He tardado, estoy consciente, pero estuve en un pueblito mexicano sin internet uwu ~ De cualquier forma este capitulo me tomo mucho tiempo y espero que les guste ~


Despertó sin sueño. Bostezó y sintió una diminuta lágrima escapársele del ojo derecho. Se la limpió y relamió sus labios para volver a bostezar. Miró a su izquierda y sonrió ligeramente el notar a Eren con los ojos cerrados pacíficamente y con la boca entreabierta, respirando en silencio. Besó ligeramente sus labios y aspiró ese aroma tan característico del chico.

Cada día, se conocían más. Cada semana, se enamoraban más. Quizá sonaba bastante cursi y empalagoso, pero hechos eran hechos, y ambos lo sabían. Y no se sentía como uno de esos enamoramientos pasajeros. Al contrario… Con el tiempo, su relación se hacía más seria y fuerte, a pesar de que ésta había empezado hacía relativamente poco, aunque ambos sabían que no había comenzado antes por la negación de ambos. Por parte de Eren al sentir miedo a ser rechazado, de sentirse sucio y no merecido. Y por parte de Rivaille, al no querer aceptar lo que sentía por un chico, hombre y joven y, al igual que Eren, sentirse no merecido. Pero esos pensamientos desaparecieron y todo estaba siendo llevadero…

Pronto, su rutina había cambiado y parecía más bien la vida de una pareja casada. Aunque no estaban realmente lejos de serlo… Por la mañana, alguno de los dos se despertaba antes para hacer desayuno; ambos salían al mismo tiempo, Eren a la universidad, y Rivaille a la oficina, donde un par de horas después, llegaba Eren a trabajar. Por las tardes, comían algo en el privado de Rivaille, y al salir del despacho, llegaban al departamento y veían juntos la televisión, o leían juntos, o conversaban, o hacían cualquier cosa juntos, aunque también se tomaban el tiempo para hacer sus propios asuntos. Y al contrario de la ley de que al estar mucho tiempo con la pareja, se pierde el interés, eso nunca sucedió.

Se levantó cuidadosamente de la cama y se dirigió a la cocina para preparar el desayuno, donde ya casi terminando, fue abrazado por la espalda y besado en el cuello. A veces odiaba que Eren fuese más alto que él…

–Buenos días –le saludó el menor –¿Por qué se levantó tan temprano?

–¿Huh? –murmuró mientras colocaba las porciones de comida en dos platos distintos.

–Es domingo –le dijo Eren en un bostezo y Rivaille detuvo sus movimientos.

–Oh… –susurró.

–Pero ya que está servido… –el menor sonrió y tomó uno de los platos para sentarse en el sofá de la sala. –Provecho.

El abogado asintió, un poco sorprendido de no haber notado antes que era domingo, y tomó su desayuno, acompañando a Eren. Veían las noticias matutinas, cuando al terminar de desayunar, al menor se le ocurrió una idea que venía pensando desde hacía tiempo.

–Licen… Rivaille –corrigió antes de ver la mirada asesina del susodicho y tragó saliva, nervioso –Ehm… Estaba pensando… Gastamos mucha agua últimamente, ¿no?

–¿Huh?

–Es decir, mientras nos bañamos y así…

–¿Quieres cambiar la llave a una ecológica…? –cuestionó el mayor, sin comprender el punto del otro.

–No, la llave está bien, pero se me ocurrió que tal vez… Bueno… Nosotros podríamos…

–¿Tardarnos menos…? Eres tú el que tarda más en la ducha.

–No… No es eso…

–¿Entonces? –gruñó, ya exasperado. A veces no soportaba que Eren no fuese directo.

–¿Nos bañamos juntos? –le propuso rápidamente.

Rivaille guardó silencio y mantuvo la misma cara seria, aunque por dentro estaba realmente sorprendido. ¿Cómo no se le había ocurrido antes que eso era lo que Eren quería decir con tanto embrollo del agua? Podía ser cabezota si se lo proponía… Al igual que Eren podía hacerlo sentir su cara arder un poco de vez en cuando.

