Por fin lo subi! Creo que no me tarde, o si? ~
En fin! Aqui esta la continuacion de Aquella noch ~
Espero que les guste !~


Rivaille se reprendió mentalmente por lo que estaba haciendo y chasqueó la lengua. Cuando llegaron a su auto, se adentró y quitó el seguro para que el chico le imitara. Eren no dijo nada, pero observó a su jefe encender el auto y luego arrancar, adentrándose al boulevard principal. No dejaba de verle de reojo y, como si de un felino se tratase, Rivaille se percataba de absolutamente todas las acciones del otro. Quizá estaba cometiendo un error al intentar animarlo. Eren era su empleado y Rivaille su jefe… no debía de haber más que eso. Ni amistad ni camaradería. Sólo una relación laboral donde los únicos diálogos que intercambiaran debían ser sobre el trabajo. Pero, entonces, pensó que si Eren era su empleado, tenía que preocuparse por su salud mental, para que trabajara adecuadamente… no había nada de malo en eso, ¿cierto?

Cuando llegaron al lugar, Rivaille se bajó en silencio y entró al restaurant. Eren le seguía de cerca, callado. Cuando tomaron una de las muchas mesas vacías, Eren sonrió.
–Licenciado… –le llamó y Rivaille levantó la vista del menú para ver esos ojos verdes tan misteriosos. –Es usted una persona increíble. –le dijo al cabo de un rato, luego de ordenar algo de tomar.
–¿Qué…? –bufó confundido.
¿De verdad había dicho eso? Tenía que estar bromeando. Rivaille era una persona horrible, o así se consideraba él. Era arrogante, grosero, frío, insensible, crudo y un sinfín de adjetivos negativos.
–Es fuerte, inteligente, audaz, perspicaz, imparcial, valiente… –le comenzó a decir pero Rivaille le detuvo.
–Chico, no sé qué demonios piensas, pero no te entiendo. Yo no soy una buena persona. De hecho, ni siquiera deberías de confiar en mí. –le dijo serio y Eren frunció el entrecejo, mirándolo firmemente.
–¡Eso es mentira! ¡Usted es…! Es… –susurró y luego meneó rápidamente la cabeza de un lado a otro. –Es la persona a la que más admiro…
Rivaille abrió un poco más los ojos y bajó el menú. Justo en ese momento, sintió algo en todo el cuerpo. Algo cálido y frío al mismo tiempo. Una paradoja.

–No sabes lo que dices… –le gruñó y, en ese momento, llegó el mesero.
Rivaille ordenó pasta con champiñones y salsa roja y, como Eren no sabía exactamente qué quería comer, ordenó lo mismo que él. El silencio se prolongó luego de la partida del mesero.
–Licenciado… –le volvió a llamar Eren. –¿Es casado?
–No te incumbe. –le dijo sin ningún tono en específico y siguió mirando hacia la ventana, recargando su mandíbula sobre su mano derecha, que se sostenía de la mesa.
–Cierto. Lo siento… –agachó la cabeza algo decaído y Rivaille suspiró.
–No estoy casado. Ni divorciado, viudo, en unión libre o en una relación. –le dijo después de unos segundos.
Eren levantó la vista y sonrió levemente. Rivaille suspiró de nuevo. Estaba hablando de más. Usualmente no hubiera dicho nada, ni siquiera le habría contestado algo. De hecho, ni siquiera estarían ahí. Pero Eren tenía algo que le hacía sentir que debía hablarle, decirle la verdad, calmarlo un poco luego de aquella experiencia agria.
–Lo supuse. No parece el tipo de hombre que pueda soportar mucho tiempo a otra persona. –rio levemente y se tapó la boca al ver el fruncido entrecejo del abogado. –Lo siento. –abajó la vista apenado y Rivaille sonrió levemente.
–Más bien, no pueden conmigo. Digamos que soy demasiado para los demás. –suspiró y dirigió de nuevo la mirada a la ventana.
–¿Eso cree? A mí me parece agradable. –le dijo muy casualmente y, en ese momento, el mesero llegó con sus órdenes.
Eren miró el platillo con los ojos bien abiertos y sonrió. Pero Rivaille le observó algo sorprendido. Era la primera vez en mucho tiempo que alguien le decía que era agradable. Normalmente las personas se sentían intimidadas por su sola presencia… ¿Qué de agradable podía tener eso? Aquel chico estaba loco.
–¡Provecho! –le dijo a Corporal y éste asintió, para comenzar a comer.

