Debo confesarles que cuando recien habia subido el capitulo 7, ya estaba terminando el capitulo 8 ~ ANKJNASDKAJDS PERO NO MUERAN CON LO QUE SUCEDERA EN ESTE CAPITULO(?) Es todo muy intenso uwu~ Espero que les guste!


Eren llevó a la mesa de centro platos de cerámica negra, tenedores y las tartas. Aunque insistió en servirles algo de comida a los recién llegados, éstos se negaron, pues cenarían con sus familias y les parecía desconsiderado comer antes de la cena de Navidad, para los chefs de aquella noche. Pero, obviamente, aceptaron el postre, pues el vino así sabía mejor. Según ellos…

La conversación era mayormente abarcada por los mayores, recordando anécdotas de cumpleaños anteriores de Rivaille, de historias de cuando estaban en la universidad, entre otras cosas. Eren las escuchaba atentamente. Le fascinaba escucharlos; imaginarse a su jefe en aquel contexto tan informal le gustaba… y mucho.

–Así que, Eren, ¿cómo has podido soportar vivir con un friki de la limpieza como Rivaille? –le preguntó Hanji, mientras le daba unas palmadas en el hombro al susodicho.

–Es… cómodo. –sonrió. –Es divertido.

–¿Estamos hablando del mismo Rivaille, verdad? –se burló Auruo.

–¿Qué? –gruñó Rivaille. –Soy el mejor compañero de piso del mundo. –bufó con ironía.

–Pero es cierto; aunque se muestre frío es realmente divertido. –rio Eren a carcajadas leves y todos le miraron. –¿Q-Qué pasa?

–Nada, es sólo que… Eres raro. Puedes soportar a Rivaille. –le sonrió Erwin.

–Eren, ¿no ibas a cocinar el jamón? –le dijo Rivaille, para parar aquel rumbo de conversación.

No quería que Eren llegase a sentirse incómodo. Rivaille sabía lo que Eren sentía por él, pero no los demás. Y sería un momento bastante difícil de sobrellevar si se abarcase más el tema…

–¡Ah, cierto! ¡Ya son más de las seis! –farfulló, mientras se ponía de pie y se encaminaba a la cocina.

Cuando se alejó lo suficiente y mientras sacaba el jamón del refrigerador, Petra sonrió.

–Es un buen chico. –dijo en tono bajo. –Y es fuerte… Sigue tan entusiasta después de lo que pasó con el acosador…

–Sí. –coincidieron todos excepto Rivaille, quien miraba su copa de vino.

–Y… ¿Qué se siente tener treinta? –rio Hanji, mientras le pasaba el brazo por los hombros a su amigo e intentando cambiar el tema sombrío.

–¿Huh? Es la misma mierda. –gruñó con ironía. –Sigo siendo un soltero difícil de tratar. Despierto solo, trabajo, regreso a casa, como solo y duermo solo... Aunque… –agregó, al ver la cara preocupada de sus compañeros. –El mocoso me ha hecho compañía. –les dijo, mientras señalaba con su copa en mano a Eren, quien se encontraba absorto en la cocina. Ni siquiera le había oído.

–Es un idiota y se distrae mucho. –continuó –Pero no es tan insoportable. –sonrió de lado, mirando la espalda de Eren, moviéndose de un lado a otro para cocinar la cena de Navidad… Todos le miraron con una expresión confundida e incrédula. Ese no se parecía al Rivaille de hacía unos meses…

Eren terminó de cocinar el jamón y de decorarlo con las piñas, además de bañarlo en una salsa dulce. Regresó a la sala luego de quitarse el delantal negro, para sentarse junto a Erwin, de frente a Rivaille. No hubo gran cosa. Se terminaron dos botellas de vino entre todos, comieron un poco de tarta de manzana y de nuez, conversaron y siguieron con la remembranza del pasado, entre otras cosas en las cuales Eren no participaba, a menos que le preguntasen algo. Después de todo, él no les conocía. Él era un desconocido…

Después de darle sus regalos de cumpleaños a Rivaille, los cuatro se retiraron, cerca de las ocho de la noche. Rivaille bostezó cuando cerró la puerta y se despidió de ellos. Caminó hacia la sala y tronó su cuello.

–Entonces… ¿Cuánto más esperaremos para comer? –gruñó con impaciencia y Eren rio levemente.

–Pondré la mesa. –le sonrió y se dirigió de nuevo a la cocina.

