Sé que me tardé un poqui… bueno, bastan… Bueno, sí, coño, me tardé un puto siglo en actualizar, ¿vale? xD Mi excusa: estaba trabajando, escribiendo otro fic y releyendo mi primer Fanfiction para una posible edición, así que sip, he estado ocupada uwu! En fin, espero que pueda compensarle con este capítulo que para mí fue muy difícil porque Eren es un personaje difícil de escribir… sobre todo en la situación en la que está. Bueno, espero que les guste!


Eran cerca de las ocho de la mañana. A pesar de estar en pleno invierno, gracias a la calefacción, el departamento no estaba tan frío. No se escuchaba nada más que el viento agresivo que alcanzaba a oírse como un débil soplido debido a las resistentes paredes. Rivaille despertó y bostezó, antes de acomodarse de lado y encontrarse con el rostro de Eren, todavía dormido. Lo recordó todo. La forma en que había comprendido por fin que Eren era una persona importante para él. La manera en que lo besó por primera vez, dejándose llevar hasta llegar a la cama… y, sobre todo, recordó cómo ese cuerpo frente a él temblaba al recordar escenas de un evento traumático. Eren había rememorado fugaz e involuntariamente imágenes de lo que había pasado aquella noche en que el acosador le había obligado a hacer cosas tan… Rivaille chasqueó la lengua y frunció el entrecejo al pensar en eso. ¿Qué podía hacer para que ese chico olvidara aquello? Porque fuese lo que fuese, lo haría. Claro, Eren era un idiota, pero él no se merecía haber pasado por algo así.

Suspiró, algo cansado y se puso de pie para prepararse un café. Al regresar de nuevo a su cama, se puso algo de ropa cálida, volvió a acomodarse con cuidado de no despertar al menor y comenzó a leer un libro que llevaba a medias, mientras tomaba de su café con leche. Era raro que tomase café con leche. Quizá sólo estaba de buen humor.

Pasó un largo rato para que Eren comenzara a ser consciente; bostezo aún con los ojos cerrados y, al abrirlos, se encontró con una vista memorable; Rivaille estaba leyendo, mientras con su mano derecha sostenía una taza blanca. Parpadeó un par de veces, sin comprender qué sucedía… pero al recordarlo, dio un respingo y miró incrédulo a Rivaille. Cuando éste se percató de que esos ojos verdes le observaban, volteó a ver el rostro de Eren.

–Buenos… días –le saludó Eren, aún confundido y avergonzado.

–Ponte algo de ropa, no quiero ser responsable de que mueras por hipotermia –le dijo en un suspiro y continuó leyendo.

–Siempre exagera… –rio tímidamente y se cubrió hasta la coronilla con las cobijas –Quiero quedarme un rato más así… –le dijo al mismo tiempo que se acercaba al cuerpo de Rivaille y tocaba ligeramente su costado.

–Como quieras –le contestó Rivaille, luego de un rato de silencio.

Terminó de leer el capítulo siete. Acabó su café con leche y, como Eren parecía haberse vuelto a dormir, se acomodó de nuevo debajo de las cobijas, despertando al menor. Ambos se miraron en silencio, mientras se acomodaban de forma que estuvieran bastante cerca y apenas sus rodillas pudiesen tocarse.

–No entiendo qué fue lo de anoche –dijo Eren al fin. Rivaille no contestó nada –Pensé que apenas le agradaba…

–Me agradas –le afirmó con un tono neutro.

–¿Qué tanto?

–Lo suficiente.

–¿Lo suficiente para qué?

–Lo suficiente para quererte aquí de ahora en adelante.

Silencio. Eren le miró con los ojos muy abiertos y ocultó su rostro debajo de la mandíbula de su jefe. Sintió entonces unas ligeras ganas de llorar. No pudo reprimirse. Realmente necesitaba soltar algunas lágrimas que se llevasen consigo tanta frustración, estrés y dolor.

–Oye, no llores, niño –le dijo Rivaille, al percibir su llanto casi inaudible.