Rivaille no podía dejar de ver de reojo a Jaeger; era un chiquillo, definitivamente, pero a veces tenía unos aires maduros… En la oficina, era una persona seria y dedicada, pero esa noche parecía mostrarse débil e infantil. Sus ojos verdes brillaban al saborear tan buen sazón y, poco a poco, sus comisuras labiales comenzaron a mancharse levemente con la salsa roja de la pasta. Rivaille sonrió. Quizá si Eren fuese diez años mayor, podrían llevarse bien. Y, luego, cayó en cuenta de que… Eren le agradaba. Increíblemente, podía estar tranquilo a su lado. Vio que Eren cerraba los ojos y sonreía levemente, disfrutando el sabor de su platillo y, como seguía manchado de su labio inferior, Rivaille sintió la estúpida necesidad de limpiarlo… y, en un movimiento rápido, pasó su pulgar por su labio y quitó la pequeña mancha de salsa. Eren abrió los ojos y miró a Rivaille, quien también se quedó estático, aún con su pulgar sobre la boca de Eren. Parecía como si el tiempo se hubiese detenido; ambos se miraban con los ojos muy abiertos y, entonces, Rivaille recuperó la compostura y regresó a su posición original para continuar comiendo en silencio, pero notó que Eren se había enrojecido del rostro.

–Estabas sucio. –le dijo Rivaille después de un rato, mientras comía.
–Hm… –murmuró.
El silencio volvió a prolongarse, pero era uno muy incómodo. Rivaille estaba gritando mil y un maldiciones hacia su persona en su cabeza. ¿Qué coño le pasaba? Estaba muy fuera de sí. Estaba entrando en pánico. No debía pasar de la línea divisora entre la relación laboral y la amistad. Eren era un buen chico y un excelente empleado, pero no debía involucrarse de más con él…
Cuando terminaron de comer, Rivaille pagó, a pesar de las insistencias de Eren.
–Yo te traje. Yo pago. –le dijo serio y, Eren chasqueó la lengua, para luego guardar su dinero en su billetera.

Cuando subieron al auto, volvió a presentarse el silencio incómodo. Para Eren era extraño estar con su jefe en una situación así. Y viceversa. Rivaille no podía creerse que de verdad se había vuelto blando por esa noche. Esa situación estaba muy mierda. Llegaron al departamento de Eren y subieron al segundo piso. Eren comenzó a temblar de nuevo. Obviamente, Rivaille se percató de eso y, cuando estuvieron frente a la puerta del departamento, Rivaille miró de frente a Eren y suspiró. Pensó entonces en algo horrible. Los acosadores a veces iban demasiado lejos… Se planteó revisar las habitaciones, pero se arrepintió, pues eso le haría parecer que eran… amigos. Rivaille no tenía más amigos que Erwin, Hanji, Auruo y Petra, además de Erd y Gunter, pero ellos vivían fuera de la ciudad y había perdido contacto con ellos hacía bastante tiempo. De hecho, esos primeros cuatro, eran los únicos con los que tenía una relación más cercana. Pero algo pasó por su mente; por una milésima de segundo pensó en Eren. ¿Acaso él tendría amigos? ¿Muchos? ¿Pocos? ¿O sería un marginado como Rivaille cuando tenía su edad? ¿Sería el odiado? ¿El envidiado? ¿Al que le tenían miedo? No, Eren no era como él, pero a la vez, eran parecidos… Dejó de pensar en eso cuando recordó el peligro en el que se encontraba.

–Puede que ese imbécil se las haya arreglado para meterse a tu departamento. Revisa las habitaciones, te espero aquí.
Eren guardó silencio y abrió mucho los ojos. Entreabrió la boca y agachó la mirada, para luego asentir y adentrarse lentamente a su departamento. Temblaba bruscamente y, después de un rato, salió más aliviado y sonrió levemente.
–Vacío. –le dijo a Corporal y éste suspiró.
–Bien, entonces me voy. –le dijo y Eren asintió lentamente. –Si vuelve, no seas imbécil y llama a la policía –gruñó y Jaeger volvió a asentir. –Tómate el día libre mañana.
–¿Eh? Pero yo teng…
–Sólo hazlo, Jaeger. –le gruñó y Eren sonrió.
–¡Sí, gracias, Riv…! –Le comenzó a decir, pero al percatarse de que estaba siendo demasiado informal, calló en seco. –Licenciado… –corrigió y Rivaille chasqueó la lengua.
–Así está mejor. Adiós.
–Sí… Nos vemos. –se despidió y cerró la puerta al ver que el abogado se retiraba.

Pero antes de irse, Rivaille suspiró y se detuvo en seco, frente a las escaleras… Era posible que el sujeto estuviera en el piso de arriba, escondido en alguna parte. O en el de abajo… No quería alertar al mocoso, pero tampoco pensaba en irse y dejarlo en una situación tan peligrosa; es decir, no era… humano. Subió las escaleras luego de pensárselo mucho. Era su empleado… y necesitaba que estuviera sano y salvo para que le sirviese, ¿no? No tenía nada de extraño. Además, era muy poco probable que realmente sus sospechas fueran ciertas… Pocas personas son tan idiotas. Cuando subió, reviso el estrecho pasillo y, como realmente no había lugar donde una persona de la complexión de aquel hombre pudiera esconderse, suspiró y bajó de nuevo al primer piso para hacer la misma inspección y retirarse del edificio.

