Ok, si, me tarde, pero... Se los compenso en este capitulo uwu ~
Pongo mas espacios entre parrafos y dialogos, aunque ya estoy acostumbrada a que este todo junto .w. ~ Espero que pueda leerse mejor n_n ~ En fin!
Espero que les guste muuucho!
A veces, los días se van volando. Incluso las semanas se escurren entre los dedos como agua. O los meses se escapan por la ventana. Pero, precisamente, suele pasar cuando se está con una persona agradable, con alguien con quien nos sentimos cómodos o cuando hacemos algo que nos gusta. Y eso pasó. Un día, tres días, una semana, dos semanas, un mes, dos meses… De nuevo las cosas estaban calmadas y fluían perfectamente. Eren se había hecho colega de los demás empleados del despacho jurídico donde trabajaba y había comenzado a ser más partícipe en éste, yendo de allá para acá a los juzgados y a las notarías, paseando informes y expedientes de y para los litigantes, actualizando las promociones… Todo lo que un pasante de derecho hace durante los primeros meses en sus prácticas. Lo rutinario, lo tedioso, lo meticuloso, lo estresante… eso lo hacía Eren. Y lo hacía perfectamente. Ciertamente, no sólo Rivaille se encontraba conforme, sino también los demás. Eren era un chico agradable y se esforzaba mucho. Algún día, se convertiría en un excelente abogado. Sólo un par de veces había participado en juicios; obviamente, junto con Rivaille. Y habían ganado todos. A decir verdad, Lance Corporal estaba muy satisfecho. No podía tener un mejor asistente.
–Chico, despabila o te echaré un vaso de agua helada en la espalda. –le dijo Rivaille, un día que Eren se había quedado absorto en sus pensamientos. Pero ni siquiera eso lo sacó de sus cavilaciones. –Eh, Eren… –gruñó, pero sin escuchar respuesta o ver reacción del otro –¡EREN! –le gritó.
–¡Ah! ¡¿Qué pasa?! –se puso de pie, rojo hasta la médula y comenzó a estremecerse cuando vio la mirada de su jefe. Desvió los ojos; últimamente no soportaba la mirada de Rivaille.
–"¿Qué pasa?" –bufó. –Eso debería preguntártelo yo. Has estado distraído desde ayer. Es molesto.
–Lo siento… Últimamente tengo muchas cosas en la cabeza. Prometo que no volverá a suceder. –agachó la mirada y volvió a sentarse, para seguir redactando un escrito.
–¿Cosas? No me digas que ese bastardo acosador volvió a…
–¡No, no! No es eso… –le sonrió apenadamente–Son otras cosas. –le dijo con un aire frío y miró al vacío.
–Otras cosas, ¿huh? –suspiró Rivaille y sacó una cajetilla de cigarrillos, para tomar uno y lanzar la cajetilla al chico. –Agarra uno, si quieres. Tómate un descanso.
–Ah… No fumo, pero gracias. –le sonrió y tomó la cajetilla para caminar hacia el escritorio de su jefe y colocarla encima.
–¿Entonces? ¿Lo vas a escupir o no?
–¿A qué se refiere…?
–A esas "otras cosas" que impiden que trabajes adecuadamente. –le gruñó y Eren se sonrojó de las orejas.
–Y-Yo… No creo que realmente le interese –rio nerviosamente. Rivaille le miró molesto.
–Si no me interesara, te diría que dejaras esa mierda de lado y te concentraras. Deberías de sentirte halagado, mocoso.
–Hah… –rio levemente y se llevó una mano a la nuca. –Supongo que sí, estoy halagado. –le sonrió de nuevo y suspiró. –Pero realmente no creo que quiera saberlo.
–Sólo dilo, mierda.