–Lo siento… Es sólo que… Yo pensé que iba a tener que soportar verlo todos los días y recordar que nunca podría sentir nada por mí… –le explicó con prisa. Se separó inmediatamente y le miró a los ojos, al escuchar que Rivaille reía.

–Qué ironía. –dijo el mayor. –Siempre despedí a mis asistentes por insinuárseme y esta vez fui yo quien… –calló al notar el rostro ligeramente sonrojado de Eren. Guardó silencio y desvió la mirada. –Ponte algo de ropa. Vamos a desayunar… –le cambió el tema con el mismo tono inexpresivo.

–¡Sí!

Eren corrió disparado hacia la puerta, pero se frenó en el marco; miró a Rivaille, se le acercó con una sonrisa traviesa y besó su mejilla fugazmente, antes de correr a "su" habitación. Rivaille se quedó en silencio. Eren lo había tomado por sorpresa… Sin pensárselo más, salió de la cama, para tomar una toalla y entrar al cuarto de baño.


Cuando Rivaille terminó de ducharse y cambiarse de ropa, se dirigió al comedor y ordenó la mesa, haciendo una mueca de disgusto al ver los platos sucios en el lavatrastos. Los limpió en unos minutos y calentó un poco de jamón, mientras tostaba pan. Eren salió ya vestido y, cuando miró a Rivaille, se encontró con una visión que ya había visto antes, pero algo tenía de diferente. Era más… cálida.

Comenzaron a comer en silencio. Se sentía extraño; toda la seguridad que Eren había sentido hacía poco menos de una hora, se había esfumado. Además, Rivaille no ayudaba mucho; no sabía qué decir. Era la primera vez que él daba "el primer paso". Cuando había estado con Petra, ella le hizo sentir bien, pero esa calidez no se comparaba con la que Eren lograba otorgarle. Y por eso no sabía cómo reaccionar. Lo único que sabía y tenía bastante claro, es que quería que Eren se quedase ahí. Con él.

–Eren. –le llamó, luego de tragar un trozo de jamón. –¿Cuánto pagas de renta al mes? En tu departamento.

–¿Huh? Bueno… 200 dólares. Es demasiado pequeño, así que supongo que está bien.

–Ahórratelos. Trae tus cosas.

–¿Qué…? –balbuceó, dejando caer su tenedor sobre el plato.

–Puedes vivir aquí. No te estoy obligando, obviamente.

–Pensé que… había escuchado mal… ¿Por qué?

–¿Y por qué no?

Eren guardó silencio.

–¿Cree que… esté bien?

–¿Por qué estaría mal?

–Yo… Bueno, seré claro… –le murmuró algo incómodo. –No entiendo qué es lo que quiere de mí. Sabe lo que siento por usted, así que…

–¿Piensas que me aprovecho de tu situación? –le preguntó molesto y Eren bajó la mirada. –No te inventes mierdas tú solo. –gruñó. –Sólo para que lo sepas, no he estado con nadie desde hace cinco años porque no he querido. Nunca he estado con otro hombre en mi puta vida y jamás he vivido con alguien bajo el mismo techo. Siéntete especial, mocoso. No estoy haciendo esto por diversión. Lo hago porque quiero que estés aquí. Si sientes que me estoy aprovechando de ti, entonces lárgate.

Eren se quedó callado de nuevo. Rivaille estaba realmente furioso… y decía la verdad… Eren sintió que podía realmente confiar completamente en su jefe, en su… ¿su qué?

–No… –susurró. –Lo siento, es que… todo esto es demasiado repentino. Me… tomó por sorpresa. Pasó todo muy rápido y yo… no supe cómo reaccionar…

Rivaille le miró silenciosamente. Por ese momento, se sintió estúpido. Eren tenía razón; había pasado demasiado rápido. Sintió culpa… Como si estuviese presionando mucho a Eren, a pesar de saber que no se encontraba en la mejor situación emocional…

–No quise presionarte anoche. –le dijo Rivaille.

–No importa…

–Sí importa. –gruñó. –No volverá a pasar.

–Está bien… –sonrió ligeramente y continuó comiendo.