Caminó hasta su auto mientras sacaba otro cigarrillo de su pantalón y lo encendió para dar la primera calada al tabaco. Apenas entró, arrancó el auto, pues nunca estaba de más ser precavido. Las palabras del acosador lo habían puesto en alerta. "Esto no se queda así"… ¿qué quería decir con eso? Sonaba a una simple frase desesperada, pero tenía el presentimiento de que no era así. De que aquel tipo era alguien más que sólo un acosador pervertido. Pero, ¿qué importaba? Si volvía a pillarle acercándose a Eren, simplemente levantarían una demanda y él de defendería, pues nunca perdía un caso, y le encerraría en la prisión un par de años. Incluso si el acosador llegaba a tocar a Eren, podría…

–Tsk… –se sorprendió a sí mismo chasquear la lengua, molesto.

Se había irritado por el simple hecho de pensar que aquel sujeto pudiera hacerle algo a un chico como Eren. Pero no tenía sentido haber reaccionado así si sus pensamientos iban por otro rumbo: "Incluso si el acosador llegaba a tocar a Eren, podría encerrarlo por más tiempo a que se pudriera detrás de los barrotes…" Pero apenas pensó en esa posibilidad, se reprendió internamente. Ni de coña debía de haber pensado eso. Ya había visto muchas víctimas de abuso sexual, ya fuese leve o fuerte, y todas terminaban con traumas o, por lo menos, entraban en pánico al estar con otra persona a solas. Eren no merecía eso.

Llegó a su departamento en poco más de veinte minutos, y eso porque se había tomado su tiempo. Su departamento quedaba un poco al norte de la ciudad, mientras que el de Eren estaba más al sur. Cuando entró a su solitario hogar, cambió su ropa y tomó un trago antes de quedarse dormido en el sofá, cosa que nunca hacía. Cuando despertó, se percató de que eran más de las diez de la mañana. Había dormido demasiado… quizá había sido el estrés de la noche anterior lo que le hizo olvidar que debía prender su despertador. Era sábado… tenía tiempo de tomar una ducha y cambiarse rápido para ir a la oficina.

Al llegar a su despacho, caminó por el pasillo en donde se encontraban todos los demás empleados, después de saludar a Petra con un movimiento de cabeza, y se encerró en su privado, ignorando los gritos de Hanji. Y apenas después de cerrar el seguro, miró su privado de esquina a esquina. Entonces, se dio cuenta de que no había una taza de café humeante sobre su escritorio, ni alguien sentado en el de su asistente… ni esos ojos verdes que le habían hecho compañía mucho tiempo. Dos meses… era, relativamente, mucho tiempo, pero a la vez, era excesivamente poco como para percatarse de que era cómodo estar con aquel chiquillo tan torpemente inteligente. Suspiró y se acomodó en su escritorio para terminar de revisar el expediente 3095-12, el mismo que le había dado a Erwin para que le echara una ojeada. Erwin no era el juez de ese caso, pero como un buen amigo de Rivaille, le había ayudado con una duda que tenía. Se estaba concentrando mucho, mientras redactaba los cambios que se harían en la demanda de aquel expediente y, mientras estaba absorto, chasqueó la lengua.

–Hey, Eren, necesito que… –comenzó a decir, pero recordó que el chico no se encontraba. –Mierda… –bufó y se echó el pelo hacia atrás.

Lo había olvidado. Parecía como si… estuviese acostumbrándose al hecho de estar cerca de Eren, aunque eso sonara extraño. No, debía de afrontarlo. A pesar de su ego y su solitaria vida prepotente, tenía que encarar el hecho de que, indiscutiblemente, comenzaba a sentir algo de afecto por el chico. Como un colega… y, si llegaran a conocerse más, como un amigo. Sonaba estúpido, lo sabía. Pero Eren le agradaba; él era fuerte y se esforzaba mucho, además de que entregaba su cuerpo y alma para cumplir su objetivo, el cual coincidía con el de Rivaille… encerrar a toda la escoria del mundo. Porque no podían matarlos, ¿cierto? Porque si fuera posible, lo harían. Sabía que Eren lo haría sin dudarlo, aunque también era un chico misericordioso… pero estaba seguro de que si dejaba una decisión importante, Eren haría lo correcto, lo necesario y acertaría en su decisión. Por eso le agradaba. Era como un dardo que siempre daba en el blanco, preciso y rápido. Pero seguía siendo tonto… diez años de diferencia suena a chiste mal contado. En fin, ¿qué mierda importaba? Incluso él mismo se veía de la misma edad que Eren. Podía pasar fácilmente desapercibido y entablar una más estrecha… ¿amistad? La sola palabra le daba nauseas. Nunca le gustó esa palabra. Sonaba muy fuerte… prefería "camaradería" o algo que no implicara tantas cosas…

–Estoy pensando demasiado… –se reprendió a sí mismo y se encendió un cigarro. Estaba comenzando a fumar mucho… –¿Qué demonios estoy haciendo? –se preguntó a sí mismo mientras cerraba los ojos y soltaba una calada de tabaco.


Que pensaban que iba a pasar, cochinon s? eve... ~

Nuestro peque;o Rivaille ya siente algo mas que indiferencia por Eren 3 ~

Veamos como continua esto ~

Nos leemos en el proximo capitulo!