes bailará y la otra tocará el samisén. Creo que es obvio quien hará qué. Lo que verdaderamente me interesa es que lo hagáis lo mejor posible. Lo ha pedido el príncipe en persona.

Puesto que a Ino se le daban exageradamente bien los instrumentos musicales, Temari iba a tener la tarea de bailar para toda la corte de la persona más importante de Nara, para el futuro señor feudal.

Así comenzaron las dos semanas más exasperantes de la vida de Temari.


Hola, aquí estoy! Espero que les haya gustado, no es muy largo, lo sé, pero no he tenido mucho tiempo, prometo que el siguiente capítulo sí que será largo! Gracias por los review a todos/as, me hacen muy feliz! Un besazo!