Su alegría era tu alegría. Tu alegría era su alegría, él te lo dijo. Por lo tanto, cuando le dijiste que tendrías que dejar el trabajo por unos meses él no estaba contento. Por lo tanto, tú tampoco estabas feliz.

"¿Esta tú madre enferma otra vez?"

"No."

"¿Hay algún familiar enfermo?"

"No."

"Entonces ¿por qué necesitas irte?" Le dedicaste una sonrisa y besaste sus labios.

"Estoy embarazada. Tengo que irme". Para tu felicidad, su rostro mostró verdadera alegría.