Eren se apresuraba; puso dos platos de cerámica sobre el comedor, tenedores y cuchillos, copas, el jamón ahumado, el puré de papa, la ensalada y algunos condimentos extras, por si querían añadirles a su plato. Rivaille esperaba en la sala, mientras veía los regalos que le habían hecho. Hanji le había comprado una agenda electrónica para "organizar mejor sus tiempos y no llegar atrasado a todas partes". Auruo le había comprado aquellas dos botellas de vino y una de wiski, a sabiendas de que éste último era su favorito. Erwin le había dado una gabardina negra corta, pues había escuchado que Rivaille se quejaba de la suya… así como siempre se quejaba de todo. Pero esa era una excusa para saber qué regalarle, pues era muy difícil saber los gustos de Rivaille. Por último, Petra le había dado un álbum de fotos; en ellas se veía a Hanji, Auruo, Gunter, Erd, Erwin, ella y Rivaille, en la universidad, en alguno que otro bar o reunión… todos siempre parecían tan felices, excepto Rivaille, que se mantenía con su rostro inexpresivo; aunque cuando mostraba expresiones, eran comúnmente de molestia o aburrimiento, pero había otras en las que sonreía ligeramente. ¿Siempre había sido tan aburrido? Pero entonces, ¿por qué Eren había dicho que era divertido estar con él? Era bastante raro aquel mocoso… pero al menos una persona le consideraba así. De esa forma no le pegaba tan fuerte el sentimiento de estar desperdiciando su vida… social.

–Licenciado. –le llamó Eren y Rivaille le miró. –Ya está servido.

Rivaille dejó el álbum de fotos sobre el sofá y se encaminó a la mesa. Sobre el comedor se encontraba una luz demasiado cegadora que molestó los ojos de Rivaille y, sin siquiera pensarlo, la apagó desde el interruptor de la pared. El árbol de navidad alumbraba bastante bien, además, las luces que se asomaban por el ventanal hacía que el interior estuviese más iluminado. Podía distinguirse perfectamente todo, pero era poca iluminación a comparación de cómo había estado segundos antes.

Eren se quedó callado al ver que apagaba la luz y se sentó. Se sirvieron vino y, mientras hablaban de cualquier cosa, cenaban. Rivaille probó el jamón y, por alguna razón, le recordó a su madre. Ah, sí. ¿Acaso ese sabor era parecido a la comida que hacía su madre cuando era un niño…? Volvió a probar. No, no era posible que supiese tan parecido…

–Eren. ¿Qué le pusiste al jamón…?

–Nada en especial. Clavo, piña… ¿Por qué? ¡No me diga que sí le está dando alergia! –gritó asustado, mientras se tensaba.

–No, no, mocoso idiota. Sólo era curiosidad. –le contestó con algo de burla. Eren volvió a destensarse y siguió comiendo, luego de reír por su propia exageración.

Pero ese sabor… No dejaba de recordarlo. Le parecía conocido…

"El ingrediente secreto es el amor, Rivaille… La comida que se hace con amor, sabe mejor."

Esas palabras… Se las había dicho su madre. Escuchó su voz, saliendo de su memoria, llevándolo al pasado donde vivió alguna vez con sus padres una vida feliz y tranquila. O estaba delirando. Una de las dos opciones era… Pero, en ese momento, se sintió feliz. Después de varios años solo, pasaba navidad con alguien. Su cumpleaños. Era extraño, pero eso le proporcionaba una sensación cálida que lo recorría por completo…

Cuando terminaron de comer, Rivaille ayudó a Eren a recoger los platos y llevarlos a la cocina.

–Déjalos, mañana limpiamos este desastre. –suspiró Rivaille con pesadez. Eren se merecía un descanso y, sinceramente, Rivaille no tenía intenciones de perder tiempo de su cumpleaños...

–De acuerdo… Eh… –balbuceó Eren. –¿Quiere ver una película? Es muy temprano aún. –le dijo con un puchero y se sentó en el sofá.

Rivaille miró cómo Eren fruncía el entrecejo. Era simpático ver esa expresión infantil en su rostro.

–Ponla tú. –le contestó con desinterés. –Hoy te ves más animado, niño. –le comentó al ver el rostro alegre de Eren, mientras prendía la televisión y entraba a internet.

–Bueno, sí, es lógico. Hoy es un día especial. –sonrió y siguió moviendo los botones del control.