Pasaron unos momentos en silencio. Eren sabía que eso había sido algo muy, muy amable por parte de Rivaille, aunque sus palabras fuesen frías… en realidad eran muy cálidas.

–¿Puedo considerar todo esto como una declaración? –preguntó al cabo de un rato, con una risita divertida.

–Tómalo como se te antoje… –murmuró Rivaille, después de un momento de silencio.

Eren sonrió aún más. Lo tomó como un "sí", porque si hubiese sido un "no", Rivaille lo habría dicho directamente… Sí, era un "sí". Qué ironía…


Ninguno de los dos volvió a dirigirse más allá de un roce en las mejillas o las manos. Durante los días posteriores a navidad y anteriores a año nuevo, se dedicaron a comer y ver películas o, en su defecto, por lo frío de la sala, a leer en la habitación de Rivaille. Éste le había proporcionado a Eren una vasta colección de ejemplares literarios, la cual no pasó por alto el menor. Le gustaba leer, pero no era su gran pasión. Simplemente lo hacía para pasar el tiempo, aunque si el libro era bueno, podía llegar a emocionarse mucho, lo cual le causaba gracia a Rivaille. Fuera de eso, Eren no dejaba de pensar en la propuesta de su jefe. ¿Vivir con él? Era… demasiado apresurado. Ni siquiera eran pareja. Ni siquiera le llamaba por su nombre. Sólo se miraban en silencio de vez en cuando, con ojos cálidos. A veces se tomaban de las manos sutilmente, pero no más. Era raro. ¿Por qué viviría con alguien a su edad? Tenía diecinueve años. Era joven y, posiblemente, los sentimientos que tenía por Rivaille se apagarían en su debido tiempo. Y, aunque esto fuese lo más lógico, para Eren no lo era. No concebía la posibilidad de dejar de sentir aquello por su jefe. Simplemente no le cabía en la cabeza, aunque sabía que lo más correcto sería no aceptar aquella proposición. Eren le seguía dando vueltas al asunto, intentando convencerse de que aquello no era buena idea, pero la felicidad que sentía le impedí darle crédito a ese pensamiento de cordura. ¿Vivir con Rivaille? Claro que absolutamente sí. Lo quería… Era obvio que quisiera estar cerca de él en todo momento, aunque no quería parecer pesado…

–Eren. –le llamó su jefe… ¿Su jefe? –Mañana es año nuevo.

–Ah, sí. –le miró con algo de sorpresa. Se le había ido rápido el tiempo.

–Hanji nos invitó a su casa a pasar el rato ahí. SI quieres ir, vamos. –le dijo serio, como si aquello le molestara.

–Ah… –murmuró Eren.

¿Acaso Rivaille quería ir y estaba molesto porque pensaba que Eren diría que no? No quería ser pesado. Quería que Rivaille se divirtiese, que pasara tiempo con sus amigos… Y si le decía que no quería ir, posiblemente tomaría eso como excusa y faltaría a aquella reunión. No, no quería ser una molestia, no para Rivaille.

–Claro, vamos –sonrió Eren.

–De acuerdo... –le contestó con aburrimiento.

Pasaron unos minutos de silencio. Rivaille se puso de pie y se colocó su abrigo, luego de mirar su reloj nuevo, el que le había regalado Eren.

–¿Saldrá?

–Sí… Tengo que ir a arreglar unas cosas. Recuerda que en una semana es el juicio con el bastardo aquel.

–Ah… Cierto, lo olvidaba… –le contestó Eren, sintiendo escalofríos por todo el cuerpo por sólo recordar aquel hombre.

–No tardo –le dijo y, antes de salir, le miró severamente. –No ensucies nada.

Eren asintió con una sonrisa; Rivaille era simpático. El hecho de soltar un comentario así, de la nada, le daba gracia. Encendió la televisión; eran cerca de las seis de la tarde, así que se entretuvo viendo las series que daban a esa hora.

