Parte 2.
Cuando quiso darse cuenta, toda la ropa había desaparecido y ambos estaban desnudos. La temperatura de las nalgas de ella, apoyadas en el escritorio, contrastaba con el frío de la madera, haciéndola estremecer. Y dejó de notarlo, pues pegada al cuerpo de su prometido notó que la movían a la habitación, para después tumbarse en la cama. Aquello no era lo que buscaba esa noche, no buscaba hacer el amor. Buscaba sexo, buscaba placer, disfrutar. Puro placer. Obviamente había amor, pero no. No quería eso. Quería sexo, puro sexo. Animal. Felina.
-No lo hagas romántico, Rick.
-Hm…
-Guíate por tu instinto animal. –le susurró con voz ronca.
Maldita seas, Beckett – pensó el escritor. – Quieres matarme.
Un impulso acompañado de su fuerza y sus ganas de más hicieron que la detective tumbara a Richard sobre la cama, colocándose encima de él, a la altura de su cintura. Sus partes íntimas entraron en contacto, y ambos esbozaron una sonrisa pícara, conscientes de lo que venía a continuación.
Pero, para sorpresa y desilusión, Beckett se levantó de encima y, contoneándose para provocarle, caminó hacia la puerta, cerrándola de un portazo. Y él corrió detrás, pero en el salón no había nadie. Tampoco en el despacho. Vacío, absolutamente vacío. Y él desnudo, con su miembro en plena erección, atrapado entre sus manos para taparlo. Empezó a sudar, cerró los ojos y unos pitidos, bastante molestos, resonaron por todo el loft. Pitidos lejanos que cada vez se hacían más cercanos.
Todo había sido un sueño. Morfeo le había vuelto a traicionar.
POV RICHARD CASTLE
El cabreo y las ganas de acabar con todo me impulsaron a estampar el despertador contra el cuadro del león, que se quedó intacto. Era el tercer reloj que rompía en tan solo una semana, pero daba igual. Odiaba que mi subconsciente me traicionara con Beckett y con esos sueños en los que ella se comportaba como una felina. Me levanté, y de camino a la ducha me fui desnudando. Necesitaba una ducha fría y aclarar mis pensamientos.
Ya debajo del agua, reflexioné. La odiaba. Odiaba que hubiera conseguido llegar a mi corazón tan pronto, y odiaba que lo hubiera pisoteado y destrozado tal y como le venía en gana. Odiaba haber sido tan idiota y no haberme dado cuenta de que enamorarme de ella era un completo error. Sin embargo, no podía dejar de verla. No podía dejar de ir a comisaría y ayudar a buscar a quien la disparó, hasta que aquella nueva capitana me quiso echar.
Todo había sucedido después de haber sido disparada por un francotirador en la despedida del capitán Roy Montgomery. Quise salvarla y no pude, quise que esa bala me hubiera dado a mí y ella estuviera totalmente recuperada y trabajando, siendo feliz con aquel cirujano cardiaco al que, obviamente, yo odiaba. Pero no, nada había sido así.
Justo tres meses después de su tiroteo, seguía culpándome y echándola de menos, después de que me hubiera expulsado de su vida diciendo que 'necesitaba tiempo'.
Esa misma tarde tenía una firma de libros. Las ganas eran nulas después de todo, pero me debía a mis fans, y no podía faltar si no quería que Gina me echara cosas en cara, lo que precisamente necesitaba en ese momento, irónicamente hablando.
Una hora firmando.
Dos horas firmando.
-¿A nombre de quién firmo?
-Maddie.
Tres horas.
Tres horas y media.
-Kate… a nombre de Kate.
Y alcé la mirada. El pelo lo tenía algo más largo y parecía totalmente recuperada. Estaba nerviosa, no paraba de cambiar el peso de sus piernas y me miraba fijamente a los ojos. No pude reaccionar, simplemente firmé y le devolví su libro, esperando que detrás hubiera más gente, pero era la última. Suspiré y me levanté, cogiendo el rotulador y mi americana para ir a la trastienda de la librería a por lo que me faltaba para irme a casa.
Después de despedirme de Gina y de los dueños, salí por la puerta de atrás con paso firme. Necesitaba un par de vodkas para olvidar todo, olvidar que ella había vuelto.
-Castle, espera.
-He esperado tres meses y no me has llamado.
-Sé que estás enfadado…
-¡Pues claro que estoy enfadado! – Me giré del todo hacia ella – Te vi morir en aquella ambulancia, ¿lo sabías? ¿Sabes lo que es eso? Ver cómo la vida se escapa de alguien que… de alguien que te importa.
-Te dije que necesitaba tiempo.
-Dijiste unos días…
-Necesitaba más.
-Pues haberlo dicho.
Y me volví a girar, cruzando la calle para ir a aquel parque en el que tantas veces me había desahogado y había pensado en ella. ¿Por qué apareces ahora, Beckett? Estaba intentando olvidarte…
