En este capitulo hago mencion de dos parejas que son parte de la historia y que no queria mencionar antes... Si, Jean es el mejor amigo de Eren y much me preguntan "Y Armin?" ~ Bueno, eso luego lo sabran, cuando sepan exactamente la razon por la cual Jean es su mejor amigo :3 ~
En fin! Espero que les guste y no me maten D: ~
Los amo :3


Aquella noche, en el departamento de su jefe, Eren no pudo conciliar el sueño por más de dos o tres horas. El mayor le había dicho fríamente "No actúes como una colegiala enamorada". ¿Pero qué podía hacer? Si era precisamente eso. Era un estudiante de universidad… enamorado. ¿Qué esperaba que hiciera si estaba en un momento tan emocionalmente inestable? Estuvo a punto de ser violado por el acosador que le seguía desde hacía meses… lo tocó, le obligó a hacerle oral… estaba seguro de que iba a vomitar, a llorar en ese instante, pero lo soportó. Él tenía que soportarlo; si quería cumplir su sueño, tenía que mantenerse estable en todos los sentidos. Lo aguantó a pesar de saber lo que iba a suceder, aunque por suerte no pasó. Pero no es que estuviese en pánico porque fuese la primera vez que hacía eso, no… ya lo había hecho. Tanto sexo oral como… el otro. Con una mujer y con un hombre. Él sabía cómo funcionaba y sabía que le dolería y que posiblemente terminaría con alguna fisura en el hospital. Pero no estaba asustado por eso. No estaba asustado por el hecho de saber que le iban a violar o que le habían obligado a hacer una felación a un hombre tan desagradable… No. Eren estaba en pánico… porque se había prometido a sí mismo que no volvería a ser tocado por alguien más si seguía enamorado de esa persona. Pero fue en vano. Todo lo que había pasado esa noche parecía como un sueño lejano. Sabía que había sucedido, pero no se lo creía. Le afectaba, obviamente, le dolía, también… pero no como debería ser. ¿Es que estaba mal de la cabeza? Debería de haberse sentido peor, pero lo único que estaba en su cabeza, era que no podía desmoronarse o tendría que dejar de asistir un tiempo a la escuela y al trabajo, encerrarse en casa e ir al psiquiatra. Y él no quería eso. Todo menos eso. Quizá era su mismo espíritu entusiasta el que le impidió entrar en trauma.

Porque, en ese momento, cuando Rivaille llegó al frente del edificio donde vivía, con su ropa de dormir, iluminado por las luces rojizas y azuladas de las patrullas, lo supo. No era un simple afecto superficial. De verdad quería a su jefe. Era algo estúpido, porque no lo conocía de mucho tiempo, pero desde la primera vez que lo vio, supo que esos ojos afilados eran unos hipócritas. Que se mostraban fríos, pero eran amables, en el fondo. No supo por qué lo pensó… pero eso creyó. Y no necesitó mucho tiempo para descubrir que era cierto. El licenciado Rivaille era una persona increíble.

Y ahí estaba él, sentado en el asiento del copiloto del automóvil de su jefe, camino al departamento donde casi le habían violado, para coger algo de ropa y de más. El sólo pensar en ese lugar le causó escalofríos. Aun recordaba esas manos violentas arrancándole la ropa, empujándolo a la cama, despojándolo de sus fuerzas y pensamientos coherentes… Fue horrible, pero podía sobrellevarlo. Tampoco es como si hubiera sido algo realmente fuerte para él…

–¿Qué necesitas que baje? –le preguntó su jefe, sacándolo bruscamente de sus cavilaciones. Ni siquiera se había percatado de que ya habían llegado al frente del edificio donde vivía.

–Yo iré… –le contestó con algo de duda. No quería causarle más molestias.

–¿Seguro…?

–Sí… Si no entro ahora, sólo serás más difícil después. –le respondió con un suspiro y bajó del auto.