–Hah. –rio ligeramente. –Sigues siendo un niño. Emocionándote por una tontería como Navidad. –se burló… pero Eren le miró directamente, con el cejo fruncido.

–Hablaba de su cumpleaños. –le dijo serio.

Rivaille guardó silencio. Por un segundo, había sentido un ligero ardor en su rostro. Bajó la mirada, para luego tocarse la cara. No le contestó nada. Si hubiera contestado, estaba seguro de que habría dicho una mentira. Porque sabía que la calidez de su rostro no era por el alcohol que había tomado o por la chaqueta gruesa que llevaba puesta. No. No era por eso. Sino porque Eren lo había tomado por sorpresa… y terminó sonrojándose fugazmente, como hacía años no hacía. Eren le había dicho que ese día era especial, porque era el cumpleaños de Rivaille… así que, técnicamente, le había dicho a él que era especial… Nadie en muchísimo tiempo le había dicho o insinuado eso. Eren no tenía vergüenza… era demasiado sincero a pesar de estar viviendo con una persona difícil de tratar y comprender. Pero Eren se sentía cómodo con él… y comenzaba a entenderlo. Era tan… raro.

Eren se dirigió a la cocina y preparó palomitas de maíz, para luego llevarlas a la sala, junto con una botella de vino y dos copas.

–¿Intentas embriagarme? –bromeó Rivaille, con una cara seria.

–Uhm… creo que sería más creíble que fuese usted el que trata de embriagarme. Pero no es el caso. –rio ligeramente y se sentó junto a Rivaille.

Eren comenzó la película, mientras seguían a oscuras, iluminados bastante bien por las luces del árbol de navidad. El sonido de la película abarcó la sala.

Eren podía parecer un adulto frente a varias situaciones, pero en ese momento, parecía un niño comiendo palomitas, completamente concentrado en la película. De vez en cuando hacía expresiones sorprendidas o fruncía el entrecejo. Otras veces, reía y algunas otras, bufaba o gruñía. Rivaille no prestaba mucha atención a la pantalla, pues se mofaba de las reacciones de Eren. Era divertido. Sus grandes ojos verdes se abrían más de lo normal, mientras tentaba a ciegas el recipiente de palomitas, para cuando tomara unas cuantas, llevarlas a su boca y comerlas con rapidez. Era interesante ver a aquel mocoso; estar con él. Y, en ese momento… Rivaille se encontró a sí mismo disfrutando de la compañía de Eren. Demasiado. Dirigió su vista a la televisión. Debía de concentrarse en la película y dejar de pensar cosas innecesarias. Estaba comportándose de forma extraña y lo sabía. Todos se daban cuenta. Y sabía que era gracias a Eren. Miró de reojo al chico y sonrió instintivamente. Regresó su vista a la pantalla. ¿Qué había sido eso? Había sentido algo… difícil de entender. Seguramente era el cansancio…

Cuando la película terminó, pasadas de las once. Eren se estiró y, por accidente, tocó el cabello de Rivaille con su mano derecha. Retiró su mano inmediatamente y suspiró.

–Hace mucho que no veía una película tan buena. ¿Le gustó?

–Uhm… No estuvo mal. –le contestó con serenidad.

–Eh… –balbuceó Eren, como si quisiera decir algo.

–¿Qué?

–Eh… Vengo en un momento. –le informó y caminó hacia la habitación de huéspedes.

Rivaille frunció el entrecejo. ¿Qué pasaba con esa actitud? Parecía un cachorro asustado… Cuando Eren volvió, llevaba consigo una pequeña caja envuelta con papel de regalo y se la entregó con torpeza a Rivaille. Éste le miró con curiosidad y tomó el obsequio entre sus manos. Cuando lo abrió, miró por unos segundos su interior y bufó.

–¿N-No le gustó…? –Murmuró Eren.

–Me gustó. –le dijo con sencillez y sacó el reloj plateado de la caja; tenía unos detalles blancos en la circunferencia de las manecillas. Realmente parecía caro y elegante… –Gracias. –le dijo al terminar de ponérselo.

–De nada… –le sonrió con una mirada satisfecha. Mientras se acomodaba en el sofá, al lado de su jefe.