Se lo pensó en un segundo. A decir verdad, aunque no quisiese admitirlo (pues ya lo había hecho en Navidad, su cumpleaños) se moría de ganas de tener a Eren debajo suyo sobre la cama. Pero no podía. Le daba miedo. No el acto en sí, sino la estabilidad emocional de Eren; ¿estaría listo? Habían pasado ya casi dos meses desde el juicio. Dos meses de meros besos y caricias no muy profundas que derrochaban tensión sexual por ambas partes, pero no avanzaban. No quería que Eren reviviera el trauma consciente o no. No quería perturbarlo. Había pasado relativamente poco desde el ataque de Mark que, aunque no pasó a mayores, fue un poco grave. Aunque Eren jurase y perjurase que lo tenía bien superado y olvidado, que no había sido traumático ni la gran cosa, Rivaille seguía teniendo miedo. Si bien sabía que Eren era fuerte, seguía siendo un crío a comparación de él. Pero es que Eren era también un adulto; pensaba como uno. Si ambos estaban juntos en la tina, ¿se alteraría? No sería como tener sexo, pero… la tensión sería inmensa y el hecho de ver al otro desnudo por primera vez haría todo muy difícil de sobrellevar. Quería decir que no. Pero su boca dijo otra cosa.

–Te advierto que me baño con agua muy caliente.

–Igual yo –le sonrió tímidamente y lo besó de una manera dulce.

Se levantó del lugar y recogió los platos, mientras Rivaille se dirigía a su cuarto de baño para cepillarse los dientes y calentar el agua. En la cocina, Eren se mordió los labios, intentando reprimir una sonrisa complacida y emocionada. Dejó ahí los trastes y fue directo a lavarse los dientes, porque no quería estar con olor a huevo revuelto durante algún beso que Rivaille se dejase dar. Se tardó más de lo que deseaba y se debatió entre si entrar desnudo o desnudarse frente a Rivaille… y eligió la segunda. Se sentía nervioso, como una colegiala. Pero cuando entró, después de tocar dos veces, encontró al mayor ya dentro de la tina, desnudo, obviamente. Tragó saliva y volvió a morderse el labio inferior.

–Eh… –balbuceó, pues ya no tenía la seguridad de hacía unos instantes y dudó de si aquello era una buena idea.

Sin decir una palabra, Rivaille se levantó de la tina y caminó hacia Eren, sin importar que el suelo se mojase. Eren observó todo su cuerpo como si su vida dependiese de eso. Sus músculos estaban un poco delineados y parecía tener algunas cicatrices en el abdomen. En su cadera tenía otra cicatriz. Sus piernas estaban torneadas, aunque seguían siendo delgadas y cortas… Y en medio de sus piernas, encontró aquello que lo hizo sonrojarse hasta la médula y apartar la vista rápidamente. Cuando el mayor llegó hacia él, sintió unas manos mojadas sobre su cadera, moviendo con lentitud su camiseta. Se dejó hacer, ahora sin despegar la vista de aquellos ojos grises que parecían querer invadir su mente. Levantó los brazos para facilitarle la tarea al otro, y pronto sintió las mismas manos haciendo descender sus prendas inferiores con lentitud. Sus ojos no se desviaron, y podían escuchar el uno al otro tragar saliva un par de veces. Por fin, ambos quedaron desnudos, frente al otro. Rivaille sonrió de lado ligeramente y sin mediar palabra, regresó a la tina. Ya dentro de ésta, bufó con ironía.

–Problema resuelto.

–¿Eh…? –balbuceó Eren

–No sabías si quitártela o no. Vamos, entra ya –le dijo con los ojos cerrados.

Eren volteó a todas partes, pidiéndole a Dios fuerzas para no tener una erección en ese momento por las palabras y acciones del abogado. Le gustaba esa parte casual, elegante y directa que a veces Rivaille mostraba. Era sexy. Y no sólo le gustaba; le fascinaba. Lentamente, y con cierta torpeza, caminó hacia la tina y se adentró con cuidado para no sentir un cambio brusco de temperatura. El agua estaba más caliente de lo que se imaginaba, pero era cómoda.

Las piernas de Rivaille estaban a sus costados y se sorprendió a sí mismo al estirar las suyas propias, pasándolas sobre las del mayor, y acomodando sus pies a los lados de éste. Rivaille no hizo ninguna expresión, pero sentía el corazón más acelerado de lo normal. El silencio era incómodo, y ninguno de los dos sabía qué hacer o decir. Estaban en la ducha. ¿Qué más podían hacer? Bañarse.

Por fin, el mayor abrió los ojos y observó cómo Eren enjabonaba sus propios brazos y pecho con lentitud. Evitó su verde mirada y tomó la botella de champú, para comenzar a lavarse el cabello, con los ojos cerrados, pues siempre, o casi siempre, terminaba con éstos ardiéndole. Y antes de poder limpiarse la espuma, sintió unos labios sobre los suyos, besándole con lentitud.

–No abra los ojos –escuchó la voz de Eren y, enseguida, unos ligeros chorros de agua sobre su cabeza, limpiando el champú –Listo.