–Ah… –le miró directamente a los ojos y agachó la mirada enseguida. Si insistía tanto… era imposible negarse, aunque quizá podría arrepentirse. –Bueno, yo… Yo… tuve sexo con una persona para intentar olvidarme de otra… –se encogió de hombros y se sonrojó un poco –Sé que soy de lo peor…
–¿Qué? –bufó Rivaille. –¿Eso era todo? –soltó una calada de tabaco y Eren le miró con los ojos bien abiertos.
–Esa persona es mi ex… –agregó.
–Sigo sin entender cuál es el puto problema. –sonrió y Eren desvió la vista.
–Tiene pareja…
–¿Y?
–Y es hombre. –le dijo en seco. Oh, no, lo había escupido… Pero es que técnicamente se había sentido retado por Rivaille… Una estupidez…
Rivaille calló y le miró sin ninguna expresión. Ah, ¿así que el chico realmente caminaba por la otra acera? Mierda… Pero hasta ese momento, Eren nunca se mostró interesado en él. Eso le aliviaba. Aunque… ¿por qué él no había hecho lo mismo que sus antiguas secretarias? Bueno, no es que Eren debiera de sentirse atraído por Rivaille pero… si las demás lo habían hecho, ¿por qué él no?
–¿Y eso es lo que te está agobiando tanto? Chico, no exageres las cosas. –bufó después de un segundo de silencio y Eren le miró confundido.
–¿Quiere decir que… no le parece desagradable…?
–¿Qué cosa? Si te refieres a que te gustan los penes, no. Pero lo que sí me desagrada es que te distraigas en el trabajo. –le dijo con simpleza. Pero vio una mirada molesta en esos ojos verdes. Mierda, ¿había dicho algo estúpido?
–Pensé que era homofóbico... –murmuró Eren.
–Y una mierda. Sería un fastidio meterme en la vida de cada homosexual del mundo. Si les gustan los penes o las vaginas, qué más da. Es sexo o amor gay es igual que el sexo o el amor hetero. No importa lo que está entre las piernas. –suspiró y exhaló más humo grisáceo.
–Hah… –rio Eren. –¿Sabe? Me he dado cuenta de que usted intenta mostrarse rudo, pero en realidad es muy amable. –sonrió divertido y Rivaille le miró directamente a los ojos.
–Regresa a trabajar, chico… –suspiró y Eren sonrió de nuevo, asintió y volvió a su escritorio.
¿Qué le pasaba a aquel mocoso? Lo había dicho como si estuviese seguro de sus palabras. Ni siquiera era prudente, el estúpido. Un momento hablando de penes y vaginas, y al otro, suelta una estupidez como aquella… ¿Rivaille, amable? Por favor… Sólo aquel chico tonto podía creer eso… Pero, en el fondo… Rivaille sonrió. Realmente sintió que Eren había visto un lado suyo que nadie más había logrado descubrir. Quizá sólo era su imaginación, pero sentía que realmente Eren era alguien interesante.
Luego de ese momento tan confuso, Rivaille observó de cerca a Eren. Si se suponía que Eren era homosexual… ¿por qué no había intentado algo con su jefe? Si todas sus secretarias lo hacían a la semana. Podía ser que "aquella persona" que intentaba olvidar, fuese alguien más y no él. Quizá esa persona era alguien mejor que Rivaille, como para pasar por alto sus "feromonas magnéticas". Algo le picaba en la sien cuando pensaba en ello, pero ignoraba la ligera molestia y se concentraba más en su trabajo. Sus jornadas laborales comenzaban a prolongarse más, debido a cierta necesidad inexplicable que le abarcaba. Empezaba a sentirse exhausto, pero no podía parar de trabajar. Era realmente un trabajólico…
Una madrugada, cerca de las tres cuarenta, Rivaille despertó por el timbre de llamada de su celular. Su cabeza dolía por el repentino sonido y, cuando vio la pantalla de su celular, un mal presentimiento lo abarcó.
–¿Eren? –dijo al contestar su teléfono.