Tuvo entonces aquella sensación de ansiedad y de culpa. Eren le había regalado un árbol de Navidad, le había decorado, había preparado una cena para aquella noche y, además, le había obsequiado algo más personal para su treintagésimo cumpleaños. A pesar de ser un niño… Eren era un adulto. Y no sabía cómo agradecérselo. Quería darle las gracias por todo, incluyendo estupideces como comentarios que en realidad él era amable, o el simple hecho de darle los buenos días, después de años sin escuchar esas simples palabras al despertar. Debía agradecerle. Quería que Eren supiese que, gracias a él, comenzaba a tener una vida menos solitaria.

Y, entonces, todo pasó tan rápido que no pudo darse cuenta de lo que hacía. De un momento a otro, Rivaille había extendido su mano hasta el rostro de Eren, lo había girado un poco hasta que quedaran frente a frente y acercó sus labios a los suyos… pero se detuvo antes de tocarlos. Se quedó estático, sintiendo el olor del cabello de Eren. Éste le miraba con los ojos bien abiertos, sin moverse ni un milímetro. Las respiraciones de ambos se habían cortado. No había ruidos ni movimientos. Sólo se miraban directamente a los ojos, inhalando la esencia del otro. Eren tragó saliva por mero instinto y, antes de que pudiera decir algo, Rivaille se alejó lentamente, evitando asustar a Eren. Éste le miró con el entrecejo fruncido y la boca entreabierta, aún sonrojado.

–Lo… siento. –le dijo Rivaille. No sabía por qué había hecho eso, pero… comenzó a dudar. De muchas cosas.

Eren bajó la mirada. Sentía… un indescriptible frío recorriéndole la columna y sus hombros comenzaban a temblar ligeramente.

–Me escuchó, ¿verdad? –preguntó Eren, con la voz algo quebrada. –La vez en que hablaba por teléfono. Me escuchó. Y me está probando.

Rivaille guardó silencio, viendo cómo Eren parecía hacerse más y más pequeño sobre el sofá. Entonces, Eren levantó la mirada y sus ojos verdes vidriosos se encontraron con los de Rivaille.

–Lo lamento, ¿de acuerdo? –gruñó Eren. –No pude evitar enamorarme. Sé que es estúpido y que perderé mi trabajo por confesárselo pero, mierda, no soporto más estar así… Es difícil…

–Eren…

–No diga nada. –gruñó. –Y no me venga con que no me despedirá o algo así. Sé que lo hará… –suspiró. –No se preocupe… Puedo irme de aquí mañana mismo. –le dijo con una sonrisa triste. –Sólo tengo que… –continuó, pero fue interrumpido.

–No. –le dijo con un volumen alto. Eren le miró con los ojos bien abiertos. –No te vayas, idiota. No te despediré. No… es tu culpa. No tienes por qué pedir perdón.

–No tiene que forzarse. –le sonrió Eren. –Mañana me…

–¡No te vayas, dije! –le gritó molesto, interrumpiendo de nuevo a Eren, quien le vio ahora más sorprendido que antes. Silencio.

–¿Por qué…? –preguntó con confusión y un tono muy, muy bajo.

Sí, ¿por qué? ¿Por qué Rivaille insistía tanto en que se quedase, siendo que si hubiese sido cualquier otra persona, ni siquiera habría dicho nada para impedírselo? Porque Eren era especial. Sí, lo era… Y se dio cuenta. A pesar de que intentó nublar lo que era obvio… por fin lo entendía. Después de todo… era Eren el único que lo hacía sentir así de vivo. Se acercó en silencio a Eren, con mucha lentitud y tomó de la nuca al menor, acercándolo con suma lentitud y cuidado hacia él. Eren le miraba perplejo, quieto y con su corazón escuchándose latir a mil por hora. Rivaille debía admitirlo; le gustaba saber que era gracias a él que el corazón de Eren latía tan rápido y fuerte. Cuando volvieron a quedar frente a frente, con los labios cerca de rozarse, Rivaille sonrió.

–Quédate. –fue lo que le susurró, antes de tocar sus labios con los suyos.

