#La chica que encendió la llama
—La gente necesita algo que puedan amar, como… una historia de amor—sugirió, alzando las cejas y las manos. No pude comprender a que se refería. Sin embargo acepte, pues cualquier cosa que aumente el nivel de audiencia sería bienvenido.
Estaba frente a mis narices el declive crucial.
[… ¿Eso es fuego real? Acciona el otro botón. Que caiga un árbol en llamas delante suyo. A ver si es tan resistente como dice ser…] Por aquel entonces, no me recuperaba del susto causado. Podía recordar claramente el silbido de la flecha al rozar mi oreja, clavándose en la manzana roja, roja al igual que la muerte. Le deseaba lo peor. Mis ansías asesinas crecían rápidamente. Jamás había sentido un ardiente odio hacia un tributo.
Y la niña superó el obstáculo.
[…¿Qué está haciendo? —solté un suspiro, cruzado de brazos. — ¿Acaso cubre de flores a la pequeña difunta?...] Oh, los sentimientos humanos. Te accionan a cometer estupideces. O ser imprudente.
No he de quejarme, el imbécil fui yo. Debí coserme la boca, anular la idea insulsa del borracho. Pero lo juro, necesitaba la llave del éxito. "Los trágicos amantes del distrito 12" aumentarían mi fama y riqueza. Obtendría un puesto mejor que el de Jefe.
Que equivocado he sido.
Escucho el "clic" de las puertas al cerrarse tras mío. Deslizo las manos al picaporte, intentando abrir en vano. ¿El presidente estaría esperándome? Giro y sólo veo la sala vacía.
Creo escuchar su voz retumbando en mi cabeza, castigándome por mi imprudencia.
«Has de tomar el fruto prohibido, llevándotelo a los labios. Desafía de igual manera. A ver si alguien ruega por ti. »
Los frutos carmesíes caen suaves en mis palmas. Lentamente, alzó los dedos a su destino final.
La piel de las bayas rozan mis labios. Estallo el jugo con mis dientes, sintiendo la liquidez caer en mi garganta.
El veneno no tardará en explotar.