Pasó una hora. Dos horas. Tres horas. Eren miraba el reloj de su celular con preocupación. ¿Y si le había pasado algo? No, no… Pero, ¿y si estaba en problemas? No, tampoco… Llamó al celular de su jefe y colgó inmediatamente. Posiblemente estaba ocupado. Pero había dicho que no tardaría… No quería molestarlo, pero no podía evitar sentirse inseguro, preocupado… Y justo como si hubiera sido escuchado, recibió un mensaje a su celular, de parte de Rivaille, que decía: "Voy a llegar tarde. Cena algo.". Ah, entonces estaba bien… Una sonrisa de alivio se presentó en la cara de Eren, pero inmediatamente fue sustituida por una de consternación. ¿Por qué llegaría tarde? ¿Es que estaba con alguien más? Bueno… y si así fuera, ¿qué le importaba? Después de todo… no eran pareja, ¿cierto? No tenía ningún derecho de molestarse. Ninguno… Tampoco tenía que pensar tonterías. Posiblemente estaba con algún amigo o simplemente ocupado con cosas del trabajo. No debía de parecer tan paranoico y posesivo. Debía calmarse y enfriar su cabeza…

Para las doce de la noche, comenzó a molestarse. Habían pasado seis horas desde la salida de Rivaille. ¿Qué tardaba seis horas? Ni siquiera irse de tragos con los amigos tardaría tanto. Eren gruñó desde el sofá de la sala y se dirigió a la habitación de huéspedes para ponerse algo de ropa para dormir y acostarse en el sofá. Desde ahí escucharía cuando Rivaille llegase. Tomó uno de los cojines y lo usó de almohada, luego de encender la calefacción. Sin más, se durmió.


Sus pasos eran cautelosos y discretos, como siempre. Metió la llave en el picaporte y abrió con lentitud, evitando cualquier ruido. Entró y cerró la puerta perfectamente. Suspiró; estaba cansado y le dolía la espalda. Encendió la luz y se encontró con Eren dormido sobre el sofá, sin nada que lo cubriera. Hacía frío… lo más probable era que se enfermaría. Se acercó hacia él y lo movió ligeramente del hombro.

–Eren. –le llamó con un tono moderado, para no asustarlo. –Mocoso, despierta –le habló un poco irritado ahora. –Eren, abre los ojos –gruñó y vio aquellos orbes verdes encontrándose con su mirada.

–Licenciado… –le llamó con una voz leve.

–Te enfermarás si duermes aquí. Ve a la cama.

–Eh… –le miró un momento y el enojo que había sentido antes de dormirse volvió a aparecer –No.

–¿Qué? No me jodas, vete a tu cuarto…

–No quiero. Usted váyase.

–Eren… –gruñó. –Si no te mueves, te llevaré yo mismo, así que mueve tu trasero y camina.

–No lo haré –bufó y le dio la espalda al mayor, ocasionándole a éste un disgusto monumental.

–Suficiente, niño…

Sin pensárselo dos veces, tomó a Eren con ambas manos; una sosteniendo sus músculos semimembranosos, detrás de las rodillas, y la otra cargando su espalda. Eren al principio se desorientó y luego comenzó a quejarse, pero al no lograr nada, se cruzó de brazos e hizo un puchero infantil. Se sorprendió cuando, en lugar de adentrarse a la habitación de huéspedes, Rivaille se encaminó a la suya, depositando a Eren sobre el colchón.

Rivaille cerró la puerta y comenzó a desvestirse. Eren miró atento cada movimiento que el mayor hacía, como si quisiera almacenar cada detalle en su memoria. No pudo evitar relamerse los labios cuando Rivaille se había desecho de su pantalón. Bueno, sí… Eren era muy libidinoso y, sumándole las hormonas, se podría decir que extrañaba el sexo, pero… siempre que pensaba en eso, su cuerpo temblaba, recordando la razón por la que no dormía en las noches y lloraba constantemente, sin tener una razón precisamente concreta.

–No estarás pensando que te haré algo, ¿cierto, niño? Sólo me estoy cambiando –le dijo Rivaille, provocándole un sonrojo.

–No… De cualquier forma, no podríamos… Además…

Silencio. Eren pareció no querer continuar y Rivaille chasqueó la lengua, irritado. Le molestaba cuando el mocoso no terminaba sus oraciones.