Y como si de una orden se tratase, abrió sus ojos, encontrándose con los de Eren, quien le sonreía complacido. Joder, si ese niño quería que perdiera el control, estaba a punto de lograrlo… Sin pensárselo mucho, Rivaille tomó el champú de nuevo y colocó un chorro sobre la cabeza de Eren, quien sonrió divertido. Comenzó a lavar con lentitud, hasta lograr que la cabeza de Eren se viese blanca. Se le ocurrió peinarlo con un mohawk, aún con su cara seria, cosa que hizo reír a Eren. La risa de ese chico era contagiosa y si para todo el mundo era difícil hacer reír a Rivaille, para Eren no. Pero eran pocas veces las que se carcajeaba tan desinhibido. Poco a poco, las risas cesaron y se convirtieron en miradas tensas y deseosas. De esas que se lanzaban por las noches antes de dormir, que eran prueba de que estaban reprimiendo lo que sus cuerpos les pedían por mero instinto.

–Rivaille –susurró –Creo que lo amo…

–¿Crees? –preguntó después de dos segundos de silencio, fingiendo una media sonrisa. En realidad quería besarlo profundamente en ese preciso momento…

–Me da miedo no ser correspondido. Por eso digo que creo –le confesó, dando a entender sus sentimientos.

Rivaille guardó silencio. No supo qué responder, o más bien, no supo cómo responderle. Porque era correspondido, sí; pero Rivaille era tan socialmente incómodo que no sabía cómo hacérselo saber si no era con acciones. No era un hombre de palabras. Y a veces eso podía llegar a interpretarse de otra manera.

–Ponte de pie –murmuró y Eren obedeció, confundido.

Tomó el jabón y se acercó a Eren, de manera que sus pechos se juntaban firmemente, y se dedicó a tallar con lentitud la espalda del menor, llegando hasta su coxis. Y eso les dio escalofríos a los dos. Eren sin pensárselo se aferró a la espalda del otro, casi abrazándolo, mientras sentía la suavidad del jabón recorriéndolo desde el cuello hasta debajo de sus caderas. Se acercaron más, por mera inercia, y sintieron sus miembros chocar. Se sintieron incómodos, pero de una forma bastante erótica. Y cada vez que uno se movía accidentalmente, se sentían palpitar. Rivaille sabía que estaba en terreno peligroso, pero ni su cordura lo hizo alejarse de Eren, porque a decir verdad… tanta reprimenda le hacía mal. Y sin previo aviso, Eren se cansó. Tomó la mano de Rivaille, desde su espalda, agarró el jabón y correspondió el gesto, enjabonando la espalda del mayor, justo como lo había hecho él. También llegó hasta el coxis; más por miedo a ser detenido y no poder acariciar más la espalda desnuda del hombre al que amaba, que por vergüenza. Pero pronto, las caricias con jabón no fueron suficientes. Para ninguno de los dos. Y sus erecciones lo decían todo. Ya estaban en un momento en que si no hacían algo, todo terminaría de manera muy incómoda y silenciosa. En un intento fallido de alejar un poco a Eren, Rivaille colocó sus manos sobre la cadera del menor, pero en lugar de separarle, le agarró con fuerza y le acercó más. Y ese fue el detonador. Para ambos. Ya sin vergüenza o temor, Eren deslizó su mano entre los abdómenes de ambos y acarició con lentitud sus miembros, que estarían tocándose casi en su totalidad, si no fuese por la diferencia de estatura. Al sentir el tacto, Rivaille llevó una mano al lugar, intentando pararlo. Pero de nuevo, fue un intento fallido y la fuerza de su mano desapareció, cosa que Eren aprovechó, para invitarle a acariciarse juntos. Y seguían sin verse, pero eso no interfirió para saber que el otro estaba sonrojado y que su respiración se había acelerado. Por primera vez, se sentían de esa manera. Desnudos, mojados, aunque con olor a jabón…

Subían y bajaban sus manos con nerviosismo, pero con una ansiedad reprimida. No querían acelerarse. Pero realmente no sirvieron de mucho sus esfuerzos, pues de una u otra manera, terminaron haciéndolo más rápido, desesperados, besándose con torpeza, agarrándose del cabello y jadeando sin importarles el hecho de que estaban en el baño, parados dentro la tina y que podían caerse en cualquier momento. Ya el agua de sus cuerpos había descendido y la mayoría se encontraba en sus cabellos y piernas. Pero seguían teniendo espuma de jabón y era incómodo, por lo que lo único que se les ocurrió, fue destapar la tina y abrir la regadera, que en principio liberó agua fría, cosa que los hizo hacer expresiones divertidas para ambos, pero luego se calentó a la temperatura adecuada, limpiando sus cuerpos, mientras seguían besándose, ahora más lentamente.