– Y-Ya llamé a la policía… Yo… Necesito algo… para defenderme… E-El acosador… está entrando–susurraba bajo y muy rápido. Rivaille palideció.
–Enciérrate en tu cuarto, Eren, no cuelgues. Voy para allá. No cuelgues, Eren. –le dijo algo preocupado.
–No colgaré… Venga rápido… Por favor…–sollozó por lo bajo.
Rivaille ya estaba saliendo de su departamento cuando escuchó su voz quebrada. Apenas se había puesto los primeros zapatos que vio y salió como alma que lleva el diablo a su auto. Cuando paró en el primer semáforo en rojo, a una cuadra de su departamento, escuchó fuertes golpes del otro lado de la línea.
–¡Mierda! ¡Váyase de aquí! –escuchó los gritos de Eren y la ansiedad lo inundó. –V-Va a entrar… –le dijo a Rivaille, con la voz quebrada y se escuchó un estruendo.
–¿Eren? –Balbuceó Rivaille –¡Eren! –gritó y escuchó ruidos de resortes y golpes férreos. –¡Mierda, Eren, contesta! –pero no se escuchaba nada más que golpes y chirridos.
–¡Suéltame! –escuchó la desesperada voz de Eren y luego silencio de nuevo, como si le hubiesen tapado la boca… Algo en Rivaille enardeció.
Al carajo el semáforo. Aceleró y, por suerte, justo en ese momento había cambiado a verde. Aceleró. Aceleró. Aceleró. No le importaba la velocidad tan ilegal a la que estaba yendo. Escuchaba los sonidos del otro lado de la línea, pues al parecer, el celular de Eren había caído al piso y el sujeto no lo había notado. Se escuchaban gemidos y palabras sucias del pervertido… Rivaille se limitaba a conducir y a torturarse escuchando todo aquello. Los golpes habían disminuido, pero, entonces… Eren comenzó a gritar de nuevo.
–¡No, no! –vociferó con todas sus fuerzas. –¡Por favor, suéltame! ¡No! –gritó desgarradoramente y Rivaille pensó en lo peor.
–Eres muy lindo, Eren… Tranquilo, te va a gustar… –escuchó la voz del acosador.
Rivaille no soportó escuchar aquello. Por primera vez en su vida, había ansiado matar a alguien fría y cruelmente con sus propias manos. Aquel sujeto… ¿qué mierda le estaba haciendo a Eren? Todo su cuerpo se tensó y sus ojos parecían salirse de sus cuencas. Apretó sus manos más al volante, pues había puesto su celular en altavoz, sobre el asiento del copiloto. Sus dientes rechinaban y su respiración se había entrecortado. Y, justo cuando estaba por ir a toda velocidad, se escucharon ruidos fuertes y voces de hombres.
–¡Quédese quieto y ponga sus manos sobre la cabeza! –gritó uno de ellos. Rivaille suspiró de alivio, pero siguió sintiendo esa rabia inhumana.
–¡Aléjese del chico o dispararemos! –grito otro.
Fuertes ruidos se escucharon y luego pisadas sonoras. Luego, después de tanto jaleo, se oyó la voz de una mujer.
–¿Te encuentras bien? –preguntó la fémina.
–S-Sí… Estoy… bien… –murmuró Eren. Apenas se alcanzaban a escuchar las voces.