Primero fue un roce leve y torpe; como si estuviesen tentando el terreno. Eren se sentía diferente. ¿No estaba soñando, verdad? No… era demasiado real… Y, entonces, sintió que los labios de Rivaille aceleraban el ritmo, mientras su lengua humedecía levemente las comisuras labiales de Eren. Éste subió sus manos hasta los hombros de Rivaille y sonrió durante el beso. Respiraban longevamente, pero luego apresuraron el ritmo. Era uno de esos besos profundos, que comenzaban lentos, pero se tornaban muy pasionales. Sus lenguas se encontraron y recorrieron a la otra, mientras pequeñas mordidas se colaban entre el beso, dejando los labios de ambos de un color más rojizo. Rivaille no se separó ni un centímetro y, sin pensárselo siquiera, fue Eren quien tuvo la iniciativa de hacer algo más. Lentamente, comenzó a acomodarse sobre las piernas de Rivaille, de modo que quedaron frente a frente, continuando con el beso que comenzaba a tornarse más húmedo y cálido. Rivaille sentía aquella urgencia carnal… necesitaba ir más rápido, más fuerte, necesitaba tocar más, sentir más, ver más… de Eren. Sujetó con fuerza las piernas de Eren y comenzó a ponerse de pie, de forma que Eren envolvía sus piernas en la cintura del mayor y los brazos en su cuello. A pesar de eso, no se separaron ni un maldito centímetro. Lujuria… ¿de dónde había salido tanta? Rivaille comenzó a desesperarse. Caminó hacia una pared y se separó de la boca de Eren para mirarlo en esa forma tan sumisa, acorralado contra el muro. Sonrió con complacencia y adentró su mano derecha al interior de la ropa de Eren, sintiendo por fin su cálida piel, mientras cargaba todo el peso de Eren en un solo brazo. Dolía. Pero también dolía lo que tenía en los pantalones y de lo cual no se había dado cuenta hasta el momento en que Eren había mordido su cuello. Ah, eso era todo. Cargó de nuevo a Eren y caminó velozmente hasta su habitación, mientras se besaban ahora más agresivamente, para dejarse caer sobre la cama y continuar besando el cuello del menor.

–¿Qué es esto? –gruñó Rivaille. –¿Qué me estás haciendo, Eren Jaeger?

–¿A qué se… refiere? –preguntó con confusión.

–A que por primera vez en casi cuatro años tengo unas jodidas ganas de… –no terminó su frase… y fue porque vio el rostro completamente rojo de Eren.

–Oh… –fue lo único que pudo decir el menor. Su corazón palpitaba groseramente, evitándole respirar adecuadamente.

–Detenme. –le dijo Rivaille. –Detenme si no quieres que lo haga. Pero hazlo ya o, carajo, no sé qué mierda haré. –gruñó con desesperación.

Pero Eren rio, completamente rojo. Se incorporó un poco y besó a su jefe.

–Rivaille… –le susurró sobre los labios y, en ese momento Rivaille perdió la cordura.

Era la primera vez que Eren le llamaba por su nombre y, a decir verdad… no sonaba nada mal proviniendo de sus labios… No lo soportó. Técnicamente arrancó la ropa de Eren, mientras éste hacía lo mismo con las prendas de Rivaille. De un momento a otro y entre besos y mordidas, terminaron solamente en ropa interior.

–Eren… ¿Estás seguro? –le preguntó, pues vio cómo la mirada de Eren se había vuelto más sombría y su cuerpo comenzaba a temblar. Algo no andaba bien y lo sabía. –Hace poco pasó ese accidente y… –no continuó. Eren sabía que se refería al acosador.

–Quizá… sea mejor… parar… –suspiró Eren. –Me llegan imágenes a la cabeza… –gruñó Eren, cubriéndose la cara, aún bajo el cuerpo de Rivaille. –Lo siento…

–No... No importa…

–Lo siento… –repitió Eren. –Lamento estar sucio… por ese sujeto… –escuchó la quebrada voz de Eren y Rivaille se acostó a su lado.

–Eren… –susurró Rivaille, mientras tocaba las manos de Eren y las quitaba de su rostro. –No lo lamentes. –gruñó. –En todo caso… Si crees que estás sucio… Te limpiaré. Con mis labios, con mi saliva, con mis dientes, con mis manos… con todo mi cuerpo.

Eren miró con los ojos muy abiertos a Rivaille. Ah, una nueva faceta que nunca había visto en él… una muy… linda.

–Mierda, no puedo creer que dije eso. –rio Rivaille y Eren le imitó.

–Gracias… –susurró, mientras se acomodaba sobre el pecho de su jefe.

Rivaille suspiró y acomodó las cobijas sobre ellos, de modo que quedaran completamente tapados. Ni siquiera se habían puesto algo de ropa cálida para dormir… aunque eso era lo menos que necesitaban, pues si dormían así, piel contra piel, no iban a tener ni un poco de frío. Al contrario… se inundarían de la calidez del otro aquella noche…