–¿Además qué? –gruñó.

–Nada, es sólo que… ¿De verdad no es sólo lástima lo que siente por mí? Lo entendería, pero… sería cruel, ¿no lo cree?

–¿Qué? –bufó Rivaille. –¿Sigues pensando que sólo juego contigo? Eres idiota.

–Sí, lo soy… Es que no me lo creo. Soy un "mocoso", idiota, distraído, torpe… –comenzó a decir sin pensar, pero fue interrumpido por el mayor.

–Determinado, persistente, fuerte, inteli… –se calló en seco cuando notó lo que estaba diciendo. Desvió la mirada y continuó cambiándose. –No te subestimes, mocoso, eres más de lo que crees.

–Usted es realmente amable… Quizá por eso me enamoré de usted –murmuró con una sonrisa.

Rivaille guardó silencio y, por un momento, detuvo su tarea de vestirse, mirando al vacío, algo impactado por la sinceridad de las palabras de Eren. Continuó casi inmediatamente con lo que hacía, sin responder a aquello. No podía corresponderle al mocoso, porque lo que sentía por él era difícil de explicar… y de entender. Le… estimaba, sí. Quería que se quedase ahí, que viviese con él, quería protegerlo, cuidarlo; quería comer con él por las mañanas, las tardes y las noches; quería escuchar sus "buenos días" mientras miraba su rostro adormilado; quería que tomaran juntos café mientras veían la televisión nacional los fines de semana; quería que escucharan a Louis Armstrong mientras leían juntos, quería… Lo quería a él. Lo sabía; de cierta forma siempre lo supo, pero hasta ese momento lograba asimilarlo. Miró los ojos verdes de Eren, decepcionados por no recibir una respuesta o por lo menos una sonrisa… Quiso abrir la boca y decirle que le correspondía, pero sus labios no se despegaban y su mirada sólo veía confundidos al menor.

–Buenas noches… –le dijo Eren, mientras se ponía de pie y caminaba hacia la puerta, dispuesto a salir.

Rivaille, por un momento, sintió una punzada algo fría en todo su torso. ¿Había lastimado a Eren? Maldita sea, ese mocoso era demasiado estúpido y sensible… Al carajo. Sin pensárselo, movió su brazo rápidamente, ubicándolo frente al torso de Eren, impidiéndole el paso. El menor miró esa acción algo intimidado y agachó la cabeza. Su intento de huir no resultó bien…

Sin decir nada, Rivaille le tomó de la mano y los encaminó en silencio hasta la cama. Eren entendió; su "jefe" quería que durmiese ahí… Le reconfortaba, sí, pero si no escuchaba algo más claro de los labios de Rivaille, seguiría considerando todo aquello como lástima o como si intentaran tomarle el pelo. Es que todo parecía una broma… o un sueño demasiado bueno.

Eren se acomodó en silencio sobre las cobijas y le dio la espalda al mayor, el cual chasqueó la lengua, realmente desesperado por la actitud "frívola" de su estúpido empleado… En menos de dos segundos, Rivaille se había colocado sobre el otro, haciendo que éste le mirase confundido y algo asustado. El mayor tomó la mano de Eren y, sin soltarle, se acomodó a su lado, de manera que el cuerpo de Eren se volteó y su cabeza terminó entre el pecho y el cuello de Rivaille. Al principio no supo qué significaba aquello, pero logró entenderlo cuando sintió unos brazos rodeándole.

–No estoy jugando, mocoso idiota… –le murmuró Rivaille.

–De acuerdo… Le creeré. –sonrió para sus adentros, antes de cerrar los ojos y comenzar a dormir.


Sé que he sido una mala fanfictioner por hacerlos esperar tantísimo, pero de verdad estoy ocupada estos días y ni pizca de inspiración… Pero prometo que cuando termine el trabajo que estoy haciendo, escribiré más y actualizaré a la brevedad!
En fin, espero que les haya gustado este capítulo, ya que me esmeré en él uwu Nos leemos en el próximo capítulo de "Crónicas de una Ironía"