Finalmente encontraste lo que había en la caja. Más bien adivinaste cuando empezó a apestar.
Resulta que había encontrado a un bebé pájaro en su camino en casa, así que en vez de dejar a las personas aplastarlo, el fue a casa por una caja vacía (¡y ni siquiera lo notaste!) y corrió de nuevo por el pájaro. Sentías pena por la pequeña cosita. Así que cuando él fue a la escuela y olvido la caja en casa (de hecho el maestro le dijo que debía dejarlo en casa por el olor) lo sacaste al patio y lo enterraste.
El lloro cuando llego a casa y lo descubrió.
