Un día tu hijo llego con una caja. No te dejaba verla y mucho menos ver dentro.

O a su padre. Para ambos esto era extraño. Tu hijo (junior, como lo llamaban) se negaba todos los días a dejarlos ver la caja e incluso se la llevaba a la escuela. Todos los días. Esto no era normal, el siempre estaba emocionado en decirte y mostrarte todo lo que aprendía en la escuela.

La curiosidad estaba matándote.