Borracho como estaba, no pude evitar pensarlo. Al fin y al cabo… ¿Había que tener demasiadas luces para darse cuenta de lo obvio? Esa chica estaba presionando un botón que explotaría hasta los cimientos el Imperio del Capitolio, tal como estos hicieron con los del distrito 13.
Y carajos, yo que estaba tratando de hacer buenas migas con los patrocinadores, mostrando a la valiente y salvaje Katniss. La jovencita que no temió las represalias al momento de avanzar entre la gente y ofrecerse voluntaria, protegiendo a su pequeña hermanita de doce años. Aquello sólo se veía en los mejores lugares del país. En cambio, allí, en nuestro mugroso y hambriento lugarcito ubicado en lo altos de Los Apalaches, cubiertos en hollín… no ocurría a menudo.
Esa mísera actitud debió percatarme de lo evidente. ¿Es que fui tan ciego?
Retorné los ojos al proyector, viéndola llevarse los tres dedos centrales de la mano izquierda a la boca. En un leve toque, apenas casi apoyándose en sus labios, los extiendo en dirección a la cámara. Un simple gesto bastó para encender la llama.