–No te preocupes. Ya estás a salvo… Deberías… ponerte algo de ropa. Necesitaremos que levantes una denuncia, para poder enjuiciar a ese sujeto…
¿Rivaille había escuchado bien? ¿"Deberías ponerte algo de ropa…? Su entrecejo se frunció. ¿Qué demonios… había pasado? ¿Le habían hecho daño a Eren? ¿Lo había…? No, no quiso pensar en la posibilidad… Pero era inevitable. Era obvio lo que había pasado, pero quería pensar que no había sucedido lo que pensaba. Eren no se merecía eso…
La llamada se cortó. Rivaille se tensó de nuevo. Faltaba poco para llegar al departamento de Eren y sabía que ya estaba a salvo, pero esa sensación de intranquilidad no lo abandonaba. Necesitaba llegar rápido. Necesitaba verlo y asegurarse de que estaba bien. Aceleró más y una patrulla lo siguió, cuadras antes de llegar al departamento de Eren. La ignoró. El dinero de la multa se la sudaba. Cuando llegó al edificio de tres pisos donde Jaeger vivía, se vieron tres patrullas, con sus luces rojizas y azules iluminando toda la calle. La patrulla que le había estado siguiendo se detuvo al lado de otra y de ella bajó una mujer de aspecto cansado. Rivaille le ignoró y se encaminó hacia donde estaba Eren, quien se encontraba hablando con dos hombres.
–Eren. –le llamó y el aludido le miró con sus orbes verdes confundidas.
–Licenciado…
–¿Estás bien? –le preguntó y el chico asintió.
–¿Es usted un familiar suyo? –le preguntó uno de los policías.
–Soy… un amigo. –le contestó. No quería decir "jefe" frente a Eren. Quería que él se sintiese cómodo.
–Entiendo… Necesitaremos que el chico nos acompañe a la delegación a levantar una denuncia. De ser posible, le agradeceríamos que viniera también.
–De acuerdo. –contestó.
Miró fugazmente a su alrededor y encontró la patrulla donde el puto acosador estaba siendo esposado. Caminó rápido hacia él, dejando a Eren confundido. Cuando estuvo frente al sujeto, escupió sus palabras.
–Voy a hacer que te pudras el resto de tu miserable vida en prisión, bastardo de mierda. –le gruñó con la ira desbordándosele de los ojos. El sujeto tembló ante esa mirada tan profunda, tan amenazadora…
–Inténtalo… –le sonrió algo nervioso y Rivaille dio la vuelta, antes de matarlo ahí mismo.
Ese malparido… iba a sufrir las consecuencias. Sabía que debía de haber hecho algo cuando lo vio por primera vez… pero en ese momento, lo más importante no era aquel bastardo… sino Eren… y sus verdes ojos asustados.
Eren subió a una de las patrullas y Rivaille les siguió de cerca hasta llegar a la delegación. Ahí esperaron un largo rato para poder levantar la denuncia. Y los cargos…
–Acoso sexual… Allanamiento de morada… Agresión física… –dijo Eren –Y abuso sexual… –confesó al final. Rivaille le miró con los ojos más abiertos de lo normal y el entrecejo muy fruncido.
Era oficial. Iba a matar a ese animal… Pero Eren había dicho "abuso sexual"… no "violación", es decir… no había especificado qué tipo de abuso sexual fue. Quizá era sólo que no quería imaginárselo… pero tenía esperanza de que Eren no hubiera sufrido algo tan fuerte. Tan traumático…
Cuando terminaron los asuntos en la delegación, la oficial que había escuchado por el otro lado de la línea, se acercó a Rivaille.
–Buenas noches… ¿Es usted cercano al chico? –le preguntó ella. Rivaille asintió, a pesar de no saber si lo era o no… –Él… no puede estar solo. Está pasando por un momento post-traumático… Si no se calma dentro de un mes, necesitará asistir a un psiquiatra. Se lo encargo…
–Sí… –fue lo único que dijo y se dio la vuelta, para caminar hacia su auto, en el cual lo esperaba Eren.
El camino fue silencioso. Rivaille condujo hasta el departamento de Eren y, al entrar, éste comenzó a temblar. Abrió la puerta, pero no pudo pasar. Rivaille miró cómo Eren se abrazaba a sí mismo y comenzaba a estremecerse.
–Realmente… N-No quiero estar aquí…
–¿Eren…?
–Por favor… No puedo… estar aquí… –sollozó y Rivaille comprendió. Debía ser doloroso para Eren… Por un momento, no supo qué hacer.
