Los personajes no son de mi invención, pertenecen a Masashi Kishimoto.


Capítulo 8. Una fiesta no tan aburrida.

Finalmente, el día del cumpleaños de Shikamaru llegó. El futuro señor feudal de Nara llevaba sentado aproximadamente 3 horas en un tronillo en la sala de celebraciones del palacio atendiendo a todos sus invitados, que pasaban a saludar y a felicitar y por supuesto, a dejar los numerosos regalos a un lado de la estancia. Al lado derecho de Shikamaru se sentaba Sai quien se divertía mirando las aburridas miradas y expresiones que utilizaba su amigo al dar las gracias por haber venido.

La sala estaba decorada sobriamente, había luces que iluminaban desde farolillos de color rojo intenso. Aquella fiesta era el sueño de cualquier amante de la comida, puesto que cada 5 minutos salían bandejas repletas de manjares, de los que extrañamente Shikamaru no probaba ni bocado. Se encontraba extrañamente nervioso, había algo que no le dejaba pensar con claridad y no se concentraba en la fiesta.

Esto Sai no lo sabía y en realidad nadie excepto el mismo Shikamaru tenía noción de lo que había estado pasando en las ultimas dos semanas, pues desde el día en el que vio a la mujer rubia algo había cambiado en él y decidió, inmediatamente, que aquella mujer iba a ser su esposa y que haría lo que fuese para conseguirla. Y es que el joven príncipe, a pesar de su flojera, se había puesto las pilas y salía todas las noches de palacio a escondidas para ir a buscar a aquella mujer por el pueblo. El caso es que estaba seguro de que ella se había esfumado. Lo cierto es que era cierto que Shikamaru salía de noche a buscarla y que las pocas personas que se encontraba eran borrachos que se dirigían al distrito del placer, pero él mantenía la vaga esperanza de encontrarla.

- ¿Aún estás pensando en la extranjera? – Dijo Sai, sacándole de sus pensamientos.

- No… - Mintió – Estoy tan aburrido que podría morirme ahora mismo.

- Tu aburrimiento no durará mucho. – Sonrió pícaramente Sai.

Shikamaru le miró con extrañeza. Pasó el rato y de repente Sai se levantó y se dirigió al centro de la estancia, pidió silencio puesto que iba a anunciar algo.

- Damas y Caballeros, finalmente ha llegado el momento de anunciar mi presente al príncipe feudal de Nara, Shikamaru. Espero que te guste, Feliz cumpleaños. – Dijo Sai, con la misma expresión de regodeamiento personal que había puesto antes.

Cuando Sai se retiró y se volvió a sentar al lado de Shikamaru se apagaron la mayoría de los farolillos y se cerraron las puertas, dejando la estancia medio a oscuras y una sugerente luz roja iluminó un pequeño circulo directamente en frente de la mesilla en la que estaba Shikamaru.

- ¿Pero que regalo me has hecho? ¿Una invocación de un Yokai? – Preguntó Shikamaru, algo sorprendido.

- Ya verás, amigo. ¿Que harías tú sin mi?

Shikamaru miró al frente y vio como una mujer vestida con muchos abalorios se sentaba al margen de la esfera de luz y cargaba con sí un samisén. Desgraciadamente no se distinguía su cara y mucho menos sus rasgos, pero cuando comenzó a tocar la pieza apareció una segunda mujer que peligrosamente se acercaba al centro de la esfera de luz cargando dos abanicos de tamaño considerablemente grande y exageradamente elegantes. Shikamaru nunca había visto unos abanicos así, supuso que eran para alguna de las nuevas danzas sobre las que había escuchado hablar a los sirvientes. La mujer que los portaba estaba tapada completamente por los dos abanicos entrelazados y cuando la música empezó a adquirir un tono bailable, ésta, poco a poco, comenzó a apartar los abanicos hasta posicionarlos a los lados y a Shikamaru casi se le saltan los ojos de las cuencas. Era la mujer rubia que había visto aquella tarde en el pueblo.

Llevaba una especie de kimono negro y una pieza de yukata rojo por debajo que se veía en los bordes del negro, considerablemente abierto en el escote y que dejaba entrever todos sus hombros y un profundo canalillo. El obi era de color rojo también y las mangas eran largas y muy anchas. Daba la impresión de que el kimono se estuviese cayendo puesto que también se veían sus piernas hasta la rodilla y el resto del traje caía a sus pies simulando una larga cola, hubiese parecido una sirena si no se le hubiesen visto los pies descalzos.

Shikamaru había quedado paralizado mirando la danza que estaba llevando a cabo la mujer rubia. La estancia entera se encontraba en profundo silencio. Movía los abanicos con una facilidad y gracia inigualables, y eso que todos habían visto miles de danzas de abanicos. Cuando hubo terminado se volvieron a encender todas las luces y farolillos y las mujeres hicieron una reverencia hacia Shikamaru, quien se había levantado para aplaudir.

- ¡He decidido! – Anunció Shikamaru en ese momento, dejando la estancia sumida en un profundo silencio interrogativo. - ¡Ella será mi esposa!


¡Hola! Ya he vuelto con un nuevo capítulo y respondiendo a la pregunta del ultimo review: ¡Actualizo todos los jueves-viernes, dependiendo de cuando pueda! En el último capítulo tengo poquitos review y me he desganado bastante, pero fighting, no me rindo. ¡Espero que les guste!