2.-Su llegada

La semana se pasó volando tanto para Mycroft como para Johanna, cada uno ocupado con sus propios asuntos.

Mycroft, después de haberse resignado a la inminente llegada de su hija, decidió ponerse manos a la obra y comenzar con los preparativos para su recibimiento y estancia, y como todos sabemos eso significa: mandar a Anthea a hacer todo el trabajo. No es que el no quisiera involucrarse con el proceso pero hay que ser realistas, el político tiene muchísimas cosas que hacer con su trabajo como para meterse de lleno en ese asunto…o al menos eso le dijo a su asistente, cuando ella muy sutilmente le recrimino no estar interesado en Johanna.

Por otro lado, Johanna se había pasado los últimos días terminando de empacar sus cosas y despidiéndose de sus pocos amigos (siempre le había costado sociabilizar con las demás personas).

A pesar de que no se arrepentía de su decisión de irse no podía evitar sentirse algo nerviosa, aunque nadie podía culparla; la última vez que se habían visto ella tenía 12 años, y había viajado a Inglaterra por un par de semanas durante sus vacaciones de verano. Obviamente, se seguían comunicando a través del teléfono y enviándose correos, pero eso no es lo mismo que estar frente a frente.

Suspiro profundamente mientras se veía en un espejo: piel pálida, cabello pelirrojo, ojos verdes (la única herencia de su madre), alta y delgada; según lo que decía su mamá era la viva imagen de su padre…lo único que esperaba era que pudieran llevarse bien.

o0o0o0o0o0o0o0o0o0o

Aunque no lo reconocería ni bajo pena de muerte, el día de su llegada Mycroft estaba extremadamente nervioso: caminaba en círculos por su despacho y le temblaban ligeramente las manos. Al medio día, Anthea termino mandándolo de nuevo a su hogar, porque en su estado le era imposible concentrarse en su trabajo; y varias horas más tarde, casi tuvo que arrastrarlo fuera de la casa para que el coche lo llevara al aeropuerto para recoger a Johanna.

-Con todo respeto señor, pero ¡qué clase de padre seria si solamente enviara un coche para buscar a su hija!- termino exclamando Anthea después de varios minutos escuchando las excusas de Mycroft para tratar de retrasar el momento de su encuentro (mucho trabajo…en realidad, ese era el único pretexto que se le ocurría).

-De acuerdo, tú ganas- dijo Mycroft en tono derrotado, mientras se dirigía a la puerta para salir.

o0o0o0o0o0o0o0o0o0o

El avión aterrizo a las seis de la tarde en el aeropuerto de Londres, por lo que cuando Anthea y Mycroft llegaron, Johanna ya se había bajado y los esperaba algo inquieta y rodeada de maletas.

Fue algo muy extraño, pero apenas los ojos del político se cruzaron con los de su hija, todo el nerviosismo, el miedo al rechazo y a que todo saliera espectacularmente mal desapareció de su mente; antes de que se diera cuenta, había apurado el paso, dejando a su asistente atrás y acercándose con los brazos abiertos a su pequeña ( llámenlo sentimental, pero para el siempre lo seria) y la apretó en un fuerte abrazo, sintiendo como lo inundaba una sensación de alivio y alegría al sentir como ella la correspondía.

-Te extrañe- le susurro en el oído, antes de darle un beso en la frente.

-Yo también, es bueno estar de vuelta- le respondió Johanna alegremente mientras se separaban, y le regalaba una gran sonrisa.


Y aqui esta el segundo capitulo, espero que les guste! :)