–Vamos… –le tocó el hombro y, por mera inercia, Eren se apartó bruscamente. –¿Eren…? –se quedó petrificado con la expresión del chico. Sus ojos verdes eran miedo y pánico puro.
–Lo… siento. –desvió la mirada. –Me tomó por sorpresa…
–Vámonos… –le dijo Rivaille y Eren parpadeó un par de veces. Supuso que lo llevaría a algún hotel para poder quedarse ahí un par de días. Cerró la puerta y caminaron de nuevo al auto del abogado.
–¿A dónde… me lleva? –se atrevió a cuestionarle, ya dentro del auto. Rivaille chasqueó la lengua.
–¿No es obvio? Te quedarás en mi departamento un tiempo. Mañana puedo ir por tus cosas al tuyo.
–No tiene qué hacerlo…
–No me estorbas, chico. –suspiró. –Prefiero que te quedes en mi departamento, así podré tenerte vigilado.
–Licenciado… –le miró Eren y sonrió ligeramente. –En verdad… es una persona muy amable… –susurró y se abrazó a sí mismo, mientras veía el amanecer a través de la ventana.
El camino de departamento a departamento era largo, pero al fin, llegaron. Era un edificio grisáceo de quince pisos, con grandes ventanales, dentro de un residencial de gente pudiente. Eren miraba sorprendido la estructura… no era nada comparado con el edificio viejo y pequeño donde vivía… Rivaille avanzó en silencio al interior de la construcción, luego de saludar al portero y se adentró al elevador; Eren le siguió de cerca.
–Usted… No tiene un trabajo de medio tiempo en la mafia, ¿cierto? –preguntó medio en broma y medio en serio.
Por algún motivo, Rivaille rio. Una leve carcajada. Hacía mucho que no lo hacía… pero Eren logró hacerlo reír de esa manera tan natural, nada sarcástica. Era la primera vez que veía una risa así en su jefe… El elevador se detuvo en el piso doce y se adentraron a un pasillo no muy grande ni largo, con alfombra roja y paredes blancas. Rivaille se detuvo en uno de las puertas y abrió, dejando libre espacio para que Eren se adentrara. Cuando así hizo, Rivaille cerró la puerta y dirigió su vista a Eren, el cual observaba por el inmenso ventanal el horizonte iluminado débilmente por el sol naciente. Rivaille suspiró y se acercó a Eren. Sacó una cajetilla de cigarrillos de su bolsillo y le ofreció, a pesar de saber que no fumaba. Pero, increíblemente, Eren tomó uno.
–Creí que no fumabas.
–Hay excepciones. –le dijo con simpleza.
Eren comenzó a dar caladas, luego de encender su cigarrillo con un encendedor que le había ofrecido su jefe. Rivaille le miraba confundido. Normalmente, las víctimas de abuso sexual quedaban en shock, luego de algo tan traumático… ¿Eso quería decir que no lo había… violado? Pero si hacía rato parecía que iba a desmoronarse en lágrimas al solo entrar en su departamento. No soportó la presión.
–Eren… Ese sujeto… ¿Qué mierda te hizo…? –se atrevió a preguntarle y, contrario a lo que pensó, Eren no se inmutó. Sólo bajó la mirada y suspiró.
–No me violó, si es lo que pregunta… Sólo… –se mordió el labio y su expresión se contrajo dolorosamente. –Me obligo a chupárselo y… me metió mano en todo el cuerpo… Me metió una prenda en la boca, así que no podía hablar mucho… Y estuvo por violarme, pero llegó la policía. –le explicó lentamente, como si intentara creérselo él mismo.
Rivaille se quedó quieto y callado. No sabía qué decir y sentía que si se movía aunque fuese un poco, la tranquilidad de Eren se quebrantaría. Pero él era un chico fuerte… a pesar de eso… parecía tan sereno.