Caminó hacia la puerta enrejada y subió hasta su departamento. Abrió la puerta y soportó un poco la respiración, mientras sentía que le temblaba un poco el cuerpo. Cuando entró a su habitación, le llegaron imágenes a la cabeza… La forma en que aquel hombre le había arrojado sobre el colchón, de cuando rozaba su miembro sobre su cuerpo… de la fuerza con la que el hombre metía su pene en la boca del chico… Le dieron ganas de vomitar y se sentó sobre la cama desarreglada. Miró a su alrededor. Era un cuarto pequeño; apenas una cama individual, un closet de madera con sus pertenencias dentro, un espejo en una de las paredes y un mueble pequeño al lado de la cabecera para los objetos pequeños. Sacudió la cabeza dos veces para luego tomar una mochila gastada y en ella meter unas cuantas camisas y pantalones, además de ropa interior. Metió también artículos personales, como cepillo de dientes, una toalla para bañarse y todo el dinero que había en su departamento, que no era realmente mucho. Cuando terminó, dejó la mochila sobre el sofá de la sala y miró a su alrededor, buscando la fotografía que buscaba. Sí… aquella donde salían sus padres y él, sonrientes en un parque. La echó también a su mochila, tras envolverla con una prenda. También tomó la mochila donde tenía sus cosas de la escuela. Estuvo por salir, cuando Rivaille entró, con las manos en los bolsillos.

–¿Listo? –le preguntó con aparente desinterés.

Eren asintió y el mayor tomó una de las mochilas para encaminarse al exterior del edificio. El castaño cerró la puerta con llave y siguió a su jefe. El camino de regreso, al igual que el de ida, fue silencioso. Ni una sola palabra se articuló entre los dos. ¿Y cómo no? Si hacía unas cuantas horas había pasado algo muy incómodo. A Eren se le subieron las emociones y no logró reprimir lo que sentía por Rivaille. Le abrazó y le dijo cosas que no tenía que haber contado. Era un estúpido sin remedio… Estaba seguro de que Rivaille le miraría diferente… que le esquivaría o que, cuando pasara todo ese lío, le correría del trabajo… Y lo sabía porque de vez en cuando se colaban comentarios sobre las razones de los despidos de las antiguas secretarias de su jefe entre los demás compañeros del despacho. Insinuaciones, acercamientos inapropiados, invitaciones explícitas… En resumen, les habían corrido por sentir y mostrar interés por el abogado. Además, esa había sido la razón por la cual se había decidido en contratar a un hombre y no una mujer… Pero si Eren estaba enamorado de Rivaille, entonces… lo más seguro es que éste le despediría y no podría verlo de nuevo… Eso le deprimía. Pero sabía que si se controlaba y no mostraba nada de interés, sería menos probable aquella posibilidad. No quería irse. No ver a Lance Corporal Rivaille todos los días sería un agobio… No escuchar sus gruñidos o bufidos, sus quejas y sus órdenes; sus sonrisas inesperadas, sus comentarios sarcásticos y, sobre todo, su amabilidad encriptada. Había logrado descifrar sus expresiones duras y comprender sus palabras agresivas. Él sabía que, en el fondo, su jefe no era ese hombre frío que todos veían. En realidad era alguien amable y divertido… a su manera, claro.

–Eren, despabila. Llegamos. –le avisó Rivaille.

Eren bajó en silencio del auto y subieron al caro departamento de su jefe.

–Eh… Licenciado… –le llamó Eren y el susodicho le miró –¿Me podría prestar su regadera…?

–¿Huh? ¿Para qué?

–Para bañarme…

–No soy estúpido; sé para qué sirve una regadera. –gruñó –¿Irás a algún lado?

–A trabajar... Es sábado y están por ser las once…

–¿El estúpido aquí eres tú, cierto? –suspiró. Eren tragó saliva. –Estás de vacaciones. –le dijo al fin, al ver la cara de incomprensión de su… empleado. –Pagadas, por si te interesaba.

–¿Qué…? Pero…

–Estás de vacaciones, dije. –gruñó de nuevo y Eren bajó la cabeza, mientras sonreía disimuladamente.

–Gracias… –fue lo único que dijo antes de dirigirse de nuevo a la habitación donde había dormido la noche.

Rivaille suspiró al ver cerrada la puerta de huéspedes. Justo en ese momento, había recordado la forma en que le había abrazado… Quería despejarse y, posiblemente, Eren quería estar solo, así que simplemente tomó su caja de cigarrillos, un encendedor y salió al balcón para fumar un rato.

Por otra parte, Eren se encontraba cambiándose de ropa. Quería seguir durmiendo, su cuerpo se lo exigía. Había sido suficiente el gasto emocional del día anterior y había dormido pocas horas… Justo cuando se recostó sobre el colchón, su teléfono móvil sonó con la melodía de llamada. Lo tomó entre sus manos y vio el nombre del contacto. Contestó.

–¿Jean?

–¡Eren! –escuchó la voz de su mejor amigo –Oye… Marco… sospecha. –fue lo único que dijo. Eren sintió un hueco en el estómago y suspiró. Otro peso más en su conciencia…

–¿Qué te ha dicho…?