–Lo deseo tanto… –susurró Eren sobre los labios del otro.

–Cállate… –gruñó.

Y no porque no quisiese escuchar eso, sino porque si seguía tanteándole así, terminaría haciéndole el amor a Eren. Sabía que pronto no podría soportarlo más. Sobre todo porque era Eren el que usualmente daba el primer paso.

–Quiero hacerlo… Por favor… –dijo Eren, con un tono suplicante y sumiso. El Talón de Aquiles de Rivaille.

–No me tientes, mocoso… –le contestó con dificultad.

Le era difícil controlarse, intentar limitarse a caricias reprimidas… Pero para Eren, eso fue sólo una puerta abierta a la cual definitivamente quería entrar. Y siguió tentándolo. Mordía su cuello y chupaba el agua de su cuerpo; acariciaba la línea de su espalda y en ocasiones agarraba su piel de manera brusca, provocándole jadeos casi silenciosos al mayor. Y pronto, esas caricias fueron correspondidas por completo. Sin decir nada, como ya era costumbre, Rivaille bajó la presión en la llave del agua y miró a los ojos a Eren, demostrándole con la mirada que estaba perdiendo la batalla. Que Eren ganaba. Que era débil y no soportaba más. Y sin más ni más, Eren sonrió con lascivia y besó con rudeza todo el torso del mayor, desde arriba hacia abajo, hasta llegar a lo que llevaba deseando tanto tiempo. Se detuvo en sus rodillas, sintiendo la mirada del abogado sobre sí, y comenzó a acariciar con sensualidad su miembro, dando lamidas traviesas de vez en cuando, provocándole a Rivaille jadeos roncos. Y eso fue todo lo que Eren necesitó escuchar para saborear su pene desde la base hasta la punta, y metérselo a la boca, sintiendo esa tensión liberarse, por fin. Era la primera vez que un hombre se la chupaba y aunque técnicamente era lo mismo, era distinto. Más por el hecho de ser Eren, que por ser hombre. Porque deseaba a Eren más que a nadie en su vida. Porque si no fuese por el imbécil de Mark Lettuce, no tendría miedo de hacer suyo al chico de ojos verdes que lo cautivó desde el día de su entrevista, y que lo enamoró desde… desde quién sabe cuándo. Ni siquiera sabía en qué momento con exactitud Eren se comenzó a colar en su vida, haciéndole sentir cosas que ya había olvidado, o que creía nunca haber experimentado. Y se cansó de esperar. Levantó a Eren del suelo y, sin importarle que había tenido en su boca hacía unos instantes, lo besó. Se sentía como un beso de despedida, pero no lo era. Era más bien un beso de rendición. Se rendía ante Eren. Y con brusquedad, pues no había otro modo al estilo Rivaille, volteó a Eren hacia la pared, de modo que éste, con una sonrisa divertida, se acomodó contra los azulejos blancos y relamió sus labios. Sintió las manos delgadas del abogado acariciando desde su espalda hasta sus glúteos, separándolos ligeramente, y pronto, sus manos detuvieron los movimientos. Eren esperó unos segundos, confundido, pero nada pasó.

–Llámame imbécil… Pero… –dijo Rivaille –¿Cómo se supone que debo hacerlo…? –murmuró algo cohibido.

Eren reprimió una carcajada y se lamió los labios con una sonrisa. Por un momento se sintió algo avergonzado por saber ese tipo de cosas, siendo que Rivaille, mayor por diez años, no sabía. Pero luego no le importó y lo encaró.

–Vamos a la cama –le sonrió con ternura y Rivaille asintió con las mejillas apenas coloreadas de rojo.

Y de nada sirvió "su experiencia" con las mujeres, si al momento de hacerlo con la persona a la que realmente quería, no sabía ni por dónde empezar. Se sintió pequeño, y no por su estatura, y principiante, al dejarse guiar por la mano de Eren, encaminándolos a su habitación, luego de cerrar la llave del agua. Y más que todo eso, sintió que estaba a punto de tener su primera vez.


JASANFNAKNS Lemon en la ducha (?) La verdad es que queria hacer de su primera vez una primera vez asi romantica y dulce y torpe porque los dos se aman y queria que fuera tierno c: Y en la ducha era mas sexy y atrevido en mi cabeza xD Y me gusta el hecho de pensar que Rivaille, ya con 30 de edad, y con mucha experiencia solo con mujeres, no sabe exactamente como hacerlo con otro hombre y eso me parece muy tierno ~

En fin, espero que les haya gustadoooo~ Nos leemos en el siguiente y si gustan mandar reviews, es un honor~ Chaaoo~