–Eren, yo… –habló por inercia. –Te juro que voy a hacer que ese bastardo se pudra en prisión… –murmuró con los dientes rechinándole por la ira que estaba conteniendo. Estaba seguro de que si estuviese enfrente de aquel acosador, lo mataría. Definitivamente lo haría.
Y, en ese momento, Eren sonrió, al mismo tiempo que sus lágrimas recorrieron rápidamente sus mejillas.
–Eren… –susurró, preocupado. Se notaba que Eren había hecho su máximo esfuerzo por mantenerse fuerte… pero siempre había un límite, y él había llegado al suyo.
Pero ocurrió algo. No se lo esperó… Los brazos de Eren lo rodearon, hundiendo su cabeza sobre su hombro y su cuello. A pesar de que el chico era más alto que él, se sentía como si fuese un niño llorando por un juguete roto. Desconsolado, frustrado, hundido… Y su ira se desvaneció. Todo el deseo asesino que había estado sintiendo, desapareció. El aroma de ese chico… era tranquilizante.
–Gracias… por preocuparse por mí. –gimió gracias al llanto y Rivaille sintió cómo una fibra sensible se ablandó ligeramente.
Por inercia o por estupidez, su mano derecha se colocó lenta e imperceptiblemente sobre la cadera del menor y su mandíbula se recargó sobre su hombro. Suspiró. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había abrazado a alguien…? Eren lloraba. Jadeaba y se estremecía. Rivaille simplemente no podía soltarle, pero sabía que era raro.
–Eren… Este abrazo está durando mucho. –se quejó y Eren rio ligeramente.
–Lo sé… –coincidió –Es porque tengo miedo de separarme de usted. –le dijo con un tono mucho más bajo y, justo en ese preciso instante, Rivaille se despojó de toda cordura y se estrechó más al cuerpo de Eren.
–¿Así está mejor? –le preguntó en voz baja y grave. ¿Qué mierda estaba pasando? Cuando se dio cuenta de que eso estaba siendo raro, intentó alejarse del chico, pero no pudo; Eren no se lo permitió.
–¡No…! No quiero… que me vea… –susurró Eren y Rivaille, por un segundo, entró en pánico.
–¿Qué? No actúes como una colegiala enamorada.
Pero no hubo réplica, de nuevo. Sólo sintió cómo Eren se tensaba y… Rivaille creyó entender. Mierda, no. ¡Mierda, no! No podía ser cierta… ¿Eren estaba…? ¿De Rivaille…? Pero… Entró en pánico. Pánico real y absoluto. ¿Por qué carajo no le había incomodado ese descubrimiento? O suposición… Intentó alejarse bruscamente del chico y lo logró, por fin. Miró su rostro rojizo, adornando las mejillas que estaban debajo de esos ojos verdes tan extraños.
–L-Lo siento… –se excusó el chico y agachó la mirada.
–Duerme… –Rivaille se fue por la tajante y desvió la mirada. –Esa es la habitación de huéspedes… –señaló una puerta y caminó hacia su propia pieza. –Buenas noches… –dijo antes de encerrarse en su cuarto.
Ya dentro, se tapó la boca con la mano y frunció el entrecejo, viendo a la nada. ¿Qué mierda… estaba pasando? ¿Qué coño había sido eso…? Parecía como si Eren realmente estuviera… No, no. No debía pensar en eso. Suficiente tenía con sus secretarias anteriores. Fácilmente las había podido rechazar al primer signo de interés, así que, ¿por qué sería diferente con un mocoso como él? No sería tan difícil… después de todo, desde un principio había tenido claro que si Jaeger mostraba interés, le echaría a patadas pero… en ese momento, no pudo pensar en esa posibilidad. ¿Por qué se sentía tan intranquilo? ¿Por qué… estaba tan alterado y temblaba tanto? Algo malo le estaba pasando… y ese algo tenía nombre y apellido.
–Maldito seas, Eren Jaeger… ¿Qué me estás haciendo?