–Que está preocupado… ¿Qué le digo?

–Fue un desliz de ambos… –suspiró Eren. –Habla con él… Yo... no me siento bien en estos momentos como para hacerlo…

–¿Eren? Eh, ¿estás bien? –le preguntó su amigo por el otro lado de la línea.

–Sí, sólo… Bueno… Digamos que casi me violan anoche y tuve que estar un par de horas en la delegación. –se lo dijo directamente.

–¿Qué…? –preguntó después de un prolongado silencio. –¿Estás de joda, verdad…?

–No, Jean… Fue el acosador que me seguía desde el restaurante.

–En… ¿En serio…? Tú… ¿Estás bien…? ¿Te hizo algo? Eren…

–Que sí, carajo. –gruñó algo incómodo. –Estoy bien. No pasó nada… –mintió.

–… No puedes seguir en tu departamento. ¿Necesitas quedarte un par de días conmigo…? Aunque eso cause problemas con Marco, no importa.

–Ahora mismo estoy en el departamento de mi jefe… Me quedaré un par de días… No te preocupes por eso.

–¿De tu jefe…? ¿El sujeto del que me hablaste? ¿"Ese" sujeto?

–Sí… –murmuró por lo bajo.

–¿No es eso raro? ¿Qué jefe te ofrece algo así? Es poco profesional, ¿no lo crees?

–No creo nada…

–O no quieres creerlo… ¿Y si siente algo? No me parecería extraño, ya que…

–¡Cállate! –gritó por inercia. Mierda, había gritado…

Se levantó rápidamente de la cama y se asomó por la puerta, pero aparentemente, su jefe se había ido. Suspiró algo aliviado. Caminó hasta la cama para recostarse de nuevo, después de cerrar la puerta.

–No vuelvas a decir eso… Jamás sentiría algo por mí. –le dijo, algo decaído– No puede saberlo… Así que no lo digas de nuevo, Jean… No estoy de humor.

–Lo siento…

–Jean…

–¿Qué…?

–¿Podemos hacerlo de nuevo? –le preguntó con algo de incomodidad en el pecho.

–Eren… –Jean guardó silencio unos momentos y luego suspiró. –No es buena idea… Marco sospecha de la vez pasada. Ahora yo estoy con él y lo que pasó entre tú y yo…

–Lo sé, mierda… Lo sé. Sólo… –ahogó un ligero gimoteo y suspiró de nuevo. –No puedo con esto… Me siento sucio, me siento asqueroso… No puedo dejar de pensar que doy asco por ser tocado por un sujeto al que ni siquiera conozco…

–¿Qué te hizo, Eren…?

–Nada realmente fuerte… Pero no puedo pensar en otra cosa. Siento que no merezco estar cerca de… él. Ni siquiera debería de trabajar más en ese despacho...

–Oye, Eren… Tranquilo, no es…

–Lo quiero, Jean. –gimió con algo de dolor, sintiendo sus ojos llorosos. –No sé por qué, pero lo quiero… Pero no…

–Si sigues pensando en que no mereces estar cerca de él… entonces así será. ¿Qué mierda te está pasando últimamente? Antes tenías más determinación…

–Vete a la mierda… –gruñó y colgó.

Él lo sabía, no tenía por qué recordárselo. ¡Estúpido Jean! Pero más estúpido él por volver a pensar siquiera en la posibilidad de hacerlo otra vez con su ex novio… Solamente… necesitaba sentirse mejor, aunque sabía que esa no era la forma más adecuada de hacerlo. Con el sentimiento de querer alejarse de todo y todos, se dispuso a dormir, sin taparse siquiera.

Y ahí estaba el mayor, recargado en la pared donde se encontraba la puerta de la habitación de huéspedes. Lo había escuchado. Sabía que no era buena idea, pero aun así, quiso escuchar… porque un "Cállate" gritado, no se le dice al aire… Así que… era cierto. Sus suposiciones estaban en lo correcto. Eren Jaeger estaba enamorado de él…

Caminó en silencio hacia la cocina, para tomar un trago de cualquier alcohol que estuviese por ahí. Eran pasadas las once de la mañana… ¿Qué mierda…? ¿Por qué se sentía tan intranquilo? En serio… Estaba perturbado. Por alguna razón que desconocía, le entraron ganas de decirle a Jaeger que no hacía falta renunciar… que no le echaría ni mucho menos… Pero…

–Mierda… –susurró para sí mismo, luego de tomar un trago de wiski de una botella nueva.

Algo andaba mal con él. Estaba siendo demasiado blando con el chiquillo. Miró su cocina, luego de sentir un gruñido por parte de su estómago. Tenía que hacer algo de comer… el mocoso no había comido nada desde la noche anterior o posiblemente desde la tarde anterior. Iba a faltar al trabajo. En esos momentos, lo peor que podía hacerle a Eren, era dejarle solo.

Terminó de cocinar. Hizo algo de sopa y ensalada de atún, que no era realmente una comida pesada, lo cual le sentaría mejor al mocoso. Encendió la calefacción; comenzaba a hacer frío, pues estaban ya a principios de diciembre. Caminó hasta la puerta de la habitación de huéspedes y tocó, pero no hubo réplica. Entró y miró a Eren hecho un ovillo sobre el colchón, temblando posiblemente del frío. Rivaille suspiró y se acercó a él para taparlo con las cobijas de la cama. Eren tenía un sueño pesado, por lo que no se percató de lo sucedido.

Rivaille regresó a la cocina y sirvió sopa en dos platos, para luego tomar uno y caminar hacia la habitación donde Eren se encontraba. Pero se detuvo en seco al percatarse de que estaba consintiendo demasiado al chiquillo… no debía de mostrarse tan excesivamente amable con él… Dio media vuelta y colocó el plato sobre un mantel, en el comedor de madera negra. Arregló los cubiertos y colocó el tazón con la ensalada. Cuando terminó de colocar todo sobre la mesa, tocó a la puerta de Eren y suspiró al no escuchar nada.

–Eren –le llamó. El susodicho no escuchó. Rivaille avanzó hacia él y lo movió del hombro un poco brusco. –Eren, despierta, idiota.

–Hm… –escuchó un murmullo de Eren y abrió sus ojos verdes, para encontrarse con los del mayor. Pero apenas vio la cercanía, dio un respingo, alejándose de su jefe. –¡A-Ah…! Li…Licenciado… Me asustó. –rio nerviosamente y se hundió entre sus hombros.

–Ven a comer… No quiero ser responsable de un desmayo por desnutrición.

–No exagere… –rio Eren, pero asintió y salió de la habitación, seguido de Rivaille.

Cuando se sentaron, Eren miró la sopa con un aire melancólico, pero no dijo nada.

–Licenciado… ¿Qué hora es?

–No lo sé. –respondió sin interés, mientras comía sopa. Eren notó que no llevaba reloj en su muñeca, como muchos hombres.

–¿No le gustan los relojes?

–¿Huh? No es que no me gusten… Sólo no tengo uno, así que me da igual. –le contestó rápidamente, para continuar comiendo.

–Uhm… –murmuró Eren, para luego imitar a su jefe.

La comida transcurrió el silencio. Por un lado, Eren se encontraba nervioso por estar en una situación tan poco normal… y por el otro, Rivaille pensaba en por qué demonios se sentía tan extrañamente cómodo a pesar de haber sido testigo auditivo de los sentimientos de Eren… Eso le molestaba. ¿Es que realmente no le incomodaba el hecho de saber que ese chiquillo de ojos verdes estaba enamorado de él? O quizá estaba siendo demasiado ególatra… es decir, podría ser cualquier otro hombre que trabajara en el despacho… Pero no tenía sentido. ¿Por qué entonces le diría que tenía miedo de alejarse de él y por eso le abrazaba tanto aquella madrugada? Ah, ese mocoso lo sacaba de quicio… ¿Por qué no podía ser claro y ya? Para dejarse de problemas… Por el momento, Rivaille tenía que dejar de pensar estupideces. Lo más importante en ese momento era la salud mental de Eren… aunque parecía un chico fuerte, podía desplomarse en cualquier momento, al igual que cualquier otro humano. Incluso Rivaille sabía que él tenía límites y que, si llegaba el momento en que los sobrepasara, también estallaría y se desmoronaría. Era fuerte, al igual que Eren… pero era humano, al fin y al cabo.


Adsfsdf Que taaaal?

Se esperaban lo de Jean y Eren? xD~
Si, tal como creen. Jean y Eren tuvieron una aventurilla, porque son exnovios~ Pero ahora Jean esta con Marco y le fue infiel porque Eren, bueno, ya saben... para que dar mas explicaciones? xD~

Espero que les haya gustado!

Creo que... En dos capitulos mas habra lemo ujuju~ Y sera muy, muy intenso xD~

Nos leemos!